Ver eslabón del texto
abajo.

Las iniciativas voluntarias que tienen consecuencias para la formación y la educación en materia de seguridad, salud y medio ambiente en las industrias químicas
Informe para el debate de la Reunión tripartita sobre las iniciativas voluntarias que tienen consecuencias para la formación y la educación en materia de seguridad, salud y medio ambiente en las industrias químicas
Ginebra, 22-26 febrero de 1999
Oficina Internacional del Trabajo Ginebra
Para comprar este documento, clique aqui
Copyright ® 1999 Organización Internacional del Trabajo (OIT)
1. Las iniciativas voluntarias en materia de salud, seguridad y medio ambiente
1.1. ¿Qué son las iniciativas voluntarias?
1.2. ¿Por qué hay iniciativas voluntarias en las industrias químicas?
1.3. Tipos de iniciativas voluntarias
1.4. Las relaciones entre la planificación de las iniciativas voluntarias y las normas
2. Iniciativas de las industrias químicas
2.1.1. Estructura de la iniciativa Conducta Responsable
2.1.2. Situación de Conducta Responsable en todo el mundo
2.1.3. Reconocimiento de CR por parte de los empleados y de la opinión pública
2.1.4. El compromiso de los trabajadores con CR
2.1.5. Indicadores de la eficacia de CR
2.2. Distribución Responsable/Conducta Responsable
2.3. Gestión de Revestimientos
2.4. La iniciativa para la Utilización Mundial Segura de los Plaguicidas
3.2. La formación y educación en el plano de las empresas y de las fábricas, comprendidas las PYME
3.2.1. Formación para la dirección
3.2.2. Formación de los trabajadores manuales
3.2.3. Representantes sindicales y de los trabajadores
3.2.4. Formación de los subcontratados
3.2.5. El papel de la pequeña y mediana empresa (PYME)
3.3. Las actividades de formación y educación en las asociaciones mercantiles
3.3.1. Concienciación de la industria
3.3.2. La función de las asociaciones mercantiles en los países en desarrollo y en los países de rápida industrialización
3.4. Formación y educación en materia de distribución y suministros químicos
4. Resumen y puntos de discusión
Lista de gráficos y recuadros:
Recuadro 1.1. Condiciones adecuadas para los acuerdos sobre medio ambiente
Recuadro 1.2. Informes empresariales sobre salud, seguridad y medio ambiente
Recuadro 1.4. Principales diferencias entre el EMAS y la ISO 14001
Recuadro 1.5. Las relaciones entre Conducta Responsable, el EMAS y la ISO 14001
Recuadro 2.1. Criterios de afiliación y apoyo a CR
Recuadro 2.2. ¿Cómo aplican las empresas la iniciativa CR? El punto de vista de un directivo 35
Recuadro 2.3. El Foro mundial sobre la química del cloro
La última reunión sectorial tripartita de la OIT que se ocupó de las industrias químicas se celebró en 1995 y adoptó una resolución en la que solicitaba del Director General que convocase una próxima reunión sobre las industrias químicas para «estudiar los programas creados a raíz de iniciativas voluntarias como los programas de «Cuidado Responsable», en tanto en cuanto dichos programas afectan a la formación y la educación en seguridad, salud y medio ambiente»(1). El Consejo de Administración, en su 267.ª reunión (noviembre de 1996) dio su apoyo a la recomendación e inscribió en el Programa de reuniones sectoriales para 1998-1999 una Reunión tripartita sobre «Iniciativas voluntarias que tienen consecuencias para la formación y la educación sobre seguridad, salud y medio ambiente» en las industrias químicas(2).
La justificación de esta Reunión, tal como se declara en el documento que tuvo ante sí el Consejo de Administración, era la siguiente:
Esta propuesta se refiere sobre todo al programa Cuidado Responsable, que es una importante iniciativa voluntaria de los empleadores de todo el sector industrial para «actuar con responsabilidad» y que se vea. Se estimó importante hacer hincapié en particular en los aspectos de dicho programa relacionados con la formación y la educación, ya que se considera que una de las principales amenazas para la rentabilidad de la industria y para las perspectivas de trabajo es la falta de comprensión de las cuestiones de educación en materia de salud y seguridad por parte de la fuerza de trabajo, de las comunidades donde se encuentran las fábricas químicas y del público en general(3).
El Consejo de Administración definió el objeto de la Reunión en los términos siguientes:
Intercambiar opiniones sobre iniciativas voluntarias relacionadas con la formación y la educación acerca de la seguridad, la salud y el medio ambiente en las industrias químicas; adoptar conclusiones que incluyan propuestas de acción futura; y adoptar un informe sobre la discusión de estas cuestiones. La Reunión también podrá adoptar resoluciones(4).
Asimismo, se decidió que los representantes empleador y trabajador a la Reunión serían nombrados sobre la base de las designaciones efectuadas por los respectivos Grupos del Consejo de Administración.
Los gobiernos de los 23 países siguientes han sido invitados a participar en la Reunión: Alemania, Argentina, Armenia, Brasil, República Checa, China, Dinamarca, Egipto, Estados Unidos, Hungría, India, Italia, Japón, Marruecos, México, Nepal, Noruega, Países Bajos, Pakistán, Reino Unido, Federación de Rusia, Sudáfrica y Turquía. Los gobiernos siguientes quedaron inscritos en una lista de reserva de la que se escogerían los sustitutos en el caso de que un gobierno de la primera lista declinase la invitación o no respondiese: Argelia, Barbados, Chile, Emiratos Arabes Unidos, Finlandia, Ghana, República Islámica del Irán, Nicaragua, Rumania, Suiza, Tailandia y Túnez.
Este informe ha sido preparado por la Oficina Internacional del Trabajo para que sirva de base a las discusiones de la Reunión. Ha sido elaborado por Peter Hurst, especialista en seguridad y salud profesionales de la OIT, bajo la responsabilidad de John McLin, especialista principal de cuestiones industriales del Departamento de Actividades Sectoriales de la OIT. Se publica bajo la autoridad de la Oficina Internacional del Trabajo. En respuesta al requerimiento efectuado por la última reunión sectorial, se publicó un primer documento, con menos formalidades, sobre las iniciativas voluntarias, que consistió en un documento de trabajo del Programa de Actividades Sectoriales(5), y recibió una gran difusión; en el presente informe se han tenido en cuenta los comentarios que se recibieron durante este ejercicio. Otras informaciones han sido suministradas o recabadas por las organizaciones de empleadores y de trabajadores que actúan en este sector. En particular, se han recibido importantes aportaciones del Consejo Europeo de la Industria Química (CEFIC), tanto a título propio como en sus funciones de secretariado del Consejo Internacional de Asociaciones Químicas (ICCA); por la Comisión de Relaciones Laborales de la Industria Química; y, por parte de los trabajadores, por la Federación Internacional de Sindicatos de Trabajadores de la Química, Energía, Minas e Industrias Diversas (ICEM).
Documentar la relación entre las iniciativas voluntarias y la formación y educación en relación con la salud, seguridad y medio ambiente no es cosa fácil, y ello por diversas razones. En primer lugar, porque la experiencia de las iniciativas voluntarias es relativamente reciente y no todos los países o regiones han participado igualmente en ellas. En segundo lugar, porque entre las actividades de formación llevadas a cabo por las industrias químicas sobre la salud, seguridad y medio ambiente, resulta difícil identificar cuáles se pueden atribuir específicamente a las iniciativas voluntarias o cómo han sido modificadas las actividades de formación que ya existían a medida que las empresas y las asociaciones empresariales se han ido comprometiendo en las iniciativas voluntarias. Otra dificultad se refiere a la recopilación de datos y a la información que se hace a partir de ahí. El objetivo último de la formación y educación sobre salud y seguridad en el medio ambiente en el contexto de las iniciativas voluntarias consiste en mejorar la eficacia en estos terrenos tal como se puede medir, por ejemplo, por medio de una disminución de los accidentes con baja, de la reducción de los escapes que implican polución, etc. La industria está acopiando datos sobre ello y desarrollando indicadores para medir estas mejoras en la eficacia conseguida en el terreno de la salud, seguridad y medio ambiente. Estas mejoras no se consiguen necesariamente acopiando muchos datos o haciendo informes sobre los medios para mejorar (en este caso, sobre la formación y la educación), de modo que en algunos aspectos hay incluso pocos datos que sean realmente pertinentes. No obstante, el informe se presenta con la esperanza de que pueda servir de base satisfactoria a los debates de la Reunión.
Notas
1. OIT: Comisión de Industrias Químicas, undécima reunión: Nota sobre las labores, Ginebra, 1995, resolución (núm. 69) sobre la labor futura de la OIT en las industrias químicas, apartado 2), b), pág. 58. En el presente informe, a los programas que en inglés se denominan Responsible Care se les llamará «Conducta Responsable» (CR).
2. Documento GB.267/11, párrafo 16.
3. Documento GB.267/STM/1: Programa de reuniones sectoriales para 1998-1999 (noviembre de 1996), pág. 4, A.2.
4. Documento SM/1997/D.1: Programa de reuniones sectoriales para 1998-1999, TMCI/1999 (junio de 1997), pág. 21.
5. Kevin Munn: Responsible Care and related voluntary initiatives to improve enterprise performance on health, safety and environment in the chemical industry, documento de trabajo del Programa de Actividades Sectoriales, núm. 109 (sólo en inglés), Ginebra, 1997.
1. Las iniciativas voluntarias en materia de salud, seguridad y medio ambiente
Cada vez son más frecuentes las iniciativas voluntarias, es decir, unos códigos de conducta u otras iniciativas empresariales no prescritas por la ley, que tratan de la eficacia de las empresas en relación con la salud profesional, la seguridad, el medio ambiente y otras cuestiones afines. Actualmente, se tiende a pensar que estas iniciativas voluntarias constituyen un nuevo instrumento de administración y política para abordar los problemas de salud, seguridad y medio ambiente, de modo que ya no son sólo las empresas quienes las fomentan sino también los gobiernos, con frecuencia faltos de recursos y que ven en esta combinación de reglamentación oficial e iniciativa privada un modo de obtener mejores resultados con más eficiencia y eficacia en función del costo que si se actuara únicamente por medio de una reglamentación basada en «mandar y controlar». Otros grupos, como los sindicatos, están prestando una atención creciente a estas iniciativas voluntarias y a las funciones que pueden desempeñar dentro de este marco. Las industrias químicas han desempeñado un papel puntero en la promoción de las iniciativas voluntarias, por las razones que se tratan con más detalle en la sección 1.2.
1.1. ¿Qué son las iniciativas voluntarias?
