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Formación y trabajo en general Paiva, Vanilda (1998) "Educação e mundo do trabalho: notas sobre formas alternativas de inserção de setores qualificados", Contemporaneidade e Educação, 3(4): 8-21. Río de Janeiro: Instituto de Estudos da Cultura e Educação Continuada.
Este artículo trata sobre las relaciones entre educación, economía y sociedad. Lo hace recuperando, en su primera parte, la discusión que atravesó el período iniciado en la postguerra e identificando sus impasses en el final de los noventa. En la segunda parte aborda aspectos de la conexión entre educación y mundo del trabajo, apoyándose en investigación empírica relacionada con las alternativas de inserción encontradas hoy por segmentos altamente calificados de la población. La investigación a la que se refiere el artículo es la que se desarrolló en el marco del proyecto "Calificación, cambios de status y riesgos personales en el paso hacia formas alternativas de inserción en el mundo del trabajo", cuya parte empírica enfocó sectores de media y elevada calificación: profesorado y trabajadores de informática. Los restantes artículos del mismo número de la revista presentan resultados de estas investigaciones. En la primera parte del artículo se parte de reconocer que las relaciones entre educación, calificación e ingreso, han sufrido una importante inflexión en las últimas décadas: ya no basta con constatar que la población más educada recibe mayores ingresos, y que los diferenciales se justifican por los años de escolaridad y la titulación. Si bien aún puede constatarse que los segmentos educados de la población tienden a obtener más beneficios, cada día es más claro que los diferenciales son más marcados cuanto menos educada es el conjunto de la población, hecho que lleva a concluir que la inversión en enseñanza básica es más rentable que en otros niveles. A seguir, la autora expone diversos aspectos de la economía de la educación, señalando las discusiones suscitadas en torno a sus postulados y en torno a las acciones y medidas tomadas a partir de ellos, e indicando también algunas hipótesis que permiten comprender su resurgimiento actual. Señala también las limitaciones que las distintas versiones de la economía de la educación tienen para su aplicación actual, en tanto son anteriores a los efectos de la revolución educacional de la segunda mitad del siglo actual, y también a las importantes consecuencias de las recientes ondas de avance tecnológico y organizacional sobre el empleo. Hoy las relaciones entre calificación, asalariamiento, status, ingreso, capacidad de encontrar trabajo y de mantenerse en actividad, se han vuelto más complejas, imponiendo una reconsideración global de las relaciones entre educación, economía y sociedad que tenga en cuenta la retracción de las relaciones asalariadas y la tendencia a la precarización del trabajo en condiciones de abundancia de fuerza de trabajo calificada y con título. La relación lineal y positiva entre educación e ingresos va siendo substituida por una desvinculación creciente entre calificación, status social y profesional, y salario, situación que se vincula no sólo con la reducción del empleo en la industria sino también con la misma tendencia en el sector terciario y con la correlativa ampliación de la exclusión y segmentación del mercado de trabajo. Señala, en fin, que la educación ya no asegura empleos ni ingresos, aunque siga siendo esencial para que el individuo encuentre nichos en los cuales pueda ganarse la vida, para que entre en el mercado formal de empleo, combine actividades formales e informales, o se oriente hacia pequeños emprendimientos o se refugie exclusivamente en la informalidad. Otra cuestión relevante es la que plantean las nuevas relaciones y vinculaciones entre formas de acumulación fordistas y postfordistas, que hoy implican mixes que combinan elevada escolaridad, sofisticación y complejización de la formación, con bajos salarios y status declinante. Esto conlleva no sólo un fuerte reordenamiento social de las profesiones y una pérdida del valor estable de las mismas, sino también elevados niveles de desempleo calificado, revalorización de virtudes personales y calificaciones tácitas capaces de incidir positivamente en el ámbito del empleo y en la búsqueda de trabajo y/o actividad, e incluso una creciente importancia del capital social y cultural en las posibilidades de inserción. En la medida en que el número de aspirantes a insertarse en el mercado formal, que cuentan con disponibilidad de conocimientos y habilidades o de formación general, capacidad de aprender y flexibilidad mental, es mayor que el número de puestos de trabajo existentes, la inserción pasa a depender cada vez más de criterios adicionales al mérito, lo cual retrotrae al nivel del capital social y político de los involucrados y a su posición en la escala social, indicando una reorganización compleja pero restrictiva de las posibilidades de movilidad social vertical. Pero si los beneficios individuales de la mayor escolaridad o de las calificaciones tradicionales están en jaque, no puede decirse lo mismo sobre sus beneficios sociales: no hay evidencia de que la nueva correlación entre economía y educación conduzca a concluir que la revolución educacional pueda o deba ser frenada. Esto es así no sólo porque ella tiene una dinámica propia que sólo es parcialmente afectada por las oscilaciones de la coyuntura y del mundo del trabajo, sino también porque hoy existe consenso en que la educación sólo sirve para la vida económica en la medida en que sirve más ampliamente a la vida social, y que más calificación debe estar disponible para que se puedan enfrentar los desafíos de la vida actual. Desde el punto de vista