Prácticas laborales de las industrias
del calzado, el cuero, los textiles y el vestido
Informe para el debate de la Reunión tripartita sobre las prácticas laborales
de las industrias del calzado, el cuero, los textiles y el vestido
Ginebra, 16-20 de septiembre de 2000
Oficina Internacional del Trabajo Ginebra
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Indice
1.1. Evolución estructural de la producción y el comercio
1.1.1. Tendencias de la producción
1.1.2. El comercio en los textiles y el vestido
1.1.3. Países emergentes y bloques económicos
1.2. Los textiles, el vestido y el calzado dan empleos en todo el mundo
2. Prácticas laborales en relación con los principios y derechos fundamentales en el trabajo
2.1. El trabajo infantil en las industrias TVC: se han hecho progresos pero aún «se puede hacer más»
2.3. Discriminación: los trabajadores migrantes y las mujeres en el punto de mira
2.4. Trabajo forzoso: talleres clandestinos, «sweatshops» y servidumbre por deudas
2.5. Las prácticas laborales en las ZFI: ¿hacia una mejora del diálogo social?
3. Mundialización, cambios tecnológicos y prácticas de formación
4. Resumen y puntos propuestos para la discusión
4.1. Tendencias de la producción, el comercio y el empleo
4.2. En busca de la flexibilidad: tipos de trabajo y categorías de trabajadores a domicilio
4.3. Prácticas laborales y derechos fundamentales: el camino hacia el trabajo decente
4.4. Mundialización, cambios tecnológicos y prácticas de formación.
Cuadros
1.1. Empleo mundial en la industria textil, 1995-1998, por regiones
1.2. Empleo mundial en la industria del vestido, 1995-1998, por regiones
1.3. Empleo mundial en la industria del calzado, 1995-1997, por regiones
1.4. Los veinte principales empleadores mundiales en la industria textil, 1998
1.5. Los veinte principales empleadores mundiales en la industria del vestido, 1998
1.6. Los veinte principales empleadores mundiales en la industria del calzado, 1998
Gráficos
1.1. Producción mundial de las industrias TVC (en dólares al cambio presente)
1.2. Producción mundial de textiles, 1998 (en dólares al cambio presente)
1.3. Producción mundial de vestido, 1998 (en dólares al cambio presente)
1.4. Producción mundial de calzado, 1997 (en dólares al cambio presente)
1.5. Exportaciones mundiales de los textiles y el vestido (en dólares al cambio presente)
1.6. Empleo mundial en las industrias TVC
1.7. Empleo mundial en las industrias TVC (por regiones)
1.8. Distribución del empleo femenino en las industrias TVC
1.9. Comparación de los costos laborales en la industria textil (costo total por hora, en dólares, 1998)
1.10. Comparación de los costos laborales en la industria del vestido (costo total por hora en dólares, 1998)
1.11. Los veinte productores de calzado con costos laborales más altos, 1995 (en dólares por hora)
1.12. Salarios medios por hora en las industrias TVC, 1995 (por regiones y en dólares al cambio presente)
1.13. Promedio de horas semanales en las industrias TVC, 1985-1995
El Consejo de Administración de la Oficina Internacional del Trabajo decidió en su 273.ª reunión (noviembre de 1998) organizar una Reunión tripartita sobre las prácticas laborales de las industrias del calzado, el cuero, los textiles y el vestido.
En su 274.ª reunión (marzo de 1999) decidió invitar a participar en la Reunión a los Gobiernos de los 20 países siguientes: Bangladesh, Brasil, China, Colombia, Estados Unidos, India, Indonesia, Italia, Malasia, Marruecos, Mauricio, México, Portugal, Rumania, Reino Unido, Sri Lanka, República Checa, Tailandia, Túnez y Turquía. En caso de que alguno de estos gobiernos no aceptase la invitación, se invitaría a un sustituto de la misma región que esté inscrito en la lista de reserva que se estableció al mismo tiempo; en esta lista figuran los siguientes países: Alemania, Argentina, Belarús, Bélgica, Canadá, Costa Rica, República Dominicana, Egipto, El Salvador, España, Filipinas, Honduras, Hungría, Pakistán, Polonia, Sudáfrica, Federación de Rusia, Venezuela y Zimbabwe. Además, el Consejo de Administración decidió invitar a la Reunión a 20 participantes empleadores y a 20 participantes trabajadores; que serán seleccionados basándose en los nombramientos del Grupo de los Empleadores y del Grupo de los Trabajadores del Consejo de Administración.
La Reunión se inscribe en el marco del Programa de Actividades Sectoriales de la OIT, cuyo objetivo es facilitar el intercambio de informaciones entre los mandantes en relación con la evolución de la situación social en diferentes sectores económicos, y con los resultados de las investigaciones prácticas realizadas sobre cuestiones sectoriales precisas. Con este fin, se organizan tradicionalmente reuniones sectoriales tripartitas internacionales para favorecer los intercambios de opiniones y la confrontación de experiencias, sus objetivos son los siguientes: permitir una mayor comprensión de los problemas sectoriales, promover un consenso tripartito internacional en este sentido y poner de relieve las orientaciones sobre las políticas y medidas que deben adoptarse en los planos nacional e internacional; favorecer la armonización de todas las actividades sectoriales de la OIT y garantizar la conexión entre la OIT y los mandantes, y ofrecer dictámenes técnicos, asistencia práctica y apoyo concreto a estos últimos a fin de facilitar la aplicación de las normas internacionales del trabajo.
El objeto de la Reunión es proceder a un intercambio de opiniones sobre las prácticas de trabajo en las industrias del calzado, el cuero, los textiles y el vestido, sobre la base de un informe elaborado a tal efecto por la Oficina. La Reunión adoptará conclusiones sobre las propuestas de acción que deben emprender los gobiernos, las organizaciones de empleadores y de trabajadores a nivel nacional y la OIT. En la Reunión se adoptará una nota sobre las labores, y también podrían adoptarse resoluciones. El presente informe examina la evolución reciente de las prácticas de trabajo en las industrias del textil, el vestido, el cuero y el calzado. Esta evolución refleja la mundialización creciente de estos sectores en los que la práctica de la subcontratación internacional está muy extendida, tanto por las multinacionales y los grandes grupos de distribución como por las empresas de tamaño más modesto. El análisis estadístico de las tendencias recientes en materia de producción, comercio y empleo incluidos en el primer capítulo permite llegar a comprender este fenómeno, incluso a pesar de que las estadísticas oficiales a menudo son incompletas (sobre todo en Africa) y no dan cuenta de la importante función desempeñada por el sector informal, que genera una parte nada despreciable de la producción y el empleo. Por otra parte, la importancia de las pequeñas empresas y el sector informal en el proceso de subcontratación que caracteriza a las ramas de actividad de los textiles, el vestido, el cuero y el calzado constituye, un freno para la organización eficaz de los interlocutores sociales y para el diálogo social en general.
En el segundo capítulo se ofrece un análisis de las prácticas de trabajo en relación con la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo. Esta parte del informe, que constituye en cierta forma el centro del análisis puesto que trata de la puesta en aplicación efectiva en las industrias de los textiles, el vestido, el cuero y el calzado de los derechos fundamentales en el trabajo, pone de manifiesto los progresos que se han conseguido en ciertos ámbitos (por ejemplo en el trabajo infantil), así como las dificultades que subsisten en otros. Este capítulo incluye igualmente una sección que trata de la situación particular de las zonas francas industriales y una sección sobre las iniciativas voluntarias privadas, que muestra la creciente importancia de las prácticas éticas en estas industrias. El tercer capítulo está consagrado a la evolución de las prácticas laborales vinculadas a los avances tecnológicos y a las necesidades de formación. El último capítulo, por su parte, presenta un resumen y propone una serie de puntos que podrían ser objeto de discusión.
Este informe se publica bajo la autoridad de la Organización Internacional del Trabajo. Ha sido elaborado por Jean Paul Sajhau, del Departamento de Actividades Sectoriales. Las informaciones sobre las que se basa el informe provienen de varias fuentes. En respuesta a un cuestionario, la OIT ha recibido valiosas informaciones de diversos gobiernos, organizaciones de empleadores y de trabajadores. Además, la Oficina desea dar las gracias al Observatorio Europeo del Textil y el Vestido, de Bruselas, por su valiosa contribución al análisis estadístico incluido en el primer capítulo del informe. El Sr. Auret van Heerden, de la OIT, ha aportado su contribución a la sección sobre las zonas francas industriales.
Las industrias de los textiles, el vestido y el calzado (TVC) son mundiales, en primer lugar en la medida en que sus actividades de producción están en todo el mundo y están conectadas a través de diversos acuerdos y decisiones estratégicas para servir al mercado mundial; en segundo lugar porque el comercio — que está creciendo más rápidamente que la media del sector manufacturero — está muy influido por la evolución de la competitividad internacional y por las estrategias de reubicación adoptadas por las empresas mundiales; y finalmente porque la distribución geográfica del empleo en el mundo se ha visto afectada por la rápida evolución que se ha registrado en la producción y el comercio. Por lo tanto, se puede considerar que las industrias TVC son un verdadero «empleador mundial».
Antes de analizar la evolución de las prácticas laborales parece, pues, conveniente presentar un amplio panorama de los cambios que han tenido lugar en la producción, el comercio y el empleo en los últimos dos decenios. En términos generales, esta presentación puede dividirse en dos grandes grupos de datos: el primero presenta las tendencias a largo plazo del período 1980-1995 y el segundo brinda informaciones actualizadas sobre los acontecimientos que se han producido en el período, más reciente, de 1995-1998. Estos dos grupos de datos quedan integrados en el análisis que se presenta a continuación[1].
1.1. Evolución estructural de la producción y el comercio
1.1.1. Tendencias de la producción [2]
Desde siempre, la producción mundial de los textiles ha sido muy superior (en dólares de Estados Unidos) a la producción mundial del vestido que, a su vez, solía ser mucho mayor que la producción mundial del calzado.
En 1995 la producción mundial de los textiles ascendía a 517.000 millones de dólares, la producción mundial del vestido a 336.000 millones y la producción mundial del calzado a 60.000 millones. Las proporciones eran, pues, de 8,6, 5,6 y 1[3]. En 1980, la producción mundial de los textiles fue de 418.000 millones de dólares. Esta producción bajó entre 1980 y 1985, y aumentó de nuevo en un 27 por ciento entre 1985 y 1990 para registrar luego un ligero aumento entre 1990 y 1995. En 1995, la producción mundial de los textiles (calculada en dólares de Estados Unidos) fue un 24 por ciento superior a la de 1980.
Gráfico 1.1. Producción mundial de las industrias TVC (en dólares al cambio presente)

Aunque no hay datos que permitan evaluar con exactitud la cuantía del aumento de los precios de la producción textil a nivel mundial, los datos de que se dispone en relación con el aumento de los precios de la producción en varios países parecen indicar que el volumen de la producción textil ha permanecido estable durante este período, y que tal vez haya incluso disminuido cuando se ha permitido que aumenten los precios.
Más importante que el cambio en la producción total durante el período 1980-1995 fue el cambio en la distribución de la producción entre las regiones. Entre 1980 y 1995 la producción textil de Asia aumentó en un 97,7 por ciento y la de las Américas en un 76,3 por ciento. En cambio, la producción europea bajó en un 32,4 por ciento. Mientras que en 1980 la producción europea ascendía a un 53 por ciento de la producción mundial y la producción de Asia al 27 por ciento, para 1995 la cuota de Europa había bajado al 29 por ciento, y la de Asia había subido al 44 por ciento; por su parte, la cuota de las Américas había subido del 18 al 25 por ciento en este período.