El término iniciativas voluntarias puede entenderse de varias maneras. Un reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) sobre los códigos de conducta voluntarios de las industrias en relación con el medio ambiente, advierte:
Se están empleando diversos términos para describir las iniciativas voluntarias para la protección del medio ambiente, y así se habla de cartas medioambientales, principios medioambientales, orientaciones sobre el medio ambiente, códigos de prácticas medioambientales, códigos de ética medioambiental y compromiso medioambiental. Cada uno de ellos puede tener diversas implicaciones de carácter cultural, lingüístico, contextual, político y jurídico, y sus definiciones pueden incluso adoptar unos significados diferentes según sea el contexto. Incluso en un solo país, el mismo término puede tener distintos significados(1).
Más tarde, un suplemento(2) a este informe del PNUMA afirmó que el término «iniciativas voluntarias» comprende las categorías siguientes:
Un informe que compara las iniciativas voluntarias en Austria y el Reino Unido(3) enumera los siguientes tipos de programas voluntarios:
(Todos estos ejemplos se explican más adelante.)
Hay cierta discrepancia sobre si los «acuerdos voluntarios» son realmente voluntarios, puesto que pueden implicar compromisos jurídicos entre la industria y el gobierno. De ello se trata con más detalle en la sección 1.3.
En la práctica, las iniciativas voluntarias pueden ser desde unos acuerdos en los que las partes (generalmente las empresas o sus asociaciones) establezcan sus propios objetivos y se hagan a veces cargo de su propia supervisión e información, hasta unas iniciativas que alcancen un entendimiento entre un organismo sin fines lucrativos (por ejemplo, una instancia gubernamental, una asociación cívica o una organización no gubernamental) y otra parte con fines de lucro (una asociación industrial o cualquier otra empresa). La intención expresa de los dos tipos de iniciativa suele ser la misma: estimular a sus miembros para que mejoren voluntariamente su respeto del medio ambiente o su eficacia general en materia de salud, seguridad y medio ambiente. Las premisas implícitas son que «si se patrocina una evolución cultural a largo plazo en la administración de las empresas, se pueden conseguir unos enfoques voluntarios más ambiciosos que ciertas reglamentaciones estatales para fomentar el respeto del medio ambiente o la eficacia [en materia de salud, seguridad y medio ambiente] por parte de las industrias»(4). Una característica fundamental que todas estas iniciativas tienen en común es que tratan de aprovechar las fuerzas del mercado para mejorar su eficacia y sus niveles de calidad.
El presente informe de la OIT se apoya en una definición amplia del término «iniciativas voluntarias», basándose en la premisa de que los intentos generales y los resultados de las iniciativas voluntarias de las industrias son más importantes que su definición precisa. Por lo tanto, abarca las iniciativas de las empresas y de todo el sector, los acuerdos medioambientales entre el gobierno y un ramo industrial y los sistemas de gestión medioambiental.
Este informe (como el informe del PNUMA), aunque reconoce que ya se admite en casi todos los países que hay que ir cada vez más a una combinación de medidas reglamentarias y voluntarias en los sistemas de gestión de la salud, la seguridad y el medio ambiente, se basa en la premisa de que «los códigos voluntarios no pueden ser eficaces si carecen de un adecuado marco reglamentario y de políticas a seguir, así como de un compromiso oficial»(5). Esta postura es coherente con varias normas internacionales del trabajo y con las conclusiones de varias reuniones tripartitas.
Los programas voluntarios constituyen sólo uno de los aspectos de la estrategia general de protección de la salud, la seguridad y el medio ambiente, que comprende toda una gama de políticas y programas. Tienen ventajas importantes, pero presentan también ciertos problemas concretos de los que hay que ser consciente para llevarlos debidamente a la práctica(6). Las ventajas que tienen, y que hacen de ellos unos instrumentos muy eficaces para la aplicación de las políticas, son las siguientes:
Las limitaciones de estos programas voluntarios (que están en relación con su dependencia de las fuerzas del mercado), son las siguientes:
1.2. ¿Por qué hay iniciativas voluntarias en las industrias químicas?
Las industrias químicas han sido un sector puntero en la introducción de las iniciativas voluntarias, y ello puede atribuirse a su necesidad de mejorar la percepción pública de su eficacia en el campo de la salud y seguridad (tanto profesional como pública) así como en la prevención y control de la polución. Generalmente, las industrias químicas tienen mala imagen y la opinión pública no tiene demasiada confianza en ellas, por la creciente polución química que hay en muchas partes del mundo y por la serie de desastres mayores de origen químico que han tenido gran resonancia, como los de Seveso, Bhopal y Basilea. Por todo ello, estas industrias temían un aumento de la intervención estatal, la condena de la opinión pública, una dificultad creciente para contratar personal de primera calidad y, en algunos países, una amenaza constante de demandas judiciales.
Como dijo el articulista de una revista de las industrias químicas: «Las propias industrias químicas están persuadidas de que tienen mala reputación ante la opinión pública»(8). El Consejo Europeo de la Industria Química (CEFIC) ha llevado a cabo una serie de sondeos sobre la actitud de la opinión pública en relación con estas industrias, especialmente dirigidos a evaluar las repercusiones de la Conducta Responsable sobre la actitud de la opinión pública. El sondeo de 1994, que se basaba en una muestra de 7.300 personas en Bélgica, Francia, Italia, los Países Bajos, España y el Reino Unido(9), puso de manifiesto que -- a pesar de una cierta mejora -- las industrias químicas seguían teniendo mala reputación ante la opinión pública. Sólo un 39 por ciento emitió una opinión positiva, por comparación con el 56 por ciento de opiniones positivas en favor de la industria del automóvil, de un 74 por ciento en favor del sector alimenticio y de un 80 por ciento en favor de la industria de las telecomunicaciones. Sólo un 46 por ciento de los encuestados estuvo de acuerdo con la afirmación de que estas industrias «merecen confianza». Sólo un 24 por ciento estuvo de acuerdo con la afirmación de que estas industrias «informan al público honrada y abiertamente». Un 88 por ciento de la opinión pública deseaba que las industrias químicas estuviesen controladas por «unas reglamentaciones mucho más estrictas», cifra que presenta pocos cambios de un país a otro, y que oscila entre el 81 por ciento en Alemania hasta el 92 por ciento en España. Pero un 50 por ciento estaba de acuerdo en que las empresas químicas estaban «informando al público de manera más objetiva y abierta» que dos años antes, y dos tercios aceptaban la afirmación de que estas industrias «estaban haciendo unos esfuerzos para controlar la polución mucho mayores que hace dos años».
El sondeo de 1996 del CEFIC (basado en una muestra de 7.000 personas), puso de relieve que en Bélgica, Francia, Italia, los Países Bajos, España y el Reino Unido las opiniones habían cambiado poco desde el sondeo de 1994. Los resultados principales fueron los siguientes:
En el Reino Unido, los sondeos de opinión llevados a cabo por la Asociación de la Industria Química (CIA) han puesto de relieve que en el decenio de 1980 se produjo una baja de la confianza de la opinión pública en las industrias químicas, que pasó de un 40 por ciento de opiniones favorables en 1980 a sólo un 20 por ciento en 1990. Un sondeo de 1989 dio como resultado que la industria química estaba a punto de tocar fondo en el favor de la opinión pública; sólo las centrales nucleares estaban peor situadas(11). Una encuesta realizada por la CIA en 1998 sobre una muestra de 4.028 personas, dio como resultado que un 23 por ciento de ellas tenía una opinión desfavorable y un 23 por ciento la tenía favorable; aproximadamente un 50 por ciento no tenía opinión definida en uno u otro sentido(12).
En 1992, se llevó a cabo en los Estados Unidos un sondeo de opinión a cargo de la Asociación de Fabricantes de Productos Químicos (CMA), en la que la industria química obtuvo sólo un 25 por ciento de opiniones favorables, situándose incluso por debajo de la industria nuclear, que alcanzó un 35 por ciento. En 1993, el porcentaje volvió a ser de un 25 por ciento de opiniones favorables, al tiempo que un 35 por ciento de los encuestados tenía una opinión desfavorable y un 40 por ciento estaba indeciso. La mejoría que se produjo en 1993 fue atribuida por la CMA a los programas de información de las industrias, así como a la iniciativa Conducta Responsable(13). En 1991, la CMA empezó una campaña de superación para comunicar con la opinión pública en relación con las actividades de CR de las industrias, y mejorar la percepción pública de las industrias químicas. Otro sondeo de 1993 llegó a una conclusión parecida, en el sentido de que se había producido «un cambio bastante intenso en la opinión pública»; el 10 por ciento de los encuestados, a los que el sondeo Roper consideraba como ciudadanos influyentes de los Estados Unidos, mostró una posición más favorable en relación con las industrias químicas(14). Este cambio ha seguido adelante. Según el informe de Conducta Responsable llevado a cabo por la CMA en 1997, esta campaña de superación puso fin a una baja continua durante 25 años en la opinión pública general respecto a las industrias químicas(15).
Desde el decenio de 1980, las industrias químicas de casi todas las partes del mundo han estado desarrollando iniciativas para mejorar voluntariamente su eficacia en relación con la salud, seguridad y medio ambiente y para hacerlo visiblemente, con lo que esperan remontar la mala opinión que existe sobre ellas. Estos programas, iniciados por las industrias, que se describen en el capítulo 2 se dirigen a una mejora continua de la actuación en el ámbito de la salud, seguridad y medio ambiente en el plano nacional, regional y mundial. Además, estas industrias se han fijado el objetivo de comunicar y -- en algunos casos -- demostrar por medio de una verificación a cargo de una parte tercera, que las mejoras son auténticas y no sólo un «truco de relaciones públicas».
Estas iniciativas son generalmente consideradas por la industria como parte de su compromiso ante el objetivo del desarrollo sostenible, un concepto que fue adoptado por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD) en 1992 y que fue promovido en todo el mundo por medio del Programa 21(16). En su documento de establecimiento de criterios sobre el desarrollo sostenible, el Consejo Internacional de Asociaciones Químicas (ICCA), dice:
el compromiso de la industria química mundial con el concepto de desarrollo sostenible requiere que las palabras se traduzcan en unos programas de acción específicos para cada empresa, para brindar un marco a todos los que trabajan en este sector. Su iniciativa «Conducta Responsable», los sistemas de autocontrol y otros programas voluntarios, como Tecnología Sostenible (SUSTECH), las asociaciones de educación e industria, y los programas de ahorro de energía, forman también parte de este contexto. Por lo tanto, las empresas tienen que hacer frente también a nuevos desafíos y tienen que actuar de manera responsable. Tienen que ser responsables de su actuación en la sociedad y de su influencia para las generaciones futuras(17).
