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Un desarrollo agrícola sostenible en una economía mundializada

Un desarrollo agrícola sostenible en una economía mundializada

Informe para la discusión en la reunión tripartita sobre el logro de un desarrollo agrícola sostenible mediante la modernización de la agricultura y el empleo en una economía mundializada

Ginebra, 18-22 de septiembre de 2000

Oficina Internacional del Trabajo  Ginebra

Copyright ©2000 Oficina Internacional del Trabajo (OIT)

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Indice

Glosario

Introducción

1.      Mundialización y agricultura

2.      Producción y resultado de las exportaciones

3.      Cuestiones macroeconómicas en la agricultura

4.      Cuestiones sociales en la agricultura

5.      Conclusiones

6.      Resumen y puntos propuestos para la discusión

Anexo.Conveniosy recomendaciones de la OIT aplicables a la agricultura, adoptados desde 1919

Cuadros

  1. Porcentaje de la fuerza de trabajo con empleo asalariado
  2. Rendimiento de cereales por hectárea, kg/hectárea, 1999 e índice de 1999 (1975=100)
  3. Insumos agrícolas
  4. Tasa de crecimiento de tractores y tierras de regadío, 1975-1997, y proporción mundial en 1997
  5. Resultados de la agricultura, 1975-1999
  6. Resultados de las exportaciones, 1975-1998
  7. Economías avanzadas en contraposición con los países en desarrollo, incluidas las NEI:
    diversificación de las exportaciones (en porcentaje de las exportaciones de mercancías)
  8. Crecimiento de la producción, 1980-1997, y cambios estructurales en el PIB y la población activa, 1970 y 1997
  9. Incidencia de la subnutrición en las regiones en desarrollo, 1969-1997
  10. Salarios del sector agrícola y costos de la mano de obra en la industria manufacturera, 1980-1984 y 1990-1994 (en dólares de los Estados Unidos al año, excepto cuando se indique lo contrario)
  11. Incidencia de la pobreza (porcentaje de la población por debajo del umbral nacional de pobreza)
  12. Precios de los productos básicos en términos reales, 1980-1998 (1990=100)
  13. Los tres principales cultivos transgénicos comercializados en los Estados Unidos, julio de 1998
  14. Programas de etiquetado social, 1998

Gráficos

  1. Diversidad de la fuerza de trabajo (en torno a 1997)
  2. Malasia: estructura del empleo, 1970-1995
  3. Malasia: tendencias del empleo, 1970-1995

Recuadros

  1. Expansión y abaratamiento de la tecnología
  2. Las empresas estatales siguen existiendo, aunque en menor número
  3. Productos alimenticios en la crisis asiática
  4. ADRS: Programa 21
  5. «Agricultura sostenible» frente a «agricultura»
  6. Agricultura orgánica: ¿y después?
  7. ¿Quiénes son los trabajadores rurales?
  8. Tecnología de la información y agricultura: el futuro ya está aquí
  9. Agricultura: ¿el futuro en todo el mundo?
  10. Ramos de Colombia
  11. La sequía en Africa
  12. Dos países y dos imágenes del SIDA
  13. Malasia y Tailandia: dos casos de aumento espectacular de las exportaciones
  14. Perdedores y triunfadores económicos
  15. Las empresas rurales florecen en China
  16. El Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil
  17. Convenio núm. 182
  18. Mujeres en la agricultura en el Africa subsahariana
  19. Las mujeres en la agricultura en Bangladesh
  20. Oficina de la OIT para la Igualdad de Género
  21. Actividades de la OIT en materia de salud y seguridad en el trabajo agrícola
  22. Nuevas normas sobre seguridad y salud en el trabajo agrícola
  23. Ingeniería genética
  24. Estados Unidos intensifica el control de los organismos genéticamente modificados
  25. Iniciativas voluntarias en el comercio de bananas
  26. El Contrato Global y la OIT


Glosario


Introducción

El contexto

OIT: Trabajo Decente,
Memoria del Director General,
Conferencia Internacional del Trabajo,
87.ª reunión, Ginebra, 1999, pág. 5.

¿De qué manera repercute la mundialización en el sector agrícola, el mayor empleador de todo el mundo? ¿Qué función desempeña este sector y cómo puede incrementarse su eficacia de manera sostenible para mejorar las condiciones de vida de los agricultores y de los trabajadores agrícolas? Estos son los temas que se abordan en este informe, el primero que se escribe sobre el sector de la agricultura de cara al nuevo siglo. Como se verá en el mismo, la mundialización está afectando a la agricultura no sólo a través de los mecanismos habituales del comercio y las inversiones extranjeras directas sino, lo que es más importante aún, mediante la rápida transmisión de ideas que hace posible la nueva tecnología de la comunicación y en particular, la demanda por parte de la sociedad para que las prácticas de trabajo estén de conformidad con las normas laborales. Por ello, además de presentar datos macroeconómicos sobre cuestiones tales como la función de la agricultura en el desarrollo y los precios de los productos básicos, el informe se centrará en cuestiones sociales como el trabajo infantil, el papel de la mujer en la agricultura, la salud y la seguridad en el trabajo, las iniciativas privadas voluntarias y la modificación genética, ámbitos en los cuales la rápida transmisión de ideas a través de los medios de comunicación modernos está afectando las prácticas laborales en las explotaciones agrícolas. Podría decirse, incluso, que en el futuro estos mecanismos de transmisión pueden llegar a desempeñar un papel más importante en la evolución de la agricultura que el comercio y la inversión directa. El tema de fondo en el cual se basará el informe consistirá en el análisis de la forma en que el sector puede sacar mayor provecho de todas las fuerzas modernizadoras de la mundialización: se entiende aquí por «modernización» el proceso consistente en aumentar los niveles de productividad, diversificar la base de las exportaciones, efectuar cambios en el régimen de tenencia de la tierra, y ajustar las prácticas tradicionales — particularmente respecto a la seguridad y la salud en el trabajo — en función de la creciente demanda de normas laborales más idóneas, como las que figuran en los convenios fundamentales de la OIT. Este último aspecto adquiere mayor importancia a la luz de las discusiones que han de celebrarse (este informe se redactó antes de esa fecha) en la reunión de junio de 2000 de la Conferencia Internacional del Trabajo, con miras a la adopción de un instrumento sobre seguridad y salud en la agricultura.

Se reconoce cada vez más que sólo será posible lograr una modernización significativa del sector agrícola — y de hecho el desarrollo económico en general — si se tiene en cuenta la noción de «agricultura y desarrollo rural sostenibles (ADRS)», tal como fue adoptada en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Cumbre para la Tierra) en 1992. Algunos de los principales componentes de la ADRS — empleo duradero y condiciones de trabajo seguras, reforma y control de la propiedad de la tierra, aceptación de las normas laborales fundamentales de la OIT, representación de los trabajadores agrícolas — se analizan por separado en el capítulo 4 del presente informe. El objetivo de ese análisis, al igual que el de todo el informe, consiste en mostrar la pertinencia de las normas laborales fundamentales de la OIT y las relativas a la agricultura en relación con el ADRS. En este sentido, el examen de los temas procura reafirmar los cuatro objetivos estratégicos de la OIT convenidos en la 87.ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo (junio de 1999):

Esta Reunión se celebra en un momento oportuno para recentrar la atención mundial en la continuidad de la función de la agricultura en lo que respecta a proporcionar empleo y medios de vida a la mayor parte de la población mundial y como «motor de crecimiento» para el desarrollo económico. Es necesario reiterar que, a pesar de los recientes progresos, 790 millones de personas en los países en desarrollo, esto es, alrededor de un quinto de su población total, y 34 millones en los países industrializados y en transición padecen subnutrición[1], a la vez que 1.500 millones de personas viven en la pobreza, la mayoría de ellas en los países en desarrollo y en su mayor parte en las zonas rurales. El ritmo de progreso con respecto a esos dos importantes indicadores no es suficiente, ni mucho menos, para conseguir el objetivo de reducir ambos valores a la mitad para 2015, fijada por la OCDE, en 1996, en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, como parte de su «Estrategia 21»[2]. Asimismo, la diferencia entre los ricos y los pobres — tanto los grupos de población como los países — está aumentando y los pobres, la mayoría de los cuales se encuentran en el medio rural, están quedando al margen del proceso de crecimiento. El reconocido papel de la agricultura como pilar del desarrollo económico refuerza la necesidad de centrar la atención en el sector agrícola, mientras que la relación inextricable entre el hambre, la pobreza y las zonas rurales reafirma la necesidad de basar el desarrollo agrícola en la sustentabilidad y la equidad.

Esta Reunión es oportuna también porque centra la atención en la tendencia inexorable hacia la mundialización y el papel de la agricultura en ese sentido. La «marginación», a la que se aludió antes, es en realidad y cada vez más el principal efecto invariablemente asociado con la mundialización: el sector agrícola en su conjunto está quedando marginado en relación con el sector moderno. El dilema que se plantea consiste en que si el sector se abre a las inversiones extranjeras directas, como parte del proceso de mundialización, se corre el riesgo de que las explotaciones en pequeña escala no sólo se vean marginadas sino también desposeídas de sus tierras a medida que en los países en desarrollo se establecen explotaciones agrícolas vinculadas a empresas multinacionales compradoras para suministrar productos estándar en los mercados mundiales. Es urgente, por lo tanto, examinar el papel de la agricultura en el contexto de la mundialización y sacar conclusiones acerca de cómo puede encauzarse el proceso para que beneficie al máximo posible de gente y de países. Como dijo hace poco el Director General de la OIT en su alocución ante el 17.º Congreso Mundial de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL)[3]:

La mundialización, tal como se conoce hoy día, no sobrevivirá a menos que sus beneficios lleguen a un número mayor de personas. Esto significa que la mundialización tiene aún que pasar la prueba de la legitimidad social... La forma que ha adoptado la mundialización es el resultado de políticas que pueden modificarse. Si el modelo actual de la mundialización no cambia, desaparecerá. Nuestra tarea común consiste en modelar el proceso de manera que el poder y el potencial del mercado de trabajo, la economía del conocimiento y la sociedad de redes lleguen a cada nación, cada aldea, cada hogar... La prueba básica de la economía mundial consistirá en su capacidad para suministrar trabajo decente para todos.

Antecedentes de la Reunión

Esta Reunión forma parte del Programa de Actividades Sectoriales de la OIT, cuyo propósito consiste en facilitar el intercambio de información entre los mandantes sobre la evolución laboral y social en relación con determinados sectores económicos, complementado con investigaciones orientadas a la práctica sobre temas de interés para cada sector. Este objetivo se ha plasmado tradicionalmente celebrando reuniones sectoriales internacionales de carácter tripartito para intercambiar puntos de vista y experiencias con miras a fomentar una mayor comprensión de las cuestiones y problemas específicos de cada sector, promoviendo un consenso internacional tripartito sobre las inquietudes sectoriales y proporcionando orientaciones en materia de políticas y medidas nacionales e internacionales para abordar cuestiones y problemas conexos, impulsando la armonización de todas las actividades de la OIT de carácter sectorial, actuando como centro de coordinación entre la Oficina y sus mandantes, y proporcionando asesoramiento técnico, asistencia práctica y un apoyo concreto a los mandantes de la OIT con el fin de facilitar la aplicación de las normas internacionales del trabajo.

Esta Reunión se incluyó en el Programa de Reuniones Sectoriales para 2000-2001 en la 273.ª reunión (noviembre de 1998) del Consejo de Administración. En esa ocasión se eligió también el tema de la Reunión con el fin de reflejar la importancia del contexto de la mundialización en el cual deben situarse cada vez más las cuestiones relativas a la «sostenibilidad» y la «modernización» de la agricultura. Se invitó a los Gobiernos de los 26 países siguientes a enviar representantes: Bangladesh, Benin, Brasil, Bulgaria, República Checa, Chile, China, Costa Rica, Dinamarca, Ecuador, Egipto, El Salvador, Etiopía, Filipinas, Ghana, Honduras, India, República Islámica del Irán, Kenya, Malasia, México, Nigeria, Sri Lanka, Sudáfrica, Uganda y Viet Nam. En caso de que cualquiera de esos Gobiernos no pudiese asistir, se propuso invitar a otros países de la región incluidos en una lista de reserva. Se previó también elegir 26 representantes de los empleadores y 26 representantes de los trabajadores, previa consulta con los Grupos respectivos del Consejo de Administración. Dichos representantes no tienen necesariamente que proceder de los países antes enunciados.

Según lo decidido por el Consejo de Administración, el objeto de la Reunión, es el siguiente:

Intercambiar puntos de vista sobre el sector agrícola en el siglo XXI: su contribución al empleo, ingresos y perspectivas de aumento de la productividad...; adoptar conclusiones que incluyan propuestas de acción en el ámbito nacional por parte de los gobiernos, de las organizaciones de empleadores y de trabajadores, y de la OIT; ... y adoptar un informe sobre la discusión.

Organización del informe

El informe está organizado en torno a distintas cuestiones. En el capítulo 1 se establece el contexto en función de los principales temas: la mundialización, la sostenibilidad y la modernización. La mundialización se examina en relación con los cambios registrados en los papeles del Estado y de los mercados, la función tradicional de la agricultura en el desarrollo, y los cambios en las estructuras del empleo originados por el desarrollo. La sostenibilidad del desarrollo agrícola y el empleo, así como la modernización de la agricultura se examinan en relación con los imperativos del aumento de los niveles de productividad, la diversificación de las exportaciones y la modificación del régimen de tenencia de tierras. Los aspectos más recientes de la «modernización», esto es, las presiones sociales para mejorar las prácticas laborales, se examinan por separado en el capítulo 4. El capítulo 2 se centra en los resultados del sector agrícola durante los últimos dos decenios, con especial insistencia en la contribución de la agricultura a la mejora de los niveles de vida y la transformación de las economías. En este capítulo se examinan también cuestiones relativas a los salarios y la pobreza. En el capítulo 3 se exponen las principales cuestiones macroeconómicas en el ámbito de la agricultura (precios y subsidios, los precios de los productos básicos y la relación de intercambio externa, así como el papel de las actividades rurales no agrícolas), y en el capítulo 4 se abordan las cuestiones sociales con que se enfrentan cada vez más los gobiernos y los agricultores debido a los cambios de actitud que se producen a nivel mundial con respecto a las condiciones de trabajo (trabajo infantil, igualdad de género, iniciativas privadas voluntarias, seguridad y salud en el trabajo y modificaciones genéticas). Aunque muchas de estas cuestiones han sido siempre parte integrante del sector agrícola, algunas de ellas son nuevas (por ejemplo, las iniciativas voluntarias y las técnicas genéticas), pero incluso con respecto a las que no son nuevas (trabajo infantil, igualdad de género, seguridad y salud en el trabajo) hay ahora una presión creciente sobre los gobiernos para que efectúen cambios, con frecuencia en respuesta a movimientos de consumidores. En relación con las cuestiones sociales analizadas, la inclusión de las técnicas genéticas requiere una explicación, porque en principio ello no forma parte de las esferas de competencia de la OIT. No obstante, esta cuestión puede afectar las tendencias del empleo y, por consiguiente, los ingresos de los agricultores, además de ser un tema que ha de figurar cada vez más en cualquier debate que se celebre en el sector agrícola. En el capítulo 5 figuran las conclusiones y en el capítulo 6 un resumen y los puntos que se proponen para discusión.

Cabe hacer una aclaración sobre los datos utilizados: la mayoría de ellos han sido sacados de anuarios y bases de datos de organizaciones internacionales (la propia OIT, FAO, FIDA, FMI, UNCTAD, Banco Mundial, OMC y PNUD). Los nombres de dichas organizaciones se citan cuando corresponde y se les agradece también, al igual que a la UITA, por el material proporcionado. La mayor parte de los datos corresponden al año «más reciente» del que se dispone información. Dado que las encuestas sobre el empleo y la mano de obra sólo se recopilan esporádicamente, la mayoría de esos datos se refieren a 1997. Asimismo, es frecuente que haya diferencias entre los datos que figuran en distintos anuarios y entre éstos y los proporcionados por las fuentes nacionales. Este tipo de inconveniente es inevitable y en la mayoría de los casos no tiene consecuencias para las tendencias y conclusiones generales a las que se llega aquí.

Este informe se publica bajo la autoridad de la Organización Internacional del Trabajo y fue redactado por el Sr. Vali Jamal, especialista en cuestiones relativas al sector rural del Departamento de Actividades Sectoriales.

1.    Mundialización y agricultura

El comercio internacional y la inversión directa no son nada nuevo: ya en 1890 las exportaciones de mercancías representaban el 15 por ciento del producto interior bruto (PIB) de Europa occidental, frente al 25 por ciento aproximado que representan actualmente, y el 6 por ciento del PIB de los Estados Unidos, que actualmente se sitúa entre el 8 y el 10 por ciento; la inversión extranjera directa (IED) había alcanzado los 14.000 millones de dólares de Estados Unidos cuando estalló la Primera Guerra Mundial[4].

Lo realmente nuevo es el contexto que rodea a la actual campaña de mundialización. Cabe destacar dos aspectos fundamentales: el cambio ideológico mundial y la difusión de la nueva tecnología de la información y de la comunicación (TIC). En los decenios de 1970 y 1980 se pudo observar una reestructuración de las políticas nacionales en un sentido de liberalización económica, con menos intervención del Estado en la gestión económica y más apertura de las economías al comercio internacional y la inversión. Los aranceles aplicables a los países en desarrollo que disfrutan del trato de nación más favorecida disminuyeron, pasando del 34 por ciento en que se situaban hacia mediados del decenio de 1980 a un 20 por ciento en 1998, y en teoría han de seguir disminuyendo hasta el 14 por ciento, de conformidad con los acuerdos de la Ronda Uruguay[5]. En todas partes se han eliminado los obstáculos a la inversión extranjera. En los bloques regionales (como la ASEAN, la APEC, el MERCOSUR, la Comunidad del Africa Oriental — CAO, y el TLC) estas tendencias fueron aún más marcadas. La expansión de la tecnología digital (Internet, telefonía móvil y fax) y la notable disminución de sus precios (véase el recuadro 1) contribuyeron al aumento del comercio y la inversión; esta última fue especialmente importante bajo la forma de producción transfronteriza de las empresas multinacionales (esto es, las empresas que poseen fábricas en diversos países) y sus redes de filiales y socios. Actualmente, las multinacionales controlan un quinto del PIB manufacturero mundial, y un tercio del comercio mundial corresponde a transacciones entre los complejos industriales multinacionales de todo el mundo[6].
 

Recuadro 1
Expansión y abaratamiento de la tecnología

El ordenador personal, que se ve ahora como algo tan natural, es obra de un inventor que trabajaba en un garaje cerca de Stanford, California, a principios del decenio de 1970. La red mundial World Wide Web (Internet) apareció en 1990, y en 1994 se distribuyó gratuitamente Netscape. El uso del teléfono móvil, que era prácticamente desconocido a principios del decenio de 1990, se generalizó a finales del decenio. La interconexión entre estos tres inventos impulsará la «nueva economía» durante los próximos decenios. Los costos de estas tecnologías y de las viejas tecnologías están disminuyendo constantemente (véase el gráfico que figura a continuación): el coste del transporte aéreo disminuyó un 84 por ciento entre 1930 y 1990, el de una llamada telefónica interurbana un 90 por ciento y el de los ordenadores un 95 por ciento entre 1970 y 1990.

Costo en términos reales

 

Cabe concebir tres mecanismos para extender los efectos de la mundialización: el comercio, la inversión exterior y la transmisión de nuevas ideas. El ritmo más rápido de crecimiento del comercio internacional corresponde a los productos manufacturados, en consonancia con las estructuras de la demanda, pero los cambios propuestos en la Ronda Uruguay podrían tener también una incidencia importante en el comercio de productos agrícolas. De conformidad con los acuerdos de la Ronda Uruguay, los aranceles aplicables a los productos agrícolas tenían que reducirse considerablemente de su nivel actual (en torno a un 40 por ciento), y las subvenciones a la exportación, cuya mayor parte corresponde a los países desarrollados, debían reducirse en un tercio para el año 2000, respecto de los niveles registrados en 1986-1987. Se mantuvo la segunda promesa pero no la primera. Se estimó que, una vez que se aplicaran todas las medidas, el comercio de productos agropecuarios podría aumentar hasta un 50 por ciento, con lo que se obtendrían en todo el mundo unos beneficios de 160.000 millones de dólares de Estados Unidos[7]. Por otra parte, los precios de los productos alimenticios podrían aumentar un 5 por ciento durante el decenio. Habrá una mayor necesidad de aumentar los niveles de productividad de la agricultura de los países en desarrollo para garantizar la supervivencia ante la competencia, y los importadores netos de productos alimenticios, especialmente en el Africa subsahariana (AS), tendrán que hacer frente a un aumento de los precios de consumo. Los países competitivos se beneficiarán de la reducción global de subvenciones. Estos cambios no se producirán de la noche a la mañana, de modo que todos los países podrán llevar a cabo los ajustes oportunos.

La inversión extranjera directa empieza ya a hacer sentir sus efectos en la agricultura de los países en desarrollo, como se refleja en la introducción de nuevos productos básicos para la exportación. La floricultura ha conocido un auge considerable en los últimos dos decenios en gran parte gracias a inversiones extranjeras en forma de transferencias de capital, tecnología y personal calificado de los países desarrollados, y cabe esperar que surjan nuevas iniciativas en este sentido. Un medio importante para ello será sin duda que las cadenas internacionales de supermercados exigirán de sus proveedores unas normas estrictas de calidad: esto podría incluso dar lugar a que las multinacionales empezasen a invertir directamente en el sector agrícola. Pero conviene tener en cuenta que si estas inversiones se pusiesen en marcha con demasiada rapidez, podrían tener unos efectos negativos para los pequeños agricultores de los países en desarrollo, que constituyen actualmente la mayor parte de la fuerza de trabajo mundial, por lo que hay que extremar la vigilancia.

El peligro para el sector agrícola estriba en la rapidez del ritmo de la mundialización. La preocupación que existe al respecto responde a tres hechos: i) el control del comercio de productos alimenticios por unas pocas empresas multinacionales; ii) las enormes diferencias tecnológicas que existen entre los países ricos y los países pobres; y iii) el papel de la agricultura como sector que da empleo a la mayor parte de la fuerza de trabajo en los países más pobres. La penetración de las empresas multinacionales en los países en desarrollo irá sin duda en aumento, impulsada por el clima de liberalización reinante. Los pequeños agricultores podrían ser las víctimas de este proceso. Además, las empresas extranjeras dedicadas a la agricultura tratarán seguramente de reproducir la tecnología que les es familiar, y esto supondría sin duda el desplazamiento de gran número de trabajadores del sector agrícola. Parecido fenómeno se ha producido ya en los sectores «modernos», con la supresión de pequeñas empresas como resultado de la inversión extranjera directa, pero aunque muchos trabajadores urbanos desplazados han podido encontrar empleo en las industrias en rápida expansión, sería mucho esperar que sucediera lo mismo en el caso de la agricultura, por el gran volumen que alcanzaría este fenómeno. Por ejemplo, en una situación en el que el sector agrícola emplea las tres cuartas partes de la fuerza de trabajo (como ocurre todavía en muchos países) un descenso del empleo de sólo un 10 por ciento exigiría un aumento del empleo del sector moderno de un 30 por ciento. Es necesario permanecer vigilantes e introducir los cambios políticos necesarios. Como señaló el Director General de la OIT en la ya mencionada alocución ante el Congreso Mundial de la CIOSL, «suele afirmarse que la globalización no puede cambiarse ... sencillamente no es así ... debemos denunciar como falsa la idea de que todo lo que podemos hacer es adaptarnos a la globalización»[8]. En el sector agrícola más que en ningún otro sector, los países tienen que intervenir, dictar el ritmo de la mundialización y encauzarla debidamente.

El tercer mecanismo para extender los efectos de la mundialización (la transmisión de ideas) puede desempeñar el papel más importante. Las prácticas laborales tendrán que cambiar, presionadas por los consumidores y los grupos de interés. Hay que introducir cambios en ámbitos tales como el trabajo infantil, la igualdad de género, y la seguridad y salud en el trabajo. Estos ámbitos, que constituyen un motivo de constante preocupación para la OIT, se examinan con mayor detalle en el capítulo 4 del presente informe.

Estados y mercados

La mundialización ha estado muy vinculada a la liberalización, y las manifestaciones externas de esta última — como se ha dicho antes — han sido la supresión de obstáculos al comercio, la inversión extranjera directa y los movimientos de capital; las manifestaciones internas que se refieren a un menor control de la economía por parte del Estado también han sido notables y han tenido una importante incidencia en la agricultura.

La invasión de las economías por el Estado se ha ido intensificando en todo el mundo a lo largo del siglo XX, fomentada por la creencia de que sólo el Estado podía impulsar el crecimiento y el desarrollo industrial, así como por la necesidad de salir adelante tras las periódicas depresiones económicas. Se estimaba que para ello era indispensable controlar las «instancias determinantes» de la economía. La acumulación de pruebas de que los mercados no estaban siendo equitativos reforzaba aún más la idea de que el Estado debía desempeñar un papel en la economía. La prueba de fuego fue la revolución rusa, experimento que reprodujeron en diversas formas diluidas ciertos gobiernos de Estados de reciente independencia en Asia y Africa que, además de propugnar el crecimiento y la igualdad, se proponían también que sus economías abandonaran el sistema colonial consistente en proveer de productos primarios a las metrópolis. La gran depresión de los años treinta indujo al Estado a realizar inversiones en infraestructura y a diseñar programas de bienestar para crear efectos multiplicadores como solución al desempleo generalizado, y al mismo tiempo establecer una red de seguridad para los desempleados. Esto sirvió para justificar la intervención del Estado en la economía, en nombre de la igualdad, mediante las subvenciones y otros medios de redistribución de la riqueza social, que son las trampas del moderno Estado del bienestar. Actualmente, los gastos públicos expresados como porcentaje del PIB siguen siendo superiores a un promedio del 45 por ciento para los países de la OCDE, frente a sólo la mitad de esa cifra para los Estados Unidos y un monto todavía inferior para el Africa subsahariana.

Los gobiernos de todo el mundo tratan de encontrar la forma de reducir estos gastos y la solución preferida es confiar a los mercados las funciones asumidas hasta ahora por el Gobierno mediante la privatización de empresas estatales, así como los servicios de salud y educación. La primera opción no suele plantear problemas, porque se suele reconocer que las empresas estatales — muy abultadas en los países de bajos ingresos — no son eficaces, y provocan sangrías en el presupuesto, en detrimento de la asignación de recursos a causas sociales que merezcan realmente la pena; sin embargo, y a pesar del presente alud de desinversiones, las empresas estatales siguen siendo importantes en los países en desarrollo (véase el recuadro 2). La controversia surge cuando el Estado trata de disminuir los recursos que destina a las causas sociales, principalmente a la salud y a la educación. Con la privatización, de nuevo la opción preferida, los grupos vulnerables quedan expuestos a los caprichos del mercado.
 

Recuadro 2
Las empresas estatales siguen existiendo, aunque en menor número

Las empresas estatales son entidades de servicios o de producción pertenecientes o controladas por el Estado. Las actividades del sector público tales como la educación, la salud, la construcción y mantenimiento de carreteras quedan excluidas de esta definición. En Zambia, en 1985-1990, las empresas estatales controlaban el 32 por ciento del PIB, el porcentaje más alto que se ha registrado. Muchos países registraron durante el mismo período un porcentaje del 10 por ciento; actualmente el promedio se situaría entre el 7 y el 8 por ciento. Las cifras que figuran más abajo muestran que la India y Zimbabwe no han experimentado o han experimentado pocos cambios en los períodos comprendidos entre 1985-1990 y 1990-1995, situándose por encima del 10 por ciento.