La producción mundial de textiles siguió dominando los tres sectores del ramo en la segunda parte del decenio de 1990. En 1998 equivalía al 55,9 por ciento del valor total de la producción de los tres sectores, seguida por el vestido con un 38,6 por ciento y por el calzado con un 5,5 por ciento, y se estimaba que ascendía a unos 485.000 millones de dólares (no se dispone de datos para Africa y Oceanía, que reúnen cerca de un 2 por ciento de la producción mundial de los textiles). Entre 1995 y 1998 se produjo una baja del valor de la producción (en dólares) del 6,2 por ciento, y más tarde hubo un ligero aumento (del 1,3 por ciento) en el período 1990-1995. Esta baja se debió sobre todo a la disminución, de más del 10 por ciento, del valor de la producción que tuvo lugar en Asia durante dicho período.
Esta baja fue una de las consecuencias de la crisis financiera de Asia, y de las importantes devaluaciones de varias monedas asiáticas. Como China no devaluó el yuan durante el período 1995-1998 y domina la producción textil de Asia, la caída del valor de la producción textil de Asia llegó a un nivel más bajo del que hubiera podido alcanzar.
Asia, que domina la producción mundial de los textiles, vio como su cuota del total mundial disminuía del 43,6 por ciento en 1995 al 41,6 por ciento en 1998. Durante el mismo período, la cuota de Europa permaneció invariable (un 29 por ciento aproximado) mientras que la de América aumentó hasta alcanzar un 29,5 por ciento de la producción mundial de los textiles en 1998 (véase el gráfico 1.2).
Gráfico 1.2. Producción mundial de textiles, 1998 (en dólares al cambio presente)

Entre 1980 y 1995, la producción de la industria del vestido aumentó en una proporción mayor que la de los textiles. En 1980 la producción mundial del vestido ascendía a unos 211.000 millones de dólares. Bajó entre 1980 y 1985, pero volvió a aumentar en un 38 por ciento entre 1985 y 1990 y en un 19 por ciento entre 1990 y 1995. Durante todo el período de 1980 a 1995 la producción mundial del vestido creció en un 59 por ciento.
La evolución de la distribución regional de la producción del vestido ha sido parecida a la de los textiles. Entre 1980 y 1995 la producción de Asia aumentó en un 177 por ciento, mientras que la de las Américas aumentó en un 67 por ciento. La producción del vestido en Europa, por otro lado, descendió casi un 13 por ciento en dólares de Estados Unidos durante este mismo período. Mientras que en 1980 Europa representaba el 48 por ciento de la producción del vestido, en 1995 su proporción había descendido al 26 por ciento. La cuota de Asia aumentó, pasando del 27 por ciento al 46 por ciento en este período, pero la de las Américas presentó pocos cambios.
La producción mundial del vestido se estimaba en unos 335.000 millones de dólares en 1998 (no existían datos para Africa y Oceanía, que reúnen algo más del 3 por ciento de la producción mundial del vestido). El valor de la producción mundial del vestido permaneció prácticamente invariable entre 1995 y 1998. Los aumentos de la productividad en Asia y América se vieron contrarrestados por el 17 por ciento de descenso que registró la producción de Europa en el mismo período.
Los efectos de la crisis financiera en Asia fueron menos visibles en la producción del vestido que en la de los textiles, en parte debido a que China y la India unidas representan más de los dos tercios de la producción del vestido de Asia, y a que no hubo variaciones importantes en el valor de sus monedas frente al dólar de Estados Unidos en 1997 y 1998.
En 1998 Asia representaba — por primera vez — más del 50 por ciento de la producción mundial del vestido. Las Américas aumentaron también su cuota del total mundial tras un aumento del 14,3 por ciento de su producción del vestido entre 1995 y 1998. El origen de esta tendencia está en la situación de algunos países de América Latina, como por ejemplo el Brasil; en los Estados Unidos y el Canadá, se produjo un descenso de la producción del vestido (véase el gráfico 1.3).
Gráfico 1.3. Producción mundial de vestido, 1998 (en dólares al cambio presente)

Durante el período que estamos examinando, la producción mundial del calzado se situó muy por debajo de la de los textiles o el vestido, en valor. En 1980 la producción mundial del calzado era de 42.000 millones de dólares de Estados Unidos, aproximadamente. La producción descendió entre 1980 y 1985, pero aumentó entre 1985 y 1990 y entre 1990 y 1995. En 1995 la producción mundial del calzado era un 44 por ciento superior a la de 1980.
Entre 1980 y 1995, la evolución en la distribución regional de la producción del calzado siguió la misma pauta que la de los textiles y el vestido. La producción de Asia aumentó en un 424 por ciento, y la de las Américas en un 16 por ciento. La producción de Europa no descendió en este caso, pero aumentó sólo un 10 por ciento en este período. La cuota de Asia en la producción total mundial pasó del 7,5 por ciento al 27,5 por ciento, pero la de las Américas descendió del 23 por ciento al 18 por ciento, y la de Europa del 67 por ciento al 51 por ciento. Por lo tanto, Europa seguía siendo con mucha diferencia el mayor productor, aunque su cuota había disminuido. Ya no dominaba totalmente la producción mundial, como en 1980.
La producción mundial del calzado en 1997 se estimaba que era de 48.200 millones de dólares de Estados Unidos (no se tienen datos sobre Africa y Oceanía, que representan entre las dos un 3 por ciento de la producción mundial del calzado). El valor de la producción mundial del calzado disminuyó en un 19,5 por ciento entre 1995 y 1997. La producción disminuyó en las tres regiones, según los datos de que se dispone: en Asia en un 31 por ciento, en las Américas en cerca de un 17 por ciento y en Europa en casi un 10 por ciento, aproximadamente.
Ello no obstante, Europa sigue dominando la producción mundial del calzado (en dólares de Estados Unidos) con más de un 50 por ciento; esto puede atribuirse a la producción de productos acabados en países como Italia y el Reino Unido. El Reino Unido se encontraba en 1997 entre los diez primeros productores de calzado del mundo, debido a un aumento del 17,5 por ciento de su producción entre 1995 y 1997. Asia tuvo que hacer frente a una espectacular baja del valor en dólares de Estados Unidos de su producción de calzado en este período, tras haber registrado un aumento del 80 por ciento en su producción entre 1990 y 1995. Esta caída puede explicarse en parte por el hecho de que China incluye en sus estadísticas sobre la producción del calzado a la del vestido, y por lo tanto no se puede determinar su incidencia en el conjunto de Asia. Además, la producción de calzado disminuyó en un 36 por ciento en el Japón, y en un 34 por ciento en Corea del Sur, entre 1995 y 1997; estos dos países figuran entre los diez primeros productores mundiales de calzado, y sus tendencias influyen mucho en toda Asia.
Gráfico 1.4. Producción mundial de calzado, 1997 (en dólares al cambio presente)

1.1.2. El comercio en los textiles y el vestido[4]
El comercio de los textiles y el vestido ha aumentado mucho más rápidamente que la producción de los mismos. Entre 1980 y 1997, las exportaciones mundiales de textiles aumentaron de 55.000 millones a 155.000 millones de dólares, un aumento del 182 por ciento, aunque la crisis financiera asiática las redujo a 151.000 millones de dólares en 1998.
Asia y Europa occidental son las regiones dominantes del comercio de textiles y el vestido. Hasta mediados del decenio de 1990, Europa occidental era el mayor exportador de textiles. En 1980 tenía cerca de un 53 por ciento de las exportaciones mundiales (incluido el comercio entre los países de la región) mientras que Asia tenía aproximadamente un 27 por ciento. En 1990 la proporción de Europa occidental era la misma, mientras que la de Asia había aumentado al 35 por ciento. Para 1997 Asia se había convertido en la región líder, con el 44 por ciento de las exportaciones mundiales de los textiles, frente al 41 por ciento de Europa occidental. Durante todo el período de 1980 a 1997 las exportaciones de Asia se multiplicaron casi cuatro veces y media en comparación con el nivel de 1980, mientras que las exportaciones de Europa occidental aumentaron algo más del doble.
En 1998, la proporción de Asia bajo hasta el 40,2 por ciento, y Europa pasó de nuevo a ser el principal exportador, con un 44 por ciento del total mundial.
El comercio dentro de Europa occidental es muy importante (y figura en los cálculos antes mencionados). En los últimos años, el comercio intracomunitario entre los 15 ha crecido, aunque de manera más lenta que el comercio extracomunitario. En 1997, el comercio intracomunitario de textiles ascendía a 35.800 millones de dólares mientras que las exportaciones extracomunitarias eran de 22.700 millones de dólares.
Las exportaciones mundiales del sector del vestido son actualmente algo superiores a las exportaciones mundiales de los textiles, y han crecido más rápidamente. En 1980 ascendían a 41.000 millones de dólares y en 1997 aumentaron a 177.000 millones, lo que supone un aumento del 335 por ciento (véase el gráfico 1.5). Para 1998 habían alcanzado la cifra de 179.600 millones, con un aumento del 14 por ciento sobre 1995.
Gráfico 1.5. Exportaciones mundiales de los textiles y el vestido
(en dólares al cambio presente)

En el vestido, las exportaciones de Europa occidental fueron superiores en 1980 a las de Asia. Para 1990 se había colocado a la cabeza, con el 44 por ciento del total, en comparación con el 42 por ciento de Europa occidental. Asia continuó progresando en el decenio de 1990, y en 1997 su proporción ascendía al 45 por ciento de las exportaciones mundiales, mientras que la de Europa occidental había caído al 33 por ciento. Durante todo el período de 1980 a 1997, las exportaciones asiáticas aumentaron en más de cinco veces en comparación con 1980, mientras que las exportaciones de Europa occidental aumentaron un poco más del triple.
La relativa importancia de cada país en las exportaciones mundiales de los textiles y el vestido evolucionó espectacularmente entre 1980 y 1997.
En los textiles, en 1980 el principal exportador fue Alemania occidental, con el 11,4 por ciento de las exportaciones mundiales, seguida por Japón (un 9,3 por ciento), Italia (un 7,6 por ciento), Estados Unidos, Bélgica, Francia, China (comprendido el comercio vía Hong Kong, China) y Reino Unido. En 1997, China era ya — con diferencia — el mayor exportador mundial de textiles seguida por la República de Corea, Alemania, Italia y Taiwán, China. El Japón había bajado al noveno puesto. Las exportaciones de China aumentaron en gran medida, al igual que las de la República de Corea y Taiwán, China. Otros aumentos importantes, desde niveles bajos en 1980, fueron los registrados por Indonesia, Malasia, Turquía y México.
En el vestido, Hong Kong, China, había sido en 1980 el principal exportador, con un 11,5 por ciento del total mundial. Le seguían Italia (un 11,3 por ciento), la República de Corea (un 7,3 por ciento) y Alemania (un 7,1 por ciento). En 1980, China totalizaba el 4,8 por ciento de las exportaciones mundiales (comprendidas las que se hacían vía Hong Kong, China). En 1997, la situación ya había cambiado, con China muy por delante de Italia, Hong Kong, China, Estados Unidos, Alemania y Turquía. En términos de dólares de Estados Unidos, China registró aumentos muy importantes, y algunos países que tenían niveles muy bajos en 1980 (como Turquía, México, Bangladesh, Indonesia, Tailandia, Pakistán y Malasia), protagonizaron a su vez unos aumentos sustanciales.
Los aumentos más importantes, tanto en las exportaciones de los textiles como del vestido en los países asiáticos en este período, se produjeron a pesar de las limitaciones impuestas por el Acuerdo Multifibras. En el caso de México, los grandes aumentos en las exportaciones de textiles y vestido estaban estrechamente ligados a la creación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC).