Pero puede darse el caso de que no todas las empresas de un país determinado se unan a una iniciativa voluntaria de peso, y esto es lo que suele ocurrir con las pequeñas y medianas empresas (PYME). De ahí la importante función que desempeñan las asociaciones empresariales nacionales para incitar a una elevación del nivel en todas las empresas, estimulando a las industrias rezagadas y tratando de evitar que haya una «oveja negra» que siga dando mala fama a todo el ramo industrial, auque la mayoría de las empresas estén tratando de mejorar su eficacia de manera activa y voluntaria.
La presión en favor de las iniciativas voluntarias proviene también de otras fuentes. El gobierno desempeña un doble papel. En primer lugar, la amenaza cada vez mayor de una legislación estatal, respaldada por una opinión pública hostil a las industrias químicas, constituye una verdadera fuerza motriz. Las industrias químicas se han dado cuenta de que para salir al paso de esta amenaza tienen que demostrar que los programas voluntarios pueden funcionar bien y ser eficaces en función del costo. La Asociación de la Industria Química (VCI) de Alemania, por ejemplo, dice que para reducir la intervención gubernamental en la gestión medioambiental, primero se tiene que aumentar la concienciación en Conducta Responsable. Espera conseguir esto a través del diálogo con la Comisión Europea y los gobiernos de los Länder alemanes. Como dice el coordinador de Conducta Responsable de la VCI «nuestro objetivo es hacer que los políticos y los participantes vayan en el mismo barco más bien que lo contrario»(18). En segundo lugar y al mismo tiempo, respecto a la reglamentación de la salud, seguridad y medio ambiente, los gobiernos han estado apartándose de los modelos de mando y control para acercarse a otros más orientados hacia los objetivos, en los que ambas partes (el gobierno y las industrias) se ponen de acuerdo en unos objetivos y calendarios comunes, dejando los métodos de realización a los sectores industriales y a las propias empresas. En la sección 1.3 se trata de este tema, y se aportan ejemplos. Es cierto que en algunas circunstancias, las industrias ven estas iniciativas voluntarias como un sucedáneo de reglamentación, como se puede comprobar en una declaración de la ICCA en 1996 ante el Foro Intergubernamental de Seguridad Química:
La ICCA trata además de buscar la comprensión de los gobiernos nacionales de la labor que estamos haciendo y de la importancia fundamental de las iniciativas voluntarias de las industrias para complementar y, cuando sea oportuno, reemplazar la reglamentación protegiendo así la salud humana y el medio ambiente(19).
Otra importante fuente de presión para adoptar iniciativas voluntarias es la tendencia a unos sistemas y normas de gestión independientemente aprobados, a las que las empresas se adhieren libremente y aplican voluntariamente para mejorar su eficacia en la salud, seguridad y medio ambiente y también para mejorar su propia imagen. Estos sistemas están teniendo unas repercusiones cada vez mayores en la eficacia de las empresas y del ramo industrial en todo el mundo. Los sistemas y normas de la Organización Internacional de Normalización (ISO) han ido evolucionando a partir de unos sistemas de gestión de la calidad, al tiempo que el Sistema Comunitario de Gestión y Auditoría Medioambientales (EMAS) de la Unión Europea, supone también una verificación certificada y susceptible de informe por parte de una parte tercera.
En resumen, las tres consideraciones de reglamentación gubernamental, mala reputación ante la opinión pública y (en ciertos casos) demandas judiciales, han conducido a iniciativas voluntarias como Conducta Responsable. Esto ha tenido a su vez efectos en la manera en que estas industrias han adoptado estas iniciativas. Cada iniciativa ha generado expectativas y ha brindado una plataforma a los participantes y a los críticos de las industrias para señalar las limitaciones de las iniciativas voluntarias. Ello ha dado a su vez lugar a unos esfuerzos para que las iniciativas voluntarias que existen sean más completas y/o transparentes, y para complementarlas con otras que aborden cuestiones afines. Y no hay indicios de que este proceso se esté acabando.
1.3. Tipos de iniciativas voluntarias
Este informe divide las iniciativas voluntarias de las industrias químicas en las categorías que se enumeran a continuación y que dan una descripción general de cada una de ellas, con especial atención a la formación y la educación cuando se pueda disponer de tales informaciones:
|
Condiciones adecuadas para los acuerdos sobre medio ambiente |
|
Los acuerdos sobre medio ambiente son muy adecuados para:
La aplicación es más efectiva cuando:
|
|
Fuente: Informe de la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA), 1997: Environmental agreements - Environmental effectiveness. AEMA - Copenhague (Dinamarca), Environmental Issues Series núm. 3, vol. 1, resumen. |
1.3.1. Iniciativas de las industrias
Las principales iniciativas de las industrias de las que se trata en este informe son: Conducta Responsable, Gestión y Distribución Responsables, Gestión de Revestimientos y la iniciativa para la Utilización Mundial Segura de los Plaguicidas. Conducta Responsable y Gestión de Revestimientos se ocupan de la fabricación de productos químicos y de revestimientos. Conducta Responsable (CR) es la iniciativa que lleva más tiempo en todo el ramo industrial, ya que se inició en Canadá en 1984 y abarca actualmente los programas nacionales de unos 40 países. Gestión de Revestimientos es más reciente, y no fue plenamente operativa hasta 1997-1998; de momento, poco es lo que se puede decir de ella respecto a su influencia en la formación y educación en materia de salud, seguridad y medio ambiente. Los distribuidores comerciales han elaborado un programa propio, que se presenta con el nombre de Distribución Responsable o de Conducta Responsable, según si el país de que se trate ha firmado o no un acuerdo de asociación con la correspondiente asociación de fabricantes de productos químicos que representa en ese país el programa Conducta Responsable. El ámbito geográfico del mencionado programa es más restringido que el que tiene CR para la industria, pues se limita a los distribuidores de América del Norte, Europa y Japón. La industria de plaguicidas ha elaborado una iniciativa para la Utilización Mundial Segura de los Plaguicidas, que abarca centenares de proyectos independientes, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo. Tres de estos proyectos, con el título de proyectos piloto para la Utilización Segura de los Plaguicidas, brindan formación voluntaria a los usuarios y distribuidores comerciales de los productos plaguicidas agrícolas de los países en desarrollo; estos proyectos se examinan en el capítulo 2.
Estos esfuerzos a nivel de todo el ramo industrial son las iniciativas voluntarias más avanzadas entre todas las que se examinan en el presente informe. Disponen de un amplio apoyo de su ramo industrial, así como de la experiencia que les permite informar mejor en relación con la formación y educación en salud, seguridad y medio ambiente. Estas iniciativas se tratan con más detalle en el capítulo 2. El resto de este capítulo se dedica a las demás iniciativas, en particular a los acuerdos medioambientales y a los sistemas y normas de gestión medioambiental que son más novedosos y que se están aplicando en muchas empresas y países; por lo tanto, hay que tener en cuenta que hay menos datos experimentales sobre sus repercusiones en la formación y educación en salud, seguridad y medio ambiente. El informe empresarial sobre salud, seguridad y medio ambiente corresponde a otra categoría de las iniciativas voluntarias iniciadas por las industrias, que se aborda brevemente en el recuadro 1.2.
1.3.2. Acuerdos sobre medio ambiente
El término «acuerdos sobre medio ambiente» que se utiliza en este informe abarca los compromisos adquiridos por las empresas y por las asociaciones sectoriales como resultado de negociaciones con las autoridades públicas, o bien explícitamente reconocidos por las autoridades. Esta definición es la que usa la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) de la Unión Europea, región en que tales acuerdos son corrientes. En 1996, por ejemplo, se celebraron en la UE más de 300 acuerdos sobre medio ambiente a nivel nacional, actualmente reconocidos por las autoridades nacionales de los países de la UE. Se informa que todos los países de la UE tienen acuerdos sobre medio ambiente. Los Países Bajos son los más adelantados, con más de 100 acuerdos ya en funcionamiento. Muchos de estos acuerdos que se están aplicando actualmente en los países de la UE se sitúan en sectores muy afectados por la polución, como el sector del metal y de acabados metálicos, productos químicos, energía y transportes que reúnen más del 20 por ciento de la cifra total de acuerdos sobre medio ambiente que están ya funcionando en el sector químico. Además, esta cifra de 300 acuerdos sobre el medio ambiente puede resultar engañosamente baja porque excluye los acuerdos sobre medio ambiente que ya han sido concluidos por las autoridades locales dentro de cada Estado(20).
|
Informes empresariales sobre salud, seguridad y medio ambiente |
|
Dentro del nuevo planteamiento de las cuestiones de salud, seguridad y medio ambiente, las empresas están publicando y distribuyendo cada vez más unos informes empresariales sobre el medio ambiente, que se están convirtiendo en un medio de comunicación fundamental de la eficacia medioambiental de las empresas, y para explicar sus sistemas de gestión medioambiental, el principio de responsabilidad empresarial y la aplicación de unos códigos de conducta voluntarios para la industria. Los informes exteriores están vinculados integralmente con la creciente serie de instrumentos de gestión medioambiental, como la verificación, el análisis del ciclo de vida y la contabilidad de costo completo. El informe empresarial sobre el medio ambiente suele ser uno de los resultados del sistema de información sobre salud, seguridad y medio ambiente a nivel de toda la firma y es apoyado por un sistema más amplio de comunicaciones, entre ellas otros aspectos del desarrollo sostenible. En 1994, el Centro de Programación de Actividades Industriales y Medio Ambiente, del PNUMA, publicó un estudio sobre los informes empresariales del medio ambiente basándose en la evaluación de 100 informes empresariales de empresas enteras, en el que determinaba la siguiente estructura y puntos para información en los informes empresariales. Los tres temas fundamentales de la gestión empresarial del medio ambiente, son:
Asimismo, se identifican cinco estadios de comunicación empresarial sobre el medio ambiente: ESTADIO 1: Folletos ecologistas, boletines de información y vídeos; Breve declaración en el informe anual. ESTADIO 2: Informe especial sobre el medio ambiente (con frecuencia vinculado a la primera declaración formal de políticas a seguir). ESTADIO 3: Informe anual, vinculado al sistema de gestión medioambiental, pero con más texto que cifras. ESTADIO 4: Suministro anual de datos completos sobre la eficacia obtenida para evitar los escapes y transferencias de polución, en forma de registro1; Datos de insumos insertados para las empresas de empleo;
ESTADIO 5: Informe sobre desarrollo sostenible;
El objetivo es que no haya pérdida neta de capacidad;
De las 100 compañías analizadas:
El informe concluye que «el estadio 5 parece que es el próximo objetivo de la comunidad empresarial internacional». |
|
1 Los registros de escape y transferencia de polución (PRTR) son sistemas de seguimiento de la utilización de productos químicos, así como de su transferencia y escape, que registran los datos químicos específicos y normalizados sobre las emisiones industriales de sustancias tóxicas en el aire, el agua y el suelo (comprendidas las descargas fuera del establecimiento) de las instalaciones industriales que causan polución, tanto si son privadas como municipales o estatales, la información suministrada por la industria se dirige a una difusión pública activa y periódica entre las comunidades locales, los administradores industriales, las instancias decisorias gubernamentales y los inversores. Fuente: PNUMA: Corporate Environmental Reporting Study (gráfico 2, pág. 18 y siguientes). |
Este mismo informe de los acuerdos sobre medio ambiente de la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) advierte que:
desde finales del decenio de 1980 se ha observado un creciente recurso a los acuerdos sobre medio ambiente como instrumentos políticos en los Estados miembros de la Unión Europea, especialmente en la industria y en la gestión de desperdicios. Este enfoque de gestión medioambiental refleja las tendencias actuales de consenso y procesos de participación en la política pública y complementa el enfoque tradicional de ordenar y controlar. Los acuerdos sobre medio ambiente reflejan tanto el desarrollo de las responsabilidades compartidas como la integración de las consideraciones medioambientales en las estructuras de gestión de la empresa(21).
