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Formación y trabajo en general Moncel, Nathalie (1997) Profils sectoriels de gestion de la main-doeuvre: quelles conséquences pour lemploi des jeunes? En: Insertion des jeunes en Europe: théories et résultats. Marsella: CEREQ (Centre détudes et de recherches sur les qualifications).
Este artículo presenta el resultado de una investigación sobre las prácticas de gestión de la mano de obra juvenil en los sectores ocupacionales de Francia en 1992. Se trata de una aproximación realizada desde el funcionamiento del conjunto del mercado de trabajo. La autora parte de ciertas conclusiones de documentos del Cereq, las cuales consignan que algunos de los factores determinantes de las condiciones de acceso al empleo de jóvenes no derivan de las características de los mismos o del sistema escolar sino de la gestión global de la mano de obra. Además, los empleos a los que tienen acceso los jóvenes son a menudo de tiempo parcial y duración limitada, se ubican en los escalones bajos de la escala de calificaciones y están polarizados en ciertos sectores de actividad, por ejemplo transporte, hotelería, industria farmacéutica, construcción. En la primera parte se describen las teorías acerca de la segmentación del sistema de empleo, partiendo de la distinción entre un mercado primario que asocia ocupaciones estables, calificadas, bien remuneradas, con mano de obra antigua en el mercado de trabajo y elevado nivel de formación, y un mercado secundario con las características opuestas. Esta dicotomía puede relacionarse, según Piore y Doeringer, con la evidencia de dos modalidades de vinculación de la mano de obra con los empleos: un mercado interno donde puestos, remuneraciones y movilidad de los trabajadores son definidos por reglas específicas de la empresa, correspondiendo a la mano de obra del sector primario, y un mercado externo identificado con un mercado de bienes, sin organización y asociado a mano de obra secundaria. Marsden pone el acento en que los mercados de trabajo dependen de un soporte institucional que regula la movilidad, y señala la existencia de tres tipos de mercados: el profesional (formación normalizada, transferible a nivel de oficio), el interno (formación específica en la empresa, movilidad intraempresas), y el externo (formación no considerada, movilidad según la competencia). Freyssinet ilustra las diferentes maneras de transición de la formación inicial al empleo, según el tipo de mercado. Los trabajos de Eymard-Duvernay y de Grando muestran la correlación entre las actividades de los sectores económicos y las características de su mano de obra. Fundamentan así una tipología clásica que presenta dos formas polares de gestión de la mano de obra, opuestas por su grado de independencia en el mercado de trabajo: grupos fuera del mercado (hombres de cierta edad, diplomados, con antigüedad en la empresa y acceso a la formación continua) y grupos en un mercado fuertemente móvil (mujeres e inmigrantes, poco calificados). Clémenceau y Géhin se ocupan de la asociación entre movilidad sectorial de los ocupados e inserción de los jóvenes en los sectores y ramas; distinguen tres situaciones: gestión internalizada de la mano de obra para los sectores de fuerte estabilidad; gestión externa o cambiante para los sectores de movilidad mediana; gestión condicionada por la competencia para los sectores de estabilidad débil. Amat y Géhin, en un análisis de las modalidades de acceso de los jóvenes al empleo, efectúan una división del sistema productivo distinguiendo una zona de constante renovación muy abierta a los jóvenes, una zona muy estable cerrada a los jóvenes, y una zona estable con acceso moderado de los principiantes. A continuación define la autora la gestión de la mano de obra como la relación entre una estructura de empleos requerida por la organización del trabajo y una población ocupada generada fuera de la producción, y formula una pregunta crucial: ¿existen lógicas diferentes para el conjunto de la fuerza de trabajo y para la mano de obra joven? Como metodología se utiliza el análisis factorial de las correspondencias múltiples, lo cual permite la correlación entre dos conjuntos: por un lado las variables definidas sobre los sectores, y por el otro los sectores caracterizados por las variables, con el fin de determinar cuáles son las variables de segmentación del sistema de empleo y cuáles son los sectores que más contribuyen a esa segmentación. Los indicadores de modo de gestión utilizados son de tres tipos: características de las personas (edad y sexo, nivel de título, antigüedad en el mercado de trabajo y en la empresa), de las formas de empleo (categoría socioprofesional, carga horaria, proporción de contratos por tiempo limitado y de tiempo parcial, aporte de la formación profesional y tasa de evolución del volumen de empleo) y de los sectores (tamaño de las empresas, intensidad de las actividades, facturación neta del sector y tasas de exportación). Al cruzar los datos, las diferenciaciones surgen en términos de sexo y de edad (18 a 25 años y 26 a 29), y dividen el primer plan factorial en cuatro cuadros a los que se asocian tiempo de trabajo, categorías socioprofesionales, tasas de salario, y prácticas de renovación de la mano de obra. Relacionando las modalidades de gestión para el conjunto de la mano de obra y las características propias de la mano de obra joven se definen cuatro perfiles de gestión: mercados internos en disminución; mercados externos estabilizados; mercados internos en crecimiento; mercados externos y profesionales. Para cada uno de los perfiles se indican las características de las personas, de los empleos y de los sectores, el listado de ramas ocupacionales correspondientes, y los porcentajes del empleo entre 18 y 29 años y del empleo total. Se consignan luego los resultados del análisis, entre los que cabe mencionar los siguientes: por un lado las lógicas sectoriales no difieren para la mano de obra joven de las configuraciones aparecidas para el conjunto de la mano de obra; por otro lado, las mismas lógicas hacen jugar un papel más o menos importante a las variables determinantes de los procesos de inserción que son principalmente el sexo, la edad y el nivel del diploma. Las diferencias hombres/mujeres corresponden a especialidad de las profesiones (obrero versus empleado) mientras que las diferencias de edad se relacionan con el nivel de empleo (obrero no calificado versus profesiones intermedias y directivos); los diplomas sólo intervienen en distinciones secundarias. Además, las desigualdades de sexo aparecen estrechamente asociadas al tiempo parcial, y la estructura de las calificaciones está igualmente sexuada por la oposición obreros-empleados. En fin, los sectores más selectivos respecto de los jóvenes recurren a los que muestran más alto nivel de credenciales educativas. Con respecto a la movilidad, los análisis sobre el sector terciario y los que se refieren a los dos grupos de edad estudiados destacan claramente la influencia de la antigüedad en el mercado de trabajo: ésta es sinónimo de estabilidad y calificación para los jóvenes insertos en los sectores de gestión interna de la mano de obra; para los situados en los mercados externos y profesionales, la competencia en el acceso a los empleos es muy dura, y la estabilidad más difícil. La permanencia de las configuraciones sectoriales del empleo de jóvenes confirma el rol determinante de los modos de funcionamiento de los mercados de trabajo. A pesar de los fuertes cambios del sistema de empleo durante la década del ochenta, la ubicación de los jóvenes en el seno de los diferentes sectores de actividad sólo varía en volumen, con una baja significativa de jóvenes empleados, pero no realmente en lo concerniente a los modos de gestión de los sectores de afectación privilegiada de la mano de obra juvenil. Finalmente, la autora plantea ciertos problemas y caminos para seguir indagando. Sugiere profundizar la articulación entre funcionamiento del mercado de trabajo y empleo de jóvenes, y entre formación y empleo, dentro de un mismo sector. Esto es relevante dado que las formas de reclutamiento y de movilidad de la mano de obra juvenil difieren entre las firmas según su tamaño: contratos de duración indeterminada y alta movilidad de los jóvenes ocupados en las pequeñas empresas; retención de la mano de obra joven con contratos precarios en los establecimientos de mayor tamaño. Por otra parte, el desarrollo de un análisis comparativo de carácter internacional parece problemático, dado que las configuraciones del empleo de los jóvenes a nivel sectorial son difícilmente comparables entre países que presentan distintos espacios de regulación de la relación formación/empleo. Se recomienda asimismo continuar la búsqueda de un encuadre teórico pertinente para la interpretación de los procesos de inserción; los análisis en términos de búsqueda/rechazo de la mano de obra podrían ser provechosos para poner en evidencia las causas de la dificultad de inserción profesional en el seno del sistema productivo.
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