También se registraron aumentos importantes en las exportaciones del vestido (a partir de un nivel bastante bajo en 1980) en países como Túnez, Polonia, Rumania y Hungría; estos aumentos estaban vinculados a las actividades comerciales de producción en el extranjero de la industria de la Unión Europea.
1.1.3. Países emergentes y bloques económicos
Entre 1980 y 1995 una serie de países (entre ellos varios de Asia) registraron importantes aumentos, tanto en su producción textil como en su cuota mundial de producción textil. En este período la cuota de China en la producción mundial pasó del 7,9 por ciento al 10,7 por ciento, la de India del 2,6 por ciento al 3,1 por ciento, la de la República de Corea del 1,8 por ciento al 5 por ciento, la de Taiwán, China, del 1,3 por ciento al 2,6 por ciento, la de Brasil del 1,2 por ciento al 2,2 por ciento, y la de Turquía del 0,8 por ciento al 2,5 por ciento. Además, Indonesia, cuyo nivel era antes muy bajo, representaba en 1997 un 2 por ciento de la producción mundial. Además de Indonesia, los aumentos fueron particularmente intensos en Turquía (3,7 veces) y en la República de Corea (3,4 veces).
Asimismo, las cuotas de exportación mundial de textiles aumentaron significativamente durante este período en diversos países de Asia, comprendida Turquía. La cuota de China (incluido el comercio vía Hong Kong, China) había aumentado del 6,2 por ciento al 17,3 por ciento del total mundial, la de la República de Corea del 4 por ciento al 8,6 por ciento, la de Taiwán, China, del 3,2 por ciento al 8,2 por ciento, la de la India del 2,1 por ciento al 3,2 por ciento, la de Pakistán del 1,6 por ciento al 3 por ciento y la de Turquía del 0,6 por ciento al 2,2 por ciento. Los mayores aumentos registrados entre estos países fueron los de Turquía (9,8 veces el nivel de 1980), China (7,9 veces), Taiwán, China (7,2 veces) y la República de Corea (6 veces). Pakistán y la India también registraron aumentos importantes, mayores que los de ningún país de Europa occidental.
Pero el mayor aumento se produjo en el comercio de Indonesia. Para 1997 había alcanzado el 1,5 por ciento de las exportaciones textiles mundiales. Partiendo de una base muy baja en 1980, sus exportaciones textiles habían aumentado 49 veces durante el período que estamos examinando. Otros países que habían comenzado desde una base muy baja en 1980, pero cuyo comercio había aumentado considerablemente en 1997, eran Malasia, México y Tailandia. Por lo tanto, en general eran los países de Asia los que se constituían en economías que habían emergido recientemente durante el período o que reforzaban mucho sus posiciones anteriores.
En 1995, una serie de países de Asia y de otras regiones habían logrado obtener una proporción más importante de la mayor producción mundial del vestido. La cuota de China pasó del 15,2 por ciento al 24,9 por ciento[5], la de Brasil del 1,2 por ciento al 4,2 por ciento y la de la República de Corea del 1,1 por ciento al 4 por ciento. De estos países, Brasil y la República de Corea habían experimentado aumentos especialmente importantes en la producción, que representaban 5,6 veces el nivel de 1980 en ambos casos. Además, varios países que no figuraban entre los 30 primeros en 1980 habían alcanzado este rango para 1995. Entre éstos se encontraban Turquía con el 1,9 por ciento del total mundial en 1995, Tailandia también con el 1,9 por ciento, Indonesia con el 0,9 por ciento y la India con el 0,8 por ciento. En todos estos casos, se habían producido aumentos muy importantes en la producción del vestido.
Este mismo tipo de evolución puede observarse en relación con el comercio mundial del vestido; también en este ámbito los aumentos de las exportaciones asiáticas desde 1980 hasta 1997 fueron especialmente marcados, aunque no todos los países asiáticos participaron en la expansión que se produjo.
Para 1997 la proporción de exportaciones mundiales del vestido de China (incluido el comercio a través de Hong Kong, China) había aumentado del 4,8 por ciento al 21,5 por ciento, la de Turquía del 0,3 por ciento al 3,8 por ciento, la de la India del 1,5 por ciento al 2,4 por ciento, la de Tailandia del 0,7 por ciento al 2,1 por ciento y la de Malasia del 0,4 por ciento al 1,3 por ciento. En 1997 Indonesia también había alcanzado el 1,6 por ciento del total. Los mayores aumentos en las exportaciones del vestido de este grupo se produjeron en Turquía (51 veces, 1980), China (20 veces), Indonesia (30 veces) y Malasia (16 veces). No obstante, se produjeron aumentos importantes en las exportaciones de algunos países que habían sido exportadores a muy pequeña escala en 1980 o que no habían exportado hasta entonces. Entre estos países figuraban Bangladesh, México, Túnez y Pakistán.
Ello no obstante, en el caso de Hong Kong, China, la República de Corea y Taiwán, China se produjo una situación que contrastaba mucho con la tónica general del comercio de los textiles. Todos estos países perdieron una parte proporcional de las exportaciones en el vestido entre 1980 y 1997, aunque todos aumentaron sus exportaciones durante el período en un mercado generalmente en expansión (un 100 por ciento en el caso de Hong Kong, China, un 42 por ciento en el caso de la República de Corea y un 40 por ciento en el caso de Taiwán, China).
Cierto número de países aumentó también su cuota de la producción mundial del calzado entre 1980 y 1995. Así, la cuota de Italia pasó del 8,5 al 18,8 por ciento, la del Japón del 4,4 por ciento al 12,6 por ciento, la de España del 4,6 por ciento al 7,9 por ciento, la del Brasil del 2,7 por ciento al 6,9 por ciento, la de la República de Corea del 0,7 por ciento al 5,3 por ciento y la de Portugal del 0,6 por ciento al 4,2 por ciento. Los mayores aumentos en este grupo se registraron en la República de Corea (10,7 veces el nivel de 1980), Portugal (10,6 veces), Japón (4,1 veces) y Brasil (3,7 veces). También en este caso, varios países que no figuraban entre los principales productores en 1980 entraron a formar parte del grupo de los 30 primeros en 1995. Entre ellos estaban Indonesia con un 4,1 por ciento de la producción mundial en 1995, Hong Kong, China, con un 1,8 por ciento, la India con un 1,3 por ciento y Tailandia con un 1 por ciento.
Casi todos los países que durante el período 1980-1995 ingresaron en el grupo de los 30 primeros productores de textiles, vestido y calzado, eran asiáticos. Otros países de Asia y América Latina, que figuraban entre los 30 primeros en 1980, también lograron mejorar su posición para 1995.
No obstante, los aumentos de producción en los países desarrollados fueron también importantes en este período. En los textiles, esto es especialmente cierto para los Estados Unidos y el Japón; en el vestido lo es para los Estados Unidos, el Japón e Italia; y en el calzado para Italia, Japón y España. A pesar del aumento experimentado por los países en desarrollo en Asia, los Estados Unidos y el Japón fueron los principales productores de textiles del mundo en 1995, mientras que China y los Estados Unidos fueron los principales productores del vestido, e Italia y el Japón los productores mundiales líderes del calzado.
Respecto a los países de economía recientemente emergente en el mercado mundial, los aumentos registrados durante este período en las exportaciones de textiles por parte de los países de Asia fueron particularmente significativos, aunque otros países, como Turquía y México, protagonizaron también un gran incremento de su comercio textil. Los países asiáticos obtuvieron además muy buenos resultados en la exportación de vestidos, pero otros países también tuvieron una buena actuación, como Turquía, México, Filipinas y Túnez.
Lo que parece claro es que los países asiáticos más prósperos obtuvieron resultados mucho mejores en lo que respecta a las exportaciones textiles durante el período que en lo relativo a las exportaciones del vestido. En el sector del vestido, que requiere mucha mano de obra, sus salarios relativamente altos tuvieron un efecto claramente negativo en el crecimiento de sus exportaciones. Fueron los países de Asia con bajos niveles de salarios los más beneficiados por las exportaciones del sector del vestido en los últimos decenios.
Algunos de los principales actores en la producción y el comercio de los textiles, el vestido y el calzado son miembros de bloques económicos, pero otros no. China, por ejemplo, no pertenece a ningún bloque, como tampoco la India, Pakistán, Taiwán, China, la República de Corea, Bangladesh o Japón. Por lo tanto, la evolución de los bloques económicos sólo puede explicar parcialmente la evolución mundial de las industrias TVC.
En relación con la producción textil, la Unión Europea continuaba siendo en 1995 (como en el decenio de 1980), el bloque más voluminoso, y su cuota de la producción textil mundial había permanecido en ese período en torno al 23 por ciento. La seguían de cerca el TLC y — a cierta distancia — otros bloques. Si se añaden a la Unión Europea los PCECO (países candidatos de Europa central y oriental) y los países mediterráneos, configurando así una amplia zona de libre comercio, entonces este bloque contaba, en 1995, con un 29 por ciento de la producción textil mundial.
Si se analizan los movimientos durante el período 1980-1995, el aumento en la producción textil del bloque andino fue del 46 por ciento, el de los países de la ASEAN del 208 por ciento, el del MERCOSUR del 108 por ciento, el del TLC del 76 por ciento, el de la Unión Europea del 22 por ciento y el del «gran bloque europeo» del 25 por ciento. Los PCECO registraron una baja de producción del 58 por ciento, pero en cambio los países mediterráneos obtuvieron un aumento del 175 por ciento, en dólares de Estados Unidos.
Respecto a la producción del vestido, la Unión Europea era el mayor bloque productor en 1995, con un 22 por ciento de la producción mundial. El «gran bloque europeo» tenía un 26,5 por ciento de la producción mundial del vestido. Si se examina la evolución de este período, el aumento de la producción del vestido del bloque andino era del 92 por ciento, el del bloque de la ASEAN del 756 por ciento, el del MERCOSUR del 292 por ciento, el del TLC del 46 por ciento, el de la Unión Europea del 55 por ciento y el del «gran bloque europeo» del 62 por ciento. Los PCECO sufrieron un descenso de la producción del 47 por ciento, aunque los países mediterráneos registraron un aumento del 512 por ciento.
En la producción del calzado, en 1995 la Unión Europea iba muy por delante de los demás bloques, con un 47 por ciento de la producción mundial. El MERCOSUR (que es el bloque que sigue en volumen) contaba sólo con un 8 por ciento de la producción mundial. Si se examina la situación durante el período de 1980 a 1995, el aumento de la producción del calzado fue del 107 por ciento para el bloque andino, del 1.610 por ciento para los países de la ASEAN, del 186 por ciento para el MERCOSUR, del 74 por ciento para la Unión Europea y del 59 por ciento para el «gran bloque europeo». Se produjeron bajas del orden del 30 por ciento en la producción del TLC, y del 48 por ciento en los PCECO; en cambio, los países mediterráneos vieron aumentar la suya en un 164 por ciento.
En la producción de cada uno de los sectores — textiles, vestido y calzado — es evidente que durante el período de 1980 a 1995, el bloque que creció más rápidamente fue el de la ASEAN. Sin embargo, no pertenecen a este bloque los tres principales productores (China, la República de Corea y Taiwán, China), cuyo crecimiento fue incluso superior en algunos sectores. Otros bloques que registraron importantes aumentos de producción fueron: los países mediterráneos y el MERCOSUR en los textiles: los países mediterráneos, el MERCOSUR y el bloque andino en el vestido; y el MERCOSUR, los países mediterráneos y el grupo andino en el calzado. En todos los sectores, la producción de la Unión Europea, en dólares de Estados Unidos, siguió creciendo durante este período, y la de los PCECO siguió bajando. El TLC registró aumentos de producción en los textiles y el vestido, pero bajas de producción en el calzado.