Sin embargo, el informe de la AEMA advierte que no hay una definición fija de lo que son los «acuerdos sobre medio ambiente», que se conocen también como «acuerdos voluntarios», «acuerdos negociados» o «pactos». De hecho, el término abarca distintos tipos de acuerdos que van desde los «códigos de conducta voluntarios» hasta los acuerdos jurídicamente vinculantes(22). Del mismo modo, la comunicación de la Comisión Europea acerca de los acuerdos sobre medio ambiente declara que pueden ser jurídicamente vinculantes con obligaciones para ambas partes o que pueden ser unos «acuerdos entre caballeros» no vinculantes que adopten la forma de un compromiso unilateral reconocido por las autoridades públicas(23). La Comisión Europea argumenta que, por más que esta manera de decir esté muy difundida, llamar «voluntario» al acuerdo se presta a confusiones y hace pensar en un retroceso en relación con la reglamentación. Considera que son preferibles y más precisos los términos de pacto, acuerdo negociado o acuerdo medioambiental(24). Advierte además que los acuerdos sobre medio ambiente son apreciados porque fomentan la asociación entre la industria y las autoridades públicas y porque aprovechan la experiencia acumulada por las industrias para mejorar la protección medioambiental. La mencionada comunicación sigue diciendo que los acuerdos sobre medio ambiente «pueden poner en marcha unas medidas muy eficaces, y más avanzadas que la legislación, reduciendo así el volumen de las actuaciones reglamentarias y administrativas. Sin embargo, los acuerdos sobre medio ambiente no constituyen la panacea universal, y tienen que aplicarse junto con otros instrumentos sobre las políticas a seguir, es decir como un complemento a la legislación y a las tasas medioambientales». Además, «tiene la ventaja de fomentar un enfoque proactivo de la industria y suelen conducir a medidas eficaces en función con los costos, porque permiten que la industria ajuste las inversiones medioambientales a sus inversiones en capital a plazo medio y suelen también estar en funcionamiento antes que los reglamentos, lo que constituye una ventaja muy importante en las zonas en que inciden las novedades tecnológicas»(25). El informe de la AEMA advierte también que los acuerdos sobre medio ambiente parecen ser más útiles cuando complementan otras medidas de política, como la reglamentación y los instrumentos fiscales. En su opinión, pueden ser especialmente útiles por su capacidad de aumentar la concienciación, crear consenso y brindar un foro para compartir la información entre las distintas partes. Los acuerdos sobre medio ambiente parecen ser también muy útiles para mejorar la gestión medioambiental en todo el ramo industrial y en las empresas concretas.
Sin embargo, se ha puesto de manifiesto cierta preocupación en relación con la proliferación de los acuerdos sobre medio ambiente como nuevo instrumento de políticas, sobre todo por las partes terceras (como las organizaciones no gubernamentales y los sindicatos) que no han participado en la negociación de los acuerdos. Esta preocupación se refiere también a la falta de mecanismos y de sanciones para garantizar la consecución de los objetivos, a la falta de transparencia y a la falta de verificación a cargo de una parte tercera.
La Comisión Europea sostiene que, siempre que sea posible, los acuerdos medioambientales deberían ser jurídicamente vinculantes. Su comunicación acerca de estos acuerdos medioambientales advierte que «en el pasado, no todos los acuerdos ‹voluntarios› tuvieron la necesaria transparencia y credibilidad. Por lo tanto, la Comisión propone que las partes interesadas sean consultadas antes de que se concluya un acuerdo, y que estos acuerdos sean, siempre que resulte posible vinculantes para las partes»(26). En opinión de la Comisión, cuando no sean jurídicamente vinculantes, la transparencia y la publicidad compensan el hecho de que las sanciones sean más benignas. Además, estos acuerdos deberían ir más allá de las cláusulas de mejor esfuerzo e incluir unos objetivos cuantificados. Habría que definir también unas medidas claras de control. Se propone también que haya una verificación por partes terceras, así como la publicación del acuerdo y de los resultados conseguidos.
En relación con la eficacia de los acuerdos sobre medio ambiente, el informe de la AEMA llega a la conclusión de que:
por comparación con otros instrumentos políticos (por ejemplo con los impuestos) se han hecho pocas evaluaciones de los acuerdos sobre medio ambiente, tanto antes como después de su aplicación, y hay poca bibliografía disponible sobre su utilización... [y] ... en la mayoría de los casos no ha sido posible llevar a cabo una evaluación cuantitativa de la eficacia medioambiental de los acuerdos por falta de datos de control fiables así como de informes coherentes, lo que impide las comparaciones entre la situación actual y lo que con toda probabilidad hubiese ocurrido si no se hubiese celebrado un acuerdo (la «situación normal»). Con todo, se pudieron comprobar algunos beneficios -- entre ellos mejoras de tipo medioambiental -- en relación con la situación anterior al acuerdo y la incitación a la gestión medioambiental en las empresas(27).
Sin embargo, un informe encargado por el Gobierno de Alemania se mostró muy crítico sobre ciertas iniciativas voluntarias. Su argumento era que los acuerdos medioambientales negociados entre las industrias y el gobierno pueden debilitar la protección medioambiental, porque no pueden ser urgidos. Pretendía además que el proceso de negociación que de ellos se sigue tiene como resultado unas normas medioambientales más bajas. Este estudio fue encargado por el Ministerio de Asuntos Económicos de Alemania al ZEW, un instituto alemán de investigación económica. Este instituto examinó tres ejemplos actuales de acuerdos sobre medio ambiente en Alemania: un plan de recuperación para la industria automovilística, la reducción de CO2 por parte de un grupo de industrias y el plan de recuperación de embalajes «punto verde» del Sistema Dual Alemán. El informe concluye diciendo que «los acuerdos no son el remedio que cabe buscar en primer lugar, puesto que no son vinculantes y resultan difíciles de urgir. En una situación de negociación, los objetivos a los que se tiende tienen que reducirse y no se puede conseguir todo lo que se podría obtener por medio de una ley sobre el medio ambiente»(28).
Ejemplos de acuerdos sobre medio ambiente
En los Países Bajos, los llamados Pactos Integrados Medioambientales surgieron como resultado de unas consultas celebradas en virtud del Grupo de Planteamiento de Objetivos (TGA), y constituyen una medida política dirigida a conseguir los objetivos del Plan Nacional de Políticas a seguir sobre el Medio Ambiente (NEPP), de 1989. El TGA provino del reconocimiento de la necesidad de cooperación entre los distintos sectores de la sociedad para conseguir los 200 objetivos más cuantificables de la NEPP. En particular, el Gobierno consideraba que las necesarias mejoras en la eficacia industrial se conseguirían más fácilmente obteniendo el compromiso de las industrias para resolver los problemas y utilizar sus conocimientos prácticos. El Gobierno consideraba que las medidas tradicionales de ordenar y controlar eran insuficientes para llegar a los ambiciosos objetivos que se había fijado la NEPP(29).
La Declaración sobre la Aplicación de la Política Medioambiental en la Industria Química de los Países Bajos (DIEP)(30) fue el segundo pacto firmado en virtud del TGA. Se le considera como un tipo de medida política para tratar de conseguir el Plan Integral de Objetivos Medioambientales para la Industria Química (IETP) del Gobierno, en relación con la polución medioambiental causada por la industria química en los Países Bajos. La Declaración abarca todos los sectores de la industria a excepción de las industrias de pinturas, de lacas, de barnices y de imprenta y estampado, así como las empresas farmacéuticas y las que fabrican jabones y cosméticos. En 1997, 149 empresas entraban en esas categorías, diez de ellas eran grandes empresas multinacionales, 126 habían firmado la Declaración y otras tres estaban cumpliendo los términos del acuerdo -- según la Asociación de la Industria Química de los Países Bajos (VNCI) -- a pesar de no haberlo firmado. (De las empresas mencionadas, 117 están asociadas a la VNCI, que es parte firmante de la Declaración(31).)
Los acuerdos sobre medio ambiente ofrecen a las compañías firmantes una mayor flexibilidad para cumplir con la reglamentación medioambiental. Las compañías cuyo plan empresarial sobre el medio ambiente ha sido aprobado por las autoridades competentes, se benefician de una mayor flexibilidad en la planificación de sus inversiones medioambientales y de una simplificación de los procedimientos de autorización.
Las repercusiones y las actividades que se contemplan son:
Los objetivos establecidos no abarcan todas las emisiones procedentes de las fábricas de productos químicos.
Seis estudios de caso de uno de los informes de la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) tratan de la aplicación de la declaración sobre la industria química. La evaluación que de ellos hace llega a la conclusión de que en términos de mejora medioambiental, la Declaración consigue la máxima calificación («+++»); su eficacia medioambiental se califica entre resultados ligeramente positivos y resultados inciertos («+/?»); respecto a la evolución técnica se obtiene la calificación de resultados ligeramente positivos («+»)(32).
Otro ejemplo de iniciativa para la reducción de las emisiones tóxicas es la que brinda el Organismo de Protección del Medio Ambiente (Environmental Protection Agency - EPA) de los Estados Unidos(33), dentro del Programa 33/50. Su objetivo general era reducir las emisiones y transferencias de 17 productos químicos tóxicos. Utilizando como base el año 1988, el primer objetivo fue una reducción nacional de un 33 por ciento en 1992 en el caso de 17 productos químicos, y una reducción de un 50 por ciento para 1995. Los datos que se utilizaron para el seguimiento de los avances provenían del inventario obligatorio de los desechos tóxicos (TRI).
