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Labarca, Guillermo (1997) Demanda de trabajadores calificados y capacitación en la agroindustria: el caso de Chile. Santiago de Chile: CEPAL-GTZ (documento desarrollado en el marco del Proyecto "Políticas para mejorar la calidad, eficiencia y la relevancia del entrenamiento profesional en América Latina y el Caribe".
En este documento se abordan las peculiaridades en materia de capacitación y gestión de la producción que se presentan en el complejo agroindustrial de Chile. Este está conformado por el sector agrícola, con fuerte incidencia de formas de organización familiares y tradicionales de la producción, y el sector agroindustrial, que presenta modelos de organización que lo emparentan más con la producción industrial manufacturera. El documento hace referencia a las características generales de este complejo y a las especificidades del agro en materia de adaptación al cambio tecnológico. Está integrado por cuatro secciones, las tres primeras de las cuales están dedicadas, respectivamente, a los problemas de la capacitación en las actividades de producción, de acopio y transporte y de transformación industrial; la cuarta sección, por su parte, informa sobre los esfuerzos estatales en materia de capacitación agrícola. La agroindustria está organizada a partir de un mercado de compra-venta de productos primarios, en el que las relaciones de fuerzas están volcadas decisivamente en favor de la parte compradora, es decir, las empresas que industrializan los productos agrícolas y/o los llevan a los mercados de consumo final. Una característica fundamental de esta interacción es que la expansión de la agroindustria ejerce una presión sobre el sector agrícola, que se ve forzado a dar un salto tecnológico para el que carece de la capacidad organizativa y financiera necesaria. La posición de relativa debilidad de los productores los lleva a entablar una relación con el cambio tecnológico que está básicamente determinada por los ritmos y modalidades impuestos por la demanda. Esta característica inhibe los procesos de generación endógena de tecnologías de producción y refuerza aun más la dependencia de los productores. La primera sección, que por su extensión y contenido es la más relevante, enumera y describe algunas áreas de acción en las que los productores agrícolas y pecuarios presentan necesidades de asistencia que los convierten en virtuales demandantes de actividades de capacitación, aunque la propia naturaleza de sus necesidades les impida efectivizar esa demanda en un mercado de capacitación que, por otra parte, todavía no está constituido. En primer lugar, se plantea la cuestión de la relación entre las habilidades básicas necesarias para la producción y la capacidad de las escuelas secundarias agrícolas para proveer formación en esas habilidades. Los efectos positivos de la escolarización (en materia de alfabetización, nociones de aritmética, biología y química y familiarización con el trabajo grupal) son puestos en evidencia por los diferenciales de productividad entre trabajadores escolarizados y no escolarizados. Sin embargo, en momentos de cambio tecnológico, que requieren capacidad de rápida adaptación a nuevos ambientes y de absorción de nuevos conocimientos, se torna relevante la cuestión de si la escuela, y en particular las escuelas agrícolas, preparan a los trabajadores para estas situaciones. En segundo lugar, la dispersión geográfica de los productores y la pequeña escala predominante en el sector inciden negativamente sobre la capacidad para crear organizaciones que nucleen a los productores y los asistan en dos áreas de gran relevancia: la negociación unificada frente a las empresas compradoras de sus productos, y la socialización de los costos y riesgos asociados a la experimentación e introducción de nuevas tecnologías. En este contexto, se requiere una capacitación específica que haga ver las ventajas de la asociación y cooperación mutua, y tienda al mismo tiempo a hacerlas factibles. La interrelación de estos pequeños productores con empresas agroindustriales modernas (que atienden mercados internos masivos o mercados externos con elevados estándares de exigencia de calidad) deja en evidencia, en muchas ocasiones, su incapacidad para adoptar técnicas de gestión que les permitan racionalizar la producción y cumplir con puntualidad plazos de entrega acordados con las empresas compradoras, en el marco de la "agricultura de contratos". En tercer lugar, entonces, identifica el autor la necesidad de capacitar a los productores en materia de gestión de la producción y la comercialización, a fin de sacar mayor provecho de las relaciones contractuales con las empresas procesadoras y comercializadoras. Los problemas de escala mencionados y su relación con el acceso a la información sobre tecnologías, y a la tecnología misma, representan dos áreas de relevancia para la asistencia. En efecto, los costos derivados de la búsqueda de