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Módulos de formación en seguridad química


[ Índice ]      

1. INTRODUCCIÓN A LA SEGURIDAD EN EL USO DE LOS PRODUCTOS QUÍMICOS

1. Riesgos para la salud de tipo químico

Los productos químicos han llegado a formar parte de nuestra vida cotidiana: constituyen la base de muchas de nuestras actividades, previenen y combaten numerosas enfermedades y aumentan la productividad agrícola.

Sin embargo, no podemos ignorar que muchos de estos productos (sobre todo cuando se usan de modo incorrecto) pueden poner en peligro nuestra salud y envenenar el entorno.

Según se ha calculado, aproximadamente un millar de nuevos productos químicos se incorporan al mercado cada año y, a escala mundial, se emplean unos 10+0.000 compuestos. Tales compuestos suelen encontrarse como mezclas en productos de consumo. La mayor parte de los países industrializados cuentan con entre uno y dos millones de estos productos o sus marcas comerciales.

El incremento observado en el número de compuestos y en su fabricación se traduce en un aumento en el almacenamiento, transporte, manipulación, uso y deshecho de los mismos. Al valorar los peligros y beneficios de un producto químico, se debe tener en cuenta todo el ciclo que éste recorre.

Casi todos los accidentes químicos tienen un efecto limitado. Sin embargo, de vez en cuando, hay algún desastre, como el ocurrido en 1984 la localidad india de Bhopal, que provocó que miles de personas perdieran la vida y muchas otras sufrieran una incapacidad permanente.

No sólo el trabajador que manipula los productos químicos es sujeto de riesgo. Podemos vernos expuestos en nuestros propios hogares como consecuencia de un uso inadecuado de algún material o de un accidente, y resultar contaminados por productos corrientes, incluidos los alimentos.

También afecta al entorno: los productos químicos pueden contaminar el aire que respiramos, el agua que bebemos y los alimentos que comemos. Pueden alcanzar bosques y lagos, destruir la vida silvestre y alterar los ecosistemas.

Cada compuesto exige distinto grado de precaución. La evaluación de los riesgos que los productos químicos entrañan para la salud es un proceso continuado en el que se va presentando nueva información obtenida de fuentes diversas.

Recuerde: los productos químicos tienen poder, por eso resultan ahora tan importantes para nuestra vida. Respete ese poder del que están dotados y manéjelos con cuidado.

2. ¿Cómo penetran en nuestro organismo los productos químicos usados en el lugar de trabajo?

Ningún compuesto puede provocar un efecto químico adverso sin penetrar primero en el organismo o tener contacto con él. Las cuatro vías principales de penetración, o modos de exposición, para que los productos químicos entren en el cuerpo son las siguientes:

  • Inhalación (al tomar aire para respirar)
  • Absorción (a través de la piel o de los ojos)
  • Ingestión (al comer o ingerir en general)
  • Paso a través de la placenta desde la mujer gestante al feto

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Muchos productos químicos empleados en el lugar de trabajo pueden encontrarse dispersos en el aire -en forma de polvo, niebla, humo, gases o vapor-, y a partir de ahí ser inhalados. De este modo, hay trabajadores que aunque no participan directamente en su manejo, sólo por estar en su radio de acción pueden quedar expuestos a los productos químicos a partir de diversas fuentes.

El manejo de productos químicos sin una adecuada protección expone al trabajador al riesgo de absorber cantidades peligrosas de los mismos a través de la piel. Así ocurre normalmente cuando se manipula un producto químico en estado líquido. También el polvo puede pasar a través de la piel si se humedece (con el sudor, por ejemplo). La capacidad de los diferentes productos químicos para penetrar a través de la piel varía considerablemente. Algunos compuestos pasan sin que el afectado lo perciba. La absorción cutánea ocupa el segundo lugar en frecuencia, después de la inhalación, como vía de exposición en el trabajo.

La capa externa que protege la piel pueden debilitarla algunos compuestos (tolueno, soluciones diluidas de sosa, etc.), lo que facilita que otros productos como la anilina, el fenol, el benceno, etc. puedan penetrar de forma rápida en el torrente sanguíneo.

También los ojos pueden ser una vía de absorción de productos químicos, ya sea por medio de salpicaduras o de vapores.

