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Coloquio sobre las tecnologías de la información en las industrias
de los medios de comunicación y del espectáculo:
sus repercusiones en el empleo, las condiciones de trabajo y las relaciones
laborales
Nota sobre las labores
Ginebra, del 28 de febrero al 3 de marzo de 2000
Oficina Internacional del Trabajo Ginebra
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Fotografía por Norman Jennings, OIT
El Coloquio sobre las tecnologías de la información en las industrias de los medios de comunicación y del espectáculo: sus repercusiones en el empleo, las condiciones de trabajo y las relaciones laborales tuvo lugar en la Oficina Internacional del Trabajo, en Ginebra, del 28 de febrero al 3 de marzo de 2000.
La Oficina elaboró un documento informativo[1] de base para las discusiones del Coloquio. En dicho documento se destacaron las tendencias mundiales en relación a las tecnologías de la información (TI) en las industrias de los medios de comunicación y del espectáculo, así como su conexión con la globalización, la privatización, la reestructuración, la convergencia de los medios de comunicación múltiples (multimedia) y las fusiones desde el punto de vista de la transformación experimentada por estas industrias, principalmente en los países industrializados y en menor medida en los países en desarrollo. Se centró, asimismo, en las repercusiones de tales efectos de esos procesos en: el empleo, las ocupaciones, la organización del trabajo, las necesidades de formación y capacitación, la seguridad y salud, la piratería del derecho de autor, el diálogo social, los acuerdos contractuales y la protección social.
Al Coloquio asistieron los representantes gubernamentales de 17 países: Alemania, Argelia, Brasil, Canadá, China, Egipto, Eslovaquia, España, Estados Unidos, Filipinas, Francia, India, Luxemburgo, México, Reino Unido y Ucrania; 21 miembros empleadores y 18 miembros trabajadores.
El Consejo de Administración designó al Sr. Payaman J. Simanjuntak, representante gubernamental de Indonesia en el Consejo de Administración, para representar y presidir el Coloquio. Los tres Vicepresidentes elegidos por el Coloquio fueron: el Sr. Arnold Powers (Canadá) del Grupo Gubernamental, el Sr. Jean-Pierre Lehr del Grupo de los Empleadores y el Sr. Tony Lennon del Grupo de los Trabajadores.
Los Grupos eligieron su Mesa Directiva como sigue:
Grupo Gubernamental
Presidente: |
Sr. Zhang Jungfeng (China) |
Secretario: |
Sr. Sylvio Coelho (Consejero, Brasil) |
Grupo de los Empleadores
Presidente: |
Sr. Walter Durling |
Secretario: |
Sr. Jean Dejardin (Organización Internacional de Empresarios(OIE)) |
Asistido por: |
Sr. George James (OIE) |
Grupo de los Trabajadores
Presidente: |
Sr. Chris Warren (Federación Europea de Periodistas (FIP)) |
Secretario: |
Sra. Katherine Sand (FIP) |
Un observador de la Comisión Europea asistió al Coloquio, al igual que los observadores de las siguientes organizaciones no gubernamentales: la Unión Europea de Radiodifusión, la Confederación Internacional de Sindicatos Libres, la Federación Internacional de Actores, la Federación Internacional de Periodistas, la Federación Internacional de Músicos, la Federación Internacional de Mujeres Universitarias, la Organización Internacional de Empleadores, la Liga Europea de Asociaciones de Empleadores del Sector de las Artes Interpretativas, Unión Internacional en Red (UNI) y la Confederación Internacional del Trabajo.
El Secretario General del Coloquio fue el Sr. Oscar de Vries Reilingh, y la Secretaria General Adjunta fue la Sra. Cleopatra Doumbia-Henry, Director y Directora Adjunta, respectivamente, del Departamento de Actividades Sectoriales de la OIT. El Sr. John Myers fue el Secretario Ejecutivo y los expertos fueron la Sra. Gabriele Ullrich, el Sr. Hubertus Essenberg, la Sra. Leyla Tegmo-Reddy y el Sr. John Sendanyoye. La Sra. Meybud, de la Unidad Central de Apoyo, del Sector de Diálogo Social, fue la Secretaria de Actas del Coloquio.
El Presidente dio la bienvenida a los participantes y resaltó la gran actualidad del tema tratado en el Coloquio. El desarrollo masivo de las tecnologías de la información y de la comunicación había llevado a la promoción de nuevos mercados, a la reestructuración y a la tendencia hacia una industria integrada. Esto se había combinado con la liberalización del mercado y la globalización con el fin de transformar el mundo en una «sociedad de la información» global, dando lugar a ingresos espectaculares, al crecimiento del empleo, a más democracia y a un examen más detallado de los asuntos públicos y la política. Si las industrias de los medios de comunicación y del espectáculo iban a jugar un papel importante en la creación de empleo y aumento de los ingresos se tenían que encontrar soluciones a diversos problemas, como los efectos desiguales de las tecnologías de la información y la globalización mundial; la escasa calidad comparativa de los puestos creados; la naturaleza de las relaciones laborales; las condiciones generales de trabajo, la remuneración, la formación y otras prácticas de recursos humanos en el sector; los problemas de seguridad y salud; los convenios colectivos relativamente frágiles; la continua piratería de los derechos de autor y los asuntos de género. El Coloquio debía elaborar sugerencias prácticas para la futura acción de la OIT respecto a estos temas.
La Sra. Hagen, Directora Ejecutiva del Sector del Diálogo Social de la OIT, dio la bienvenida a los participantes y declaró que el Coloquio debía constituir un evento en el que compartir información sobre el efecto de las tecnologías de la información en el empleo, las condiciones de trabajo y las relaciones laborales del sector de los medios de comunicación y del espectáculo. Los debates harían referencia a otros problemas laborales, así como al cambiante papel y al ámbito del diálogo y la negociación colectiva respecto al empleo, los acuerdos contractuales para un trabajo decente y la protección social. Dicho cambio iba tan rápido que las líneas de demarcación existentes entre la edición, la imprenta, la radio y la teledifusión y el espectáculo estaban desapareciendo. Los puestos eran, en muchos aspectos, distintos a los de la década anterior, se exigían distintas cualificaciones y por ello las relaciones de trabajo también estaban cambiando. Como los empleadores eran cada vez con mayor frecuencia multinacionales o corporaciones de multimedia, estaban disminuyendo los empleos permanentes o los protegidos por convenio colectivo. Las fusiones y adquisiciones supusieron a menudo pérdidas de empleo, mientras que la escasa influencia de las consultas bipartitas o tripartitas habían contribuido a una mayor inseguridad laboral y al deterioro general de las relaciones de trabajo. La oradora subrayó la importancia de las industrias de los medios de comunicación y del espectáculo para la sociedad democrática y señaló su papel en la lucha contra el apartheid en Sudáfrica. Por un lado, la tecnología estaba contribuyendo a crear una sociedad de la información cada vez más mundializada, en la que los países eran más interdependientes, pero por otro lado, intensificaba la diferencia entre ricos y pobres. Existía una relación entre la pobreza y el escaso acceso a los medios de comunicación y a la comunicación, mientras que los bajos niveles de educación y calificación y la inadecuada inversión estaban intensificando la «división digital». Se requerían políticas de mejora del acceso a Internet por parte de los países en desarrollo y todos aquellos que lo requiriesen. La información y las tecnologías de la comunicación debían ofrecer posibilidades de adaptación de los procesos de consulta y el diálogo social para garantizar un trabajo decente para todos. La libertad de expresión y la libertad sindical en el seno de las propias industrias resultaban necesarias y debían ampliarse a los trabajadores de los nuevos puestos y a los nuevos empleadores. Todo ello debía intensificar las labores de la OIT con las empresas multinacionales, a través de sus interlocutores sociales, para fomentar un diálogo social constructivo a nivel internacional.
La Sra. Hagen comunicó a los participantes las reformas introducidas por el Director General de la OIT, el Sr. Juan Somavia, para modernizar la Organización y examinar más adecuadamente los problemas de los mandantes. De ahora en adelante los esfuerzos y recursos se iban a centrar en cuatro objetivos principales. El primero, se refería a los principios fundamentales y a los derechos en el trabajo, lo que reconocía y reafirmaba el mandato histórico de la OIT sobre su primera misión de promover la justicia social y la dignidad en el trabajo. Este objetivo insistía en la promoción de la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo y su seguimiento, adoptada unánimemente por la Conferencia Internacional del Trabajo en 1998, y que establece una serie de principios pertinentes, asimismo para las industrias de los medios de comunicación y del espectáculo. El segundo objetivo estratégico consistiría en la promoción del empleo para hombres y mujeres como fase esencial para luchar contra la pobreza. La participación de las mujeres en las industrias de los medios de comunicación y del espectáculo estaba aumentando, pero muchos de los puestos que ocupaban eran precarios y de carácter informal. Se tenían que conseguir ofertas de empleo equitables y duraderas para un trabajo decente de hombres y mujeres. La protección social constituía el tercer objetivo. Dado que la globalización y la reestructuración estaban llevando al crecimiento del trabajo atípico o independiente, del teletrabajo y del sector informal, se tenían que encontrar soluciones innovadoras que asegurasen la protección social y la continuidad de un salario adecuado en momentos de transición, crisis financiera o vejez. El fortalecimiento del tripartismo y del diálogo social era el cuarto objetivo estratégico, necesario asimismo para el logro de los otros tres objetivos. En tiempos de cambio, como el presente, el diálogo social resultaba esencial a todos los niveles, y sin él, la globalización y el cambio tecnológico se enfrentaban a una resistencia a menudo fuerte y creciente. La auténtica participación de los trabajadores y empleadores en la negociación y en las consultas sobre el mundo laboral constituía un requisito esencial en las sociedades democráticas para garantizar la justicia social y la dignidad en el trabajo. El Coloquio, ejemplo por sí mismo de diálogo social incluyó en su agenda los temas relativos a los cuatro objetivos estratégicos. Unicamente a través del diálogo social eficaz se podrían solucionar los problemas de las industrias de los medios de comunicación y del espectáculo. La oradora confiaba en que los debates del Coloquio se traducirían en sugerencias prácticas para la acción de la OIT, y en una mejor comprensión del trabajo conjunto de los próximos años.