tecnologías no siempre disponibles en la región constituyen una barrera muchas veces infranqueable para los pequeños productores. En este sentido, existe un amplio terreno de acción para instituciones estatales y cámaras empresarias que otorguen asistencia técnica en materia de disponibilidad y adecuación de las tecnologías para cada región y actividad productiva. Por último, resulta relevante la gestión ambiental de los procesos productivos, puesto que ésta pone en juego el que en muchas ocasiones es el principal activo de los productores: la tierra. El cuidado de ésta, así como el uso racional del agua, suponen la difusión de conocimientos generales y técnicas específicas de cuidado ambiental. Como se dijo, no existe un mercado de capacitación agrícola en el que los productores pudieran encontrar satisfacción a estos requerimientos, y probablemente no quepa esperar la pronta constitución de dicho mercado. Razones propias del ambiente rural (dispersión de los demandantes, especificidad de la capacitación indisociable de la utilización de ciertos insumos o maquinarias, imposibilidad de generar una acumulación de capital humano realizable en el mercado de trabajo, en base a un conjunto de habilidades adquiridas por el trabajador) se suman a las razones de orden general que dificultan la constitución de dichos mercados. En este contexto, existen tres modalidades básicas de ofrecimiento de capacitación, de las cuales la única verdaderamente desarrollada es la que se da en el marco de la relación contractual entre el productor y la empresa agroindustrial (siendo las otras dos la capacitación individual de cada productor y la capacitación ofrecida por las organizaciones de productores). La capacitación asociada a la agricultura de contratos se basa en la asistencia técnica y transferencias de tecnología por parte de la industria, que conserva para sí los conocimientos generales sobre los que se apoyan los específicos. Esta relación, a pesar de inhibir todo tipo de capacitación que no esté directamente vinculada a la producción, ha demostrado ofrecer una serie de ventajas que hace que hoy su difusión sea promovida por el Instituto de Desarrollo Agropecuario -INDAP. Entre otras, las principales (y duraderas) ventajas de esta modalidad consisten en que enseña a los productores nuevas técnicas que pueden eventualmente ser aprovechadas fuera de ese contrato específico, les hace ver la importancia del conocimiento técnico como factor de productividad, los introduce en prácticas de negociación, y los induce a aplicar técnicas de gestión de la producción orientada al mercado. El INDAP asesora a los productores a través de la publicación de guías de contratos y la promoción de la figura del Promotor de Agricultura de Contrato -PAC- que busca superar ciertos problemas en la gestión de los contratos con las industrias. Una etapa del ciclo de producción agroindustrial donde la capacitación está hoy por completo ausente, y donde sus efectos podrían ser inmediatos, es la del tratamiento de la materia prima antes de ser entregada a la industria. Esta actividad, llevada a cabo por acopiadores comerciales que maximizan sus ganancias manipulando grandes volúmenes en el menor tiempo posible (con pérdidas de producto que alcanzan hasta el 20%), es un ejemplo de cómo la falta de incentivos impide la formación de una demanda de capacitación que a su vez determina la inexistencia de la correspondiente oferta. La tercera sección se ocupa de la demanda de recursos humanos en la agroindustria, en la que se presentan circunstancias asimilables a las del resto de la industria. En general, la capacitación asociada a los puestos de producción menos calificados se hace directamente en la planta, mientras que los egresados de escuelas técnicas y universidades son contratados para puestos técnicos, de gestión administrativa y comercialización. El ciclo estacional de la producción (que provoca una alta rotación del personal) y el carácter perecedero de la materia prima utilizada (que exige ciertas habilidades en su manipulación) constituyen dos especificidades de la demanda de recursos humanos por parte de la agroindustria. Al margen de la asistencia técnica de la "agricultura por contratos", la acción estatal opera a través del INDAP y el Servicio Nacional de Capacitación y Empleo -SENCE-. Las franquicias tributarias del SENCE y el otorgamiento de becas de capacitación han demostrado tener una escasa capacidad para incentivar la demanda de capacitación y su utilización ha estado orientada en general a financiar una oferta de cursos no siempre pertinentes o con infraestructura adecuada. El programa "Chile Joven", por su parte, combina la capacitación con el otorgamiento de créditos a jóvenes que presenten proyectos viables de explotación agrícola en tierras propias o familiares, y parece estar más próximo a lograr una eficaz combinación de formación en el aula y actividad productiva.
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