En el organismo pueden entrar, por ingestión, compuestos peligrosos como gases, polvos, vapores, humos, líquidos o sólidos. Es posible que el polvo, una vez inhalado, se trage; y los alimentos o los cigarrillos pueden quedar contaminados al manipularlos con las manos sucias. Es necesario prohibir la ingestión de alimentos o bebidas, así como fumar, en los lugares de trabajo donde se manejen productos químicos peligrosos.

Sea cual sea la vía de entrada, los productos químicos pueden alcanzar el torrente sanguíneo y distribuirse por todo el organismo. Así pues, el daño puede tener lugar tanto en el punto de entrada como en un órgano distante de la zona de exposición.

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Al elegir la forma de manejo de los productos químicos sólidos (tortas, pastillas, gránulos, polvos con aceite, pastas), deberá tenerse en cuenta la formación de polvo.

3. ¿Cómo nos afectan los productos químicos?

Los efectos perjudiciales de los productos químicos dependen de la toxicidad de cada uno y del grado de exposición a los mismos. La toxicidad es una propiedad del producto químico, mientras que la exposición depende del modo en que se utilice el material. El grado de exposición depende de la concentración del producto peligroso y del periodo de contacto. Muchos compuestos no desprenden ningún olor que sirva de advertencia ni siquiera cuando su concentración en el aire del lugar de trabajo es peligrosa.

Efectos agudos - Efectos crónicos

Los efectos pueden ser de carácter agudo (el efecto es inmediato tras una corta exposición); o de carácter crónico (la exposición suele producirse en repetidas ocasiones y transcurre cierto tiempo entre ésta y la aparición de los efectos adversos).

Un mismo compuesto puede originar efectos agudos y crónicos, y los daños de ambos tipos de trastornos pueden ser permanentes.

Los daños derivados de la exposición a un producto químico pueden ser temporales (es decir, reversibles: desaparecen una vez cesa la exposición al compuesto).

La exposición a disolventes puede provocar dermatitis de contacto, cefalea o nauseas (efectos que pueden presentarse tanto de forma aguda como temporal). Por otra parte, los efectos pueden también ser crónicos y causar un daño permanente e irreversible al sistema nervioso.

Efectos locales - Efectos sistémicos

Los compuestos peligrosos pueden causar efectos locales. Entre los de carácter agudo se encuentran las quemaduras por la causticidad de ácidos o bases, o los daños pulmonares provocados por inhalación de gases como el ozono, el fosgeno y los óxidos de nitrógeno.

Muchos otros gases causan efectos adversos únicamente cuando su inhalación ha sido repetida durante un periodo prolongado, incluso en bajas concentraciones. A raíz de la exposición a gases como los óxidos de azufre, el fluoruro de hidrógeno o el cloruro de hidrógeno, puede aparecer una persistente irritación del aparato respiratorio.

Una vez ha penetrado el tóxico en la circulación sanguínea, puede tener lugar su distribución por todo el organismo. Así, alcanzará el hígado, órgano de mayor importancia en cuanto a la detoxificación: el hígado intenta convertir los tóxicos en compuestos menos perjudiciales, e incluso en compuestos útiles para el organismo (proceso denominado metabolismo). Algunos compuestos (el alcohol y el tetracloruro de carbono, por ejemplo) pueden deteriorar el hígado. El organismo excreta los compuestos que le resultan indeseables. Los riñones los extraen del torrente sanguíneo por filtración; esta es la principal vía de excreción de los venenos. Sin embargo, en tal proceso, algunos productos (tetracloruro de carbono, etilenglicol, disulfuro de carbono) pueden producir un daño renal. En el caso del cadmio, el daño provocado en el riñón es permanente.

Otros medios de excreción son las heces, el sudor y el aire espirado.

El sistema nervioso es sensible a los productos químicos. Los efectos adversos pueden aparecer en el sistema nervioso central o en los nervios que comunican los impulsos a otras zonas del cuerpo. En los lugares de trabajo es habitual el uso de disolventes orgánicos que, según se sabe, son capaces de afectar al sistema nervioso. Hay otros muchos compuestos que pueden actuar de igual modo: el disulfuro de carbono, el mercurio, el plomo, el manganeso y el arsénico.

Nuestro organismo tiene una considerable capacidad de excreción, de originar compuestos de toxicidad inferior a la de los productos originales y, en definitiva, de protegernos. No obstante, nuestro sistema de defensa puede verse sobrecargado por una exposición dura y repetida y, de este modo, perder su funcionalidad. El tóxico queda almacenado en alguna zona del cuerpo y, consecuentemente, puede originar problemas de salud.