En los textiles y el vestido, la cuota mundial de exportación que corresponde a los diversos bloques económicos es bastante pequeña. Ello refleja la omisión de exportadores gigantes como por ejemplo China, la República de Corea, Taiwán, China, Hong Kong, China, y la India.
En los textiles, en 1997, el comercio extracomunitario de la Unión Europea representaba un 14,6 por ciento de las exportaciones textiles mundiales; las exportaciones intra y extracomunitarias de todos los Estados miembros ascendían a un 38 por ciento. El bloque que seguía en volumen era el TLC (con un 8 por ciento), seguido por la ASEAN (un 4,5 por ciento) y los países mediterráneos (un 3 por ciento). Entre 1990 y 1997, el bloque de la ASEAN experimentó el aumento más importante en las exportaciones textiles, del orden del 97 por ciento, seguido por el TLC con el 92,5 por ciento y por los países mediterráneos con el 80 por ciento. La Unión Europea registró un aumento del 50 por ciento de su comercio extracomunitario, un poco por encima del aumento medio del mundo en su conjunto. Los bloques andino y del MERCOSUR registraron aumentos menos importantes.
En el vestido, el comercio extracomunitario de la Unión Europea representaba un 9 por ciento de las exportaciones mundiales en 1997, y las exportaciones intra y extracomunitarias de todos los Estados Miembros representaron el 28 por ciento. Le seguían el bloque del TLC con el 7,7 por ciento y a continuación la ASEAN y los países mediterráneos.
Entre 1990 y 1997, el TLC registró el mayor aumento de las exportaciones del vestido entre los bloques comerciales. Sus exportaciones de vestidos aumentaron en un 292 por ciento, seguidas por los países mediterráneos (con un aumento del 83 por ciento), la ASEAN (un 41 por ciento) y la Unión Europea (un 39,5 por ciento). No se dispone de datos suficientes sobre la evolución de las exportaciones en los PCECO para proceder a comparaciones.
Por lo tanto, en el comercio, la ASEAN obtuvo de nuevo buenos resultados, aunque sólo en las exportaciones de textiles. El TLC progresó entre 1990 y 1997 en la exportación de textiles y vestidos, al igual que los países mediterráneos. Las exportaciones procedentes de la Unión Europea aumentaron un poco por encima de la media mundial en los textiles, pero el aumento se situó por debajo de ésta en las exportaciones del sector del vestido. Lo mismo se diga para las exportaciones intra y extracomunitarias del vestido. Los bloques andino y del MERCOSUR sólo pudieron obtener resultados moderados.
1.2. Los textiles, el vestido y el calzado
dan empleos en todo el mundo
1.2.1. Tendencias a largo plazo del empleo
En 1995, el total del empleo mundial en los textiles era de 16,8 millones; el empleo del sector del vestido era de 8,7 millones, y el del calzado de 1,8 millones. Las proporciones eran, respectivamente, de 9,3; 9,8 y 1. Las comparaciones con el valor total de la producción mundial en 1995 dan las proporciones siguientes: 8,6; 5,6 y 1.
En 1998, el total del empleo correspondiente a la industria textil se estimaba en 16,4 millones, el de la industria del vestido en 11,2 millones y el del calzado en 1,7 millones, esto es, un total de 29,3 millones. Esto representaba un aumento del 7,3 por ciento entre 1995 y 1998, a causa de un aumento espectacular del empleo en la industria del vestido durante este período.
Gráfico 1.6. Empleo mundial en las industrias TVC

Entre 1980 y 1995, el total mundial estimado del empleo en la industria textil y del vestido experimentó relativamente pocos cambios, pero la distribución del empleo cambió radicalmente, con grandes pérdidas en Europa y las Américas e importantes aumentos en Asia. Esta misma tendencia se observaba en el calzado, aunque el empleo mundial estimado en este sector disminuyó en un 13,5 por ciento entre 1980 y 1997. En este mismo sector el empleo disminuyó sensiblemente en Europa y aumentó en Asia, en donde el aumento fue especialmente pronunciado.
En 1980, el total del empleo correspondiente a los textiles se cifraba en 16,4 millones. Aunque disminuyó en 1985, aumentó entre 1985 y 1990 un 3 por ciento y un 1 por ciento entre 1990 y 1995, para disminuir otra vez entre 1995 y 1998 (un 2,5 por ciento). Así pues, las cifras permanecieron relativamente estables en el decenio de 1990. Sin embargo, se produjeron importantes variaciones en las proporciones correspondientes a las distintas regiones. En Africa el empleo disminuyó a lo largo del decenio, especialmente en 1995-1998. En las Américas también disminuyó (en torno a un 8 por ciento) en ambos períodos. Europa experimentó una gran baja (del 31 por ciento) entre 1990 y 1995, y otra baja (del 15 por ciento) entre 1995 y 1998. En cambio, en Asia el empleo registraba aumentos en ambos períodos, especialmente a principios del primero (véase el cuadro 1.1).
Cuadro 1.1. Empleo mundial en la industria textil, 1995-1998, por regiones
|
| ||||||||
|
Países en: |
(en miles) |
|
Variación porcentual |
|
Parte porcentual en total | |||
|
|
1995 |
1998 |
|
1995-1990 |
1998-1995 |
|
1995 |
1998 |
|
| ||||||||
|
Africa |
595 |
478 |
|
-1,2 |
-19,7 |
|
3,5 |
2,9 |
|
Américas |
1.355 |
1.247 |
|
-8,1 |
-8,0 |
|
8,0 |
7,6 |
|
Asia |
11.627 |
11.914 |
|
17,2 |
2,5 |
|
69,0 |
72,5 |
|
Europa |
3.207 |
2.733 |
|
-30,9 |
-14,8 |
|
19,0 |
16,6 |
|
Oceanía |
65 |
62 |
|
12,1 |
-4,6 |
|
0,4 |
0,4 |
|
Total |
16.849 |
16.434 |
|
0,9 |
-2,5 |
|
100,0 |
100,0 |
|
Fuentes: OIT/ONUDI y estimaciones del OETH. | ||||||||
El efecto de estas tendencias iba a producir considerables cambios en las cuotas del total del empleo mundial. Al comparar 1995 y 1998, se observan importantes variaciones en las cuotas de Asia y Europa: la de Asia aumenta del 69 por ciento al 72,5 por ciento, mientras que la de Europa disminuye del 19 al 16,6 por ciento.
Entre los países asiáticos, China es con mucho el empleador más importante, seguida por la India. En China el empleo aumenta entre 1995 y 1998, pero disminuye en la India. Entre los empleadores europeos importantes, sólo Turquía experimenta un aumento importante del empleo en 1995-1998.
Cuando se comparan las cifras del empleo con las de la producción, se puede observar que la concentración del empleo en el sector textil en Asia es muy superior a la de la producción total. Esta diferencia refleja que la productividad en Asia es muy inferior a la de Europa o a la de las Américas.
El total del empleo mundial en la industria del vestido aumenta entre 1980 y 1990 pero disminuye en un 16 por ciento entre 1990 y 1995 y experimenta un aumento considerable de un 29 por ciento entre 1995 y 1998. El empleo disminuye en los períodos 1990-1995 y 1995-1998 en las Américas y en Europa, pero aumenta en Africa en los mismos períodos. En Asia, tras ligeras variaciones entre 1990 y 1995, el empleo aumenta considerablemente entre 1995 y 1997 (no se dispone de las cifras correspondientes a 1998) (véase el cuadro 1.2). Sin embargo, esto se debe sobre todo a estimaciones más recientes del empleo total en la industria del vestido en China.
Cuadro 1.2. Empleo mundial en la industria del vestido, 1995-1998, por regiones
|
| ||||||||
|
Países en: |
(en miles) |
|
Variación porcentual |
|
Parte porcentual en total | |||
|
|
1995 |
1998 |
|
1990-1995 |
1998-1995 |
|
1995 |
1998 |
|
| ||||||||
|
Africa |
507 |
570 |
|
12,5 |
12,4 |
|
5,8 |
5,1 |
|
Américas |
1.531 |
1.283 |
|
-11,1 |
-16,2 |
|
17,6 |
11,4 |
|
Asia* |
3.895 |
6.976 |
|
-1,4 |
79,1* |
|
44,7* |
62,2* |
|
Europa |
2.724 |
2.393 |
|
-35,2 |
-12,2 |
|
31,3 |
21,3 |
|
Oceanía |
47 |
– |
|
-18,8 |
– |
|
0,5 |
– |
|
Total |
8.704 |
11.222 |
|
-16,2 |
28,9 |
|
100,0 |
100,0 |
|
* Los datos correspondientes a Asia se refieren a 1997; los cambios se deben principalmente a nuevas estimaciones del empleo total en la industria del vestido en China. Fuentes: OIT/ONUDI y estimaciones del OETH. | ||||||||
En Asia, el empleo en la industria del vestido aumentó considerablemente entre 1980 y 1990, situándose en un 35 por ciento aproximado, por encima del nivel alcanzado en 1980; después se produjo un ligero descenso entre 1990 y 1995, pero aumentó de nuevo entre 1995 y 1997. En las Américas, el empleo en la industria del vestido disminuyó de forma constante durante el período 1980-1998. Europa registró un descenso más espectacular del empleo en dicha industria (más de un 50 por ciento de 1980 a 1998), pero que se concentró casi totalmente en los años 1990 a 1998, período en que disminuyó un 47 por ciento, debido en parte al fuerte descenso del empleo en Europa oriental. Sin embargo, la producción en la industria del vestido disminuyó sólo un 10 por ciento durante el decenio de 1990, lo que apunta a un importante incremento de la productividad durante el período.
De nuevo, estos cambios influyeron de forma considerable en las cuotas mundiales de empleo. De 1995 a 1998, la cuota de América en el total del empleo mundial de la industria del vestido bajó de un 17,6 por ciento a un 11,4 por ciento, mientras que el de Europa bajaba de un 31,3 por ciento a un 21,3 por ciento, y el porcentaje de Asia aumentaba de forma considerable de un 45 por ciento a un 62 por ciento (1997).
En las Américas, el empleador más importante (Estados Unidos) registraba un importante descenso del empleo en la industria del vestido en el período comprendido entre 1995 y 1998. En Europa, uno de los principales empleadores (Italia) apenas experimentaba cambios en este período, pero Turquía registraba un importante aumento, y al parecer en la Federación de Rusia se producía una importante baja del empleo. Entre los grandes empleadores de Asia destaca China, en donde el empleo en la industria del vestido (que incluye también el empleo en el calzado) parece haber aumentado considerablemente entre 1995 y 1997 (no hay datos disponibles para 1998).
El empleo mundial en el sector del calzado experimentó un ligero aumento entre 1980 y 1985, descendió en casi la misma proporción entre 1985 y 1990, y de forma más pronunciada entre 1990 y 1995 (-7,2 por ciento), lo que dio como resultado una disminución del empleo del 8,2 por ciento en todo el período que se extiende de 1980 a 1995. El empleo mundial continuó disminuyendo (en un 5,3 por ciento) entre 1995 y 1997 (véase el cuadro 1.3).