La reunión examinó el orden del día. Según lo dispuesto en el artículo 7 del Reglamento para las Reuniones Sectoriales, la Mesa Directiva presidió la reunión.
El portavoz del Grupo de los Empleadores fue el Sr. Durling y el Sr. Warren del Grupo de los Trabajadores.
La reunión se desarrolló en ocho sesiones dedicadas al debate de los temas que figuraban en el orden del día.
En su sexta sesión plenaria, según los dispuesto en el artículo 13, párrafo 2 del Reglamento, la reunión constituyó un Grupo de Trabajo para la preparación del proyecto de conclusiones que reflejaría las opiniones expresadas durante los debates del Coloquio. El Grupo de Trabajo, presidido por el Sr. Simanjuntak, Indonesia, estaba compuesto de los siguientes miembros:
Miembros gubernamentales
Alemania: |
Sr. Käppler |
Argelia: |
Sr. Benbouzid |
Canadá: |
Sr. Powers |
Egipto: |
Sr. Shawki |
India: |
Sra. Paul |
Miembros empleadores
Sr. Bates |
Sr. Durling |
Sr. Khurshid Aizid |
Sr. Lehr |
Sr. Rübenach |
Miembros trabajadores
Sr. Lennon |
Sra. Nelson |
Sra. Rodríguez |
Sra. Sand |
Sr. Warren |
El informe preparado por la OIT para el Coloquio fue presentado por el Secretario Ejecutivo, quien confirmó que la «sociedad de la información» era una realidad. El material relativo a los medios de comunicación y del espectáculo estaba invadiendo a gran velocidad los hogares, lugares de trabajo y escuelas, de formas diversas. La próxima generación de la tecnología iba a permitir una elección virtualmente ilimitada de imágenes y sonido digital. Seguirían surgiendo nuevos mercados cinematográficos, programas de televisión y servicios adicionales de Internet. Las tecnologías de la información, junto a la globalización, la privatización, la reestructuración, la convergencia de multimedia y las fusiones, habían transformado de forma sustancial las industrias de los medios de comunicación y del espectáculo en los países industrializados, y en menor medida, en los países en desarrollo. Las corporaciones globales dominaban la industria mundial, éxito que iba a menudo acompañado de la concentración de mercados, la debilitación de las empresas y culturas locales, la reducción de la influencia sindical y una mayor normalización. Estas tecnologías ofrecieron empleo de naturaleza y calidad distintas a las de puestos anteriores, lo que colaboró a la creación de nuevos productos, nuevas modalidades de trabajo y nuevas ocupaciones, a la vez que aumentaba la productividad y la calidad técnica.
La tecnología provocó asimismo la pérdida de empleo, el desplazamiento de trabajadores y la sustitución de las tecnologías y las capacitaciones anteriores, aunque con diferente intensidad según fueran países industrializados o en desarrollo. Las tecnologías de la información parecían haber aumentado las ofertas de empleo para la mujer en algunos ámbitos, a pesar de significar la pérdida de los mismos por los trabajadores de edad. La mayoría de los gobiernos promocionaron las tecnologías de la información, aunque controlando el contenido de Internet, las normas sobre competencia y las fusiones de los principales actores de estas industrias. Las tecnologías de la información en los procesos cinematográficos y de teledifusión con frecuencia beneficiaron la calidad técnica y las posibilidades de elección del consumidor; sin embargo, si por un lado supusieron grandes oportunidades de empleo para los trabajadores de los medios de comunicación y del espectáculo, también suponían una amenaza por la creciente piratería.
Se esperaba que el Coloquio aportara ideas prácticas respecto a: la formación para hacer uso de la tecnología; la satisfacción de las necesidades de los empleadores, trabajadores y gobiernos; las prácticas más adecuadas desde el punto de vista de la seguridad y la salud; el compromiso de los empleadores y trabajadores de entablar el diálogo social; la mayor participación de las organizaciones de trabajadores y empleadores; la colaboración en la protección del derecho de autor y, por lo tanto, del empleo y los ingresos, y la investigación sobre los acuerdos contractuales, la seguridad social y la estadística.
El Sr. Durling, portavoz del Grupo de los Empleadores, insistió en el gran interés de los empleadores de contar con una formación en función de las exigencias del empleo. Era necesario saber cómo reciclar a los trabajadores adultos respecto a las nuevas tecnologías. Las generaciones más jóvenes se inclinaban naturalmente hacia estas tecnologías, aunque algunos países requerían la asistencia en formación de otros países más avanzados incluso para los jóvenes. Los gobiernos y los interlocutores sociales debían garantizar la financiación de la enseñanza, y en concreto, la primaria y la formación. La piratería de los derechos de autor estaba a menudo ligada a la industria en sí misma, la cual facilitó los medios de control de la utilización ilegal del material protegido por los derechos de autor. El tema de los derechos de propiedad intelectual, era, en su opinión, demasiado técnico para ser debatido por un grupo de personas principalmente orientado hacia las relaciones entre los interlocutores sociales.
El Sr. Warren, portavoz del Grupo de los Trabajadores, afirmó que era importante ir más allá de las exageraciones sobre la nueva economía y recordar unos cuantos hechos principales. Primero, para muchos trabajadores la tecnología no había cambiado mucho sus actividades: los actores seguían actuando, los músicos tocando, y los periodistas hacían lo que era habitual. En segundo lugar, existían específicas áreas del trabajo alteradas de forma esencial, pero en mayor grado a causa de antiguas prácticas corporativas y administrativas que por la nueva tecnología. La convergencia resultaba más un proceso económico y político que tecnológico. Las personas implicadas en las industrias de los medios de comunicación y del espectáculo debían entender las fuerzas productoras de tales cambios, más que caer en el simple «determinismo tecnológico». Muchos gobiernos habían cometido errores respecto a la nueva economía por no haber entendido las fuerzas que la controlan, creyendo erróneamente que era la propia tecnología. La nueva economía era cada vez más parecida a la antigua. Las antiguas industrias de los medios de comunicación y del espectáculo dominaban tanto los mercados tradicionales como los mercados en línea, ya que empleaban directamente o de manera informal al 80 por ciento de los creadores de contenido en línea, lamentablemente más mediante contingentes que acuerdos contractuales regulares y tradicionales. Como la tecnología había permitido la utilización múltiple de sus trabajos, los creativos soportaban una creciente presión para permitir a las empresas realizar reiterados beneficios, fuera del simple pago al creativo original. Junto a esto, el intento de aumentar su producción daba lugar a presiones de tiempo de trabajo y a un creciente estrés. Estos avances no estaban afectando de la misma forma a los hombres y a las mujeres. Dichos cambios exigían una respuesta rápida por parte de los sindicatos del sector e iniciativas reales por parte de la OIT y los gobiernos. La OIT debía ayudar a entender los cambios y sus fuerzas inductoras. Además de planes de acción específicos para examinar el efecto a nivel subsectorial y regional, donde se sentía a diario, la OIT jugaba un papel clave en el desarrollo de un auténtico diálogo social internacional, ya que las grandes corporaciones internacionales que dominaban el sector no se limitaban a las barreras nacionales.
Philip Jennings, Secretario General de la Unión Internacional en Red, informó que la UNI fue creada en enero de 2000, vinculando cuatro secretarías de comercio internacional de los medios de comunicación, la comunicación, las artes gráficas y actividades afines, como respuesta sindical regional a la constante evolución y a la rápida convergencia de sus respectivas industrias. La digitalización, la convergencia, la globalización y una campaña para el control del mercado mundial habían provocado una revolución en el trabajo, en su contenido, su establecimiento, y la forma en la que los negocios de los medios de comunicación y del espectáculo eran poseídos y gestionados. La forma de abordar estos desafíos por parte de los sindicatos debería formar parte del seguimiento del Coloquio, y las nuevas estructuras económicas corporativas deberían incluirse en la futura actividad investigadora de la OIT. Incluso si Internet parecía favorecer la diversidad, era más bien el proceso de concentración y dominio del mercado el que planteaba serias dudas sobre la libertad de expresión y la propia calidad de vida en democracia. Los mercados locales se abastecían ahora de proveedores mundiales con métodos de producción globales, y los sindicatos pretendían que los gigantes de la industria cumplieran las normas sobre derechos humanos, con la Declaración relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo y su seguimiento como punto de partida. La OIT debía examinar la posibilidad de promocionar este importante instrumento en los medios de comunicación y del espectáculo, y dirigir el reto de dar una dimensión social a la nueva economía Se necesitaba, asimismo, una estrategia de la OIT sobre el trabajo decente en las industrias de los medios de comunicación y del espectáculo. Los derechos de propiedad intelectual eran derechos laborales que merecían estar mejor situados en la labor de la OIT. La Oficina debía examinar la manera de promover las normas laborales y sociales para los trabajadores en línea y desarrollar capacidades de investigación en las tendencias de empleo de la nueva economía, como el futuro contenido y estructura del trabajo; los convenios de remuneración; el equilibrio entre hombres y mujeres; la jornada laboral; el efecto del cambio tecnológico en los trabajadores de más edad; las futuras calificaciones exigidas, y las consecuencias para la protección social dado el cambio respecto a la permanencia del empleo. Tenía asimismo que identificar nuevos programas de formación, nuevas solicitudes de educación, y las posibilidades de la educación a distancia para llenar el vacío de conocimientos. El Coloquio debía acordar los mecanismos de una estructura de diálogo social de la OIT en el sector, a la que la OIT aportaría recursos. Había que evitar la división digital, examinar los asuntos públicos, unir las economías fuertes con las débiles, y conectar a los trabajadores y sus familias con la nueva economía y su crecimiento potencial.
