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Fecha de actualización:
21/07/2009

 

 

Competencias Laborales


 Rojas, E. y otros (1997) Fuentes para la transformación curricular. Consulta a la sociedad. Buenos Aires: Ministerio de Cultura y Educación de la Nación Argentina.

 

Con el subtítulo "La educación desestabilizada por la competitividad; las demandas del mundo del trabajo al sistema educativo" se abre este informe, resultado de una investigación cuyo objetivo fue escrutar el significado que los actores del mundo del trabajo dan a las competencias movilizadas por los trabajadores en contextos productivos de alta competitividad, y los requerimientos que desde allí se plantean a la esfera educativa. Se entiende por ésta la educación formal, la profesional, y la capacitación en el trabajo.

La indagación se orientó hacia diez empresas, de diversos sectores, en las que se han vivido procesos de cambio tecnológico u organizacional. El trabajo de campo, realizado con la colaboración de IDEA, partió de doce reuniones de apertura con gerentes de alto nivel, a fin de elegir a los entrevistados sobre la base del perfil diseñado previamente, y de programar las entrevistas investigativas; cooperaron asimismo los cuerpos directivos de varios sindicatos. Se concretaron luego veintiocho entrevistas, con más de noventa horas de grabación. El informe indica el rubro de cada empresa y la ubicación de las personas con quienes se dialogó en cada una: gerentes, sindicalistas de distintas categorías y jefes de sección. El abordaje metodológico utilizado no permitió extraer conclusiones generales; pero el estudio identifica un conjunto de tendencias que el examen reconstructivo del material recolectado hizo emerger.

Tres ideas fuerza configuraron el trasfondo intelectual del discurso reconstruido: los cambios que se introducen en los sistemas productivos, a partir de los procesos de globalización, de integración regional, de modernas formas de organización del trabajo y de aplicación de nuevas tecnologías -particularmente de base informática-, son fenómenos que están fuertemente presentes cuando la empresa plantea demandas al sistema educativo; el mercado impone pautas inéditas de competitividad y de desempeño individual y empresarial eficientes; se demarca un viraje profundo en la relación entre el sistema educativo y el productivo: en la empresa moderna se piensa que algo muy importante tiene ésta que decir respecto de la educación que el país necesita.

Se aclara el alcance que se da en este estudio al concepto de competencia, bastante más limitado que el de amplia calificación profesional, pero mucho más completo y versátil que el de conjunto de conocimientos asociados a un trabajo específico. Una nota característica es la transferibilidad de las competencias pues aquel que las posee puede reconvertirse en puestos de trabajo diferentes, o ejercitarlas en otras empresas o trabajos, incluso acreditando formalmente su calificación.

Los temas de indagación se centraron en cuatro áreas: el contexto de la producción y el sistema educativo, las competencias básicas, las competencias de orden práctico y técnico, y las de orden tecnológico. En relación con estos temas se sintetizan las conclusiones. Con respecto al primero, se plantea la necesidad de una transformación drástica en las nociones y formas de realizar los aprendizajes, dada por la revalorización de las dimensiones antropológicas de los procesos por los que alguien adquiere y reconstruye un saber. La exigencia a la escuela es que proporcione una fuerte base cultural y científica y una capacidad de traducir la propia experiencia cotidiana en una práctica productiva, con el fin de evitar una rápida obsolescencia frente a la dinámica del cambio tecnológico y organizacional.

Se señala luego la crucialidad de ciertos modos de concebir competencias básicas tales como leer, escribir, calcular, pensar lógicamente, expresarse verbalmente, escuchar y analizar. Se resaltan modalidades de síntesis, productivas, grupales y comunicativas para estas competencias, vistas como base de la adaptabilidad del trabajador a los entornos impredecibles en que hoy actúa. Se pide a la educación, entre otras cosas, el desarrollo de la capacidad de "lectura profunda" dando envergadura a los datos extraídos del texto, y rever el rol fundante de la lingüística y la teoría de la comunicación contemporáneas.

A continuación se especifican los significados de las competencias prácticas: uso de recursos, interacción y comunicación, manejo de la información y pensamiento sistémico. Cada una es definible como el cruce y la articulación de saberes complejos referidos al aprendizaje de la productividad, al dominio sobre el control técnico y de poder de los procesos, a la autonomía y la responsabilidad en la realización de las tareas y a la comprensión de los procesos en que cada persona interviene. La escuela tendrá que aprender a confrontar conceptualmente con las racionalidades de la productividad y deberá incluir temas como el conocimiento científico de los procesos comunicativos e interactivos y el de los métodos y procedimientos heurísticos que permiten la construcción de información epistemológicamente confiable.