Cuadro 1.3. Empleo mundial en la industria del calzado, 1995-1997, por regiones
|
| ||||||||
|
Países en: |
(en miles) |
|
Variación porcentual |
|
Parte porcentual en total | |||
|
|
1995 |
1997 |
|
1995-1990 |
1997-1995 |
|
1995 |
1997 |
|
| ||||||||
|
Africa |
94 |
– |
|
17,6 |
– |
|
5,1 |
– |
|
América |
307 |
325 |
|
-22,4 |
5,9 |
|
16,8 |
18,8 |
|
Asia |
557 |
623 |
|
124,2 |
11,8 |
|
30,5 |
36,0 |
|
Europa |
861 |
783 |
|
-30,2 |
-9,1 |
|
47,1 |
45,2 |
|
Oceanía |
9 |
– |
|
-21,0 |
– |
|
0,5 |
– |
|
Total |
1.827 |
1.731 |
|
-7,2 |
-5,3 |
|
100,0 |
100,0 |
|
Nota: Las regiones y el total abarcan sólo a los países de los que se dispone información. Fuentes: OIT/ONUDI y estimaciones del OETH. | ||||||||
Asia registró un aumento espectacular del 124 por ciento entre 1990 y 1995 y del 12 por ciento entre 1995 y 1997. Las Américas experimentaron una baja en el primer período y un ligero aumento en el segundo, mientras que Europa registró bajas en ambos períodos.
El empleo en las Américas aumentó entre 1980 y 1985, disminuyó de forma pronunciada en los dos quinquenios siguientes; en 1995, su nivel se situaba en torno a un 31 por ciento por debajo del de 1980. Entre 1995 y 1997 se produjo una ligera recuperación del empleo, con un crecimiento del 5,9 por ciento a lo largo del período. En Europa, el empleo en el sector del calzado siguió la misma tendencia que en la industria del vestido, con relativamente pocas bajas del empleo en 1980-1985 y 1985-1990, pero con un gran descenso en 1990-1995, sobre todo a causa de Europa oriental. En 1995, el nivel del empleo en Europa en la industria del calzado fue de un 35 por ciento aproximado inferior al de 1980. Sin embargo, la producción de la industria del calzado en la región fue en 1995 un 10 por ciento superior a la de 1980, lo que indica un importante aumento de la productividad.
Entre 1980 y 1995, la situación en Europa era muy parecida a la que se estaba experimentando en las Américas, en donde se había producido una disminución del empleo del orden de un 31 por ciento entre 1980 y 1995, junto con un aumento de la producción del 16 por ciento, lo que apunta a un importante aumento de la productividad. Sin duda, ello está en relación con la introducción de cambios en el producto, al aumentar la proporción de calzado fabricado con telas, materiales sintéticos y caucho, en lugar de cuero. Sin embargo, el empleo siguió disminuyendo en torno a un 10 por ciento entre 1995 y 1997.
En Asia, el empleo en la industria del calzado experimentó considerables aumentos en todo el período que se está examinando, registrándose un incremento especialmente importante del 124 por ciento entre 1990 y 1995. En Asia, el empleo en la industria del calzado en 1995 fue cuatro veces superior al nivel de 1980. Sin embargo, la producción de la industria del calzado de Asia aumentó sólo cinco veces en dólares desde 1980 a 1995, lo que indica que se produjeron relativamente pocos cambios en la productividad (que tal vez evolucionó a la baja) si se tienen en cuenta las variaciones de precios. El empleo en la industria del calzado aumentó casi un 12 por ciento entre 1995 y 1997.
Pese al importante descenso del empleo en la industria del calzado en Europa desde 1980, Europa siguió siendo el empleador más importante en 1997. En 1980, el 67 por ciento del empleo mundial del sector correspondió a Europa, el 22 por ciento a las Américas, y a Asia sólo el 7 por ciento. Hacia 1995, la cuota de empleo correspondiente a las Américas había bajado al 17 por ciento, la de Europa al 47 por ciento y la de Asia había aumentado a un 31 por ciento. Entre 1995 y 1997, la cuota de empleo de América aumentó hasta un 19 por ciento, la de Europa descendió a un 45 por ciento y la de Asia aumentó a un 36 por ciento.
Gráfico 1.7. Empleo mundial en las industrias TVC (por regiones)

Tendencias del empleo a largo plazo por países
(perdedores y ganadores)
En 1980, el empleador más importante de la industria textil era China, que registraba un empleo total de 3,1 millones, que equivalían al 10 por ciento del total mundial. Después de China se situaba la antigua URSS, con un 14 por ciento del total mundial, la India (un 11 por ciento), los Estados Unidos (un 5 por ciento), Japón (algo menos de un 5 por ciento) y tras él Polonia, Brasil, Rumania, República de Corea y el Reino Unido, por este orden. Otros importantes empleadores de la industria textil fueron Alemania, España, Taiwán, China e Italia.
Durante el período 1980-1995 hubo cambios considerables en la importancia de los países individuales como empleadores del sector textil. Por ejemplo, la URSS dejó de figurar en la lista de los principales empleadores. Entre los empleadores más importantes de la industria textil, el empleo en Indonesia (un 1,4 por ciento del total en 1980) en China se multiplicó por 2,2 y en Bangladesh se duplicó. En 1995, el empleo en el sector textil en China había aumentado hasta un 41 por ciento del total mundial. La India era el segundo empleador por orden de importancia del sector textil, pero su nivel de empleo fue aproximadamente un 10 por ciento inferior al total que había registrado en 1980, y su proporción de empleo en el mundo en el sector textil había disminuido a menos de un 10 por ciento.
Cuadro 1.4. Los veinte principales empleadores mundiales en la industria textil, 1998
|
| ||
|
Clasificación |
Países |
Número de trabajadores
|
|
| ||
|
1 |
China |
7.672,4 |
|
2 |
India |
1.470,5 |
|
3 |
Bangladesh |
679,1 |
|
4 |
Estados Unidos |
588,0 |
|
5 |
Indonesia |
515,4 |
|
6 |
Federación de Rusia |
495,0 |
|
7 |
Japón |
432,0 |
|
8 |
Italia |
341,1 |
|
9 |
Pakistán |
279,6 |
|
10 |
Tailandia |
257,5 |
|
11 |
República de Corea |
248,8 |
|
12 |
México |
240,0 |
|
13 |
Turquía |
227,5 |
|
14 |
Egipto |
223,0 |
|
15 |
Brasil |
188,0 |
|
16 |
Taiwán, China |
159,4 |
|
17 |
Rumania |
159,0 |
|
18 |
España |
151,4 |
|
19 |
Reino Unido |
146,9 |
|
20 |
Alemania |
141,2 |
|
Fuentes: OIT/ONUDI, Eurostat y estimaciones del OETH. | ||
Los países con aumentos del empleo importantes en la industria textil (expresados en tantos por ciento) entre 1980 y 1995 son Lesotho, Botswana, Jordania, Kuwait, Túnez y Mauricio, aunque todos ellos partían de niveles muy bajos. Entre los países europeos, sólo Italia y Turquía experimentan un aumento del empleo en el sector textil en el período que se examina.
Los países en que se registraban las pérdidas relativamente más altas de empleo en la industria textil entre 1980 y 1995 eran: Polonia, Hungría, Reino Unido, España, Francia, Hong Kong, China y Alemania. Entre los principales empleadores, los Estados Unidos, Japón y Brasil registraron también importantes pérdidas. En general, los países menos desarrollados experimentaron aumentos del empleo en la industria textil en el período que se está examinando, y los países más desarrollados registraron pérdidas de empleo.
En el vestido, en 1980 los principales empleadores fueron la antigua URSS, con 2,3 millones de trabajadores (un 23 por ciento del total mundial), China con 1,6 millones de trabajadores (un 17 por ciento) y los Estados Unidos con 1,3 millones (un 13 por ciento). Tras ellos venían el Japón, con un 4,4 por ciento, el Brasil, con un 3,4 por ciento y el Reino Unido, Hong Kong, China, Alemania, Polonia, Rumania, Francia, la República de Corea e Italia, por este orden.
A lo largo del período 1980-1995 se produjeron cambios radicales. Entre los empleadores más importantes de 1995, el empleo en la industria del vestido aumentó más de 20 veces en Indonesia, más de 10 en Tailandia, un 59 por ciento en Filipinas, un 47 por ciento en Portugal y un 36 por ciento en Italia. Hacia 1995, China era ya (con diferencia) el principal empleador mundial en la industria del vestido, con un 20 por ciento del total mundial (no obstante, esto abarca sólo el empleo en empresas estatales). Después venían los Estados Unidos, con un 11 por ciento del total, y un poco detrás la Federación de Rusia, Japón, Indonesia, Brasil, Tailandia, Italia, Bangladesh y el Reino Unido. En torno a 1998, México se situaba en un tercer rango, dentro delos grandes empleadores mundiales de la industria del vestido, a consecuencia sobre todo del desarrollo de su comercio con los Estados Unidos dentro del marco del TLC.
Cuadro 1.5. Los veinte principales empleadores mundiales en la industria del vestido, 1998
|
| ||
|
Clasificación |
Países |
Número de trabajadores (en miles) |
|
| ||
|
1 |
China* |
3.677,8 |
|
2 |
Estados Unidos |
793,0 |
|
3 |
México |
567,1 |
|
4 |
Federación de Rusia |
392,8 |
|
5 |
Japón |
319,0 |
|
6 |
Bangladesh |
316,5 |
|
7 |
Indonesia |
289,3 |
|
8 |
Polonia** |
250,0 |
|
9 |
Italia |
213,5 |
|
10 |
Reino Unido |
201,0 |
|
11 |
Brasil |
185,9 |
|
12 |
Rumania |
180,0 |
|
13 |
Filipinas |
178,1 |
|
14 |
República de Corea |
177,6 |
|
15 |
Turquía |
166,1 |
|
16 |
Tailandia |
160,0 |
|
17 |
Sudáfrica |
145,8 |
|
18 |
Portugal |
136,7 |
|
19 |
India |
133,2 |
|
20 |
Túnez |
125,4 |
|
* Los datos correspondientes a China incluyen el vestido y el calzado. ** Sobre la base de la nomenclatura CIIU Rev. 3-D. Fuentes: OIT/ONUDI, Eurostat y estimaciones del OETH. | ||
Entre los grandes ganadores de empleo en el sector del vestido en el período 1980-1985 están Indonesia, Bangladesh, Tailandia, Turquía, Sri Lanka y Marruecos, todos los cuales tenían un nivel de empleo muy bajo en 1980 en este sector. Casi todos los países que experimentaron un aumento del empleo en la industria del vestido entre 1980 y 1995 eran países menos desarrollados, a excepción de Italia, Portugal y Turquía.
Entre los principales países que registraron disminuciones del empleo en la industria del vestido entre 1980 y 1995 figuran los Estados Unidos, Hong Kong, China, Alemania, Brasil, Polonia, el Reino Unido, Francia y Japón.
Como se puede observar, en general los países de salarios bajos aumentaron su nivel de empleo en el sector del vestido durante el período de que se trata, y los países de salarios altos perdieron empleo, lo que no es de extrañar si se tiene en cuenta la elevada proporción de mano de obra que se utiliza en la producción de prendas de vestir.
En la industria del calzado (dejando aparte China, de la que no se dispone de datos de empleo por separado) los principales empleadores mundiales en 1980 fueron la antigua URSS, con 494.000 trabajadores, un 25 por ciento del total, y Brasil con 163.000 trabajadores, más del 8 por ciento del total mundial. Detrás de estos países se situaron los Estados Unidos, con un 8 por ciento, Rumania, con un 6 por ciento, Polonia e Italia. La distribución del empleo entre países en el sector del calzado estuvo mucho menos concentrada que en la industria textil o en la del vestido.
