Recomendación del Consejode 15 de junio de 2001 relativa a las orientaciones generales de las políticas económicas de los estados miembros y la comunidad (2001/483/CE)

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Recomendación del Consejo de 15 de junio de 2001 relativa a las orientaciones generales de las políticas económicas de los estados miembros y la comunidad (2001/483/CE)


  1. Orientaciones generales de política económica
    1. Introducción
    2. Prioridades y requisitos principales
      1. La coyuntura económica reciente y sus perspectivas
      2. Principales desafíos
    3. Recomendaciones
      1. Asegurar la aplicación de políticas macroeconómicas de crecimiento y estabilidad
      2. Mejorar la calidad y sostenibilidad de las finanzas públicas
      3. Robustecer los mercados de trabajo
      4. Dotarse de mercados eficientes de productos (bienes y servicios)
      5. Promover la eficiencia e integración del mercado de servicios financieros de la UE
      6. Fomentar el espíritu empresarial
      7. Impulsar la economía del conocimiento
      8. Potenciar la sostenibilidad del medio ambiente

EL CONSEJO DE LA UNIÓN EUROPEA,

Visto el Tratado constitutivo de la Comunidad Europea, y en particular el apartado 2 de su artículo 99,

Vista la recomendación de la Comisión,

Visto el debate celebrado en el Consejo Europeo de 15 de junio en Gotemburgo,

Considerando que el Parlamento Europeo ha adoptado una Resolución sobre la recomendación de la Comisión.

RECOMIENDA LO SIGUIENTE:

I. ORIENTACIONES GENERALES DE POLÍTICA ECONÓMICA

1. INTRODUCCIÓN

Hace un año, en Lisboa, la Unión Europea se dio un nuevo objetivo estratégico para la próxima década: "convertirse en la economía del conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de crecer económicamente de manera sostenible, con más y mejores empleos y con mayor cohesión social". Las Orientaciones Generales de Política Económica de 2000 (OGPE) establecieron una estrategia política integral para cumplir esta ambición. Esta estrategia comprende políticas macroeconómicas orientadas al crecimiento y a la estabilidad, y reformas económicas integrales de los mercados de trabajo, productos y capitales. Estas políticas deben sustentar un crecimiento económico robusto a corto plazo, consolidar la base del futuro crecimiento a medio plazo, y aumentar la capacidad de hacer frente con eficacia a los cambios estructurales a largo plazo, entre ellos el impacto del envejecimiento de la población.

Las OGPE de 2001 confirman esta estrategia política y la amplían a la luz de los resultados del Consejo Europeo de Estocolmo (23-24 de marzo de 2001), en el que se hizo hincapié en que la Unión y los Estados miembros están plenamente comprometidos con el objetivo del pleno empleo, que consideran un importante medio para responder al reto del envejecimiento de la población. También se resaltó en tal ocasión que la promoción del desarrollo sostenible debería integrarse en las OGPE. Éstas se han elaborado teniendo en cuenta el examen de la aplicación de las OGPE 2000 y la evaluación de la situación y perspectivas económicas formulada en las previsiones económicas de primavera de 2001 de la Comisión.

La sección 2 se abre con un comentario sobre el contexto económico de estas Orientaciones y concluye con los principales retos políticos a corto, medio y largo plazo. La sección 3 describe las recomendaciones generales aplicables a todos los Estados miembros y a la Comunidad. Dentro de la estrategia global, las prioridades políticas difieren entre Estados miembros, debido a sus diferencias en cuanto a resultados, perspectivas, estructuras e instituciones de la economía. Teniéndolas debidamente en cuenta, la Parte II presenta las orientaciones económicas específicas por países. Las recomendaciones presupuestarias se basan en los programas nacionales de estabilidad o de convergencia, en las respectivas hipótesis económicas subyacentes y en los dictámenes del Consejo al respecto. La evaluación del modo en que se hayan seguido tales recomendaciones, que se llevará a cabo en 2002, tendrá asimismo en cuenta los principales cambios del entorno económico general.

2. PRIORIDADES Y REQUISITOS PRINCIPALES

2.1. La coyuntura económica reciente y sus perspectivas

Un entorno económico exterior mucho menos favorable - Desde el comienzo del verano de 2000, cuando el Consejo adoptó las anteriores Orientaciones, el entorno económico mundial ha evolucionado hacia una situación mucho menos favorable, debido a toda una serie de fuerzas interrelacionadas. Aunque hay consenso en que la desaceleración mundial será relativamente efímera, los riesgos de un resultado menos positivo son considerables.

En primer lugar, durante el verano aumentaron los precios del petróleo, culminando en otoño. Aunque han retrocedido desde su último pico de 2000, y aunque la reducción de la demanda mundial atenúa el riesgo de nuevas alzas de precios, estos se mantienen relativamente altos y siguen exhibiendo un alto grado de volatilidad. En segundo lugar, y lo que es más importante, se ha producido una desaceleración inesperada y abrupta de la actividad económica en los Estados Unidos y Japón en los últimos meses. En los Estados Unidos cabía esperar y desear cierto ajuste hacia una senda más sostenible de crecimiento, que condujera a una corrección de los importantes desequilibrios acumulados en la fase de expansión. Las expectativas se centran en una recuperación en la segunda mitad de 2001, basada, entre otras cosas, en un aprovechamiento inteligente de los márgenes de maniobra de la política económica. Sin embargo, las perspectivas siguen presentando grandes incertidumbres. En Japón, la frágil recuperación se agota y la economía sigue vulnerable a los choques. El deteriorado entorno exterior afecta ya al crecimiento en distintas economías de mercado emergentes, principalmente a través de la desaceleración de las exportaciones. En tercer lugar, la volatilidad de los mercados de valores mundiales ha seguido siendo muy elevada, y se ha producido una fuerte corrección, sobre todo en el sector de los valores tecnológicos, reflejo de las menores expectativas de crecimiento de las perspectivas de beneficio a largo plazo.

En la zona euro el crecimiento se mantiene - El segundo año de la Unión Económica y Monetaria ha sido positivo. En la zona euro se registró el mayor crecimiento y el más bajo desempleo en una década. La inflación se aceleró, impulsada principalmente por factores temporales, como los precios de la energía y un tipo de cambio débil, pero se espera que se mantenga muy por debajo del 2 por ciento a medio plazo. Sin embargo, el ímpetu del crecimiento ya no es el mismo, en primer lugar por el choque negativo del aumento de los precios del petróleo, y también por el descenso de la demanda mundial.

