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Un desarrollo agrícola sostenible en una economía mundializada

Un desarrollo agrícola sostenible en una economía mundializada

Informe para la discusión en la reunión tripartita sobre el logro de un desarrollo agrícola sostenible mediante la modernización de la agricultura y el empleo en una economía mundializada

Ginebra, 18-22 de septiembre de 2000

Oficina Internacional del Trabajo  Ginebra

Copyright ©2000 Oficina Internacional del Trabajo (OIT)

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Indice

Glosario

Introducción

1.      Mundialización y agricultura

2.      Producción y resultado de las exportaciones

3.      Cuestiones macroeconómicas en la agricultura

4.      Cuestiones sociales en la agricultura

5.      Conclusiones

6.      Resumen y puntos propuestos para la discusión

Anexo.Conveniosy recomendaciones de la OIT aplicables a la agricultura, adoptados desde 1919

Cuadros

  1. Porcentaje de la fuerza de trabajo con empleo asalariado
  2. Rendimiento de cereales por hectárea, kg/hectárea, 1999 e índice de 1999 (1975=100)
  3. Insumos agrícolas
  4. Tasa de crecimiento de tractores y tierras de regadío, 1975-1997, y proporción mundial en 1997
  5. Resultados de la agricultura, 1975-1999
  6. Resultados de las exportaciones, 1975-1998
  7. Economías avanzadas en contraposición con los países en desarrollo, incluidas las NEI:
    diversificación de las exportaciones (en porcentaje de las exportaciones de mercancías)
  8. Crecimiento de la producción, 1980-1997, y cambios estructurales en el PIB y la población activa, 1970 y 1997
  9. Incidencia de la subnutrición en las regiones en desarrollo, 1969-1997
  10. Salarios del sector agrícola y costos de la mano de obra en la industria manufacturera, 1980-1984 y 1990-1994 (en dólares de los Estados Unidos al año, excepto cuando se indique lo contrario)
  11. Incidencia de la pobreza (porcentaje de la población por debajo del umbral nacional de pobreza)
  12. Precios de los productos básicos en términos reales, 1980-1998 (1990=100)
  13. Los tres principales cultivos transgénicos comercializados en los Estados Unidos, julio de 1998
  14. Programas de etiquetado social, 1998

Gráficos

  1. Diversidad de la fuerza de trabajo (en torno a 1997)
  2. Malasia: estructura del empleo, 1970-1995
  3. Malasia: tendencias del empleo, 1970-1995

Recuadros

  1. Expansión y abaratamiento de la tecnología
  2. Las empresas estatales siguen existiendo, aunque en menor número
  3. Productos alimenticios en la crisis asiática
  4. ADRS: Programa 21
  5. «Agricultura sostenible» frente a «agricultura»
  6. Agricultura orgánica: ¿y después?
  7. ¿Quiénes son los trabajadores rurales?
  8. Tecnología de la información y agricultura: el futuro ya está aquí
  9. Agricultura: ¿el futuro en todo el mundo?
  10. Ramos de Colombia
  11. La sequía en Africa
  12. Dos países y dos imágenes del SIDA
  13. Malasia y Tailandia: dos casos de aumento espectacular de las exportaciones
  14. Perdedores y triunfadores económicos
  15. Las empresas rurales florecen en China
  16. El Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil
  17. Convenio núm. 182
  18. Mujeres en la agricultura en el Africa subsahariana
  19. Las mujeres en la agricultura en Bangladesh
  20. Oficina de la OIT para la Igualdad de Género
  21. Actividades de la OIT en materia de salud y seguridad en el trabajo agrícola
  22. Nuevas normas sobre seguridad y salud en el trabajo agrícola
  23. Ingeniería genética
  24. Estados Unidos intensifica el control de los organismos genéticamente modificados
  25. Iniciativas voluntarias en el comercio de bananas
  26. El Contrato Global y la OIT


Glosario


Introducción

El contexto

OIT: Trabajo Decente,
Memoria del Director General,
Conferencia Internacional del Trabajo,
87.ª reunión, Ginebra, 1999, pág. 5.

¿De qué manera repercute la mundialización en el sector agrícola, el mayor empleador de todo el mundo? ¿Qué función desempeña este sector y cómo puede incrementarse su eficacia de manera sostenible para mejorar las condiciones de vida de los agricultores y de los trabajadores agrícolas? Estos son los temas que se abordan en este informe, el primero que se escribe sobre el sector de la agricultura de cara al nuevo siglo. Como se verá en el mismo, la mundialización está afectando a la agricultura no sólo a través de los mecanismos habituales del comercio y las inversiones extranjeras directas sino, lo que es más importante aún, mediante la rápida transmisión de ideas que hace posible la nueva tecnología de la comunicación y en particular, la demanda por parte de la sociedad para que las prácticas de trabajo estén de conformidad con las normas laborales. Por ello, además de presentar datos macroeconómicos sobre cuestiones tales como la función de la agricultura en el desarrollo y los precios de los productos básicos, el informe se centrará en cuestiones sociales como el trabajo infantil, el papel de la mujer en la agricultura, la salud y la seguridad en el trabajo, las iniciativas privadas voluntarias y la modificación genética, ámbitos en los cuales la rápida transmisión de ideas a través de los medios de comunicación modernos está afectando las prácticas laborales en las explotaciones agrícolas. Podría decirse, incluso, que en el futuro estos mecanismos de transmisión pueden llegar a desempeñar un papel más importante en la evolución de la agricultura que el comercio y la inversión directa. El tema de fondo en el cual se basará el informe consistirá en el análisis de la forma en que el sector puede sacar mayor provecho de todas las fuerzas modernizadoras de la mundialización: se entiende aquí por «modernización» el proceso consistente en aumentar los niveles de productividad, diversificar la base de las exportaciones, efectuar cambios en el régimen de tenencia de la tierra, y ajustar las prácticas tradicionales — particularmente respecto a la seguridad y la salud en el trabajo — en función de la creciente demanda de normas laborales más idóneas, como las que figuran en los convenios fundamentales de la OIT. Este último aspecto adquiere mayor importancia a la luz de las discusiones que han de celebrarse (este informe se redactó antes de esa fecha) en la reunión de junio de 2000 de la Conferencia Internacional del Trabajo, con miras a la adopción de un instrumento sobre seguridad y salud en la agricultura.

Se reconoce cada vez más que sólo será posible lograr una modernización significativa del sector agrícola — y de hecho el desarrollo económico en general — si se tiene en cuenta la noción de «agricultura y desarrollo rural sostenibles (ADRS)», tal como fue adoptada en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Cumbre para la Tierra) en 1992. Algunos de los principales componentes de la ADRS — empleo duradero y condiciones de trabajo seguras, reforma y control de la propiedad de la tierra, aceptación de las normas laborales fundamentales de la OIT, representación de los trabajadores agrícolas — se analizan por separado en el capítulo 4 del presente informe. El objetivo de ese análisis, al igual que el de todo el informe, consiste en mostrar la pertinencia de las normas laborales fundamentales de la OIT y las relativas a la agricultura en relación con el ADRS. En este sentido, el examen de los temas procura reafirmar los cuatro objetivos estratégicos de la OIT convenidos en la 87.ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo (junio de 1999):

Esta Reunión se celebra en un momento oportuno para recentrar la atención mundial en la continuidad de la función de la agricultura en lo que respecta a proporcionar empleo y medios de vida a la mayor parte de la población mundial y como «motor de crecimiento» para el desarrollo económico. Es necesario reiterar que, a pesar de los recientes progresos, 790 millones de personas en los países en desarrollo, esto es, alrededor de un quinto de su población total, y 34 millones en los países industrializados y en transición padecen subnutrición[1], a la vez que 1.500 millones de personas viven en la pobreza, la mayoría de ellas en los países en desarrollo y en su mayor parte en las zonas rurales. El ritmo de progreso con respecto a esos dos importantes indicadores no es suficiente, ni mucho menos, para conseguir el objetivo de reducir ambos valores a la mitad para 2015, fijada por la OCDE, en 1996, en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, como parte de su «Estrategia 21»[2]. Asimismo, la diferencia entre los ricos y los pobres — tanto los grupos de población como los países — está aumentando y los pobres, la mayoría de los cuales se encuentran en el medio rural, están quedando al margen del proceso de crecimiento. El reconocido papel de la agricultura como pilar del desarrollo económico refuerza la necesidad de centrar la atención en el sector agrícola, mientras que la relación inextricable entre el hambre, la pobreza y las zonas rurales reafirma la necesidad de basar el desarrollo agrícola en la sustentabilidad y la equidad.

Esta Reunión es oportuna también porque centra la atención en la tendencia inexorable hacia la mundialización y el papel de la agricultura en ese sentido. La «marginación», a la que se aludió antes, es en realidad y cada vez más el principal efecto invariablemente asociado con la mundialización: el sector agrícola en su conjunto está quedando marginado en relación con el sector moderno. El dilema que se plantea consiste en que si el sector se abre a las inversiones extranjeras directas, como parte del proceso de mundialización, se corre el riesgo de que las explotaciones en pequeña escala no sólo se vean marginadas sino también desposeídas de sus tierras a medida que en los países en desarrollo se establecen explotaciones agrícolas vinculadas a empresas multinacionales compradoras para suministrar productos estándar en los mercados mundiales. Es urgente, por lo tanto, examinar el papel de la agricultura en el contexto de la mundialización y sacar conclusiones acerca de cómo puede encauzarse el proceso para que beneficie al máximo posible de gente y de países. Como dijo hace poco el Director General de la OIT en su alocución ante el 17.º Congreso Mundial de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL)[3]:

La mundialización, tal como se conoce hoy día, no sobrevivirá a menos que sus beneficios lleguen a un número mayor de personas. Esto significa que la mundialización tiene aún que pasar la prueba de la legitimidad social... La forma que ha adoptado la mundialización es el resultado de políticas que pueden modificarse. Si el modelo actual de la mundialización no cambia, desaparecerá. Nuestra tarea común consiste en modelar el proceso de manera que el poder y el potencial del mercado de trabajo, la economía del conocimiento y la sociedad de redes lleguen a cada nación, cada aldea, cada hogar... La prueba básica de la economía mundial consistirá en su capacidad para suministrar trabajo decente para todos.

