7. METALES
Hay aproximadamente 35 metales que presentan un especial interés en lo que se
refiere a la exposición dentro de las actividades laborales. Dos tercios de
ellos pueden entrañar riesgos para la salud si no se manipulan de forma
correcta y pueden tener efectos tóxicos bien definidos en el
ser humano. En cantidades pequeñas, algunos metales no sólo
no son venenosos, sino que pueden ser esenciales para una buena salud. Por el
contrario, otros metales, incluso en dosis mínimas, pueden causar un
envenenamiento ya sea inmediato o crónico. La toxicidad puede consistir en
alteraciones en los componentes de la sangre o en el sistema nervioso,
o bien dañar el hígado o los riñones. Una exposición prolongada a ciertos
compuestos metálicos puede ser causa de cáncer. Es posible que aparezcan reacciones
alérgicas como resultado de un contacto repetido a largo plazo con determinados metales
(aislados o en combinación).
Metales utilizados en la industria, como el mercurio, el plomo, el cadmio, el
níquel, el cromo, el manganeso, el arsénico, el antimonio, el zinc, el cobre, el cobalto, el vanadio
y el berilio, son conocidos causantes de efectos adversos para la salud, ya sea
en su forma elemental o como compuestos metálicos. Por regla general, el
envenenamiento agudo es consecuencia de la inhalación de polvo, humos o vapores
dispersados en el aire del lugar de trabajo. También a través de
la piel es posible la absorción de algunos metales y sus compuestos. El mercurio penetra en el organismo
por la inhalación de humos; sus compuestos pueden pasar, además, a través de
la piel. Este elemento daña el sistema nervioso. En el medio ambiente, el mercurio
queda convertido en un compuesto orgánico (el metil-mercurio) que se acumula en
organismos como los peces y, de este modo, se incorpora a la cadena alimentaria,
llega al ser humano y en él, según se sabe, afecta al desarrollo embrionario.
Los compuestos de mercurio intervienen en la fabricación del cloro y en la
minería; y se emplean asimismo como mordientes para curtir, componentes de baños
de desoxidación y plaguicidas. El cadmio forma parte de algunos metales
de soldadura y de los baños empleados para galvanoplastia. También se emplea
en las baterías Ni-Cd. Los plásticos de tipo PVC pueden contener estearato
de cadmio como termoestabilizante. Muchos pigmentos contienen compuestos de cadmio
(generalmente, para lograr amarillos o rojos). El organismo humano no es capaz
de librarse de este metal. Prácticamente todo el cadmio absorbido a lo largo de
la vida permanece almacenado en los riñones, lo que va causando una
reducción de la funcionalidad de estos órganos. Tanto el cadmio como sus
compuestos contaminan el medio ambiente y el entorno marino. Muchos
países han prohibido o han restringido estrictamente ciertos usos de los compuestos de
este metal. El níquel interviene en la producción de una amplia gama de
aleaciones, incluido el acero inoxidable. Es un material capaz de provocar
reacciones de hipersensibilidad; la alergia al níquel es bastante habitual en lugares donde se trabaja con
este metal o sus compuestos (en los talleres
de niquelado, por ejemplo). Además, algunos compuestos de níquel causan cáncer. El
uso del cromo, especialmente como ácido crómico o sus sales, está muy extendido
en
diversas industrias. Forma parte del acero inoxidable y de algunas otras
aleaciones; interviene en la galvanoplastia de piezas metálicas diversas, desde
componentes eléctricos hasta piezas de automóvil. Los compuestos de cromo se
emplean en la tinción de materiales textiles y pueden encontrarse, en
pequeñas cantidades, en el hormigón; pueden provocar cáncer, así como
reacciones de hipersensibilidad. El manganeso es un componente de muchas
aleaciones, y se emplea también para hacer acero. El polvo y el humo de las minas y de las plantas
de fundición contienen este metal y sus compuestos. Es un
componente de los electrodos de soldadura que, igualmente, desprenden polvo y
humos. La exposición al manganeso debilita las defensas del organismo frente a
las infecciones, y puede dañar gravemente el sistema nervioso. El zinc y el cobre
son, con frecuencia, componentes de los humos que provocan la 'fiebre de los
metales'.
Propiedades
El plomo es un metal pesado de color gris azulado. Es muy dúctil y muy
resistente a la corrosión. Las tuberías de plomo utilizadas
como desagües de los baños en tiempos del Imperio Romano pueden utilizarse
aún. Presenta un punto de
fusión bastante bajo en comparación con la mayoría de los metales: 3270 °C, y
comienza a evaporarse por encima de los 500 °C. Son temperaturas que se alcanzan en los trabajos normales con los metales (soldadura y molturación). Después
del hierro, el plomo es el metal más utilizado. La producción anual de este
metal a
escala mundial alcanza aproximadamente los 2,5 millones de toneladas, destinadas
en su mayor parte a la producción de baterías, y el resto suele usarse en el recubrimiento de
cables, tuberías, municiones y en la fabricación de derivados alquílicos que
se emplean como aditivos de combustibles. La manipulación de la chatarra de plomo es
una actividad común, como lo es el reciclado del plomo (el de las
baterías, por ejemplo). El plomo forma parte de los materiales de galvanizado y
de muchas aleaciones, como las de soldadura, latonado y producción de
cojinetes (materiales antifricción). Es un buen absorbente del
sonido y ruidos, y se usa como escudo frente a las radiaciones en los
equipos de rayos X. Los compuestos de plomo se han usado ampliamente como pigmentos para pinturas, si bien recientemente
se ha restringido mucho su uso a fin de reducir los riesgos para la salud asociados.
Más habitual es su presencia en el minio aplicado para proteger las superficies
de metal. La industria del polivinilo utiliza compuestos de plomo como estabilizantes;
la de materiales cerámicos emplea óxidos y silicatos de plomo para fabricar
porcelana y azulejos esmaltados. El óxido de plomo es un ingrediente en la
producción de vidrio ornamental, mientras que el arseniato de plomo es un plaguicida. La preocupación por los efectos adversos del plomo sobre el medio
ambiente es la causa por la que se han elaborado ciertos programas para reducir o
eliminar la presencia de plomo en los combustibles. Los compuestos de plomo
son contaminantes de los ecosistemas marinos. Desde el punto de vista
químico, podemos establecer dos clases de compuestos de plomo: - inorgánicos: el nitrato de plomo, el óxido de plomo y el sulfato de
plomo, por ejemplo
- orgánicos: el acetato de plomo, el tetraetil plomo y los derivados
trialquil- plomo, por ejemplo
Es necesario tomar precauciones al manejar plomo o sus compuestos, ya que se trata de venenos acumulables: la exposición a los mismos da lugar
a una 'carga de plomo', cuyo valor normal es la cantidad de plomo absorbida del
entorno (aire, agua, suelo), principalmente a través de los alimentos. Las
condiciones de trabajo pueden llegar a originar una carga de plomo total mayor. El
Valor Límite Umbral (TLV) correspondiente a los compuestos de plomo (el acetato
de plomo, el arseniato de plomo, el carbonato de plomo y el fosfato de plomo,
por ejemplo) es de 0,15 mg/m3. En el caso del cromato de plomo y
el tetraetil-plomo, el TLV es de 0,05. En cuanto al total de polvo, plomo metal
y la mayoría de sus compuestos inorgánicos, el TLV es de 0,1 mg/m3
en algunos países. En los estados de la UE, los compuestos de plomo se
encuentran clasificados en las categorías Xn (nocivo) o T (tóxico).
Efectos del plomo sobre la salud El plomo puede penetrar en el
organismo a través de las vías respiratorias o bien a través del estómago.