de los países periféricos como Brasil, hay aun mucho espacio para mejorar la educación de fundamento, así como urgencia por elevar la calificación media de los más jóvenes y combatir el déficit cualitativo. A esto se suma el hecho de que esta cuestión se amplió para incluir, además de la relación escolaridad/empleo, otras como las ligadas con el consumo, a diversos aspectos de la vida contemporánea y a las alternativas al asalariamiento. En base a los planteos presentados hasta aquí, se aborda a continuación un conjunto de cuestiones que se articulan con los resultados de las investigaciones empíricas realizadas en el marco del proyecto. En primer término, se señala que los datos empíricos permiten pensar que los vínculos entre educación y trabajo, tal como tradicionalmente han sido pensados por la economía de la educación de todas las orientaciones, son hoy más tenues que en el pasado. Al pretender medir los beneficios vía salarios, la economía de la educación dejó en la sombra los beneficios sociales, difíciles de cuantificar. La realidad de nuestros días ya no permite hacer una correlación lineal entre asistencia al sistema escolar/obtención de diplomas y mercado de trabajo/niveles salariales; esto es así porque: a) la fracción de los incluidos en el mercado decrece, y b) porque una masa importante y creciente de personas educadas y potencialmente capaces de presentar esta correlación positiva, tendrá que enfrentar vidas profesionales no lineales, participando en una mezcla social y profesional que alterna momentos de inclusión y de exclusión, y viéndose obligada a reconvertirse muchas veces en la vida o a recurrir a conocimientos y virtudes aprendidos fuera del sistema escolar para enfrentar su realidad. La educación ofrecida por el sistema educativo, por las familias y por la sociedad deberá servir para que los individuos hagan frente a cambios de niveles y velocidad inéditos y, por lo tanto, a la búsqueda y construcción de alternativas en medio a la adversidad, incluso para segmentos altamente instruidos. Se habla hoy de competencias porque efectivamente la calificación real, el saber hacer, el saber comportarse frente a situaciones diversas, el saber mostrar adecuadamente la capacidad de accionar conocimientos y virtudes, es más importante que la calificación formal. Sin embargo, se recalca que esto no debe llevar a la conclusión de que la certificación a través de diplomas haya perdido su valor. Ella simplemente constituye la base a partir de la cual la calificación real necesita ser demostrada reiteradamente a lo largo de la vida, en las situaciones más variadas. El conocimiento general y abstracto aliado a virtudes personales, a disposiciones socio motivacionales y a conocimientos específicos que pueden variar a lo largo del tiempo constituyen la llave de la educación para el mundo contemporáneo. La política de cursos profesionales breves sin una formación general que la anteceda está, por esto mismo, predestinada al fracaso. La percepción de que cada día es más necesaria una sólida formación general que de base a la adquisición de nuevos conocimientos durante toda la vida profesional, es reforzada por la constatación de que las biografías profesionales lineales y ascendentes se están diluyendo. Hoy se prevén cambios sucesivos de profesión a lo largo de la vida, alternancia entre mercado formal y actividades alternativas, así como entre períodos de trabajo y de estudio, como condición para el desplazamiento hacia otras actividades, a través de estrategias de reprofesionalización. Estas redefiniciones están acompañadas no sólo por niveles inéditos de desempleo calificado, sino también por un creciente descompás entre la calificación efectivamente necesaria para el desempeño profesional y el status social y nivel salarial del empleo. Si el empleo ya no puede enfocarse como un paso seguro para forjar identidades y construir una carrera a lo largo de la vida, la retracción del asalariamiento, a su vez, provoca el debilitamiento de las leyes de protección laboral. Paralelamente, se difunde entre las nuevas generaciones una ideología que ve positivamente esta ausencia de vínculo laboral, y como algo que funciona como instrumento capaz de empujarlos hacia la búsqueda de otras formas de inserción. Pero al mismo tiempo, se constata que, incluso las generaciones más jóvenes, buscan también vínculos formales capaces de asegurar ventajas indirectas. Hay quienes defienden la idea de que, en el futuro, todo trabajo será precario. Esta convicción refuerza el debate sobre el significado subjetivo del trabajo en la vida, independientemente del asalariamiento; sin embargo, los resultados de la investigación muestran que el vínculo formal aún constituye un valor importante y un factor de estabilidad frente a la incertidumbre. El camino hacia la informalización, hacia el trabajo por cuenta propia y hacia el auto empleo se muestra, por lo tanto, desprotegido e incierto. Las actividades informales, además de ser hiperflexibles, frecuentemente se conectan a la intensificación del trabajo que invade los hogares. El artículo concluye señalando que, frente a esta nueva realidad, cabe a los científicos sociales y a los profesionales de la educación rever los paradigmas sobre los cuales se asentó la discusión de muchas décadas en lo que concierne a las relaciones entre educación, economía y mundo del trabajo. Es también su tarea debatir las tesis de carácter general, interpelándolas con datos provenientes de la investigación, que contribuyan para pensar el cambio de la importancia relativa de la calificación y las nuevas situaciones sociales y profesionales en que se ven involucrados segmentos poblacionales altamente calificados.
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