Al igual que en las industrias textil y del vestido, en el período comprendido entre 1980 y 1995 se produjeron importantes cambios en el empleo entre países. Entre los países que daban más empleos en 1980 el empleo aumentó sólo en el Brasil e Italia durante este período, que registraron aumentos de algo más de un 1 por ciento y de un 5 por ciento, respectivamente. Por otra parte, se registraron importantes aumentos en Indonesia y en Tailandia, que se habían convertido en 1995 en importantes empleadores, pero que partían de un nivel muy bajo en 1980. Asimismo, Portugal y Marruecos experimentaron importantes aumentos del empleo.
Entre los empleadores más importantes que registraron pérdidas de empleo en el período de que se trata figuran los Estados Unidos y Alemania, ambos con un descenso del 66 por ciento, Polonia, España, el Reino Unido, Francia y Rumania.
En 1995, Indonesia fue el empleador más importante en la fabricación de calzado (después de China, de la que no se dispone de datos recientes por separado), con un 16 por ciento del total mundial, seguida por el Brasil, con un 9 por ciento y la Federación de Rusia, con el 6,5 por ciento, Rumania e Italia. Es interesante observar que Italia registraba la mitad del empleo del Brasil. En 1995, el empleo en la fabricación de calzado siguió estando mucho menos concentrado que en el caso de las industrias textil y del vestido. Hacia 1998, la India se convirtió en el cuarto empleador más importante en el sector del calzado y la Federación de Rusia registró una baja de su cuota mundial de empleo en el mismo sector (véase el cuadro 1.6).
Los principales polos de creación de empleo en el período comprendido entre 1980 y 1995 ya se han analizado por países, pero resulta interesante observar los cambios en el empleo por bloques económicos. Sin embargo, aunque conviene recordar que en ellos no figuran empleadores de la importancia de China, la República de Corea, Taiwán, China, Bangladesh, India, Pakistán y Japón.
Cuadro 1.6. Los veinte principales empleadores mundiales en la industria del calzado, 1998
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Clasificación |
Países |
Número de trabajadores
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1 |
China* |
923,0 |
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2 |
Indonesia |
273,1 |
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3 |
Brasil |
147,5 |
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4 |
India |
134,7 |
|
5 |
Rumania |
86,3 |
|
6 |
Italia |
79,0 |
|
7 |
Polonia |
72,6 |
|
8 |
Tailandia |
58,2 |
|
9 |
Federación de Rusia |
57,5 |
|
10 |
Portugal |
54,9 |
|
11 |
Japón |
51,2 |
|
12 |
Ucrania |
50,8 |
|
13 |
Francia |
50,2 |
|
14 |
España |
47,6 |
|
15 |
Estados Unidos |
42,7 |
|
16 |
Marruecos |
40,7 |
|
17 |
Reino Unido |
39,5 |
|
18 |
República de Corea |
33,2 |
|
19 |
Sudáfrica |
29,2 |
|
20 |
Hungría |
26,7 |
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* 1994 (últimas cifras disponibles). Fuentes: OIT, ONUDI, Eurostat y estimaciones del OETH. | ||
En cuanto a la evolución del empleo en la industria textil entre 1980 y 1995, el mayor aumento del empleo (un 56 por ciento) se registró en el bloque de la ASEAN. En segundo lugar se situaron los países mediterráneos, que experimentaron un aumento del 6 por ciento. Los demás bloques experimentaron una baja del empleo durante este período. El mayor descenso se produjo en los PCECO (un 56 por ciento), seguidos por el MERCOSUR y la Unión Europea. El TLC registró también un descenso del empleo (un 25 por ciento).
En la industria del vestido, el bloque de la ASEAN obtuvo también los mejores resultados. El empleo en la industria del vestido aumentó un 343 por ciento entre 1980 y 1995. Los países mediterráneos obtuvieron también buenos resultados, al aumentar el empleo un 288 por ciento durante el período. Sin embargo, aparte de un aumento del 32 por ciento en el bloque andino, en los demás bloques se registraron pérdidas de empleo. El mayor descenso (un 24,5 por ciento) se registró en el TLC y después en el MERCOSUR, con un descenso del 23 por ciento y en la Unión Europea. Los PCECO experimentaron un descenso del 20 por ciento.
En general, este mismo esquema presidió la evolución del empleo en la industria del calzado durante el período 1980-1995, aunque en este caso el aumento del empleo en el bloque de la ASEAN fue aplastante, del orden de un 1.637 por ciento. Los únicos otros aumentos se registraron en los países mediterráneos (148 por ciento), y en el bloque andino. En los demás bloques se registraron disminuciones del empleo. El mayor descenso (63 por ciento) se registró en los países del TLC, y después en la Unión Europea y en los PCECO con disminuciones muy similares.
Si consideramos la evolución del empleo por bloques económicos, los países de la ASEAN se situaban muy por delante de los demás grupos en el período 1980-1995. Los únicos que también obtenían buenos resultados eran los países mediterráneos. En todos los demás grupos se registraron pérdidas de empleo o aumentos de escasa entidad. Una vez más, los países de salarios bajos registraron aumentos del empleo, tendencia que se aplicó a su producción y a su comercio. Se registraron aumentos similares en los países de salarios bajos no pertenecientes a los bloques económicos, especialmente en China.
En la última década, el descenso del empleo fue especialmente pronunciado en la Unión Europea (UE) que, al mismo tiempo, es uno de los mercados más importantes para los productos de las TVC. Entre 1988 y 1998, desapareció casi un millón de puestos de trabajo en las industrias TVC de la UE. Un examen más detenido de los pormenores de esta tendencia general proporciona valiosas indicaciones sobre la rapidez y naturaleza cíclica de las pérdidas de empleo en este bloque económico particular.
Tras un descenso continuo del empleo durante el decenio de 1980, a una tasa media anual del 1,5 por ciento, la UE experimentó un pronunciado descenso entre 1990 y 1994. Durante este período, el empleo en las industrias TVC disminuyó anualmente en torno a un 4 por ciento, frente a un descenso del empleo del 0,5 por ciento anual para el sector manufacturero en su conjunto. Sólo en 1992 y 1993, se suprimieron 290.000 puestos de trabajo, cifra más o menos equiparable a las pérdidas de empleo que se produjeron durante todo el período comprendido entre 1982 y 1988. Tras una ligera recuperación en 1994-1995, el nivel de empleo en las industrias TVC continuó disminuyendo de forma espectacular.
En 1998, por ejemplo, había cerca de 2,2 millones de personas empleadas en empresas de todos los tamaños en la industria textil y del vestido en la Unión Europea, lo que suponía un 2,3 por ciento menos de trabajadores que en el año precedente y equivalía a una pérdida de unos 52.000 puestos de trabajo. Esta reducción del empleo fue inferior a los casi 100.000 puestos de trabajo que se suprimieron en 1996 pero superior a los 30.000 que se suprimieron en 1997. Entre 1997 y 1998, no todos los Estados miembros experimentaron descensos del empleo en la industria textil. De hecho, en España y Austria aumentó el empleo en la industria textil en un 7 por ciento y en un 0,5 por ciento, respectivamente. En Bélgica, Dinamarca y los Países Bajos el empleo permaneció estable. Todos los demás países experimentaron descensos. La disminución más importante se registró en Grecia (casi un 10 por ciento). Durante el mismo período, aumentó el empleo en la industria del vestido en Grecia (un 4,9 por ciento) y en España (un 1 por ciento). Todos los demás Estados miembros experimentaron un descenso (excepto Dinamarca que no experimentó ningún cambio). El empleo disminuyó de forma considerable en Bélgica (un 7 por ciento), Alemania (un 5 por ciento), Reino Unido (un 6 por ciento), Finlandia (un 5,1 por ciento) y Francia (un 5 por ciento). Como puede observarse, dentro de un determinado bloque económico, las fluctuaciones del empleo varían de un país a otro, debido a determinadas condiciones económicas y sociales pero también en función de la calidad y del grado de especialización en la producción de diferentes tipos de productos y a cambios en los niveles de productividad.
1.2.2. Las mujeres en las industrias TVC
Las industrias TVC han sido tradicionalmente importantes fuentes de empleo para las mujeres. Las oportunidades de empleo se concentraron generalmente en las calificaciones de nivel más bajo y, a menudo, en países con oportunidades limitadas de empleo alternativo. Estos factores contribuyeron a mantener los salarios de estos sectores a niveles relativamente bajos.
Aunque es cierto que estas industrias son una verdadera fuente de empleos (especialmente para las mujeres), también hay que decir que los ofrecen sobre todo a los trabajadores no calificados. Las mujeres suelen ocupar puestos en la simple producción, y hasta hace poco no han tenido un papel destacado en los puestos de más responsabilidad.
En 1995, la distribución mundial del empleo femenino en las industrias TVC fue como sigue: un 46 por ciento en los textiles, un 47 por ciento aproximado en el vestido y un 7 por ciento en el calzado. Como se puede ver en el gráfico 1.8, esta distribución había cambiado poco desde 1985: entonces las cuotas eran un 47,5 por ciento, un 46 por ciento y un 6,4 por ciento, respectivamente.
Gráfico 1.8. Distribución del empleo femenino en las industrias TVC

En los países industrializados, sobre todo en Europa oriental, la creciente competencia procedente de países con mano de obra barata llevó a la introducción de cambios en las pautas de empleo. En concreto, los trabajos no calificados característicos de las industrias de prendas de vestir y textiles se vieron muy afectados por la necesidad de reducir la importancia de los costos de la mano de obra en los costos de producción. Los esfuerzos por introducir nuevas tecnologías, la automatización en la fabricación y la redistribución de la producción dieron lugar a un proceso de reestructuración que trajo consigo grandes pérdidas de empleo. Las mujeres fueron las primeras afectadas, ya que las máquinas sustituyeron los empleos poco calificados que habían ocupado tradicionalmente las mujeres, que no siempre estaban suficientemente formadas para asumir las mayores competencias que se requerían para manejarlas.
Esta evolución fue más pronunciada en la industria textil que en la del vestido. Desde el punto de vista técnico, era más sencillo mecanizar y automatizar la producción en el hilado y el tejido, y las grandes empresas textiles pudieron sufragar el elevado costo que supone la modernización más fácilmente que las pequeñas y medianas empresas que suelen tomar la mayoría de la industria del vestido. La modernización supuso también el establecimiento de nuevos sistemas de trabajo, con horas extraordinarias, trabajo por turnos y trabajo los fines de semana para que las máquinas puedan funcionar casi continuamente y compensar así los elevados costos de inversión de la maquinaria. Este tipo de horario de trabajo es menos aceptable para las trabajadoras que para sus homólogos masculinos, con lo que se reducen todavía más las oportunidades de empleo para las mujeres.
La cuota femenina de empleo varía mucho en las industrias TVC concretas, así como en las regiones y países. Es difícil generalizar sobre las razones que explican estas diferencias, pero lo cierto es que la proporción más elevada de trabajadoras se encuentra en los países más ricos. En las regiones más pobres, en donde las oportunidades de empleo para los hombres tienden a ser también inferiores a otras partes del mundo, la proporción de mano de obra femenina es inferior. Sin embargo, en algunos países más pobres, la proporción de trabajadoras es también elevada. Sin duda estas tendencias están vinculadas a los factores sociales, económicos e históricos específicos de cada uno de estos países.
Cualquiera que sea la proporción de trabajadoras en el empleo total en estas industrias, parece que hay un hecho universal: los salarios de las mujeres ocupadas en las industrias TVC son inferiores a los de los hombres. Resulta bastante sorprendente que incluso en Europa, en donde en los últimos años se ha debatido mucho sobre la igualdad de remuneración por un trabajo de igual valor, los salarios de los hombres empleados en las industrias TVC son entre un 20 y un 30 por ciento superiores a los de las mujeres.