Algunos compuestos de plomo (el tetraetil-plomo, por ejemplo, antidetonante
incorporado a los combustibles) pasan a través de la piel. Aproximadamente un
tercio del plomo inhalado como aerosol, al igual que una décima parte del plomo
ingerido, llega a absorberse. Una vez que el plomo ha pasado al organismo humano,
causa efectos adversos. Se combina con componentes de los eritrocitos y provoca anemia; también se deposita en los huesos, en donde
sustituye al
calcio. Es detectable en el hígado y en los riñones. Tiene efectos sobre el
sistema nervioso, incluido el cerebro. El plomo puede atravesar la placenta y
llegar así al feto; también se encuentra en la leche si la madre ha estado
expuesta. Los
niños son especialmente sensibles al plomo. La excreción del plomo es muy
lenta. Su principal ruta es la urinaria, aunque también la sudoración y la
acumulación en uñas y pelo desempeñan determinado papel en la eliminación del metal del
organismo. La inhalación de polvos, vapores o humos que contengan plomo o sus
compuestos inorgánicos causa envenenamiento. Son signos tempranos de
envenenamiento el dolor de estómago, la pérdida de apetito, la fatiga y el
insomnio. Si la exposición continúa, el plomo comienza a acumularse como
consecuencia de la reducida capacidad de excretarlo. Pueden surgir otros
síntomas: cefaleas, lapsos de memoria, alteraciones hemáticas y dolores en
músculos y articulaciones. Cabe la posibilidad de que se vea afectado el sistema nervioso, lo que da
origen a diversos problemas: temblor de las manos, debilidad muscular y, en el
peor de los casos, parálisis (que suele iniciarse en los músculos de los
antebrazos y las manos). Los derivados orgánicos del plomo muestran una
toxicidad aguda más pronunciada que la de los inorgánicos y pueden entrar en
el organismo tanto a través de la piel como por inhalación.
Prevención de la exposición en el medio laboral
En el aire del lugar de trabajo, el plomo suele encontrarse en forma de polvo o humos. Las medidas técnicas para la prevención irán ligadas a la
formación, la movilización y la extracción de los polvos y los humos. En
algunos casos, es posible prescindir del tóxico; así, por ejemplo, la
industrias cerámicas pueden sustituir ciertos compuestos de plomo por plomo en
forma de polisilicatos. En muchos países, las pinturas con plomo están
prohibidas o bien restringidas a determinados usos. El empleo del plomo y sus
compuestos en la industria y en la sociedad en general viene regulado no sólo
por un Repertorio de recomendaciones prácticas, sino también por las leyes promulgadas en muchos estados con el fin de proteger al trabajador, pues la
intoxicación con plomo ha solido ser una de las enfermedades laborales más frecuentes. Estas leyes pueden establecer límites de exposición y exigir
el control de las concentraciones de plomo en el aire dentro del lugar de
trabajo, así como la vigilancia médica de las personas expuestas. Para poder
evaluar la exposición y establecer métodos preventivos es posible que exija el
mantenimiento de registros con los resultados.
La periodicidad con que tienen lugar los seguimientos y las pruebas médicas varía
según sea la exposición. La vigilancia médica deberá ser continua, desde
antes del inicio de la exposición al plomo hasta después de interrumpida ésta.
Para tomar medidas preventivas, se han definido una serie de responsabilidades tanto para los trabajadores
como para los empleadores. Para
mantener un adecuado grado de higiene, deben tenerse en cuenta las
medidas básicas siguientes: - no fumar, comer ni beber en las zonas contaminadas
- disponer
de una zona aislada en la que los trabajadores puedan comer y beber sin
riesgo de contaminación por plomo
- en lugares de trabajo muy calurosos
donde se recomienda a los trabajadores que beban, han de facilitarse fuentes
apropiadas que no estén contaminadas con el plomo presente en el puesto de
trabajo
- dotar a los trabajadores de ropa protectora adecuada, que
deberá permanecer dentro de las instalaciones
- reservar lugares
independientes para guardar por separado las ropas de trabajo y la de calle
- instalar sistemas de lavado apropiados y hacer uso
de los mismos.
El trabajador y/o sus representantes deberán tener acceso a las mediciones
de plomo en el aire, así como a los resultados estadísticos de las
observaciones clínicas.
BIBLIOGRAFÍA
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de 28 de julio de 1982, sobre la protección de los trabajadores contra los
riesgos relacionados con una exposición al plomo metálico y a sus compuestos
inónicos durante el trabajo
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