El Organismo y las industrias químicas consideraron que el Programa 33/50 fue todo un éxito. Consiguió unas reducciones generales de un 50,7 por ciento en 1994, un año entero antes del objetivo previsto para 1995. Para entonces, 757 millones de libras de emisiones y transferencias habían sido eliminadas desde el año base de 1988. Se esperaba que las 1.300 empresas que participaban en el Programa 33/50 siguiesen haciendo reducciones en 1995 y 1996. Las emisiones de 17 productos químicos se redujeron en casi el doble de los demás productos químicos a partir de 1991, cuando empezó el programa. Los participantes en el Programa 33/50 consiguieron practicar reducciones a un ritmo mucho más rápido que las demás empresas: un 50 por ciento comparado con un 30 por ciento en el período de 1991 a 1994, y un 60 por ciento comparado con un 35 por ciento si el período considerado empieza en 1988.
El Organismo cita el Programa 33/50 como iniciativa pionera no reglamentaria para reducir las emisiones y transferencias de los productos químicos tóxicos. Como representaba una evolución sobre el tradicional planteamiento de «mandar y controlar» para disminuir los riesgos asociados con productos químicos específicos, el programa trataba de cooperar con las industrias más que enfrentarse a ellas. El Organismo identificó los objetivos medioambientales y las metas prioritarias, dejando que la industria determinase el camino mejor y más efectivo para conseguir estos objetivos. Como resultado de todo ello, se consiguió una protección medioambiental más rápida y con menos costos de los que se hubiesen producido previsiblemente en ausencia del programa.
El Organismo daba un certificado, firmado por su administrador, a cada nueva empresa que se comprometía. Además, el organismo elaboraba un perfil de las empresas que conseguían reducciones en las emisiones y transferencias en base a sus actividades de prevención de la polución. Las empresas podían emplear estos certificados para fines internos y externos, y ello les permitía demostrar a su propio personal y a las comunidades locales donde actuaban que se tomaban en serio la defensa del medio ambiente. Aunque se declaraba que la participación en el Programa 33/50 no era jurídicamente necesaria, el Organismo reconocía que los datos para medir las reducciones procedían del inventario obligatorio TRI. Según el Organismo, el Programa 33/50 constituye una iniciativa no reglamentaria que se basa en una política de reglamentación y deriva de ella sus responsabilidades(34).
Una de las limitaciones de este programa fue que ciertas empresas no se unieron a la iniciativa. De unas 8.000 empresas que podían inscribirse (cualquier empresa que hubiese presentado por lo menos un informe TRI para uno de los 17 productos químicos que constituían el objetivo) sólo 1.300 empresas se comprometieron con el programa. La tasa de participación para las 600 compañías más grandes pasaba del 60 por ciento, al tiempo que la tasa de las PYME era sólo de un 13 por ciento. El Organismo llega a la conclusión de que «lo que indican estas estadísticas es que, para las iniciativas no reglamentarias futuras, el organismo tiene más obstáculos que superar con las PYME que con las grandes compañías»(35). Otra cuestión se refería a las limitaciones de los datos del TRI. Aunque la información procedente del TRI constituía la espina dorsal del programa, no se podía consultar en la base de datos toda información pertinente. Así las cosas, es difícil saber las causas precisas de la disminución de las emisiones y transferencias. Estas reducciones pueden provenir de las actividades de prevención de la polución, de las prácticas de las terminales de los oleoductos o, simplemente, de una disminución de la actividad empresaria. La utilidad de los datos TRI queda también limitada por el lapso de tiempo que inevitablemente transcurre entre el año objeto del informe y la fecha de publicación.
El Brasil brinda un ejemplo de acuerdo sobre el medio ambiente en el que los sindicatos y los empleadores tienen una responsabilidad compartida. Los sindicatos y los empleadores del sector químico de ese país, en colaboración con el Gobierno, han negociado un Acuerdo Nacional de Responsabilidad. Este acuerdo imparte unas directrices y señala unos procedimientos detallados para el empleo seguro del benceno. Entre las medidas, está la plena participación de los trabajadores y de sus sindicatos. El «Acuerdo del Benceno» se firmó en 1995, por un total de 12 organismos procedentes de la industria, de los sindicatos y del Gobierno. En el acuerdo, una norma técnica define el benceno como cancerígeno y brinda una referencia de valoración tecnológica que los trabajadores, empleadores y gobiernos del Brasil consideran que es segura. Los trabajadores tienen una representación equitativa en la comisión permanente nacional sobre le benceno, que supervisa los acontecimientos, controla el adecuado cumplimiento de las normas, promueve estudios, complementa las leyes y disposiciones reglamentarias, dispone de unas medidas de control alternativo y emite unos certificados de uso controlado del benceno. El acuerdo es administrado en las fábricas por un Grupo que representa a los trabajadores del benceno (GTP) que tiene plenas atribuciones en los programas, comprendidos los programas de formación de los trabajadores. Se exige una plena colaboración del empleador con el GTP, incluido el acceso a la información y a los archivos así como el suministro de locales y equipos de oficina, y se imponen fuertes sanciones a los infractores(36).
Los acuerdos sobre medio ambiente se emplean también para mejorar el ahorro de energía. En todo el mundo, cientos de programas están consiguiendo reducir las emisiones de gas que provocan el «efecto invernadero», al tiempo que aumentan la competitividad y eficacia de las empresas y de las personas en los países en que actúan. El Organismo Internacional de Energía (IEA) ha identificado más de 350 de tales planteamientos voluntarios actualmente en funcionamiento (IEA, 1997)(37).
La industria química de Europa ha estado aplicando desde 1992 un programa voluntario de ahorro de energía (VEEP), de conformidad con las iniciativas de la Comisión Europea. El llamado «VEEP 2005» es un compromiso unilateral para reducir el consumo específico de energía en un 20 por ciento menos entre 1990 y el año 2005, a condición de que no se introduzcan nuevos impuestos sobre la energía. El Consejo Europeo de la Industria Química (CEFIC) pone de relieve que su enfoque está en plena conformidad con el programa Conducta Responsable y con el principio de una continua mejora de la eficacia(38).
Para abordar el problema del cambio climático, la industria química de Alemania se ha comprometido a una utilización racional de la energía en la industria química, así como a una utilización racional de la energía por medio de los productos de la industria química. En 1995, la Asociación de la Industria Química (VCI), el Sindicato de Trabajadores de la Industria Química (IG Chemie) y el Ministerio Federal de Asuntos Económicos publicaron un documento conjunto de establecimiento de criterios sobre la reducción del consumo de energía y de CO2 en la industria química. Sobre la base de esta labor conjunta y de las reducciones prácticas ya conseguidas en el uso de la energía, la industria alemana se comprometió voluntariamente: i) a una reducción del consumo específico de energía en más de un 30 por ciento durante el período 1990-2005, y ii) a una reducción parecida de energía en relación con las emisiones del CO2 en el mismo período(39). Sin embargo, la VCI añade cautelarmente que su compromiso no tiene que ser menoscabado por cargas fiscales ni reglamentaciones adicionales(40).
El Acuerdo sobre el ahorro de energía que se ha celebrado en el Reino Unido entre la Asociación de Industrias Químicas y el Gobierno (Departamento de Medio Ambiente, Transporte y Regiones) se firmó en noviembre de 1997. Se dirige a reducir el consumo específico de energía de las industrias químicas (energía/unidad de insumo) hasta un 20 por ciento de su nivel de 1990, en el año 2005. En gran parte, esto se considera como una manera para ayudar al Gobierno y a la industria química a hacer frente a sus compromisos en virtud de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCC). Esto constituye un ejemplo de un programa de acuerdo a largo plazo, concebido como colaboración entre el Gobierno y las asociaciones de industria y ciertas compañías individuales, para ahorrar más energía(41).
Los acuerdos voluntarios entre las empresas y las autoridades locales para complementar y reforzar las reglamentaciones ya existentes son moneda corriente. Unos 40.000 de estos acuerdos se han celebrado desde 1970, muchos de ellos en las industrias químicas (2.553 de ellos en un solo año, entre octubre de 1991 y septiembre de 1992, y 198 en el sector de las industrias químicas). Estos acuerdos están adaptados a las condiciones locales y establecen unas normas que suelen ser más estrictas que las que están vigentes en las reglamentaciones nacionales o municipales(42).
1.3.3. Planes y normas de gestión medioambiental
Algunas iniciativas voluntarias tienen una participación del gobierno y de la industria, pero con criterios, normas y procesos de certificación o de verificación que vienen determinados por una parte tercera. En el presente informe se examinan dos de estas iniciativas: el Sistema Comunitario de Gestión y Auditorías Medioambientales (EMAS), y las normas de los sistemas de gestión de la calidad y de gestión del medio ambiente, establecidos por la Organización Internacional de Normalización (ISO). Tales iniciativas se destinan a respaldar la aplicación de los sistemas de gestión medioambiental y facilitar que las empresas obtengan el reconocimiento de sus sistemas, ya sea por medio de la verificación por una parte tercera o por declaración propia. Ambas modalidades se aplican a los sistemas de gestión medioambiental, pero no siempre abarcan también las materias relativas a la salud y seguridad, especialmente en el caso de la ISO. La Oficina Internacional del Trabajo está llevando a cabo un estudio sobre la conveniencia de elaborar un código de prácticas sobre los sistemas de gestión de la salud y seguridad profesionales. De momento, no está del todo claro cómo este código de la OIT se relacionaría con el EMAS y con las normas medioambientales de la ISO (véase la sección 1.4).
1.3.3.1. El Sistema Comunitario de Gestión y Auditoría Medioambientales
El Sistema Comunitario de Gestión y Auditoría Medioambientales (EMAS) fue establecido en la legislación europea por el Reglamento del Consejo (CEE) núm. 1836/93, de 29 de junio de 1993, y se aplica y gestiona a nivel nacional por los Estados miembros de la Unión Europea(43). El EMAS se estableció para mejorar la calidad de la gestión medioambiental en toda la industria europea, para ayudar a las empresas a obtener ventajas competitivas a partir de estas mejoras y para comunicar sus progresos al público en general. Se basa en la premisa de que la gestión medioambiental constituye una parte fundamental de la buena administración y que resulta fundamental para cualquier empresa bien dirigida. Introducido en 1995, es un sistema voluntario, en el cual los sitios industriales individuales son registrados por las autoridades nacionales del EMAS. Para participar en el EMAS, las empresas se ponen de acuerdo para elaborar un marco medioambiental de gestión y para aplicar cada una de las medidas siguientes en el sitio correspondiente:
La formación y el EMAS
El anexo I B.2 del EMAS especifica las exigencias de formación para el personal cuyo trabajo pudiera tener efectos significativos en el medio ambiente. La práctica habitual es que todos los trabajadores reciban una formación básica que les conduzca a una concienciación medioambiental. Para el personal que compruebe que los sistemas de gestión medioambiental se llevan a la práctica, se requiere generalmente una formación más profunda y especializada. El anexo II, C del EMAS declara que «las auditorías medioambientales han de ser ejecutadas por unas personas o grupos de personas que tengan los conocimientos adecuados... [y] ... una formación suficiente y avanzada en los conocimientos prácticos y específicos de la auditoría para llevar a cabo los objetivos declarados [de la auditoría]»(44). Por lo tanto, la formación en materia de salud, seguridad y medio ambiente será promovida a medida que haya más empresas signatarias del EMAS.