Antecedentes de la Reunión

Esta Reunión forma parte del Programa de Actividades Sectoriales de la OIT, cuyo propósito consiste en facilitar el intercambio de información entre los mandantes sobre la evolución laboral y social en relación con determinados sectores económicos, complementado con investigaciones orientadas a la práctica sobre temas de interés para cada sector. Este objetivo se ha plasmado tradicionalmente celebrando reuniones sectoriales internacionales de carácter tripartito para intercambiar puntos de vista y experiencias con miras a fomentar una mayor comprensión de las cuestiones y problemas específicos de cada sector, promoviendo un consenso internacional tripartito sobre las inquietudes sectoriales y proporcionando orientaciones en materia de políticas y medidas nacionales e internacionales para abordar cuestiones y problemas conexos, impulsando la armonización de todas las actividades de la OIT de carácter sectorial, actuando como centro de coordinación entre la Oficina y sus mandantes, y proporcionando asesoramiento técnico, asistencia práctica y un apoyo concreto a los mandantes de la OIT con el fin de facilitar la aplicación de las normas internacionales del trabajo.

Esta Reunión se incluyó en el Programa de Reuniones Sectoriales para 2000-2001 en la 273.ª reunión (noviembre de 1998) del Consejo de Administración. En esa ocasión se eligió también el tema de la Reunión con el fin de reflejar la importancia del contexto de la mundialización en el cual deben situarse cada vez más las cuestiones relativas a la «sostenibilidad» y la «modernización» de la agricultura. Se invitó a los Gobiernos de los 26 países siguientes a enviar representantes: Bangladesh, Benin, Brasil, Bulgaria, República Checa, Chile, China, Costa Rica, Dinamarca, Ecuador, Egipto, El Salvador, Etiopía, Filipinas, Ghana, Honduras, India, República Islámica del Irán, Kenya, Malasia, México, Nigeria, Sri Lanka, Sudáfrica, Uganda y Viet Nam. En caso de que cualquiera de esos Gobiernos no pudiese asistir, se propuso invitar a otros países de la región incluidos en una lista de reserva. Se previó también elegir 26 representantes de los empleadores y 26 representantes de los trabajadores, previa consulta con los Grupos respectivos del Consejo de Administración. Dichos representantes no tienen necesariamente que proceder de los países antes enunciados.

Según lo decidido por el Consejo de Administración, el objeto de la Reunión, es el siguiente:

Intercambiar puntos de vista sobre el sector agrícola en el siglo XXI: su contribución al empleo, ingresos y perspectivas de aumento de la productividad...; adoptar conclusiones que incluyan propuestas de acción en el ámbito nacional por parte de los gobiernos, de las organizaciones de empleadores y de trabajadores, y de la OIT; ... y adoptar un informe sobre la discusión.

Organización del informe

El informe está organizado en torno a distintas cuestiones. En el capítulo 1 se establece el contexto en función de los principales temas: la mundialización, la sostenibilidad y la modernización. La mundialización se examina en relación con los cambios registrados en los papeles del Estado y de los mercados, la función tradicional de la agricultura en el desarrollo, y los cambios en las estructuras del empleo originados por el desarrollo. La sostenibilidad del desarrollo agrícola y el empleo, así como la modernización de la agricultura se examinan en relación con los imperativos del aumento de los niveles de productividad, la diversificación de las exportaciones y la modificación del régimen de tenencia de tierras. Los aspectos más recientes de la «modernización», esto es, las presiones sociales para mejorar las prácticas laborales, se examinan por separado en el capítulo 4. El capítulo 2 se centra en los resultados del sector agrícola durante los últimos dos decenios, con especial insistencia en la contribución de la agricultura a la mejora de los niveles de vida y la transformación de las economías. En este capítulo se examinan también cuestiones relativas a los salarios y la pobreza. En el capítulo 3 se exponen las principales cuestiones macroeconómicas en el ámbito de la agricultura (precios y subsidios, los precios de los productos básicos y la relación de intercambio externa, así como el papel de las actividades rurales no agrícolas), y en el capítulo 4 se abordan las cuestiones sociales con que se enfrentan cada vez más los gobiernos y los agricultores debido a los cambios de actitud que se producen a nivel mundial con respecto a las condiciones de trabajo (trabajo infantil, igualdad de género, iniciativas privadas voluntarias, seguridad y salud en el trabajo y modificaciones genéticas). Aunque muchas de estas cuestiones han sido siempre parte integrante del sector agrícola, algunas de ellas son nuevas (por ejemplo, las iniciativas voluntarias y las técnicas genéticas), pero incluso con respecto a las que no son nuevas (trabajo infantil, igualdad de género, seguridad y salud en el trabajo) hay ahora una presión creciente sobre los gobiernos para que efectúen cambios, con frecuencia en respuesta a movimientos de consumidores. En relación con las cuestiones sociales analizadas, la inclusión de las técnicas genéticas requiere una explicación, porque en principio ello no forma parte de las esferas de competencia de la OIT. No obstante, esta cuestión puede afectar las tendencias del empleo y, por consiguiente, los ingresos de los agricultores, además de ser un tema que ha de figurar cada vez más en cualquier debate que se celebre en el sector agrícola. En el capítulo 5 figuran las conclusiones y en el capítulo 6 un resumen y los puntos que se proponen para discusión.

Cabe hacer una aclaración sobre los datos utilizados: la mayoría de ellos han sido sacados de anuarios y bases de datos de organizaciones internacionales (la propia OIT, FAO, FIDA, FMI, UNCTAD, Banco Mundial, OMC y PNUD). Los nombres de dichas organizaciones se citan cuando corresponde y se les agradece también, al igual que a la UITA, por el material proporcionado. La mayor parte de los datos corresponden al año «más reciente» del que se dispone información. Dado que las encuestas sobre el empleo y la mano de obra sólo se recopilan esporádicamente, la mayoría de esos datos se refieren a 1997. Asimismo, es frecuente que haya diferencias entre los datos que figuran en distintos anuarios y entre éstos y los proporcionados por las fuentes nacionales. Este tipo de inconveniente es inevitable y en la mayoría de los casos no tiene consecuencias para las tendencias y conclusiones generales a las que se llega aquí.

Este informe se publica bajo la autoridad de la Organización Internacional del Trabajo y fue redactado por el Sr. Vali Jamal, especialista en cuestiones relativas al sector rural del Departamento de Actividades Sectoriales.

1.    Mundialización y agricultura

El comercio internacional y la inversión directa no son nada nuevo: ya en 1890 las exportaciones de mercancías representaban el 15 por ciento del producto interior bruto (PIB) de Europa occidental, frente al 25 por ciento aproximado que representan actualmente, y el 6 por ciento del PIB de los Estados Unidos, que actualmente se sitúa entre el 8 y el 10 por ciento; la inversión extranjera directa (IED) había alcanzado los 14.000 millones de dólares de Estados Unidos cuando estalló la Primera Guerra Mundial[4].

Lo realmente nuevo es el contexto que rodea a la actual campaña de mundialización. Cabe destacar dos aspectos fundamentales: el cambio ideológico mundial y la difusión de la nueva tecnología de la información y de la comunicación (TIC). En los decenios de 1970 y 1980 se pudo observar una reestructuración de las políticas nacionales en un sentido de liberalización económica, con menos intervención del Estado en la gestión económica y más apertura de las economías al comercio internacional y la inversión. Los aranceles aplicables a los países en desarrollo que disfrutan del trato de nación más favorecida disminuyeron, pasando del 34 por ciento en que se situaban hacia mediados del decenio de 1980 a un 20 por ciento en 1998, y en teoría han de seguir disminuyendo hasta el 14 por ciento, de conformidad con los acuerdos de la Ronda Uruguay[5]. En todas partes se han eliminado los obstáculos a la inversión extranjera. En los bloques regionales (como la ASEAN, la APEC, el MERCOSUR, la Comunidad del Africa Oriental — CAO, y el TLC) estas tendencias fueron aún más marcadas. La expansión de la tecnología digital (Internet, telefonía móvil y fax) y la notable disminución de sus precios (véase el recuadro 1) contribuyeron al aumento del comercio y la inversión; esta última fue especialmente importante bajo la forma de producción transfronteriza de las empresas multinacionales (esto es, las empresas que poseen fábricas en diversos países) y sus redes de filiales y socios. Actualmente, las multinacionales controlan un quinto del PIB manufacturero mundial, y un tercio del comercio mundial corresponde a transacciones entre los complejos industriales multinacionales de todo el mundo[6].
 

Recuadro 1
Expansión y abaratamiento de la tecnología

El ordenador personal, que se ve ahora como algo tan natural, es obra de un inventor que trabajaba en un garaje cerca de Stanford, California, a principios del decenio de 1970. La red mundial World Wide Web (Internet) apareció en 1990, y en 1994 se distribuyó gratuitamente Netscape. El uso del teléfono móvil, que era prácticamente desconocido a principios del decenio de 1990, se generalizó a finales del decenio. La interconexión entre estos tres inventos impulsará la «nueva economía» durante los próximos decenios. Los costos de estas tecnologías y de las viejas tecnologías están disminuyendo constantemente (véase el gráfico que figura a continuación): el coste del transporte aéreo disminuyó un 84 por ciento entre 1930 y 1990, el de una llamada telefónica interurbana un 90 por ciento y el de los ordenadores un 95 por ciento entre 1970 y 1990.

