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Fecha de actualización:
21/07/2009

 

 

Cambio tecnológico y formación profesional


Pedroza Flores, René (1997) La educación superior y su vinculación con el desarrollo tecnológico. Tópicos y orientaciones. México: Universidad Autónoma del Estado de México.

A partir de señalar que a las Instituciones de Educación Superior (IES) se les plantea un interrogante clave: ¿formar profesionales o responder a las necesidades del mercado de trabajo?, se postula que el desafío es lograr la síntesis de la paradoja, lo cual atañe principalmente a tres aspectos: el presupuesto de gastos que se destina a educación e inversión en investigación científica y tecnológica, la eficiencia terminal del sistema educativo, y el conocimiento de la relación entre la educación y el cambio tecnológico. La presente publicación intenta contribuir con este último aspecto.

El libro comprende dos partes. La primera abarca un documento sobre las principales corrientes teóricas del cambio tecnológico. La segunda, después de analizar el papel de la educación en la evolución de ese cambio, incluye un segundo documento referido al debate internacional sobre la educación superior, e inserta un tercer texto que estudia la innovación tecnológica en la construcción de satélites en México.

Varias son las teorías exploradas con respecto al primer tema. La escuela neoclásica centra el cambio tecnológico en la maximización racional de los factores de la producción en un medio estático. J. Schumpeter sostiene la tesis del ciclo económico, de carácter discontinuo y donde el impulso se logra por la incorporación de innovaciones. Para N. Rosenberg se trata de un proceso social que otorga gran importancia a la actividad inventiva. Se analizan luego algunos enfoques más recientes que, dejando de lado los planteamientos taylor-fordistas, inauguran un paradigma más flexible. Porter analiza la tecnología como ventaja competitiva de la nación ante el desafío internacional. La teoría institucional se basa en la noción de trayectorias naturales como fuente de evolución de la tecnología. Mientras el cambio tecnológico se logra según Freeman vinculando el desarrollo de la ciencia y tecnología con transformaciones organizacionales y sociales, para Dossi y Lundvall se alcanza por la participación conjunta de los diversos agentes que actúan en la innovación al interior de un país. El autor explica a continuación que el Sistema Nacional de Innovación en México tiene sus raíces en la teoría de Schumpeter, retomada por los teóricos que, con distintos enfoques, ponen el acento en lo nacional. Se refiere también a los aportes del Grupo de Investigación Europeo sobre los Medios Innovadores (GREMI) el cual elabora la noción de tecnopolos, definidos como el complejo de empresas pequeñas y medianas ligadas al desarrollo científico aportado por las universidades y los institutos de investigación tecnológica públicos y/o privados.

Al analizar el papel de la educación en la evolución del cambio tecnológico, el autor parte del hecho de que las empresas fueron consideradas por largo tiempo como la única fuente de innovación, desvinculándolas de otros organismos, tales como los centros de investigación de las instituciones de educación superior. Pero en el Sistema Nacional de Innovación, las IES tienen un papel fundamental, a partir de la premisa actualmente aceptada de que la fuente mayor de competitividad internacional no es la inversión en activos fijos sino la relacionada con el conocimiento, lo cual ha producido una forma diferente de concebir la relación entre sistema educativo y aparato productivo. Se puede hablar, al respecto, de dos momentos diferentes: uno que dominó en el ambiente académico entre las décadas del setenta y del ochenta con la teoría del capital humano (la educación como factor de la producción) y con la postura neomarxista y reproduccionista (la educación como reproductora de los recursos que convienen al sistema capitalista); y otro que se inicia a mediados de los años ochenta y que redefine el capital humano como la capacidad de acumulación de conocimiento tecnológico que pueda tener algún sector educativo. El aprendizaje adquirido en lo cotidiano tiene mayor efectividad si se realiza sobre la base de cierta escolaridad, por lo que la educación ya no es considerada como factor exógeno, sino como parte del modelo tecnológico. Afirma el autor que puede entonces hablarse, entre universidad y empresa, de una vinculación dinámica salvaguardadora de autonomías y promotora de autocríticas en los quehaceres de la ciencia y la tecnología.