1.3.3.2. La Organización Internacional de Normalización
La Organización Internacional de Normalización (ISO) es una federación de organismos normativos nacionales, constituida para normalizar las operaciones industriales más allá de las fronteras nacionales y para facilitar el intercambio internacional de bienes y servicios. Las normas que de ella emanan son unos acuerdos documentales que contienen las características técnicas u otros criterios precisos que hay que usar de forma coherente, como reglamentos, directrices o definición de características, para asegurar que los materiales, productos, procesos y servicios sean adecuados a su objeto. Esta normalización internacional está orientada al mercado, y por lo tanto se basa en el compromiso voluntario de todos los intereses que intervienen en el mercado(45).
Tradicionalmente, la principal labor de la ISO consistía en la normalización técnica, pero en el decenio de 1980 amplió su mandato para trabajar también en cuestiones de administración «delicada» relativas a la calidad total y a la gestión del medio ambiente. Actualmente, sus dos principales productos son:
La ISO utiliza el término «certificado ISO 14000» por coherencia, pero en la práctica sólo la norma ISO 14001 incluye un modelo de certificado de gestión medioambiental, y las empresas cuyos sistemas de gestión medioambiental se certifican reciben en realidad un certificado ISO 14001(47).
Las normas ISO no se refieren a la seguridad y salud. En 1997, la ISO decidió no elaborar una norma internacional para los sistemas de gestión de la salud y seguridad, que hubiese sido compatible con las series ISO 9000 e ISO 14000(48). Esta decisión se basaba en los resultados de un curso práctico internacional de la ISO sobre la normalización de los sistemas de gestión, que se celebró en septiembre de 1996 e indicó que había escaso apoyo por parte de los principales participantes a la idea de que la ISO elaborase normas internacionales en este ámbito(49). Esto plantea la cuestión de la integración de las normas encaminadas a los sistemas de gestión del medio ambiente y a las normas que se dirigen a la seguridad y salud profesionales.
La formación en las normas ISO 9000 e ISO 14000
Entre otras exigencias de los sistemas de calidad encaminados a las normas ISO 9000 está también la formación. La ISO define la norma para la formación en los términos siguientes:
El proveedor establecerá y mantendrá unos procedimientos documentales para determinar las exigencias de formación y para brindar la adecuada formación de todo el personal que lleve a cabo unas actividades que tengan repercusiones en la calidad. El personal que lleve a cabo unas tareas específicamente asignadas tendrá que estar calificado para ellas por la debida educación, formación y/o experiencia. Se mantendrán los correspondientes archivos de formación.
La ISO 14001 define así la norma de formación:
La empresa determinará las necesidades de formación y exigirá que todo el personal cuya labor pueda tener una impacto importante en el medio ambiente, reciba la formación apropiada. Asimismo, establecerá y mantendrá procedimientos para que sus empleados o miembros que estén en cada una de las funciones y en cada uno de los niveles correspondientes, sean conscientes de:
El personal que lleve a cabo las tareas que puedan tener un impacto significativo sobre el medio ambiente, habrá de ser competente y tener la adecuada educación, formación y/o experiencia.
1.3.3.3. Aceptación por parte de la industria del EMAS y de la ISO
Las empresas químicas alemanas van a la vanguardia del registro del EMAS, y para ello han contado con el aliento de la VCI, que considera este sistema como complementario del programa Conducta Responsable. De hecho, en Alemania es donde existe el mayor índice de participación en todo el mundo, tanto en el EMAS como en la ISO 14001(50). En 1997, 140 establecimientos químicos habían verificado el sistema EMAS (a partir de los 59 de 1996), y se espera que esta cifra siga creciendo(51). Asimismo, la VCI incita a sus miembros a registrar sus sistemas de gestión medioambiental en la ISO 14000, y estima que en el 2001 un 80 por ciento de sus miembros tendrán un sistema de gestión medioambiental basado en la ISO 14000. Con este sistema de gestión medioambiental, las empresas que participen en el programa CR, podrán acogerse a una simplificación de los procedimientos de autorización e inspección exigido por las autoridades(52). Lo mismo se aplica al EMAS. En 1997, el gobierno de Baviera y las industrias químicas radicadas en el Land, firmaron un acuerdo medioambiental por el que daban a las empresas acreditadas ante el EMAS más libertad para decidir cómo habían de aplicar y llevar a la práctica la gestión medioambiental. En otros tres Länder están en marcha negociaciones para obtener unos acuerdos parecidos(53).
Para ayudar a las pequeñas y medianas empresas a participar en el programa CR y aplicar los sistemas de gestión medioambiental, la VCI puso en marcha en 1996 un estudio piloto sobre 19 empresas y confiaba a sus servicios consultivos sobre el medio ambiente la organización de un proyecto que se dirige a preparar a esas compañías de la mejor manera posible para obtener un certificado de homologación del EMAS y la ISO 14001(54).
Los certificados del EMAS y de la ISO han ido también en aumento en el Reino Unido. La Asociación de la Industria Química (CIA) informa que la proporción de sus establecimientos asociados que cuentan con un sistema de gestión de la salud, seguridad y medio ambiente oficial o certificado, comprendidos los del EMAS y de la ISO, ha ido en aumento desde 1994. En 1998, un 71 por ciento de los establecimientos disponían de sistemas oficiales o certificados en relación con el medio ambiente, y un 83 por ciento en relación con la salud y seguridad (los establecimientos alcanzan un número total de 325). Un 11 por ciento de los establecimientos tenían la ISO 14001 o el EMAS, al tiempo que un 60 por ciento de ellos disponían de unos sistemas formales de gestión medioambiental, aunque sin certificado. La Asociación define un «sistema formal» como «un sistema general documentado para el control de los procesos en cuestión: no tiene que ser necesariamente un sistema certificado desde el exterior». La Asociación enumera así dichos «sistemas formales»:
La CIA dice que el proceso formal de evaluación de riesgos que es necesario para conseguir el certificado, ha supuesto sin duda muchas ventajas para las empresas que participan en él. Añade además que «hay pruebas estadísticas, todavía no publicadas, para demostrar que estos establecimientos tienen más eficacia en la seguridad que los que no disponen de sistemas formales de gestión(55).
Los informes medioambientales de los establecimientos afiliados al EMAS constituyen una nueva fuente de información sobre las iniciativas de formación y educación. Por ejemplo, el informe EMAS 1997 en relación con las instalaciones de la empresa DuPont en Gloucester (Reino Unido), dice:
todos los empleados reciben formación en materias de salud, seguridad y medio ambiente profesionales y reciben el equipo protector necesario cuando se determina la existencia de posibles riesgos. La verificación es la piedra angular de nuestro sistema de gestión de la calidad, seguridad, salud y medio ambiente... En 1996, el establecimiento de Gloucester obtuvo el premio «Investors in People». Uno de los principios fundamentales de este compromiso estriba en examinar periódicamente la formación y desarrollo de todos los empleados. En 1996, este concepto incluía seminarios de concienciación medioambiental y nuestro sistema de gestión, destinados a todo el personal del establecimiento, incluso los que están en régimen de subcontratación(56).
El Consejo de la Industria Química de Nueva Zelandia (NZCIC), dice que, en Nueva Zelandia, la aceptación de la serie ISO 9000 sólo es superada por la del Reino Unido. En cambio, hay algo menos de entusiasmo por la serie ISO 14001, que se considera como un medio complejo y relativamente caro de aplicar los sistemas de gestión medioambiental aceptados. En Nueva Zelandia, el sistema de gestión del programa CR reconoce el certificado de la ISO, cuando es oportuno. Además, incorpora un sistema de gestión medioambiental que se basa en la British Standard 7750 (BS7750) y que incluye un proceso de autoevaluación(57).
En los Estados Unidos, en 1994, las empresas de productos químicos parecían pasar por delante de todas las demás industrias en la obtención de certificados ISO 9000, con unas 600 inscripciones, lo que equivalía a un 19 por ciento del total del registro(58).
En la India, en abril de 1997, se habían dado certificados ISO 14001 a 35 compañías, ocho de las cuales pertenecían al sector público y diez estaban asociadas con fabricantes occidentales. De todas ellas, sólo hay por ahora una empresa de productos químicos, la Herdillia Chemicals, que es también firmante del programa CR y que tiene el certificado ISO 14000. En el certificado ISO se puede apreciar un cierto predominio de las refinerías de petróleo, las empresas mineras y las fábricas de cemento; en cambio, en CR suelen predominar las industrias de base y los productos químicos y farmacéuticos intermedios(59).
En Yugoslavia, las empresas farmacéuticas están adoptando un enfoque concertado a la aplicación y certificación de los sistemas de gestión medioambiental basados en las normas ISO 14000. En 1997, la Asociación Yugoslava para un Enfoque General de Calidad, foro yugoslavo para la calidad, organizó la primera Conferencia yugoslava sobre la gestión medioambiental en la industria farmacéutica y cosmética, que contribuyó a aumentar la concienciación sobre la oportunidad y beneficios de la serie ISO 14000 para desarrollar sistemas de gestión medioambiental(60).