Costo en términos reales

 

Cabe concebir tres mecanismos para extender los efectos de la mundialización: el comercio, la inversión exterior y la transmisión de nuevas ideas. El ritmo más rápido de crecimiento del comercio internacional corresponde a los productos manufacturados, en consonancia con las estructuras de la demanda, pero los cambios propuestos en la Ronda Uruguay podrían tener también una incidencia importante en el comercio de productos agrícolas. De conformidad con los acuerdos de la Ronda Uruguay, los aranceles aplicables a los productos agrícolas tenían que reducirse considerablemente de su nivel actual (en torno a un 40 por ciento), y las subvenciones a la exportación, cuya mayor parte corresponde a los países desarrollados, debían reducirse en un tercio para el año 2000, respecto de los niveles registrados en 1986-1987. Se mantuvo la segunda promesa pero no la primera. Se estimó que, una vez que se aplicaran todas las medidas, el comercio de productos agropecuarios podría aumentar hasta un 50 por ciento, con lo que se obtendrían en todo el mundo unos beneficios de 160.000 millones de dólares de Estados Unidos[7]. Por otra parte, los precios de los productos alimenticios podrían aumentar un 5 por ciento durante el decenio. Habrá una mayor necesidad de aumentar los niveles de productividad de la agricultura de los países en desarrollo para garantizar la supervivencia ante la competencia, y los importadores netos de productos alimenticios, especialmente en el Africa subsahariana (AS), tendrán que hacer frente a un aumento de los precios de consumo. Los países competitivos se beneficiarán de la reducción global de subvenciones. Estos cambios no se producirán de la noche a la mañana, de modo que todos los países podrán llevar a cabo los ajustes oportunos.

La inversión extranjera directa empieza ya a hacer sentir sus efectos en la agricultura de los países en desarrollo, como se refleja en la introducción de nuevos productos básicos para la exportación. La floricultura ha conocido un auge considerable en los últimos dos decenios en gran parte gracias a inversiones extranjeras en forma de transferencias de capital, tecnología y personal calificado de los países desarrollados, y cabe esperar que surjan nuevas iniciativas en este sentido. Un medio importante para ello será sin duda que las cadenas internacionales de supermercados exigirán de sus proveedores unas normas estrictas de calidad: esto podría incluso dar lugar a que las multinacionales empezasen a invertir directamente en el sector agrícola. Pero conviene tener en cuenta que si estas inversiones se pusiesen en marcha con demasiada rapidez, podrían tener unos efectos negativos para los pequeños agricultores de los países en desarrollo, que constituyen actualmente la mayor parte de la fuerza de trabajo mundial, por lo que hay que extremar la vigilancia.

El peligro para el sector agrícola estriba en la rapidez del ritmo de la mundialización. La preocupación que existe al respecto responde a tres hechos: i) el control del comercio de productos alimenticios por unas pocas empresas multinacionales; ii) las enormes diferencias tecnológicas que existen entre los países ricos y los países pobres; y iii) el papel de la agricultura como sector que da empleo a la mayor parte de la fuerza de trabajo en los países más pobres. La penetración de las empresas multinacionales en los países en desarrollo irá sin duda en aumento, impulsada por el clima de liberalización reinante. Los pequeños agricultores podrían ser las víctimas de este proceso. Además, las empresas extranjeras dedicadas a la agricultura tratarán seguramente de reproducir la tecnología que les es familiar, y esto supondría sin duda el desplazamiento de gran número de trabajadores del sector agrícola. Parecido fenómeno se ha producido ya en los sectores «modernos», con la supresión de pequeñas empresas como resultado de la inversión extranjera directa, pero aunque muchos trabajadores urbanos desplazados han podido encontrar empleo en las industrias en rápida expansión, sería mucho esperar que sucediera lo mismo en el caso de la agricultura, por el gran volumen que alcanzaría este fenómeno. Por ejemplo, en una situación en el que el sector agrícola emplea las tres cuartas partes de la fuerza de trabajo (como ocurre todavía en muchos países) un descenso del empleo de sólo un 10 por ciento exigiría un aumento del empleo del sector moderno de un 30 por ciento. Es necesario permanecer vigilantes e introducir los cambios políticos necesarios. Como señaló el Director General de la OIT en la ya mencionada alocución ante el Congreso Mundial de la CIOSL, «suele afirmarse que la globalización no puede cambiarse ... sencillamente no es así ... debemos denunciar como falsa la idea de que todo lo que podemos hacer es adaptarnos a la globalización»[8]. En el sector agrícola más que en ningún otro sector, los países tienen que intervenir, dictar el ritmo de la mundialización y encauzarla debidamente.

El tercer mecanismo para extender los efectos de la mundialización (la transmisión de ideas) puede desempeñar el papel más importante. Las prácticas laborales tendrán que cambiar, presionadas por los consumidores y los grupos de interés. Hay que introducir cambios en ámbitos tales como el trabajo infantil, la igualdad de género, y la seguridad y salud en el trabajo. Estos ámbitos, que constituyen un motivo de constante preocupación para la OIT, se examinan con mayor detalle en el capítulo 4 del presente informe.

Estados y mercados

La mundialización ha estado muy vinculada a la liberalización, y las manifestaciones externas de esta última — como se ha dicho antes — han sido la supresión de obstáculos al comercio, la inversión extranjera directa y los movimientos de capital; las manifestaciones internas que se refieren a un menor control de la economía por parte del Estado también han sido notables y han tenido una importante incidencia en la agricultura.

La invasión de las economías por el Estado se ha ido intensificando en todo el mundo a lo largo del siglo XX, fomentada por la creencia de que sólo el Estado podía impulsar el crecimiento y el desarrollo industrial, así como por la necesidad de salir adelante tras las periódicas depresiones económicas. Se estimaba que para ello era indispensable controlar las «instancias determinantes» de la economía. La acumulación de pruebas de que los mercados no estaban siendo equitativos reforzaba aún más la idea de que el Estado debía desempeñar un papel en la economía. La prueba de fuego fue la revolución rusa, experimento que reprodujeron en diversas formas diluidas ciertos gobiernos de Estados de reciente independencia en Asia y Africa que, además de propugnar el crecimiento y la igualdad, se proponían también que sus economías abandonaran el sistema colonial consistente en proveer de productos primarios a las metrópolis. La gran depresión de los años treinta indujo al Estado a realizar inversiones en infraestructura y a diseñar programas de bienestar para crear efectos multiplicadores como solución al desempleo generalizado, y al mismo tiempo establecer una red de seguridad para los desempleados. Esto sirvió para justificar la intervención del Estado en la economía, en nombre de la igualdad, mediante las subvenciones y otros medios de redistribución de la riqueza social, que son las trampas del moderno Estado del bienestar. Actualmente, los gastos públicos expresados como porcentaje del PIB siguen siendo superiores a un promedio del 45 por ciento para los países de la OCDE, frente a sólo la mitad de esa cifra para los Estados Unidos y un monto todavía inferior para el Africa subsahariana.

Los gobiernos de todo el mundo tratan de encontrar la forma de reducir estos gastos y la solución preferida es confiar a los mercados las funciones asumidas hasta ahora por el Gobierno mediante la privatización de empresas estatales, así como los servicios de salud y educación. La primera opción no suele plantear problemas, porque se suele reconocer que las empresas estatales — muy abultadas en los países de bajos ingresos — no son eficaces, y provocan sangrías en el presupuesto, en detrimento de la asignación de recursos a causas sociales que merezcan realmente la pena; sin embargo, y a pesar del presente alud de desinversiones, las empresas estatales siguen siendo importantes en los países en desarrollo (véase el recuadro 2). La controversia surge cuando el Estado trata de disminuir los recursos que destina a las causas sociales, principalmente a la salud y a la educación. Con la privatización, de nuevo la opción preferida, los grupos vulnerables quedan expuestos a los caprichos del mercado.
 

Recuadro 2
Las empresas estatales siguen existiendo, aunque en menor número

Las empresas estatales son entidades de servicios o de producción pertenecientes o controladas por el Estado. Las actividades del sector público tales como la educación, la salud, la construcción y mantenimiento de carreteras quedan excluidas de esta definición. En Zambia, en 1985-1990, las empresas estatales controlaban el 32 por ciento del PIB, el porcentaje más alto que se ha registrado. Muchos países registraron durante el mismo período un porcentaje del 10 por ciento; actualmente el promedio se situaría entre el 7 y el 8 por ciento. Las cifras que figuran más abajo muestran que la India y Zimbabwe no han experimentado o han experimentado pocos cambios en los períodos comprendidos entre 1985-1990 y 1990-1995, situándose por encima del 10 por ciento.

Porcentaje del PIB que suponen las empresas de titularidad estatal

 

Papel de la agricultura en el desarrollo

¿Qué lugar ocupaba la agricultura en este modelo de desarrollo y cuál es el nuevo papel que debe desempeñar en el contexto de la mundialización? De conformidad con las teorías económicas aceptadas, se consideraba que la agricultura tenía una función pasiva en el desarrollo económico, que se basaba en aportar excedentes para el crecimiento del sector industrial. Estos excedentes podían revestir varias formas: los trabajadores que abandonan el sector rural para trabajar en la industria; el transporte de alimentos para el abastecimiento de la población urbana, y el suministro de productos agrícolas como insumos para la industria y como productos básicos de exportación para la generación de divisas. El sector rural proporcionaría también un mercado para los bienes manufacturados[9].