Las trabajadoras de la industria textil son las que perciben los salarios relativamente más elevados, y después las de la industria del calzado y del vestido. En la industria textil, el cociente salarial entre hombres y mujeres solía ser el más elevado hasta 1990 — entre un 1,4 y un 1,6 — pero descendió al nivel del cociente de la industria del vestido que en 1995 era de 1,3. El cociente salarial más bajo entre hombres y mujeres se da en la industria del calzado.
En la industria textil hay menos trabajadoras que en las industrias del vestido y del calzado, pero sigue siendo un sector vital para el empleo femenino. En 1980, las mujeres ocupaban el 35 por ciento de los empleos de la industria textil mundial, aunque este porcentaje se redujo al 31 por ciento en 1995.
En la actualidad, el porcentaje de trabajadoras en la industria textil mundial es relativamente estable, pues se sitúa en torno al 30 por ciento.
La distribución cuantitativa de las trabajadoras del sector textil entre las distintas regiones de todo el mundo muestra una alta concentración en los países asiáticos, ya que en ellos se concentraba casi el 80 por ciento del número total de asalariadas registradas en 1995. A continuación vienen los países europeos (en torno al 12 por ciento), las Américas (un 6,5 por ciento) y Africa (un 1,7 por ciento).
Los principales empleadores de mujeres en la industria textil sobre los que se dispone de datos son China, Indonesia, Estados Unidos, Japón, Tailandia e Italia. En 1995, estos seis países empleaban casi el 80 por ciento del número total notificado de trabajadoras en las industrias textiles de todo el mundo. En comparación con 1985, el empleo de la mujer en esos países aumentó casi un 40 por ciento, debido principalmente al aumento registrado en China.
Europa (región que registra el segundo porcentaje más alto de mujeres en la industria textil) constituye un caso interesante debido a las variaciones entre los distintos países, de acuerdo con las cifras de 1995. Noruega registraba el mayor porcentaje de mujeres en la industria textil, con el 84 por ciento, aunque esta cifra sólo representaba una cuota relativamente baja del empleo en Europa. Estas cifras muestran además que los países europeos con entre un 60 y un 80 por ciento de trabajadoras en su plantilla son todos de Europa central y oriental, a excepción de Portugal. Estos porcentajes varían según las distintas industrias, y los países que registran las cifras más elevadas de trabajadoras son Portugal, República Checa, Bulgaria y Croacia. Entre los países en que las mujeres representan entre el 40 y el 60 por ciento de los trabajadores están Italia, Reino Unido, España, Austria y Grecia. Los países en los que las mujeres están menos representadas son los Países Bajos (un 23 por ciento) e Islandia (un 33 por ciento).
En Africa el promedio global de empleos ocupados por mujeres era de un 24 por ciento en 1995, pero había importantes diferencias entre los países debido a las distintas actitudes hacia la mujer en el lugar de trabajo y hacia su participación en actividades industriales. En Botswana, por ejemplo, el elevado porcentaje (un 83 por ciento) de mujeres que trabajaban en la industria textil en 1995 contrasta con el 8 por ciento que se registra en Kenya y Zimbabwe. Sin embargo, las diferencias de tamaño de las industrias de esos países hacen que las variaciones del número de mujeres realmente asalariadas no sean tan grandes como puede parecer.
Asia también es una región de contrastes, como lo indica el hecho de que el número comparativamente grande de trabajadoras representa, en porcentaje, una pequeña proporción del total de trabajadores del sector textil (un 10,7 por ciento en 1995). En esta industria siguen predominando los hombres. En otras partes de esta región se observa un porcentaje considerablemente más alto de trabajadoras, a pesar de que el número real de mujeres asalariadas sigue siendo inferior al de la India, por ejemplo, según los datos de 1995 en Taiwán, China, representaban el 54 por ciento, en la República de Corea, el 51 por ciento, y en Malasia, el 48 por ciento.
En América del Norte, México registraba el porcentaje más alto de mujeres en la industria textil durante el período que estamos examinando, pues en 1990 ocupaban el 60 por ciento de los empleos y en 1995, el 77 por ciento. Los Estados Unidos y Canadá también tienen un porcentaje relativamente alto de trabajadoras, a saber, el 47 por ciento y el 64 por ciento en 1990, respectivamente. Sin embargo, numéricamente, esto significa que los Estados Unidos empleaban 10 veces más mujeres que el Canadá. Muchos de los demás países americanos se encuentran en una situación similar, por ejemplo, en Costa Rica las mujeres ocupaban el 55 por ciento de los empleos en 1995 y en Puerto Rico el 54 por ciento. Sin embargo, aunque la mayoría de los países sobre los que se dispone de datos registran entre un 30 y un 40 por ciento de trabajadoras, en Argentina los empleos ocupados por mujeres se redujeron del 35 por ciento en 1985 al 23 por ciento en 1995.
El papel de las trabajadoras ha sido siempre más importante en la industria del vestido que en la de los textiles o que en la del calzado, ya que las mujeres ocupaban el 79 por ciento de los empleos en el sector del vestido en 1980 a nivel mundial. Si bien este porcentaje se redujo ligeramente al 74 por ciento en 1995, la industria del vestido sigue siendo una industria en la que predominan las mujeres. A pesar de ello, la industria textil sigue siendo más importante en cuanto al número total de trabajadoras.
Además, en todas las regiones, la proporción de trabajadoras era más alta que en la industria de los textiles. Los países de Oceanía sobre los que se dispone de datos ocuparon también el primer lugar, aunque su cuota bajó desde el 87 por ciento en 1980 al 82 por ciento en 1995. En Asia este porcentaje aumentó del 65 por ciento en 1980 a alrededor del 71 por ciento en 1995. En Africa se registró el porcentaje más bajo de mujeres, a pesar de que aumentó del 51 por ciento al 64 por ciento en el período 1980-1995. La cuota femenina de este sector se redujo en todas las regiones, pero en 1995 incluso en Europa, las Américas y Asia alrededor del 70 por ciento de los empleos del sector del vestido estaban ocupados por mujeres.
Al igual que en el caso de los textiles, los países asiáticos también eran los que daban más empleo a las trabajadoras en el sector del vestido. En 1995, en ellos se concentraba casi el 55 por ciento del número total de asalariadas. A continuación venían por orden decreciente los países americanos (un 24 por ciento), los países europeos (un 18 por ciento) y los países africanos (un 3 por ciento).
De los países sobre los que se dispone de datos, China es el principal empleador de mujeres en la industria del vestido (con inclusión de las mujeres que trabajan en la industria del calzado), pues en 1995 representaban el 20 por ciento del total mundial notificado de la industria del vestido. Le siguen Estados Unidos, Japón, México, Indonesia, Tailandia e Italia. Los seis principales países empleaban el 56 por ciento del número total notificado de mujeres que trabajaban en la industria del vestido de todo el mundo. El empleo de la mujer aumentó de manera muy considerable en Tailandia, Bangladesh y en los demás países asiáticos durante el período 1985-1995, mientras que se redujo en los Estados Unidos y el Japón.
La industria del vestido en Europa ha sido por tradición una industria predominantemente femenina, y sigue siéndolo en gran medida. Sin embargo, entre 1985 y 1995 el porcentaje de trabajadoras disminuyó del 81 por ciento al 76 por ciento. Si bien todos los países han registrado una reducción del empleo de la mujer, esta reducción es más visible en Europa occidental que en Europa central y oriental. Irlanda experimentó una de las más importantes reducciones del porcentaje de trabajadoras pues pasó del 94 por ciento en 1985 al 70 por ciento en 1995. En otros países los porcentajes se redujeron en menor medida, pero el número de empleos perdidos fue mucho más importante; en Austria, por ejemplo, el porcentaje de trabajadoras sólo disminuyó del 83 por ciento en 1985 al 78 por ciento en 1995, lo que supuso una disminución del número de trabajadoras de 48.000 a 10.000. En Italia se dio una reducción similar en porcentaje, que en números absolutos supuso la pérdida de los empleos de unas 80.000 trabajadoras. En Europa central y oriental se produjo incluso un ligero aumento del porcentaje de trabajadoras, que pasó del 87 por ciento en 1990 al 88 por ciento en 1995, a pesar de la disminución del número de trabajadoras. No obstante, la reducción del número de trabajadoras, en todos los países europeos las trabajadoras representaban el 70 por ciento del total en 1995, con excepción de Albania (un 34 por ciento).
En el Canadá y los Estados Unidos, el elevado porcentaje — alrededor de un 80 por ciento — de trabajadoras que había en 1980 ha ido disminuyendo en el período que se está examinando: en el Canadá se redujo al 65 por ciento en 1990 y en los Estados Unidos al 75 por ciento en 1995. Esto se reflejó en una disminución conjunta de 320.000 empleos femeninos en estos dos países. Esta disminución del empleo de la mujer, tanto en porcentajes como en cifras absolutas, se reflejó — aunque de manera menos espectacular — en toda la región. En Puerto Rico, pasó del 89 por ciento en 1990 al 86 por ciento en 1995, y en la Argentina, pasó del 74 por ciento en 1985 al 66 por ciento en 1995, lo que representó una disminución total de 15.000 puestos de trabajo ocupados por mujeres. En cambio, en Colombia se registró una disminución del porcentaje de trabajadoras, que pasó del 83 por ciento al 81 por ciento entre 1985 y 1995, pero al mismo tiempo la fuerza de trabajo femenina aumentó en este sector en 16.000 trabajadoras. Chile fue la excepción pues el empleo de la mujer aumentó en porcentaje y en cifras absolutas.
En Africa, las diferencias de porcentaje de trabajadoras en el sector del vestido que registran los distintos países eran similares a las de la industria de los textiles, aunque menos marcadas. Son ejemplo de ello la baja proporción de mujeres empleadas en Ghana, Kenya y Zimbabwe (menos del 31 por ciento en 1995), frente a las altas tasas de Marruecos (81 por ciento) y Mauricio (75 por ciento).
En Asia, las industrias del vestido de la India y Bangladesh registraron un aumento tanto del empleo total como del empleo de mujeres. De 1980 a 1995, el porcentaje de mujeres en el empleo aumentó del 23 por ciento al 49 por ciento en la India y del 17 por ciento al 69 por ciento en Bangladesh. Este incremento de la cuota femenina en el empleo total en la industria del vestido no se dieron en otros países de la región. En 1985 en la República de Corea, las mujeres ocupaban el 76 por ciento de los empleos en la industria del vestido, y ese porcentaje se redujo al 70 por ciento en 1995. Esto supuso una disminución de más de 50.000 trabajadoras en términos reales. En otros países se observaron evoluciones diferentes. Por ejemplo, si bien los porcentajes del empleo de la mujer en Sri Lanka se redujeron del 89 por ciento en 1985 al 87,7 por ciento en 1995, el número de trabajadoras aumentó en más de 50.000, al igual que aumentaron los niveles globales de empleo. Se observa una tendencia similar en Malasia, en donde los porcentajes se redujeron del 89 por ciento en 1985 al 82 por ciento en 1995, y en donde está aumentando el empleo de mujeres en el sector. Incluso en países en los que esta industria tiene un bajo porcentaje de mujeres tales como Nepal, se observó un importante aumento del número de mujeres, aunque el porcentaje disminuyó del 22 por ciento al 17 por ciento entre 1985 y 1995.
En 1985, el porcentaje de mujeres empleadas en el sector del calzado en todo el mundo era del 43 por ciento y, a diferencia de las tendencias que se observaron en la industria de los textiles y del vestido, aumentó hasta alcanzar un 46 por ciento en 1995.
Los países de Oceanía registraban el porcentaje más alto de puestos ocupados por mujeres en el período 1980-1990; pero en 1995, Europa había pasado a ocupar el primer lugar de la lista, con un 55 por ciento. Asia venía a continuación, con el 47 por ciento, seguida del continente americano, con el 39 por ciento y — mucho más atrás — Africa, con el 13 por ciento.
En los países asiáticos, el número de trabajadoras de la industria del calzado, no es tan alto como el registrado en las industrias de los textiles y del vestido. En esos países, el porcentaje de mujeres se elevaba al 45 por ciento en 1995, en los países europeos era del 35 por ciento y en los países del continente americano del 19 por ciento.
Los principales países que emplean a mujeres en la industria del calzado sobre los que se dispone de datos para el período que se está examinando son Indonesia, México, Italia, Portugal, Estados Unidos y la República de Corea. También en este caso China es probablemente el mayor empleador, pero no se dispone de datos separados sobre el empleo de mujeres en el sector del calzado. En 1995 la tercera parte del total mundial de mujeres empleadas en el sector del calzado se concentraba en Indonesia y los otros cinco países representaban, conjuntamente, casi el 30 por ciento de ese total.
En Europa se produjo un ligero incremento general de la parte porcentual correspondiente a la mujer en el empleo total, que pasó del 54,5 al 55,1 por ciento entre 1985 y 1995. En la mayoría de los países europeos las mujeres representaban por lo menos el 50 por ciento del empleo total de la industria del calzado en 1995, excepto en Irlanda (un 31 por ciento), los Países Bajos (un 33 por ciento), Albania (un 45 por ciento) y el Reino Unido (un 46 por ciento).
En la industria del calzado de las Américas se registró un incremento del porcentaje de mujeres, que pasó del 37 por ciento en 1985 al 39 por ciento en 1995, aunque disminuyó en 1990. Los países que en 1995 registraban un porcentaje superior a esta media eran los Estados Unidos con un 61,5 por ciento y Costa Rica con un 45 por ciento. Aunque las cifras correspondientes a los Estados Unidos sólo registraron una ligera disminución del porcentaje de trabajadoras, este porcentaje no indica la disminución numérica de las mujeres en el sector del calzado, que se redujo en un 50 por ciento. Entre 1990 y 1995, en algunos países de las Américas registraron aumentos en el porcentaje de empleo femenino. Los principales ejemplos son: Panamá, que pasó del 22 por ciento al 36 por ciento; en México, que pasó del 25 por ciento al 35 por ciento, y Colombia, que pasó del 36 por ciento al 39 por ciento, hecho que se debió principalmente a los aumentos del empleo real de la mujer.
En Asia se produjo un aumento generalizado de la tasa de empleo femenino en el sector del calzado, pero un análisis más detallado muestra tendencias distintas durante el período 1985-1995. En varios países disminuyó el porcentaje de trabajadoras, entre los cuales cabe citar: Bangladesh, Hong Kong, China, Jordania, Malasia y Filipinas. Si bien en el caso de Filipinas la reducción del porcentaje de mujeres se vio acompañado de un aumento del empleo real de la mujer en Hong Kong, China ocurrió lo contrario. Sin embargo, se produjeron importantes aumentos de los niveles de empleo de la mujer en otros países, por ejemplo, en la India, en donde se produjo el aumento porcentual más importante, pues pasó del 4 por ciento en 1985 al 28 por ciento en 1995. En Sri Lanka se registró un aumento similar del porcentaje de mujeres que trabajan para este sector, pues pasó del 27 por ciento en 1985 al 63 por ciento en 1995. Aunque el aumento porcentual del empleo de la mujer en la República de Corea se reflejó en un aumento del empleo real, no ocurrió lo mismo en Taiwán, China.
En Africa, la proporción de mujeres que trabajan en el sector del calzado fue muy baja durante el período que se está examinando, aunque está aumentando en algunos países. En Mauricio, aumentó del 34 por ciento en 1985 al 45 por ciento en 1995 y en Zimbabwe, del 1,7 por ciento al 3,5 por ciento. En cambio, en Kenya, el nivel ya de por sí bajo de mujeres que trabajan en este sector disminuyó del 5 por ciento al 0,8 por ciento en el período 1985-1995.
1.2.3. Mundialización y estabilidad en el empleo
Aunque sea difícil cuantificar las repercusiones de la mundialización de las industrias TVC en la creación neta de empleos (sobre todo por falta de simulaciones alternativas) se puede considerar que la reubicación de las actividades con elevado coeficiente de mano de obra en los países de costos salariales escasos ha tenido por efecto aumentar — o por lo menos estabilizar — la creación neta de empleos a nivel mundial.
A falta de estrategias de reubicación, las empresas de los países productores desarrollados han acentuado su tendencia a reemplazar por máquinas una mano de obra que ya les resulta demasiado cara. Esto es lo que ha ocurrido en los segmentos de producción que han permanecido en estos países. Se han realizado importantes inversiones, para mejorar la productividad y reducir la masa salarial, y el empleo total ha disminuido a causa de los progresos técnicos. En cambio, en los países en desarrollo (donde el costo de la mano de obra era más bajo) no ha sido necesario proceder a cambios técnicos de tal amplitud para reducir el número de trabajadores. La competitividad de las empresas se ha podido mantener gracias a los bajos salarios y a la utilización de máquinas y métodos de producción bien contrastados.
Lo que es cierto desde el punto de vista mundial, deja de serlo cuando se observa la evolución del empleo país por país. En efecto, aunque en general los países en desarrollo han visto progresar el nivel del empleo en las industrias TVC en los últimos 30 años (al tiempo que descendía en los países industriales), lo que caracteriza la evolución del empleo a nivel nacional es una gran inestabilidad. En el vestido y el calzado y — en menor medida — en los textiles, el empleo ha fluctuado mucho, según los años, en función de la evolución de las ventajas comparativas de cada país, así como de su situación en relación con la competitividad internacional. Las inversiones, los intercambios, y por consiguiente el empleo se han ido desplazando, por oleadas sucesivas, en función de la evolución relativa de los salarios y de otros costos de producción. Un país que resultaba atractivo para los inversores y compradores extranjeros en el sector del vestido en el decenio de 1970 o de 1980, ya no lo es necesariamente hoy en día. Y aunque lo sea, desde el punto de vista de los costos de producción puede haber perdido interés si no puede satisfacer las nuevas exigencias de calidad y respuesta rápida ante la evolución de los mercados. Este replanteamiento permanente de la competitividad internacional (que es ya una constante de los sectores TVC) hace que el empleo que se haya creado en un momento determinado y en un país concreto, no pueda considerarse como un activo a largo plazo. Todos los países en desarrollo — y en particular los que son muy dependientes del comercio internacional de productos TVC — están confrontados a una competencia muy intensa, en la que cada país productor se esfuerza por atraer a los inversores haciendo valer sus ventajas comparativas, y reforzándolas si es necesario por medio de medidas fiscales y parafiscales de incentivo. La competencia resulta especialmente intensa en las actividades con elevado coeficiente de mano de obra, en las que el nivel relativo de los salarios tiene una importancia decisiva en los procesos de reubicación. Como ha mostrado antes el análisis estadístico, los polos de desarrollo de producción y del comercio se desplazan permanentemente, llevándose tras ellos los empleos. Los países que más sufren por esta inestabilidad son aquellos en que las alternativas de desarrollo son escasas en caso de pérdida de competitividad. Se trata en general de los países menos desarrollados, que habían encontrado en las industrias TVC un medio privilegiado de promover su industrialización. Estos países han sido especialmente fragilizados por el ascenso de los criterios de calidad, que son los que condicionan actualmente el comercio de estos productos, y muchas veces han perdido cuotas de mercado (y por lo tanto, de empleo) por no haber podido adaptarse a estos nuevos criterios.
Hay actualmente países en los cuales el empleo parece haberse estabilizado o ir en aumento. Se podrían citar los casos de China, México, ciertos países de Europa central y oriental (PECO), Túnez y Marruecos. Pero de hecho, incluso en estos países, la aparente estabilidad del empleo que han generado las industrias TVC reposa en parte en unas condiciones coyunturales que podrían ir evolucionando en los años próximos. México se ha beneficiado del TLC, del mismo modo que Túnez y Marruecos sacan partido de los acuerdos comerciales y de una situación favorable para comerciar con los mercados europeos. Algunos PECO han sabido aprovechar la transformación de su economía, su proximidad con Europa occidental y las nuevas exigencias de «respuesta rápida» para ocupar los lugares que habían dejado vacíos ciertos productores asiáticos, demasiado alejados para poder avituallar el mercado europeo. Sin embargo, no sabemos si en los 10 años próximos otros criterios de competitividad reemplazarán a los criterios actuales y harán que otros países sean más «atractivos». Sólo China parece escapar a esta lógica de la inestabilidad, tal vez en razón de las extraordinarias posibilidades de su mercado interior, que la pone al abrigo de eventuales turbulencias exteriores.
La competitividad internacional depende de varios factores, cuya importancia relativa se basa en el tipo de producción y en las opciones de las empresas a favor de ciertas gamas de productos. Cuanto más se insiste en productos estandarizados (cuya fabricación exige mucha mano de obra), tanto más el peso relativo de los costos salariales resultará determinante para la competitividad. Pero, cualquiera que sea el nivel en que nos situemos en el proceso de producción, las empresas TVC han de ser suficientemente flexibles para poder responder a un mercado en mutación permanente. Esta necesidad de flexibilidad es una constante, tanto en el sector textil como en el del calzado. La moda evoluciona cada vez más deprisa, y condiciona el conjunto del proceso de producción. Para responder a esta necesidad, las empresas adaptan sus técnicas de producción, sus modos de organización del trabajo y la gestión de las existencias. Suelen aprovechar además la flexibilidad laboral por medio de diversas estrategias compatibles con la legislación en vigor.
La primera estrategia (utilizada por la mayor parte de las empresas de los países industriales y por un número creciente de grandes empresas de los países en desarrollo) consiste en desembarazarse de las actividades que exigen más flexibilidad, confiándolas a subcontratistas. La subcontratación puede ser nacional o internacional, directa o indirecta, «en cascada» (cuando un subcontratista confía — total o parcialmente — el encargo que ha recibido a otro u otros subcontratistas; pero, en todos los casos, la empresa que ha hecho el encargo (ya se trate de una empresa del ramo o de una cadena de distribución) descarga la responsabilidad de la flexibilidad en los subcontratistas. Habida cuenta de la importancia del fenómeno de la subcontratación internacional (sobre todo en los sectores del vestido y el calzado) se puede considerar que ha habido, en los últimos 20 ó 30 años, una redistribución de las actividades TVC que ha tenido por efecto acrecentar las presiones en favor de la flexibilidad en los países en desarrollo y en los países en transición. Allí es donde las empresas tienen que adaptarse más, ajustando sus prácticas de trabajo para satisfacer las exigencias de los mercados.
Ello no obstante, esta necesidad de una mayor flexibilidad existe también en los países industriales y afecta las prácticas relativas a los contratos de trabajo. En Europa, por ejemplo, esta problemática queda perfectamente ilustrada por las informaciones suministradas por la dirección social de la Federación Belga de Textiles (FEBELTEX). La FEBELTEX, en su respuesta al cuestionario enviado por la OIT para la preparación de la presente reunión, advierte que si bien en la industria textil los contratos de trabajo a tiempo completo siguen siendo la norma, se constata sin embargo una t