1.4. Las relaciones entre la planificación
de las iniciativas voluntarias y las normas
Uno de los beneficios que con frecuencia se atribuyen a las iniciativas voluntarias es que, al ser voluntarias, están en cierta medida concebidas para evitar la «carga tan costosa y que tanto tiempo hace perder» de los informes en relación con las distintas disposiciones reglamentarias de las diversas autoridades. No obstante, la proliferación de diversos planes y normas voluntarias significa que las empresas se encuentran con frecuencia llevando a cabo múltiples auditorías voluntarias en virtud de los distintos planes así como acopiando los datos no normalizados e informando sobre ellos a una gran variedad de organismos no oficiales. La industria ha reconocido la carga de trabajo que ello supone, tanto para las grandes empresas como para las PYME, tal como se puede comprobar en el documento de establecimiento de criterios de la CEFIC sobre los sistemas de gestión de la seguridad, salud, medio ambiente y calidad y las normas para los sistemas de gestión (recuadro 1.3).
|
Sistemas de gestión de la seguridad, salud, medio ambiente
|
|
En general, las empresas de productos químicos han utilizado una gran variedad de sistemas para gestionar y mejorar la eficacia de los SHEQ. Este enfoque es considerado por muchas empresas como poco eficaz en función del costo. El Consejo Europeo de la Industria Química (CEFIC) apoya plenamente la opinión de que las empresas deberían aplicar, desarrollar y fortalecer los sistemas de gestión SHEQ. Tales sistemas, cuando se aplican adecuadamente, consiguen, mantienen y demuestran un pleno control de la seguridad, salud, medio ambiente y calidad, y obtienen mejoras en todos esos puntos. Los sistemas de gestión apoyan la iniciativa de las industrias químicas conocida como Conducta Responsable (CR). Los sistemas de gestión integrada se basan en unos elementos fundamentales comunes, concebidos para gestionar y coordinar las exigencias de diversos sistemas de control de la gestión, como la seguridad, la salud, el medio ambiente o la calidad. Estos elementos fundamentales comprenden:
El objeto de disponer de un sistema integrado es suministrar orientaciones claras y una asignación eficaz de los recursos al menor precio posible. Ello contribuye a que las diversas funciones empresariales concurran a la consecución de los objetivos de la empresa:
|
|
Fuente: Position Paper on Safety, Health, Environment and Quality (SHEQ) Management Systems and Management System Standards (Bruselas, CEFIC, 9 de abril de 1998). |
Los recuadros 1.4 y 1.5 explican las diferencias y relaciones que existen entre las principales iniciativas voluntarias (EMAS, ISO y CR).
|
Principales diferencias entre el EMAS y la ISO 14001 |
Además, en el EMAS se incita al cumplimiento porque la Unión Europea se reserva el derecho de publicar directivas si la autorregulación resulta ineficaz. |
|
Fuente: CEFIC. The relationship of Responsible Care with EMAS and ISO 14001 (Bruselas, 1997). |
|
Las relaciones entre Conducta Responsable, el EMAS y la ISO 14001 |
|
El CEFIC y la ICCA argumentan que CR tiene un concepto y un programa mucho más amplio que el EMAS o la ISO 14001. Estas dos organizaciones declaran que «las exigencias del EMAS y de la ISO 14001 son plenamente coherentes con parte del compromiso de Conducta Responsable»... «Debería reconocerse claramente que Conducta Responsable tiene un ámbito mucho más amplio. La seguridad y la salud no se incluyen específicamente en el EMAS y la ISO 14001... como planes internacionalmente reconocidos de gestión medioambiental, tanto el EMAS como la ISO 14001 brindan un valor añadido potencial en relación con los compromisos medioambientales de Conducta Responsable, por ejemplo, actuando como punto de referencia en relación con los sistemas de gestión medioambiental que entran bajo Conducta Responsable». El CEFIC propone que «... las exigencias del sistema de gestión del EMAS e ISO 14001 podrían ser considerados como 'códigos de prácticas' potenciales para ser utilizados dentro del marco de Conducta Responsable». Para cumplir los compromisos de Conducta Responsable, el CEFIC recomienda a sus miembros aplicar y/o mejorar sus sistemas de seguridad, salud y gestión medioambiental, construyendo sobre el fundamento de los actuales sistemas y actividades de la empresa. «En la aplicación de sus sistemas, el CEFIC recomienda tener en cuenta las exigencias del sistema de gestión medioambiental del EMAS y la ISO 14001.» |
|
Fuente: CEFIC: The relationship of Responsible Care with EMAS and ISO 14001 (Bruselas, 1997). |
En la práctica, las distintas iniciativas tienden a fusionarse entre sí y a formar parte de un sistema de gestión de la salud, la seguridad y el medio ambiente a nivel de toda la empresa o a nivel de factoría. El Director de Salud, Seguridad y Medio Ambiente de la Asociación de la Industria Química de la República Checa (SCHP), por ejemplo, dice que la ISO, el EMAS y Conducta Responsable forman realmente parte de un conjunto de sistemas de gestión general del medio ambiente, de modo que con frecuencia es imposible separar los elementos individuales. Añade que «si tratamos de separar Conducta Responsable, la ISO 14001 y el EMAS, ello crearía problemas conceptuales y prácticos que podrían conducir a dificultades con otros sectores industriales que no tienen iniciativas del tipo de Conducta Responsable y todo se concentraría de manera natural en la ISO 14000 y el EMAS. Hay, pues, necesidad de armonizar la iniciativa Conducta Responsable con los demás sectores de la industria para evitar entrar en conflicto con ellos»(61).
* * *
Por diversas razones, las iniciativas voluntarias se están haciendo más importantes como medio de fomentar la eficacia en salud, seguridad y medio ambiente en las industrias químicas y en otro tipo de industrias. Aunque este enfoque no elimina la función reguladora del gobierno, tiende a apartarse de los reglamentos del tipo de «mandar y controlar». Aunque no haya sido definido con precisión, el término «iniciativas voluntarias» se toma aquí para comprender las iniciativas a nivel de empresa y de todo el ramo industrial, los acuerdos medioambientales entre el gobierno y la industria y los sistemas de gestión medioambiental (o de la salud, seguridad y medio ambiente). Las pruebas están mezcladas, pero hay razones para pensar que el desarrollo de las iniciativas voluntarias del tipo de Conducta Responsable ha conducido a la opinión pública de ciertos países a adoptar un punto de vista menos negativo sobre las industrias químicas. Los acuerdos medioambientales -- acuerdos bilaterales entre las industrias y el gobierno -- se han desarrollado mucho en Europa occidental y se han utilizado para determinados objetivos en los Estados Unidos. Los sistemas de gestión medioambiental forman otra clase significativa de las iniciativas voluntarias. Los principales ejemplos son el EMAS en la Unión Europea y la norma ISO 14000. Cada vez hay más empresas y establecimientos que reciben certificados de uno u otro de estos planes. Los informes empresariales sobre salud, seguridad y medio ambiente representan otro tipo de iniciativa voluntaria que está adquiriendo también su importancia. Aunque existen unas diferencias perfectamente identificables entre estas industrias voluntarias, hay un ámbito muy grande para integrarlas a nivel de empresa y de factoría, del modo que se reduzca al mínimo la confusión y la duplicación en las exigencias de informe.
Notas
1. PNUMA: Voluntary Industry Codes of Conduct for the Environment (París, Industry and Environment Office, 1998), informe técnico núm. 40, pág. 7.
2. PNUMA: Voluntary initiatives for responsible entrepreneurship: A questions and answers guide (París, Industry and Environment Office).
3. Florian Wegleitner: Responsible Care - ein Vergleich Zwischen Oesterreich und England (Viena, Asociación de la Industria Química de Austria, 1997, sólo en alemán).
4. PNUMA: Voluntary Industry Codes of Conduct for the Environment (París, Industry and Environment Office, 1998), informe técnico núm. 40, pág. 7.
5. Ibíd., pág. 4.
6. PNUMA: Reducing greenhouse gas emissions: The role of voluntary programmes (París, Industry and Environment Office, 1997), pág. xii.
7. Comisión Europea (Dirección General III.01: Industria): Study on voluntary agreements concluded between industry and public authorities in the field of the environment - Final report (Bruselas, 1997), resumen.
8. G. Liardet: «Public opinion and the chemical industry», en Chemistry and Industry (Londres, 18 de febrero de 1991), págs. 118-123.
9. Uncertain progress for Responsible Care (Londres, ENDS Report 233, junio de 1994), págs. 16-18.
10. What's wrong with Responsible Care? (Londres, ENDS Report 259, agosto de 1996), pág. 20.
11. Ibíd.
12. «Europe begins to measure perfomance» en Chemical Week (Washington, DC, 1.o-8 de julio de 1998), pág. 111.
13. «Responsible Care: The second phase», número especial de Chemical Week (Estados Unidos, 7-14 de julio de 1993).
14. Ibíd.
15. United States Chemical Manufacturers' Association: Responsible Care progress report 1997 (Washington, DC, 1998), pág. 10.
16. Naciones Unidas: Programa 21: Programa de Acción para el Desarrollo Sostenible, Programa de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD) de Río de Janeiro (Nueva York, Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas, 1992).
17. ICCA: Position paper on sustainable development and the chemical industry (Arlington, Estados Unidos, 1996), pág. 2.
18. «Germany: Regulation or Volunteer Action?» en Chemical Week (Londres, 1.o-8 de julio de 1998), pág. 125.
19. ICCA: Responsible Care status report (Arlington, Estados Unidos, 1996), pág. 13.
20. Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA): Environmental agreements - Environmental effectiveness (Copenhague, 1997), Serie de Cuestiones Medioambientales, núm. 3, vol. 1, resumen, pág. 11.
21. Ibíd.
22. Ibíd.
23. Comisión Europea: Comunicación de la Comisión al Consejo y al Parlamento Europeo relativa a los acuerdos sobre medio ambiente (COM (96)561, Bruselas, 1996).
24. Comisión Europea (Dirección General III.01: Industria): Study on voluntary agreements concluded between industry and public authorities in the field of the environment - Final report (Bruselas, 1997), resumen.
25. Comisión Europea: Comunicación de la Comisión al Consejo y al Parlamento Europeo relativa a los acuerdos sobre medio ambiente (COM (96)561, Bruselas, 1996).
26. Ibíd.
27. Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA): Environmental agreements - Environmental effectiveness (Copenhague, 1997), Serie de Cuestiones Medioambientales, núm. 3, vol. 1, Executive Summary, pág. 11.
28. «German report warns of unenforceable agreements», en European Chemical News (Bruselas, 12-18 de agosto de 1996), pág. 43.
29. Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA): Environmental agreements - Case studies (Copenhague, 1997), Serie de Cuestiones Medioambientales, núm. 3, vol. 2, pág. 55.
30. Declaration of Intent on the Implementation of Environmental Policy for the Chemical Industry (La Haya, 2 de abril de 1993).
31. Ibíd.
32. Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA): Environmental agreements - Environmental effectiveness (Copenhague, 1997), Serie de Cuestiones Medioambientales, núm. 3, vol. 2, resumen, pág. 13.
33. John Harman: «The United States Environmental Protection Agency 33/50 Program» (París, OCDE, 1997), en Proceedings of the OECD Workshop on Non-Regulatory Initiatives for Chemical Risk Management, OECD HS Publications, Series on Risk Management, núm. 7, págs. 37-43.
34. Ibíd.
35. Ibíd.
36. «Globalisation will hamper sustainability, say trade unions» en Careline (Londres, abril-junio de 1998), núm. 11.
37. PNUMA: Reducing greenhouse gas emissions - The role of voluntary programmes (París, Industry and Environment Office, 1997), pág. xii.