La transferencia de excedentes del sector rural al resto de la economía se puede conseguir por varios medios: el trabajo forzoso, la expropiación de tierras, los impuestos, los márgenes de las juntas de comercialización, y la relación de intercambio en la que los precios relativos se desvían a favor de los productos no agropecuarios, para lo cual se mantienen a menudo tipos de cambio sobrevalorados. Unos excedentes demasiado grandes pueden perjudicar el interés por cultivar productos agrícolas. A finales del decenio de 1970 y 1980, se mantuvo que precisamente esta obtención excesiva de excedentes, a través de agencias de comercialización corruptas e incompetentes, tipos de cambio sobrevalorados y la distorsión de las políticas de precios, era una de las causas de la crisis de la agricultura en muchas partes del mundo. Esta crisis se agravó por la escasez de insumos agrícolas y de los bienes de consumo contra los que se obtienen los productos agrícolas. En los países del Africa subsahariana disminuyó el producto oficialmente comercializado. La baja de los precios internacionales no hizo más que agravar la crisis. Esta experiencia, y la de muchos otros países de reciente industrialización, ha destacado la importancia de la agricultura, no sólo como un generador pasivo de excedentes para el crecimiento industrial sino también como un medio de subsistencia para el 50-70 por ciento de la población mundial que se sigue dedicando a la agricultura, y como proveedora de una red de seguridad para la población urbana que atraviesa dificultades económicas[10]. La crisis financiera asiática de 1997-1998 puso de relieve esta función de la agricultura (véase el recuadro 3).

Recuadro 3
Productos alimenticios en la crisis asiática

La importancia de los productos alimenticios se puso de relieve en la reciente crisis financiera asiática. En Indonesia, los precios de los productos alimenticios aumentaron un 70 por ciento en 1998, muy por encima de la tasa de inflación general. Si bien El Niño influyó en cierta medida, el factor más decisivo fue la subida del precio de los insumos resultante de la devaluación. La producción de arroz disminuyó aproximadamente 4 millones de toneladas y las importaciones aumentaron situándose a un nivel sin precedentes, que representó el 20 por ciento del comercio mundial. El Gobierno respondió distribuyendo arroz, en un monto equivalente al 20 por ciento de las necesidades calóricas diarias, a 17 millones de familias pobres, esto es, a aproximadamente 85 millones de personas, a un tercio del precio de mercado. Asimismo, incrementó los programas de alimentación en la escuela para 8,2 millones de niños de poblados pobres. En cambio, en Tailandia un sector agrícola importante mitigó la crisis no sólo porque continuó abasteciendo de alimentos a las zonas urbanas sino también porque acogió a los miembros de las familias que habían sido despedidos de las fábricas.

Fuente: FAO «Impacto de la reciente inestabilidad financiera mundial y el cambio de prioridades en la región de Asia y el Pacífico», Exposición para los representantes permanentes de la FAO, Roma, 27 de noviembre de 1998, en http://www.fao.org/waicent/faoinfo/economic/esd/finance/finance.htm. Véase también Eddy Lee: La crisis financiera asiática: el reto para la política social (Ginebra, OIT, 2000).

La función de producción de excedentes del sector agrícola es una constante en todas las economías y en cualquier época. El excedente alimenta a un sector industrial que empieza a experimentar un ritmo de crecimiento más rápido que el de la agricultura, por lo que comienza a haber una regresión relativa de esta última. La Ley de Engel — que muestra cómo las personas gastan sus ingresos a medida que mejora su situación económica (disminuye la proporción que se destina a alimentos, ropas de vestir y otros productos básicos, y aumenta la que se destina a productos manufacturados y servicios) — es el principio que inspira todas estas relaciones.

La menor importancia que está teniendo la agricultura en el desarrollo se puede observar mejor en los cambios que se producen en la estructura del empleo. Esto se ilustra en el gráfico 1, que se basa en un conjunto de países representativos y en los gráficos 2 y 3, que se basan en series cronológicas para Malasia. Madagascar (gráfico 1), en donde en 1997 los ingresos por habitante eran de 250 dólares de Estados Unidos, se encontraba entre los diez países más pobres del mundo y a mediados del decenio de 1990 (últimos datos disponibles) aproximadamente el 80 por ciento de la fuerza de trabajo estaba ocupada en el sector agrícola; esta proporción es del 67 por ciento en la India, del 17 por ciento en Malasia y del 3 por ciento en los Estados Unidos, siendo esta última cifra la que registra la mayor parte de los países de la OCDE. En cambio, la proporción de la fuerza de trabajo ocupada en la industria aumenta de aproximadamente el 15 por ciento para los países de ingresos bajos a un 25-35 por ciento para los países desarrollados (por ejemplo, 31 por ciento en la República de Corea y 24 por ciento en los Estados Unidos). En la mayor parte de estos países la proporción se sitúa entre un 25 y un 35 por ciento, lo que indica que, a la larga, las economías se orientan cada vez más hacia los servicios y no hacia las manufacturas a medida que aumentan sus niveles de desarrollo.

Gráfico 1.  Diversidad de la fuerza de trabajo (en torno a 1997)

Gráfico 2.  Malasia: estructura del empleo, 1970-1995

Gráfico 3.  Malasia: tendencias del empleo, 1970-1995

Los gráficos correspondientes a Malasia muestran los espectaculares cambios que se han producido en la estructura de la fuerza de trabajo en sólo 25 años desde 1970, como ejemplo de la transformación que cabe esperar en cualquier país en proceso de desarrollo. Al principio de este período, la mayor parte de la fuerza de trabajo de Malasia estaba ocupada en el sector agrícola (gráfico 2), pero hacia 1995 la proporción había disminuido y se situaba por debajo del 20 por ciento. La proporción correspondiente a la industria aumentó del 13 al 34 por ciento durante dicho período, y la de los servicios del 33 al 49 por ciento. El gráfico 3 muestra estas tendencias en términos absolutos de forma aún más visible. El hecho es que la fuerza de trabajo agrícola de Malasia empezó a disminuir en términos absolutos a partir de 1995, lo que indica que la generación de empleo se produjo en las zonas urbanas. Hacia 1995, un 25 por ciento menos de personas trabajaban en las explotaciones agrícolas de Malasia, en comparación con 1970. El sector manufacturero y el de los servicios no sólo lograron absorber a los trabajadores desplazados de la agricultura sino que además crearon respectivamente 1,5 y 3,1 millones de puestos de trabajo.

Como se muestra en la parte inferior del gráfico, resalta también el hecho de que la mayor parte de los empleos urbanos se crearon en la categoría de trabajo asalariado de forma que la proporción de empleos urbanos correspondiente a «trabajos no asalariados», equiparables al empleo en el sector informal, bajó a un 25 por ciento en 1995, frente al 40 por ciento de 1970. El número de trabajos no asalariados disminuyó, incluso en términos absolutos, después de 1998. Malasia logró con mucho éxito crear empleo «moderno», transformando su economía de base agrícola en una economía basada en la industria y los servicios y pasando de una economía urbana predominantemente informal a una economía prácticamente formal.

La tendencia al empleo asalariado que se ejemplifica con Malasia es una parte importante del proceso de modernización. En este proceso intervienen dos factores: i) la decadencia de la agricultura con explotaciones agrícolas de base familiar, y ii) la decadencia de las pequeñas empresas de base familiar en los sectores no agrícolas. Los países del Africa subsahariana se encuentran todavía en las primeras fases de la economía monetaria: en Uganda, por ejemplo, sólo el 13,7 por ciento de la fuerza de trabajo tenía un empleo asalariado en 1994 (último año del que existen datos disponibles; véase el cuadro 1): el resto eran trabajadores independientes o trabajadores familiares. Como punto de comparación, en Pakistán esta cifra era del 34 por ciento, en América Latina del 50-70 por ciento y en los Estados Unidos y Europa occidental del 90 por ciento. La correlación con los ingresos por habitante resulta clara, ya que los países que figuran en el cuadro 1 están clasificados por orden ascendente. Como muestra el cuadro, Sri Lanka también experimentó una rápida transformación estructural, al aumentar el porcentaje de la fuerza de trabajo con empleo asalariado del 50 por ciento en 1990 al 60 por ciento en 1996[11].

Cuadro 1.  Porcentaje de la fuerza de trabajo con empleo asalariado


Bangladesh

1996

12,4

Uganda

1994

13,7

Pakistán

1996

34,1

Sri Lanka

1990

49,8

Sri Lanka

1996

59,9

Venezuela

1993

61,8

Chile

1997

71,3

Japón

1997

82,2

Estados Unidos

1997

91,8


Fuente: OIT: Key Indicators of the Labour Market, 1999, op. cit., cuadro 3, págs. 83 a 91.