El plomo constituye un ejemplo de producto cuya eliminación del organismo requiere un periodo largo. El cadmio no sufre metabolismo alguno en el organismo, es decir, que una vez que penetra, permanece en él.

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Los numerosos derivados obtenidos del petróleo: Descripción de los diversos materiales originados por destilación fraccionada del crudo.

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4. Grupos de productos químicos habituales que entrañan riesgos para la salud

4.1 Polvos, humos y gases

El polvo puede constituir tan sólo una molestia: su peligrosidad depende del tipo de materia que lo forme, así como de la cantidad de partículas y del tamaño de las mismas.

Cuanto menor sea la partícula, más profundamente accederá a los pulmones al ser inhalada con el aire y mejor sorteará los sistemas defensivos de estos órganos. Este tipo de polvo es invisible a simple vista por lo que para su identificación se emplean técnicas de microscopía. Puede acumularse en los pulmones durante un tiempo prolongado y causar pneumoconiosis, una enfermedad laboral habitual causa de incapacidad. Los polvos que contienen sílice cristalina o amianto son los más frecuentes causantes de esta enfermedad.

La arena y muchos tipos de rocas contienen sílice cristalina; igual ocurre con muchos minerales, el cemento, los materiales cerámicos y la tierra de diatomeas. Los procesos en que intervienen estos materiales originan polvo y pueden derivar en la acumulación de la sílice en los pulmones. Al cabo de los años, este estado puede causar una enfermedad pulmonar incurable, aun cuando la exposición haya cesado años antes.

El amianto es una fibra mineral natural muy resistente al fuego y a muchos productos químicos. Las fibras de amianto son muy resistentes y finas. Sus formas son diversas y reciben diversos nombres: crisotilo (serpentina fibrosa), crocidolita, amosita, antofilita, actinolita, tremolita... El crisotilo se usa para materiales aislantes así como ropas y alfombras protectoras.

El polvo penetra en los pulmones y destruye los tejidos locales (afección denominada asbestosis). El amianto puede ser también causa de cáncer pulmonar. El riesgo de cáncer es muy superior cuando la exposición a este mineral se da en fumadores. El uso de amianto se encuentra restringido o prohibido en muchos países.

La exposición a vapores de metales puede provocar daños en el organismo. La denominada `fiebre de vapores metálicos' (fiebre y tos con leucocitosis alta) es un conocido efecto sobre la salud originado por inhalación de vapores metálicos (frecuentemente con zinc). Suele manifestarse un día después de sufrir la exposición.

No necesariamente presentan Los gases no necesariamente desprenden un olor que sirva de advertencia de que la concentración en que se hallan es peligrosa. El olor puede ser perceptible sólo en altas concentraciones en el aire. Los gases pueden ser irritantes o bien llegar a la circulación y provocar daños internos.

Los óxidos de azufre, los de nitrógeno, el cloro y el amoniaco son gases tóxicos que resultan corrosivos e irritantes para las vías respiratorias. Su empleo en la industria está muy extendido. El fosgeno se forma cuando los disolventes clorados, tales como el "TRI" (1,1,2- tricloroetileno), entran en contacto con llamas o superficies calientes. El fosgeno puede dar lugar a un envenenamiento mortal incluso antes de que sea detectable por el olfato.

El monóxido de carbono es un gas tóxico, incoloro e inodoro, formado por una incompleta combustión de materiales de origen orgánico. Puede llegar a la circulación sanguínea. Algunos gases (el cianuro de hidrógeno, por ejemplo) son capaces de atravesar la piel.

4.2 Disolventes

En su mayoría, los disolventes son productos químicos líquidos orgánicos. Su utilidad radica en que pueden disolver otros compuestos, particularmente las grasas y productos similares insolubles en agua. Muchos de los disolventes se evaporan con rapidez a temperatura ambiente. Suelen ser inflamables y pueden incendiarse por el calor de un cigarro o un soldador o por cargas electrostáticas. Sus vapores se desplazan con las corrientes de aire y pueden incendiarse aunque la fuente de ignición esté lejana.

La inhalación es la vía de penetración más frecuente de los disolventes en el organismo; no obstante, algunos atraviesan la piel y ésta queda sana y sin lesiones. Una vez en el torrente circulatorio, el disolvente puede acceder a diversos órganos (entre ellos, el cerebro y el hígado).