Porcentaje del PIB que suponen las empresas de titularidad estatal

 

Papel de la agricultura en el desarrollo

¿Qué lugar ocupaba la agricultura en este modelo de desarrollo y cuál es el nuevo papel que debe desempeñar en el contexto de la mundialización? De conformidad con las teorías económicas aceptadas, se consideraba que la agricultura tenía una función pasiva en el desarrollo económico, que se basaba en aportar excedentes para el crecimiento del sector industrial. Estos excedentes podían revestir varias formas: los trabajadores que abandonan el sector rural para trabajar en la industria; el transporte de alimentos para el abastecimiento de la población urbana, y el suministro de productos agrícolas como insumos para la industria y como productos básicos de exportación para la generación de divisas. El sector rural proporcionaría también un mercado para los bienes manufacturados[9].

La transferencia de excedentes del sector rural al resto de la economía se puede conseguir por varios medios: el trabajo forzoso, la expropiación de tierras, los impuestos, los márgenes de las juntas de comercialización, y la relación de intercambio en la que los precios relativos se desvían a favor de los productos no agropecuarios, para lo cual se mantienen a menudo tipos de cambio sobrevalorados. Unos excedentes demasiado grandes pueden perjudicar el interés por cultivar productos agrícolas. A finales del decenio de 1970 y 1980, se mantuvo que precisamente esta obtención excesiva de excedentes, a través de agencias de comercialización corruptas e incompetentes, tipos de cambio sobrevalorados y la distorsión de las políticas de precios, era una de las causas de la crisis de la agricultura en muchas partes del mundo. Esta crisis se agravó por la escasez de insumos agrícolas y de los bienes de consumo contra los que se obtienen los productos agrícolas. En los países del Africa subsahariana disminuyó el producto oficialmente comercializado. La baja de los precios internacionales no hizo más que agravar la crisis. Esta experiencia, y la de muchos otros países de reciente industrialización, ha destacado la importancia de la agricultura, no sólo como un generador pasivo de excedentes para el crecimiento industrial sino también como un medio de subsistencia para el 50-70 por ciento de la población mundial que se sigue dedicando a la agricultura, y como proveedora de una red de seguridad para la población urbana que atraviesa dificultades económicas[10]. La crisis financiera asiática de 1997-1998 puso de relieve esta función de la agricultura (véase el recuadro 3).

Recuadro 3
Productos alimenticios en la crisis asiática

La importancia de los productos alimenticios se puso de relieve en la reciente crisis financiera asiática. En Indonesia, los precios de los productos alimenticios aumentaron un 70 por ciento en 1998, muy por encima de la tasa de inflación general. Si bien El Niño influyó en cierta medida, el factor más decisivo fue la subida del precio de los insumos resultante de la devaluación. La producción de arroz disminuyó aproximadamente 4 millones de toneladas y las importaciones aumentaron situándose a un nivel sin precedentes, que representó el 20 por ciento del comercio mundial. El Gobierno respondió distribuyendo arroz, en un monto equivalente al 20 por ciento de las necesidades calóricas diarias, a 17 millones de familias pobres, esto es, a aproximadamente 85 millones de personas, a un tercio del precio de mercado. Asimismo, incrementó los programas de alimentación en la escuela para 8,2 millones de niños de poblados pobres. En cambio, en Tailandia un sector agrícola importante mitigó la crisis no sólo porque continuó abasteciendo de alimentos a las zonas urbanas sino también porque acogió a los miembros de las familias que habían sido despedidos de las fábricas.

Fuente: FAO «Impacto de la reciente inestabilidad financiera mundial y el cambio de prioridades en la región de Asia y el Pacífico», Exposición para los representantes permanentes de la FAO, Roma, 27 de noviembre de 1998, en http://www.fao.org/waicent/faoinfo/economic/esd/finance/finance.htm. Véase también Eddy Lee: La crisis financiera asiática: el reto para la política social (Ginebra, OIT, 2000).

La función de producción de excedentes del sector agrícola es una constante en todas las economías y en cualquier época. El excedente alimenta a un sector industrial que empieza a experimentar un ritmo de crecimiento más rápido que el de la agricultura, por lo que comienza a haber una regresión relativa de esta última. La Ley de Engel — que muestra cómo las personas gastan sus ingresos a medida que mejora su situación económica (disminuye la proporción que se destina a alimentos, ropas de vestir y otros productos básicos, y aumenta la que se destina a productos manufacturados y servicios) — es el principio que inspira todas estas relaciones.

La menor importancia que está teniendo la agricultura en el desarrollo se puede observar mejor en los cambios que se producen en la estructura del empleo. Esto se ilustra en el gráfico 1, que se basa en un conjunto de países representativos y en los gráficos 2 y 3, que se basan en series cronológicas para Malasia. Madagascar (gráfico 1), en donde en 1997 los ingresos por habitante eran de 250 dólares de Estados Unidos, se encontraba entre los diez países más pobres del mundo y a mediados del decenio de 1990 (últimos datos disponibles) aproximadamente el 80 por ciento de la fuerza de trabajo estaba ocupada en el sector agrícola; esta proporción es del 67 por ciento en la India, del 17 por ciento en Malasia y del 3 por ciento en los Estados Unidos, siendo esta última cifra la que registra la mayor parte de los países de la OCDE. En cambio, la proporción de la fuerza de trabajo ocupada en la industria aumenta de aproximadamente el 15 por ciento para los países de ingresos bajos a un 25-35 por ciento para los países desarrollados (por ejemplo, 31 por ciento en la República de Corea y 24 por ciento en los Estados Unidos). En la mayor parte de estos países la proporción se sitúa entre un 25 y un 35 por ciento, lo que indica que, a la larga, las economías se orientan cada vez más hacia los servicios y no hacia las manufacturas a medida que aumentan sus niveles de desarrollo.

Gráfico 1.  Diversidad de la fuerza de trabajo (en torno a 1997)

Gráfico 2.  Malasia: estructura del empleo, 1970-1995

Gráfico 3.  Malasia: tendencias del empleo, 1970-1995

Los gráficos correspondientes a Malasia muestran los espectaculares cambios que se han producido en la estructura de la fuerza de trabajo en sólo 25 años desde 1970, como ejemplo de la transformación que cabe esperar en cualquier país en proceso de desarrollo. Al principio de este período, la mayor parte de la fuerza de trabajo de Malasia estaba ocupada en el sector agrícola (gráfico 2), pero hacia 1995 la proporción había disminuido y se situaba por debajo del 20 por ciento. La proporción correspondiente a la industria aumentó del 13 al 34 por ciento durante dicho período, y la de los servicios del 33 al 49 por ciento. El gráfico 3 muestra estas tendencias en términos absolutos de forma aún más visible. El hecho es que la fuerza de trabajo agrícola de Malasia empezó a disminuir en términos absolutos a partir de 1995, lo que indica que la generación de empleo se produjo en las zonas urbanas. Hacia 1995, un 25 por ciento menos de personas trabajaban en las explotaciones agrícolas de Malasia, en comparación con 1970. El sector manufacturero y el de los servicios no sólo lograron absorber a los trabajadores desplazados de la agricultura sino que además crearon respectivamente 1,5 y 3,1 millones de puestos de trabajo.

Como se muestra en la parte inferior del gráfico, resalta también el hecho de que la mayor parte de los empleos urbanos se crearon en la categoría de trabajo asalariado de forma que la proporción de empleos urbanos correspondiente a «trabajos no asalariados», equiparables al empleo en el sector informal, bajó a un 25 por ciento en 1995, frente al 40 por ciento de 1970. El número de trabajos no asalariados disminuyó, incluso en términos absolutos, después de 1998. Malasia logró con mucho éxito crear empleo «moderno», transformando su economía de base agrícola en una economía basada en la industria y los servicios y pasando de una economía urbana predominantemente informal a una economía prácticamente formal.

La tendencia al empleo asalariado que se ejemplifica con Malasia es una parte importante del proceso de modernización. En este proceso intervienen dos factores: i) la decadencia de la agricultura con explotaciones agrícolas de base familiar, y ii) la decadencia de las pequeñas empresas de base familiar en los sectores no agrícolas. Los países del Africa subsahariana se encuentran todavía en las primeras fases de la economía monetaria: en Uganda, por ejemplo, sólo el 13,7 por ciento de la fuerza de trabajo tenía un empleo asalariado en 1994 (último año del que existen datos disponibles; véase el cuadro 1): el resto eran trabajadores independientes o trabajadores familiares. Como punto de comparación, en Pakistán esta cifra era del 34 por ciento, en América Latina del 50-70 por ciento y en los Estados Unidos y Europa occidental del 90 por ciento. La correlación con los ingresos por habitante resulta clara, ya que los países que figuran en el cuadro 1 están clasificados por orden ascendente. Como muestra el cuadro, Sri Lanka también experimentó una rápida transformación estructural, al aumentar el porcentaje de la fuerza de trabajo con empleo asalariado del 50 por ciento en 1990 al 60 por ciento en 1996[11].

Cuadro 1.  Porcentaje de la fuerza de trabajo con empleo asalariado


Bangladesh

1996

12,4

Uganda

1994

13,7

Pakistán

1996

34,1

Sri Lanka

1990

49,8

Sri Lanka

1996

59,9

Venezuela

1993

61,8

Chile

1997

71,3

Japón

1997

82,2

Estados Unidos

1997

91,8


Fuente: OIT: Key Indicators of the Labour Market, 1999, op. cit., cuadro 3, págs. 83 a 91.

Sostenibilidad

El tema fundamental de este informe es además de la «mundialización» y de la «modernización», el «desarrollo agrícola sostenible» cuyo concepto se ha ampliado para incluir «la agricultura y desarrollo rural sostenibles» (ADRS). El concepto se formuló por primera vez en el Programa 21 adoptado por la «Cumbre para la Tierra» (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo – CNUMAD) que tuvo lugar en Río de Janeiro en 1992 y se discutió extensamente en el octavo período de sesiones de la Comisión de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (CDS8) en abril-mayo de 2000. El principal objetivo de la ADRS es garantizar que la producción de alimentos aumenta de forma sostenible y que mejora la seguridad alimentaria. El empleo, la generación de ingresos y la equidad, todos ellos objetivos del mandato de la OIT, son elementos fundamentales de la ADRS (véanse los recuadros 4 y 5), siendo el objetivo principal el «empleo sostenible» por lo que se refiere a la remuneración del trabajo y a la salud y la seguridad de los trabajadores. La ADRS encarece a todas las partes interesadas (agricultores, trabajadores, empleadores, gobiernos, ONG) a que se comprometan a conservar los recursos naturales de la tierra para velar por que la agricultura, la silvicultura y la pesca contribuyan a satisfacer las necesidades básicas no sólo de la generación presente sino también de las generaciones futuras[12]. Aunque no existe una definición oficial, son bien conocidos los diferentes rasgos que distinguen la «agricultura sostenible» de la «agricultura» (véase el recuadro 5): en primer lugar, la noción de conservar los recursos terrestres para las generaciones presentes y futuras; en segundo lugar, la utilización de prácticas agrícolas integradas y adoptadas localmente; en tercer lugar, la representación de agricultores y trabajadores agrícolas (incluidos los trabajadores asalariados) en todas las etapas del proceso de toma de decisiones y, en cuarto lugar, una distribución más equitativa de los recursos y de los alimentos. El concepto de la ADRS está más desarrollado en el concepto conexo del «carácter multifuncional de la agricultura y la tierra» que reconoce las diversas funciones de carácter ambiental, económico y social que desempeña la agricultura, además de su función primaria que consiste en producir alimentos, fibra y combustible. Este carácter multifuncional pone de relieve los posibles vínculos y compensaciones entre las actividades rurales que contribuyen a un desarrollo rural sostenible. Hay cuatro elementos fundamentales:

Recuadro 4
ADRS: Programa 21

El concepto de agricultura y desarrollo rural sostenibles comenzó a difundirse en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Cumbre para la Tierra) que se celebró en Río de Janeiro en 1992. Como se señala en el capítulo 14 del Programa 21: el principal objetivo de la agricultura y el desarrollo rural sostenibles es aumentar la producción de alimentos de manera sostenible y mejorar la seguridad alimentaria. Esto requerirá la adopción de iniciativas en materia de educación, la utilización de incentivos económicos y el desarrollo de tecnologías nuevas y apropiadas, para así garantizar suministros estables de alimentos adecuados nutricionalmente, el acceso de los grupos vulnerables a esos suministros y la producción para los mercados; el empleo y la generación de ingresos para aliviar la pobreza; y la ordenación de los recursos naturales y protección del medio ambiente.

De las 12 áreas de programas mencionadas en el capítulo 14, tres son especialmente pertinentes para este informe y revisten especial interés para la OIT:

a)      estudio, planificación y programación integral de la política agrícola en vista del aspecto multifuncional de la          agricultura, sobre todo en lo que respecta a la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible;

b)      logro de la participación popular y fomento del desarrollo de los recursos humanos para la agricultura sostenible;

c)      mejoramiento de la producción agrícola y los sistemas de cultivo mediante la diversificación del empleo agrícola y          no agrícola y el desarrollo de la infraestructura.

El capítulo 19 trata de cuestiones relativas a la seguridad y salud en el trabajo, cuya importancia para las actividades de la OIT conviene analizar con mayor detalle.

 

Recuadro 5
«Agricultura sostenible» frente a «agricultura»

La Comisión de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible en su octavo período de sesiones que acaba de concluir (abril-mayo de 2000), organizó un diálogo entre las diversas partes interesadas sobre la agricultura sostenible. Una de las cuestiones planteadas fue la de cómo distinguir «agricultura sostenible» de «agricultura». Se propusieron, entre otros, los siguientes elementos:

    Utilización responsable de los recursos disponibles para satisfacer las necesidades de energía, alimentos y fibra de la población (industria); producción en armonía ambiental, económica y social con las zonas adyacentes (agricultores); prácticas agrícolas que sean sostenibles a lo largo del tiempo (un gobierno); prácticas agrícolas que sean socialmente justas y adecuadas desde el punto de vista ambiental y cultural (ONG y pueblos indígenas). Los sindicatos declararon que la agricultura convencional era fundamentalmente insostenible y que si bien se promovía para luchar contra el hambre, el hambre no era resultado de la productividad sino más bien de una mala distribución y difícil acceso a los alimentos.

Las partes interesadas convinieron en la necesidad de continuar el debate e intercambiar información sobre las «mejores prácticas [sostenibles]» en diferentes partes del mundo teniendo en cuenta las diferencias en el patrimonio de recursos.

Fuente: CDS8: Chairman's Summary, op. cit., párrafos 21 y 22.

Las prácticas agrícolas sostenibles abarcan la utilización de nutrientes orgánicos y biológicos, la rotación de cultivos, el manejo integrado de plagas (MIP)[13] y una mayor diversidad biológica. Las prácticas sostenibles no sólo son favorables al medio ambiente sino que también pueden proporcionar un mayor rendimiento[14]. Es necesario introducir cambios en las políticas públicas, las instituciones económicas y los valores sociales para promover políticas integradas que favorezcan la higiene ambiental, la rentabilidad económica y la equidad social. Las soluciones de mercado podrían ser un medio de transmitir informaciones pertinentes a los agricultores a la hora de decidir sobre la gestión sostenible de los recursos. Los «precios francos frontera» podrían utilizarse para suprimir los prejuicios contra los sistemas de cultivo sostenibles. La descentralización y la participación comunitaria en la conservación de los recursos puede ser crucial para promover y fomentar la agricultura sostenible. La agricultura orgánica forma parte integral de la agricultura sostenible. Sin embargo, sólo puede ser un objetivo a largo plazo, habida cuenta de la disponibilidad inicial limitada del material natural orgánico para reutilización en algunos países (véase el recuadro 6). Lo importante es que haya una tendencia progresiva hacia la agricultura orgánica y la agricultura sostenible en los países desarrollados y en desarrollo.

Los consumidores podrían desempeñar un papel fundamental en el establecimiento de un sistema alimentario sostenible. El actual reto consiste en aplicar estrategias innovadoras tales como las iniciativas privadas voluntarias que amplían las perspectivas de los consumidores, de forma que las preocupaciones sobre la calidad del medio ambiente, la utilización de los recursos y la equidad social se tengan en cuenta junto con los precios a la hora de efectuar las decisiones de compra. Al mismo tiempo, se tienen que proporcionar incentivos para que los productores puedan utilizar prácticas sostenibles para comercializar sus productos a un público más amplio.

Recuadro 6
Agricultura orgánica: ¿y después?

La agricultura orgánica supone un requisito previo: la disponibilidad del suficiente material orgánico para reutilización. La insuficiencia de dicho material excluye a la agricultura orgánica como solución inmediata para responder a la escasez de alimentos en Africa. «Para ello» dice el Sr. Gordon Conway, Presidente de la Fundación Rockefeller y ecologista y agrónomo de gran prestigio, «Se necesita alimentar la tierra con materia orgánica. En este momento, el rendimiento de las cosechas [africanas] es demasiado bajo como para dejar el suficiente material orgánico. El ganado [africano] no es demasiado sano y produce abono de baja calidad — la mayor parte del cual se quema para combustible. De aquí a 15 años [Africa] puede que pueda disponer de una agricultura orgánica, pero sólo si se añade a la tierra una elevada cantidad de nitrógeno con abonos inorgánicos industriales».

Se tomó nota de esta idea en el diálogo entre las diversas partes interesadas sobre la agricultura sostenible en la CDS8:

    Algunos señalaron que en muchos países no hay suficiente materia orgánica disponible para hacer que la [agricultura orgánica] sea la única base de la producción agrícola. Otros señalaron que tanto los insumos orgánicos como inorgánicos podían ser adecuados según las diferentes condiciones locales. Se presentaron ejemplos en pro y en contra de la utilización de insumos industriales en las prácticas agrícolas; algunos defendieron su eficacia mientras que otros señalaron que una elevada aportación de material orgánico producía con el tiempo un menor rendimiento.

Fuente: Sunday Telegraf (Londres), 27 de febrero de 2000; y Naciones Unidas, CDS8, Chairman's Summary, op. cit., párrafo 12.

El concepto de «trabajo decente» que actualmente propugna la OIT y que engloba a todas las categorías de trabajadores (trabajadores asalariados y trabajadores independientes) y a todas las cuestiones relacionadas con el empleo (remuneración, condiciones de trabajo y representación de los trabajadores) constituye el fin y el medio de lograr una agricultura sostenible, insistiendo en el empleo sostenible, los niveles de vida y el bienestar. La agricultura sostenible podría contribuir a lograr estos objetivos garantizando que todos los trabajadores del sector rural (véase el recuadro 7) utilizan prácticas adecuadas que aportan un mayor rendimiento no sólo para la generación presente sino también para las generaciones futuras. En este sentido, los trabajadores asalariados agrícolas, que representan aproximadamente el 40 por ciento de la fuerza de trabajo ocupada en explotaciones agrícolas y plantaciones, podrían desempeñar un papel especialmente importante. Los salarios y condiciones de trabajo en el sector agrícola son generalmente inferiores a los que prevalecen en otros sectores. Sin embargo, a menudo los trabajadores asalariados agrícolas constituyen un grupo al que no se tiene debidamente en cuenta, en parte porque al estar muy dispersos no están organizados ni representados. Esto representa un importante obstáculo que se interpone al logro del desarrollo agrícola, especialmente al desarrollo sostenible, ya que los trabajadores asalariados excluidos pudieran no sentir ningún apego por la tierra que trabajan. La mejor solución a este problema es la aceptación internacional de las normas fundamentales del trabajo de la OIT, cuyos elementos centrales son el reconocimiento de los derechos de los trabajadores a la libertad sindical y a la negociación colectiva, la eliminación de la discriminación en relación con el empleo y la ocupación, del trabajo forzoso o en régimen de esclavitud y del trabajo infantil. En el anexo se enumeran las normas del trabajo que se aplican a los trabajadores agrícolas.

Recuadro 7
¿Quiénes son los trabajadores rurales?

Los trabajadores agrícolas forman parte de la fuerza de trabajo más amplia del sector rural. El Convenio sobre las organizaciones de trabajadores rurales, 1975 (núm. 141) y otros instrumentos de la OIT definen esencia a los trabajadores rurales como toda persona:

  • asalariada:

    —    que trabaje de forma permanente, eventual, con carácter estacional o en calidad de migrante;
    —    para pequeños o grandes empleadores en el sector de la agricultura, silvicultura o la pesca;
    —    que sean remunerados por el trabajo que realizan; o

  • que trabaja por cuenta propia:

    —    arrendatarios y aparceros que trabajan la tierra o en barcos que no les pertenecen y pagan al propietario una         renta en metálico o una proporción de la cosecha;
    —    pequeños propietarios que trabajan sus propias tierras o en sus propios barcos para ganarse la vida; o

  • sin tierra o desempleada que vive en las zonas rurales.

En resumen, en este informe se consideran trabajadores rurales a todas las personas (hombres, mujeres y desafortunadamente también niños) que se dedican a la producción de cultivos, ganado y productos y servicios no agrícolas en las zonas rurales, con exclusión de los pescadores.

La agricultura sostenible mantiene vínculos evidentes con la seguridad y salud en el trabajo. El programa de la OIT sobre seguridad y salud en la agricultura promueve la idea de una agricultura sostenible respecto a la protección de los trabajadores agrícolas. Este objetivo se logra mediante la promoción de las normas fundamentales del trabajo, la erradicación de la pobreza, el acceso a un empleo decente, la participación de los empleadores y trabajadores en la prevención de riesgos profesionales, la mejora de las condiciones de trabajo y la protección del medio ambiente de los efectos de las actividades desarrolladas en los lugares de trabajo. La OIT participa activamente en la aplicación de las recomendaciones formuladas por la Cumbre para la Tierra en el capítulo 19 del Programa 21, que se refieren a una gestión de los productos químicos tóxicos favorable al medio ambiente. El papel de la OIT en la agricultura sostenible se afirmó explícitamente en el octavo período de sesiones de la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible cuando «los participantes propugnaron [...] el apoyo de la CDS a las normas internacionales que incorporan las normas fundamentales del trabajo contenidas en los instrumentos pertinentes de la OIT»[15].

Modernización de la agricultura

La «modernización» de la agricultura presenta por lo menos cuatro facetas: i) el incremento de los niveles de productividad por medio de la utilización de una tecnología mejor; ii) la diversificación hacia unas explotaciones más dinámicas; iii) la orientación hacia sistemas de tenencia más durables; y iv) garantizar la adopción de normas fundamentales del trabajo de la OIT, como elemento del desarrollo sostenible. En esta sección se examinan las tres primeras cuestiones y la última se examina en el capítulo 4 del informe.

Productividad y tecnología

Actualmente el sector agrícola cuenta con una enorme red tecnológica, que abarca desde las máquinas más corrientes, los insumos químicos y los sistemas de regadío hasta la ingeniería genética y los dispositivos de control de insumos por ordenador. Esta última tecnología, que ya está dejando su impronta en los países desarrollados (véase el recuadro 8), dista mucho de estar al alcance del 70-80 por ciento de la población de los países en desarrollo que todavía dependen de la azada y del cubo de agua como aperos básicos, aunque habida cuenta de la disminución de los costos tecnológicos y la infraestructura ya instalada (satélites, programas informáticos) cabe esperar que estas tecnologías «den un salto» y sean adoptadas en las grandes explotaciones agrícolas de los países en desarrollo, como ya está ocurriendo (véase el recuadro 8).

Recuadro 8
Tecnología de la información y agricultura: el futuro ya está aquí

Los progresos futurísticos de la tecnología de la información están ya aplicándose en las explotaciones agrícolas en los países desarrollados. La mayoría de las aplicaciones tienen que ver con la «agricultura de precisión». En una versión, los mapas digitales generados por satélites (Sistema Mundial de Determinación de Posición), mediciones de la producción mediante «controladores de rendimiento» adaptados a las cosechadoras, y las muestras de tierra obtenidas manualmente se combinan para elaborar las características concretas del terreno y facilitar la aplicación específica de productos químicos. En otras, se utilizan sensores conectados a diversas partes de la planta para regular, mediante un sistema de control automatizado, funciones tales como el riego y las concentraciones de gas en la atmósfera.

La tecnología de la información puede también modificar la agricultura en los países en desarrollo. En la India, en donde se han logrado progresos notables de importancia mundial en el ámbito de la tecnología de la información en «Silicon Plateau», se han adoptado recientemente medidas para conectar a las zonas rurales. El 1.º de diciembre de 1999, el Primer Ministro de Karnataka, al sur de la India, instaló servicios de videoconferencia en nueve de sus distritos. Lo primero que preguntó a uno de los recaudadores de distrito fue: «¿cuánto cuestan hoy los tur daal en Gulbarga?» (tur daal: lentejas, principal fuente de proteínas en la India). Los ámbitos de aplicación prioritarios de la tecnología de la información en la India serán la agricultura, la atención primaria de la salud, los servicios de salud reproductiva y las comunicaciones de bajo costo. «El gobierno electrónico cambiará la forma de funcionar del Gobierno», dijo el Primer Ministro.

En otra importante iniciativa, los habitantes de Siddapur, India, aldea que fue trasladada a otro lugar después de haber sido anegada por el embalse hace 15 años, conectaron los ordenadores comprados con sus propios recursos a la red Internet, proporcionada gratuitamente por una empresa local. «Estamos orgullosos de ser propietarios de un ordenador conectado a Internet» fue el primer mensaje que enviaron al Primer Ministro de Andhra Pradesh. Anunciar los precios del arroz y de la cúrcuma, como se prometió, debería impedir la actual estafa endémica de comerciantes sin escrúpulos.

Una utilización importante de la tecnología de la información en los países en desarrollo podría ser controlar la situación alimentaria después de un desastre natural, como ocurrió en Venezuela después de las tormentas de diciembre de 1999. Se estableció una Red de Emergencia Intranet, con la asistencia de la FAO, para proporcionar información sobre los daños causados a la agricultura y sobre las necesidades de emergencia. Todos los ministerios de Gobierno competentes, los organismos internacionales y las organizaciones no gubernamentales pueden acceder a Intranet. Las actualizaciones periódicas contribuirían a controlar las cosechas y atenuar las crisis futuras.

Fuentes: Agriculture and technology, op. cit., pág. 7; India Today (New Delhi), 27 de diciembre de 1999; The Times of India (Mumbai), 19 de abril de 2000; y FAO en http://www.fao.org/news/2000/000104/2.htm.

Sin duda, los cultivos transgénicos tienen muchas posibilidades de «dar este salto»; dada su importancia en cuanto a los niveles de empleo, aumentos del rendimiento y posibles riesgos, se examinan con más detalle en el capítulo 4 del informe.

La tecnología ha avanzado tanto en los países desarrollados que ya no se habla de «agricultura» sino de «agroindustria» para referirse a la cadena que abarca el suministro de insumos, la producción, la transformación y la venta al por menor. Los agricultores representan sólo una pequeña parte de la cadena. Ya en 1950, el valor de las agroindustrias en el mundo representaba un valor de 420.000 millones de dólares de los Estados Unidos, del que sólo un tercio correspondía a los agricultores; hacia el año 2028 el mercado podría alcanzar un valor de 10 billones de dólares, del que sólo un décimo correspondería a los granjeros[16]. La tendencia fundamental es la consolidación de los sectores de suministro, transformación y venta al por menor. La agricultura propiamente dicha en estos países tiene cada vez menos vínculos con la tierra (véase el recuadro 9).

Recuadro 9
Agricultura: ¿el futuro en todo el mundo?

«Para disipar cualquier ilusión bucólica que pudiera persistir sobre la agricultura actual (en los países desarrollados), dese una vuelta por el «paraíso de los cerdos». Este pedazo de tierra de diez millas de extensión al norte de Ames, Iowa, produce casi un décimo del ganado porcino de América. Pero no se ve ni un solo animal. Se crían para carne hasta 4.000 cerdas al mismo tiempo en enormes naves de metal, sus dietas se controlan cuidadosamente, y sus cuidadores se duchan y visten como cirujanos para evitar infectar al ganado... O visite las explotaciones agrícolas del Mato Grosso al suroeste del Brasil. Aquí las plantaciones de soja de un sólo propietario se pueden extender hasta 60.000 hectáreas, y a un agricultor le puede llevar un día conducir ida y vuelta su cosechadora por un campo. O paséese por un invernadero gigante al sur de Amsterdam, en donde el cuidado de 280.000 rosales se efectúa mediante sistemas controlados por ordenador y sólo de vez en cuando los manipulan personas especialmente hábiles y adiestradas.»

Fuente: Agriculture and technology, op. cit.

Las cuestiones tecnológicas a las que se enfrentan la mayor parte de los agricultores del mundo son mucho más triviales: cómo aprovechar mejor el agua extraída de pozos de sondeo distantes, cómo hacer que alcance el abono, cómo pasar de la azada al arado. Existen correlaciones bien establecidas entre la utilización de estos insumos y el rendimiento, como se muestra en los próximos tres cuadros empezando por el cuadro 2, que establece los rendimientos por orden jerárquico, tomando los cereales como grupo de alimentos representativo por su mayor predominio en todo el mundo («las raíces y tubérculos», segundo grupo de alimentos más importante, se circunscribe mucho más al cinturón del trópico).

Cuadro 2.  Rendimiento de cereales por hectárea, kg/hectárea, 1999 e índice de 1999 (1975=100)


 

Rendimiento
(kg/hectárea)

Indice de 1999
(1975=100)


Mundo

3.043

159,2

Africa desarrolladaa

2.260

139,0

Africa en desarrollo

1.159

115,1

Asia desarrolladab

5.720

99,3

Asia en desarrollo

3.215

177,3

Europa oriental

3.482

119,0

Europa occidental

5.512

170,5

América del Norte

5.125

161,3

Oceanía

1.982

137,2

América del Sud

2.891

180,0


Notas: a Sudáfrica; b Israel, Japón.
Fuente: Estadísticas de la FAO, 1999.

La producción mundial de cereales por hectárea aumentó un 59 por ciento en el último cuarto de siglo, registrándose los mayores aumentos en Sudamérica (un 80 por ciento) y Asia (un 37 por ciento) (véase el cuadro 2). Los países africanos quedaron a la zaga, quizás por problemas relacionados con la modernización de sus cultivos tradicionales de cereales (el sorgo y el mijo)[17]. La producción aumentó mucho en Europa oriental hasta 1999, después de esta fecha disminuyó bruscamente y ahora se está recuperando lentamente, lo que refleja las perturbaciones económicas provocadas por los cambios estructurales en estas economías en transición.

Los países desarrollados de Asia (Japón e Israel) registran la mayor producción de cereales del mundo, pero su nivel se ha estancado desde 1975. La producción en América del Norte y Europa oriental aumentó considerablemente durante el período y actualmente se está acercando a la de los países desarrollados de Asia. El nivel de producción de Africa (todos los países excepto Sudáfrica) se sitúa a sólo un tercio del de los países de Asia en desarrollo. Estas disparidades se explican mejor a través de las diferencias en la utilización de sistemas de regadío, maquinaria moderna e insumos químicos (véanse los cuadros 3 y 4).

Cuadro 3.  Insumos agrícolas


 

Tierras de regadío
(% de tierras de cultivo)

 

Consumo de abonos (100 gramos por hectárea de tierra cultivable)

 

Maquinaria agrícola


 

 

 

Tractores/1.000 trabajadores agrícolas

 

Tractores/hectáreas
de tierra cultivable

 


 


 


 


 

1979-1981

1994-1996

 

1979-1981

1994-1996

 

1979-1981

1994-1996

 

1979-1981

1994-1996


Mundo

16,6

17,4

 

867

941

 

19

20

 

172

187

Asia oriental y Pacífico

 

2.444

3.076

 

2

2

 

55

61

Europa y Asia central

9,7

 

810

 

67

103

 

223

172

América Latina y el Caribe

9,8

11,2

 

786

931

 

25

34

 

95

112

Oriente Medio y Norte de Africa

23,6

31,1

 

605

992

 

12

24

 

61

118

Asia meridional

27,8

37,2

 

918

1.370

 

2

5

 

26

83

Africa subsahariana

3,6

3,8

 

419

576

 

3

2

 

23

18

Europa (UEM)

 

1.949

2.343

 

451

812

 

888

953


Fuente: Banco Mundial: World Development Indicators, 1999.

Cuadro 4.  Tasa de crecimiento de tractores y tierras de regadío, 1975-1997,
y proporción mundial en 1997


 

Tasa de crecimiento, 1975-1997
(% por año)

 

Porcentaje del total mundial, 1997

 


 


 

Tractores

Tierras de regadío

 

Tractores

Tierras de regadío


Países en desarrollo

5,2

1,7

 

24,5

75,2

       Africa

3,4

1,5

 

1,7

4,1

       Asia

6,7

1,7

 

16,7

64,3

       Sudamérica

3,2

2,2

 

4,9

3,7

Países desarrollados

0,8

1,3

 

75,5

24,8

Mundo

1,5

1,6

 

100,0

100,0


Fuente: estadísticas de la FAO, 1999.

El regadío está mucho menos desarrollado en Africa que en cualquier otra parte del mundo, con una proporción de tierras de regadío en relación con el total de tierras de cultivo de sólo un quinto del total mundial a mediados del decenio de 1990 y sólo un décimo de la de Asia meridional (3,8 por ciento en Africa frente a 17,4 y 37,2 por ciento respectivamente; véase el cuadro 3). El consumo de abonos fue inferior a un quinto (18,7 por ciento) del de la región de Asia oriental y del Pacífico, y la utilización de tractores fue de un tercio frente a un cuarto en Asia.

Sin duda, Asia se situó a la cabeza del mundo en lo que respecta al regadío, con aproximadamente dos tercios de las tierras de regadío del mundo en 1997[18]. Pese a ello, Asia experimentó el mayor crecimiento de tierras de regadío de todos los países en desarrollo — 1,7 por ciento al año en 1975-1997. Asimismo, en esta región se dio el ritmo más rápido de mecanización, con una tasa de crecimiento de tractores del 6,7 por ciento anual frente al 5,2 por ciento para los países en desarrollo en su conjunto y un 3,3 por ciento para Africa y Sudamérica. La mecanización se produjo en su mayor parte en los países en desarrollo, en donde el número de tractores se triplicó en 1997 respecto de 1975, el de cosechadoras/trilladoras aumentó 4,4 veces y el de ordeñadoras ocho veces. Aun así, en 1997, los países desarrollados poseían el 75 por ciento de tractores, el 80 por ciento de cosechadoras/trilladoras y el 5 por ciento de ordeñadoras de todo el mundo. A medida que progresen los países más pobres, sin duda estos porcentajes cambiarán a su favor. Se debe velar por que los riesgos profesionales y ambientales que entraña la mayor utilización de máquinas y pesticidas, no malogren los beneficios que aporta el incremento de la producción. Esta cuestión se trata con mayor detalle en la sección del capítulo 4 correspondiente a la seguridad y salud en el trabajo.

Diversificación de las exportaciones

Una forma de modernizar la agricultura es introducir cultivos «dinámicos» para la exportación, siendo los más importantes hasta la fecha los frutos, flores, hortalizas y especias. De todos ellos, la floricultura ha sido el que más éxito ha tenido, en buena parte gracias a los avances en las técnicas de transporte y las nuevas disposiciones de comercialización así como otros factores del proceso de mundialización, tales como las inversiones extranjeras directas y la transferencia de conocimientos técnicos (véase el recuadro 10). La mayoría de los nuevos participantes en esta industria ha alcanzado sistemáticamente un crecimiento de dos dígitos[19]. Sin embargo, un inconveniente es la exclusión de los pequeños agricultores debido a las elevadas necesidades de capital que requiere la industria para invernaderos, almacenamiento en frío e importación de materiales y personal. Su participación, quizás en forma de pequeñas explotaciones, debería ser una vertiente de la estrategia para incrementar la expansión de la industria. Esto requeriría, entre otras cosas:

La expansión de la industria también requeriría reducir al mínimo las condiciones de trabajo peligrosas y los daños ambientales resultantes del uso necesariamente intensivo de productos agroquímicos en la producción de flores. Esta cuestión se trata con mayor detalle en el capítulo 4, en la sección sobre iniciativas privadas voluntarias.

Recuadro 10
Ramos de Colombia

La clasificación de Colombia como segundo exportador de flores más importante del mundo ilustra los efectos de las fuerzas de mundialización en los sistemas de producción. Hace 30 años el cultivo de flores en Colombia era simplemente una actividad doméstica y los Estados Unidos obtenían la mayor parte del suministro de flores de sus propias explotaciones. A mediados del decenio de 1970, la fuente de suministros se trasladó a Colombia, debido fundamentalmente a la disminución de los costos del flete aéreo y del almacenamiento y a las inversiones efectuadas por Floramerica, empresa estadounidense. Las empresas locales siguieron el ejemplo de Floramerica, a menudo con la ayuda del personal de esta última. El Gobierno facilitó la expansión mediante la eliminación de obstáculos normativos. El valor de las exportaciones en 1965 alcanzaba la cifra modesta de 20.000 dólares y hacia 1996 ascendió a un total de 500.000 millones de dólares, lo que representa aproximadamente el 5 por ciento de las exportaciones totales de Colombia.

Fuente: Stefano Farné. 1998. «Employment and working conditions in the Colombian flower industry», Programa de Actividades Sectoriales, documento de trabajo núm. 129 (Ginebra, OIT, 1998); y J.A. Mendes: «The development of the Colombian cut flower industry», Policy, Research and External Affairs Working Papers (Washington, DC, Banco Mundial, 1991).

Tenencia de tierras

Sólo se podrá pasar a una agricultura sostenible y altamente productiva si todos los actuales usuarios de la tierra así como sus descendientes tienen garantías de beneficiarse plenamente de las prácticas favorables al medio ambiente. Para ello, es indispensable la seguridad de tenencia, dado que muchas prácticas de preservación sólo empiezan a ser rentables a largo plazo. Una condición previa es el acceso de los grupos marginados de las zonas rurales a la propia tierra. Por consiguiente, la «modernización» de la agricultura mediante la utilización de tecnologías sostenibles requiere que se lleven a cabo unos esfuerzos paralelos encaminados a modernizar los sistemas de tenencia, entendida como la división de los derechos y responsabilidades del propietario y del usuario entre el Estado, los individuos, las comunidades y otras entidades[20]. La cuestión es complicada y controvertida. Complicada por los diferentes sistemas de tenencia que existen, y controvertida porque — por definición — los cambios en los derechos sobre la tierra se topan con los intereses creados.

Los sistemas de tenencia de tierras varían muchísimo y abarcan desde la tenencia en común por grupos de personas emparentadas hasta la tenencia en propiedad privada por individuos y la propiedad de plantaciones. También existe la propiedad estatal, aunque actualmente está disminuyendo. Asimismo, existe una amplia variedad de regímenes de tenencia que permiten a los trabajadores sin tierras acceder a la tierra y comprenden desde el pago de una renta en metálico a contratos de trabajo de aparcería y trabajo en régimen de servidumbre. El problema que presentan algunos sistemas de tenencia es la ventaja injusta que disfrutan los terratenientes, que agrava el problema general de la exclusión de grupos marginados del acceso a la tierra.

La distribución desigual de la tierra es el denominador común de ambos problemas y una manifestación extrema es la concentración histórica de la propiedad de grandes extensiones de tierra en unas cuantas manos en América Latina, aunque también es corriente en las demás regiones en desarrollo, como se demostró recientemente en la lucha por la tierra en Zimbabwe. De los 44 países de los que la FIDA disponía de datos, en 28 de ellos el índice de desigualdad de Gini[21] era superior a 0,5, lo que significa que el 10 por ciento de grandes terratenientes poseía cerca de un 40 por ciento de la tierra. Si bien la distribución de la tierra es necesaria y ha sido una recomendación constante en todos los informes que tratan de la agricultura, se pueden aplicar otras medidas menos drásticas para mejorar el acceso de los pobres a la tierra, como por ejemplo la privatización de tierras en régimen consuetudinario; el asentamiento de familias en nuevas tierras, y el establecimiento de derechos individuales de usufructo. Esta última medida es especialmente necesaria en los países de Asia en que, por la creciente escasez de tierras, los arrendatarios pagan, a veces, hasta el 50 por ciento de sus cosechas en concepto de alquiler. Sin embargo el monto más corriente es un 25 por ciento, lo que refleja la aplicación de leyes de reforma promulgadas recientemente. Estas leyes son la mejor solución contra las extorsiones de los terratenientes.

Los regímenes de tenencia a los que nos hemos referido constituyen quizás el único y más importante obstáculo para el progreso del sector agrícola. Sin embargo, cabe señalar que se han observado algunos progresos desde la Cumbre para la Tierra (CNUMAD). Estos cambios se han producido en tres procesos paralelos[22]:

Es necesario lograr mucho más en los tres ámbitos mencionados para garantizar que las inversiones en la agricultura se realizan desde una perspectiva a largo plazo, incluso para las generaciones futuras. Los progresos que se llevan a cabo en estos ámbitos garantizarán también la inclusión de un mayor segmento de la población en el proceso de crecimiento, que es un factor indispensable para el desarrollo sostenible.


2.    Producción y resultado de las exportaciones

Producción

La producción agrícola mundial aumentó el 2,2 por ciento anual entre 1975 y 1999 (véase el cuadro 5), lo cual, habida cuenta del crecimiento de la población, implica un aumento total de alrededor del 15 por ciento por habitante. La mayor parte de ese aumento tuvo lugar en los decenios de 1970 y 1980, mientras que en los primeros cinco años del decenio de 1990 se registraron los peores resultados. De los dos componentes de la producción agrícola (productos alimenticios y productos no alimenticios), el primero aumentó casi el doble que el segundo (un 71 por ciento y un 36 por ciento respectivamente).

Cuadro 5.  Resultados de la agricultura, 1975-1999


 

Indice 1999 (1975=100)

Tasa de aumento, 1975-1999 (% por año)

 



 

Agricultura

Productos alimenticios

Productos no alimenticios

Agricultura

Productos alimenticios

Productos no
alimenticios


Mundo

168

171

136

2,2

2,2

1,3

Países desarrollados

118

120

93

0,7

0,7

-0,4

Países en desarrollo

225

231

164

3,4

3,5

2,1

    Africa

181

185

139

2,5

2,6

1,4

    Asia

246

250

198

3,8

3,9

2,9

    América del Sur

204

214

103

3,0

3,2

0,1

Europa oriental

95

98

38

0,0

0,0

-4,0

Europa occidental

124

125

121

0,9

0,9

2,0

América del Norte

147

147

143

1,6

1,6

1,5


Fuente: Estadísticas de la FAO, 1999.

Los resultados de los países en desarrollo fueron mucho mejores que los de los países desarrollados, con niveles de crecimiento del 125 y el 18 por ciento anual respectivamente (véase el cuadro 5). Así, pues, la estructura mundial de la producción de alimentos cambió de tendencia: por ejemplo, la parte de la producción de cereales correspondiente a los países en desarrollo, que era inferior al 50 por ciento en 1975, llegó al 59 por ciento en 1999, la de la producción de carne aumentó del 29 al 48 por ciento, y la de aves y huevos pasó del 30 por ciento al 51 y 66 por ciento respectivamente.

El crecimiento fue especialmente importante en Asia, donde la producción aumentó un 146 por ciento para la agricultura en su conjunto y un 150 por ciento para la subcategoría de alimentos, lo cual implica un aumento del 60 por ciento por habitante. Si bien es cierto que la mejora de las variedades de semillas, la irrigación y los insumos químicos contribuyeron a alcanzar esos resultados, no hay que subestimar los efectos de la liberalización, especialmente en China, India y Viet Nam.

El crecimiento fue también sustancial en América del Sur, particularmente en la producción de alimentos, donde el aumento fue del 114 por ciento o del 36 por ciento por habitante. Africa sobresale una vez más en sentido negativo, ya que la producción de alimentos disminuyó en un 3,2 por ciento. Aunque habitualmente se atribuye ese fracaso a las políticas internas, las repercusiones de las sequías deben haber sido considerables (véase el recuadro 11) y el SIDA tiene también graves repercusiones en la agricultura: aumento del ausentismo y un número cada vez mayor de hogares encabezados por mujeres y niños trabajadores en el sector agrícola. La población activa está disminuyendo en muchos países africanos como resultado de esta temible enfermedad (véase el recuadro 12). En Europa oriental, la producción de alimentos por habitante disminuyó aún más que en Africa: el 8,5 por ciento. En el mundo industrializado, tras un modesto crecimiento hasta 1990, la producción agrícola se estancó en Europa occidental, pero mantuvo su tendencia ascendente en América del Norte, donde hubo un 47 por ciento de aumento total, y un 20 por ciento a partir de 1990.

Recuadro 11
La sequía en Africa

La sequía es un hecho corriente y cada vez más frecuente en Africa. Entre 1985 y 1992, cuatro a cinco países africanos sufrieron sequías cada año (en ese período se registró un total de 53 sequías). Desde entonces, el número ha aumentado: en 1995 se registraron sequías en 16 países. Etiopía tuvo diez sequías entre 1980 y 1997, Botswana tuvo ocho y Cabo Verde siete, mientras que 19 países, la mayoría de ellos situados en la zona del Ecuador, no tuvieron nunca una sequía.

    Número de países que tuvieron sequías:

1985              4                        1992                12

1986              2                        1993                  4

1987              5                        1994                  6

1988              3                        1995                16

1989              3                        1996                  6

1990              2                        1997                11

1991              1                                                  

Países que registraron más de cinco sequías entre 1980 y 1997: Etiopía (10), Botswana (8), Cabo Verde (7); Níger (7), Chad (6), Zambia (6), Zimbabwe (6) y Argelia (6).

Fuente: Banco Mundial: African Development Indicators, 1998/99, véanse los cuadros 8-14 y los gráficos 8-5.

 

Recuadro 12
Dos países y dos imágenes del SIDA

En un informe preparado para la Novena Reunión Regional Africana (diciembre de 1999) se incluyó una evaluación de las repercusiones del SIDA en la población activa de Zimbabwe y Togo. Se llegó a la conclusión de que «el impacto» era «muy severo» y «tendería a aumentar la morbilidad y la mortalidad y a reducir la población y la fuerza de trabajo». En dicho informe se estima que en Zimbabwe — donde la incidencia del SIDA en la población adulta se situaba en el 21 por ciento en 1997 — la población activa será un 17,5 por ciento inferior en el año 2015 de lo que habría sido si no se hubiera producido la epidemia de SIDA, con un aumento del 40 por ciento en lugar del 68 por ciento previsto. En Togo, donde la incidencia del SIDA se sitúa en el 7 por ciento, se pronostica en el informe que la población activa será un 4 por ciento menor durante el mismo período, con un aumento del 65 por ciento en lugar del 70 por ciento previsto.

Fuente: OIT: Acción contra el VIH/SIDA en Africa: Una iniciativa en el contexto del mundo del trabajo (Ginebra, 2000).

Exportaciones agrícolas

El comercio mundial de productos agrícolas registró una tasa de crecimiento anual del 5,6 por ciento entre 1975 y 1998, lo cual implica un aumento del 3,5 por ciento en términos globales (véase el cuadro 6). No obstante, tal como puede suponerse, el crecimiento se distribuyó de manera desigual: Europa oriental y los países asiáticos en desarrollo volvieron a tener los mejores resultados y el Africa subsahariana los peores. El resultado final de las tendencias que reflejan esos resultados fue una disminución del porcentaje de las exportaciones agrícolas mundiales correspondiente a los países en desarrollo: del 32 por ciento en 1975 bajó al 30 por ciento en 1998 (el aumento registrado en Asia fue contrarrestado por las pérdidas registradas en el Africa subsahariana y en América Latina y el Caribe). Las exportaciones agrícolas mundiales en su conjunto constituyeron el 10,5 por ciento del total de las exportaciones a finales del decenio de 1990, un porcentaje netamente minoritario, que refleja la tendencia descendente registrada durante muchas décadas. Los países de América Latina y el Caribe dependieron en gran medida de las exportaciones agrícolas, que constituyeron en este caso el 23,8 por ciento del total de las exportaciones, un porcentaje incluso superior al registrado en Africa (19,5 por ciento).

Cuadro 6.  Resultados de las exportaciones, 1975-1998


 

Tasa de aumento
1975-1998
(% por año)

 

Participación de las regiones
en las exportaciones agrícolas
mundiales (en porcentajes)



 

Participación de las exportaciones agrícolas
en el total de las exportaciones en 1998 (en porcentajes)

 

 

 

1975

1998

 

 


Mundo

5,6

 

100

100

 

10,5

Países desarrollados

5,8

 

67,7

69,7

 

..

Países en desarrollo

5,3

 

32,3

30,3

 

..

    Africa subsahariana

2,3

 

6,3

3,0

 

19,5

    Asia

6,7

 

11,7

14,7

 

7,7

    América Latina y el Caribe

5,1

 

14,0

12,4

 

23,8

Europa oriental

2,9

 

4,3

2,3

 

11,7

Europa occidental

6,9

 

32,6

43,2

 

10,1

América del Norte

4,5

 

21,4

16,6

 

11,1


Fuente: Estadísticas de la FAO, 1999; OMC: Informe Anual 1999.

Aunque las exportaciones agrícolas han ido aumentando más lentamente que las exportaciones de manufacturas, han aumentado por lo menos más rápidamente que la producción agrícola. Así, entre 1950 y 1998 la producción agrícola mundial se triplicó (índice 311, en comparación con un índice de 100 en 1950) pero las exportaciones agrícolas se quintuplicaron (índice 531). Entre tanto, la producción de manufacturas se multiplicó por nueve (índice 900) y las exportaciones de manufacturas se multiplicaron casi por 34, lo cual eclipsa los otros resultados[23]. De esto se desprenden tres tendencias: i) la producción de manufacturas se ha expandido mucho más rápidamente que la producción agrícola, tal como ya se ha mencionado, relegando la agricultura a una participación menor en la economía mundial; ii) se comenzó a comercializar una mayor proporción de la producción mundial de manufacturas; y iii) las exportaciones de manufacturas dominaban totalmente el comercio mundial de mercaderías en 1998, cuando su participación en el mismo llegaba a alrededor del 90 por ciento. Por consiguiente, la mundialización se ha traducido en gran parte en una mundialización de las exportaciones de manufacturas.

Los países en desarrollo desempeñaron un papel cada vez más importante en este ámbito, ya que la participación de la agricultura y la manufactura en el total del comercio mundial aumentó del 23 por ciento en 1985 al 29 por ciento diez años más tarde. Ha sido aún más asombrosa la proporción de productos manufacturados en el total de sus exportaciones, que pasó del 47 por ciento en 1985 al 83 por ciento en 1995; esta tendencia está en consonancia con la mayor industrialización (véase el cuadro 7). Gran parte de este aumento correspondió a las nuevas economías industrializadas (NEI) de Asia, cuya participación en el comercio mundial aumentó del 2 por ciento en 1968 al 10 por ciento en 1996. Los casos de Malasia y Tailandia se destacan en el recuadro 13. Sin tener en cuenta las NEI, la participación de los países en desarrollo se estancó en el 17,5 por ciento. Africa fue uno de los perdedores seculares: su participación se redujo del 3 por ciento en 1968 al 1,5 por ciento en 1996.

Cuadro 7.  Economías avanzadas en contraposición con los países en desarrollo, incluidas las NEI: diversificación de las exportaciones (en porcentaje de las exportaciones de mercancías)


 

Economías avanzadas (con exclusión de las nuevas economías industrializadas)

 

Países en desarrollo y nuevas economías industrializadas

 


 


 

1975

1985

1995

 

1975

1985

1995


Productos primarios distintos del combustible

7,1

5,6

4,2

 

10,1

7,4

5,7

Combustible

5,9

8,9

3,8

 

61,4

45,4

11,2

Manufacturas

87,0

85,5

92,0

 

28,2

47,2

83,0


Fuente: FMI, Perspectivas de la economía mundial, octubre de 1997.

 

Recuadro 13
Malasia y Tailandia: dos casos de aumento espectacular de las exportaciones

Entre 1973 y 1993, las exportaciones totales de Malasia se multiplicaron por 15, y luego aumentaron el 65 por ciento entre 1993 y 1997, mientras que las de Tailandia se multiplicaron por 24 entre 1973 y 1993, y luego aumentaron un 57 por ciento entre 1993 y 1997. Al comienzo, más del 90 por ciento de las exportaciones de ambos países consistía en productos primarios: producción agrícola, combustible, menas y minerales. En 1993 este porcentaje había descendido a 27 en Tailandia y a 35 en Malasia, y para 1997 había bajado aún más en Malasia (a un 24 por ciento). En los gráficos puede verse que entre 1973 y 1997 las exportaciones de manufacturas aumentaron 327 veces en Tailandia y 277 en Malasia.

 

Transformaciones regionales

El crecimiento de la agricultura y del PIB varió de una región a otra, al igual que las transformaciones estructurales de la economía, un rasgo característico del desarrollo. Estas diferencias se examinan aquí, y se destacan también experiencias significativas por países. En el cuadro 8 se indican las tasas de crecimiento del PIB total y del PIB de la agricultura a partir de 1980, así como los cambios registrados en la contribución de la agricultura al PIB y la población activa entre 1970 y 1997.

Cuadro 8.  Crecimiento de la producción, 1980-1997, y cambios estructurales en el PIB
y la población activa, 1970 y 1997


 

PIB (% por año)

 

Agricultura (% por año)

 

Porcentaje correspondiente
a la agricultura


 

 

 

 

 

PIB

 

Población activa

 


 


 


 


 

1980-1990

1990-1997

 

1980-1990

1990-1997

 

1970

1997

 

1970

1997


Mundo

3,2

2,4

 

2,7

1,1

 

9

4

 

55

49

Asia oriental y el Pacífico

7,5

9,4

 

4,7

3,8

 

35

18

 

76

69

Europa oriental y Asia central

3,5

-4,3

 

..

-6,3

 

..

12

 

33

23

América Latina y el Caribe

1,6

3,8

 

2,1

2,7

 

12

8

 

41

25

Oriente Medio y Africa septentrional

2,1

2,9

 

5,5

1,7

 

13

14

 

50

35

Asia meridional

5,6

5,6

 

3,2

2,7

 

43

25

 

71

63

Africa subsahariana

1,8

2,0

 

2,4

2,5

 

21

18

 

78

68


Fuente: Banco Mundial, World Development Indicators 1999, cuadros 1.5 y 4.1.

La tasa de crecimiento del PIB total en Asia oriental y el Pacífico fue del 7,5 por ciento anual en el decenio de 1980 y de 9,4 por ciento en los primeros siete años del decenio de 1990. El sector agrícola registró un crecimiento anual del 4 por ciento durante todo el período, mientras que la tasa de crecimiento correspondiente a los sectores no agrícolas (industria y servicios) se situó durante ese período en alrededor del 9,5 por ciento. Estos últimos dos sectores se quintuplicaron casi, contribuyendo así a una disminución de la parte del PIB correspondiente a la agricultura, que bajó del 35 por ciento en 1970 al 18 por ciento en 1997, y también de la fuerza de trabajo, que pasó del 76 por ciento al 69 por ciento.

Hubo grandes variaciones en ese sentido. En Mongolia, por ejemplo, la proporción del PIB derivado de la agricultura aumentó del 15 por ciento en 1980 al 37 por ciento en 1997, una distinción dudosa que compartió con algunos otros países, entre ellos la República Democrática del Congo (del 15 al 28 por ciento) (véase el recuadro 14). En todos los casos, estas tendencias reflejaron más un derrumbamiento de la economía moderna que un resurgimiento del sector agrícola. Durante el período de 17 años considerado, China fue el país con las tasas de crecimiento del sector agrícola más elevadas, alrededor del 5 por ciento, pero incluso en este caso, el crecimiento de los sectores no agrícolas fue más rápido, y el porcentaje correspondiente a la agricultura bajó del 35 por ciento en 1970 al 19 por ciento en 1999. En Malasia, la contribución de la agricultura al PIB disminuyó del 29 por ciento en 1970 al 12 por ciento en 1997, mientras que el porcentaje de la población activa ocupada en ese sector bajó del 54 por ciento al 27 por ciento; en otras palabras, Malasia pasó de una economía en la cual la mayoría de la población activa estaba ocupada en el sector agrícola a una economía principalmente urbanizada, tal como se mencionó antes.

Recuadro 14
Perdedores y triunfadores económicos

La República Democrática del Congo y Mongolia fueron dos de los cuatro países del mundo (la República Centroafricana y Myanmar fueron los otros dos) donde aumentó el porcentaje del PIB total correspondiente a la agricultura. Esto significó un desmoronamiento de la industria y del sector de servicios. Por ejemplo, en la República Democrática del Congo, entre 1980 y 1997, la industria registró una disminución anual del 4,8 por ciento y el sector de los servicios, registró a su vez una disminución del 5,5 por ciento, reduciéndose así en más de la mitad. China y Malasia, por el contrario, fueron ejemplos sobresalientes de transformaciones económicas exitosas. En China, el sector industrial se multiplicó por ocho desde 1980, mientras que en Malasia se cuadruplicó por lo menos.

Tasas de crecimiento sectoriales (1980-1997) y porcentaje correspondiente a la agricultura


 

Crecimiento (% por año)


 

Porcentaje  del PIB correspondiente a la agricultura


 

Agricultura

 

Industria

 

Servicios

 

 

 

 

 

 

 

 

1970

1997


Mongolia

3,6

 

1,8

 

2,5

 

15a

37

Congo Rep. Dem. Del

2,7

 

-4,8

 

-5,5

 

15

58

China

5,3

 

13,2

 

12,0

 

35

19

Malasia

3,1

 

8,8

 

6,1

 

29

12

a 1980.

 

 

 

 

 

 

 

 


Fuente: Banco Mundial: World Development Indicators 1999, cuadros 4.1 y 1.5.

La situación en Europa y Asia central es a la vez menos y más grave: menos porque la región posee muchos recursos físicos y humanos, y más porque esas tendencias no pronostican nada bueno para su desarrollo. En el decenio de 1990 el PIB disminuyó en un 4,3 por ciento por año, mientras que la producción agrícola bajó aun más (un 6,3 por ciento). Las explicaciones varían mucho entre quienes defienden las reformas orientadas hacia el mercado en los países en transición y quienes tienen una opinión negativa al respecto porque no desarrollan la base del capital social acumulado. El hecho es que el deterioro económico en esos países se traduce en niveles crecientes de inestabilidad social que harán aun más difícil revertir esas tendencias. Como se señala en la publicación de la OIT titulada Trabajo Decente: «Uno de los problemas más inquietantes de esta región es la «nueva» pobreza declarada, mientras que ahora, a raíz de la transición, se han generalizado la pobreza manifiesta y las desigualdades, los salarios son muy bajos y en muchos casos no se pagan[24]».

La experiencia de América Latina ha sido mucho más variada y sustancialmente más positiva, sobre todo en el decenio de 1990, aunque las tendencias del desarrollo rural han sido causa de inquietud en algunos países. Las diferencias en las condiciones socioeconómicas y las prácticas agrícolas explican esa diversidad de experiencias. México, Chile y Argentina tienen un sector agrícola dotado de una tecnología compleja, mientras que Bolivia y Haití siguen practicando una agricultura orientada sobre todo a la subsistencia. El panorama general es el de un continente donde el sector agrícola ha disminuido progresivamente durante los últimos dos decenios, con un porcentaje de participación de la agricultura en el PIB del 8 por ciento; no obstante, la proporción de la población activa ocupada en este sector sigue siendo el 25 por ciento.

En Oriente Medio y Africa septentrional el crecimiento estuvo naturalmente condicionado por la producción de petróleo, de la que dependen la mayoría de las economías de la región (las de Oriente Medio son consabidas, las de Africa septentrional son Argelia y la Jamahiriya Arabe Libia), lo cual relega también la agricultura a un papel muy secundario en la región. Ya en 1970, la agricultura representaba sólo el 13 por ciento de la economía, y esa cifra se mantuvo en el mismo nivel en 1997 como consecuencia de la caída de los precios del petróleo. En 1997, el 35 por ciento de la población activa total estaba ocupada en el sector agrícola, lo cual refleja el hecho de que los Estados de Africa septentrional son mucho más agrícolas, pero también la baja productividad del sector agrícola.

Asia meridional — Bangladesh, India, Nepal y Pakistán — tienen la mayor concentración de pobres rurales, alrededor de las tres quintas partes del total, con un porcentaje de incidencia de la pobreza que oscila entre el 40 y el 50 por ciento. Los altos índices de pobreza caracterizan también las zonas urbanas. La falta de tierras es un rasgo común en este caso. Con índices de crecimiento del PIB total diferentes (un 5,6 por ciento en los dos períodos que se consideran, 1980-1990 y 1990-1997) y un PIB agrícola del 3 por ciento, la proporción del PIB correspondiente a la agricultura disminuyó: del 43 por ciento en 1970 pasó al 25 por ciento en 1997, mientras que el porcentaje de la población activa ocupada en la agricultura pasó del 71 al 63 por ciento.

La situación en el Africa subsahariana siguió siendo precaria. La «década perdida» de 1970 se prolongó en la «década perdida» de los años ochenta, y los siete primeros años de la década de 1990 no fueron mucho mejores tampoco — un crecimiento anual global de 2 por ciento solamente — y eso también debido a los mejores resultados de la agricultura (una tasa de crecimiento del 2,5 por ciento), lo cual refleja en gran medida el estancamiento de los sectores no agrícolas. La mano de obra del sector agrícola se mantuvo en el 68 por ciento del total, pero el PIB agrícola alcanzó sólo el 18 por ciento, lo cual implica una gran diferencia entre los niveles de productividad rurales y urbanos. La incidencia de la pobreza es la más alta del mundo[25], la seguridad alimentaria es precaria y las perspectivas de crecimiento inciertas, dada la dependencia de la mayoría de las economías del Africa subsahariana de unos pocos productos básicos cuyo precio está desde siempre en disminución, y la alta proporción de los ingresos procedentes de las exportaciones, cada vez más reducidos, que absorbe el servicio de la deuda. La inestabilidad política ha contribuido a agravar los problemas económicos. Los programas de ajuste estructural que se emprendieron a finales del decenio de 1970 hicieron extraordinario hincapié en «obtener el precio justo» — para lo cual es necesario que el Estado deje de intervenir en el mercado — como el remedio para los males del continente, pero hay un reconocimiento tardío de las repercusiones de la caída de los precios de los productos básicos[26], a lo cual se suma la futilidad de esperar reacciones importantes de la oferta en función de los precios dada la debilidad del resto de la economía[27].

Niveles de vida

El aumento general de la producción se tradujo en una mejora general de los niveles de vida. La incidencia de la subnutrición en el mundo en desarrollo disminuyó del 37 por ciento en 1969-1971 al 18 por ciento en 1995-1997, lo cual supone en términos absolutos una disminución de 960 millones a 791 millones, esto es, el 17,7 por ciento (véase el cuadro 9). La mayor disminución se registró en Asia oriental y sudoriental, donde las cifras disminuyeron a la mitad: la tasa de incidencia de la subnutrición pasó del 43 al 13 por ciento. En Asia meridional la proporción disminuyó también de manera apreciable, del 38 al 23 por ciento, pero esta disminución no fue suficiente para impedir que el número total de personas que padecen hambre aumentara en un 6,4 por ciento. La región del Africa subsahariana se quedó atrás: no registró siquiera una disminución de la incidencia del hambre y, al mismo tiempo, el número de personas que padecen hambre se duplicó en términos absolutos.

Cuadro 9.  Incidencia de la subnutrición en las regiones en desarrollo, 1969-1997


 

Porcentaje de subnutrición

Número de personas
subnutridas
(cambio porcentual)

 



 

1969-1971

1979-1981

1990-1992

1995-1997

1995-1997 ÷ 1969-1971


Africa subsahariana

34

37

35

33

+ 102,2

Cercano Oriente y Africa septentrional

25

9

8

9

– 26,7

Este y sudeste de Asia

43

29

17

13

– 52,2

Asia meridional

38

38

26

23

+ 6,4

América Latina y el Caribe

19

13

13

11

– 1,9

Todas las regiones en desarrollo

37

29

20

18

 

Número de personas subnutridas (en millones)

960

938

831

791

– 17,7


Fuentes: basado en FAO: El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 1999, en Internet: http://www.fao.org./focus/e/SOFI/home-e.htm.

Como ya se señaló precedentemente, el PIB aumentó en todas partes, incluso más en el sector no agrícola que en la agricultura. En consecuencia, en los últimos 30 años hubo aumentos drásticos en los ingresos en las cuatro NEI de Asia (República de Corea, Malasia, Singapur y Taiwán, China), tanto más cuanto que entre 1965 y 1995 sus ingresos medios como proporción del promedio de los países industrializados aumentó del 18 al 66 por ciento[28] para disminuir luego en un 20 a 30 por ciento durante la crisis financiera asiática. Consideradas en su conjunto, las cifras muestran que la República de Corea multiplicó por diez sus ingresos per cápita durante este período; Tailandia los multiplicó por cinco y en Malasia se cuadruplicaron. En América Latina, los ingresos medios per cápita se duplicaron hasta 1980, pero se estancaron luego durante los 15 años siguientes, un período dominado por la crisis de la deuda y sus consecuencias. Los ingresos africanos se redujeron a la mitad en relación con los ingresos de los países industrializados: del 14 por ciento de estos últimos en 1965 pasaron a tan sólo el 7 por ciento. Dado que sólo las NEI de Asia registraron aumentos considerables de los ingresos, el resultado general de esta situación fue una diferencia más marcada entre los países más ricos y los más pobres, una tendencia que ha caracterizado la economía mundial desde el comienzo de la revolución industrial[29].

En el número limitado de países respecto de los cuales se tienen datos, los salarios del sector agrícola expresados en dólares mejoraron entre 1980 y 1994 en todos los países excepto China, México y Paraguay (estos países registraron una disminución del 7, el 12 y el 25 por ciento respectivamente; véase el cuadro 10), y sobrepasaron el salario mínimo durante 1990-1994 en todos los países excepto Túnez, pero fueron mucho más bajos que los salarios en la industria manufacturera en todos los países excepto Canadá y Rumania. El caso de México es particularmente digno de mención, ya que los salarios del sector agrícola representaron menos del 15 por ciento de los salarios del sector manufacturero. Entre 1980 y 1984 y entre 1990 y 1994, los salarios del sector agrícola disminuyeron en relación con los del sector manufacturero en siete de los 13 países que figuran en el cuadro, y aumentaron en los otros seis. Aunque los salarios han aumentado en general, cabe señalar algunas tendencias inquietantes en las condiciones globales de trabajo, que pueden atribuirse en parte a los efectos de la mundialización. En aras de una mayor «flexibilidad», el empleo en el sector agrícola se ha vuelto precario. El número de trabajadores migrantes ha aumentado de manera considerable, así como el de los jornaleros y los trabajadores estacionales y temporales; todos ellos se encuentran en una situación difícil en términos de remuneración, protección social, alojamiento, educación y protección médica.

Cuadro 10.  Salarios del sector agrícola y costos de la mano de obra en la industria manufacturera, 1980-1984 y                     1990-1994 (en dólares de los Estados Unidos al año, excepto cuando
                    se indique lo contrario)


 

Edad mínima

 

Salario agrícola

 

Costo de la mano de obra por trabajador en la industria manufacturera

 

Salario agrícola como porcentaje del costo de la mano de obra de la industria manufacturera

 


 


 


 


 

1990-1994

 

1980-1984

1990-1994

 

1980-1984

1990-1994

 

1980-1984

1990-1994


Australia

12.712

 

11.212

15.124

 

14.749

26.087

 

76,0

58,0

Botswana

 

 

650

1.223

 

3.250

 

 

20,0

 

Canadá

7.897

 

20.429

30.625

 

17.710

28.346

 

115,4

108,0

China

 

 

349

325

 

472

434

 

73,9

74,9

Costa Rica

1.638

 

982

1.697

 

1.788

2.645

 

54,9

64,2

Hungría

1.132

 

1.186

1.766

 

1.410

2.777

 

84,1

63,6

Israel

5.861

 

4.582

7.906

 

13.541

26.635

 

33,8

29,7

Kenya

 

 

508

568

 

1.040

940

 

48,8

60,4

México

843

 

1.031

908

 

3.772

6.138

 

27,3

14,8

Paraguay

 

 

1.606

1.210

 

2.509

3.241

 

64,0

37,3

Rumania

 

 

1.669

1.864

 

1.739

1.190

 

96,0

156,6

Sri Lanka

 

 

198

264

 

447

717

 

44,3

36,8

Suecia

 

 

9.576

27.098

 

22.734

59.913

 

42,1

45,2

Túnez

1.525

 

668

968

 

3.344

 

 

20,0

 

Turquía

1.254

 

1.015

2.896

 

3.582

7.958

 

28,3

36,4

Uruguay

967

 

1.289

 

 

4.128

3.738

 

31,2

 


Nota: países seleccionados de acuerdo con los datos disponibles.
Fuente: Banco Mundial, World Development Indicators, 1999.

El resultado último de las tendencias registradas en la producción, los ingresos y los salarios fue la disminución de la pobreza (véase al respecto el cuadro 11). China se destaca con una incidencia de la pobreza rural del 11,8 por ciento en 1994, que bajó al 7,9 por ciento en 1996, lo cual expresado en términos absolutos implica una disminución de 40 millones en tan sólo dos años. En la India se registró también una disminución de unos 40 millones en dos años: del 43,5 por ciento de pobreza rural en 1992 se pasó a 36,7 por ciento en 1994. Las limitaciones en cuanto a los datos impiden formular declaraciones muy definitivas, pero en condiciones de gran crecimiento económico, como ocurre actualmente en China y Viet Nam, y como ocurrió antes en Malasia, Indonesia y Tailandia, hay pruebas indudables de que la pobreza disminuye: el crecimiento «se filtra» en la forma de una demanda creciente de alimentos y materias primas agrícolas, y también «atrae» el desplazamiento de los trabajadores de la agricultura a las zonas urbanas en búsqueda de nuevos empleos. La migración de trabajadores tiene dos importantes repercusiones en los ingresos y la pobreza rurales: i) las remesas que envían a su familia, y ii) el agotamiento del excedente de mano de obra en el campo. Este último es sin duda el mecanismo más importante de «filtro». A medida que el mercado se va ajustando, el aumento de los salarios en las zonas urbanas comienza por último a borrarse en las zonas rurales y finalmente los salarios agrícolas aumentan al mismo ritmo que los salarios industriales, como ocurrió en la República de Corea y en Taiwán, China, durante la etapa de su transformación estructural, y como está ocurriendo ahora en Malasia, y estaba comenzando a ocurrir en Indonesia antes de producirse la crisis asiática.

Cuadro 11.  Incidencia de la pobreza (porcentaje de la población por debajo
                    del umbral nacional de pobreza)


 

 

Rural

Urbano

Total


Bangladesh

1991/1992
1995/1996

46,0
39,8

23,3
14,3

42,7
35,6

China

1994
1996

11,8
7,9

<2
<2

8,4
6,0

India

1992
1994

43,5
36,7

33,7
30,5

40,9
35,0

Indonesia

1987
1990

16,4
14,3

20,1
16,8

17,4
15,1

Nigeria

1985
1992/1993

49,5
36,4

31,7
30,4

43,0
34,1

Filipinas

1994
1997

53,1
51,2

28,0
22,5

40,6
37,5

Sri Lanka

1985/1986
1990/1991

45,5
38,1

26,8
28,4

40,6
35,3


Fuente: Banco Mundial, World Development Indicators, 1999.


3.    Cuestiones macroeconómicas en la agricultura

El papel de la agricultura

Aunque parezca paradójico ya que se trata de un informe que procura destacar la importancia del sector agrícola, la primera conclusión que se saca de la discusión precedente confirma el papel tradicional del sector, que consiste en «declinar». Un desarrollo con éxito supone necesariamente la reducción de la agricultura, en términos de su contribución relativa al PIB y al empleo. Sería un error concluir a partir de esto que la agricultura no es importante — o aplicarle impuestos excesivos para acelerar el desarrollo industrial. La agricultura sólo puede «declinar» con éxito si tiene un fuerte crecimiento. Sólo así puede comenzar a ceder trabajadores al sector industrial, y alimentarlos. Por consiguiente, el debilitamiento del sector agrícola es sólo relativo; en términos absolutos la importancia del sector agrícola es incuestionable. La creciente mundialización, y en particular la disminución de las limitaciones en materia de ahorro gracias al aporte de capitales extranjeros, lo cual permite superar la tediosa etapa del aumento de la productividad en el sector agrícola, ha tendido a oscurecer el papel que desempeña la agricultura como impulsora del desarrollo general. No obstante, la verdadera enseñanza de la experiencia de Taiwán, China y la República de Corea no consiste en el hecho de que hayan alcanzado una rápida industrialización sino en que lo hicieron apoyándose en un sector agrícola fuerte. El deterioro económico mucho mayor que registró Indonesia durante la reciente crisis en Asia en comparación con los otros países asiáticos pone también de relieve los riesgos que se corren al embarcarse en un proceso de rápida industrialización sin asegurar primero un sector agrícola productivo.

Hay también otros motivos tradicionales para no descuidar el sector agrícola. Para las economías que desean ingresar en la etapa de la industrialización inducida por la mundialización, el retraso de la fuerza de trabajo del sector agrícola es demasiado grande para que constituya realmente una alternativa. Como hemos visto, en los países en desarrollo en su conjunto, incluso en las NEI, la agricultura sigue empleando a más de dos tercios de la fuerza de trabajo, y esa proporción llega fácilmente a los tres cuartos cuando se excluyen las NEI más industrializadas y los países de América Latina. El crecimiento agrícola es imperativo para garantizar que ese 75 por ciento de la fuerza de trabajo perciba salarios más altos directamente y no mediante el «goteo» de la migración hacia zonas urbanas para trabajar en el sector industrial.

Precios y subvenciones

Una forma segura de medir la importancia que el gobierno atribuye al sector agrícola consiste en examinar la política aplicada en materia de precios. En primer lugar, las pasadas experiencias de estancamiento de la agricultura muestran de manera decisiva que los agricultores reaccionan en todas partes de manera racional a los incentivos en materia de precios. No obstante, esto indica también que puede no haber una respuesta positiva de la oferta si el poder adquisitivo adicional no puede traducirse en bienes de consumo. En segundo lugar, la rápida disponibilidad de insumos tales como el crédito, los fertilizantes y el transporte es tan vital para determinar la respuesta de la oferta como los precios. En tercer lugar, la política de fijación de precios no puede considerarse como un simple problema técnico que puede resolverse con un ajuste efectuado por burócratas. La relación de intercambio en el ámbito nacional refleja la complejidad de la tarea consistente en equilibrar el poder económico y el poder político entre los agricultores, los trabajadores urbanos y los propietarios de las plantas elaboradoras. Las modificaciones de los precios relativos pueden tener inmensas ramificaciones políticas, lo cual explica el tiempo transcurrido entre el momento en que surge un problema y su rectificación.

Una cuestión digna de atención en este sentido es la de las subvenciones alimentarias, que han dejado de estar de moda en el clima actual, dominado por la liberalización económica. Dada la función evidente que cumplen al garantizar un amplio acceso a los alimentos (por ejemplo, en Sri Lanka), cabe preguntarse por qué esto es así. Las subvenciones pueden otorgarse de dos maneras, con resultados bastante diferentes para la producción de alimentos. En primer lugar, es posible aplicar subvenciones al consumo si el Estado controla los precios a la producción para mantenerlos bajos; pero esto podría naturalmente desalentar a los agricultores e inducirlos a dejar de producir alimentos. El segundo método que puede utilizarse para aplicar subvenciones consiste en pagar a los agricultores precios de incentivo y reducir al mismo tiempo los precios de consumo mediante el presupuesto estatal. Este fue el método aplicado en Zambia y otros países subsaharianos durante muchos años, y ahora se aplica en China, donde el costo de las subvenciones aumentó en más del doble entre 1978 y 1995, a 36.400 millones de yuan (el doble del nivel de inversión en la infraestructura rural)[30]. Dada la gran elasticidad de la demanda de alimentos (alrededor del 0,6)[31] y el rápido crecimiento de la población urbana, el total de las subvenciones puede dispararse rápidamente y revelarse como una deuda incobrable en las instituciones bancarias estatales. El recorte de las subvenciones alimentarias se plantea, por lo tanto como una opción evidente, aunque difícil de aplicar desde el punto de vista político. Si las subvenciones benefician directamente a los necesitados, mediante la subvención de «sus» alimentos, la solución resulta más viable desde el punto de vista fiscal y ayuda a preservar algunos de sus importantes beneficios sociales.

La enseñanza importante que se extrae de esto para la gestión macroeconómica es que la intervención del Estado en la fijación de los precios milita casi siempre contra los incentivos y supone costos para la economía en términos de pérdida de producción. Si los agricultores tienen que actuar fuera del marco legal y utilizar canales de comercialización no oficiales para vender sus productos, esto significa que la política en materia de fijación de precios a la producción y comercialización de los productos no es adecuada; cuando el aumento de los precios al productor para los productos agrícolas de exportación hace quebrar a los organismos de comercialización o al banco estatal que la financia, la política de fijación de precios es inadecuada; cuando la fijación de precios beneficia a los corruptos, la política de fijación de precios es sin duda inadecuada. Una solución posible es la privatización de los mercados de comercialización, la cual puede mejorar la eficiencia si el mercado monopolizado por el Estado se ha vuelto incompetente o se ha corrompido, pero los problemas que suscitaron en primer término la intervención del Estado pueden reaparecer. Entre esos problemas pueden incluirse grandes márgenes de monopolización, el descuido de las pequeñas explotaciones agrícolas o de las regiones remotas, y calendarios de pago arbitrarios. Asimismo, las diferentes partes del mundo difieren en cuanto a contar o no con el tipo de sector privado dinámico que los programas de ajuste dan por sentado. Por ello, muchos sostienen que en Africa el Estado puede verse en la necesidad de tener que continuar desempeñando un papel mucho más central en la comercialización que en otras partes del mundo, por falta de alternativas eficaces. También se señala con frecuencia que los programas de reforma pueden de por sí comprometer indirectamente las ventajas de las reformas de precios al reducir la inversión pública en cuestiones tan esenciales como la irrigación, la infraestructura, la investigación y los servicios de divulgación, demostrando así que la política de fijación de precios sólo puede ser un elemento de un conjunto de medidas destinadas al sector agrícola[32].

El hecho de que se reconozca que la industrialización es un proceso muy prolongado y que el número de personas que viven en las zonas rurales del mundo aumentará durante la próxima mitad del siglo pone de manifiesto la necesidad imperativa de consolidar las zonas rurales en razón de su propio valor, y no meramente como fuente de excedente de mano de obra y mercados para el sector urbano industrial.

Precios externos

Los precios de los productos agrícolas han tenido una tendencia casi continua a la disminución desde 1980, y dado que los países en desarrollo dependen en gran medida de las exportaciones agrícolas — particularmente los países del Africa subsahariana y de América Latina — la caída de los precios al por mayor ha acentuado en gran medida sus dificultades. En el cuadro 12 pueden verse las tendencias de los precios «reales» del sector agrícola en su conjunto y de tres de sus componentes: bebidas (cacao, café y té), alimentos y materias primas (algodón, troncos, caucho, tabaco)[33]. Los precios en términos reales del sector agrícola en su conjunto, así como los de sus tres componentes, se redujeron en un 60 por ciento entre 1980 y 1998. Se calcula que las pérdidas anuales en términos de poder adquisitivo a causa del deterioro de la relación de intercambio suponen un costo para los países en desarrollo de unos 2.500 millones de dólares de Estados Unidos al año, lo cual significa que los países tienen que avanzar con más rapidez simplemente para mantener su posición; por ejemplo, el 60 por ciento de disminución en los precios del algodón antes mencionada implica que los países tienen que exportar más del doble de hilado para comprar luego la misma cantidad de camisetas de algodón.

Cuadro 12.  Precios de los productos básicos en términos reales, 1980-1998 (1990=100)


 

1980

1985

1990

1991

1992

1993

1994

1995

1996

1997

1998


Agricultura

265

210

100

93

82

87

102

92

96

110

100

Bebidas

351

346

100

81

67

73

122

107

97

146

130

Alimentos

265

180

100

95

88

87

88

82

95

99

97

Materias primas

201

149

100

95

86

97

104

95

98

97

81


Fuente: Banco Mundial, World Development Indicators 1999. El deflactor utilizado es el índice del «valor unitario de la manufactura» en los países del G-5, que es un valor sustitutivo de los precios de las importaciones de manufacturas en los países en desarrollo.

Las oscilaciones de los precios son un elemento tan característico del sector agrícola como lo es su mengua. En el cuadro 12 se ve que los precios de las bebidas en términos nominales aumentaron en un 75 y un 33 por ciento en 1994 y 1997 respectivamente, y bajaron en un 14-18 por ciento en 1992, 1996 y 1998. Los precios de los alimentos disminuyeron en promedio durante todo el período, y fluctuaron, aunque en menor medida. La volatilidad es pues endémica y casi un rasgo inherente a la producción de productos básicos. Mientras que los suministros dependen de las condiciones climáticas, en el caso de la demanda, la escasa elasticidad de los precios hace que la variabilidad de la oferta se traduzca en fluctuaciones de los precios. La producción carece también con frecuencia de elasticidad a corto plazo (especialmente cuando el producto es perecedero o el período de gestión es largo), de modo que las variaciones de la demanda tienen gran repercusión en los precios[34]. Las consecuencias de la caída de los precios dependen por supuesto de las estructuras de producción. Los países del Africa subsahariana han registrado unas pérdidas constantes, mientras que Asia oriental pudo salvarse de la caída de los términos de intercambio de los productos primarios al transformar la base de su producción en manufacturas. Los países de América Latina y el Caribe han experimentado un descenso constante de los precios de los productos primarios distintos del combustible durante todo el período.

No hay fórmulas seguras para que los países en desarrollo puedan protegerse contra la caída y la fluctuación de los precios, porque la mayoría de ellos no participa en la fijación de los precios, ya que no tienen bastante volumen para influir en ellos. Aunque tengan cierto peso en el mercado, la retención de los suministros no es viable, ya que carecen de suficientes instalaciones de almacenamiento, y no todos los productores pueden llevarlo a cabo. La acción colectiva mediante la celebración de acuerdos comerciales entre productores ha caído en desuso dado que con los contingentes utilizados en el decenio de 1970 para el té, el café, el cacao, el azúcar y el hilo sisal sólo se logró moderar las fluctuaciones de los precios y mantenerlos de forma pasajera. La oposición concertada por parte de los países industrializados fue (y es) uno de los factores importantes que militan contra esos acuerdos.

La estabilización de los precios internos al productor para contrarrestar las fluctuaciones de los precios externos era una de las funciones que desempeñaba antes el Estado mediante las antiguas juntas de comercialización. Esto requería la acumulación de reservas durante los años fastos para utilizarlos en los años de mala cosecha, pero los gobiernos nunca resistieron la tentación de disponer de las reservas para uso general y de aplicar impuestos o de desembolsar cualquier ganancia inesperada. Ultimamente, las limitaciones presupuestarias, el ajuste del crédito del sector agrícola, y los acuerdos comerciales internacionales[35] han dado lugar a varias formas y grados de liberalización económica, excluyendo así las políticas que habían permitido que los países se protegiesen contra las fluctuaciones de los precios. La solución que se prefiere por lo general ahora consiste en actuar directamente en relación con las fuerzas del mercado. México ha instituido un «sistema opcional de primas», esto es, un mecanismo de protección mediante mercados futuros que permite que los agricultores adquieran seguros contra la caída de los precios. La fluctuación de los precios puede atenuarse también mediante el desarrollo de la capacidad de almacenamiento moderno y el empleo de recibos de depósito como garantía adicional para obtener préstamos de almacenamiento[36].

Es posible aplicar tres estrategias a largo plazo. En primer lugar, dado que los precios de los productos básicos siguen diferentes modelos de volatilidad y tendencias temporales, se podría diversificar la agricultura. Esto podría hacerse por ejemplo sustituyendo las importaciones de alimentos con la producción local, una solución difícil desde el punto de vista político en razón de los precios mundiales bajos. La diversificación de la base de las exportaciones es una solución más viable, que se ha seguido hasta cierto punto en los últimos 15 años para la producción de flores, frutos, nueces, especies, etc. Esto plantea dificultades debido a la falta de familiaridad de los agricultores con los mercados y los métodos de producción. Esta cuestión se examina con mayor detalle en el capítulo 1.

El segundo tipo de diversificación, mediante el turismo, ofrece la perspectiva de reforzar la agricultura dentro del contexto del sector rural. Se podría fomentar el eslabonamiento ascendente mediante suministros de alimentos y nuevas fuentes de divisas creadas para las artesanías rurales. La experiencia ha sido variada en este sentido: hay países de Asia y Africa, como Tailandia y Kenya, que han logrado resultados bastante buenos, mientras que otros lugares turísticos «de calidad» en la región del Caribe han optado por recurrir a bebidas y alimentos importados, basándose en la suposición de que las preferencias de los turistas son inflexibles. El turismo tiene sus propias particularidades en cuanto a la inestabilidad de las ganancias, de acuerdo con las condiciones de los países industrializados.

Actividades rurales no agrícolas

Las actividades rurales no agrícolas (RNA) constituyen un tercer camino más viable para la diversificación. Las actividades rurales no agrícolas cumplen una serie de funciones vitales para la agricultura, tales como el transporte de los insumos y los productos, la molienda y el procesamiento de las cosechas, la faena y el procesamiento de la carne, y la fabricación artesanal y reparación de herramientas simples. De hecho, los transportistas, los molineros, los carniceros, los herreros, y los que fabrican yugos y arreos han sido siempre parte integrante de la comunidad agrícola. Los productores de bienes de consumo simples pueden también estar instalados en zonas rurales, particularmente los que fabrican bienes de consumo utilizando materias primas autóctonas. Los comerciantes ocupan un lugar más ambiguo: por un lado, las funciones que desempeñan, esto es, la compra de la cosecha y el suministro de productos comerciales son tan vitales para la agricultura como las actividades agrícolas en sí; por otro, su situación de monopolio en el plano comercial, a menudo relacionada con el préstamo de dinero, la molienda y el almacenamiento, constituye un importante medio de extracción de excedentes de la agricultura, y crea condiciones para controlar una amplia gama de actividades rurales comerciales, financieras e industriales [37].

Una sólida economía RNA puede ayudar a aumentar la productividad agrícola, si se aplica a políticas estatales propicias. A menudo se hace una comparación entre la política soviética y la política china en la época de Mao. Los soviets privaron a los talleres de artesanía y reparación rurales del acceso a las materias primas desde finales del decenio de 1920, ya que no se consideraban como prioridad en su gran proyecto industrial. La matanza de animales de tiro durante las campañas de colectivización forzada agravaron el problema, lo cual se tradujo en bajos niveles de productividad e innovación en el sistema de granjas colectivas[38]. En comparación con esto, la industrialización en pequeña escala en las zonas rurales se convirtió en el eje del «Gran Salto Adelante» de Mao, y aunque generó ejemplos de ineficiencia, reforzó la economía rural e integró las explotaciones agrícolas y las fábricas mucho más estrechamente que lo que había ocurrido en la URSS[39]. Hoy día, las empresas florecientes a nivel de municipio y de aldea en China son una prueba viviente del éxito de esta política (véase el recuadro 15).

Recuadro 15
Las empresas rurales florecen en China

Las empresas de municipio y aldea (TVE) producen una amplia gama de productos básicos en China, que abarca tanto herramientas y aperos como alimentos procesados y textiles. Además, absorben el 13 por ciento del total de la fuerza de trabajo y contribuyen en más del 25 por ciento a los ingresos de los hogares. La mayoría de los trabajadores de las TVE son hombres, debido a lo cual la agricultura se convierte cada vez más en China en un coto vedado a las mujeres y los niños. Se estima que para 2005 las TVE habrán absorbido otros 50 millones de trabajadores, pero dado el crecimiento de la población y el aumento de la productividad de la agricultura, esto representará únicamente un sexto del aumento del desempleo rural previsto para esa fecha.

Fuente: Li Xiayun y varios, op. cit.

Las pautas de desarrollo de las actividades RNA hacen pensar que Africa y la mayoría de los países de Asia meridional están en la primera etapa de la transformación de dichas actividades, en la cual las actividades RNA consisten principalmente en actividades realizadas en el hogar y la producción en pequeña escala de productos no comerciales (productos que se venden principalmente a nivel local). En esta etapa, la agricultura tiende a depender de los suministros locales de insumos agrícolas y servicios y de la elaboración y la distribución local de productos agrícolas, llevadas a cabo generalmente por pequeñas empresas[40].

América Latina está en la segunda etapa del desarrollo rural no agrícola, en la cual la proporción de la población rural que depende de la agricultura es menor. Se observan vínculos dentro del sector agrícola así como con otros sectores rurales, por ejemplo, los sectores del turismo, la minería y los servicios, pero también se desarrollan vínculos entre el sector rural y el sector urbano mediante la subcontratación de talleres rurales por empresas urbanas (por ejemplo, en el caso de la industria del vestido) y un rápido aumento de los viajes diarios para ir al trabajo entre el campo y las ciudades rurales y ciudades intermedias. Se observa también el desarrollo de la producción en pequeña escala con alto coeficiente de mano de obra, así como la agroindustrialización.

Asia oriental ha entrado en la tercera etapa del desarrollo rural no agrícola, con una mayor proporción de formas más avanzadas de vínculos empresariales entre el sector rural y el sector urbano, tales como acuerdos de subcontratación con respecto a productos poco duraderos a medianamente duraderos, el traslado diario de la mano de obra y una rápida agroindustrialización en la agricultura comercial. Sri Lanka, que es una excepción con respecto a la etapa de desarrollo de Asia meridional, se encuentra en esta etapa: tras la instalación con éxito de fábricas de ropa esparcidas por todas partes en las zonas rurales, se procura ahora fomentar nuevos vínculos para atraer industrias de más alta tecnología a las zonas rurales a fin de reducir su dependencia de la manufactura de prendas de vestir[41].

Por último, es importante mencionar que el aumento de las actividades rurales no agrícolas no siempre ha de reflejar una tendencia positiva. Los hogares situados en zonas donde se practica una agricultura de alto riesgo pueden emprender actividades rurales no agrícolas simplemente como una estrategia de sobrevivencia, como ha estado ocurriendo en gran parte de los países del Africa subsahariana en los dos últimos decenios[42]. Además, las actividades rurales no agrícolas no necesariamente han de mejorar la distribución de los ingresos rurales en todos los casos. Por ejemplo, el turismo agroecológico está floreciendo en las viejas haciendas cafeteras de Colombia, pero esto ha implicado un aumento del desempleo para miles de campesinos que trabajaban antes en la cosecha del café.

Las actividades rurales no agrícolas son en muchos sentidos análogas al sector informal urbano: son actividades en pequeña escala y con alto coeficiente de mano de obra, utilizan materiales locales y atienden la demanda local. Contrariamente a lo que ocurre en el sector informal urbano, su ventaja reside en su ubicación, es decir, precisamente las zonas rurales, por lo cual vale aún más la pena fomentarlas para disminuir la presión sobre las zonas urbanas a efectos de la creación de empleo. China, Sri Lanka y Viet Nam, entre otros países, han mostrado el camino en ese sentido.


4.    Cuestiones sociales en la agricultura

«La mundialización está cambiándolo todo»: esta frase se ha convertido ahora en un cliché, pero su difusión refleja de por sí cierto grado de verdad. En ningún caso esto resulta tan evidente como en el de las demandas de los consumidores a nivel mundial con miras a asegurarse de que los alimentos y las bebidas que consumen y las flores que regalan sean producidas «con seguridad»: seguridad para los trabajadores, para el medio ambiente y para los propios consumidores. Las organizaciones no gubernamentales (ONG) dirigen con frecuencia estas campañas, y su mensaje se difunde a través de innumerables sitios Internet. De unos pocos cientos en 1960, el número de las ONG llega ahora a casi 30.000[43]. Estas organizaciones se unen para propugnar, en el sector agrícola, la aplicación de mejores normas laborales en las explotaciones agrícolas, particularmente con miras a la eliminación del trabajo infantil y la igualdad de género, la utilización segura de la maquinaria agrícola y los productos químicos, y una mayor seguridad alimentaria, y más recientemente en relación con el etiquetado de los alimentos genéticamente modificados. La adopción de normas laborales más exigentes se certifica cada vez más mediante «etiquetas» y se recompensa con precios superiores en los supermercados. Estos son algunos de los temas que se examinan en esta sección.

Trabajo infantil

Aunque el término «trabajo infantil» evoca imágenes de niños trabajando en fábricas y talleres artesanales, en la práctica la mayoría de los niños que trabajan lo hacen en explotaciones agrícolas: la proporción de niños empleados en este sector llega a las tres cuartas partes del total de niños (de 5 a 14 años de edad) ocupados a tiempo completo, según estimaciones de la OIT; estas cifras están en consonancia con el hecho de que el fenómeno del trabajo infantil se observa en la mayoría de los casos en países en desarrollo, y los países en desarrollo son en su mayoría agrícolas. Se calcula que unos tres quintos del total de niños que trabajan se encuentran en Asia, el 32 por ciento en Africa, y el 7 por ciento en América Latina[44]. Esto implica, de acuerdo con el porcentaje de la población mundial correspondiente, que la proporción de niños que trabajan es dos veces más alta en Africa que en otros continentes. En diez de los 13 países africanos estudiados recientemente, más del 30 por ciento de los niños de entre 10 y 14 años de edad trabajaban en granjas[45]. Los niños sufren de manera desproporcionada lesiones, tales como cortes y heridas, infecciones oculares, problemas de piel, fiebre y dolores de cabeza causados por la exposición a los plaguicidas[46].

Es necesario hacer una distinción respecto al trabajo infantil en las granjas familiares, dada la importancia de los hogares en el Tercer Mundo como unidad de organización de la producción[47]. Los niños complementan el trabajo doméstico de la familia con el trabajo en la granja, en particular cuando hay que completar tareas para las cuales el tiempo es un elemento vital. En América Latina, los muchachos cuidan las ovejas, juntan leña, recogen forraje, sacan agua, y ayudan a sembrar y a cosechar; las niñas ayudan con la molienda, la cocina, y el cuidado de los pequeños. En los países de Africa subsahariana, los niños contribuyen periódicamente al trabajo de la familia y con frecuencia trabajan 45 horas por semana durante el período más intenso de la cosecha. El trabajo infantil en el contexto familiar es un hecho tolerado dado que en esos casos el factor de explotación está ausente.

Las modalidades de trabajo infantil adquieren proporciones más serias cuando se sitúan en el contexto de la agricultura comercial y en régimen de servidumbre. Recientes estudios de la OIT han mostrado una participación mucho mayor de los niños en la agricultura comercial que lo que se suponía hasta ahora. A mediados del decenio de 1990, en el nordeste del Brasil, el 25 por ciento de la fuerza de trabajo empleada en la producción de caña de azúcar estaba constituido por niños de 14 años o menos de edad. En los estados del norte de México, entre el 20 y el 35 por ciento de la mano de obra ocupada en la producción de frutas y verduras eran niños de entre 8 y 14 años de edad. En las plantaciones de café de Kenya, se comprobó que en plena temporada de cosecha del café el 30 por ciento de los trabajadores eran niños de menos de 15 años. Los niños que trabajan en la agricultura comercial realizan tareas que requieren un esfuerzo físico agotador, sufren lesiones causadas por herramientas, tienen que llevar cargas pesadas una y otra vez, están expuestos al peligro de las picaduras de insectos y las mordeduras de serpientes, así como a los riesgos vinculados a la utilización de sustancias agroquímicas[48].

Los niños se incluyen con frecuencia como parte de la mano de obra familiar contratada por grandes empresas que producen para la exportación. Cuando se contratan trabajadores ocasionales para trabajar a destajo, los contratistas de las plantaciones pueden emplear niños como mano de obra barata, los cuales pueden tener que realizar tareas peligrosas. Los salarios que se pagan a los niños son invariablemente más bajos que los que se pagan a los adultos por un trabajo equivalente.

La peor forma de trabajo infantil es la servidumbre por deudas, que se practica sobre todo en Asia meridional y América Latina. Se trata de una forma moderna de esclavitud, con arreglo a la cual, a cambio de un crédito, una persona ofrece su trabajo o el trabajo de sus hijos. Los niños en situación de esclavitud pueden trabajar para grandes explotaciones agrícolas y propietarios de tierras para los cuales realizan tareas domésticas y no domésticas como pago parcial de la deuda de su familia. También se comprueba el recurso al trabajo forzoso en la agricultura comercial en la cosecha de rota en Filipinas, de caña de azúcar y caucho en el Brasil, y de hortalizas en Honduras y Sudáfrica[49].

La principal diferencia en materia de políticas relativas al trabajo infantil es la que existe entre las medidas legislativas y la acción pública. La legislación nacional estipula una edad mínima para trabajar y reglamenta las condiciones de trabajo de los jóvenes[50] mientras que la acción pública procura alterar el entorno económico mediante intervenciones de colaboración, a fin de que los padres puedan retirar voluntariamente a sus hijos de la fuerza de trabajo. Se están tomando muchas iniciativas para abordar el problema del trabajo infantil en la agricultura comercial, en parte con la asistencia de la OIT, que pueden abarcar: comités nacionales, investigaciones, campañas públicas de propugnación, seminarios tripartitos de formación, y proyectos especiales de acción. La política de la OIT en la materia se formula actualmente en torno a cuatro grandes objetivos en el marco del principal programa de la OIT sobre el trabajo infantil (IPEC; véase el recuadro 16). Esos objetivos son los siguientes:

Recuadro 16
El Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil

La labor de la OIT relativa al trabajo infantil se lleva a cabo bajo la égida del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC). La experiencia del IPEC ha mostrado que la forma más eficaz de hacer frente al trabajo infantil consiste en movilizar una amplia alianza de entidades asociadas y hacer hincapié en las intervenciones basadas en la comunidad. Entre las alternativas viables para retirar a los niños del trabajo en las tareas agrícolas se incluyen la educación mediante la alfabetización y la formación para adquirir conocimientos básicos de aritmética, la capacitación profesional, la reintegración de los niños en escuelas oficiales, y la prestación de servicios de salud y apoyo nutricional. Se ofrecen incentivos a las familias cuyos hijos trabajan para evitar que vuelvan a depender del trabajo infantil; entre esos incentivos se incluyen la formación profesional y el acceso a recursos de microcrédito. La acción conjunta llevada a cabo por grupos de empleadores y de trabajadores ha dado lugar al desarrollo de acuerdos que limitan el empleo de niños en condiciones de explotación y en trabajos peligrosos y mejoran las condiciones de empleo de los adultos. El éxito de esos programas reside en la política tendente a llegar a los empleadores sin recurrir a la amenaza de aplicar medidas punitivas o sanciones.

La labor del IPEC ha cobrado aun mayor impulso con la adopción, en la reunión de junio de 1999 de la Conferencia Internacional del Trabajo, del Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil, 1999 (núm. 182), en el cual se define esa expresión como, entre otros, «el trabajo que, por su naturaleza o por las condiciones en que se lleva a cabo, es probable que dañe la salud, la seguridad o la moralidad de los niños» (véase el recuadro 17). Gran parte del trabajo en las granjas y plantaciones comerciales se ajusta a esta definición. Esto ocurre particularmente en los casos en que se utilizan productos químicos, fertilizantes y plaguicidas o en las tareas peligrosas que se llevan a cabo en plantas de procesamiento anexadas a las plantaciones.

Recuadro 17
Convenio núm. 182

El nuevo Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil y la Recomendación que lo acompaña (núm. 190) fueron adoptados por unanimidad en la reunión de junio de 1999 de la Conferencia Internacional del Trabajo. El Convenio prevé medidas inmediatas para prohibir y eliminar:

  • todas las formas de esclavitud, tales como:

    —    la venta y el tráfico de niños y la servidumbre por deudas,
    —    el trabajo forzoso u obligatorio, incluido el reclutamiento forzoso u obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos        armados;

  • el trabajo infantil en la industria del sexo;
  • el tráfico de estupefacientes y otras actividades ilícitas;
  • otros trabajos que dañen la salud, la seguridad o la moralidad de los niños.

En el Convenio se exige que los gobiernos que lo ratifiquen cumplan, entre otras, las obligaciones siguientes:

  • elaborar y poner en práctica programas de acción para eliminar las peores formas de trabajo infantil;
  • ayudarse recíprocamente por medio de una mayor cooperación y/o asistencia internacionales.

El Convenio núm. 182 y la Recomendación núm. 190 no sustituyen el Convenio núm. 138 y la Recomendación núm. 146, que siguen siendo instrumentos fundamentales en materia de trabajo infantil, sino que más bien los complementan previendo medidas básicas para garantizar la inmediata supresión de todas las peores formas de trabajo infantil para todas las personas menores de 18 años de edad. Estos instrumentos tienen en cuenta la importancia de la enseñanza básica gratuita para todos y reconocen también la importancia de las estrategias preventivas y los programas de rehabilitación para la integración social.

Género

La agricultura es la fuente primaria de empleo para las mujeres en la mayoría de los países en desarrollo, particularmente en los de Africa subsahariana y los de Asia oriental y sudoriental, donde las normas culturales no excluyen el trabajo de las mujeres. Esta inclusión es, no obstante, una bendición a medias dado que las mujeres tienen que contribuir a menudo con la mayor parte del trabajo en las granjas con muy poca recompensa pecuniaria por el mismo (véase el recuadro 18 sobre el Africa subsahariana). Ante la pobreza creciente, se están quebrantando las normas tradicionales incluso en Asia meridional, donde las mujeres trabajan ahora en el campo, en lugar de ocuparse del huerto familiar. En Bangladesh, las mujeres se ocupan cada vez más de la siembra, la preparación de la tierra, el trasplante, la escarda, la irrigación, el riego y la cosecha (véase el recuadro 19). La tradición sigue prevaleciendo, sin embargo, en el acceso a los recursos, ya que la opinión de las mujeres no se tiene casi en cuenta en la distribución de los gastos del hogar. La falta de poder de decisión de las mujeres sobre la tierra cultivable y la falta de derechos efectivos sobre la tierra, ya sea por herencia, transferencia estatal o el mercado, sigue siendo una cuestión grave. Esto determina no sólo las opciones que tiene la mujer como medio de vida, sino también su condición social y política[51].

Recuadro 18
Mujeres en la agricultura en el Africa subsahariana

Tradicionalmente, las mujeres han participado en gran medida en la agricultura en el Africa subsahariana, donde más de las tres cuartas partes de las mujeres que trabajan lo hacen en ese sector. La división del trabajo de acuerdo con el género predomina: los hombres realizan las tareas más arduas en la etapa de preparación del campo y las mujeres intervienen de manera predominante en las otras etapas. Hay también una división tradicional del trabajo, según la cual las mujeres deben limitarse a los cultivos alimentarios y los hombres en cambio se dedican a los cultivos comerciales. Esto implica también que las mujeres tienen muy poco control sobre los ingresos familiares, dado que los cultivos alimentarios se utilizan generalmente para la subsistencia. En total, las mujeres contribuyen con más del 50 por ciento del trabajo en todas las tareas agrícolas, excepto en la tala de bosques y la preparación del terreno.

 

 

Participación porcentual en el total de horas
destinadas a cada tarea

 

 

Mujeres

Hombres

 

Tala en los bosques y preparación del terreno

 

5-30

70-95

 

Siembra, escarda y cosecha

 

50-70

30-50

 

Transporte de los productos cosechados; almacenamiento y procesamiento de los mismos

 

80-90

10-20

 

Comercialización de los productos excedentes

 

60

40

 

Transporte de agua y de combustibles

 

90

10

 

Aunque los datos antes indicados no son muy recientes, se tienen amplias razones para pensar que la situación no ha cambiado casi, y si lo ha hecho, ha sido para peor debido a la agudización de la crisis económica en Africa.

Fuente: Comisión Económica para Africa (CEPA): United Nations handbook on women in Africa: Today and tomorrow (Addis-Abeba, 1975, citado en OIT: Promoción del empleo rural, Informe VII, Conferencia Internacional del Trabajo, 75.ª reunión, Ginebra 1988, pág. 45); véase también OIT: Género: Un pacto entre iguales, publicación de la Oficina para la Igualdad de Género (Ginebra, 2000).

 

Recuadro 19
Las mujeres en la agricultura en Bangladesh

En Bangladesh, más del 70 por ciento de los hogares dependen de la agricultura y actividades conexas. El arroz blanco es el principal producto agrícola en torno al cual se centran todas las actividades rurales. Las mujeres desempeñan importantes funciones en muchos aspectos de la producción de arroz, tal como lo muestran los datos siguientes:

Análisis de las semillas, germinación                                                                           Hombres

Siembra, preparación del terreno, transplante,
escarda, irrigación, riego, cosecha                                                                               Mujeres

Preparación de las eras                                                                                               Hombres

Trilla                                                                                                                          Ambos sexos

Aventar/cribar, seleccionar las semillas/almacenar,  sancochar
el arroz, secarlo, descascararlo y almacenarlo, y secar la paja                                       Mujeres

Estas funciones son nuevas: tradicionalmente las mujeres sólo trabajaban en los huertos familiares, pero debido a la creciente pobreza ahora tienen que trabajar también en los campos.

Fuente: T. A. Abdullah y S. A. Zeldenstein: Village women of Bangladesh: Prospects for change (Oxford, Pergamon Press, 1982), y M. Shirin: «Achievements of women in mixed farming», en U. Ahmed y M. A. H. Miah (directores de la publicación): Success stories of women in agriculture: Proceedings of a National Workshop on Case Studies (Dhaka, Bangladesh Agricultural Research Council, 1995), citado por la FAO en: http://www.fao.org/sd/wpdirect/wpre0104.htm.

Las normas tradicionales relativas a las funciones que desempeñan las mujeres y la distribución de los ingresos condicionan la participación de las mujeres, pero también son igualmente importantes cinco factores interrelacionados: la falta de control de los recursos productivos; las desigualdades en cuanto a las oportunidades de empleo; la exclusión de la toma de decisiones y la formulación de políticas; un entorno jurídico desfavorable, y la proporción cada vez mayor de hogares encabezados por mujeres. Esos factores excluyen efectivamente a las mujeres de una participación equitativa en la remuneración, sin tener para nada en cuenta su contribución a la seguridad alimentaria de la familia. El hecho de que esa contribución se manifieste habitualmente en forma de alimentos de subsistencia la hace invisible, pero no por ello menos real. Como consecuencia de la proporción cada vez mayor de hogares encabezados por mujeres debido a la ausencia de los hombres, que van a las ciudades en busca de empleo, o al porcentaje creciente de divorcios y de casos de abandono, las mujeres tienen que asumir una carga aún más pesada en relación con la crianza de los hijos.

La experiencia de la OIT en materia de asistencia a las mujeres en el sector agrícola (al igual que en otros sectores) ha mostrado cuán importante es situar la condición de la mujer en el contexto de las normas y prácticas del hogar, la comunidad, el mercado y el Estado que perpetúan su subordinación. Se insiste cada vez más en procurar que todo el proceso de discriminación basado en el género que abarca tanto los incentivos y las limitaciones como las recompensas sea más transparente. La incorporación de las cuestiones de género en todas las actividades, la recopilación de datos e informaciones al respecto, y el fortalecimiento de la capacidad institucional, junto con una mayor participación de las mujeres en todas las etapas de decisión, son los elementos que se consideran como la base de la labor de la OIT con respecto a la igualdad de género (véase el recuadro 20).

Recuadro 20
Oficina de la OIT para la Igualdad de Género

Como respuesta a la Plataforma de Acción adoptada por la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, y a las conclusiones convenidas del ECOSOC sobre la incorporación de la perspectiva de género*, la Oficina para la Igualdad de Género de la OIT, de reciente creación (marzo de 1999), ha adoptado un plan de acción sobre la incorporación de la igualdad de género en la OIT. Se están haciendo esfuerzos con miras a:

  • desarrollar medios para la incorporación de las cuestiones de género, así como indicadores y manuales sobre el tema, a fin de aplicar eficazmente la estrategia en materia de incorporación de las consideraciones de género. Con tal finalidad se están formulando objetivos, indicadores y metas centrados en esas cuestiones;
  • reunir datos e informaciones con perspectivas de género para la formulación de políticas y la elaboración de programas;
  • fortalecer la capacidad en todos los niveles de la OIT, incluida su dirección, como un elemento clave de la estrategia para la incorporación de las consideraciones de género. Se están haciendo esfuerzos por combinar el fortalecimiento de la capacidad con los medios que hagan posible dicha incorporación.

Al igual que en otras esferas donde actúa la OIT, los medios de acción de la Organización para impulsar la igualdad de género comprenden la elaboración de normas y su supervisión, la cooperación técnica, los servicios de asesoramiento, el fortalecimiento de la capacidad, reuniones y otras actividades promocionales, investigaciones y publicaciones, establecimiento de redes y difusión de informaciones.

* En las conclusiones convenidas por el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas se define el concepto de incorporación de la perspectiva de género como sigue: «el proceso de evaluación de las consecuencias para las mujeres y los hombres de cualquier actividad planificada, inclusive las leyes, políticas o programas, en todos los sectores y a todos los niveles. Es una estrategia destinada a hacer que las preocupaciones y experiencias de las mujeres, así como de los hombres, sean un elemento integrante de la elaboración, la aplicación, la supervisión y la evaluación de las políticas y los programas en todas las esferas políticas, económicas y sociales, a fin de que las mujeres y los hombres se beneficien por igual y se impida que se perpetúe la desigualdad. El objetivo final es lograr la igualdad entre los géneros».

Esa creciente participación de las mujeres contribuiría no sólo a aumentar los ingresos de los hogares sino también al desarrollo sostenible al aprovechar el conocimiento de la diversidad genética que han adquirido las mujeres mediante sus tareas habituales de aprovisionar a sus familias y al mercado con alimentos, combustible y agua. Se requiere para esto un enfoque que abarque tres aspectos:

La mejora de los datos y las investigaciones sobre las especificidades de género en relación con los hogares y las tecnologías agrícolas debería ser parte integrante de este enfoque.

Salud y seguridad en el trabajo

Junto con la minería y la construcción, la agricultura es una de las tres actividades más peligrosas, tanto en los países en desarrollo como en los países industrializados. En el sector agrícola se produjo más de la mitad del total de 330.000 accidentes mortales en el lugar de trabajo registrados en todo el mundo en 1997. Además, la tasa de mortalidad en la agricultura, a diferencia de lo que ocurre en otras ocupaciones peligrosas, va en aumento[52]. Esto significa que, a nivel mundial, el riesgo que corren los trabajadores agrícolas de morir en un accidente profesional es dos veces mayor que el de los trabajadores de otros sectores. En los Estados Unidos, esta comparación es aún más desalentadora, puesto que en 1996 la tasa de mortalidad entre los trabajadores agrícolas fue de 20,9 por 100.000, mientras que la tasa media general del sector industrial fue de 3,9 por 100.000. En sí nada prometedoras, las estadísticas registradas en todo el mundo representan sólo la parte visible del problema, debido a su subestimación casi sistemática, que resulta de las dificultades inherentes al diagnóstico de las enfermedades profesionales y relacionadas con el trabajo y a la determinación del régimen de empleo de los trabajadores agrícolas. A pesar de las altas tasas de accidentes y lesiones que se registran entre los trabajadores agrícolas, éstos gozan de una menor protección por lo que se refiere a prestaciones por lesiones laborales o de seguridad social, y deben acogerse por lo general a regímenes de seguro individual. Los grupos más vulnerables son las personas ocupadas en explotaciones familiares, los jornaleros de las plantaciones, los trabajadores de temporada o migrantes, las mujeres y los niños trabajadores.

La maquinaria y los productos químicos son la principal causa de lesiones profesionales en las explotaciones agrícolas. Aun cuando no cabe duda de que la maquinaria ha contribuido a atenuar el carácter fatigoso de las tareas agrícolas, también ha contribuido a aumentar, sobre todo en los países en desarrollo, los accidentes relacionados con la utilización inadecuada de los equipos de protección y la escasa atención prestada a la prevención y la capacitación en materia de seguridad. Incluso en los países desarrollados, la mecanización es la causa de la mayoría de las lesiones profesionales. En Francia, por ejemplo, los accidentes relacionados con el uso de maquinaria representan el 25 por ciento de todos los accidentes agrícolas, y en España, el 40 por ciento, la mitad de los cuales con tractores solamente[53]. En la Argentina, en el período abril-junio de 1997, la maquinaria agrícola causó el 30 por ciento de los accidentes no mortales y el 4 por ciento de los accidentes mortales. Colombia informó que el 50 por ciento de los accidentes ocurridos en el sector agrícola en 1996 estaban relacionados con el uso de tractores.

Casi todas las demás lesiones que se producen en la agricultura están relacionadas con el uso de productos químicos. En todo el mundo se utilizan cerca de tres cuartos de millón de sustancias químicas y compuestos químicos en la agricultura, a los que cada año se suman miles de otras sustancias que suelen entrar al mercado sin ninguna evaluación previa de sus efectos potenciales. Una vez más, el nivel de riesgo es mayor para los agricultores de los países en desarrollo, habida cuenta de la falta de medios para costear la compra de equipo de protección y la falta de conocimientos sobre los peligros que entrañan estas sustancias. En 1994, en los países en desarrollo se produjo el 99 por ciento del total mundial de muertes por envenenamiento con plaguicidas, a pesar de que estos países sólo consumían el 20 por ciento de la producción mundial de productos agroquímicos[54].

Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre 3,5 y 5 millones de personas son intoxicadas cada año con plaguicidas, y 40.000 de ellas mueren. De acuerdo con datos del Gobierno de Estados Unidos, cada año 735.000 personas son afectadas en el mundo por enfermedades relacionadas con el uso de plaguicidas. Una fuente canadiense ha calculado que en los países en desarrollo las sustancias plaguicidas provocan 10.000 muertes y 4 millones de intoxicaciones al año[55]. Los envenenamientos agudos pueden ocurrir cuando los plaguicidas se aplican en espacios cerrados, donde no pueden dispersarse, provocando una elevada concentración de tales sustancias en el aire. Ahora bien, los efectos tóxicos diferidos, que rara vez se diagnostican, pueden ser provocados incluso por la exposición reiterada a concentraciones poco importantes de plaguicidas. Entre los efectos crónicos y diferidos de esta forma de intoxicación figuran el cáncer, las enfermedades respiratorias, las deficiencias neurológicas y neuromusculares, los trastornos de comportamiento de origen neurológico, las secuelas psiquiátricas y diversas alergias. La intoxicación crónica afecta también a los fetos de las mujeres expuestas a productos químicos durante el embarazo (teratogénesis).

El abandono progresivo del uso de los plaguicidas más peligrosos — es decir, los que provocan cáncer, dañan el sistema reproductivo o son tóxicos para el sistema nervioso — constituiría un avance significativo hacia un sistema agrícola más sostenible, saludable y humano. En particular, ello supondría tomar las siguientes medidas[56]:

La toma de conciencia cada vez mayor sobre los riesgos que los plaguicidas entrañan para la salud humana y para el medio ambiente ha llevado a los fabricantes a aceptar cada vez con mejor disposición la aplicación de medidas y programas para reducir la utilización de plaguicidas.

Además de las lesiones y muertes provocadas por la maquinaria y los productos químicos utilizados en el sector, el trabajo agrícola provoca enfermedades importantes, entre las que figuran las siguientes: trastornos infecciosos causados por el contacto con animales (zoonosis), infecciones de las vías respiratorias, dermatosis, alergias, cáncer, lesiones causadas por el ruido y las vibraciones, y trastornos musculares y óseos causados por los movimientos repetitivos, el trabajo en posturas inadecuadas, el acarreo de cargas pesadas o la duración excesiva de la jornada de trabajo. También existe un riesgo importante de muerte por asfixia para las personas que trabajan en silos de almacenamiento y en particular para las que caen dentro de ellos. Estas enfermedades y desórdenes provocan un considerable desgaste de energías, envejecimiento prematuro, ausentismo y la disminución de la productividad, y redundan en un elevado gasto público en las esferas de la protección social y la salud.

La unidad rectora de la OIT, por lo que se refiere a todos los aspectos de la seguridad y salud en el trabajo, es el Programa InFocus SafeWork (sucesor del Servicio de Seguridad y Salud en el Trabajo). En el recuadro 21 se describe un prototipo exitoso de proyecto de cooperación técnica desarrollado por el citado Servicio. Tales actividades recibirán un gran impulso con la adopción futura de nuevas normas sobre seguridad y salud en la agricultura por la Conferencia Internacional del Trabajo (véase el recuadro 22).

Recuadro 21
Actividades de la OIT en materia de salud y seguridad en el trabajo agrícola

El proyecto de mejora de la seguridad y la salud en el trabajo agrícola en América Central, llevado a cabo por la OIT entre 1993 y 1998, constituye un buen ejemplo del tipo de cooperación técnica que resulta más fructífera en este campo. En dicho proyecto se puso a prueba una estrategia modelo para el desarrollo de políticas nacionales de seguridad y salud en la agricultura de países en desarrollo, que debía servir para orientar las acciones futuras de la OIT en esta materia. Los beneficiarios del proyecto fueron los asalariados agrícolas, los pequeños agricultores y sus familias y los trabajadores temporeros.

Sus frutos fueron concretamente: la elaboración de un marco legislativo y la actualización de la legislación en materia de seguridad y salud en el trabajo; el establecimiento de una política nacional para el sector, de un sistema de clasificación de productos agroquímicos y de un sistema preventivo de control sanitario; el desarrollo de las capacidades nacionales y los mecanismos de apoyo necesarios para la puesta en práctica del programa; el desarrollo de una red de información y capacitación sobre salud y seguridad en el trabajo, y la formulación de una metodología de protección medioambiental que favorezca una agricultura sostenible. En algunas de estas actividades se contó con la cooperación de la FAO y la OMS. La experiencia adquirida ha servido para perfeccionar un cierto número de instrumentos de capacitación, de orientaciones políticas y de normativas modelo aplicables a las actividades de cooperación técnica en otros países. Las repercusiones y la notoriedad del Programa de la OIT sobre Seguridad y Salud en la Agricultura se han visto realzadas además por la actividad normativa, el fomento de la seguridad y la salud, el intercambio de informaciones y el desarrollo de capacidades.

 

Recuadro 22
Nuevas normas sobre seguridad y salud en el trabajo agrícola

En el Convenio sobre seguridad y salud de los trabajadores, 1981 (núm. 155) y en el Convenio sobre los servicios de salud en el trabajo, 1985 (núm. 161), se establecen los principios de una política sobre seguridad y salud en el trabajo en los niveles nacional y de empresa, que debería extenderse a todas las ramas de la actividad económica; además, el Convenio sobre las plantaciones, 1958 [y Protocolo, 1982] (núm. 110) regula en forma específica las condiciones de trabajo del personal agrícola asalariado de las plantaciones. Con todo, no existe una norma internacional que trate en forma exhaustiva de la seguridad y la salud en la agricultura. Por esta razón, el Consejo de Administración de la OIT decidió inscribir un punto sobre este tema en el orden del día de la 88.ª reunión (2000) de la Conferencia Internacional del Trabajo, para ser examinado según el procedimiento de doble discusión previsto en el artículo 39 del Reglamento de la Conferencia. Las nuevas normas internacionales que se prevé adoptar deberían crear el marco legal para la elaboración de nuevas políticas nacionales en materia de seguridad y salud en la agricultura.

Cultivos modificados genéticamente

Por ingeniería genética se entienden las técnicas de concepción reciente que permiten la transferencia de material genético entre células de especies no relacionadas, con el fin de mejorar la tolerancia de cultivos y animales a determinadas agresiones, plagas o agentes patógenos y de aumentar la productividad de los insumos nutrientes (véase el recuadro 23) [57]. Los beneficios que se esperan obtener en la agricultura se refieren al aumento de la producción, sobre todo de las tierras poco fértiles, y la disminución del uso de producto agroquímicos. Para muchos, la modificación genética (MG) es un avance científico crucial, indispensable para asegurar la alimentación del mundo, proteger el medio ambiente y reducir la pobreza [58]. Sin embargo, cada día aumentan las filas de quienes discrepan, sobre la base del temor que inspira la imposibilidad de prever a ciencia cierta cuál será el comportamiento de los genes transplantados[59]. También se ha reclamado una vigilancia adecuada para evaluar los problemas potenciales señalados por los científicos y los ecologistas, como la capacidad de las especies modificadas para convertirse en malezas, el flujo génico, la aparición de nuevos virus y los efectos no previstos que las plantas con capacidad insecticida podrían causar en organismos benéficos[60]. También existe la posibilidad de que se creen «supermalezas» si se transfieren desde las especies modificadas a las especies silvestres autóctonas capacidades como la resistencia a los herbicidas; podría ocurrir también que las plantas genéticamente modificadas destruyan los insectos benéficos predadores cuyas presas sean precisamente los insectos dañinos que atacan estos cultivos. La homogeneización de las variedades modificadas genéticamente podría provocar una degradación genética de las especies, a medida que las nuevas semillas sustituyen a las variedades locales; asimismo, la recombinación de vectores podría generar variedades de virus más nocivas, sobre todo en plantas transgénicas diseñadas para tener resistencia viral mediante la incorporación de genes virales. Sensible a estas inquietudes, el octavo período de sesiones de la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas (abril y mayo de 2000) pidió una moratoria sobre el desarrollo de organismos modificados genéticamente hasta que hayan concluido los estudios pertinentes sobre sus repercusiones[61].

Recuadro 23
Ingeniería genética

Por ingeniería genética se entiende toda alteración científica del material genético, sea para producir nuevos rasgos beneficiosos en los organismos o para eliminar los que se consideren negativos. El proceso exige la localización del gen que será objeto de la transformación, lo que corresponde más o menos a encontrar una aguja en un pajar, salvo que en este caso el pajar es de dimensiones inauditas. La ingeniería genética puede servir para corregir defectos genéticos, potenciar los rasgos naturales de un organismo (por ejemplo, acelerar su ritmo de crecimiento) aumentar la resistencia a las enfermedades o a las agresiones externas (por ejemplo, a la sequía o el frío), o para permitir que un organismo tenga un comportamiento no propio de su especie (por ejemplo, la producción de insulina humana para curar la diabetes, o la maduración de los tomates sin que éstos se ablanden). A continuación se señalan algunos hitos de la ingeniería genética:

  • primeros años del decenio de 1980: el Organismo de Control de Alimentos y Productos Farmacéuticos de los Estados Unidos aprueba una insulina producida por bacterias;
  • mediados del decenio de 1980: gestación en laboratorio de ratones de un tamaño dos veces mayor al normal;
  • fines de los años 1980: producción de plantas de tomate resistentes a las orugas y de maíz con nutrientes añadidos;
  • 24 de marzo de 1997: se anuncia al público el nacimiento siete meses antes de Dolly, la oveja clonada;
  • 26 de junio de 2000: se anuncia al público que se ha terminado el primer borrador del proyecto DAW, «descifrando con ello el Libre de la Vida».

Desgraciadamente, hasta ahora se han dedicado muy pocos fondos a la evaluación de los riesgos ambientales que plantea la ingeniería genética. Por ejemplo, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) gasta en evaluación de riesgos sólo el 1 por ciento del total de fondos asignados a la investigación en biotecnología, lo que se traduce en una cuantía de apenas uno a dos millones de dólares por año, recursos que son claramente insuficientes dado el número de laboratorios de modificación genética en actividad actualmente.

Otra preocupación que se ha planteado en relación con la modificación genética es el creciente predominio del sector privado y de ciertas empresas comerciales en el desarrollo de este campo (véase el cuadro 13), a diferencia de lo ocurrido durante la llamada Revolución Verde, proceso en que el sector público desempeñó una función significativa. Un aspecto que ha despertado el interés de algunos sectores por la privatización del desarrollo de la modificación genética es la posible ampliación del concepto de derechos de propiedad intelectual en este ámbito. La empresa Monsanto, por ejemplo, ha presentado solicitudes de inscripción de patente de todas las variedades modificadas genéticamente de algodón y de plantas crucíferas. De establecerse el sistema de patente de semillas, los pequeños agricultores podrían resultar perjudicados, sobre todo en los países en desarrollo, pues en cada siega se verían obligados a pagar derechos por las semillas patentadas que utilizaren[62]. También podría ocurrir que las multinacionales creen variedades de plantas resistentes sólo a los herbicidas que ellos mismos fabriquen. Otro temor que se ha manifestado se refiere a la posibilidad de que los productos biotecnológicos de los países industrializados desplacen a los productos básicos que tradicionalmente se han producido en los países en desarrollo[63].

Cuadro 13.  Los tres principales cultivos transgénicos comercializados en los Estados Unidos,
                    julio de 1998


 

 

Modificación

 

Empresa

 

Aplicaciones


Maíz

 

Resistencia a los insecticidas de la toxina Bt

 

Monsanto, Novartis, Mycogen

 

Control de insectos

 

 

Resistencia a los herbicidas de glifosato

 

Monsanto

 

Control de malezas

 

 

Resistencia a los herbicidas de glufosinato

 

Monsanto, Hoechst

 

Control de malezas

 

 

Sistema de control de la fertilidad

 

Hoechst/AgrEvo/PlantGenetic

 

Producción de semillas híbridas

Algodón

 

Resistencia a los herbicidas de bromoxinil

 

Monsanto/Calgene/Rhône Poulenc

 

Control de malezas

 

 

Resistencia de los herbicidas de sulfonilurea

 

DuPont

 

Control de malezas

 

 

Resistencia a los herbicidas de glifosato

 

Monsanto

 

Control de malezas

 

 

Resistencia a los herbicidas de bromoxinil. Resistencia a los insecticidas de la toxina Bt

 

Monsant/Calgene/Rhône Poulenc

 

Control de malezas e insectos

Soja

 

Resistencia a los herbicidas de glifosato

 

Monsanto

 

Control de malezas

 

 

Resistencia a los herbicidas de glufosinato

 

Hoechst/AgrEvo

 

Control de malezas

 

 

Alto contenido de ácido oleico

 

DuPont

 

Aumento de la estabilidad. Reducción de los ácidos grasos poliinsaturados


Fuente: Gene Exchange (Washington, DC, Union of Concerned Scientists), verano de 1998.

Ahora bien, el avance de la nueva revolución agrícola no ha sido tan rápido como lo hubiesen deseado las empresas activas en el sector de las «ciencias de la vida». En los últimos años, la opinión pública ha venido manifestando en forma creciente sus preocupaciones. La Unión Europea ha obligado ya a los fabricantes de alimentos a etiquetar pertinentemente los productos biotecnológicos. En algunas cadenas de distribución de Gran Bretaña y de la Unión Europea se han prohibido los alimentos que contienen ingredientes modificados genéticamente, y las autoridades de los Estados Unidos han intensificado el control de los alimentos modificados genéticamente (véase el recuadro 24).

Recuadro 24
Estados Unidos intensifica el control de los organismos genéticamente modificados

En mayo de 2000, el Gobierno de Estados Unidos publicó un plan en que se prevé aumentar el control federal de los alimentos modificados genéticamente y de dar una mayor difusión pública a algunos detalles de dicho control, con el objeto de incitar la confianza de los consumidores por los alimentos modificados genéticamente. En virtud de estas disposiciones, las empresas biotecnológicas tendrán que notificar al Organismo de Control de Alimentos y Productos Farmacéuticos (FDA) con una antelación de cuatro meses la comercialización de todo alimento modificado genéticamente y poner a disposición de dicho Organismo y del público los resultados de las investigaciones que confirmen la seguridad del alimento modificado de que se trate. Anteriormente, dicho procedimiento tenía carácter voluntario. Por otra parte, el Departamento de Agricultura tendrá a su cargo la verificación de todas las declaraciones en las que se afirme que un determinado producto no contiene ingredientes producto de la ingeniería genética.

La comercialización de plantas biotecnológicas se inició en los Estados Unidos en 1996 y se estima que ya se han plantado varios millones de hectáreas de tales cultivos. Concretamente, constituyen la mitad de la producción de soja y de algodón del país, un tercio de todas las variedades de maíz y proporciones importantes de colza, patatas y calabazas. Sin embargo, como un signo de deferencia ante los sectores críticos, varios productores importantes de alimentos, entre los que figuran Frito-Lay y McDonald’s, acordaron recientemente dejar de utilizar algunos ingredientes modificados genéticamente. Sin dejar de insistir en que los alimentos de la biotecnología son tan seguros como los alimentos no modificados y que las reglas en la materia han sido hasta ahora adecuadas, las autoridades han insistido en que las nuevas iniciativas tienen por objeto infundir al público una mayor confianza en la seguridad de los alimentos modificados genéticamente.

Fuente: International Herald Tribune, 4 de mayo de 2000, pág. 3.

Al cabo de cuatro años de negociaciones, el 29 de enero de 2000 se adoptó en Montreal (Canadá) el primer acuerdo internacional que regula la utilización, manipulación y transferencia internacional de organismos modificados genéticamente, llamado Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad, relativo al Convenio sobre Diversidad Biológica. Este tratado constituye un excepcional éxito en el avance de las medidas que buscan equilibrar las preocupaciones medioambientales con el libre comercio, intereses que es fácil conciliar. La disposición fundamental del Protocolo establece que los exportadores deben obtener del país importador una autorización previa para el despacho de todo «organismo vivo modificado» que vaya a ponerse en contacto con el medio ambiente, salvo en el caso de la exportación de productos básicos destinados a su procesamiento o consumo como alimento o forraje. El Protocolo establece un «principio de precaución» por el que todo país parte en el tratado puede tomar medidas para proteger su mercado — concretamente, bloqueando la exportación de organismos modificados genéticamente — aun en el caso de que no se disponga todavía de informes científicos que demuestren fehacientemente su carácter peligroso.

Aun cuando ofrecen perspectivas prometedoras de alto rendimiento y tal vez de inocuidad para el medio ambiente, los organismos genéticamente modificados se encuentran todavía en su fase experimental y han de ser objeto de una vigilancia rigurosa. Los tres mandantes de la OIT (gobiernos, trabajadores y empleadores) tienen funciones importantes que cumplir a este respecto. Este tema será uno de los puntos para la discusión.

Iniciativas voluntarias

Las iniciativas de carácter voluntario en materia de etiquetado y de definición de códigos de conducta tienen por objetivo favorecer el comercio de bienes y servicios producidos o prestados en condiciones de trabajo justas y equitativas. Se entiende que las iniciativas son «voluntarias» en la medida en que los productores o los distribuidores que aplican una etiqueta para calificar un producto o servicio, o que adoptan un código de conducta, lo hacen por propia iniciativa y no atendiendo a la legislación o a restricciones de importación, y que el consumidor decide libremente la compra del artículo etiquetado o comprendido en el código de conducta de que se trate[64]. Destinado al consumidor o a los posibles socios comerciales, el etiquetado social puede colocarse en los productos mismos o desplegarse en los lugares de venta o en los locales de las empresas; en cambio, los códigos de conducta son declaraciones de principio establecidas por escrito, que tienen por objeto servir de testimonio del compromiso a asumir una determinada conducta empresarial. Tales códigos pueden ser adoptados unilateralmente por las empresas, negociados entre las direcciones de las empresas, los trabajadores y/o las ONG, o ser de alguna manera consecuencia de la presión ejercida por grupos de accionistas[65].

A raíz del éxito de las campañas contra el trabajo infantil en algunos sectores de exportación, en los años 1990 aparecieron las primeras iniciativas de etiquetado social como medio complementario para promover la eliminación total del trabajo infantil en todos los niveles de la fabricación de los productos etiquetados y para mejorar la situación de los niños trabajadores[66]. Otras iniciativas emprendidas posteriormente han abarcado temas como las normas internacionales del trabajo relativas al trabajo forzoso, la protección contra la discriminación, la libertad sindical y el derecho de negociación colectiva, y otros temas relativos a las condiciones de trabajo (niveles salariales, prestaciones sociales y horarios de trabajo). Un tema mucho más reciente es el de la protección del medio ambiente.

Las iniciativas de carácter voluntario son comunes en los sectores del café, té y banano, donde han cobrado la forma de «iniciativas de comercio equitativo» (véase el recuadro 25). Tales iniciativas consisten en la compra directa a los pequeños agricultores de un producto, según un precio mínimo garantizado más una prima por fidelidad al sistema. El objeto de las iniciativas de etiquetado de comercio equitativo consiste en que el cliente asuma el costo extra del etiquetado, así como la prima entregada al productor. La organización Consejo de Manejo Forestal (FSC), que partió como una iniciativa de sistematización de los aspectos técnicos de la ordenación forestal, ha incorporado en sus iniciativas de etiquetado los principios de la libertad sindical y de la seguridad y salud en el trabajo. Por su parte, el Flower Label Program, concebido para garantizar el respeto de normas medioambientales y sociales en la producción de flores de exportación, incorporó cuestiones laborales en sus normas, influenciado en un comienzo por los sindicatos.

Recuadro 25
Iniciativas voluntarias en el comercio de bananas

Hay cuatro iniciativas principales:

  • la Internacional de Organizaciones de Etiquetado para un Comercio Justo (FLO) que promueve un comercio justo;
  • el proyecto ECO-OK para una Mejor Producción de Banano, destinado a dar apoyo a la producción de carácter ecológico y social;
  • la Federación Internacional de los Movimientos de Agricultura Biológica (IFOAM) destinada a fomentar la producción orgánica;
  • la Iniciativa por un Comercio Etico (ETI) (Reino Unido) para desarrollar un programa que vincule un código ético de conducta con la supervisión y la verificación.

Además, el Organismo de Acreditación del consejo de las prioridades económicas, que hasta el momento se ha encargado de promover los convenios de la OIT en el sector manufacturero, actualmente está examinando la aplicabilidad a la agricultura de su norma sobre responsabilidad social SA 8000.

Las preocupaciones ambientales y sociales se abordan en las cuatro iniciativas, los Convenios núms. 87 y 98 de la OIT sobre libertad sindical y negociación colectiva se mencionan de manera explícita, salvo en el caso de IFOAM, que por el hecho de estar más relacionada con el medio ambiente, recomienda en términos generales que se observen todos los convenios de la OIT relativos al bienestar de los trabajadores. El derecho de los trabajadores a organizarse se cita en las otras cuatro iniciativas, así como la necesidad imperativa de permitir que los representantes de los trabajadores lleven a cabo libremente sus funciones. En las cuatro iniciativas se exige que se respeten los salarios mínimos legales en SA 8000 y en ETI se añade la condición de que el salario mínimo debe ser suficiente para cubrir las necesidades básicas y proporcionar un ingreso discrecional. En FLO se exige el pago de una «prima social» a los productores deducida del precio final.

Fuente: FAO: «Comparative analysis of the main environmental and social certification programmes in the banana sector», documento de base para la Reunión especial de expertos sobre la producción y el comercio responsable de bananos. Roma, 22 a 24 de marzo de 2000, en: http://www.fao.org/es/esc/escr/bananas/bainfcve.htm.

Los defensores de las iniciativas voluntarias citan como ejemplo el movimiento de etiquetado ecológico que se viene aplicando desde hace más de 20 años. Las etiquetas ecológicas han proliferado en muchos mercados y actualmente los consumidores las reconocen con facilidad. En el cuadro 14 se muestra una selección de programas de etiquetado de iniciativas privadas. No conllevan un respaldo de la OIT.

Cuadro 14.  Programas de etiquetado social, 1998


Programa/año
en que se inició

 

Producto

 

Sector de mercadoa

 

Principales países en los que se aplica


 

A iniciativa deb

 

 

 

 

 

 

Productores

 

Compradores

 

 


Care & Fair 1994

 

Alfombras tejidas
a mano

 

E

 

India, Nepal, Pakistán

 

Alemania, Reino Unido, Países Bajos, Luxemburgo

 

E

Kaleen 1995

 

Alfombras tejidas
a mano

 

E

 

India

 

Alemania, Países Nórdicos

 

E + G

RUGMARK 1994

 

Alfombras tejidas
a mano

 

E

 

India, Nepal, Pakistán

 

Estados Unidos, Alemania, Otros países de Europa occidental, Canadá

 

ONG

STEP 1995

 

Alfombras tejidas
a mano

 

E

 

India, Nepal, Pakistán, Marruecos, Egipto

 

Suiza

 

E + ONG

Proyecto de doble ingreso 1995

 

Textiles, artesanía, joyería

 

E

 

Kenya, India, América Latina, en particular Perú

 

Suiza

 

E

Pro-Child 1995

 

Calzado

 

CI

 

Brasil

 

Brasil

 

E

Abrinq 1995

 

Calzado y otros artículos

 

E + CI

 

Brasil

 

Brasil, otros países
de América Latina

 

E + ONG

Baden 1997

 

Pelotas de deporte

 

E

 

China

 

Principalmente América del Norte y Europa occidental, algunos países de América Latina y de la Cuenca del Pacífico

 

E

Reebok 1996

 

Pelotas de fútbol

 

E

 

Pakistán

 

Estados Unidos, Europa, América Latina

 

E

Internacional de organizaciones de etiquetado por un comercio justo
1998

 

Productos agrícolas

 

E

 

20 países de Africa, América Latina, Asia

 

Europa occidental, Estados Unidos, Canadá, Japón

 

ONG

Programa de etiquetado de flores 1997

 

Flores cortadas

 

E

 

Ecuador, Israel, Kenya, Zambia, Zimbabwe

 

Alemania, Austria, Suecia, Suiza

 

T + ONG

Forest Stewardship Council (FSC)
1996

 

Productos silvícolas, incluida la madera

 

E + CI

 

Brasil, México, Malasia, Polonia, Sudáfrica, Sri Lanka, Suecia, Reino Unido, Estados Unidos

 

Australia, Japón, Europa occidental, América del Norte

 

T + E + ONG


a E = exportaciones; CI = consumo interno. b T = trabajadores; E = empresas; G = gobierno; ONG = organización no gubernamental.
Notas sobre algunas etiquetas: se prevé que RUGMARK International mantenga normas uniformes en todo el sistema RUGMARK; las fundaciones RUGMARK en Alemania y los Estados Unidos administran y protegen el sistema de marca registrada y promueven las alfombras etiquetadas en los países importadores; las fundaciones RUGMARK de la India y Nepal son responsables de manera autónoma de aplicar los criterios de RUGMARK en el plano local.
STEP (Fundaciones para la Adopción de Condiciones Justas en la Producción y Comercio de Alfombras) es una iniciativa conjunta de la Asociación de la Industria Suiza y de cinco ONG suizas.
La Fundación Abrinq para los derechos de los niños creó el programa de empresas favorables a los niños, que incluye un componente de etiquetado. La fundación es una ONG establecida por miembros de la Asociación de Fabricantes de Juguetes del Brasil. También comprende juguetes, productos agrícolas, sustancias químicas, equipo de transporte, finanzas y otras cuestiones (restaurantes, estacionamientos), servicios y servicios públicos.
FLO internacional es una organización generalista que abarca etiquetas independientes tales como Max Havelaar, TransFair y Fairtrade Mark. Los productos agrícolas FLO incluyen el café, el té, la miel, el azúcar, el cacao, el banano y el jugo de naranja. Los productos FLO se exportan en gran medida mediante estructuras comerciales alternativas, pero están destinados a alcanzar a un mercado más amplio mediante exportaciones hechas a través de circuitos minoristas
Fuente: Diller,
op. cit., pág. 105.

Hay muchas pruebas de que la presión de los consumidores puede ser eficaz para influir en las condiciones de producción en un sector de actividad determinado. Los propios sobreprecios pueden reutilizarse a estos efectos en la introducción de mejoras en la región productora. Según encuestas realizadas en los Estados Unidos y en Europa los consumidores están dispuestos a pagar precios más altos por productos «socialmente correctos». El papel más importante de las iniciativas de etiquetado es el efecto de bola de nieve que tienen sobre el mercado general una vez que los productos etiquetados representan el 10 por ciento del total. Ello permite que los sindicatos negocien códigos de conducta aplicable al conjunto de la industria. Si se aplican con éxito, estos códigos podrían eliminar la necesidad de contar con etiquetas que traten específicamente sobre cuestiones de derechos humanos o del medio ambiente, ya que el nombre de marca del producto bastaría como única etiqueta necesaria[67].

Es evidente que las iniciativas privadas voluntarias constituyen un medio muy eficaz de promover los valores universales, razón por la cual las Naciones Unidas han propuesto un «Contrato Global» entre sus distintos organismos y la comunidad comercial mundial (véase el recuadro 26). El Contrato Global es una iniciativa destinada a salvaguardar el crecimiento sostenible en el contexto de la mundialización mediante la promoción de un conjunto básico de valores universales que son fundamentales para satisfacer las necesidades socioeconómicas de la población mundial en la actualidad y en el futuro. Constituye un esfuerzo para dar un rostro humano al mercado mundial[68]. No es de sorprender que las normas fundamentales del trabajo de la OIT constituyen en gran parte el fundamento de los «valores universales» defendidos por el Contrato Global. La coordinación del programa de actividades en la Oficina está a cargo del Programa de Iniciativas Voluntarias Privadas. Algunas de sus actividades propuestas se indican en el recuadro que viene a continuación.

Recuadro 26
El Contrato Global y la OIT

El Contrato Global del sistema de las Naciones Unidas vincula el progreso social con el crecimiento económico al abarcar los principios y derechos fundamentales en el trabajo reconocidos por los gobiernos, los empleadores y los trabajadores de todo el mundo. Sus principios piden a las empresas que:

  • defiendan la libertad de asociación y el derecho de negociación colectiva;
  • eliminen todas las formas de trabajo forzoso;
  • erradiquen el trabajo infantil; y
  • erradiquen la discriminación en el empleo y la ocupación.

El Programa de Iniciativas Privadas Voluntarias de la Oficina ha sido facultado para aplicar los aspectos del Contrato Global relacionados con la OIT. Se está examinando: i) la publicación de un Informe sobre el «Contrato Global» para mostrar las prácticas innovadoras; proponer medidas para fomentar las prácticas exitosas e impedir los obstáculos; y dar una orientación concreta para resolver los problemas que se plantean en los planos sectorial y mundial; ii) llevar a cabo un Foro sobre el Contrato Global para establecer un diálogo interactivo en el que participen múltiples interlocutores; examinar las estrategias locales, regionales y globales, y prever distintas opciones para formular planes estratégicos.

Fuente: ONU: «Global Compact» 1999 y «The Global Compact and the ILO». Véase también:http://www.unglobalcompact.org.

Evidentemente, los gobiernos, y las organizaciones de trabajadores y de empleadores tienen perspectivas diferentes en relación con las iniciativas privadas. Se invitará a la Reunión a que examine los papeles de los interlocutores tripartitos en el fomento de la causa de las cuestiones sociales a través de iniciativas privadas.


5.    Conclusiones

De los tres mecanismos de propagación de los efectos de la mundialización que se señalan en este informe (el aumento de las exportaciones a través de la reducción de los costos de transporte y almacenamiento, la trasmisión de ideas y la inversión extranjera directa) hasta ahora la mayoría de las repercusiones se han debido a los dos primeros: la baja de los costos de transporte y almacenamiento ha abierto nuevos mercados a las exportaciones no tradicionales, y la rápida trasmisión de ideas ha provocado presiones para mejorar las prácticas laborales. Sin embargo, las inversiones internacionales han asumido una función importante, especialmente en el lanzamiento de las exportaciones distintas de las tradicionales y en la transmisión retroactiva de las exigencias impuestas por las grandes empresas compradoras internacionales a la agricultura. Tales inversiones no son una novedad: han ocurrido cuando las exportaciones de té, azúcar, café, cacao, aceite de palma, caucho y bananas se abrían camino en nuevos países. Ahora, esa experiencia se está repitiendo con las nuevas exportaciones «dinámicas» y las exigencias de que se produzcan mercancías normalizadas.

Aunque las repercusiones de la mundialización en el sector agrícola irán sin duda en aumento, hay que reconocer que existen ciertas limitaciones. La mundialización (casi por definición) se limita al sector moderno, puesto que está condicionada por dos factores externos: la elasticidad con respecto a los ingresos de la demanda y la naturaleza de las innovaciones tecnológicas; y por un factor interno: la importancia estratégica y simbólica de la agricultura y de la tierra. Básicamente, las elasticidades con respecto a los ingresos dictarán un mayor nivel de rendimiento de los servicios y la industria frente a la agricultura, provocando un flujo de capital hacia los sectores no agrícolas. Las recientes innovaciones tecnológicas también se han introducido más rápidamente en los sectores no agrícolas que en la agricultura. En los países desarrollados, dichas innovaciones han llegado a las explotaciones agrícolas por medio de la divulgación de la tecnología de la información — y en última instancia por la ingeniería genética — pero incluso ahí las ganancias en productividad de la agricultura propiamente dichas han sido mucho más limitadas que en el resto de la economía. Esto es incluso más cierto en los países en desarrollo, donde la diferencia de productividad entre el sector agrícola y el no agrícola siempre ha sido grande y ha aumentado aún más con la mundialización.

Sin embargo, el hecho es que en la actualidad existe un amplio abanico de innovaciones agrícolas a disposición de los países en desarrollo para modernizar sus granjas y que las medidas de liberalización puestas en práctica como resultado de la mundialización garantizan la posibilidad de transferencias rápidas. Además, muchas de estas innovaciones ya han sido sometidas a prueba por una ronda anterior de países en desarrollo. La pregunta que cabe hacerse es por qué los actuales países en desarrollo han tardado en adaptar estas tecnologías y, sobre todo, por qué se han mostrado reticentes para atraer inversión extranjera a su sector agrícola como ha sucedido con el sector moderno ante la mundialización. La razón viene dada por el factor «interno» mencionado anteriormente — la importancia estratégica y simbólica del sector agrícola. Allí donde la agricultura continúa ocupando a más de la mitad de la fuerza laboral, como ocurre en muchos países en desarrollo, existe un miedo justificado a que la introducción rápida de nuevas tecnologías pueda desplazar a un gran número de trabajadores agrícolas y enajenarlos de sus tierras. En las primeras fases del desarrollo, un movimiento de tal importancia en la fuerza laboral sobrepasaría la capacidad de contención del sector industrial naciente. Asimismo, también hay que temer, a menudo de manera justificada, que dicha enajenación masiva de la tierra pudiera producirse a expensas de la seguridad alimentaria, ya que la inversión extranjera directa se destinará más probablemente a los cultivos distintos de los alimenticios que a los alimenticios, en consonancia con sus respectivas tasas de rentabilidad. Además, habida cuenta de que resulta casi siempre imperativo recurrir a un mayor uso de productos químicos cuando se introducen tecnologías más avanzadas en la agricultura, existe también un peligro para la seguridad y la salud en el trabajo de la fuerza laboral, allí donde la fuerza laboral agrícola es analfabeta y vive en su mayoría en las zonas rurales. Por lo tanto, hay que actuar con prudencia e introducir gradualmente la inversión extranjera directa en la agricultura. El desarrollo de la floricultura en los países de Africa y América Latina así lo indica, aunque a este respecto persistan los miedos en cuanto a la enajenación de tierras, la seguridad alimentaria y la seguridad y salud en el trabajo.

Paradójicamente, merece la pena recordar que la agricultura, aunque se vea relegada ahora a una posición minoritaria, es uno de los primeros sectores que participó en la mundialización preliminar que se inició con la extensión de las vías marítimas y terrestres a finales de siglo. El algodón, café, cacao, aceite de palma, té y caucho fueron los principales motores. En el actual proceso de mundialización, estos cultivos no se han beneficiado de ninguna de las principales innovaciones que incrementan la productividad ni de ninguna expansión de la demanda, que ha ido a la baja durante mucho tiempo a causa de la invención de productos de sustitución. Mientras tanto, las economías que no han podido adaptarse a la actual corriente de la mundialización, en especial las del Africa subsahariana, han continuado aumentando su nivel de suministros de cultivos tradicionales, contribuyendo así a la baja de los precios. Muchos de estos países han puesto ahora sus esperanzas en la diversificación de su base de exportaciones en los cultivos cuya demanda ha aumentado (flores, especias, frutas y hortalizas), cuya exportación es ahora posible gracias a los avances técnicos en el transporte y el almacenamiento que forman parte del proceso actual de mundialización.

Es en los países que han logrado mundializar sus economías — a efectos prácticos, los países de Asia oriental — se está hablando de «marginación» del sector agrícola, ya que las exportaciones de los productos manufacturados han aumentado de manera mucho más rápida que las exportaciones agrícolas. Por lo tanto, estos países han escapado a los peores efectos de la disminución de la relación de precios de los productos agrícolas, y al mismo tiempo su sector agrícola se ha beneficiado indirectamente del crecimiento al liberar a gran parte de su fuerza laboral en favor de las áreas urbanas mejor pagadas. En las primeras etapas de este proceso, las remesas de los trabajadores trasladados desde hacía poco tiempo a las zonas urbanas pasaron a ser complementos importantes de los ingresos familiares en las zonas rurales, pero más tarde, cuando la fuerza laboral agrícola comenzó a disminuir en términos absolutos, los salarios de los trabajadores de las granjas empezaron también a aumentar. Esta es la pauta «histórica» de cómo la agricultura participa en el crecimiento, que se confirma con la experiencia de muchas economías mundializadas.

Un aspecto de la mundialización que conviene señalar es la migración laboral internacional, y su forma más importante es la migración de trabajadores procedentes de países del sureste asiático a los Estados del Golfo. Con frecuencia los migrantes proceden de zonas rurales o tienen parientes allí, de manera que sus remesas han sido un componente importante y a menudo dominante de los ingresos rurales.

La actual fase de mundialización se ha producido al mismo tiempo que la liberalización de los mercados internos y el comercio internacional — la primera a menudo denominada «ajuste estructural» en los países del Africa subsahariana y América Latina, y «transición» en las antiguas economías de planificación centralizada. El ajuste estructural ha permitido a los países de Africa participar en nuevas exportaciones, mientras que en las economías de transición, especialmente las de Asia, se ha impulsado el crecimiento en gran medida gracias a la creación de estructuras de incentivos. La liberalización del comercio que se está llevando a cabo actualmente debido a la Ronda Uruguay ofrece la posibilidad de efectuar cambios importantes en las pautas de producción, ya que los países (tanto en desarrollo como desarrollados) se ajustan a los nuevos precios relativos, una vez libres de subsidios y barreras no arancelarias. El aumento del comercio y de los flujos de información en sí mismos influyen en las normas laborales aplicables a la agricultura de los países en desarrollo, ya que los grupos de consumidores solicitan cada vez más cultivos de exportación que sean conformes a ciertas normas básicas relacionadas con la seguridad y la salud de los trabajadores, el empleo de los niños, los derechos de los trabajadores y el medio ambiente.

Se está dejando sentir la necesidad de algunas orientaciones generales de acción política. En primer lugar, en todos los países hay cabida para adoptar tecnologías de fomento de la productividad de los cultivos alimenticios que garantizan que la transformación estructural frente a la agricultura, que es la pauta normal del crecimiento, se lleve a cabo de forma rápida, pero no a expensas de la seguridad alimentaria. En segundo lugar, se debería ayudar a los países que todavía se limitan a las exportaciones tradicionales a diversificar su base de producción en nuevas exportaciones cuyas condiciones de demanda sean favorables. En tercer lugar, los países en desarrollo deberían ser prudentes a la hora de atraer inversión extranjera directa a los sectores agrícolas, ya que podría provocar el desplazamiento masivo de la mano de obra rural y la inseguridad alimentaria. En cuarto lugar, los países en desarrollo deberán conformarse cada vez más a las normas básicas del trabajo en respuesta a la creciente concienciación de los consumidores en relación con las condiciones de trabajo en la agricultura destinada a la exportación. En quinto lugar, y habida cuenta de que los beneficios indirectos de la mundialización a menudo tardan en llegar a las zonas rurales, es necesario prestar asistencia continua al sector rural en términos de inversión en infraestructuras y servicios sociales.

Las directrices políticas mencionadas anteriormente son incluso más importantes cuando se cae en la cuenta de que los trabajadores rurales — tanto agricultores como asalariados — son los trabajadores más desfavorecidos en términos de salarios, seguridad y salud en el trabajo, protección social y representación, esto es, los cuatro elementos del «trabajo decente». El quinto elemento político (los esfuerzos nacionales para impulsar la agricultura) es especialmente importante en este sentido.

De nuevo, pueden indicarse ciertos parámetros generales. La prioridad consiste en aumentar los niveles (extremadamente bajos) de productividad y rendimiento de la agricultura, mejorando al mismo tiempo las condiciones laborales de los trabajadores rurales. Para muchos países en desarrollo que no pueden atraer grandes sumas de inversión extranjera directa a sus sectores modernos — es decir, en la práctica, los países de Africa — el sector agrícola debe seguir siendo el «motor del crecimiento» que proporcione un excedente económico para desarrollar el sector industrial. Aumentar la producción alimentaria es parte integrante de este proceso: en primer lugar para aumentar las normas nutricionales desde los niveles de estricta suficiencia, y en segundo lugar para alimentar a una mayor población no agrícola. No obstante, también es importante aumentar la producción de cultivos destinados a la exportación para generar divisas y financiar la importación de los insumos del mismo sector agrícola, así como para desarrollar el sector industrial. El enlace de «círculos virtuosos» es evidente en este caso: la mayor producción alimentaria permite liberar a los trabajadores para que se ocupen de las industrias, mientras que el aumento de las exportaciones facilita la adquisición de insumos modernos para la agricultura y cierra así un eslabón del círculo virtuoso al contribuir al aumento de la productividad, tanto de los cultivos alimenticios como de los destinados a la exportación. Habida cuenta de la amplia gama de posibilidades técnicas, es fundamental proceder a una selección. Hay que descartar totalmente las tecnologías que requieren cambios importantes en la organización de las explotaciones agrícolas ya existentes, al igual que las que proporcionan un alto crecimiento de la productividad a costa del desplazamiento de muchos trabajadores de las granjas. Si el destino de estos trabajadores es permanecer desempleados (porque el sector industrial no crece con bastante rapidez) entonces no habrá ninguna ganancia neta para la economía, y de hecho se registrarán pérdidas en términos de consecuencias sociales. El hecho mismo de que la agricultura siga dando empleo a más de la mitad de la fuerza laboral en casi todos los países en desarrollo exige ya de por sí que se introduzcan cambios a pequeña escala de manera concomitante a las novedades que se van produciendo en el resto de la economía.

Es necesario realizar también una selección a la hora de elegir la estrategia de exportación, aunque en este caso la necesidad de diversificar la base de exportaciones está ahora ampliamente aceptada, y se considera de sentido común. Los cultivos de exportación tradicionales (bebidas y fibras para el vestido) no proporcionan una base viable para generar el excedente económico necesario para el desarrollo, habida cuenta de que la demanda de estos cultivos disminuye por la presencia de productos de sustitución, o en todo caso no crece con bastante rapidez, a causa de su posición en la jerarquía de las necesidades humanas. Mejores perspectivas hay para el suministro a los países desarrollados de frutas exóticas, hortalizas y especias, cuya demanda está siendo cada vez más elástica, a medida que los consumidores adquieren nuevos gustos como consecuencia de la «reducción del mundo», con el aumento correspondiente del turismo y de las migraciones internacionales. Este importante aspecto de la mundialización, junto con los progresos en las tecnologías del transporte y el almacenamiento, se concreta en el aumento de los mercados. Las importaciones de flores de países cada vez más remotos constituyen una muestra más de la «reducción del mundo», en este caso atribuible a la disminución de los costos del transporte y el almacenamiento. La floricultura forma parte de la agricultura «moderna» por excelencia: las flores han de cultivarse en invernaderos y seguir un régimen temporal muy estricto, utilizando métodos de riego y dosis masivas de productos químicos y fertilizantes. Los «aspectos negativos» son los peligros para la salud y el medio ambiente que provoca el uso de estos insumos «modernos». Estos peligros tienen que suprimirse por sí mismos pero también, y cada vez más, como respuesta a las exigencias de la sociedad en favor de una agricultura segura, que se manifiestan en forma de iniciativas voluntarias privadas. No cabe ninguna duda de que estos movimientos de consumidores van a seguir creciendo; acceder a ellos no sólo es deseable en sí y por sí, sino que aporta además unos beneficios adicionales, en las primas por los precios que los consumidores están dispuestos a pagar por las exportaciones aprobadas.

El nuevo siglo ofrece muchas razones para el optimismo. La tecnología de la comunicación continuará su avance inexorable, y abrirá nuevos mercados y nuevas zonas geográficas al suministro de esos mercados. La biotecnología dará un salto adelante a medida que se desvelen más secretos sobre el genoma de plantas y animales. Desde los inicios de la actividad agropecuaria se han creado artificialmente tipos de plantas y animales de calidad superior, y la propia naturaleza produce modificaciones genéticas; actualmente esto se está haciendo en los laboratorios y está pasando a formar parte del mundo ordinario a velocidad de Internet. Si bien es cierto que cabe preguntarse sobre las consecuencias que todo ello pueda tener a largo plazo para el medio ambiente y los seres humanos, su efecto de fomento de la productividad hace posible que se acelere la transformación de las economías. El alto grado de toma de conciencia pública en relación con las posibles repercusiones negativas garantizará que se restrinjan las innovaciones más experimentalistas hasta que se conozcan mejor sus efectos.

El concepto de «trabajo decente», presentado recientemente por la OIT, con sus cuatro componentes principales — la promoción de los principios y derechos fundamentales en el trabajo, el empleo sostenible con una remuneración equitativa, la protección social para todos y el fomento del tripartismo y el diálogo social — proporciona la mayor parte de los ingredientes esenciales para desarrollar la agricultura sobre una base segura y sostenible. Los cuatro componentes del trabajo decente reflejan asimismo las cuatro dimensiones implícitas en el «desarrollo sostenible». Resulta especialmente importante en el caso del sector agrícola reconocer la contribución de todos los trabajadores agrícolas — es decir, tanto los agricultores como los trabajadores asalariados — en la agricultura sostenible. Ello implica una observancia por parte de los gobiernos a las normas fundamentales de la OIT sobre la libertad de asociación, el derecho a la negociación colectiva y la eliminación de la discriminación en relación con el empleo y la ocupación, del trabajo forzoso o de servidumbre y del trabajo infantil. La aceptación universal de estas normas fundamentales garantizará que la promesa de la mundialización no se convierta en los sectores modernos en una prerrogativa de la minoría para excluir a la mayoría en las explotaciones agrícolas.


6.    Resumen y puntos propuestos para la discusión

Resumen

La «mundialización» (es decir, la integración de las economías mundiales) se ha convertido en el sello característico del desarrollo económico del siglo XX, pero actualmente el hecho notable es la rapidez con que se está desarrollando esta mundialización. Responsable de este hecho es el ritmo propio de la evolución tecnológica, que se observa especialmente en el sector de las comunicaciones y en el desarrollo de la informática, de Internet y de los teléfonos móviles. El aumento de las inversiones extranjeras directas ha sido el catalizador de una rápida mundialización, cuyas manifestaciones más visibles son la producción transnacional y el aumento de las exportaciones de manufacturas. El vuelco ideológico tan radical que se ha producido a nivel mundial en relación con las funciones respectivas del Estado y de los mercados ha acelerado la mundialización, en particular mediante la liberalización de las legislaciones para permitir más inversiones extranjeras directas y más flujos de capital, así como mediante el desmantelamiento de las barreras comerciales, arancelarias y no arancelarias, etc. En el informe se examina la manera en que todo ello repercute en el sector agrícola y demuestra que, de las tres fuerzas de la mundialización (las inversiones extranjeras directas, el comercio y la transmisión de ideas), quizás la tercera sea la que haya tenido por ahora más repercusiones, al presionar a los gobiernos y a los agricultores de los países en desarrollo para que se adapten a las ideas socialmente positivas sobre el empleo infantil, la igualdad de género y la seguridad y la salud en el trabajo. Muchas de estas ideas se plasman en la realidad mediante iniciativas voluntarias privadas, en forma de etiquetas sociales y códigos de conducta. Un problema nuevo, al que la agricultura mundial tiene que hacer frente es la ingeniería genética, que se ha generalizado rápidamente, demostrando con ello el ritmo acelerado de la evolución tecnológica en el mundo actual. Los cultivos genéticamente modificados ofrecen la posibilidad de producir alimentos para todo el mundo, pero se desconocen sus efectos sobre el medio ambiente y la salud, así como los efectos que pudieran tener sobre las pautas de empleo si llegan a extenderse por los países en desarrollo.

El papel tradicional del sector agrícola consiste en facilitar la industrialización, proporcionando un excedente de alimentos, fibras, combustibles y trabajadores. El sector industrial registra un crecimiento más rápido que el de la agricultura, debido a la elasticidad de los ingresos (es decir, de las pautas de gasto) y la agricultura empieza a declinar en relación con el sector moderno. Los trabajadores agrícolas empiezan a abandonar las explotaciones, con lo que la agricultura pierde terreno en cuanto a la estructura del empleo. Así, un desarrollo que tenga éxito supone necesariamente que se está reduciendo la contribución de la agricultura al PIB y al empleo. Para que la agricultura «decline» con éxito y rapidez, debe ser reforzada, particularmente en las primeras fases de desarrollo, cuando más de dos terceras partes de la población aún siguen viviendo de ella. El sector agrícola sólo puede transferir trabajadores al sector industrial si registra un fuerte crecimiento.

Se está insistiendo cada vez más en la «sostenibilidad» y la «multifuncionalidad» del desarrollo agrícola para reconocer el papel esencial que tendrá la agricultura para las generaciones futuras y sus múltiples funciones aparte de la producción de alimentos, fibras y combustibles. La multifuncionalidad pone en evidencia las sinergias y los intercambios que existen entre la agricultura y otras actividades rurales, vínculos que pueden orientarse para aumentar el desarrollo tanto de la agricultura como de las zonas rurales en general. La sostenibilidad supone muchos temas que se examinan en el informe: empleo y remuneración sostenibles, salud y seguridad de los trabajadores, seguridad de la tenencia de la tierra y erradicación del trabajo infantil y de la desigualdad de género. Así, de muchas maneras, la «agricultura sostenible» es el corolario del «trabajo decente» y la observancia de las normas fundamentales de la OIT es un componente intrínseco de ambos, y entre estas normas ocupa un lugar destacado el derecho de los trabajadores a la libertad sindical y la negociación colectiva.

Se examinan las cuatro dimensiones de la «modernización» de la agricultura: la utilización de mejores tecnologías, la diversificación hacia exportaciones más «modernas», el cambio hacia sistemas de tenencia de tierras más durables y la elaboración de prácticas laborales que respondan a las demandas sociales. El aumento de los niveles de producción es la condición imprescindible para el crecimiento del sector agrícola y su desarrollo económico. Si bien es posible dar el salto para adoptar las tecnologías modernas, sería conveniente evitarlo durante las primeras fases del desarrollo, por la gran desproporción que existe en ese momento entre el sector agrícola y el resto de la economía, lo que tendría como consecuencia que la mejora tecnológica se viese contrarrestada por un inmenso desplazamiento de trabajadores agrícolas, que no podría ser absorbido por los sectores no agrícolas. Para los países que aún siguen siendo predominantemente agrícolas, la solución más viable es aumentar el recurso a herramientas mecánicas sencillas y a productos químicos. Existe una amplia variedad de esas tecnologías, y si el factor precio se determina a partir de las fuerzas del mercado, como ocurre cada vez con más frecuencia, entonces hay muchas posibilidades de que la mejora de las tecnologías se lleve a cabo de manera ordenada, sin causar despidos masivos.

La modernización de la agricultura también puede alcanzarse mediante una diversificación orientada hacia una mayor producción de exportaciones «modernas», como frutas, verduras, especias, flores, etc. Aparte de la necesidad de modernizar el sector, otra razón para diversificar el sector son las malas condiciones del mercado para las exportaciones agrícolas tradicionales, como bebidas, alimentos y fibras. En las últimas dos décadas los precios reales de estos cultivos han registrado una disminución continua, y los precios fluctúan con frecuencia. La reducción de los costos de transporte y almacenamiento han permitido la expansión geográfica de las exportaciones más modernas, que aportan más ingresos porque ocupan un lugar más alto que las exportaciones tradicionales en la jerarquía de elasticidades por ingresos. La floricultura ha tenido éxito en muchos países africanos y latinoamericanos y las perspectivas siguen siendo muy buenas para ésta y otras exportaciones de carácter dinámico.

La adopción de tecnologías de mayor rendimiento y de prácticas sostenibles se ve obstaculizada por la inseguridad de los arreglos de tenencia de la tierra que existen en la mayoría de los países en desarrollo, a causa de una distribución poco equitativa de la tierra. Aunque la solución que suele proponerse es la reforma agraria, hay también otras medidas menos drásticas para mejorar el acceso de los pobres a la tierra, como la privatización de las tierras que anteriormente se regían por sistemas de usufructo, el asentamiento de familias en tierras recientemente bonificadas, y la instauración de derechos individuales de usufructo. Esto último es particularmente necesario en los países asiáticos para proteger a los agricultores de los arriendos abusivos que exigen los propietarios de las tierras.

Se han determinado cinco cuestiones para discusión, dentro del marco de la necesidad de «modernizar» las prácticas laborales en función de la mundialización de las tendencias inspiradas por los consumidores: el trabajo infantil, la igualdad de género, la seguridad y la salud en el trabajo, las iniciativas voluntarias privadas y los organismos genéticamente modificados. Las tres primeras cuestiones saltaron al primer plano de la actualidad en las dos últimas décadas, y a menudo a través de iniciativas voluntarias privadas; en cambio, el problema de los organismos genéticamente modificados es nuevo y constituye un reflejo de la rapidez con que evoluciona la tecnología.

Se pone de relieve que la mayoría de los niños que trabajan lo hacen en explotaciones agrícolas, la mayoría en explotaciones familiares, lo cual más bien aligera la carga, pero el objetivo a largo plazo que hay que mantener es sacar a las familias de la pobreza para rescatar a los niños del trabajo y conseguir que vayan a la escuela, que es donde han de estar. El trabajo infantil en la agricultura comercial tiene una connotación más definida de explotación, ya que los niños tienen largas jornadas de trabajo, se ven expuestos a una sobrecarga física y a distintos peligros, y reciben una remuneración muy baja. El trabajo infantil en la agricultura (o en otros sectores) en concepto de servidumbre por deudas es aún más reprobable.

La agricultura es la principal fuente de empleo de las mujeres en la mayoría de los países en desarrollo, particularmente en el Africa subsahariana y en Asia. Este hecho no siempre constituye una ventaja, porque las mujeres forman la mayoría de la mano de obra agrícola y reciben muy poca remuneración monetaria. Mejorar su situación es una labor a largo plazo, porque en esto entran en juego normas tradicionales sobre la distribución de los papeles de los géneros y sobre cómo compartir los ingresos. Se está insistiendo cada vez más en conseguir que todo el proceso de discriminación en materia de género sea más transparente. La mayor participación de la mujer en todas las etapas de la adopción de decisiones constituye la mejor esperanza de poder movilizar a la sociedad para introducir cambios sociales y económicos.