Sostenibilidad

El tema fundamental de este informe es además de la «mundialización» y de la «modernización», el «desarrollo agrícola sostenible» cuyo concepto se ha ampliado para incluir «la agricultura y desarrollo rural sostenibles» (ADRS). El concepto se formuló por primera vez en el Programa 21 adoptado por la «Cumbre para la Tierra» (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo – CNUMAD) que tuvo lugar en Río de Janeiro en 1992 y se discutió extensamente en el octavo período de sesiones de la Comisión de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (CDS8) en abril-mayo de 2000. El principal objetivo de la ADRS es garantizar que la producción de alimentos aumenta de forma sostenible y que mejora la seguridad alimentaria. El empleo, la generación de ingresos y la equidad, todos ellos objetivos del mandato de la OIT, son elementos fundamentales de la ADRS (véanse los recuadros 4 y 5), siendo el objetivo principal el «empleo sostenible» por lo que se refiere a la remuneración del trabajo y a la salud y la seguridad de los trabajadores. La ADRS encarece a todas las partes interesadas (agricultores, trabajadores, empleadores, gobiernos, ONG) a que se comprometan a conservar los recursos naturales de la tierra para velar por que la agricultura, la silvicultura y la pesca contribuyan a satisfacer las necesidades básicas no sólo de la generación presente sino también de las generaciones futuras[12]. Aunque no existe una definición oficial, son bien conocidos los diferentes rasgos que distinguen la «agricultura sostenible» de la «agricultura» (véase el recuadro 5): en primer lugar, la noción de conservar los recursos terrestres para las generaciones presentes y futuras; en segundo lugar, la utilización de prácticas agrícolas integradas y adoptadas localmente; en tercer lugar, la representación de agricultores y trabajadores agrícolas (incluidos los trabajadores asalariados) en todas las etapas del proceso de toma de decisiones y, en cuarto lugar, una distribución más equitativa de los recursos y de los alimentos. El concepto de la ADRS está más desarrollado en el concepto conexo del «carácter multifuncional de la agricultura y la tierra» que reconoce las diversas funciones de carácter ambiental, económico y social que desempeña la agricultura, además de su función primaria que consiste en producir alimentos, fibra y combustible. Este carácter multifuncional pone de relieve los posibles vínculos y compensaciones entre las actividades rurales que contribuyen a un desarrollo rural sostenible. Hay cuatro elementos fundamentales:

Recuadro 4
ADRS: Programa 21

El concepto de agricultura y desarrollo rural sostenibles comenzó a difundirse en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (Cumbre para la Tierra) que se celebró en Río de Janeiro en 1992. Como se señala en el capítulo 14 del Programa 21: el principal objetivo de la agricultura y el desarrollo rural sostenibles es aumentar la producción de alimentos de manera sostenible y mejorar la seguridad alimentaria. Esto requerirá la adopción de iniciativas en materia de educación, la utilización de incentivos económicos y el desarrollo de tecnologías nuevas y apropiadas, para así garantizar suministros estables de alimentos adecuados nutricionalmente, el acceso de los grupos vulnerables a esos suministros y la producción para los mercados; el empleo y la generación de ingresos para aliviar la pobreza; y la ordenación de los recursos naturales y protección del medio ambiente.

De las 12 áreas de programas mencionadas en el capítulo 14, tres son especialmente pertinentes para este informe y revisten especial interés para la OIT:

a)      estudio, planificación y programación integral de la política agrícola en vista del aspecto multifuncional de la          agricultura, sobre todo en lo que respecta a la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible;

b)      logro de la participación popular y fomento del desarrollo de los recursos humanos para la agricultura sostenible;

c)      mejoramiento de la producción agrícola y los sistemas de cultivo mediante la diversificación del empleo agrícola y          no agrícola y el desarrollo de la infraestructura.

El capítulo 19 trata de cuestiones relativas a la seguridad y salud en el trabajo, cuya importancia para las actividades de la OIT conviene analizar con mayor detalle.

 

Recuadro 5
«Agricultura sostenible» frente a «agricultura»

La Comisión de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible en su octavo período de sesiones que acaba de concluir (abril-mayo de 2000), organizó un diálogo entre las diversas partes interesadas sobre la agricultura sostenible. Una de las cuestiones planteadas fue la de cómo distinguir «agricultura sostenible» de «agricultura». Se propusieron, entre otros, los siguientes elementos:

    Utilización responsable de los recursos disponibles para satisfacer las necesidades de energía, alimentos y fibra de la población (industria); producción en armonía ambiental, económica y social con las zonas adyacentes (agricultores); prácticas agrícolas que sean sostenibles a lo largo del tiempo (un gobierno); prácticas agrícolas que sean socialmente justas y adecuadas desde el punto de vista ambiental y cultural (ONG y pueblos indígenas). Los sindicatos declararon que la agricultura convencional era fundamentalmente insostenible y que si bien se promovía para luchar contra el hambre, el hambre no era resultado de la productividad sino más bien de una mala distribución y difícil acceso a los alimentos.

Las partes interesadas convinieron en la necesidad de continuar el debate e intercambiar información sobre las «mejores prácticas [sostenibles]» en diferentes partes del mundo teniendo en cuenta las diferencias en el patrimonio de recursos.

Fuente: CDS8: Chairman's Summary, op. cit., párrafos 21 y 22.

Las prácticas agrícolas sostenibles abarcan la utilización de nutrientes orgánicos y biológicos, la rotación de cultivos, el manejo integrado de plagas (MIP)[13] y una mayor diversidad biológica. Las prácticas sostenibles no sólo son favorables al medio ambiente sino que también pueden proporcionar un mayor rendimiento[14]. Es necesario introducir cambios en las políticas públicas, las instituciones económicas y los valores sociales para promover políticas integradas que favorezcan la higiene ambiental, la rentabilidad económica y la equidad social. Las soluciones de mercado podrían ser un medio de transmitir informaciones pertinentes a los agricultores a la hora de decidir sobre la gestión sostenible de los recursos. Los «precios francos frontera» podrían utilizarse para suprimir los prejuicios contra los sistemas de cultivo sostenibles. La descentralización y la participación comunitaria en la conservación de los recursos puede ser crucial para promover y fomentar la agricultura sostenible. La agricultura orgánica forma parte integral de la agricultura sostenible. Sin embargo, sólo puede ser un objetivo a largo plazo, habida cuenta de la disponibilidad inicial limitada del material natural orgánico para reutilización en algunos países (véase el recuadro 6). Lo importante es que haya una tendencia progresiva hacia la agricultura orgánica y la agricultura sostenible en los países desarrollados y en desarrollo.

Los consumidores podrían desempeñar un papel fundamental en el establecimiento de un sistema alimentario sostenible. El actual reto consiste en aplicar estrategias innovadoras tales como las iniciativas privadas voluntarias que amplían las perspectivas de los consumidores, de forma que las preocupaciones sobre la calidad del medio ambiente, la utilización de los recursos y la equidad social se tengan en cuenta junto con los precios a la hora de efectuar las decisiones de compra. Al mismo tiempo, se tienen que proporcionar incentivos para que los productores puedan utilizar prácticas sostenibles para comercializar sus productos a un público más amplio.

Recuadro 6
Agricultura orgánica: ¿y después?

La agricultura orgánica supone un requisito previo: la disponibilidad del suficiente material orgánico para reutilización. La insuficiencia de dicho material excluye a la agricultura orgánica como solución inmediata para responder a la escasez de alimentos en Africa. «Para ello» dice el Sr. Gordon Conway, Presidente de la Fundación Rockefeller y ecologista y agrónomo de gran prestigio, «Se necesita alimentar la tierra con materia orgánica. En este momento, el rendimiento de las cosechas [africanas] es demasiado bajo como para dejar el suficiente material orgánico. El ganado [africano] no es demasiado sano y produce abono de baja calidad — la mayor parte del cual se quema para combustible. De aquí a 15 años [Africa] puede que pueda disponer de una agricultura orgánica, pero sólo si se añade a la tierra una elevada cantidad de nitrógeno con abonos inorgánicos industriales».

Se tomó nota de esta idea en el diálogo entre las diversas partes interesadas sobre la agricultura sostenible en la CDS8:

    Algunos señalaron que en muchos países no hay suficiente materia orgánica disponible para hacer que la [agricultura orgánica] sea la única base de la producción agrícola. Otros señalaron que tanto los insumos orgánicos como inorgánicos podían ser adecuados según las diferentes condiciones locales. Se presentaron ejemplos en pro y en contra de la utilización de insumos industriales en las prácticas agrícolas; algunos defendieron su eficacia mientras que otros señalaron que una elevada aportación de material orgánico producía con el tiempo un menor rendimiento.

Fuente: Sunday Telegraf (Londres), 27 de febrero de 2000; y Naciones Unidas, CDS8, Chairman's Summary, op. cit., párrafo 12.

El concepto de «trabajo decente» que actualmente propugna la OIT y que engloba a todas las categorías de trabajadores (trabajadores asalariados y trabajadores independientes) y a todas las cuestiones relacionadas con el empleo (remuneración, condiciones de trabajo y representación de los trabajadores) constituye el fin y el medio de lograr una agricultura sostenible, insistiendo en el empleo sostenible, los niveles de vida y el bienestar. La agricultura sostenible podría contribuir a lograr estos objetivos garantizando que todos los trabajadores del sector rural (véase el recuadro 7) utilizan prácticas adecuadas que aportan un mayor rendimiento no sólo para la generación presente sino también para las generaciones futuras. En este sentido, los trabajadores asalariados agrícolas, que representan aproximadamente el 40 por ciento de la fuerza de trabajo ocupada en explotaciones agrícolas y plantaciones, podrían desempeñar un papel especialmente importante. Los salarios y condiciones de trabajo en el sector agrícola son generalmente inferiores a los que prevalecen en otros sectores. Sin embargo, a menudo los trabajadores asalariados agrícolas constituyen un grupo al que no se tiene debidamente en cuenta, en parte porque al estar muy dispersos no están organizados ni representados. Esto representa un importante obstáculo que se interpone al logro del desarrollo agrícola, especialmente al desarrollo sostenible, ya que los trabajadores asalariados excluidos pudieran no sentir ningún apego por la tierra que trabajan. La mejor solución a este problema es la aceptación internacional de las normas fundamentales del trabajo de la OIT, cuyos elementos centrales son el reconocimiento de los derechos de los trabajadores a la libertad sindical y a la negociación colectiva, la eliminación de la discriminación en relación con el empleo y la ocupación, del trabajo forzoso o en régimen de esclavitud y del trabajo infantil. En el anexo se enumeran las normas del trabajo que se aplican a los trabajadores agrícolas.

Recuadro 7
¿Quiénes son los trabajadores rurales?