Cada disolvente ejerce efectos en el ser humano que son variables conforme a su velocidad de evaporación y a su hidrosolubilidad. El riesgo de causar efectos sobre la salud depende del periodo de exposición y de la concentración del disolvente en el aire inhalado.

Muchos disolventes provocan un efecto narcótico; pueden causar mareos, cefaleas, reducción de las respuestas conscientes o cansancio. También pueden irritar los ojos o el aparato respiratorio. Un frecuente contacto con la piel se traduce en un efecto detergente sobre la capa protectora de la misma, lo que provoca irritación. Algunos disolventes son muy tóxicos para el hígado, los riñones, la médula ósea o el sistema nervioso. El benceno, el tetracloruro de carbono y el disulfuro de carbono pertenecen a esta categoría de disolventes que deberían sustituirse por otros menos peligrosos.

4.3 Metales

Los metales pueden penetrar en el organismo en forma de polvo o de vapores (labores de pulverización o soldadura) e incluso a través de la piel. Tal es el caso del tetraetil-plomo, empleado como agente antidetonante en las gasolinas. El mercurio suele entrar en forma de vapores inhalados, dada la facilidad con que este metal líquido se evapora a temperaturas normales.

El plomo tiene aplicación en diversos sectores industriales: baterías, vidrio y minería, fabricación de cables, fundiciones e imprentas. La protección de las construcciones de acero mediante pinturas anti-corrosión que contienen plomo puede provocar que este metal se libere durante las operaciones de soldadura (en buques, por ejemplo).

El mercurio forma parte de muchos plaguicidas y baños de decapado. En el medio ambiente, puede acumularse concretamente en los peces. El envenenamiento por este metal provoca graves efectos sobre el sistema nervioso.

El níquel está presente, junto con otros metales, en diversas aleaciones. Se sabe que, como metal o bien formando compuestos, es un elemento sensibilizante. Después de una primera reacción alérgica al níquel, esta se repite tras el contacto con el metal, aunque sea en cantidades mínimas, que puede aparecer en productos tales como el cuero, el cemento, o los pomos de las puertas. Algunos compuestos de níquel pueden causar cáncer.

Los compuestos del cromo (los cromatos y los dicromatos, en particular) son muy utilizados en la industria. El cemento contiene pequeñas cantidades de compuestos de cromo. Tales productos pueden originar alergia e incluso cáncer de pulmón. A diferencia del cobalto y del níquel, el cromo metálico puro no provoca alergia. Sus compuestos pueden provocar defectos congénitos en los hijos de mujeres que hayan sufrido una exposición durante el embarazo.

Los compuestos del arsénico encuentran uso en la fabricación de plaguicidas, insecticidas y algunos materiales colorantes. El envenenamiento crónico por arsénico puede comenzar con una irritación del aparato respiratorio, una inflamación de los ojos o problemas cutáneos; posteriormente, se manifiestan daños en el sistema nervioso. Tanto el arsénico como sus compuestos pueden provocar cáncer.

4.4 Ácidos y bases

Cuando se usan ácidos o bases fuertes, suelen emplearse soluciones acuosas de los mismos que producen un efecto cáustico en los tejidos humanos. Al trabajar con ácidos o con bases, es posible que se generen nieblas de causticidad equivalente a la de las soluciones.

La mezcla de un ácido con una base origina un fenómeno denominado neutralización, en el que es habitual que se produzca un intenso desprendimiento de calor. Los efectos de tal fenómeno pueden ser particularmente graves si se mezcla agua con el ácido sulfúrico concentrado: el calor generado proyecta el líquido, muy corrosivo, que puede alcanzar al trabajador.

Algunos ácidos son explosivos en contacto con materia orgánica (serrín, por ejemplo).

Los tratamientos de piezas de metal en baños ácidos pueden ser fuente de graves daños: el baño puede contener más de un ácido en una mezcla y liberar hidrógeno gaseoso, que es inflamable, así como nieblas de los ácidos al introducir las piezas metálicas.

El ácido fosfórico encuentra aplicación en el tratamiento de metales. Al entrar en contacto con superficies calientes, este ácido puede desprender gases tóxicos. Entre las bases habitualmente empleadas se encuentran el amoniaco y los hidróxidos de sodio y de potasio, que son cáusticos para los tejidos humanos (el efecto se percibe después de cierto tiempo). Las bases atraviesan la piel y causan úlceras profundas. La limpieza de estos compuestos es dificultosa. Cuando se encuentran como soluciones acuosas diluidas, provocan irritación.