El Embajador Makarim Wibisono, Presidente del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), en un discurso a través de una conferencia por vídeo en directo, declaró que este Coloquio de la OIT era muy oportuno ya que la serie de sesiones de alto nivel del ECOSOC del mes de julio de 2000 se centraría en el tema: «Desarrollo y cooperación internacional en el siglo XXI: el papel de la tecnología de la información en el contexto de una economía mundial basada en el conocimiento» («Development and international cooperation in the 21st century: The role of the information technology in the context of a knowledge-based global economy»). Considerar las repercusiones del progreso de las tecnologías de la información en uno de los sectores vitales de la actual economía mundial contribuiría de forma decisiva al esfuerzo común por aprovechar los avances de la TI para el desarrollo.
Las industrias de los medios de comunicación y del espectáculo marcaron las pautas de utilización y aplicación de la tecnología de la información y las comunicaciones, ocuparon un lugar destacado entre los sectores de alcance mundial y definieron gran parte del proceso de globalización. Las repercusiones de la utilización y aplicación de la TI en el empleo era un tema de gran importancia, tema que ECOSOC abordó desde una mayor perspectiva de desarrollo, para comprobar la creación o supresión de empleos como consecuencia de la difusión y la aplicación de los progresos de la TI en la economía mundial. Un aspecto esencial era la creciente división entre los que obtenían o no beneficios de la TI.
El Embajador Wibisono se cuestionó la manera de aprovechar los beneficios de la TI para el desarrollo; cómo podía utilizarse la tecnología para eliminar las disparidades todavía existentes tanto en el interior de los países como entre ellos respecto al acceso a la información; cómo tales beneficios podían garantizar la total integración económica de los países en desarrollo y de aquellos en transición, así como su utilización más eficaz en los ámbitos de acción del sistema de Naciones Unidas. Un buen ejemplo consistía en facilitar a los pobres el acceso a la asistencia médica, o hacer la educación accesible a todos. La información necesaria para asegurar la amplia participación en el sistema de dirección se estaba haciendo accesible a la población rural y urbana de los países en desarrollo a través de propuestas innovadoras.
El orador advirtió que únicamente en el caso de que la comunidad internacional actuara en asociación con los gobiernos, donantes bilaterales y multilaterales, sector privado, ONG y otros organismos, se conseguiría que la revolución de la TI diera lugar al desarrollo socioeconómico. Si se perdía tan extraordinaria oportunidad seguirían existiendo las diferencias entre los niveles de riqueza, ingresos y desarrollo socioeconómico y tecnológico: la pobreza continuaría dominando la vida cotidiana de la mayor parte del globo.
El Embajador Wibisono dijo que era urgente garantizar el acceso a todo el mundo a través de la inversión en el desarrollo de las calificaciones y capacidades, y en especial, de los pobres; asegurar la conectividad de cada uno mediante la inversión en infraestructura digital o de cualquier otro tipo que fuera pertinente, y garantizar que el contenido de las autopistas de la información reflejen todas las perspectivas lingüísticas y culturales. Para ello se requerirán planes innovadores de movilización de recursos que impliquen a todos los actores, y en especial al sector privado, a las empresas tecnológicas y al capital-riesgo. Los recursos internacionales disponibles se debían emplear para asegurar que los países en desarrollo y aquellos en transición reciban los beneficios del desarrollo de la revolución de la TI.
El portavoz del Grupo de los Empleadores abrió la discusión general afirmando que su grupo había tenido algunas dificultades para entender el grado de preocupación sobre la seguridad y salud en el trabajo. Los avances tecnológicos disminuirían los riesgos de los trabajadores de la industria cinematográfica que interpretaban papeles peligrosos. La llegada de los sistemas informáticos activados por voz reducirían la necesidad de teclados y, por ello, los riesgos de lesiones por esfuerzos repetitivos. El teletrabajo, que su grupo desconocía, resultó seguro al realizarse en el domicilio. Reconoció que el estrés, posible causa de lesiones mentales, constituía un importante riesgo para la salud en el nuevo siglo. No obstante, se requería más información sobre el tema.
Según los empleadores, el asunto de la piratería del derecho de autor era más que nada un tema técnico ya que estaba relacionado con los acuerdos contractuales. Algunos países contaban con disposiciones legales sobre el pago y tramitación de los derechos residuales, mientras que muchos otros apenas tenían experiencia al respecto. En los países industrializados existían asociaciones protectoras de los derechos de sus miembros.
El portavoz suplente del Grupo de los Trabajadores, el Sr. Lennon, afirmó que su grupo otorgaba gran importancia al tema del derecho de autor y afines, ya que constituía con frecuencia la principal fuente de ingresos de algunos trabajadores del sector. Apreció el énfasis que los empleadores dieron a la formación; sin embargo, ésta no era sólo responsabilidad de los gobiernos sino también de los empleadores. Respecto a la seguridad y salud en el trabajo, el orador observó que eran millones, y no sólo unos cuantos como se creía, los trabajadores que estaban afectados por riesgos de la salud, lesiones por esfuerzos repetitivos, estrés y otros problemas.
El representante gubernamental egipcio elogió el informe preparado por la Oficina. Sin embargo, se esperaban más detalles sobre las infraestructuras de la información en los países en desarrollo, las cuales eran inexistentes en muchos de ellos. En su opinión, la cuestión clave eran las relaciones entre el Norte y el Sur, que algunas veces parecen ir en una sola dirección. Los países en desarrollo estaban tratando de adaptarse, pero la mayoría no podía costearse tales esfuerzos por carecer de recursos financieros y experiencia. Había muchas cosas que hacer y se tenían que desarrollar estrategias de formación de la TI a nivel nacional y regional con la ayuda de los países industrializados. Por último, indicó la necesidad de crear una base de datos sobre el tema de la discusión, en base a las cifras del documento informativo.
El representante del Gobierno de Canadá elogió el informe, pero informó al Coloquio sobre la ley sobre la condición del artista de 1992 (S.C. 1992, c. 33), que había mejorado la situación de los artistas independientes en Canadá desde su aplicación, actualizando así la información del documento informativo. Se les denominaba contratistas independientes creadores de trabajos sujetos al derecho de autor, a los directores, a los artistas intérpretes u otros profesionales que contribuyen a la creación de una producción artística. Dicha ley proporcionaba a los artistas un mecanismo para mejorar sus intereses socioeconómicos mediante la garantía del derecho a organizarse y negociar de forma colectiva con los productores, para fijar las condiciones mínimas en que los artistas ofrecen sus servicios a tales productores. Estos estaban autorizados asimismo a constituir asociaciones para la negociación colectiva. Los artistas implicados en una relación empleador-empleado estaban protegidos por otra legislación. El Tribunal de Relaciones Profesionales entre Artistas y Productores de Canadá, órgano independiente casi judicial de aplicación de la ley, funcionaba desde 1995.
El representante del Gobierno de China celebró también el informe, el cual abarcaba una amplia gama de temas y proporcionaba información práctica sobre el sector. Lamentablemente no contenía suficientes detalles sobre los países en desarrollo, los cuales tenían muchas dificultades respecto al empleo, y sufrían fuertes presiones por el proceso de globalización. Sugirió que la Oficina prestase atención a los aspectos legales y políticos que pudieran ayudar a estos países a superar su debilidad. Agradeció el énfasis del documento informativo sobre la formación de todas las categorías de trabajadores de la TI.
Tomas Bolme, Presidente de la Federación Internacional de Actores, comentó que si bien el número de actores era relativamente bajo, no todos eran como los pocos actores millonarios y famosos. Los miembros de la Federación consideraban que la explosión sísmica que se estaba produciendo en el mundo de los medios de comunicación y del espectáculo ofrecía posibilidades pero suponía también amenazas. Indicó que muchos actores eran independientes, y a menudo carecían de una cobertura decente sobre salud y seguridad, negociación colectiva y seguridad social. Tenían que luchar por el trabajo cada día y poseían una escasa capacidad personal de negociación. Carecían asimismo de una digna jubilación, incluso en los países industrializados. Además, era importante tener presente la grave situación de los actores en los países en desarrollo. Su Organización creía en la importancia del diálogo social, incluso en el seno de las corporaciones de los medios de comunicación. Los gobiernos debían promover las diversas formas de diálogo en la industria. Comentó que las mayores compañías cinematográficas de los Estados Unidos y la India, las más famosas y productivas, contaban con un alto grado de sindicación. La OIT debía dar un mayor reconocimiento a esta importante industria y dedicarle los recursos necesarios para facilitar el diálogo social en la misma.
Aidan White, Secretario General de la Federación Internacional de Periodistas, consideró que el informe de la Oficina era práctico y constituía un buen comienzo para analizar el sector, el cual era demasiado variado para permitir una completa cobertura. Advirtió que el aumento de las corporaciones de los medios de comunicación a nivel mundial podía dificultar el «derecho a saber» y limitar el pluralismo. La capacidad de esos grupos de los medios de comunicación de actuar como guardianes no estaba logrando más democracia e inclusión, sino más bien lo contrario. El orador era partidario de un pacto social global en el que debían incluirse los derechos culturales y democráticos.
Agradeció a la OIT que hubiera permitido a su Organización realizar una amplia encuesta sobre el empleo de los periodistas independientes. El futuro de los periodistas era trabajar como independientes; quizás habría más trabajo pero serían menos seguros; el proceso de cambio estaba llevando a una disminución de la calidad de los mismos. Los empleadores eran reacios a incluir los temas relacionados con los trabajadores independientes en los sistemas de negociación colectiva. Otro asunto de gran importancia eran los derechos de autor, respecto a los cuales, los sindicatos de varios países habían tenido que acudir a los tribunales en su defensa. Si bien reconocía la importancia de la formación, se temía que estaba suponiendo más presión para los periodistas por tener que contar con múltiples calificaciones, lo que equivalía a la pérdida de profesionalidad. Había que entablar un proceso de diálogo social sobre la formación, en el que participaran los gobiernos, los empleadores y los trabajadores. Por último, la seguridad y salud en el trabajo planteaba importantes problemas que no se podían ignorar, como, el asesinato de periodistas durante la realización de su trabajo, la violencia en el trabajo, los problemas de lesiones por esfuerzos repetitivos. Confiaba en su seria discusión durante el Coloquio.
John Morton, Presidente de la Federación Internacional de Músicos, recordó a los participantes que la inmensa mayoría de las interpretaciones tenían lugar en directo, pero que desafortunadamente los intérpretes sufrían una enorme presión de la sociedad de la información. Además, las representaciones artísticas no tenían nada que ver con la mera presentación de las noticias o la información. Pidió a la OIT que estudiara el efecto de la TI en las actuaciones en directo, e identificar y difundir las «mejores prácticas». Las compañías del servicio público de radiodifusión debían promover la diversidad cultural, las nuevas producciones y las actuaciones en directo, lo que significaría más empleo. Como consecuencia de los presentes cambios, muchos intérpretes estaban obligados a convertirse en (casi) empresarios y grabar sus propias producciones, lo cual repercutía en gran manera en sus relaciones legales y contractuales con los distribuidores. No tenían acceso a la seguridad social y podían tener problemas si se asociaban, ya que podían violar las prácticas de «comercio legítimo». Sugirió que la OIT estudiara este tipo de relaciones económicas, y se refirió a las estadísticas de la Unión Europea sobre el empleo en las artes. La rápida evolución tuvo repercusiones asimismo en los sindicatos, que proponían ahora servicios de consultoría para los contratos comerciales. En los Estados Unidos y Alemania, dijo, los sindicatos no estaban autorizados a administrar los ingresos provenientes de los derechos contractuales. Por último, también se estaban produciendo cambios importantes respecto a la propiedad intelectual y otros derechos. El papel de la OIT sobre este tema en la Convención de Roma trataba en gran parte de los derechos fundamentales de los trabajadores, incluido el empleo.
Conchita Poncini, de la Federación Internacional de Mujeres Universitarias, elogió el informe de la Oficina, y consideró que el Coloquio era muy oportuno en vista a las dos Conferencias Especiales de Naciones Unidas en el año 2000, para revisar la Plataforma de Acción de Beijing y el Programa de Acción de Copenhague. La OIT debía abogar por un mayor equilibrio entre hombres y mujeres en los órganos decisorios, así como promover un mayor debate sobre la igualdad de sexos. Unicamente tres países citados en el informe contaban con datos desglosados por género, algo que ya había solicitado la Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo en 1998. La TI en los medios de comunicación creó posibilidades de empleo para las mujeres, pero ¿a qué nivel? A muchas periodistas, aparte de sus intereses o educación, les seguían asignando temas «suaves» como la moda o los espectáculos. Muchas de ellas tenían puestos precarios y seguían soportando las principales responsabilidades familiares.
Gail Lem, miembro trabajador de Canadá, manifestó que una de las consecuencias de la TI en los medios de comunicación era que los empleadores asignaban menos recursos para la recopilación de noticias, y promovían la multiplicidad de calificaciones, lo que repercutía de forma negativa en la calidad. Los gobiernos tenían un importante papel que jugar. Las compañías públicas de radiodifusión ejercían de controladoras del carácter nacional, y los gobiernos tenían que defenderlas. En algunos países como Canadá, el Gobierno había delegado su responsabilidad de financiación de la radiodifusión pública. Asimismo, los gobiernos eran responsables de que la propiedad de los medios de comunicación fuera justa, libre, diversificada y democrática. La concentración de la propiedad y la distribución de los periódicos tuvo como resultado una amplia participación entre los periódicos, lo que afectó al empleo y a la libertad sindical. Los gobiernos tenían que darse cuenta de que los productos de los medios de comunicación afectaban a las políticas. Muchos sindicalistas sufrían incapacidades por trabajar con pantallas de visualización de datos (PVD). Los ordenadores activados por voz, por su parte, no constituían la panacea de los riesgos de lesiones por esfuerzos repetitivos, ya que podían dañar seriamente las cuerdas vocales tras su utilización prolongada.
Domingo Vargas, miembro trabajador de Chile, señaló que en su país existían serios problemas con los derechos de propiedad intelectual. Muchos trabajadores también sufrían estrés en los países en desarrollo por las extremadamente largas jornadas laborales y la competencia entre los trabajadores independientes y los subcontratistas. La nueva tecnología sustituía a menudo al trabajo, por ejemplo mediante la amplia utilización de programas de radio y televisión por satélite. Planteó el tema de las calificaciones múltiples, como en el caso de los periodistas que sustituían a los técnicos y viceversa. En este país no existía la consulta previa a la introducción de nuevas tecnologías.
El representante gubernamental alemán consideró que en su país los sindicatos de la radiodifusión pública estaban bien considerados y contaban con una buena posición. El orador opinó que la revolución de la TI tenía que beneficiar a todos y que debía existir un diálogo entre todos los interlocutores sociales. El acuerdo entre el gobierno, los empleadores y los trabajadores en Alemania sobre los puestos de trabajo y la formación podría servir de modelo. El Coloquio debía contribuir a la promoción de la formación en general, y la formación en el trabajo, en particular.
Presidente: |
Jean-Pierre Lehr (Vicepresidente empleador) |
Participantes: |
Pier Verderio (Secretario General, FISTel – CISL, Italia) |
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Michèle Thozet (Administrador Principal, Relaciones con los Interlocutores Sociales y la Organización del Diálogo Social, Dirección General de Asuntos Sociales y Empleo, Comisión Europea, Bruselas) |
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Nicola Frank (Consejero de Asuntos Europeos, Unión Europea de Radiodifusión – UER –, Bruselas) |
|
Youcef Ghellab (Especialista de Relaciones Laborales, Programa InFocus sobre el Diálogo Social, OIT) |
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Seh-Yong Lee (Consejero Superior, Política y Asuntos Internacionales, Federación Coreana de Trabajadores de los Medios de Comunicación, República de Corea) |
La Sra. Thozet afirmó que desde la creación de los foros bipartitos en 1985, el diálogo social a nivel europeo había desempeñado un papel activo y esencial en las relaciones laborales. Los artículos 138 y 139 del Tratado de Amsterdam ofrecieron a los interlocutores sociales un amplio campo de acción para ser consultados sobre todas las áreas de la legislación europea del trabajo. Las innovaciones del Tratado concedieron a los interlocutores sociales el poder de negociar entre ellos la legislación laboral europea, competencia que no hubieran tenido sin el mismo. Si no eran estos últimos, era la Comisión la que ejercía sus derechos para hacer propuestas y emitir recomendaciones. El centro del diálogo social era ahora la capacidad de los interlocutores sociales de aprovechar las oportunidades que proporcionaba el Tratado de Amsterdam sobre varios temas, como: la formación, el readiestramiento y la educación permanente; la modernización de las disposiciones existentes para considerar las nuevas tecnologías; la necesidad de flexibilidad de las empresas y el deseo de los trabajadores de contar con seguridad en el trabajo, y un mayor equilibrio entre la vida profesional y familiar de los trabajadores. Con posterioridad a la directiva de 1994 se firmaron 600 acuerdos privados a nivel de empresa en los consejos de empresa, en los que se establecían los mecanismos de consulta de los trabajadores. El gran potencial para el diálogo social sectorial se estaba aprovechando de forma progresiva, y se habían creado 23 comités de diálogo social, que reunían a los trabajadores y empleadores de diferentes grupos de trabajo. El Comité sobre la cultura, constituido en enero de 1999, había creado recientemente un programa de tres años de duración para estudiar las prácticas más adecuadas de promoción del empleo. Los resultados se utilizarían en una serie de mesas redondas nacionales y en un importante seminario europeo.
El Sr. Verderio interpretó el diálogo social como el derecho a la información, a las negociaciones y a las concesiones a nivel de empresa, de sector y (cada vez más) a nivel internacional. Entre los cambios claves provocados por la TI constaban el surgimiento de nuevos sectores, la sustitución de antiguos trabajos por otros nuevos en las industrias existentes, y la convergencia de empresas de diferentes sectores hacia la prestación de nuevos y similares servicios. La primera consecuencia para los empleados de esos nuevos trabajos y profesiones era que a menudo empezaban a trabajar sin ningún derecho o acuerdo colectivo establecido. En algunos casos no era fácil saber a qué sectores pertenecían los nuevos productos y servicios, dificultando la determinación exacta de los que deberían ser los interlocutores del diálogo social. Las fusiones de los principales sindicatos reafirmó esta circunstancia. Por ello, se hacían necesarias en el presente nuevas agrupaciones de empleadores y sindicatos para negociar los convenios colectivos. En Europa, varios países habían empezado a revisar los derechos de los empleadores y trabajadores como resultado de esos cambios. Dado que estos se estaban desarrollando en línea con los procesos de privatización, liberalización y globalización, se creía erróneamente que los problemas de empleo eran consecuencia de las nuevas tecnologías cuando, en realidad, las causas provenían de los otros procesos. Los cambios tecnológicos habían causado la pérdida de empleos en los sectores tradicionales y la creación de otros en los sectores de las nuevas tecnologías. Sin embargo, los derechos y la seguridad en el trabajo eran mayores en los medios de comunicación y de radiodifusión tradicionales. El diálogo social se hacía cada vez más importante a todos los niveles. En los acuerdos de negociación colectiva para la nuevas categorías de trabajadores, algunas veces la cuestión era si se debía empezar de la nada. Por ejemplo, el teletrabajo en una empresa en la que existía el derecho de negociación debería permitir la fácil ampliación de tal derecho a los teletrabajadores de dicha empresa. La negociación resultaba más difícil en la empresa en la que todavía no se contaba con interlocutores sociales [reconocidos] o con acuerdos colectivos establecidos. El primer paso para promover el diálogo social era el propio reconocimiento de los interlocutores sociales entre ellos en las diferentes ramas. Las existentes asociaciones europeas de empleadores y trabajadores, regionales o internacionales, que pretendían defender intereses específicos a distintos niveles, tenían que aceptar el papel de los interlocutores sociales. Se requería un amplio diálogo social en el sector, haciendo énfasis en la flexibilidad, pero considerando las preocupaciones de los trabajadores. Si bien cualquiera podía reconocer la importancia de la flexibilidad, resultaba esencial una clara definición del término para garantizar la continuidad de la cohesión social y evitar que la flexibilidad equivaliera a la erosión de los derechos fundamentales de los trabajadores. Los gobiernos y los interlocutores sociales eran los actores clave en la defensa del diálogo social para salvaguardar la cohesión social. Como consecuencia de los distintos niveles de protección y de derechos sociales en todo el mundo, los organismos internacionales, como la OIT, tenían un papel fundamental.