En lo correspondiente a la última área, se explica el sentido de competencia tecnológica, y se establecen los contornos de una cultura tecnológica solvente, la cual será el producto de una sistémica validación y elaboración de la experiencia productiva conectada al saber científico-técnico. Las demandas a la educación se orientan al desarrollo de un lenguaje capaz de abstraer y modelizar realidades tecnológicas y organizacionales complejas, capacidades que se vinculan con la lógica, la matemática, la heurística, la teoría de sistemas y la filosofía. Que la escuela logre definir los nuevos perfiles de la competencia técnica pasa más por su capacidad de diálogo con la realidad de la empresa que por su posibilidad de conocer, a priori y "sabiamente" esa realidad.

En una segunda parte, la publicación presenta en forma detallada la opinión de los entrevistados sobre los temas de las áreas indicadas, con la inclusión y análisis de abundantes testimonios textuales. Así por ejemplo, en cuanto al contexto productivo y el sistema educativo, sus opiniones giran alrededor de cuatro ejes: los cambios de mercado (globalización; incertidumbre provocada por las constantes redefiniciones del rol de la empresa y de los competidores, precios, costos y productos; introducción de métodos de garantía de la calidad y de mejora continua; altos costos laborales y de la calificación; continuos vaivenes en la organización; lentitud de los cambios); los contextos productivos visualizados como sistemas y como procesos, dinámicos y no estáticos; el lugar dado a la experiencia, la tecnología y los saberes procedimentales; la consideración de ambos ámbitos, el educativo y el productivo, como lugares de adquisición de competencias. Se destaca que, si bien los entrevistados señalan el hiato entre empresa y escuela, también otorgan relevancia, en estos momentos de crisis, al diálogo entre ellas: el sistema educativo como instancia de sistematización del aprendizaje y de comprensión de la sociedad en la que está inmerso; las empresas, representantes del mundo productivo, como lugar de la práctica y de la adquisición de capacidades más coyunturales.

En cuanto a las competencias que requiere el mundo de la producción, los actores expresan que el saber productivo es operacional, supone una articulación entre competencias técnicas y prácticas, y hace necesarias las competencias analíticas. El trabajo actual torna imprescindibles determinadas capacidades: de adaptación al cambio, de gestión -dirigir, organizar secuencias, comunicar-, de tratamiento de la información, de su interpretación para la toma de decisiones y de autoformación; y actitudes de colaboración, responsabilidad y autonomía. El desarrollo de dichas capacidades parece apoyarse en ciertos pilares: sólida escolaridad de base, integración y convergencia de conocimientos, concepción de proceso y sistema, y formación en las estructuras demandantes del mundo productivo.

También a manera de ejemplo, al analizar lo que manifiestan los entrevistados acerca de la competencia de lectura, se destacan algunas observaciones: la creciente demanda de habilidad lectora a los trabajadores de todos los niveles dada la mayor responsabilidad que se les exige; las diferencias entre la lectura en la escuela y en la producción (textos normativos, con lenguaje técnico e interpretación unívoca); la lectura en el trabajo como práctica colectiva en tanto desencadenante de intercambio de saberes y experiencias; la lectura conducente a la investigación y a la resolución en forma autónoma de problemas del mundo real.

Cabe detenerse finalmente en otro ítem, relacionado en este caso con las competencias de orden tecnológico: la necesidad de interactuar con y a través de computadoras. Al sistema educativo se le pide que dirija sus esfuerzos hacia la interpretación de la información, enseñando a visualizar un texto de modo de relacionar sus partes, gráficos e imágenes; la comprensión de la interacción hombre-máquina mediada por el lenguaje informático; y la aptitud para encontrar la información que permita operar competentemente sobre los procesos de la producción. Los entrevistados alertan además sobre la importancia de interpretar la computadora no sólo como instrumento para manipular datos, sino también como metaobjeto cultural, lo cual resulta difícil para los trabajadores de más edad, acostumbrados a operar con materiales tangibles. Y, por supuesto, exhortan a que la computadora se constituya en un elemento básico del sistema escolar, integrándola en una cultura institucional; no sirve la sola enseñanza de la computación, ni su aplicación como técnica, dentro de una organización que la ignora.

 

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