Los hidróxidos de sodio y de potasio tienen aplicación, por ejemplo, en los baños calientes para desengrasar metales.

4.5 Plaguicidas

La misión de los plaguicidas es destruir o, al menos, controlar todo tipo de plagas. Encuentran numerosas aplicaciones tanto industriales (para impregnar la madera, etc.), como agrícolas (control de insectos, maleza, hongos, roedores...). Hay muchos tipos de productos plaguicidas; además, pueden presentarse en forma de mezclas.

Varios países imponen restricciones al uso de ciertos compuestos (incluso llegan a prohibir por completo el empleo de algunos) como consecuencia de los graves efectos adversos que provocan. En Europa, la lista de plaguicidas prohibidos comprende, por ejemplo, los derivados inorgánicos del mercurio, el canfecloro, el clordano, el dieldrin, el DDT, el HCH (lindano), el heptacloro, el hexaclorobenceno y el nitrofén.

Entre los insecticidas, es posible diferenciar los siguientes grandes grupos:

  • Compuestos organofosforados - Suelen ser venenos de efecto agudo tanto para los insectos como para el ser humano. Pueden dañar el sistema nervioso e incluso provocar la muerte. Resultan eficaces aunque se encuentren en bajas concentraciones. Pertenecen a este grupo: diclorvós, demeton, paratión, tioazin.
  • Compuestos organoclorados - Provocan un efecto de toxicidad aguda menos intenso que el de los organofosforados. Sufren una degradación lenta, de modo que pueden acumularse en el entorno y en el organismo. Pertenecen a este grupo: aldrin, dieldrin, heptachlor, DDT.
  • Carbamatos (fungicidas, además de insecticidas) - Venenos que provocan en el hombre el mismo tipo de síntomas de los organofosforados. Pertenecen a este grupo: ditiocarb, carbaryl.

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5. ¿Cómo minimizar los riesgos que entrañan los productos químicos?

Para mejorar la seguridad en el uso de los productos químicos se puede actuar en diversos niveles:

5.1 En la empresa

Se debe formar un Comité de seguridad que se encargue de los aspectos relativos a esta cuestión y con regularidad. Puede comenzar su labor con las siguientes medidas:

Medidas organizativas

  • evaluar los peligros de los productos químicos y establecer las prioridades relativas a la seguridad en la organización;
  • crear planes de emergencia para los peligros evaluados;
  • organizar la asistencia sanitaria en el lugar de trabajo, además de realizar encuestas regulares, según sea necesario;
  • organizar contactos con autoridades/laboratorios que permitan crear un sistema de vigilancia de los peligros que entrañan los productos químicos, así como medir y/o prever de forma fiable la exposición a los mismos en el medio laboral, siempre que sea necesario;
  • comenzar a recopilar estudios de casos de accidentes y registros de patologías en la empresa, con objeto de establecer los fundamentos para fijar las medidas prioritarias que controlen los peligros;
  • identificar los productos químicos utilizados;
  • obtener información sobre los peligros que entrañan;
  • recopilar estos datos y elaborar un inventario de todos los compuestos que se emplean en la fábrica: es decir, elaborar un Registro de productos químicos en el lugar de trabajo;
  • implicar a los trabajadores en organizaciones que velen por la seguridad, como los sistemas de Delegados de seguridad y los Comités de seguridad;

Medidas técnicas para controlar los peligros

Es posible aplicar medidas técnicas para prevenir los riesgos que entrañan los productos químicos en el lugar donde se generan y en el traslado de éstos. Son medidas que pueden reducir la exposición de los trabajadores.

Substitución
Se trata de un eficaz método de control: utilizar un producto químico menos peligroso que el antes empleado. Es especialmente importante cuando el producto químico en cuestión puede causar cáncer, deteriorar la función reproductora u originar reacciones alérgicas. Al optar por un método más seguro o al sustituir el proceso anterior, más peligros, el que se está utilizando por otro menos peligroso más seguro que otro anterior) se logra una eficaz reducción de los riesgos.

Un ejemplo de esto es, al manipular materiales, optar por pastillas o pastas en lugar de polvos (que pasan fácilmente al aire en concentraciones peligrosas). Las pinturas y los adhesivos de base acuosa pueden sustituir a los dañinos productos que contienen otros disolventes.

Cuando se esté considerando la elección de productos o procesos alternativos, se deberá facilitar cualquier información útil para que la medida recién adoptada no dé pie a nuevos peligros inadvertidos.

Medidas de control técnico
Sistemas cerrados
Cuando no sea posible la substitución de los productos químicos peligrosos por otros menos perjudiciales, se deberá evitar la exposición protegiendo al trabajador. Un método eficaz consiste en el aislamiento del producto o del proceso.

Así, por ejemplo, para trasladar los disolventes u otros líquidos, pueden utilizarse conducciones selladas, en lugar de verterlos al aire libre. Los gases y vapores desprendidos al pintar con aerosoles o al utilizar baños reforzadores o de decapado en la industria del metal, deberán estar sometidos a control y extracción, sin permitir que pasen a formar parte del aire del lugar de trabajo.

Ventilación aspirante local
No siempre es posible mantener todas las operaciones peligrosas en un sistema cerrado. La segunda opción comprende diseñar una correcta ventilación local por extracción para eliminar los contaminantes en el lugar donde se generan. Un sistema de ventilación de este tipo consta de una campana, unos conductos, un sistema que recoge los contaminantes y los separa del aire limpio y un ventilador eficaz que permita la suficiente capacidad de succión.

Los gases, humos y polvos peligrosos pueden ser recogidos del aire de ventilación; luego, en lugar de desprenderse de ellos directamente, se deberá tratarlos, con objeto de no contaminar los alrededores de la fábrica y el medio ambiente en general. Se deberá prestar atención a la limpieza del aire con que se renueva la atmósfera ventilada. Para proteger al trabajador de los contaminantes peligrosos, resultan indispensables la inspección, el mantenimiento adecuado, y la limpieza y sustitución de los filtros con regularidad.

Ventilación general
Cuando resulta difícil o imposible evitar que los productos químicos peligrosos (humos, nieblas, partículas...) penetren inicialmente en el aire del lugar de trabajo, se puede optar por una ventilación general por dilución. Su diseño deberá cubrir las necesidades específicas de cada lugar y cada proceso. La mejor solución sería que el sistema constará de una entrada de aire limpio y de una salida de los escapes forzada por ventiladores situados en los lugares apropiados. También puede ser útil añadir otras medidas preventivas.
Limpieza
Cuando se trabaja con productos químicos peligrosos, es esencial mantener una adecuada limpieza. Las zonas de almacenamiento deben estar bien organizadas y ordenadas. Se deberá planificar el transporte de los productos químicos dentro de las instalaciones de la industria y mantener despejadas las vías utilizadas a tal efecto. También se planificará el mantenimiento de las instalaciones y de los equipos. Estas tareas deberán estar adjudicadas a personas/ grupos de trabajo/ departamentos concretos. Los trabajadores que utilicen los equipos deberán conocer quién es la persona responsable de repararlos si tienen fallos.

Se vigilará la eficacia de la limpieza y se realizarán inspecciones de manera periódica; en estas tareas, se implicará a los propios trabajadores, ya que son expertos en su labor particular.

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5.2 En el lugar de trabajo

La Organización Internacional del Trabajo ha elaborado un 'Repertorio de recomendaciones prácticas sobre la seguridad en la utilización de productos químicos en el trabajo, cuyos principios aplican varios países. A continuación se citan actividades en las que pueden intervenir los propios trabajadores; el Comité de seguridad puede comenzar por:

  • realizar con regularidad inspecciones utilizando listas de comprobación elaboradas para los productos y los procesos químicos concretos que se emplean en el lugar de trabajo;
  • marcar y etiquetar todos los productos químicos;
  • mantener a mano un inventario de todos los productos químicos manipulados en el lugar de trabajo, junto con una colección de Fichas de datos de seguridad apropiadas para tales productos;
  • instruir a los trabajadores en la lectura y la comprensión de la Información sobre seguridad de los productos químicos, incluidos los riesgos para la salud y las vías de exposición; instruirles en el manejo cauteloso de procesos y productos químicos peligrosos;
  • planificar, desarrollar y elegir los procedimientos de trabajo seguros;
  • reducir el número de personas que entren en contacto con los productos químicos peligrosos;
  • reducir los periodos de exposición de los trabajadores a los productos químicos peligrosos y/o la frecuencia con que ésta tiene lugar;
  • instruir a los trabajadores en el conocimiento y la comprensión de los procedimientos de emergencia;
  • dotar a los trabajadores del equipos de protección personal y enseñarles su uso, una vez agotadas otras alternativas para eliminar los peligros por métodos distintos;

5.3 En el almacenaje

La planificación y el mantenimiento de las zonas de almacenaje son muy importantes para que quienes usan productos químicos eviten pérdidas materiales, accidentes o desastres. Se prestará especial atención a la incompatibilidad entre los diversos compuestos, la apropiada situación de cada producto dentro del almacén, la correcta disposición y las condiciones climáticas. Por ejemplo, las bombonas deberán estar amarradas con cadenas que las mantengan en posición vertical y los ácidos presentes en esa zona deben ser específicos para ellas. . Los humos, vapores o salpicaduras nunca deberán alcanzar la zona de almacenamiento de las bombonas.

Los materiales peligrosos pueden sufrir derrames, causar un incendio o desprender humos o vapores peligrosos. El contacto entre dos compuestos puede desencadenar una reacción violenta. Además, los productos de una reacción pueden ser mucho más peligrosos que los reactivos que la originan.

Se facilitarán instrucciones por escrito relativas a las prácticas de almacenamiento; las Fichas de seguridad de los productos químicos peligrosos presentes deberán estar disponibles en el almacén.

5.4 En la gestión de los residuos

Las características reacciones entre los compuestos ocurren por igual tanto si éstos forman parte de un proceso de producción como si se trata de residuos. También son iguales los peligros que entrañan. Donde se empleen productos químicos, la empresa deberá planificar el etiquetado, la recogida y la manipulación de los residuos. Algunos países han elaborado leyes al respecto y ofrecen detalladas advertencias sobre cómo tratar los productos químicos peligrosos residuales. Para lograr el máximo beneficio para todos, es esencial una respuesta que surja tanto desde el puesto concreto donde tiene lugar el proceso con productos químicos como desde la dirección, que deberá planificar por completo la seguridad de todo el "ciclo de vida" de cada producto. Para el cumplimiento de tales misiones, es necesaria la cooperación con las autoridades (y entre las autoridades).

Son muchos los accidentes que se han producido debido a la bienintencionada creencia de que todo el personal es consciente de la situación. Organice un debate en el lugar de trabajo a partir de las ideas que surjan al formular las siguientes cuestiones:

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LISTA DE COMPROBACIÓN PARA LA GESTIÓN DE LA SEGURIDAD

  • ¿Quién está a cargo del trabajo?
  • ¿Se solapan sus responsabilidades con las de otra persona?
  • ¿Existe alguna tarea no adjudicada a un responsable?
  • ¿Se han estudiado/elegido/aplicado los métodos seguros para realizar los trabajos?
  • ¿Existe algún Repertorio de recomendaciones prácticas o algunas Directrices aplicables a este trabajo?
  • ¿Recibió el trabajador la debida formación para realizar su cometido?
  • ¿Es seguro el trabajo? ¿Es necesario un equipo de protección?
  • ¿Está informado el usuario del traje o equipo de protección sobre su uso correcto y las limitaciones del mismo?
  • ¿Quién evaluó si las herramientas, las máquinas y el equipo de protección eran los apropiados para el trabajo en concreto?
  • ¿Qué consecuencias tendría que algo no saliera bien?
  • ¿Cómo se enfrentará a un problema la persona encargada?
  • Si algo efectivamente saliera mal, ¿sabrían sus empleados cómo actuar, cuál es el plan de emergencia, cómo avisar a una ambulancia o al servicio de bomberos?
  • En caso de no poder terminar el trabajo previsto para la jornada, ¿se mantendrá la seguridad de la instalación? ¿Dispondrá de instrucciones claras el siguiente turno?
  • ¿Qué tal es la comunicación en su lugar de trabajo? ¿Conocen los trabajadores de producción cuál es el mantenimiento que tendrá lugar?; ¿hay cierres en algunas partes de la producción? ¿Conocen los trabajadores de mantenimiento los requisitos concretos de las tareas ligadas a aquella de la que se ocupan?
  • ¿Existe alguna comprobación organizada para conocer si las tareas tienen lugar conforme a lo previsto, o para la adecuada limpieza general?

Convenio sobre los productos químicos, 1990 (núm.170)

Recomendación sobre los productos químicos, 1990 (núm.177)

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    Actualizada por BC. Aprobada por EC. Actualización: 30.11.2004.

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