La Sra. Frank explicó que la suya era una asociación profesional de radiodifusores nacionales en Europa, Norte de Africa y el Medio Oriente, la mayoría de los cuales actuaba en función de las atribuciones del servicio público. Contaba asimismo con 49 miembros asociados en todo el mundo, y trabajaba en estrecha colaboración con las organizaciones hermanas en otros continentes. La UER facilitó la cooperación entre sus miembros, que debían cubrir todo el territorio nacional y ofrecer un programa variado y equilibrado a todos los sectores de la población, dentro de un sistema dual donde la competencia privada estaba bien posicionada. Organizó programas informativos y el intercambio de los mismos a través de Eurovisión y la red de radios europeas, estimuló la cooperación y negoció los derechos de teledifusión para importantes espacios deportivos y otros eventos. La presión se había convertido recientemente en una importante actividad, y la Unión era activa en la búsqueda y desarrollo de nuevos medios de teledifusión. En el ámbito de las negociaciones de la OMC sobre un acuerdo general sobre el comercio en los servicios en el año 2000, lo locutores de los servicios públicos estaban tratando de mantener su función de referencia y educar al público sobre la mejor utilización de las nuevas tecnologías. El éxito de la televisión digital dependía de la posibilidad de intercambio de sistemas y de la apertura de las normas. Todos estos progresos, de gran influencia en el empleo y en las condiciones de trabajo, fueron propuestas para ser discutidas en el marco del diálogo social europeo de la Comisión Europea. Aunque la UER no era una organización de empleadores, en tanto que miembro del Centro Europeo de Empresas con Participación Pública, había formado parte durante varios años, junto a los empleadores del sector privado, del diálogo social intersectorial para los acuerdos europeos intersectoriales sobre el permiso parental, el trabajo a tiempo parcial y los contratos de duración determinada. De forma más informal, la UER había tenido también una experiencia positiva con el diálogo social sectorial, y en concreto con el EURO-MEI y la FIP, con los que se realizaron, por ejemplo, seminarios sobre la formación y los derechos de autor. En 1999, se consideró la posibilidad de crear un comité para el diálogo social sectorial, tal y como había propuesto la Comisión Europea. Era evidente que el diálogo debía abarcar no sólo la teledifusión del servicio público sino todo el sector audiovisual, a pesar de que su definición era difícil. Los miembros de la UER consideraban que el diálogo social sectorial debía incluir no sólo el sector de la teledifusión sino también a los empleadores de productores audiovisuales independientes, y, eventualmente a los de otras ramas afines. En lo que se refiere a los sindicatos, el UNI-CI, el UNI-MEI y la filial europea de la FIP serían, en un principio, los socios naturales, con posibilidad de agregaciones posteriores. Los principales temas de la discusión eran la política social de la Comisión Europea: la modernización de los métodos de trabajo, la anticipación de los cambios estructurales, la adaptación de los marcos contractuales a los nuevos empleos, etc., y preocupaban a grupos muy diferentes. El diálogo social debía incluir temas para el personal independiente; horas de trabajo flexibles; la armonización de las leyes laborales; los impuestos y la seguridad social; la formación; un sistema común de calificaciones; igualdad de oportunidades; la calidad de la vida laboral y la competencia de la producción fuera de la Unión. Se tendrían en cuenta los intereses y preocupaciones de los miembros de la UER del exterior de la UE. A pesar del acuerdo general sobre la conveniencia del diálogo social a nivel sectorial, la UER no había recibido todavía el mandato de sus miembros de lanzar el proceso, aunque existían discusiones al respecto.
El Sr. Ghellab describió los retos de las industrias de los medios de comunicación y del espectáculo, la forma en que el diálogo social podía contribuir a reunir dichas industrias y la nueva estrategia de la OIT. El desafío principal tenía su origen en la creciente competencia como consecuencia de la globalización, y para su supervivencia, las empresas habían adoptado medidas drásticas, y en concreto una total reestructuración. Por ello, se produjo un cambio sin precedentes hacia la concentración y la introducción masiva de tecnologías de la información para mejorar la productividad y la calidad de los productos. Las empresas recurrían cada vez más a la subcontratación, con una proliferación del empleo independiente en los centros de producción. Estos avances, junto con la mayor flexibilidad del mercado laboral, tuvieron importantes consecuencias, como: la mayor polarización de la mano de obra; el aumento del empleo precario; la inestabilidad de los ingresos; la menor protección social; y los trastornos en la relación laboral tradicional, y entre las empresas y los sindicatos, ya que la fuerza de trabajo se había dispersado. Este nuevo contexto económico requería una nueva base de diálogo social, en el que las innovadoras organizaciones de empleadores y trabajadores trabajaran conjuntamente a todos los niveles de la toma de decisiones políticas y económicas. Se habían realizado esfuerzos sobre el diálogo social y la legislación en distintos países, pero hasta ahora su éxito había sido limitado. La OIT decidió, por lo tanto, considerar el diálogo social como uno de sus objetivos estratégicos, y creó un programa para reforzar dicho diálogo en los Estados Miembros. Dicho programa promovería mejores prácticas a nivel de empresa, sectorial e internacional, en cooperación con los gobiernos, las organizaciones de empleadores y de trabajadores.
El Sr. Lee se centró en el diálogo social en los países en desarrollo. La revolución de la información y la comunicación, acelerada principalmente por la combinación de factores claves como la convergencia de multimedia y la globalización, requerían nuevas formas de diálogo social. Tal y como constaba en el informe de la Oficina, las estructuras e instituciones de base democrática para el diálogo social en muchas de las democracias emergentes o bien eran muy frágiles o eran inexistentes. Sólo podía establecerse un diálogo social significativo si los interlocutores sociales, incluyendo las organizaciones de empleadores y de trabajadores fuertes, representativas, independientes y bien organizadas, con el Gobierno ejerciendo de árbitro imparcial, cumplían ciertos requisitos preliminares. Sin embargo, en muchos de los países asiáticos la visión democrática y social de los gobiernos estaba a menudo sometida a la presión de los imperativos económicos de eficacia y competitividad. La OIT jugó un importante papel en el fomento del diálogo social en Asia. El primer sindicato coreano de los medios de comunicación se organizó en 1987 en un periódico nacional, seguido de otros sindicatos de empresa en la radio y la teledifusión, los periódicos y las agencias de edición; la organización que aglutina a varios grupos se creó en 1988. Tras su inmediata prohibición, los sindicatos presentaron quejas a la OIT contra el Gobierno por violación de la libertad sindical. La actual administración había reconocido la necesidad de dar una dimensión social a las industrias de los medios de comunicación, y los sindicatos, por su parte, estaban contentos de participar en el presente debate, y en concreto en lo que se refiere al fortalecimiento de las emisoras públicas.
El representante gubernamental español consideró que los recientes avances de las tecnologías de la información constituían una nueva revolución industrial cuya duración y repercusiones en el empleo resultaban difíciles de evaluar. La radio y la televisión tenían cada vez más carácter de empresas multinacionales; el público ahora podía elegir la televisión à la carte gracias al progreso de la fibra óptica y la tecnología de la digitalización. Muchos de los nuevos y variados instrumentos tecnológicos habían complicado las labores de los trabajadores individuales de la industria. Habían surgido nuevas profesiones y algunas de las tradicionales ocupaciones habían sido sustituidas por otras nuevas. En España, la privatización de algunos canales de televisión había incrementado el número de puestos en el sector, a pesar de carecer de información fidedigna sobre el tema. La especialización de los canales de televisión había aumentado paradójicamente la producción de películas y las ventas en taquilla. A pesar de los fondos comunes de la televisión y el cine, muchos actores tenían trabajo. Si bien la TI había favorecido la eficacia y generado más empleo en el cine, los efectos negativos se manifestaron en las condiciones de empleo. Para los músicos, la nueva tecnología se había traducido en una caída de la demanda, aunque los cambios tecnológicos habían mejorado la calidad de la grabación en estudio y en directo. Las nuevas tecnologías supusieron asimismo una mejora de los métodos de trabajo en los periódicos y de la calidad del trabajo, a pesar de aumentar el estrés. En España, el cable y las otras tecnologías examinadas en el informe de la OIT tenían que desarrollarse más para poder crear empleo. La evolución de este último resultaba incierta a pesar del continuo progreso tecnológico; el orador en este sentido expresó su esperanza de que dicho progreso supusiera un mayor empleo para este sector a largo plazo.