Mirando hacia adelante, y a pesar del descenso de la actividad económica mundial, la zona euro parece en camino de seguir disfrutando en 2001/02 de un crecimiento económico (en torno al 2, 75 por ciento) y una creación de empleo relativamente sólidos, mientras que han disminuido los riesgos para la estabilidad de los precios en origen. Los fundamentos macroeconómicos -que han mejorado sustancialmente, manteniéndose la moderación salarial- y las políticas saneadas han fomentado un clima favorable para la inversión y la creación de empleo. Se ha creado un círculo virtuoso de crecimiento firmemente arraigado en la demanda interna. Aunque en descenso, la confianza de las empresas y, en especial, de los consumidores se mantiene muy por encima de sus promedios a largo plazo, impulsada por un dinamismo cada vez mayor de la economía. La elevada tasa de capacidad utilizada, las favorables condiciones de financiación y la fuerte rentabilidad sostienen la demanda de inversión, al tiempo que el aumento de la renta disponible -merced al aumento de la productividad y del empleo y a las reformas tributarias- sigue sosteniendo la demanda de los consumidores.

Por otra parte, el gran mercado interior y la moneda única proporcionan una base firme y estable para el crecimiento interno, menos expuesto a las fluctuaciones del tipo de cambio. La próxima introducción de los billetes y monedas en euros, el 1 de enero de 2002, dará nuevo ímpetu a la integración económica y hará del euro una realidad cotidiana, en una unión monetaria más visible. Por otra parte, gracias al avance de las reformas económicas, se ha fortalecido la resistencia de la zona euro frente a las turbulencias externas. Por consiguiente, incluso si se concretaran los riesgos de desaceleración en el exterior -y en especial si la economía de EEUU no recuperará rápidamente un sólido crecimiento- los factores mencionados contribuirán a mitigar su impacto en la zona euro.

Los Estados miembros que no participan en el euro - Si en 2000 registraron un fuerte crecimiento de la economía y del empleo, Dinamarca, Suecia, y el Reino Unido se están viendo afectados, al igual que la zona euro, por la adversa evolución de la economía mundial. Se espera, por tanto, que su crecimiento económico se desacelere. Los considerables progresos que han realizado en el ámbito de las reformas estructurales y el mantenimiento de la saludable demanda interna les permitirán sortear el deterioro del entorno exterior. La inflación se mantiene en estos países a un nivel igual o inferior al de la zona euro.

2.2. Principales desafíos

De cara al futuro, la UE y la zona euro se enfrentan a varios retos fundamentales a corto, medio y largo plazo. Para responder con eficacia a estos desafíos se necesitan desde ahora mismo medidas políticas adecuadas.

El reto a corto plazo: preservar la expansión del crecimiento y el empleo - La tarea inmediata es mantener un comportamiento vigoroso de la economía en un contexto económico mundial menos propicio. La UE y la zona euro deberán contar cada vez más con sus propias fuerzas.

Las políticas macroeconómicas orientadas al crecimiento y a la estabilidad y las reformas estructurales integrales resultan fundamentales para mantener y potenciar la dinámica del crecimiento interno, afianzando así la confianza de las empresas y los consumidores. En este contexto, las políticas presupuestarias deben contribuir a evitar el exceso de demanda y las presiones inflacionistas, y debe mantenerse la moderación salarial. Con ello se apoya la estabilidad de los precios y pueden propiciarse las condiciones monetarias conducentes al crecimiento económico y el mantenimiento de la creación de empleo.

En especial, las políticas presupuestarias deben seguir orientadas a alcanzar situaciones presupuestarias cercanas al equilibrio o con superávit. Es fundamental preservar la estabilidad macroeconómica tan duramente conquistada y proyectarla hacia el futuro. Las presiones para aumentar el gasto público y recortar impuestos podrían poner en peligro las situaciones presupuestarias. Además, han aparecido presiones sobre los salarios en determinados Estados miembros, debido a que empiezan a aparecer restricciones en el mercado de trabajo y demandas de compensación del reciente aumento de la inflación y de la moderación de años anteriores.

La Unión Económica y Monetaria ha significado un importante cambio de régimen, cuyo éxito exige responsabilidades adicionales de todos los actores políticos importantes. La política monetaria común se ha establecido para el conjunto de la zona euro, y el tipo de cambio ya no puede utilizarse para restaurar la competitividad perdida a consecuencia de retrasos en el cambio estructural o de una mala política macroeconómica.

Los Gobiernos y los interlocutores sociales tienen, por tanto, responsabilidades en la conformación de una política macroeconómica equilibrada, tanto a nivel de los Estados como en la eurozona. Se apela a los interlocutores sociales para que sigan actuando de manera responsable, incrementando así las perspectivas de aumento del crecimiento y del empleo.

En términos más generales, es preciso aumentar en mayor grado la resistencia de la economía a través de una correcta combinación de reformas estructurales. Unos mercados más flexibles y abiertos aumentarán la capacidad de adaptación al cambio y contribuirán a absorber el impacto de los choques. Además, darán lugar a una interacción positiva entre las mejoras estructurales de la economía, y aportarán beneficios en términos de resultados macroeconómicos. Por otra parte, las reformas estructurales pueden tener un impacto positivo a corto plazo, atenuando expectativas de incremento de los precios.

El reto a medio plazo: mejorar los fundamentos del crecimiento y el empleo - Los resultados de crecimiento desde 1997 deben contemplarse en un contexto de recuperación cíclica, en el que se podían aprovechar las capacidades no utilizadas. Aunque es muy posible que el potencial de crecimiento de la producción haya mejorado en los últimos años merced a los aumentos de productividad propiciados por un mejor funcionamiento del mercado y por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, no se considera aún suficiente para sostener a largo plazo tasas de crecimiento en torno al 3 por ciento. El sostenimiento de la expansión dependerá, por tanto, del aumento permanente del potencial de crecimiento.