Se inserta aquí el segundo documento que brinda orientaciones en el debate internacional sobre la educación superior universitaria. Todos los organismos fomentan la diversificación de estudios superiores de carácter técnico, en una universidad que sea partícipe directa del desarrollo económico a través de su vinculación con el sistema productivo, y sitúan la actual problemática en la revisión de la eficiencia académica del currículo universitario. El Banco Mundial, con tres décadas de participación en materia educativa, ha desplazado su estrategia desde los apoyos para recursos materiales e infraestructura hacia inversiones concentradas en investigación básica y experimental. Su fórmula es: mayor inversión en educación superior - mayor crecimiento económico y mayores beneficios colaterales en desarrollo tecnológico - menor pobreza. El BM preconiza reformas en el sistema superior de educación recomendando cuatro estrategias: diversificación de la oferta educativa, extensión del financiamiento, desregulación de la participación del gobierno y determinaciones en calidad, adaptabilidad y equidad; frente a ello, el autor opina que el organismo deja de lado ciertas especificidades estructurales de los países en desarrollo, tales como inequidad económica, dependencia técnico-científica, inmovilismo empresarial y democracias limitadas.

La UNESCO reconoce los procesos que se dan en forma simultánea y contradictoria al interior de los países (democratización, mundialización, regionalización, polarización, marginación y fragmentación) y sostiene que la educación superior debe apuntar al vocacionalismo y a un nuevo academicismo, responder a las necesidades prácticas de desarrollo nacional y local, y avanzar en la universalidad del conocimiento. Plantea para ello la revisión de tres criterios fundamentales de la vida universitaria: la pertinencia, la calidad y la internacionalización. Su fórmula es: mayor inversión en educación - mayor fortalecimiento en la competitividad económica - mayor desarrollo cultural y cohesión social.

Para la CEPAL, en "Educación y conocimiento, eje de la transformación productiva con equidad", libro publicado en 1992 conjuntamente con la UNESCO, el conocimiento y los aprendizajes son vitales para la competitividad, por lo que impulsa el diseño de políticas que generen: una institucionalidad del conocimiento abierta a los requerimientos sociales; acceso universal a los códigos de la modernidad; creatividad en la innovación científico-tecnológica; gestión institucional responsable; profesionalización y protagonismo de los educadores; compromiso financiero de la sociedad con la educación; y desarrollo de la cooperación regional e internacional. La fórmula de la CEPAL es: acumulación de conocimiento - procesos de innovación - mayor productividad - mayor equidad.

De acuerdo con las tres propuestas, la educación debe formar parte de las estrategias de desarrollo económico vinculándose a la innovación tecnológica, lo que significa orientar la formación de recursos humanos hacia las necesidades de la planta industrial y determinar los contenidos curriculares con ciertos criterios empresariales de competitividad. Según el autor, se tiende así al modelo norteamericano de universidad empresarial, lo cual presenta, para los países en desarrollo, paradojas como las siguientes: mientras se recomienda menor participación del Estado en la educación superior, los países desarrollados aumentan sus gastos públicos en educación; se quieren ligar las capacidades de investigación y actualización al progreso económico, existiendo grandes disparidades entre el nivel mundial y la realidad latinoamericana; se pone énfasis en la absorción de los costos de financiamiento por la misma matrícula, cuando los países en desarrollo cargan pesadas deudas externas que inhiben el crecimiento de los niveles de vida de la población; la pretendida inserción de la educación en el mercado de trabajo contrasta con el patrón de desarrollo tecnológico que promueven los gobiernos y las empresas, las cuales basan su rentabilidad, no en la innovación, sino en las bajas remuneraciones y en la transferencia y adaptabilidad tecnológica; por último, la universidad centrada en la educación y la empresa en el empleo producen distintos sistemas de valores que dificultan su vínculo.

Como comentario final el documento sostiene que las IES de los países en desarrollo atraviesan por una etapa de ajuste-asimilación ante el crecimiento de la demanda, la pérdida de legitimidad de los certificados universitarios y la desvinculación de los saberes con la exigencia de desarrollo social. La empresa necesariamente tiene que asumir mayores compromisos, modernizando las plantas industriales y promoviendo una evolución tecnológica endógena así como programas de capacitación. El Estado debe incentivar redes estratégicas de innovación, que impulsen no solamente la reformulación de instituciones y programas de formación tendientes al carácter técnico-operativo, sino también al progreso de la planta universitaria de científicos y tecnólogos.

 

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