El Programa de Capacitación para Jóvenes Pobres de la Red de Solidaridad Social - Colombia
Fuente: Organización Internacional del Trabajo (OIT)
Forma parte de un programa más amplio de creación de empleo urbano y busca atender a los sectores más pobres de la población. Su diseño parte de la necesidad de contribuir a la creación de las redes sociales con que no cuentan los jóvenes pobres, de familiarizarlos con el mundo del trabajo, con las actitudes y comportamientos necesarios para permanecer en una empresa, pero sobre todo, de posibilitarles el contacto con el mercado laboral.
Las evaluaciones realizadas encuentran que uno de los principales logros del programa de la Red fue la mejora de la autoestima de los jóvenes y de su percepción frente a la posibilidad de conseguir empleo. Estos logros son mayores en aquellos cursos en los cuales es más clara la formación de competencias específicas.
Los jóvenes del programa son desertores del sistema escolar, con poca disciplina y pocas habilidades sociales. Una cobertura nacional de 11.000 jóvenes pobres desempleados, de los cuales 1.600 estaban en Bogotá.
La Red utiliza un modelo de gestión orientado a promover la participación de la sociedad y estimular la concurrencia de las entidades nacionales y locales, con efectos importantes sobre la posibilidad de articulación con los planes locales de desarrollo y la participación de los beneficiarios en los programas.
A partir de 1994-1995, la Red de Solidaridad Social inició el Plan de Empleo Urbano y Rural, cuyo objetivo era generar empleo no calificado para los grupos más pobres de la población, por medio de la ejecución de obras de mejoramiento de la infraestructura pública. El programa, descentralizado a nivel regional, operó a través de un mecanismo de participación ciudadana, la Mesa de Solidaridad, encargada de identificar y supervisar las obras que debían integrarse a los planes de desarrollo regional.
Uno de los componentes del plan fue el programa de capacitación laboral para jóvenes de hogares pobres entre 15 y 24 años (posteriormente entre 17 y 24 años), cuyos objetivos eran mejorar la inserción laboral de jóvenes de hogares pobres, ofreciéndoles capacitación en oficios semicalificados y acercar la oferta de capacitación a la demanda de las empresas. Se esperaba incrementar las posibilidades de inserción laboral de los jóvenes, aumentar los niveles de ingreso de la población más pobre y estimular la oferta de capacitación.
Ofrecía cursos de capacitación de seis meses de duración, tres de formación y otros tres de pasantía en empresas. Los cursos eran contratados a través de licitaciones públicas con entidades públicas y privadas inscriptas en el registro de entidades de capacitación y que presentaran un compromiso por escrito con empresas para hacer pasantías. Era la forma de garantizar que la pasantía tuviera concordancia con la capacitación recibida y permitiera aplicar los conocimientos adquiridos.
Pagaba a los jóvenes 50 por ciento de salario mínimo legal vigente, durante los seis meses de capacitación. Los cursos estaban específicamente dirigidos a jóvenes desempleados - o subempleados en actividades de subsistencia - varones y mujeres entre los 17 y 25 años que no hubieran terminado la educación secundaria y vivieran en zonas urbanas pobres, o tuvieran una o más Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI).
El programa se inició en 1996. Durante ese año fueron capacitados 4.973 jóvenes en diecisiete ciudades, con un costo total de $2.338 millones. Durante 1997 se llevaron a cabo dos licitaciones, se capacitaron 5.073 estudiantes y se invirtieron $3.209 millones en el programa. Durante el período, el programa contrató a 54 entidades de capacitación en trece ciudades capitales, una ciudad intermedia y dos regiones, y capacitó a 10.900 jóvenes. El costo total del programa ha sido de $6.300 millones, cerca de US$500 por joven capacitado.
Los cursos de la Red se basan en un modelo de gestión orientado a promover la participación de la sociedad y a estimular la concurrencia de las entidades nacionales y locales. La vinculación de diferentes actores (entidades de capacitación, empresas, gobiernos locales y beneficiarios) tuvo ventajas para cada uno de ellos. Las entidades de capacitación ampliaron su oferta y buscaron una relación con el mercado laboral para asegurar la práctica empresarial. Más de 500 empresas en todo el país se vincularon al programa y aunque no todos los jóvenes que tomaron la práctica empresarial continuaron trabajando en la empresa donde la realizaron, tuvieron un primer contacto directo con el mundo laboral formal. Algunos gobiernos locales incluyeron los programas de empleo y capacitación en su agenda.
El programa ha sido simultáneamente focalizado y participativo a efectos de lograr una asignación más eficiente y eficaz. La focalización fue eficaz, en la medida en que el programa cubrió efectivamente a la población objetivo. La participación permitió iniciar un control social sobre la ejecución de los recursos
La Red de Solidaridad realizó un seguimiento periódico, y el BID contrató un grupo de universidades para hacer la evaluación de los programas de la Red. El programa ha sido evaluado, en principio como requisito del crédito multilateral del que formaba parte, y a partir de allí se establecieron mecanismos de seguimiento permanente del programa. Se evaluó la eficiencia en el logro de los objetivos y el nivel de aceptación del programa en el entorno personal y laboral de los participantes. Con relación al primer beneficio directo esperado del programa - obtención de empleo, mejoramiento y sostenibilidad de los ingresos -, se constata que 30 por ciento de la población desempleada consiguió empleo; pero estos empleos no siempre se mantienen, en gran parte como consecuencia del deterioro de las condiciones del mercado laboral y quienes en el año anterior tuvieron empleo (31%) continuaron empleados. De éstos, al menos 15 por ciento mejoró el salario o el tipo de trabajo, por lo que se aproxima a un 50 por ciento de estudiantes el beneficio real incremental. La cobertura del programa, 11.000 jóvenes en tres años, es mucho más baja de la estimación inicial de 62.000 personas.
Otros impactos laborales pueden medirse en términos de mayor estabilidad de los empleos, cambio en ramas de actividad u ocupación, o mejoramiento de las condiciones de trabajo. Al respecto puede señalarse lo siguiente:
Logros: La mayoría considera que mejoraron sus conocimientos teóricos (91%) o prácticos (84%). Para el 89 por ciento hubo progresos en sus relaciones humanas, y para el 63 por ciento hubo una mejora en sus relaciones familiares. En cuanto a la vida laboral, 69 por ciento señaló como logro acrecentar la posibilidad de conseguir empleo o de aumentar ingresos y 44 por ciento la posibilidad de mejorar la posición en la empresa. Finalmente, conseguir un título o certificado fue un logro importante para74 por ciento de los jóvenes.
Fuentes:
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