El sector de la agricultura sigue siendo una de las tres ocupaciones más peligrosas, tanto en los países en desarrollo como en los países industrializados y, a diferencia de lo que ocurre en otros sectores, sus resultados en materia de seguridad están empeorando. La creciente utilización de maquinaria y de productos químicos es la causa de este problema, sobre todo porque hay que contar con una mano de obra que carece de formación en materia de prácticas de seguridad y con unos empleadores ansiosos de ahorrarse gastos. Hay que formar a los trabajadores y proporcionarles el equipo de protección necesario para reducir los riesgos de lesiones. Hacen falta medidas urgentes para reducir la exposición de los trabajadores a productos químicos peligrosos, inclusive la prohibición de la fumigación aérea de plaguicidas.

El debate se centrará cada vez más en los pros y contras de los cultivos genéticamente modificados. A pesar de los beneficios que supone el aumento de la producción agrícola y la reducción de la utilización de los productos químicos, preocupan los efectos imprevisibles de los genes transplantados, y hay que redoblar la vigilancia para seguir de cerca los posibles problemas que puedan ir apareciendo, como la eutrofización, el intercambio de genes, la aparición de nuevos virus, los efectos involuntarios de los insecticidas que segregan las plantas sobre organismos contra los que no se pretendía luchar. La tecnología es de «escala modulable», es decir que puede aplicarse en pequeña escala, y por lo tanto puede utilizarse en la agricultura de los países en desarrollo, y puede acarrear el riesgo de desorganizar las pautas de empleo.

Las cuestiones sociales antes mencionadas se abordan cada vez más a través de iniciativas voluntarias privadas que adoptan la forma de una etiqueta, es decir, de un sello de aprobación sobre los bienes y servicios producidos en condiciones de trabajo justas y equitativas, y seguros para el consumo humano. Son frecuentes las iniciativas voluntarias en el caso del café, el té y las bananas, que adoptan la forma de «iniciativas por un comercio equitativo». Estas iniciativas garantizan el pago de un precio determinado a los agricultores y el pago de primas por adherirse a ellas. Las iniciativas voluntarias privadas son una manera eficaz de dirigir las prácticas agrícolas hacia la observancia de normas de aceptación universal en materia de trabajo infantil, seguridad y salud en el trabajo e igualdad de género.

Puntos propuestos para la discusión

A partir de la información incluida en el presente informe, la Oficina propone los siguientes puntos que han de servir de base para la discusión de la reunión, en el entendimiento de que, de conformidad con las características generales de las reuniones sectoriales de la OIT, la reunión tiene plena libertad para organizar sus labores como lo estime conveniente.

Cuestiones de política macroeconómica

1.      Habida cuenta de la importancia de la agricultura en muchos países en desarrollo, ¿cómo debería orientarse la política gubernamental para garantizar que la agricultura contribuya a la creación de empleos sostenibles y a un desarrollo sostenible global? ¿Cómo deberían facilitar las organizaciones de trabajadores y de empleadores una agricultura sostenible?

2.      ¿Sigue teniendo el Estado algún papel en la fijación de los precios y en asegurar un comercio competitivo ordenado de los principales cultivos de exportación? En particular, ¿cómo habría que conciliar los intereses contradictorios de los agricultores y de los consumidores en relación con los precios de los alimentos?

3.      ¿Cuál debería ser la postura de los gobiernos frente a la mundialización, en particular las inversiones extranjeras directas en la agricultura? La diversificación de los cultivos no tradicionales puede crear la necesidad de atraer inversiones extranjeras directas y personal extranjero. ¿Sería posible formular directrices en este sentido?

Cuestiones sociales

4.      El trabajo infantil es común en la agricultura. ¿Cómo debería reducirse y en última instancia eliminarse? ¿Se justifica la distinción entre el trabajo infantil efectuado en las explotaciones familiares y el efectuado en las explotaciones comerciales, o deberían aplicarse las mismas directrices de política a todos los tipos de trabajo infantil?

5.      Las mujeres contribuyen en gran medida al trabajo agrícola, además de efectuar las tareas domésticas. ¿Pueden citarse algunas medidas a corto plazo que estén aplicándose para que su trabajo sea menos pesado, por ejemplo, el suministro de ciertas herramientas sencillas para facilitarles las tareas? y ¿cuáles son las posibles orientaciones de la política a largo plazo con vistas a lograr la igualdad de género?

6.      La agricultura es una de las ocupaciones más peligrosas y el creciente uso de maquinarias y de sustancias químicas en los países en desarrollo aumentarán sin duda los índices de lesiones. ¿Cuáles son las responsabilidades respectivas del Estado, de los trabajadores y de los empleadores en esta esfera? Es necesario llevar a cabo una acción internacional para poner en práctica las prohibiciones existentes en materia de sustancias químicas peligrosas.

7.      La ingeniería genética es una innovación y por ello se desconocen sus efectos negativos, aunque son objeto de muchos debates. ¿Existen directrices generales que la reunión desee proponer al abordar las distintas cuestiones conexas?

8.      Las iniciativas voluntarias privadas son un medio eficaz para fomentar las normas fundamentales del trabajo. ¿Qué actividades y cuestiones sociales deberían incluirse para incrementar el fomento de esas iniciativas?

Función de la OIT

9.      En el contexto de la mundialización y de su impacto sobre el empleo agrícola sostenible y sobre las condiciones de trabajo, ¿cuáles deberían ser las esferas de prioridad de las actividades de la OIT, en particular en materia de investigaciones y de asistencia técnica?


Anexo

Convenios y recomendaciones de la OIT aplicables
a la agricultura, adoptados desde 1919

De carácter general

Convenio sobre el derecho de asociación (agricultura), 1921 (núm. 11).

Convenio sobre la indemnización por accidentes del trabajo (agricultura), 1921 (núm. 12).

Recomendación sobre el desempleo (agricultura), 1921 (núm. 11).

Recomendación sobre el alojamiento (agricultura), 1921 (núm. 16).

Recomendación sobre el seguro social (agricultura), 1921 (núm. 17).

Convenio sobre los trabajadores migrantes (revisado), 1949 (núm. 97) y Recomendación sobre los trabajadores migrantes (revisada), 1949 (núm. 86).

Convenio sobre los métodos para la fijación de salarios mínimos (agricultura), 1951 (núm. 99) y Recomendación sobre los métodos para la fijación de salarios mínimos (agricultura), 1951 (núm. 89).

Convenio sobre las vacaciones pagadas (agricultura), 1952 (núm. 101) y Recomendación sobre las vacaciones pagadas (agricultura), 1952 (núm. 93).

Sobre la seguridad y salud en el trabajo

Convenio sobre las plantaciones, 1958 [y Protocolo, 1982] (núm. 110) y Recomendación sobre las plantaciones, 1958 (núm. 110).

Convenio sobre la protección de la maquinaria, 1963 (núm. 119) y Recomendación sobre la protección de la maquinaria, 1963 (núm. 118).

Convenio sobre las prestaciones en caso de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, 1964 [Cuadro I modificado en 1980] (núm. 121) y Recomendación sobre las prestaciones en caso de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, 1964 (núm. 121).

Convenio sobre el peso máximo, 1967 (núm. 127) y Recomendación sobre el peso máximo, 1967 (núm. 128).

Convenio sobre la inspección del trabajo (agricultura), 1969 (núm. 129) y Recomendación sobre la inspección del trabajo (agricultura), 1969 (núm. 133).

Convenio sobre la edad mínima, 1973 (núm. 138) y Recomendación sobre la edad mínima, 1973 (núm. 146).

Convenio sobre el cáncer profesional, 1974 (núm. 139) y Recomendación sobre el cáncer profesional, 1974 (núm. 147).

Convenio sobre el medio ambiente de trabajo (contaminación del aire, ruido y vibraciones), 1977 (núm. 148) y Recomendación sobre el medio ambiente de trabajo (contaminación del aire, ruido y vibraciones), 1977 (núm. 156).

Convenio sobre seguridad y salud de los trabajadores, 1981 (núm. 155) y Recomendación sobre seguridad y salud de los trabajadores, 1981 (núm. 164).

Convenio sobre los servicios de salud en el trabajo, 1985 (núm. 161) y Recomendación sobre los servicios de salud en el trabajo, 1985 (núm. 171).

Convenio sobre seguridad y salud en la construcción, 1988 (núm. 167) y Recomendación sobre seguridad y salud en la construcción, 1988 (núm. 175).

Convenio sobre los productos químicos, 1990 (núm. 170) y Recomendación sobre los productos químicos, 1990 (núm. 177).


[1] FAO: El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo, 1999 (Roma, 1999).

[2] OCDE: The state of food insecurity in the world 1999 (Roma, 1999).

[3] Celebrado en Durban, Sudáfrica, el 4 de abril de 2000; véase OIT: World of Work, núm. 34, abril-mayo de 2000, pág. 13 (aún no se ha publicado en español).

[4] Véase Peter Stalker: Workers without frontiers: The impact of globalization on international migration (Boulder, Colorado; Londres, Lynne Rienner Publishers y Ginebra, OIT, 2000, págs. 3 y 5).

[5] Los aranceles aplicables a la India disminuyeron de un promedio del 87 por ciento, en 1990-1991, al 25 por ciento, en 1996-1997, y la eliminación de obstáculos no arancelarios fue si cabe más espectacular; véase FMI: Perspectivas de la economía mundial, abril de 2000.

[6] Fuente: Banco Mundial: Global economic prospects and the developing countries, 1998/99.

[7] «Agriculture and technology», en The Economist (Londres), 25 de marzo de 2000, pág. 9.

[8] OIT, revista Trabajo, op. cit.

[9] Johnston y Mellor escribieron un tratado muy citado y de gran influencia sobre este tema: Bruce F. Johnston y John Mellor: «The role of agriculture in economic development», en American Economic Review (Menasha, Wisconsin), septiembre de 1961, págs. 566-593.

[10] La absorción en las zonas rurales de los trabajadores desplazados de las ciudades durante la crisis asiática en 1997-1998 ilustra mejor esta última función. Otro ejemplo precedente es el caso de Ghana en donde las zonas rurales absorbieron a más de un millón de refugiados expulsados por Nigeria con poco tiempo de antelación a principios del decenio de 1980.

[11] Para un examen detallado del caso de Sri Lanka, véase Vali Jamal: Employment and poverty in Sri Lanka: Long-term perspectives, documento de trabajo núm. 157 (Ginebra, de próxima publicación).

[12] Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo: Programa 21, capítulos 14 y 19; octavo período de sesiones de la Comisión de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible: «Agriculture: Decisión by the Commission on Sustainable Development at the eigth session», y «Chairman's Summary of the multi-stakeholder dialogue on sustainable agriculture», mayo de 2000. Véase también Peter Hazell y Ernst Lutz: Integrating environmental and sustainability concerns into rural development policies, en Ernst Lutz (director de la publicación): Agriculture and the environment: Perspectives on sustainable rural development, Washington, DC, Banco Mundial, 1998.

[13] El MIP combina métodos biológicos mecánicos y químicos para controlar las pestes y reducir al mínimo los efectos sobre el medio ambiente.

[14] IUF Policy Brief núm. 4, septiembre de 1999. Véase también UITA: Alimentos saludables, trabajo seguro: los sindicatos y agricultura sostenible (Ginebra, 2000).

[15] Naciones Unidas, CDS8: Chairman’s Summary, op. cit., párrafo 49.

[16] Agriculture and technology, op. cit., pág. 1. Estas cifras reflejan importantes cambios en la distribución de los ingresos, dándose una mayor «marginación» de los agricultores en toda la cadena de agroindustrias. A este respecto, es muy oportuna la declaración realizada por Lucien Royer en nombre de la CIOSL, la Comisión Sindical Consultiva y la UITA ante la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible: «¿A dónde va el dinero?» preguntó, y señaló la creciente diferencia entre ricos y pobres. Véase Lucien Royer, «Plough to plate approaches to food and agricultural production: Trade unions at the United Nations», alocución pronunciada ante la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible, 28 de febrero de 2000.

[17] Si tomamos un plazo más largo — los últimos 50 años —, los datos de la FAO muestran que la producción de mijo y sorgo aumentó un 57 por ciento frente al trigo que aumentó un 134 por ciento y al arroz un 104 por ciento. El maíz, cereal preferido en la mayor parte de Africa tropical, contribuyó a aumentar el promedio de cereales correspondiente a Africa, al experimentar el mayor aumento de producción en los últimos 50 años, un 139 por ciento.

[18] Cifras obtenidas de las estadísticas de la FAO, 1999.

[19] Véanse también los estudios de caso sobre Ecuador, Uganda y República Unida de Tanzanía: Sonia Palán y Carlos Palán: Employment and working conditions in the Ecuadorian flower industry, SAP.2.79/WP.138 (Ginebra, OIT, 1999); Patrick K. Asea y Darlison Kaija: Impact of the flower industry in Uganda, SAP.WP.148 (Ginebra, OIT, 2000); Haji Hatibu Haji Semboja, Rhoda Mbelwa y Charles Bonaventura: The cut-flower industry in Tanzania, SAP.WP.152 (Ginebra, OIT, 2000). El documento general para las series da a los estudios una perspectiva global. Véase G. Van Liemt: The world cut flower industry: Trends and prospects, SAP.WP.139 (de próxima publicación).

[20] FIDA: The state of wold rural poverty: An inquiry into its causes and consequences (Nueva York, New York University Press, 1992), pág. 107. Los siguientes párrafos provienen también de esta fuente.

[21] Indicador estadístico que mide el grado en que diverge la distribución real de los ingresos de una distribución hipotética perfectamente igual. Cuanto mayor es el índice de desigualdad de Gini mayor es la desigualdad en la distribución de los ingresos.

[22] Naciones Unidas: Sustainable agriculture and rural development, Informe de la Secretaría General, CSD8, documento E/CN.17/2000, párrafo 32.

[23] OMC: Informe Anual 1999 (Ginebra, 1999), cuadro 11.1.

[24] OIT, Trabajo Decente, op. cit., pág. 63.

[25] Según el Banco Mundial, el Africa subsahariana es la región con la mayor proporción de población que sobrevive con menos de un dólar por día. Véase Banco Mundial: Global Economic Prospects and the Developing Countries 2000 (Washington, DC, 1999), págs. 29-30.

[26] Véase, en particular, UNCTAD: Trade and Development Report, 1998 (Nueva York y Ginebra, 1998). Esa posición vigorosamente defendida fue planteada previamente por Vali Jamal y John Weeks en: Africa misunderstood or whatever happened to the rural urban gap (Londres, Macmillan, 1993).

[27] Los efectos acumulados de una infraestructura inadecuada, técnicas insuficientes, un lento desarrollo del comercio y un régimen de tierras sumamente incierto, han suprimido sustancialmente las respuestas de la oferta a los precios y la liberalización institucional. Jacob Meerman: Reforming agriculture: The World Bank goes to market, World Bank Operations Evaluation Study núm. 16701 (Washington, DC, Banco Mundial, 1997), pág. 54.

[28] IMC: Perspectiva de la economía mundial, octubre de 1997.

[29] Así, en 1820 la relación entre el país más rico y el país más pobre (el Reino Unido y China) era de 3 a 1; en 1900 era de 10 a 1 (Reino Unido y Ghana) y en 1992 de 72 a 1 (Estados Unidos y Etiopía). (PNUD: Informe sobre desarrollo humano 1999, pág. 38.) La riqueza teórica de William Gates III, el creador de Microsoft, a comienzos de 2000 (100.000 millones de dólares de los Estados Unidos) superaba al PIB de Malasia en 1997 (98.000 millones de dólares de los Estados Unidos) pero debido a los caprichos de la Nasdaq, para finales de abril de 2000 era tan sólo el segundo hombre más rico del mundo y ya sólo más rico que la República Checa.

[30] Véase Li Xiaoyuan y otros: Sustainable agriculture and rural development in China.

[31] Johnston y Mellor, op. cit., pág. 572. La elasticidad indica en qué proporción se modifica X (en este caso los gastos en alimentos) como resultado de un cambio porcentual del 1 por ciento en Y (en este caso ingresos).

[32] S. Subramanian, E. Sadoulet y A. de Janvry: Structural adjustment and agriculture: African and Asian experiences, Economic and Social Development Paper No. 124 (Roma, FAO, 1994).

[33] Los precios «reales» indican los productos manufacturados importados que podrían adquirirse con el equivalente de una unidad de las exportaciones examinadas.

[34] Banco Mundial: «Managing the recent commodity price cycle»: Global Economic Prospects and the Developing Countries 2000, op. cit.

[35] Al aplicarse el Acuerdo de la Ronda Uruguay sobre la Agricultura en 1994, el sector se vio sujeto por primera vez a normas multilaterales. Los países participantes acordaron convertir todos los obstáculos no arancelarios al comercio en aranceles aduaneros y reducirlos. Se redujo el recurso al mantenimiento de los precios para la producción nacional y las exportaciones y se optó en cambio por formas de apoyo menos distorsionadoras, tales como los pagos directos a los agricultores en apoyo a los ingresos. Los obstáculos no arancelarios al comercio específicos del sector agrícola, tales como los cupos de importación, los gravámenes variables, y los precios mínimos de importación, están ahora prohibidos.

[36] Para mayor detalle véase Jacob Meerman: Reforming agriculture: The World Bank goes to market, World Bank Operations Evaluation Study No. 16701 (Washington, DC, Banco Mundial, 1997).

[37] Barbara Harris: Another awkward class: Merchants and agrarian change in India, en Henry Bernstein y otros (directores de la publicación): The food question: Profits versus people (Nueva York, Monthly Review Press, 1999).

[38] Sobre el caso menos drástico de Viet Nam véase Vali Jamal y Karel Jansen: Agrarian transition in Viet Nam, SAP.2.74/WP.128 (Ginebra, OIT, 1998), y para el caso de los cambios estructurales en Guyana y sobre las reformas de ajuste, véase John Loxley y Vali Jamal: Structural adjustment and agriculture in Guyana: From crisis to recovery, SAP.2.84/WP.143.

[39] Charles Bettelheim: «Class struggles in the USSR: Second period, 1923-1930», Monthly Review (Nueva York, 1978).

[40] FAO: «Los ingresos rurales no agrícolas», en El estado mundial de la agricultura y la alimentación 1998 (Roma, 1998). Véase también OIT: Promoción del empleo y los ingresos entre la población rural pobre, incluidas las mujeres, mediante actividades no agrícolas, Comisión Consultiva sobre Desarrollo Rural, décima reunión, Ginebra, 22 de noviembre – 1.º de diciembre de 1983, pág. 95.

[41] Véase el informe del Seminario nacional tripartito de la OIT sobre las perspectivas a largo plazo del empleo rural y la pobreza (National Tripartite Workshop on Long-term Perspectives for Rural Employment and Poverty) (Colombo, 1.º-3 de octubre de 1999) (documento inédito); y Vali Jamal: «Employment and poverty in Sri Lanka» (de próxima publicación).

[42] Véase Deborah Fahy Bryceson y Vali Jamat (directores de la publicación): Farewell to farms: De-agrarianisation and employment in Africa, African Studies Centre Research Series 1997/10 (Aldershot, Ashgate, 1997).

[43] FuentePNUD: Informe sobre Desarrollo Humano 1999 (MundiPrensa Libros SA, 1999).

[44] Alec Fyfe: Bitter harvest: Child labour in agriculture (Ginebra, OIT, 1997), pág. 5.

[45] OIT: Child labour in comercial agriculture in Africa, Seminario técnico sobre el trabajo infantil en la agricultura comercial en Africa, Dar es Salaam, República Unida de Tanzanía, 27-30 de agosto de 1996 (Ginebra, 1997). Sólo en los países con un PIB per cápita de más de 1.500 dólares de los Estados Unidos (Túnez, Sudáfrica y Mauricio) el porcentaje era inferior al 30 por ciento. Los países seleccionados para la muestra dependían en gran medida de las exportaciones agrícolas, que representaban en promedio el 52 por ciento de las exportaciones totales.

[46] Véase V. Forastieri: Children at work: Health and safety risks (Ginebra, OIT, 1997).

[47] Un concepto que ha resultado útil en algunos trabajos anteriores de la OIT sobre el desarrollo rural es el de la «estrategia de supervivencia de los hogares». Hay una estrecha relación entre las necesidades laborales de la familia y el número de niños que la integran. Una familia con pocos niños se considera desfavorecida desde el punto de vista económico a lo largo de todo el ciclo vital de la familia. Véase OIT: Los mercados de trabajo y las políticas de empleo en el sector rural: Cuestiones relativas a la utilización y la remuneración de la mano de obra y a la situación de las mujeres (Comisión Consultiva sobre Desarrollo Rural, 10.ª reunión, Ginebra, 22 de noviembre – 1.º de diciembre de 1983 (Ginebra, 1983)).

[48] OIT: Child labour in comercial agriculture in Africa, op. cit., pág. 6.

[49] Fyfe, op. cit., pág. 10.

[50] En 1921, la OIT adoptó el Convenio sobre la edad mínima (agricultura), 1921 (núm. 10), en el cual se estipula que: «los niños menores de 14 años no podrán ser empleados ni podrán trabajar en las empresas agrícolas, públicas o privadas, o en sus dependencias, excepto fuera de las horas señaladas para la enseñanza escolar». El Convenio sobre la edad mínima, 1973 (núm. 138) establece la edad mínima de admisión al empleo en 15 años; esa disposición es aplicable a las plantaciones y otras explotaciones agrícolas que produzcan principalmente con destino al comercio, con exclusión de las empresas familiares o de pequeñas dimensiones que produzcan para el mercado local y que no empleen regularmente trabajadores asalariados.

[51] Bina Agarwal: «Gender inequality: Some critical neglected dimensions», tema presentado en el Coloquio de la OIT sobre el trabajo decente para las mujeres, Ginebra, 24 de marzo de 2000.

[52] OIT: Seguridad y salud en la agricultura. Informe VI (1) a la 88.ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, Ginebra, 2000, pág. 3. Dicho documento es también fuente de las estimaciones que aparecen en esta sección. Véanse asimismo OIT: Anuario de Estadísticas del Trabajo, 1996 (Ginebra); J.L. Murray y A.D. López (coordinadores de la publicación): The global burden of disease, serie Global burden of disease and injury series de la OMS (Ginebra, OMS, 1996), y V. Forastieri: ILO Programme on Occupational Safety and Health in Agriculture, en la dirección http://www.ilo.org/public/english/protection/safework/agriculture/agrivf01.htm (Ginebra, OIT, 1999).

[53] Mutualité Sociale Agricole (MSA): Prévention des risques professionnels des salariés agricoles. Des conseillers au services des entreprises (París, 1994), y L. Márquez Delgado: «Seguridad en la maquinaria agrícola», en Salud y Trabajo (Madrid, 1986), núm. 56, citado en OIT: Seguridad y salud en la agricultura, op. cit., pág. 59.

[54] OIT: «El uso de productos químicos en el trabajo» en El trabajo en el mundo (Ginebra, 1994), pág. 99.

[55] Ibíd.

[56] Red de Acción sobre Plaguicidas de Norteamérica: Campos envenenados. Los trabajadores agrícolas y los pesticidas en California (1999). Véase también el sitio http://www.panna.org

[57] Banco Mundial: Agricultural biotechnology: The next «Green Revolution», documento técnico núm. 133 (Washington, DC, 1989).

[58] «Una preocupación primordial es la necesidad de mantener un nivel adecuado de producción alimentaria, acorde con la persistencia de altas tasas de crecimiento demográfico. Otra preocupación fundamental se refiere al deterioro del medio ambiente, provocado por dos causas principales. Una es que, a raíz del aumento de la presión demográfica, se están incorporado en forma creciente a la producción agrícola tierras hasta hace poco consideradas como marginales; la otra es la generalización y fomento en los países en desarrollo del modelo de producción agrícola propio de los países industrializados que se caracteriza por una utilización masiva de productos químicos, lo que permite alcanzar una alta productividad», Carliene Brenner: Biotechonology policy for developing country agriculture, Centro de Desarrollo de la OCDE, Policy Brief núm. 14 (OCDE, 1997) (nuestra traducción). El Banco Mundial y el Grupo Consultivo sobre Investigación Agrícola Internacional (CGIAI) informaron en 1997 que los grupos transgénicos que se desarrollan y utilizan racionalmente pueden ser muy útiles y contribuir de manera esencial a la producción mundial de alimentos y a la sostenibilidad de la agricultura. Véase Banco Mundial: Bioengineering of crops: Report of the World Bank Panel on Transgenic Crops, Serie Environmentally and Socially Sustainable Development núm. 23 (Washington, DC, octubre de 1997).

[59] Bioengineering of crops, op. cit.

[60] Miguel A. Altieri: Ten reasons why biotechnology will not ensure food security, protect the environment and reduce poverty in the developing world (Universidad de California, octubre de 1999). Véase el sitio http://www.gene.ch/ y también IUF: «Patenting life, destroying lives» en News Bulletin, vol. 69, núm. 3-4.

[61] Documento de Naciones Unidas CSD8: «Chairman’s Summary», op. cit., párrafo 14, d).

[62] «Genetic engineering: Can it feed the world», en GeneWatch, Briefing núm. 3, agosto de 1998, http://www.genewatch.org/publications/briefs/brief3.htm. Las técnicas concebidas para impedir que los granjeros usen como semillas una parte de su producción ha sido apodada «terminator». A raíz de las protestas suscitadas por esta práctica, la empresa Monsanto modificó su política y anunció en 1999 que no iba a comercializar dicha tecnología. Asimismo, en abril de 2000 anunció que, tras la descodificación del genoma del arroz, iba a entregar gratuitamente una copia del «borrador» de dicho genoma a la organización pública Proyecto Internacional de Secuenciación del Genoma del Arroz (IRGSP). Sin embargo, la cesión no era totalmente gratis, puesto que quienes hagan uso comercial de la información proporcionada por Monsanto deberán pagar derechos de licencia no exclusiva. Fuente: Financial Times, 5 de abril de 2000.

[63] J.F.G. Bunders: Biotechnology for small-scale farmers in developing countries: Analysis and assessment procedures (Amsterdam, VU University Press, 1990).

[64] Janelle Diller: «¿Una conciencia social en el mercado mundial? Dimensiones laborales de los códigos de conducta, el etiquetado social y las iniciativas de los inversores», Revista Internacional del Trabajo, vol. 118, núm. 2, 1999, págs. 111-145, y Janet Hilowitz: «Consideraciones sobre el etiquetado social en la lucha contra el trabajo infantil», en Revista Internacional del Trabajo, vol. 116, núm. 2, 1997, págs. 233-251.

[65] Diller, op. cit.

[66] En un estudio de la OIT se estableció la siguiente lista de iniciativas que tenían por objetivo la eliminación del trabajo infantil: A) en el sector de la fabricación a mano de alfombras orientales: 1) el sistema Rugmark aplicado en Alemania, Estados Unidos, India, Nepal y los Países Bajos; 2) el sistema Care & Fair, aplicado en Alemania, Reino Unido, India, Nepal y los Países Bajos; 3) el sistema Kaleen, aplicado en la India, y 4) el sistema STEP, con sede en Suiza; B) en los sectores de los textiles y el vestido: 5) el proyecto Double Income, también con sede en Suiza, y C) en el sector del calzado: 6) el sistema Abrinq, establecido por los empresarios del Estado de São Paulo en Brasil. Véase también Hilowitz, op. cit.

[67] Geir Myrstad: Social labelling and trade union efforts to fight child labour: Some comments to the Hilowitz Report.

[68] Naciones Unidas: The Global Compact (1999), folleto informativo.


Puesto al día por BR. Aprobada por PP/OdVR. Ultima actualización: 18 de octubre de 2000.