La política económica debería centrarse en la creación de buenas condiciones para el uso eficiente y la mejora de los recursos productivos y naturales a largo plazo. Debe contribuir, en particular, a mejorar el funcionamiento del mercado, corrigiendo imperfecciones o carencias debidas a la presencia de externalidades, poder de mercado, información imperfecta, o al entorno normativo.

Debe reducirse la actual infrautilización de los recursos humanos. El desempleo registrado en la UE es aún intolerablemente alto, y las tasas de ocupación y de empleo son bajas, sobre todo entre los trabajadores de más edad y las mujeres, y se encuentran en muchos Estados miembros lejos de las metas acordadas en Lisboa y Estocolmo. El refuerzo mutuo de las políticas económicas y sociales conduce, a través de la mejora de las oportunidades de empleo, a un mejor uso del potencial de recursos humanos de la UE. Ello requiere revisar la normativa y las instituciones del mercado de trabajo, a fin de reducir los obstáculos que pueden plantear en relación con la oferta y la demanda de trabajo. El aumento de la tasa de ocupación, especialmente de los grupos infrarrepresentados o desfavorecidos, es clave además para la inclusión social.

Para promover el aumento de la oferta de mano de obra, es preciso asegurar que el marco regulador anime a la población a entrar en el mercado de trabajo o a permanecer en él. En particular, los regímenes tributarios y sociales deben reformarse todavía más, reforzando los incentivos financieros a la entrada o permanencia en el trabajo. Para aumentar las oportunidades de las personas en paro o inactivas, es preciso un giro hacia políticas activas bien diseñadas. Las políticas activas del mercado de trabajo promueven además la inclusión social. Esta mayor eficiencia de la mano de obra europea debería lograrse también a través de la reducción de obstáculos a la movilidad laboral en el interior de los Estados miembros y entre ellos, en particular con miras a remediar la carencia de personal cualificado. Por otra parte, es preciso fomentar la educación permanente para facilitar la participación en la actividad laboral e incrementar la flexibilidad y capacidad de adaptación de la mano de obra.

El aumento de la oferta de mano de obra deberá ir acompañado normalmente de un aumento de la inversión en capacidad. Esto incluye la creación de un entorno empresarial propicio para la inversión, respaldado por una buena infraestructura pública y una Administración moderna y eficiente. Unos mercados de productos y de capitales fiables, competitivos e integrados aseguran el mejor uso posible de los recursos. En este contexto, es preciso mejorar la competencia en los mercados de productos y de servicios, y en especial en los servicios públicos y en los servicios financieros. En este sentido, la acción comunitaria debería centrarse en la plena realización del mercado interior, especialmente en el ámbito de los servicios, incluidos el sector financiero y las redes industriales. Los Estados miembros, a su vez, deberían velar por la aplicación efectiva, y sobre todo rápida, de la legislación del mercado interior y fomentar la competencia.

Un aspecto central de la estrategia de Lisboa es el reconocimiento de la necesidad de estimular el espíritu empresarial y la innovación en la UE, condiciones fundamentales para aumentar el potencial de crecimiento de Europa y, en consecuencia, la competitividad, la riqueza y el empleo. El espíritu empresarial y la innovación constituyen retos esenciales para todos los Estados miembros.

El fomento de la competencia en el mercado interior tiene su complemento lógico en una mayor competencia a escala mundial. Esto añadiría importantes efectos positivos al incrementar el potencial productivo europeo.

La Unión Europea debería, por tanto, perseverar en una política comercial común que favorezca la apertura del comercio mundial e impulse una nueva ronda comercial multilateral en el contexto de la OMC.

Un fuerte crecimiento de la productividad y de la competitividad en un contexto mundial exigirá la prosecución de los cambios estructurales. Avanza en Europa la transición hacia una economía del conocimiento, pero subsisten carencias en la relación entre la industria y la ciencia y en el volumen de inversión privada en I+D, por lo que la comercialización del esfuerzo de investigación sigue siendo precaria. Además, falta personal cualificado en TIC y faltan investigadores. Por otra parte, el aumento de la inversión en la UE resulta crucial para la rápida difusión de la innovación (en particular las TIC) en todos los sectores de la economía y, por consiguiente, para que aumente a medio plazo el potencial de crecimiento.

El reto a largo plazo: prepararse para el impacto del envejecimiento de la población - La necesidad de políticas macroeconómicas orientadas al crecimiento y la estabilidad y de reformas económicas integrales, especialmente enfocadas al incremento de la oferta de mano de obra se ve amplificada por el reto que plantea el envejecimiento de la población que se vislumbra en el horizonte. De mantenerse las tendencias actuales, la población activa de la UE se reducirá en unos0 millones de personas entre 2015 y 2050, y el coeficiente de dependencia de la tercera edad se duplicará, en líneas generales, a lo largo de las cinco próximas décadas. Determinados Estados miembros están empezando a notar ya las correspondientes repercusiones en la hacienda pública.

Estimaciones provisionales indican que el gasto en pensiones públicas aumentará del orden del 3-5 por ciento del PIB en el período comprendido entre 2010 y 2050. Además, el gasto en asistencia sanitaria y atención a los ancianos aumentará sustancialmente. Así, el envejecimiento de la población tendrá considerables consecuencias para la sostenibilidad a largo plazo de las finanzas públicas, pues será necesario facilitar pensiones universales. Puesto que este impacto está empezando a manifestarse, es preciso que los Gobiernos actúen ya para asegurar la calidad, adecuación y sostenibilidad fiscal de las pensiones y de la asistencia sanitaria proporcionada a los ancianos, así como para mejorar los incentivos con miras al incremento del empleo. En este sentido, será preciso revisar los regímenes y políticas actuales, y reformarlos cuando proceda. Es preciso lograr mejoras estructurales de las finanzas públicas, y prepararse así para las cargas financieras que impondrá el envejecimiento de la población.

Más allá del impacto financiero inmediato, el envejecimiento de la población tiene otras implicaciones para el crecimiento económico, por la reducción de la población potencialmente activa, y efectos potencialmente importantes sobre el nivel de ahorro. La elevación del nivel de vida habrá de basarse cada vez más en el aumento de la productividad del trabajo y en el aumento de la tasa de ocupación. El fomento de la inversión y el proceso de intensificación de capital contribuyen, mediante el incremento de la productividad laboral, a remediar las repercusiones negativas del envejecimiento de la población. Además, la menor incorporación de jóvenes recién formados a la población activa puede ser un impedimento para la renovación de cualificaciones y, por tanto, para la absorción de nuevas tecnologías. La mejora de la formación de los jóvenes en nuevas tecnologías y el fomento de la educación permanente podrían contribuir a contrarrestar los efectos del envejecimiento en los niveles de cualificación.

Es necesario que los Estados miembros desarrollen estrategias integrales para hacer frente a los retos económicos y presupuestarios que plantea el envejecimiento de la población. Las medidas de carácter estratégico podrían incluir la reforma de los sistemas de pensiones y de atención sanitaria y de los sistemas de cuidado de los ancianos, el aumento de la edad efectiva de jubilación, la incentivación del incremento de la ocupación, en especial por lo que respecta a los trabajadores de mayor edad, la creación y el incremento de reservas destinadas a fondos públicos de pensiones, y el posible estímulo a la extensión de planes complementarios de pensión con financiación privada (pilares 2 y 3). Estas estrategias deberán presentarse junto con los programas de estabilidad y convergencia para su examen en el contexto de la supervisión multilateral, teniendo en cuenta debidamente el principio de subsidiariedad.

Asegurar una estrecha coordinación de las políticas económicas - La estrecha coordinación entre los actores políticos y un diálogo permanente y fructífero entre el Consejo, el Eurogrupo y el BCE, en el que participe la Comisión y que respete todos los aspectos de la independencia del SEBC resulta esencial para propiciar una evolución económica armoniosa. Esto incluye asimismo el intercambio precoz de información y la mejora de las estadísticas comunes. La eficacia de las actuaciones en el ámbito de estas políticas aumentará si se tienen en cuenta los efectos de su influencia mutua, cada vez más importante a medida que se intensifica la integración.

Esto vale sobre todo para los Estados miembros de la zona euro. Para responder a estos retos y aprovechar de lleno el potencial de la UEM, las autoridades de estos Estados están coordinando estrechamente sus políticas económicas en el seno del Eurogrupo. De conformidad con las conclusiones del Consejo Europeo de Niza, el Eurogrupo ha empezado a ampliar la gama de asuntos esencialmente estructurales de los que se ocupa, a fin de contribuir al refuerzo del potencial de crecimiento de la zona euro.

La estrategia macroeconómica y microeconómica para hacer frente con eficacia a estos retos fundamentales será objeto de la siguiente sección. Sus componentes principales son:

  1. asegurar la aplicación de políticas macroeconómicas de crecimiento y estabilidad;
  2. mejorar la calidad y sostenibilidad de las finanzas públicas;
  3. robustecer los mercados de trabajo;
  4. dotarse de mercados eficientes de productos (bienes y servicios);
  5. promover la eficiencia e integración del mercado de servicios financieros de la UE;
  6. fomentar el espíritu empresarial
  7. impulsar la economía del conocimiento; y
  8. potenciar la sostenibilidad del medio ambiente.

3. RECOMENDACIONES

3.1. Asegurar la aplicación de políticas macroeconómicas de crecimiento y estabilidad

La política macroeconómica desempeña un papel fundamental en el fomento del crecimiento y el empleo y el mantenimiento de la estabilidad de los precios. A corto plazo, debe orientarse a la prolongación de una expansión económica equilibrada y la plena realización del potencial de crecimiento actual. A medio plazo, debe contribuir al establecimiento de un marco que propicie niveles adecuados de ahorro e inversión a fin de situar a la economía en una senda de crecimiento y empleo estable, elevado y no inflacionista.

En la zona euro, tras la boyante actividad económica de 2000, el crecimiento debería ralentizarse en 2001-2002, pero será razonablemente robusto, por encima del potencial, y con menor inflación. Una política macroeconómica apropiada y libre de tensiones debe presentar los elementos que siguen.

El objetivo primordial de la política monetaria única es mantener la estabilidad de los precios en la zona euro. Sin perjuicio de este objetivo, apoya las políticas económicas generales de la Comunidad.

Las situaciones presupuestarias sanas, conformes con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, proporcionan el margen necesario para el pleno funcionamiento de los estabilizadores automáticos sin peligro de superar el 3 por ciento del PIB establecido como límite para el déficit de las administraciones públicas. Además tienen efectos favorables para los tipos de interés y contribuyen a la afluencia de la inversión privada, y a reducir la deuda estatal en porcentaje del PIB, con lo que contribuyen a preparar la reacción frente a los costes de los cambios demográficos y, al aumentar la credibilidad del marco presupuestario de la UEM, a reforzar la confianza de los inversores.

Como principio general, es importante que las políticas presupuestarias estén presididas por la necesidad de evitar posturas procíclicas, que conducen a oscilaciones exacerbadas de la actividad económica y a resultados estructurales insostenibles y gravan la política monetaria única. La mayoría de los Estados miembros ha alcanzado una situación presupuestaria mínima que les permite dejar que funcionen los estabilizadores automáticos sin que se supere el límite de déficit excesivo. Este importante resultado debe afianzarse. En la mayor parte de los casos resulta necesario un mayor grado de consolidación fiscal.

En cumplimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, todos los Estados miembros han de garantizar que las posiciones presupuestarias ajustadas al ciclo mantengan o alcancen un equilibrio o un superávit en los próximos años. Esto creará margen de maniobra adicional para la estabilización cíclica, para hacer frente a acontecimientos presupuestarios imprevistos, para poner la deuda estatal en una senda de descenso más rápida, y para prepararse ante los desafíos presupuestarios inherentes al envejecimiento de la población. Partiendo de las últimas actualizaciones (2000-2001) de los programas de estabilidad, y tras un ligero deterioro en 2001, la situación presupuestaria agregada de la zona euro debe mejorar gradualmente y llegar al equilibrio en 2003.

Los Estados miembros de la zona euro deben asegurar que sus políticas presupuestarias respalden el objetivo de la estabilidad de los precios de la política monetaria común. En este contexto, deben estar preparados para utilizar las políticas presupuestarias y estructurales con el fin de contribuir a la estabilidad de los precios internos y tener en cuenta, en sus políticas presupuestarias, tanto la dimensión eurozona como las implicaciones nacionales de la política monetaria común. En líneas generales, los Estados miembros deberán:

  1. alcanzar, de acuerdo con el compromiso del pasado año, posiciones presupuestarias próximas al equilibrio o con superávit en 2001, a fin de obtener un margen suficiente para hacer frente al impacto de fluctuaciones cíclicas adversas; asegurar una ejecución rigurosa de sus presupuestos para no vulnerar los objetivos del programa de estabilidad;
  2. elaborar los presupuestos de 2002 teniendo en cuenta la necesidad de mantener o alcanzar posiciones presupuestarias próximas al equilibrio o con superávit y de evitar políticas fiscales procíclicas; donde proceda, consolidar aún más las finanzas públicas, especialmente con objeto de garantizar su sostenibilidad a largo plazo; y
  3. estar preparados, en aquellos Estados miembros donde se registren riesgos de recalentamiento y presiones inflacionistas, para proseguir por la senda de la moderación salarial y adelantar otras reformas presupuestarias que tengan por objetivo reducir la inflación, contribuyendo así a una correcta combinación de políticas macroeconómicas a nivel nacional.

Por lo que atañe a los Estados miembros que no participan en el euro, en Dinamarca la política monetaria se reserva para la política de tipo de cambio fijo con el euro, en el marco del MTC2, que se considera un instrumento para conseguir la estabilidad de los precios. En Suecia y el Reino Unido, las políticas monetarias están orientadas a la estabilidad de los precios a través del objetivo de la inflación. Su acertada aplicación contribuirá a crear condiciones para la estabilidad del tipo de cambio.

Estos Estados miembros también deben mantener posiciones presupuestarias saneadas, acordes con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. En líneas generales deberán:

  1. mantener el superávit presupuestario en 2001, y por tanto un margen suficiente para hacer frente al impacto de fluctuaciones cíclicas adversas; asegurar una ejecución rigurosa de sus presupuestos para no vulnerar los objetivos del programa de convergencia; y
  2. preparar los presupuestos de 2002 teniendo en cuenta la necesidad de mantener posiciones presupuestarias en equilibrio o con superávit y de evitar políticas fiscales procíclicas; donde proceda, consolidar aún más las finanzas públicas, especialmente con objeto de garantizar su sostenibilidad a largo plazo.

Las evoluciones salariales en los Estados miembros deberían reflejar las diferentes situaciones económicas y de empleo. Los Gobiernos deberían propiciar el marco de condiciones adecuado para que los interlocutores sociales lleven a cabo negociaciones salariales. Para que la evolución salarial contribuya a una combinación de políticas favorable al empleo, los interlocutores sociales deberían seguir manteniendo una actitud responsable y celebrar acuerdos salariales en los Estados miembros en consonancia con los principios generales expuestos en las orientaciones generales de política económica. Es necesario que:

  1. el incremento de los salarios nominales sea coherente con la estabilidad de los precios;
  2. el incremento de los salarios reales no supere el crecimiento de la productividad laboral, habida cuenta de la necesidad de reforzar, y ulteriormente mantener, la rentabilidad de la inversión propiciadora de capacidad productiva y creadora de empleo;
  3. se estimulen procesos de formación salarial que tengan en cuenta las diferencias de productividad (entre otras cosas en función de la capacidad, la cualificación o la zona geográfica).

3.2. Mejorar la calidad y sostenibilidad de las finanzas públicas

Los Estados miembros deben mantener posiciones presupuestarias sanas, mejorando al mismo tiempo la calidad y sostenibilidad de las finanzas públicas, en línea con el informe aprobado por el Consejo Europeo de Estocolmo. De esta forma se optimizará la contribución de las finanzas públicas al crecimiento y al empleo y a la realización de los objetivos acordados en Lisboa y Estocolmo, entre ellos la cohesión social. Es preciso establecer un buen equilibrio y un ritmo adecuado entre la reducción de la deuda pública, los recortes de impuestos y la financiación de la inversión pública en sectores básicos. Para ello, los Estados miembros deberán:

  1. esforzarse por que los regímenes fiscales y de prestaciones sociales sean más favorables para el empleo, incluso, si procede, mediante una reducción de la carga fiscal global, mediante reformas específicamente orientadas de los regímenes fiscales y de prestaciones sociales, especialmente por lo que respecta a los empleos peor remunerados, manteniendo la consolidación fiscal y mejorando la eficiencia de los regímenes tributarios (véase también la sección 3.3);
  2. mejorar la calidad del gasto público reorientándolo hacia la acumulación de capital físico y humano, así como hacia la investigación y el desarrollo a fin de garantizar un incremento anual sustancial de la inversión per cápita en recursos humanos;
  3. aumentar la eficiencia del gasto público mediante reformas institucionales y estructurales; en especial, introducir o mejorar mecanismos que contribuyan al control del gasto, incluidos procedimientos presupuestarios;
  4. mejorar la sostenibilidad a largo plazo de las finanzas públicas a través de una triple estrategia global: acciones destinadas a aumentar las tasas de empleo; una reducción rápida de la deuda; y nuevas reformas del sistema de pensiones y de asistencia sanitaria. A fin de dotar de una base más sólida al sistema de pensiones también deberían considerarse medidas encaminadas a incrementar la fiabilidad de su financiación; y
  5. mejorar la coordinación fiscal para evitar una competencia fiscal dañina, y aplicar efectivamente el acuerdo del Consejo de noviembre de 2000 sobre el paquete fiscal.

Al igual que los Estados miembros, la Comunidad debería aplicar una disciplina presupuestaria estricta. Ésta deberá aplicarse a todas las categorías de las perspectivas financieras, respetando al mismo tiempo el Acuerdo interinstitucional sobre la disciplina presupuestaria y la mejora del procedimiento presupuestario; debería aprovecharse la asignación flexible de los recursos de la Comunidad para mejorar las repercusiones económicas del presupuesto de la UE.

3.3. Robustecer los mercados de trabajo

La fuerte creación de empleo de los últimos años se prolongó en 2000. Este avance se debe en gran parte a la buena situación macroeconómica, pero además apunta claramente a una reducción del desempleo estructural merced a las reformas y políticas de mejora del funcionamiento de los mercados laborales aplicadas en la última década, en particular en el marco de la Estrategia Europea para el Empleo. El crecimiento de los salarios ha sido relativamente moderado a pesar de la fuerte caída del desempleo, y el paro de larga duración ha caído aún más que el índice general. Sin embargo, hay amplio margen para nuevos avances. La UE se enfrenta a cuatro desafíos. En primer lugar, han aparecido en distintos Estados miembros signos de dificultades para la contratación de personal y lagunas de formación, lo que indicaría que la UE puede estarse acercando a los límites de un rápido crecimiento cíclico del empleo.

En segundo lugar, el desempleo es aún inaceptablemente alto, con grandes diferencias entre Estados miembros y entre regiones. En tercer lugar, se necesitarán aún grandes reducciones del desempleo y un aumento sustancial de la oferta de mano de obra para alcanzar los objetivos de la UE del 70 por ciento de tasa global de ocupación (60 por ciento para las mujeres) en 2010, según se acordó en el Consejo Europeo de Lisboa, con objetivos intermedios del 67 por ciento y el 57 por ciento, respectivamente, para enero de 2005, además del objetivo del 50 por ciento para los trabajadores mayores antes de 2010 acordado por el Consejo Europeo de Estocolmo. En cuarto lugar, y así lo reafirmó este mismo Consejo, el objetivo es crear no sólo más empleo sino mejor empleo, especialmente perfeccionando la educación y la formación continua y buscando un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida personal.

Para hacer frente a estos desafíos, los Estados miembros deben aprovechar las buenas condiciones macroeconómicas para llevar a cabo las mejoras estructurales necesarias de los mercados laborales y avanzar hacia el objetivo del pleno empleo.

El 19 de enero de 2001, el Consejo adoptó unas Directrices detalladas para las políticas de empleo en el año 2001, coherentes con las prioridades establecidas en las Orientaciones generales de política económica de 2000, así como con las correspondientes recomendaciones específicas a los Estados miembros. Al proseguir las reformas de los mercados de trabajo, los Estados miembros deberían aplicar firmemente las Directrices para el empleo y las recomendaciones que se les dirigieron.

Deberán, en particular, adoptar las siguientes medidas:

  1. Promover, en diálogo con los interlocutores sociales, una mayor participación en el mercado laboral, especialmente de las mujeres y los trabajadores de mayor edad, fomentando la igualdad de oportunidades, garantizando la prestación adecuada de servicios de cuidado de niños y personas a cargo, reformando los sistemas de jubilación anticipada y mediante la formación continua. Deberán promover además la participación de las personas con discapacidades, de las minorías étnicas y de los inmigrantes. Otras medidas en este sentido, como la reforma de las pensiones, figuran en la sección consagrada a las finanzas públicas;
  2. garantizar que los regímenes fiscales y de prestaciones sociales incentiven la incorporación al trabajo. Las reformas deberían reducir las cargas laborales y los elevados tipos impositivos efectivos marginales, especialmente para los trabajadores con sueldos más bajos, y abordar los efectos de incentivo, la duración, la elegibilidad y la aplicación de los regímenes de prestaciones sociales con el objetivo de que sean más propiciadores de empleo;
  3. suprimir obstáculos a la movilidad laboral en y entre los Estados miembros, a través del reconocimiento mutuo de las cualificaciones, la adopción y aplicación de la Directiva sobre los fondos de pensiones profesionales, la mejora de la transferencia de pensiones, la mejora del acceso a la información europea sobre posibilidades de empleo y formación en otros Estados miembros, en el contexto del desarrollo de nuevos mercados de trabajo europeos;
  4. facilitar la movilidad laboral, mejorando, en diálogo con los interlocutores sociales, la educación, la formación y la formación continua, reduciendo la deserción escolar y preparando una buena transición a la economía del conocimiento y mejorar la calidad de los puestos de trabajo;
  5. seguir mejorando la eficiencia de las políticas activas del mercado de trabajo, dando prioridad a las personas más expuestas al paro de larga duración; asegurar que los sistemas de prestaciones vayan unidos a una ayuda efectiva a las personas que buscan empleo, que les permita mejorar su empleabilidad y sus oportunidades;
  6. promover, en diálogo con los interlocutores sociales, una organización más flexible del trabajo, adaptando la jornada laboral, y reformar el marco regulador, contractual y jurídico actual, entre otras, las normas que puedan obstaculizar el acceso al empleo, con objeto de combinar mayor flexibilidad y seguridad; asegurar que la reducción de la jornada laboral no genere aumentos de los costes unitarios de la mano de obra y tenga bien en cuenta las futuras necesidades de mano de obra; y
  7. aplicar una política de reducción de las diferencias salariales de género debidas a una discriminación de hecho.

3.4. Dotarse de mercados eficientes de productos (bienes y servicios)

La creación del mercado interior y el lanzamiento del euro han estimulado la competencia en los mercados de productos de la UE. Han tenido un efecto de moderación de los tipos de inflación y han sido un factor de convergencia de precios entre Estados miembros, con beneficios claros para los consumidores. La competencia ha inducido asimismo una racionalización de la producción, que ha contribuido a mejorar el vigor competitivo de las empresas europeas. Sin embargo, el mercado interior de servicios sigue obstaculizado por barreras que frenan las actividades transfronterizas. La liberalización ya ha generado una disminución de precios en el sector de las telecomunicaciones, y se han registrado efectos positivos en aquellos países que han abierto sus mercados de la energía. El Consejo estudiará en cuanto sea posible la propuesta de la Comisión de liberalizar plenamente la electricidad y el gas para todos los consumidores. Del mismo modo, la apertura de la economía europea al comercio mundial ha expuesto a las empresas europeas a la competencia internacional, lo que ha contribuido a aumentar la eficiencia de los mercados europeos de productos. La Unión Europea sigue comprometida con la liberalización comercial y con la apertura de una nueva ronda comercial en la OMC. A pesar de estos significativos avances en el funcionamiento de los mercados europeos de productos, sigue habiendo sectores que exigen nuevos esfuerzos. Los Estados miembros deberán:

  1. aplicar íntegramente el mercado interior:
    • reducir las lagunas de transposición de la legislación del mercado interior a menos del 1, 5 por ciento antes del Consejo Europeo de primavera de 2002;
    • eliminar barreras técnicas al comercio mediante, entre otras cosas, una utilización más eficaz de la normalización europea y la aplicación del principio de reconocimiento mutuo;
    • crear un mercado interior de servicios eficaz, suprimiendo trabas, normativas y otras, a las actividades transfronterizas entre Estados miembros y a la entrada en el mercado; y
    • abrir más el mercado de los contratos públicos, estableciendo un mercado electrónico en línea antes de 2003.
  2. reforzar la competencia, asegurando de esta manera beneficios concretos para los consumidores:
    • acelerar la liberalización de las industrias de red (energía, ferrocarriles, transporte aéreo y servicios de correos), teniendo en cuenta las obligaciones de servicio universal existentes y la exigencia de seguridad de los servicios;
    • dotar de auténtica independencia, capacidad y eficacia adecuadas a las autoridades de competencia y reguladoras y mejorar la cooperación entre dichas autoridades tanto a nivel comunitario como de los Estados miembros; y
    • reducir el volumen total de las ayudas estatales en relación con el PIB antes de 2003 y evitar las ayudas ad hoc y sectoriales; aumentar la transparencia de las políticas de ayuda estatal.

3.5. Promover la eficiencia e integración del mercado de servicios financieros de la UE

El sistema financiero de la UE se integra progresivamente bajo la influencia de la globalización, la desregulación, los avances tecnológicos y la introducción del euro. Los aumentos de eficiencia generados por la integración financiera se reflejarán en la mejor asignación y menor coste del capital, con efectos favorables para el crecimiento y la creación de empleo. Sin embargo, los obstáculos que aún traban esta integración impiden que se cosechen todos los beneficios potenciales. Entre los más importantes destaca la ausencia de un marco regulador claro y de aplicación coherente en la Unión en numerosos ámbitos de los servicios financieros. Se ha avanzado en el desarrollo de este marco mediante una serie de medidas adoptadas en cumplimiento del Plan de Acción de los Servicios Financieros (PASF). La aplicación del Plan de Acción del Capital de Riesgo (PACR) aumentará la disponibilidad de oportunidades adecuadas de financiación para las PYME innovadoras, cuyo potencial de flexibilidad y crecimiento hace de ellas importantes palancas de crecimiento económico y de empleo. Sin embargo, el avance hacia un mercado verdaderamente único de servicios financieros es, actualmente, demasiado lento. En este sentido, será necesario:

  1. asegurar que el nuevo enfoque de la legislación en materia de mercados de valores propuesto por el Comité de Sabios sobre Regulación de los Mercados de Valores europeos y respaldado por la Resolución del Consejo Europeo de Estocolmo entre en vigor a principios de 2002;
  2. intensificar los esfuerzos de todas las partes -Consejo, Parlamento y Comisión- para asegurar la plena ejecución del PASF en 2005 a más tardar, y en especial poner las bases de un mercado de valores integrado antes de finales de 2003, incluyendo en particular las prioridades establecidas en el informe del Comité de Sabios sobre Regulación de los Mercados de Valores europeos;
  3. además de aplicar el PASF, y por lo que se refiere a los mercados de capital de riesgo, esforzarse por establecer un mercado operativo de capital de riesgo antes de 2003, mediante la ejecución del PACR, en particular en materia de barreras cuantitativas a la inversión institucional en acciones ordinarias, de flexibilidad del derecho de quiebras y de desarrollo de un marco fiscal más favorable a la inversión y al espíritu empresarial; y
  4. ocuparse eficazmente de los desafíos planteados en materia de supervisión prudencial a consecuencia de las crecientes vinculaciones transfronterizas e intersectoriales entre mercados financieros e intermediarios; en este sentido, las autoridades competentes deberán adoptar las medidas necesarias para seguir mejorando las medidas de supervisión intersectoriales y transfronterizas, a fin de garantizar que se vayan actualizando en función de la evolución del sistema financiero.

3.6. Fomentar el espíritu empresarial

El fortalecimiento del espíritu empresarial aumentará el potencial de crecimiento, la competitividad y la creación de empleo de la UE. Es preciso crear en Europa un entorno más favorable para las necesidades de las empresas. Las empresas y los ciudadanos necesitan un entorno regulador y fiscal claro, sencillo, eficaz y práctico, en un mercado mundial que cambia aceleradamente. Se han introducido medidas para mejorar la eficiencia del sector público y reducir trámites, con el fin de aminorar la carga administrativa de las empresas. Pero es mucho lo que queda por hacer. Las PYME europeas siguen considerando que la falta de acceso al financiamiento frena la creación de nuevas empresas y limita el potencial de crecimiento de las sociedades. Los Estados miembros deberán:

  1. crear un entorno favorable para las empresas:
    • seguir reduciendo la cargas y barreras administrativas de las empresas, introduciendo procedimientos más sencillos y transparentes, estableciendo ventanillas únicas para las nuevas empresas y simplificando la reglamentación de los sistemas tributarios;
    • aumentar la eficiencia de los servicios públicos, a través, entre otras medidas, de la evaluación comparativa (benchmarking) y de un mayor recurso a la licitación, asegurando al mismo tiempo que las entidades públicas y privadas compitan en plano de igualdad; y
    • modernizar, simplificar y aplicar de manera más uniforme los sistemas del IVA.
  2. fomentar la toma de riesgos, mediante la mejora del acceso a la financiación, en especial para las PYME en sus primeras fases. Para las PYME reviste especial importancia el suministro de capitales acompañado de conocimientos en materia de gestión (véase también la sección 3.5.).

3.7. Impulsar la economía del conocimiento

La transición de la Unión Europea a la economía del conocimiento avanza, pero debe acelerarse si se desea alcanzar el objetivo estratégico de Lisboa. Es preciso animar a las empresas y a los ciudadanos a aprovechar las oportunidades que brinda la economía del conocimiento. A pesar de los últimos avances en la difusión de las TIC, la UE sigue por detrás de los Estados Unidos en aspectos tales como investigación y desarrollo, inversión en nuevas tecnologías y penetración de Internet.