38. CEFIC: Voluntary energy efficiency programme VEEP 2005 (Bruselas, noviembre de 1997).
39. VCI: Self-commitment for the energy sector (Frankfurt, 1996).
40. VCI: Contribution of the chemical industry to climate protection in the energy sector: Reduction of specific energy consumption and CO2 emissions (Frankfurt).
41. CIA: The Energy Efficiency Agreement (Londres, 1997).
42. OECD Observer, núm. 189, agosto-septiembre de 1994, págs. 8-11.
43. Reglamento (CEE) núm. 1836/93 del Consejo, de 29 de junio de 1993 por el que se permite que las emrpesas del sector industrial se adhieran con carácter voluntario a un sistema comunitario de gestión y auditoría medioambientales.
44. Ibíd., anexo II, C.
45. ISO: Compatible technology worldwide (Ginebra, 1994), pág. 12.
46. ISO: Publicizing your ISO 9000 or ISO 14000 certification, Ginebra, pág. 3.
47. Ibíd.
48. ISO: ISO decisions on OH&S, integration of ISO 9000 and ISO 14001, and information privacy (Ginebra, 1997), nota de prensa de la ISO, ref. 738.
49. ISO: Spotlight, looking before leaping: ISO Workshop on Occupational Health and Safety, (Ginebra), Boletín de la ISO 11/96 .
50. «Germany - Regulation or volunteer action?», en Chemical Week (1.0-8 de julio de 1998), pág. 125.
51. CEFIC: Annual Responsible Care Report 1997 (Bruselas, 1998), pág. 11.
52. «Europe begins to measure performance», en Chemical Week (1.o-8 de julio de 1998), pág. 112.
53. Germany - Regulation or volunteer action? en Chemical Week (1.º-8 de julio de 1998), pág. 125.
54. VCI: Responsible Care Report 1997 (Frankfurt, 1997), págs. 11-12.
55. CIA: UK indicators of perfomance 1990-97 (Londres, 1998), págs. 25-26.
56. DuPont Nylon: Environmental Report 1997 Gloucester Site, United Kingdom (Gloucester, 1997), pág. 15.
57. Consejo de la Industria Química de Nueva Zelandia (NZCIC): Comunicación personal de Barry Dyer, CEO, NZCIC, 21 de julio de 1998.
58. Ann Thayer: Chemical companies see beneficial results from ISO 9000 registration, en Chemical and Engineering News (25 de abril de 1994), pág. 10.
59. OIT: Responsible care in the chemical industry in India, informe de situación (Ginebra, 1998), págs. 20-21.
60. Franja Coha: Concerted approach to ISO 14000 by Yugoslav pharmaceutical firms, ISO 9000 News 6/1997 (Ginebra, 1997), pág. 28.
61. Entrevista personal mantenida en Praga el 4 de febrero de 1998 con el Sr. Ivan Zika, coordinador de CR en la Confederación de la Industria Química de la República Checa.
2. Iniciativas de las industrias químicas
Los programas voluntarios de salud, seguridad y medio ambiente que desarrollan las industrias químicas a nivel internacional constan de una actividad general y de otros programas más específicos que abarcan subsectores concretos. La actividad general se llama Conducta Responsable (CR), es la más completa y ha atraído la mayor proporción de atención y recursos. Es la iniciativa mundial de las industrias químicas para mejorar de manera continua su eficacia en el ámbito de la salud, la seguridad y el medio ambiente. Esto ha llevado a algunos subsectores a crear unos programas parecidos. Los distribuidores, los comerciantes y las asociaciones de la industria química han establecido unos «acuerdos de asociación» que permiten a cada una de las partes desarrollar sus programas específicos de Conducta Responsable, al tiempo que siguen usando un logotipo común. En ciertos casos, los distribuidores han desarrollado su propia iniciativa, con el nombre de Distribución Responsable, y esto es lo que ocurre también en la industria de revestimientos. Por último, la iniciativa para la Utilización Mundial Segura de los Plaguicidas es el esfuerzo orientado a la formación de los fabricantes de plaguicidas.
Si bien es cierto que existen distintos programas, las asociaciones de industria que patrocinan estas iniciativas se esfuerzan por subrayar que sus programas concretos se encaminan en todos los casos hacia el mismo objetivo general, que no es otro que mejorar la eficacia de la empresa en el ámbito de la salud, seguridad y medio ambiente, tanto a nivel nacional como internacional, sobre la base de una mayor transparencia y seguimiento por parte de la opinión pública así como, en ciertos casos, de una verificación a cargo de partes terceras. A nivel nacional suelen existir unos acuerdos de asociación que reconocen «compatibilidades» o «equivalencias» entre los distintos planes, lo que significa que las mejoras en la eficacia que se produzcan en cada uno de estos planes serán reconocidas en los demás.
Una diferencia fundamental entre las diversas iniciativas es que, aunque Conducta Responsable es de ámbito internacional, los detalles de su contenido varían en sus más de 40 programas nacionales. Aunque todos ellos tienen unos objetivos comunes y responden a unos mismos principios y orientaciones generales, sus códigos de prácticas, sus planes de aplicación y aun sus indicadores de eficacia presentan grandes diferencias, y no existe un programa internacional CR que se aplique de manera uniforme por parte de las asociaciones y empresas nacionales. En cambio, el programa Conducta Responsable/Distribución Responsable, del Consejo Internacional de Asociaciones de Distribuidores de Productos Químicos (ICCTA) tiene un ámbito internacional y se basa en un programa genérico que, a su vez, está basado en los procesos estadounidense y europeo. Dispone de normas comunes y de códigos de prácticas con criterios de eficacia que sólo varían en la medida en que se concretan en las respectivas legislaciones, asociaciones y empresas de ámbito nacional. Por su parte, el programa Gestión de Revestimientos tiene unas características similares. Hay que tener también en cuenta que las diversas iniciativas están en distintos estadios de desarrollo y que cada una de ellas pone de relieve aspectos distintos. Conducta Responsable es el que está más adelantado -- y es natural, puesto que empezó ya en el decenio de 1980 -- mientras que Distribución Responsable empezó a principios del decenio de 1990 y Gestión de Revestimientos sólo se puso en marcha a fines del decenio de 1990. La iniciativa del ramo de los plaguicidas, conocida como Utilización Mundial Segura de los Plaguicidas y sus tres proyectos piloto para la Utilización Segura de los Plaguicidas (basados en la formación), datan de 1991. Del mismo modo, dentro de las iniciativas individuales, los programas regionales y nacionales están en distintos estadios de evolución; todo ello se plasma muy claramente en la iniciativa Conducta Responsable.
La iniciativa Conducta Responsable (CR) constituye un compromiso voluntario de las industrias químicas de todo el mundo para una mejora continua, en todos los aspectos relativos a la eficacia en materia de salud, seguridad y medio ambiente, así como para una transparencia informativa en relación con sus actividades y logros(1). Suele ser considerado como el primer paso hacia un importante cambio cultural en el seno de la industria química, que está conduciendo a una mayor eficacia y a un nivel más elevado de transparencia ante la opinión pública(2).
El Consejo Internacional de Asociaciones Químicas (ICCA)(3) dice que:
la industria química mundial piensa que la clave para mejorar la eficacia de esta industria estriba tanto en su compromiso por conseguir un desarrollo sostenible y respetuoso con el medio ambiente como en el aumento de su eficacia y de su transparencia. En virtud del concepto de «conducta responsable», las empresas de productos químicos se comprometen en todos los aspectos relativos a la seguridad, salud y protección del medio ambiente, a buscar una continua mejora en su eficacia, a formar a todo su personal y a colaborar con sus clientes y con las comunidades en que radican respecto a la utilización de determinados productos y a sus actividades generales. Por medio de estos esfuerzos, la industria está mejorando su eficacia, reduciendo los riesgos para la salud y el medio ambiente y elaborando unos productos mejores que, a su vez, ayudan a sus clientes concretos y a la industria en general(4).
La industria argumenta que estas características hacen de CR un programa muy eficaz para el desarrollo sostenible. «Toda la industria química en general (tal como está representada en el Consejo Internacional de Asociaciones Químicas -- ICCA) considera que la iniciativa Conducta Responsable constituye un instrumento práctico y visible para cumplir con su obligación de tratar de dar la mayor seguridad posible a los riesgos que van asociados a la serie -- cada vez mayor -- de productos químicos, y al aumento de la producción propiamente dicha(5).» La industria subraya los aspectos éticos de la iniciativa CR, así como el hecho de que constituye un nuevo estilo empresarial. Pone de relieve que aunque CR no sea en sí misma un sistema de gestión, necesita sin embargo un sistema de gestión para su correcta aplicación.
En un informe sobre la labor realizada, dirigido al Foro Intergubernamental de Seguridad Química (un organismo establecido para dar efecto al Programa 21 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD)), el ICCA dice que:
la industria química en general trata de utilizar la iniciativa Conducta Responsable como prueba de que las iniciativas voluntarias de la industria, centradas en la flexibilidad y en la innovación, pueden complementar eficazmente los reglamentos correspondientes para obtener lo que los planes basados en «ordenar y controlar» no han podido conseguir. Los gobiernos (que, tanto en los países desarrollados como en los que están en desarrollo, andan escasos de recursos) están buscando nuevos modelos de protección medioambiental. La iniciativa Conducta Responsable constituye una respuesta parcial a esta búsqueda, y su aplicación permitirá a la industria química hacer progresos en la reducción de los riesgos químicos(6).
2.1.1. Estructura de la iniciativa Conducta Responsable
La ICCA y su grupo de dirección de Conducta Responsable(7) coordina actualmente un programa internacional que, desde 1985, ha sido adoptado por las asociaciones químicas y sus empresas asociadas en 40 países desarrollados y en desarrollo. En 1996, estas empresas asociadas eran aproximadamente un 86 por ciento (por volumen de producción) del total de la producción química mundial(8). Las asociaciones químicas regionales desempeñan asimismo un papel de gran importancia, y en ellas la aplicación de CR constituye una condición para poder asociarse al Consejo Europeo de la Industria Química (CEFIC)(9) y a la Asociación de Fabricantes de Productos Químicos (CMA) de los Estados Unidos. Las asociaciones nacionales de industrias químicas son las responsables de la aplicación concreta de CR en sus respectivos países.
Cada programa nacional CR tiene que incorporar ocho características fundamentales, que han sido esbozadas por la ICCA:
Además a estas características fundamentales, la iniciativa Conducta Responsable también dispone de unos principios de orientación para las asociaciones, y muy especialmente para las empresas concretas. Estos principios expresan el compromiso por parte de las empresas, de apoyar el esfuerzo continuo hacia la mejora de un manejo responsable de los productos químicos por parte de la industria. Estos principios han sido formulados por la Asociación de Plásticos e Industrias Químicas (PACIA), de Australia, de la siguiente manera: