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Fecha de actualización:
21/07/2009

 

 

Competencias Laborales


Novick, Marta y otros (1998) Nuevos puestos de trabajo y competencias laborales. Montevideo: OIT-Cinterfor.

 

Se presenta aquí el resultado de la investigación "Nuevos sistemas productivos y transformación del proceso de trabajo, identificación de los saberes efectivamente requeridos", encomendada a las autoras por el Ministerio de Cultura y Educación y la CGT (Argentina). El objetivo fue poner de manifiesto la movilización de nuevas competencias dentro de una redefinición de los perfiles de puestos de ejecución, para lo cual se efectuó un análisis cualitativo de las diferentes formas en que cuatro firmas autopartistas del sector automotriz argentino enfrentan los actuales cambios en los patrones de competitividad.

Se eligió la industria automotriz dado que el debate sobre la crisis del modelo fordista y las nuevas prácticas organizacionales comenzaron a manifestarse en su seno. Presenta además la ventaja de una trama industrial donde se extienden las prácticas de subcontratación y externalización, lo cual permite abarcar a las pequeñas y medianas empresas.

La publicación comprende una introducción que analiza el concepto de competencias y describe la metodología utilizada en la investigación. Una segunda parte indaga sobre los cambios en la organización del trabajo. El tercer capítulo describe la nueva lógica de movilización de las competencias obreras y el cuarto se centra en el tema de las calificaciones, tras lo cual las conclusiones cierran el informe.

En el marco teórico referido al concepto de competencia, se cita a Stankiewicz, según el cual se necesita movilizar la capacidad de análisis, responsabilidad y participación activa de todos los trabajadores, confirmando lo señalado por Zarifian para quien la competencia enuncia una actitud social y un ejercicio sistemático de distanciamiento crítico respecto del propio trabajo. Algunos autores, como Tanguy, cuestionan el monopolio del aparato escolar sobre el dominio de la formación. En todos los enfoques, especialmente el de Mountmollin, las competencias suponen la existencia de estructuras mentales disponibles. El marco teórico se interna así, siguiendo a Linhart y Paiva, en la noción de intelectualización del trabajo, la cual pone en acto un pensamiento conceptual abstracto que supone diversas posibilidades de percepción, raciocinio, manipulación mental de modelos y comprensión de procesos.

Inicialmente, la investigación se orientaba a señalar en el sector automotriz la correlación entre estrategias de adaptación, nivel en la cadena de proveedores y perfil de competencias laborales requeridas. Un abordaje más profundo mostró que el discurso gerencial no siempre concuerda con la realidad, por lo que se impuso la necesidad de analizar la movilización de los saberes en un marco delimitado por las reglas de funcionamiento interno de la empresa y por las características de las opciones organizacionales implementadas.

Por eso, con respecto a la metodología, se recurrió al análisis de casos con un enfoque multidimensional, partiendo de que el trabajo obrero emerge hoy dentro de un sistema complejo, presentándose como un conjunto de actividades cada vez menos observables y preestablecidas. La recolección de datos se planteó a tres niveles: empresa, taller o célula, y puesto de trabajo. La información se obtuvo a partir de entrevistas semiestructuradas a directivos de las firmas y a encargados o líderes de módulos de trabajo, y a través de la observación directa de los puestos laborales. Un posterior plano de análisis abarcó la confrontación entre los datos teóricos y empíricos recogidos.

El segundo capítulo, dedicado a los cambios en la organización del trabajo, estudia en primer lugar las consecuencias de la incorporación de tecnología microelectrónica. Pasa luego a analizar las nuevas formas de organización del trabajo que combinan heterogéneamente la base tecnológica con flexibilidad en el uso de la mano de obra y en la organización industrial. Todos los modelos caracterizan un nuevo tipo de trabajador polivalente, autónomo y creativo, contraponiéndolo al obrero-masa de la línea fordista. Dentro de esta tendencia se estudia el funcionamiento, tanto en las áreas de trabajo mecanizado como en las de montaje, de las células de trabajo como unidades elementales constituidas bajo el principio de descentralización de la producción y administración local de flujos. La dinámica de la célula apunta al aprovechamiento máximo de los tiempos sobre la base de la polivalencia y la rotación de los trabajadores, con la consiguiente modificación de las estructuras de coordinación y control. El último apartado del capítulo describe los cambios en el contenido del trabajo, cambios que apuntan a una reducción de los costos de fabricación y almacenamiento y a garantizar la calidad de la producción en cada puesto laboral.

El tercer capítulo estudia la manera en que las empresas movilizan en sus obreros las competencias requeridas, destacándose en todas un nuevo modelo de política de los recursos humanos. Se recurre primero a una fuerte selección del personal, la cual se orienta por las condiciones de adaptabilidad y responsabilidad del individuo. Luego se organizan actividades de tipo motivacional, dejando para después la capacitación ligada a las necesidades específicas de los puestos de trabajo en función de los requerimientos técnicos de los procesos y máquinas. Se utiliza la modalidad de aula en cursos de capacitación diseñados para compensar déficits de conocimientos básicos, y asimismo la formación en el puesto de trabajo para el uso de herramientas complejas de base microelectrónica o digital.

En el capítulo dedicado a las calificaciones se explica que, como estrategia metodológica aplicable en la observación de los puestos de trabajo, se armó, a partir de la tipología elaborada por Gallart y Jacinto, una grilla que reúne un inventario de competencias en cuatro grupos: competencias intelectuales, básicas, técnicas y comportamentales. Se detiene especialmente el capítulo en los dos primeros grupos los cuales conforman un sustrato cognitivo que, junto con las competencias comportamentales, constituyen el sustento crítico para el desempeño de cualquier tipo de actividad. Las técnicas, en cambio, indican la posesión de un conocimiento sobre métodos y procesos para conducirse en una actividad especializada.

Como corolario de la investigación se presentan las conclusiones con las principales tendencias registradas en las firmas indagadas. Se señala por ejemplo que, si bien la organización del trabajo basada en células es uno de los elementos claves de los procesos de reestructuración, dichas células operan para garantizar la coordinación operativa y la obtención de resultados más que como factor movilizador de saberes colectivos.

La incorporación del control de calidad en los puestos de producción directa resulta clave, pero el trabajador sólo se ocupa del registro de la medición en planillas prehechas, quedando marginado de la construcción de series estadísticas, interpretación, diagnóstico de curvas y planes correctivos.

El reagrupamiento de tareas evidencia un tipo de actividad productiva más compleja, pero también denota un aumento de la carga de trabajo como resultado de la intensificación de los ritmos y de un aumento de exigencia para tomar decisiones en tiempo real.

La implantación de tecnología de base microelectrónica se relaciona con un proceso de mayor intelectualización al requerir del operador un conocimiento más abstracto de los comportamientos de la máquina. No obstante, se evidencia un grado restringido de acceso y apropiación de la tecnología, dado que las tareas de programación y mantenimiento se encuentran asignadas a áreas funcionales externas.

El balance de competencias requerido presenta diferencias significativas según se trate de actividades productivas en puestos de mecanizado o de montaje, y según las distintas dimensiones de la calidad. En mecanizado, éstas se refieren al cumplimiento de especificaciones del producto, y en montaje, al correcto funcionamiento del conjunto ensamblado. También se diferencian los componentes técnicos incorporados para garantizar la detección y corrección de desvíos. En los puestos de mecanizado se demanda el uso de instrumental complejo, el relevamiento de información y el cotejo con parámetros numéricos, la ejecución de un diagnóstico y la toma de decisión para una acción correctiva. En los puestos de ensamble, por el contrario, la incorporación de automatismos de control señalan el desvío y bloquean la operación, por lo que sólo es menester la recolocación de la pieza o el reintento de la operación, reduciendo el margen de intervención del operador.

La calidad, como nuevo componente del trabajo de ejecución y a pesar de las diferencias señaladas, se revela como un factor que influye en la exigencia de una competencia más integral, con eje en las dimensiones intelectuales y los conocimientos básicos, en particular las matemáticas aplicadas, unidas al manejo de los nuevos lenguajes y tecnologías informatizadas. Esto se complementa con las dimensiones técnicas y comportamentales: el manejo de información y recursos impone la necesidad de un nuevo tipo de relación no sólo entre el operador y la máquina sino también entre éste y su entorno inmediato, es decir supervisores y compañeros de célula.

Para terminar se expresa que las actividades de capacitación desarrolladas en los casos estudiados parecen definir un modelo de carácter selectivo orientado al ‘hacer’ y dirigido especialmente a los trabajadores que ocupan puestos considerados claves. Pocas veces apuntan a fortalecer la capacidad autorreflexiva y crítica de los trabajadores, lo cual acrecentaría una competencia fundamental cual es la de observar, aprender y situarse como actor del proceso productivo.

 

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