Los trabajadores agrícolas forman parte de la fuerza de trabajo más amplia del sector rural. El Convenio sobre las organizaciones de trabajadores rurales, 1975 (núm. 141) y otros instrumentos de la OIT definen esencia a los trabajadores rurales como toda persona:

  • asalariada:

    —    que trabaje de forma permanente, eventual, con carácter estacional o en calidad de migrante;
    —    para pequeños o grandes empleadores en el sector de la agricultura, silvicultura o la pesca;
    —    que sean remunerados por el trabajo que realizan; o

  • que trabaja por cuenta propia:

    —    arrendatarios y aparceros que trabajan la tierra o en barcos que no les pertenecen y pagan al propietario una         renta en metálico o una proporción de la cosecha;
    —    pequeños propietarios que trabajan sus propias tierras o en sus propios barcos para ganarse la vida; o

  • sin tierra o desempleada que vive en las zonas rurales.

En resumen, en este informe se consideran trabajadores rurales a todas las personas (hombres, mujeres y desafortunadamente también niños) que se dedican a la producción de cultivos, ganado y productos y servicios no agrícolas en las zonas rurales, con exclusión de los pescadores.

La agricultura sostenible mantiene vínculos evidentes con la seguridad y salud en el trabajo. El programa de la OIT sobre seguridad y salud en la agricultura promueve la idea de una agricultura sostenible respecto a la protección de los trabajadores agrícolas. Este objetivo se logra mediante la promoción de las normas fundamentales del trabajo, la erradicación de la pobreza, el acceso a un empleo decente, la participación de los empleadores y trabajadores en la prevención de riesgos profesionales, la mejora de las condiciones de trabajo y la protección del medio ambiente de los efectos de las actividades desarrolladas en los lugares de trabajo. La OIT participa activamente en la aplicación de las recomendaciones formuladas por la Cumbre para la Tierra en el capítulo 19 del Programa 21, que se refieren a una gestión de los productos químicos tóxicos favorable al medio ambiente. El papel de la OIT en la agricultura sostenible se afirmó explícitamente en el octavo período de sesiones de la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible cuando «los participantes propugnaron [...] el apoyo de la CDS a las normas internacionales que incorporan las normas fundamentales del trabajo contenidas en los instrumentos pertinentes de la OIT»[15].

Modernización de la agricultura

La «modernización» de la agricultura presenta por lo menos cuatro facetas: i) el incremento de los niveles de productividad por medio de la utilización de una tecnología mejor; ii) la diversificación hacia unas explotaciones más dinámicas; iii) la orientación hacia sistemas de tenencia más durables; y iv) garantizar la adopción de normas fundamentales del trabajo de la OIT, como elemento del desarrollo sostenible. En esta sección se examinan las tres primeras cuestiones y la última se examina en el capítulo 4 del informe.

Productividad y tecnología

Actualmente el sector agrícola cuenta con una enorme red tecnológica, que abarca desde las máquinas más corrientes, los insumos químicos y los sistemas de regadío hasta la ingeniería genética y los dispositivos de control de insumos por ordenador. Esta última tecnología, que ya está dejando su impronta en los países desarrollados (véase el recuadro 8), dista mucho de estar al alcance del 70-80 por ciento de la población de los países en desarrollo que todavía dependen de la azada y del cubo de agua como aperos básicos, aunque habida cuenta de la disminución de los costos tecnológicos y la infraestructura ya instalada (satélites, programas informáticos) cabe esperar que estas tecnologías «den un salto» y sean adoptadas en las grandes explotaciones agrícolas de los países en desarrollo, como ya está ocurriendo (véase el recuadro 8).

Recuadro 8
Tecnología de la información y agricultura: el futuro ya está aquí

Los progresos futurísticos de la tecnología de la información están ya aplicándose en las explotaciones agrícolas en los países desarrollados. La mayoría de las aplicaciones tienen que ver con la «agricultura de precisión». En una versión, los mapas digitales generados por satélites (Sistema Mundial de Determinación de Posición), mediciones de la producción mediante «controladores de rendimiento» adaptados a las cosechadoras, y las muestras de tierra obtenidas manualmente se combinan para elaborar las características concretas del terreno y facilitar la aplicación específica de productos químicos. En otras, se utilizan sensores conectados a diversas partes de la planta para regular, mediante un sistema de control automatizado, funciones tales como el riego y las concentraciones de gas en la atmósfera.

La tecnología de la información puede también modificar la agricultura en los países en desarrollo. En la India, en donde se han logrado progresos notables de importancia mundial en el ámbito de la tecnología de la información en «Silicon Plateau», se han adoptado recientemente medidas para conectar a las zonas rurales. El 1.º de diciembre de 1999, el Primer Ministro de Karnataka, al sur de la India, instaló servicios de videoconferencia en nueve de sus distritos. Lo primero que preguntó a uno de los recaudadores de distrito fue: «¿cuánto cuestan hoy los tur daal en Gulbarga?» (tur daal: lentejas, principal fuente de proteínas en la India). Los ámbitos de aplicación prioritarios de la tecnología de la información en la India serán la agricultura, la atención primaria de la salud, los servicios de salud reproductiva y las comunicaciones de bajo costo. «El gobierno electrónico cambiará la forma de funcionar del Gobierno», dijo el Primer Ministro.

En otra importante iniciativa, los habitantes de Siddapur, India, aldea que fue trasladada a otro lugar después de haber sido anegada por el embalse hace 15 años, conectaron los ordenadores comprados con sus propios recursos a la red Internet, proporcionada gratuitamente por una empresa local. «Estamos orgullosos de ser propietarios de un ordenador conectado a Internet» fue el primer mensaje que enviaron al Primer Ministro de Andhra Pradesh. Anunciar los precios del arroz y de la cúrcuma, como se prometió, debería impedir la actual estafa endémica de comerciantes sin escrúpulos.

Una utilización importante de la tecnología de la información en los países en desarrollo podría ser controlar la situación alimentaria después de un desastre natural, como ocurrió en Venezuela después de las tormentas de diciembre de 1999. Se estableció una Red de Emergencia Intranet, con la asistencia de la FAO, para proporcionar información sobre los daños causados a la agricultura y sobre las necesidades de emergencia. Todos los ministerios de Gobierno competentes, los organismos internacionales y las organizaciones no gubernamentales pueden acceder a Intranet. Las actualizaciones periódicas contribuirían a controlar las cosechas y atenuar las crisis futuras.

Fuentes: Agriculture and technology, op. cit., pág. 7; India Today (New Delhi), 27 de diciembre de 1999; The Times of India (Mumbai), 19 de abril de 2000; y FAO en http://www.fao.org/news/2000/000104/2.htm.

Sin duda, los cultivos transgénicos tienen muchas posibilidades de «dar este salto»; dada su importancia en cuanto a los niveles de empleo, aumentos del rendimiento y posibles riesgos, se examinan con más detalle en el capítulo 4 del informe.

La tecnología ha avanzado tanto en los países desarrollados que ya no se habla de «agricultura» sino de «agroindustria» para referirse a la cadena que abarca el suministro de insumos, la producción, la transformación y la venta al por menor. Los agricultores representan sólo una pequeña parte de la cadena. Ya en 1950, el valor de las agroindustrias en el mundo representaba un valor de 420.000 millones de dólares de los Estados Unidos, del que sólo un tercio correspondía a los agricultores; hacia el año 2028 el mercado podría alcanzar un valor de 10 billones de dólares, del que sólo un décimo correspondería a los granjeros[16]. La tendencia fundamental es la consolidación de los sectores de suministro, transformación y venta al por menor. La agricultura propiamente dicha en estos países tiene cada vez menos vínculos con la tierra (véase el recuadro 9).

Recuadro 9
Agricultura: ¿el futuro en todo el mundo?

«Para disipar cualquier ilusión bucólica que pudiera persistir sobre la agricultura actual (en los países desarrollados), dese una vuelta por el «paraíso de los cerdos». Este pedazo de tierra de diez millas de extensión al norte de Ames, Iowa, produce casi un décimo del ganado porcino de América. Pero no se ve ni un solo animal. Se crían para carne hasta 4.000 cerdas al mismo tiempo en enormes naves de metal, sus dietas se controlan cuidadosamente, y sus cuidadores se duchan y visten como cirujanos para evitar infectar al ganado... O visite las explotaciones agrícolas del Mato Grosso al suroeste del Brasil. Aquí las plantaciones de soja de un sólo propietario se pueden extender hasta 60.000 hectáreas, y a un agricultor le puede llevar un día conducir ida y vuelta su cosechadora por un campo. O paséese por un invernadero gigante al sur de Amsterdam, en donde el cuidado de 280.000 rosales se efectúa mediante sistemas controlados por ordenador y sólo de vez en cuando los manipulan personas especialmente hábiles y adiestradas.»

Fuente: Agriculture and technology, op. cit.

Las cuestiones tecnológicas a las que se enfrentan la mayor parte de los agricultores del mundo son mucho más triviales: cómo aprovechar mejor el agua extraída de pozos de sondeo distantes, cómo hacer que alcance el abono, cómo pasar de la azada al arado. Existen correlaciones bien establecidas entre la utilización de estos insumos y el rendimiento, como se muestra en los próximos tres cuadros empezando por el cuadro 2, que establece los rendimientos por orden jerárquico, tomando los cereales como grupo de alimentos representativo por su mayor predominio en todo el mundo («las raíces y tubérculos», segundo grupo de alimentos más importante, se circunscribe mucho más al cinturón del trópico).