Es de máxima importancia que las directrices del Consejo Europeo de Estocolmo para la aceleración de las reformas económicas se concreten en los plazos convenidos. Se requieren inversiones cada vez mayores en capital humano, en I+D y en TIC para robustecer la competitividad europea. El establecimiento de mercados competitivos de productos (véase la sección 3.4) y de mercados de capitales operativos (véase la sección 3.5) contribuyen a un clima empresarial de apoyo a la innovación y a la toma de riesgos que animará la inversión. En materia de I+D, el principal desafío es elevar la participación del sector privado, lo que contribuirá a una mejor comercialización de los resultados de la I+D, y crear el Espacio Europeo de la Investigación. Para facilitar la transición a la economía del conocimiento, será preciso:

  1. fomentar la I+D y la innovación:
    • ofrecer condiciones marco adecuadas a las empresas para que inviertan en I+D, por ejemplo reforzando los derechos de propiedad intelectual y logrando un acuerdo sobre las formas de expedición de la patente comunitaria antes de finales de 2001;
    • mejorar los vínculos entre universidades y empresas para facilitar la transferencia de conocimientos y una mejor comercialización de los resultados de la I+D;
    • aumentar la colaboración europea en el campo de la investigación y la innovación, por ejemplo impulsando la creación de redes de centros de excelencia universidad-empresa y promoviendo la movilidad de los investigadores, y mediante una mejor coordinación entre los programas y políticas nacionales de investigación e innovación; y
    • asegurar una buena financiación de la I+D, especialmente la investigación fundamental, y establecer prioridades claras y coherentes para la investigación pública.
  2. promover el acceso y el uso de las TIC:
    • liberar el "bucle local" para contribuir a la reducción sustancial de los costes de uso de Internet;
    • asegurar una mayor y mejor utilización de Internet en las escuelas, y dar la necesaria formación a todos los profesores antes de finales de 2002;
    • reforzar el marco regulador del comercio electrónico (aplicación de la Directiva sobre la firma electrónica y adopción en 2001 de las propuestas sobre derechos de autor, venta a distancia, IVA y facturación electrónica); y
    • fomentar el uso de Internet en las administraciones públicas, y
    • desarrollar y aplicar una estrategia en materia de TIC.
  3. reforzar los esfuerzos en materia de educación y formación:
    • tanto privadas como públicas, para aumentar el número de investigadores y de personas altamente cualificadas en TIC, y mejorar las capacidades básicas de la población en estas tecnologías, en particular capacidades en materia de TIC.
    • mejorar las capacidades de los sistemas educativos para responder adecuadamente a la evolución de la demanda de cualificaciones.

3.8. Potenciar la sostenibilidad del medio ambiente

Los retos tales como el cambio climático, el empobrecimiento de la capa de ozono o la conservación de la biodiversidad demuestran la necesidad de establecer una política ambiental activa que garantice una utilización responsable de los recursos naturales escasos y un desarrollo económico sostenible a largo plazo tanto económica como socialmente. Los compromisos contraídos a escala internacional también exigen medidas políticas.

EL CONSEJO Europeo de Estocolmo pidió que se integrara la promoción del desarrollo sostenible en las Orientaciones Generales de Política Económica. El desarrollo sostenible es un concepto que va más allá de una evaluación puramente económica y persigue mejorar la calidad de vida promoviendo acciones políticas coherentes basadas en una evaluación global de sus dimensiones económicas, sociales y ambientales. De este modo, su perspectiva es de largo plazo, pues vela por el bienestar de las generaciones presentes y futuras. Esta sección se centra en la integración de los aspectos ambientales en la política económica, especialmente en el uso de instrumentos de mercado para la promoción del desarrollo sostenible.

La acción gubernamental sufre frecuentes retrasos debido a preocupaciones sobre las posibles consecuencias a corto plazo de las políticas de protección ambiental sobre el crecimiento económico, el empleo y la competitividad de las empresas, los sectores y los Estados miembros. En este contexto, los Estados miembros deben acudir cada vez más a instrumentos de mercado para alcanzar objetivos ambientales, pues proporcionan a la industria un método flexible para reducir la contaminación de forma rentable y fomentan la innovación tecnológica. Además, son a menudo los medios más eficaces para frenar la contaminación, ya que conducen a internalizar los costes exteriores en los precios. Son, por tanto, una manera de aplicar de forma más sistemática el principio "el que contamina paga". A este respecto es importante disponer de mejor información y análisis coste-beneficio. Invertir en nuevas tecnologías compatibles con el medio ambiente también puede ser una importante fuente de progreso.

Los Estados miembros deben fijar objetivos y calendarios claros para las políticas medioambientales de forma que las empresas y los consumidores puedan ir ajustándose a ellas gradualmente. Un cambio gradual, pero constante y creíble, en el nivel y la estructura de los tipos impositivos hasta lograr que los costes exteriores se reflejen íntegramente en los precios, minimizaría los problemas de ajuste estructural y contribuiría a la adaptación y la innovación en las empresas. Este planteamiento minimizaría además la necesidad de exenciones para las empresas o sectores más afectados. Las exenciones reducen la eficacia ambiental de las medidas, distorsionan la estructura fiscal y son a menudo difíciles de anular con posterioridad. El establecimiento de un marco comunitario para el uso de instrumentos de mercado podría contribuir a evitar estas distorsiones y a afianzar el mercado interior.

Por tanto, será necesario:

  1. comprometerse a aplicar efectivamente la Estrategia Europea en materia de Desarrollo Sostenible acordada por el Consejo Europeo de Gotemburgo;
  2. introducir y reforzar políticas de mercado, como, por ejemplo, tasas, cargas por uso y por contaminación, sistemas de seguros/responsabilidad y compraventa de derechos de emisión;
  3. reducir exenciones fiscales y subvenciones sectoriales y demás medidas que tienen consecuencias negativas para el medio ambiente;
  4. intensificar el uso de instrumentos económicos para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero y cumplir las exigencias del Protocolo de Kioto, y ayudar a desasociar el crecimiento económico de una serie de presiones medioambientales; y
  5. acordar un marco europeo adecuado para los impuestos a la energía y la creación de un mercado interior único de la energía.

Hecho en Gotemburgo, el 15 de junio de 2001.

Por el Consejo
El Presidente
B. Ringholm

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