Cuadro 2.  Rendimiento de cereales por hectárea, kg/hectárea, 1999 e índice de 1999 (1975=100)


 

Rendimiento
(kg/hectárea)

Indice de 1999
(1975=100)


Mundo

3.043

159,2

Africa desarrolladaa

2.260

139,0

Africa en desarrollo

1.159

115,1

Asia desarrolladab

5.720

99,3

Asia en desarrollo

3.215

177,3

Europa oriental

3.482

119,0

Europa occidental

5.512

170,5

América del Norte

5.125

161,3

Oceanía

1.982

137,2

América del Sud

2.891

180,0


Notas: a Sudáfrica; b Israel, Japón.
Fuente: Estadísticas de la FAO, 1999.

La producción mundial de cereales por hectárea aumentó un 59 por ciento en el último cuarto de siglo, registrándose los mayores aumentos en Sudamérica (un 80 por ciento) y Asia (un 37 por ciento) (véase el cuadro 2). Los países africanos quedaron a la zaga, quizás por problemas relacionados con la modernización de sus cultivos tradicionales de cereales (el sorgo y el mijo)[17]. La producción aumentó mucho en Europa oriental hasta 1999, después de esta fecha disminuyó bruscamente y ahora se está recuperando lentamente, lo que refleja las perturbaciones económicas provocadas por los cambios estructurales en estas economías en transición.

Los países desarrollados de Asia (Japón e Israel) registran la mayor producción de cereales del mundo, pero su nivel se ha estancado desde 1975. La producción en América del Norte y Europa oriental aumentó considerablemente durante el período y actualmente se está acercando a la de los países desarrollados de Asia. El nivel de producción de Africa (todos los países excepto Sudáfrica) se sitúa a sólo un tercio del de los países de Asia en desarrollo. Estas disparidades se explican mejor a través de las diferencias en la utilización de sistemas de regadío, maquinaria moderna e insumos químicos (véanse los cuadros 3 y 4).

Cuadro 3.  Insumos agrícolas


 

Tierras de regadío
(% de tierras de cultivo)

 

Consumo de abonos (100 gramos por hectárea de tierra cultivable)

 

Maquinaria agrícola


 

 

 

Tractores/1.000 trabajadores agrícolas

 

Tractores/hectáreas
de tierra cultivable

 


 


 


 


 

1979-1981

1994-1996

 

1979-1981

1994-1996

 

1979-1981

1994-1996

 

1979-1981

1994-1996


Mundo

16,6

17,4

 

867

941

 

19

20

 

172

187

Asia oriental y Pacífico

 

2.444

3.076

 

2

2

 

55

61

Europa y Asia central

9,7

 

810

 

67

103

 

223

172

América Latina y el Caribe

9,8

11,2

 

786

931

 

25

34

 

95

112

Oriente Medio y Norte de Africa

23,6

31,1

 

605

992

 

12

24

 

61

118

Asia meridional

27,8

37,2

 

918

1.370

 

2

5

 

26

83

Africa subsahariana

3,6

3,8

 

419

576

 

3

2

 

23

18

Europa (UEM)

 

1.949

2.343

 

451

812

 

888

953


Fuente: Banco Mundial: World Development Indicators, 1999.

Cuadro 4.  Tasa de crecimiento de tractores y tierras de regadío, 1975-1997,
y proporción mundial en 1997


 

Tasa de crecimiento, 1975-1997
(% por año)

 

Porcentaje del total mundial, 1997

 


 


 

Tractores

Tierras de regadío

 

Tractores

Tierras de regadío


Países en desarrollo

5,2

1,7

 

24,5

75,2

       Africa

3,4

1,5

 

1,7

4,1

       Asia

6,7

1,7

 

16,7

64,3

       Sudamérica

3,2

2,2

 

4,9

3,7

Países desarrollados

0,8

1,3

 

75,5

24,8

Mundo

1,5

1,6

 

100,0

100,0


Fuente: estadísticas de la FAO, 1999.

El regadío está mucho menos desarrollado en Africa que en cualquier otra parte del mundo, con una proporción de tierras de regadío en relación con el total de tierras de cultivo de sólo un quinto del total mundial a mediados del decenio de 1990 y sólo un décimo de la de Asia meridional (3,8 por ciento en Africa frente a 17,4 y 37,2 por ciento respectivamente; véase el cuadro 3). El consumo de abonos fue inferior a un quinto (18,7 por ciento) del de la región de Asia oriental y del Pacífico, y la utilización de tractores fue de un tercio frente a un cuarto en Asia.

Sin duda, Asia se situó a la cabeza del mundo en lo que respecta al regadío, con aproximadamente dos tercios de las tierras de regadío del mundo en 1997[18]. Pese a ello, Asia experimentó el mayor crecimiento de tierras de regadío de todos los países en desarrollo — 1,7 por ciento al año en 1975-1997. Asimismo, en esta región se dio el ritmo más rápido de mecanización, con una tasa de crecimiento de tractores del 6,7 por ciento anual frente al 5,2 por ciento para los países en desarrollo en su conjunto y un 3,3 por ciento para Africa y Sudamérica. La mecanización se produjo en su mayor parte en los países en desarrollo, en donde el número de tractores se triplicó en 1997 respecto de 1975, el de cosechadoras/trilladoras aumentó 4,4 veces y el de ordeñadoras ocho veces. Aun así, en 1997, los países desarrollados poseían el 75 por ciento de tractores, el 80 por ciento de cosechadoras/trilladoras y el 5 por ciento de ordeñadoras de todo el mundo. A medida que progresen los países más pobres, sin duda estos porcentajes cambiarán a su favor. Se debe velar por que los riesgos profesionales y ambientales que entraña la mayor utilización de máquinas y pesticidas, no malogren los beneficios que aporta el incremento de la producción. Esta cuestión se trata con mayor detalle en la sección del capítulo 4 correspondiente a la seguridad y salud en el trabajo.

Diversificación de las exportaciones

Una forma de modernizar la agricultura es introducir cultivos «dinámicos» para la exportación, siendo los más importantes hasta la fecha los frutos, flores, hortalizas y especias. De todos ellos, la floricultura ha sido el que más éxito ha tenido, en buena parte gracias a los avances en las técnicas de transporte y las nuevas disposiciones de comercialización así como otros factores del proceso de mundialización, tales como las inversiones extranjeras directas y la transferencia de conocimientos técnicos (véase el recuadro 10). La mayoría de los nuevos participantes en esta industria ha alcanzado sistemáticamente un crecimiento de dos dígitos[19]. Sin embargo, un inconveniente es la exclusión de los pequeños agricultores debido a las elevadas necesidades de capital que requiere la industria para invernaderos, almacenamiento en frío e importación de materiales y personal. Su participación, quizás en forma de pequeñas explotaciones, debería ser una vertiente de la estrategia para incrementar la expansión de la industria. Esto requeriría, entre otras cosas:

La expansión de la industria también requeriría reducir al mínimo las condiciones de trabajo peligrosas y los daños ambientales resultantes del uso necesariamente intensivo de productos agroquímicos en la producción de flores. Esta cuestión se trata con mayor detalle en el capítulo 4, en la sección sobre iniciativas privadas voluntarias.

Recuadro 10
Ramos de Colombia

La clasificación de Colombia como segundo exportador de flores más importante del mundo ilustra los efectos de las fuerzas de mundialización en los sistemas de producción. Hace 30 años el cultivo de flores en Colombia era simplemente una actividad doméstica y los Estados Unidos obtenían la mayor parte del suministro de flores de sus propias explotaciones. A mediados del decenio de 1970, la fuente de suministros se trasladó a Colombia, debido fundamentalmente a la disminución de los costos del flete aéreo y del almacenamiento y a las inversiones efectuadas por Floramerica, empresa estadounidense. Las empresas locales siguieron el ejemplo de Floramerica, a menudo con la ayuda del personal de esta última. El Gobierno facilitó la expansión mediante la eliminación de obstáculos normativos. El valor de las exportaciones en 1965 alcanzaba la cifra modesta de 20.000 dólares y hacia 1996 ascendió a un total de 500.000 millones de dólares, lo que representa aproximadamente el 5 por ciento de las exportaciones totales de Colombia.

Fuente: Stefano Farné. 1998. «Employment and working conditions in the Colombian flower industry», Programa de Actividades Sectoriales, documento de trabajo núm. 129 (Ginebra, OIT, 1998); y J.A. Mendes: «The development of the Colombian cut flower industry», Policy, Research and External Affairs Working Papers (Washington, DC, Banco Mundial, 1991).

Tenencia de tierras

Sólo se podrá pasar a una agricultura sostenible y altamente productiva si todos los actuales usuarios de la tierra así como sus descendientes tienen garantías de beneficiarse plenamente de las prácticas favorables al medio ambiente. Para ello, es indispensable la seguridad de tenencia, dado que muchas prácticas de preservación sólo empiezan a ser rentables a largo plazo. Una condición previa es el acceso de los grupos marginados de las zonas rurales a la propia tierra. Por consiguiente, la «modernización» de la agricultura mediante la utilización de tecnologías sostenibles requiere que se lleven a cabo unos esfuerzos paralelos encaminados a modernizar los sistemas de tenencia, entendida como la división de los derechos y responsabilidades del propietario y del usuario entre el Estado, los individuos, las comunidades y otras entidades[20]. La cuestión es complicada y controvertida. Complicada por los diferentes sistemas de tenencia que existen, y controvertida porque — por definición — los cambios en los derechos sobre la tierra se topan con los intereses creados.

Los sistemas de tenencia de tierras varían muchísimo y abarcan desde la tenencia en común por grupos de personas emparentadas hasta la tenencia en propiedad privada por individuos y la propiedad de plantaciones. También existe la propiedad estatal, aunque actualmente está disminuyendo. Asimismo, existe una amplia variedad de regímenes de tenencia que permiten a los trabajadores sin tierras acceder a la tierra y comprenden desde el pago de una renta en metálico a contratos de trabajo de aparcería y trabajo en régimen de servidumbre. El problema que presentan algunos sistemas de tenencia es la ventaja injusta que disfrutan los terratenientes, que agrava el problema general de la exclusión de grupos marginados del acceso a la tierra.

La distribución desigual de la tierra es el denominador común de ambos problemas y una manifestación extrema es la concentración histórica de la propiedad de grandes extensiones de tierra en unas cuantas manos en América Latina, aunque también es corriente en las demás regiones en desarrollo, como se demostró recientemente en la lucha por la tierra en Zimbabwe. De los 44 países de los que la FIDA disponía de datos, en 28 de ellos el índice de desigualdad de Gini[21] era superior a 0,5, lo que significa que el 10 por ciento de grandes terratenientes poseía cerca de un 40 por ciento de la tierra. Si bien la distribución de la tierra es necesaria y ha sido una recomendación constante en todos los informes que tratan de la agricultura, se pueden aplicar otras medidas menos drásticas para mejorar el acceso de los pobres a la tierra, como por ejemplo la privatización de tierras en régimen consuetudinario; el asentamiento de familias en nuevas tierras, y el establecimiento de derechos individuales de usufructo. Esta última medida es especialmente necesaria en los países de Asia en que, por la creciente escasez de tierras, los arrendatarios pagan, a veces, hasta el 50 por ciento de sus cosechas en concepto de alquiler. Sin embargo el monto más corriente es un 25 por ciento, lo que refleja la aplicación de leyes de reforma promulgadas recientemente. Estas leyes son la mejor solución contra las extorsiones de los terratenientes.

Los regímenes de tenencia a los que nos hemos referido constituyen quizás el único y más importante obstáculo para el progreso del sector agrícola. Sin embargo, cabe señalar que se han observado algunos progresos desde la Cumbre para la Tierra (CNUMAD). Estos cambios se han producido en tres procesos paralelos[22]:

Es necesario lograr mucho más en los tres ámbitos mencionados para garantizar que las inversiones en la agricultura se realizan desde una perspectiva a largo plazo, incluso para las generaciones futuras. Los progresos que se llevan a cabo en estos ámbitos garantizarán también la inclusión de un mayor segmento de la población en el proceso de crecimiento, que es un factor indispensable para el desarrollo sostenible.


2.    Producción y resultado de las exportaciones

Producción

La producción agrícola mundial aumentó el 2,2 por ciento anual entre 1975 y 1999 (véase el cuadro 5), lo cual, habida cuenta del crecimiento de la población, implica un aumento total de alrededor del 15 por ciento por habitante. La mayor parte de ese aumento tuvo lugar en los decenios de 1970 y 1980, mientras que en los primeros cinco años del decenio de 1990 se registraron los peores resultados. De los dos componentes de la producción agrícola (productos alimenticios y productos no alimenticios), el primero aumentó casi el doble que el segundo (un 71 por ciento y un 36 por ciento respectivamente).

Cuadro 5.  Resultados de la agricultura, 1975-1999


 

Indice 1999 (1975=100)

Tasa de aumento, 1975-1999 (% por año)

 



 

Agricultura

Productos alimenticios

Productos no alimenticios

Agricultura

Productos alimenticios

Productos no
alimenticios


Mundo

168

171

136

2,2

2,2

1,3

Países desarrollados

118

120

93

0,7

0,7

-0,4

Países en desarrollo

225

231

164

3,4

3,5

2,1

    Africa

181

185

139

2,5

2,6

1,4

    Asia

246

250

198

3,8

3,9

2,9

    América del Sur

204

214

103

3,0

3,2

0,1

Europa oriental

95

98

38

0,0

0,0

-4,0

Europa occidental

124

125

121

0,9

0,9

2,0

América del Norte

147

147

143

1,6

1,6

1,5


Fuente: Estadísticas de la FAO, 1999.

Los resultados de los países en desarrollo fueron mucho mejores que los de los países desarrollados, con niveles de crecimiento del 125 y el 18 por ciento anual respectivamente (véase el cuadro 5). Así, pues, la estructura mundial de la producción de alimentos cambió de tendencia: por ejemplo, la parte de la producción de cereales correspondiente a los países en desarrollo, que era inferior al 50 por ciento en 1975, llegó al 59 por ciento en 1999, la de la producción de carne aumentó del 29 al 48 por ciento, y la de aves y huevos pasó del 30 por ciento al 51 y 66 por ciento respectivamente.

El crecimiento fue especialmente importante en Asia, donde la producción aumentó un 146 por ciento para la agricultura en su conjunto y un 150 por ciento para la subcategoría de alimentos, lo cual implica un aumento del 60 por ciento por habitante. Si bien es cierto que la mejora de las variedades de semillas, la irrigación y los insumos químicos contribuyeron a alcanzar esos resultados, no hay que subestimar los efectos de la liberalización, especialmente en China, India y Viet Nam.

El crecimiento fue también sustancial en América del Sur, particularmente en la producción de alimentos, donde el aumento fue del 114 por ciento o del 36 por ciento por habitante. Africa sobresale una vez más en sentido negativo, ya que la producción de alimentos disminuyó en un 3,2 por ciento. Aunque habitualmente se atribuye ese fracaso a las políticas internas, las repercusiones de las sequías deben haber sido considerables (véase el recuadro 11) y el SIDA tiene también graves repercusiones en la agricultura: aumento del ausentismo y un número cada vez mayor de hogares encabezados por mujeres y niños trabajadores en el sector agrícola. La población activa está disminuyendo en muchos países africanos como resultado de esta temible enfermedad (véase el recuadro 12). En Europa oriental, la producción de alimentos por habitante disminuyó aún más que en Africa: el 8,5 por ciento. En el mundo industrializado, tras un modesto crecimiento hasta 1990, la producción agrícola se estancó en Europa occidental, pero mantuvo su tendencia ascendente en América del Norte, donde hubo un 47 por ciento de aumento total, y un 20 por ciento a partir de 1990.

Recuadro 11
La sequía en Africa

La sequía es un hecho corriente y cada vez más frecuente en Africa. Entre 1985 y 1992, cuatro a cinco países africanos sufrieron sequías cada año (en ese período se registró un total de 53 sequías). Desde entonces, el número ha aumentado: en 1995 se registraron sequías en 16 países. Etiopía tuvo diez sequías entre 1980 y 1997, Botswana tuvo ocho y Cabo Verde siete, mientras que 19 países, la mayoría de ellos situados en la zona del Ecuador, no tuvieron nunca una sequía.

    Número de países que tuvieron sequías:

1985              4                        1992                12

1986              2                        1993                  4

1987              5                        1994                  6

1988              3                        1995                16

1989              3                        1996                  6

1990              2                        1997                11

1991              1                                                  

Países que registraron más de cinco sequías entre 1980 y 1997: Etiopía (10), Botswana (8), Cabo Verde (7); Níger (7), Chad (6), Zambia (6), Zimbabwe (6) y Argelia (6).

Fuente: Banco Mundial: African Development Indicators, 1998/99, véanse los cuadros 8-14 y los gráficos 8-5.

 

Recuadro 12
Dos países y dos imágenes del SIDA

En un informe preparado para la Novena Reunión Regional Africana (diciembre de 1999) se incluyó una evaluación de las repercusiones del SIDA en la población activa de Zimbabwe y Togo. Se llegó a la conclusión de que «el impacto» era «muy severo» y «tendería a aumentar la morbilidad y la mortalidad y a reducir la población y la fuerza de trabajo». En dicho informe se estima que en Zimbabwe — donde la incidencia del SIDA en la población adulta se situaba en el 21 por ciento en 1997 — la población activa será un 17,5 por ciento inferior en el año 2015 de lo que habría sido si no se hubiera producido la epidemia de SIDA, con un aumento del 40 por ciento en lugar del 68 por ciento previsto. En Togo, donde la incidencia del SIDA se sitúa en el 7 por ciento, se pronostica en el informe que la población activa será un 4 por ciento menor durante el mismo período, con un aumento del 65 por ciento en lugar del 70 por ciento previsto.

Fuente: OIT: Acción contra el VIH/SIDA en Africa: Una iniciativa en el contexto del mundo del trabajo (Ginebra, 2000).

Exportaciones agrícolas

El comercio mundial de productos agrícolas registró una tasa de crecimiento anual del 5,6 por ciento entre 1975 y 1998, lo cual implica un aumento del 3,5 por ciento en términos globales (véase el cuadro 6). No obstante, tal como puede suponerse, el crecimiento se distribuyó de manera desigual: Europa oriental y los países asiáticos en desarrollo volvieron a tener los mejores resultados y el Africa subsahariana los peores. El resultado final de las tendencias que reflejan esos resultados fue una disminución del porcentaje de las exportaciones agrícolas mundiales correspondiente a los países en desarrollo: del 32 por ciento en 1975 bajó al 30 por ciento en 1998 (el aumento registrado en Asia fue contrarrestado por las pérdidas registradas en el Africa subsahariana y en América Latina y el Caribe). Las exportaciones agrícolas mundiales en su conjunto constituyeron el 10,5 por ciento del total de las exportaciones a finales del decenio de 1990, un porcentaje netamente minoritario, que refleja la tendencia descendente registrada durante muchas décadas. Los países de América Latina y el Caribe dependieron en gran medida de las exportaciones agrícolas, que constituyeron en este caso el 23,8 por ciento del total de las exportaciones, un porcentaje incluso superior al registrado en Africa (19,5 por ciento).

Cuadro 6.  Resultados de las exportaciones, 1975-1998


 

Tasa de aumento
1975-1998
(% por año)

 

Participación de las regiones
en las exportaciones agrícolas
mundiales (en porcentajes)



 

Participación de las exportaciones agrícolas
en el total de las exportaciones en 1998 (en porcentajes)

 

 

 

1975

1998

 

 


Mundo