El representante gubernamental de Argelia dio las gracias a la OIT por el excelente trabajo del documento informativo. Si bien, su país no contaba con un sector específico de los medios de comunicación y del espectáculo. Declaró que le gustaría aprender de los países con mayor experiencia en este campo, y en concreto el efecto de la TI en el empleo. Se preguntó si eran muchos los países que estaban preparados para las repercusiones que la rápida introducción de las tecnologías tendrían en el empleo, en las condiciones de trabajo y en las relaciones laborales. Muchas de las recientes tecnologías que hacían desaparecer los límites establecidos habían contribuido al desarrollo económico, pero necesitaban una mejor integración. Había que evaluar su efecto en el empleo y en las bases legales de las futuras relaciones de trabajo, en la protección de los trabajadores, en la libertad sindical, en la seguridad y salud en el trabajo, en la jubilación y en otros aspectos. Preocupaban asimismo otros temas sobre la piratería de los derechos de autor. El Gobierno debía ofrecer a los ciudadanos la igualdad de oportunidades para acceder a las nuevas tecnologías, pero la comunidad internacional y la OIT debían ayudar a los países en posición desfavorable. Dado que a más información equivalía más democracia, ayudar a los países en desarrollo en las tecnologías de la información promocionaría la democracia mundial.
El portavoz de los empleadores creía que la manera de proceder en la presente reunión no favorecía el diálogo social. Su grupo consideraba que la evolución era necesaria, por lo que la mayoría de los empleadores expresarían sus opiniones, y que las actas debían reflejar asimismo los problemas y las necesidades que ocasionan a los empleadores las tecnologías emergentes. El portavoz creía que las discusiones deberían centrarse en cómo se podrían aprovechar las nuevas tecnologías en beneficio del diálogo social.
La Sra. Alméras (miembro trabajador de Francia) se refirió a un reciente caso de los tribunales franceses contra EuroDisney, caso ganado por los artistas e intérpretes, como ejemplo de corporación multinacional que trata de forma incorrecta a sus empleados. En Francia, dichos trabajadores estaban considerados como asalariados, independientemente del tipo de contrato que tuvieran, de duración determinada o contrato permanente. Sin embargo, en el caso mencionado, el empleador creía disfrutar de la condición de extraterritorialidad y poder emplear trabajadores a través de contratos de renovación constante, los cuales son contrarios a la legislación laboral francesa. El Gobierno francés, presionado por algunos empleadores del mundo del espectáculo, estaba revisando la condición de los artistas en tanto que trabajadores asalariados, de forma que los empleadores de artistas extranjeros podrían estar exonerados del pago de las prestaciones sociales. Esto podría significar que los artistas extranjeros no contarían nunca con las mismas bases que sus homólogos franceses, y llevar, por ello, a una situación en la que podría cuestionarse la condición de los propios artistas franceses. La Sra. Alméras expresó la esperanza de que la Unión Europea resistiera a las presiones para la disminución de los derechos sociales adquiridos.
El Sr. Thozet, en reacción a las declaraciones de la oradora anterior, hizo énfasis en las cláusulas de no retroceso de las directivas de la Unión Europea, que protegían contra la nivelación descendente de forma ecuánime, es decir, que la legislación de un Estado Miembro prevalece frente a las directivas pertinentes de la Unión Europea únicamente si la protección prevista en dicha legislación ofreciera mayor protección.
El miembro empleador de Alemania (Sr. Rübenach) consideró que la flexibilidad era el tema clave y el requisito esencial para poder actuar en los diferentes contextos de Europa y los países en desarrollo, así como el patrón para poder aplicar las normas sociales existentes a la nueva tecnología. Las normas sociales aplicables a los medios de comunicación escritos no eran necesariamente aplicables a los otros medios de comunicación. Por ejemplo, en el caso de que la nueva tecnología supusiera la desaparición de ciertos puestos del área de la imprenta, no permitía alegar a los sindicatos que las reglas existentes para los medios de comunicación se podían aplicar a los nuevos puestos. Los términos y condiciones de trabajo de un editor en un periódico rico no eran directamente aplicables a un editor de un periódico en línea, ya que las situaciones eran diferentes. Los interlocutores sociales, y en concreto los sindicatos, tenían que ser flexibles para evitar que las empresas simplemente abandonaran las asociaciones de empleadores, haciendo desaparecer, por tanto, las posibilidades de diálogo social.
La Sra. Straat, miembro trabajador de Argentina, declaró que si bien su país hacía tiempo que disfrutaba de la democracia, lamentaba el cambio de rumbo de los logros de los trabajadores durante la última administración, y en concreto, los acuerdos colectivos, la legislación y los estatutos. Se refirió a la interferencia de intereses extranjeros en el diálogo social argentino y en los procesos legislativos. Los sindicatos de artistas en Latinoamérica trataban de crear su propio mercado libre y competir a nivel internacional. En muchos países era creciente el conflicto entre las demandas de globalización, donde la industria de los medios de comunicación y del espectáculo se estaba convirtiendo simplemente en un medio de comercio, y la necesidad de proteger la identidad cultural de las naciones. Otro tema importante relacionado con la globalización era la creciente dificultad para identificar los homólogos del diálogo social debido a la multiplicidad de actores. La oradora mostró la esperanza de que las presentes discusiones ayudaran a aclarar la confusión, y que después del Coloquio se celebrarían reuniones regionales, y en concreto en América Latina.
El Sr. Sato, miembro trabajador, afirmó que Japón, generalmente considerado un gigante de la economía, estaba lejos de cumplir sus responsabilidades respecto al diálogo social. Los sindicatos japoneses no eran auténticos sindicatos, en el sentido estricto de la palabra en Europa, sino que se trataba de simples grupos de representación de los trabajadores dentro de la empresa. En general, no existía un reconocimiento social de la negociación colectiva. Los progresos de la tecnología de la información y de las comunicaciones habían generado nuevos problemas que los métodos tradicionales de las relaciones laborales no podían resolver, por lo que se requerían nuevas soluciones. Los trabajadores del sector de los medios de comunicación y del espectáculo deseaban cambiar y adaptarse al mundo cambiante, razón por la que se esperaba que asistieran a la reunión, el miembro titular y otros cinco observadores de los trabajadores.
El Sr. Belfort, miembro empleador de Venezuela, informó que, a diferencia de la situación Argentina descrita por el miembro trabajador del país, en su país sí existía el diálogo social en las industrias de los medios de comunicación y de la radiodifusión.
La miembro trabajadora de los Estados Unidos (Sra. Nelson) consideró que el diálogo social era cada vez más importante, ya que el trabajo de los músicos había evolucionado con las nuevas tecnologías. La industria musical o de grabación estaba mucho más segmentada y sujeta a una creciente subcontratación. Se requería un diálogo con los gobiernos y los empleadores para determinar la auténtica identidad de los empleadores y la forma de conservar la protección de los trabajadores.
El portavoz de los empleadores no consideraba a los artistas intérpretes como empleados en el mismo sentido que aquellos que trabajan en una oficina. Las nuevas tecnologías serían de particular ayuda ya que no se le había dado mucha importancia al diálogo social como medio de consolidación de la democracia y de fomento de la libertad de expresión. El orador tuvo la impresión de que las discusiones estaban muy centradas en la seguridad social y los peligros que implicaba el trabajo con las nuevas tecnologías, lo cual, aunque era importante, quizás lo era menos que en otras profesiones. Además, se debía conceder más importancia a la formación de los trabajadores y los pobres respecto a las nuevas tecnologías, para ayudarles a salir de la trampa de la pobreza. Los interlocutores sociales debían trabajar conjuntamente para hacer mejor uso de las capacidades de los recursos humanos de estas tecnologías.
Un miembro trabajador (Sr. Lennon) afirmó que estas industrias eran el principal motor del contenido en la nueva era de la información. Los grandes consorcios editoriales estaban adquiriendo acciones de dicho contenido tan rápidamente como podían, mientras que los trabajadores de la industria querían ganar su salario de forma respetable, digna y segura. Las nuevas tecnologías tenían grandes posibilidades, pero si no existía el diálogo social para empezar, la tecnología no iba a inventarlo. Respecto a dicho diálogo en el sector se planteaban dos problemas principales: determinar quién era realmente empleador, ya que con frecuencia el empleador aparente era sólo un intermediario, y cuales son las diferencias fundamentales del entorno en el que existe el diálogo social en los diferentes bloques regionales y económicos. Había que hacer más hincapié en las posibilidades de un diálogo regional tripartito en el sector, ya que el modelo global sería imposible. El diálogo social comprendía todo un conjunto de áreas en las que los trabajadores, los empleadores y los gobiernos tenían intereses creados respecto al progreso, como la formación, la seguridad y salud en el trabajo, las calificaciones, los impuestos, las normas profesionales y, en concreto para los gobiernos, las implicaciones sociales de las nuevas modalidades de trabajo que se estaban desarrollando.
Un miembro empleador se preguntaba por qué resultaba difícil identificar el empleador apropiado para el diálogo social. Todas las legislaciones laborales definían claramente el significado de empleador. El orador indicó que si bien desconocía cómo era considerado el tema en Asia o en Europa, la legislación latinoamericana era bastante clara en este sentido y que no existía una definición más precisa de los interlocutores sociales que la de la ley nacional americana sobre relaciones de trabajo.
Un miembro trabajador (Sr. Morton) se refirió a un acuerdo de 1962 entre la Federación Internacional de Músicos y la Federación Internacional de Actores por un lado, y la UER en nombre de los radiodifusores del servicio público por otro, respecto a la utilización a nivel internacional de los programas de radio diseñados únicamente para los denominados «artistas intérpretes con ingresos por derechos». El acuerdo había sido citado en trabajos jurídicos universitarios en tanto que primer acuerdo colectivo internacional. Dicho acuerdo, junto con otro de 1972 celebrado entre las mismas partes sobre los programas de Eurovisión, permitió los acuerdos colectivos a nivel nacional entre los radiodifusores del servicio público y las organizaciones de artistas intérpretes. Estos dos acuerdos constituían dos ejemplos de cómo se podía conseguir el diálogo social.
El portavoz de los trabajadores insistió en que el diálogo social no era algo nuevo, ya que hacía ya mucho tiempo que existían partes negociadoras en la industria. El diálogo regional tampoco lo era, pues había existido una importante participación, por ejemplo, en el sudeste de Europa, en un intento de conseguir una mayor estabilidad de los medios de comunicación, lo cual supuso un amplio proceso de diálogo social entre los gobiernos del interior y del exterior de la región, los empleadores y los trabajadores de dichos medios o sus representantes regionales. Los ejemplos del Sr. Lee sobre la región de Asia y el Pacífico, y en concreto de la República de Corea, constataban claramente que el diálogo social estaba jugando un papel clave en el proceso de desarrollo económico y de democratización en muchos países. Sería muy útil para la OIT la constitución de un pequeño grupo de coordinación para estimular y dirigir las actividades del sector, definir las estructuras para el diálogo a nivel regional, y establecer los marcos para las reuniones regionales donde se abordaran los importantes temas que habían surgido. La formación, la salud y la seguridad eran asimismo serias preocupaciones, por lo que era necesario reforzar las organizaciones profesionales y los interlocutores sociales. Durante el próximo bienio la OIT debía organizar reuniones regionales en Africa, Asia, Latinoamérica, Norteamérica, Oriente Medio y Europa para avanzar en la estrategia de identificación de dicho grupo coordinador. Asimismo, debía convocar lo antes posible una reunión de expertos representantes de los trabajadores y de representantes de las mayores multinacionales del espectáculo y corporaciones de los medios de comunicación para debatir la promoción del diálogo social en sus divisiones, a nivel nacional y regional. La ausencia de esas grandes corporaciones en el Coloquio, la mayoría de ellas controladoras de fuertes economías representadas por muchos de los gobiernos allí presentes, constituía una laguna en el diálogo social que les había permitido retractarse del proceso. Apoyó la idea del Sr. Durling de que la OIT debía considerar todas las posibilidades de las nuevas tecnologías para el diálogo social, como el correo electrónico, las chat rooms y la videoconferencia.
Presidente: |
Tony Lennon (Vicepresidente trabajador) |
Participantes: |
Robert van Weldam (Director, Fundación INGRIN – Especialistas Internacionales en Artes Gráficas en los Países Bajos) |
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Salah Hassab Elnaby (Presidente, MISR Studios and Film Production Co., Egipto) |
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Chris Warren (Secretario Federal, Alianza de Medios de Comunicación y de Artes Escénicas de Australia) |
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Morton Bahr (Presidente, Trabajadores de la Comunicación de América, Estados Unidos) |
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Frank Wernecke (Miembro del Consejo de Administración, IG Medien, Alemania) |
El Sr. van Weldam hizo notar que la misión de INGRIN era fomentar las industrias de la imprenta e industrias conexas y contribuir a su desarrollo en los países en desarrollo, misión realizada a través de breves programas de formación regulares, del establecimiento de institutos de formación en dichos países y su apoyo, de la asistencia técnica y de la organización de redes a través de la creación de relaciones comerciales entre empresas. El orador describió varios progresos tecnológicos, como la integración mediante la digitalización, de las industrias de la imprenta y la información, creándose, por ello, diferentes modalidades de trabajo y en gran cantidad. INGRIN comenzó sus actividades en 1991 en Indonesia y en la actualidad trabaja con más de 16 países en Asia, Africa y América Latina. Antes de intervenir consultan a sus homólogos locales (con frecuencia antiguos alumnos), quienes mejor pueden definir las necesidades. Por ejemplo, en 1995 recibió una solicitud del Ministerio de Comercio de Sri Lanka y de la Comisión de Desarrollo de las Exportaciones para asistir en el establecimiento de un instituto de formación profesional para las industrias de la imprenta y afines. En el presente, el Instituto de la Fundación INGRIN de Imprenta y Artes Gráficas de Sri Lanka podría convertirse en un centro de formación y centro por excelencia de Sri Lanka y el Sur de Asia. El programa de formación incluía cursos de ingreso para los que habían finalizado la escolarización y programas de mejora de las aptitudes para los trabajadores de la industria, con la estructura de calificaciones basada en puestos claramente definidos. Describió la estructura organizativa del instituto de Sri Lanka y la forma en que su Fundación lo apoyó. Señaló la necesidad, en un futuro, de una estrecha cooperación continuada entre el Gobierno, los empleadores y los trabajadores, de la regular modernización y puesta al día del equipo, y en particular de los servicios de la TI, de la constante actualización de los curricula existentes y la elaboración de nuevos, así como la continua financiación mediante los propios ingresos del instituto, de las contribuciones empresariales y de las subvenciones del Gobierno.
El Sr. Elnaby describió la importancia de la industria cinematográfica y de la televisión en Egipto, que empleaba alrededor de 35.000 personas, de las que el 80 por ciento eran contratadas por el Gobierno o las corporaciones públicas, el 15 por ciento por el sector privado y el 5 por ciento restante eran independientes. En un futuro próximo cerca del 40 por ciento de la industria sería propiedad privada. La revolución de la TI había supuesto una evolución en el proceso productivo y en el contenido del trabajo. Por ejemplo, era necesario contratar gente joven para formarlos como editores digitales, porque era demasiado difícil formar a los editores existentes los cuales desconocían los ordenadores. Era evidente que la introducción de la televisión de alta definición iba a necesitar cambios adicionales. Los países en desarrollo estaban a menudo desfasados por falta de un contacto directo con las nuevas y modernas tecnologías. Resaltó la importancia de una adecuada formación previa al empleo, y la necesidad de reciclar a todos los trabajadores cada 3 ó 5 años, para modificar sus comportamientos y adaptar su forma de pensar a las más modernas tecnologías. Lamentablemente, en su empresa únicamente se estaba utilizando del 30 al 40 por ciento del equipo más avanzado por escasez de trabajadores con una adecuada preparación. El orador creía que las empresas no podían asumir todos los gastos de la formación, sin embargo, podían negociar con los sindicatos para una posible contribución, ya que los miembros sindicales se beneficiarían de la misma. Declaró por último, que la formación continuada resultaba esencial, que debía constituir un esfuerzo trilateral y que las organizaciones internacionales podían prestar el apoyo necesario.
Morton Bahr, en su discurso en una videoconferencia en directo, observó que los efectos de la globalización habían cambiado el mundo, y que todo el mundo se enfrentaba a los mismos desafíos de la tecnología de la información. Las diferencias entre las industrias habían desaparecido, y una prueba de ello era la actual ola de fusiones y adquisiciones. Durante el pasado decenio su sindicato se había fortalecido por las fusiones con otros sindicatos que representaban a los trabajadores afines del comercio. La convergencia tecnológica, el creciente empleo de los ordenadores y los boletines informativos las 24 horas habían creado nuevas ocupaciones, como la de administrador de sitio en Internet. Se había experimentado una enorme expansión de los trabajadores independientes, por lo que los sindicatos tenían que encontrar nuevas formas de representar sus intereses, por ejemplo, respecto a la asistencia médica. El orador dijo que los lugares de trabajo eran cada vez más similares, y que los trabajos que sólo podían ser hechos por un gremio de obreros habían desaparecido. Sin embargo, se podía readiestrar a los trabajadores para tales trabajos. Estaba claro que las empresas sindicadas invertían más en formación como consecuencia de la lucha de los sindicatos para conseguirlo. Subrayó una serie de actividades llevadas a cabo por su sindicato con las becas de las fundaciones o subvenciones del Gobierno, ejemplo de las cuales era el programa de educación a distancia para la obtención de un diploma en comunicaciones. Por último, indicó que todo el mundo debía beneficiarse de las tecnologías de la comunicación y de la economía de la TI.
En respuesta a las preguntas del Presidente sobre la utilización de las nuevas tecnologías para títulos en Internet y la financiación de tales programas, el Sr. Bahr señaló que su sindicato contaba con programas de educación permanente para sus miembros, y en concreto de varios a través de Internet, y que algunos empleadores proporcionaban el material necesario. La financiación provenía de tres fuentes: de las empresas, como parte de los acuerdos de negociación colectiva; de becas de fundaciones interesadas en la educación permanente, y del Gobierno, puesto que la administración Clinton confiaba en la importancia de una mano de obra bien formada. En Estados Unidos no se carecía de trabajadores sino de trabajadores calificados. Existía un enorme potencial de personas que podían ser formadas como, por ejemplo, los que terminan el servicio militar. Su sindicato había establecido varios programas de formación para los trabajadores no universitarios respecto a puestos de introducción de la TI. Respecto al diálogo social, las empresas consideraban que los sindicatos aportaban un valor añadido: el readiestramiento de los trabajadores apoyado por los sindicatos tendría éxito.
En respuesta a las preguntas del portavoz empleador y del representante gubernamental de China, el Sr. Bahr observó que su sindicato proporcionó formación a todas las categorías de trabajadores, grupos minoritarios, mujeres, etc. Reconoció que era difícil para los empleadores pronosticar las necesidades de formación para las nuevas tecnologías para los futuros tres años. A pesar de carecer de datos fiables, se realizaba un constante esfuerzo de puesta al día. Por último, respecto al tema del papel de la OIT en la promoción del diálogo en las grandes corporaciones multinacionales, creía que la OIT podía fomentar las reuniones entre las corporaciones y los representantes sindicalistas de todas las filiales, como afortunadamente ya estaban haciendo algunas. Era difícil prever las respuestas de las empresas con una política antisindical a las solicitudes de la OIT, pero las secretarías de comercio internacional por su parte debían imaginar maneras de presionar a estas empresas.
Respecto al tema de las estrategias de formación y calificación en los medios de comunicación y del espectáculo, el Sr. Frank Wernecke consideraba que los interlocutores sociales eran los mayores responsables de los objetivos y contenido de los programas de formación profesional. El papel de los sindicatos era asegurar la existencia de una amplia gama de formación para promover el empleo de trabajadores. Los empleadores y sus asociaciones por su parte, conocían las necesidades de la formación por lo que debían garantizar que era la formación apropiada. Además, una excesiva interferencia del Gobierno en las decisiones sobre la formación profesional podría tener un impacto negativo y debilitar la responsabilidad de los empleadores y los sindicatos. Creía que la sociedad no debía asumir el coste de la educación y la formación profesional. Notaba cierta tendencia en los medios de comunicación y del espectáculo a repercutir los costos de la formación en los trabajadores. El Gobierno era el principal responsable de la enseñanza primaria y secundaria, por lo que debería establecer la formación informática desde la infancia, permitiendo así a los estudiantes aprender a utilizar los ordenadores. El Sr. Wernecke era partidario de una mejor integración de la enseñanza de la informática en las universidades e institutos superiores de formación profesional, con una mayor transparencia de los sistemas. La educación permanente se había convertido en un lema que raramente existía por la carencia de estructuras necesarias en la mayoría de los países. El diálogo social resultaba fundamental para la promoción de la misma, y en este sentido la OIT tenía un papel que jugar.
El orador consideró que Alemania no estaba especialmente avanzada en el tema, pero que durante los tres últimos años se había evolucionado positivamente y que la cantidad de personal formado había aumentado. Dentro del sistema de la formación profesional se habían modificado los perfiles de los puestos de trabajo en los medios de comunicación y del espectáculo, por lo que existían bastantes posibilidades de que se cumplieran los objetivos de los acuerdos sobre la formación en el sector de la TI. Las estaciones privadas radiotelegráficas no ofrecían excesiva formación. Los sindicatos no querían proveer formación «sin porvenir»; la formación tenía que ofrecer las bases para un mayor desarrollo, y en concreto, para la integración de los «antiguos» puestos en los «nuevos». Se tenían que realizar cambios en el sistema de enseñanza general para facilitar el acceso al mundo laboral y para posibilitar la formación en el trabajo respecto a los cambios tecnológicos. El creciente número de puestos que se estaban creando en las industrias de los medios de comunicación, del espectáculo y de la formación no debían destinarse únicamente a los candidatos jóvenes. Existía una auténtica necesidad de mejorar la formación de los trabajadores existentes, que se podía conseguir combinando la formación de acceso con formación adicional en base a módulos, para aumentar así, de forma continuada, los niveles de calificaciones y convertir la educación permanente en una realidad.
El Sr. Chris Warren, en nombre de la Federación Internacional de Periodistas, presentó la World Survey on the social and economic status of freelance journalists, Freelance futures preparado por la OIT como parte del material informativo para el Coloquio. La encuesta mostraba que el periodismo era una profesión en expansión que cuenta con nuevas ofertas de empleo, sobre todo en los campos de los nuevos servicios de información. Destacaba asimismo el desafío que suponía para los sindicatos y los empleadores esta nueva fuerza de trabajo. Los empleadores eran reacios a incluir los temas relacionados con los periodistas independientes en el proceso de negociación colectiva, argumentando que dichos periodistas disfrutaban de una mayor protección legal respecto a los derechos de propiedad intelectual frente al resto de los empleados; sin embargo, esa no es la realidad. Los periodistas independientes no constituían el único grupo de representación de los trabajadores contingentes. Sin embargo, el orador creía que la condición de los mismos suponía una amenaza para los derechos de empleo de los periodistas y para la propia libertad de prensa. Los medios de comunicación tenían que ser independientes del gobierno y quedar fuera de su esfera de control, mientras que los periodistas tienen que ser independientes de los propietarios de los medios de comunicación. Sugirió que la OIT investigara sobre la evolución de la condición de los trabajadores contingentes, y en concreto sobre sus necesidades de formación, de protección social y de salud y seguridad.
La representante gubernamental de la India describió la importancia económica de la TI y de las industrias de los medios de comunicación y del espectáculo en su país, que empleaban un total de unos ocho millones de personas. En la India, todos las industrias de los medios de comunicación y del espectáculo estaban mostrando un fuerte crecimiento en la actualidad. Sin embargo, el país está situado detrás de los países industrializados en el área de la tecnología de la información y la radiodifusión. Respecto a la formación, declaró que el Instituto de Comunicación de Masas, desde su creación en 1960, había formado a un gran número de periodistas. Además, 37 universidades concedían certificados sobre la comunicación de masas y existían muchas instituciones estatales de formación sobre los medios de comunicación. Las instituciones del sector privado eran muy activas en la formación sobre la tecnología de la información. Recientemente, el Gobierno había empezado a dialogar con los indios expatriados activos en la industria de la TI en Estados Unidos y en otros lugares, para modernizar las escuelas regionales indias de ingeniería.
El representante gubernamental de Canadá dijo que limitaría su intervención a la industria de los medios de comunicación. Estaba sorprendido por el grado de incertidumbre que reinaba en la industria pública y privada, causado por la cambiante tecnología y la evolución de la organización. La filosofía del bienestar de principio a fin ya no existía y, como resultado, había habido importantes repercusiones en la unidad de negociación. Los empleadores y el personal de dirección tenían los mismos temores que los trabajadores: ya no sabían exactamente cual era la compañía de radio, teléfono o televisión. Cuando Canadá salió de la recesión, las empresas identificaron sus principales negocios y reestructuraron y eliminaron aquellas que no formaban parte del núcleo. Sin embargo, la tecnología avanzaba tan rápidamente que ya nadie estaba seguro de lo era un negocio principal, lo cual podía tener como consecuencia una mayor reestructuración. Algunas compañías crecerían y crearían empleo, mientras que otros trabajadores se verían seriamente afectados. Por ello, no sólo tenía que existir el diálogo social dentro del marco de la propia negociación colectiva, sino también un mecanismo de identificación de las necesidades de formación en las empresas privadas. Debía existir un diálogo continuado entre los empleadores y los trabajadores sobre temas de formación, fuera del proceso tradicional de negociación colectiva. El Gobierno fomentó la constitución de comisiones conjuntas permanentes o comités sindicales locales en cada empresa a los que podrían recurrir durante la duración del acuerdo. Sugirió que existía una forma de diálogo continuo, y no sobre los salarios y los beneficios sino sobre la formación y las cualificaciones, que constituían realmente el núcleo de los acuerdos colectivos, y con frecuencia un factor de despido, desplazamiento/mobility y promoción. La falta de calificaciones suponía a menudo la pérdida del empleo. Las partes tenían la responsabilidad social de ocuparse de los trabajadores existentes, siendo quizás el papel de la OIT a nivel macro, el establecimiento de sistemas y mecanismos de relaciones laborales encargados de la reestructuración de las organizaciones.
El representante gubernamental francés dijo que los interlocutores sociales eran los responsables de la formación en su país y que el Estado intervendría únicamente tras la solicitud de los mismos. El Gobierno se encargaba de estudiar y definir los requisitos específicos de ciertos sectores, estudios realizados tras consultar a los interlocutores sociales. Del estudio del sector audiovisual (y en concreto, el espectáculo en general y la industria gráfica), se desprendía claramente que dichos interlocutores no contaban con la información solicitada sobre el empleo o los mercados a los que estaban tratando de servir. Un problema específico era la inexistencia de títulos tipo para los nuevos puestos de las áreas de empleo emergente, lo que dificultaba la estimación de las necesidades de formación y ponía trabas a los trabajadores que desarrollan sus carreras en el seno de sus empresas o fuera de las mismas. La formación adaptada al desarrollo tecnológico era de un nivel aceptable y se estaban consiguiendo los objetivos fijados. Sin embargo, resultaba más difícil establecer programas de formación a largo plazo. Se había propuesto que los empleadores y los trabajadores se reunieran a nivel de filial e intentaran garantizar a todos la disponibilidad de información consistente y coherente, ofreciendo a cada uno más información relativa a las repercusiones de las tendencias tecnológicas en el empleo. Mientras que ciertos trabajos se vieron bastante afectados por el cambio tecnológico, otros sólo notaron algunos cambios, lo que significaba que las nuevas tecnologías pueden afectar de diferente manera a los distintos trabajos. Según el orador, se tenían que estimar las necesidades de formación y las cualificaciones en términos de competencias requeridas, y determinar los requisitos específicos para los cursos de formación del sector en función de las mismas.
El portavoz de los empleadores dijo que su grupo tenía tres comentarios respecto a la formación. El primero se refería a que los programas de educación y formación eran responsabilidad de los gobiernos. Los programas de educación tenían que tener en cuenta los progresos tecnológicos, y así la educación podría responder a las nuevas exigencias y asegurar la competitividad de la mano de obra necesaria, el crecimiento y el desarrollo continuado. Los gobiernos debían fomentar la formación y la educación de los desempleados, los excluidos o los marginados, y en particular, su acceso a la tecnología. En segundo lugar, el sector privado tenía un importante papel que jugar en la formación especializada de los trabajadores de la industria. En algunos casos, los empleadores tenían que contribuir a los costos de la formación profesional, como es el caso de las autoridades locales, casos en los que los empleadores contribuyentes debían participar de forma activa en la formación, para asegurar que dichas contribuciones no se utilizaran para otros fines. Los empleadores debían interesarse en tomar parte en el desarrollo de los programas de formación. Tercero, era importante que los trabajadores tomaran la iniciativa en la búsqueda de la formación dentro de los límites de los recursos disponibles y en el acceso a la tecnología, algo que se estaba consiguiendo cada vez con más frecuencia. Con la mejora de sus conocimientos los trabajadores podían cambiar su trayectoria profesional y sus proyectos.
El Sr. Soto, miembro empleador de Uruguay, estimó que los gobiernos de los países en desarrollo con recursos limitados se debían concentrar más en la enseñanza general, para intentar acabar con el analfabetismo, factor extremadamente limitador. Indicó asimismo que sería imprudente destinar los fondos disponibles para la formación en las industrias de los medios de comunicación y del espectáculo, ya que en comparación a otras, no se encontraban en una situación crítica y difícil.
El Sr. Bates, miembro empleador de Australia, insistió en que en muchos de los casos de cambios tecnológicos, los fabricantes de tecnología jugaban un importante papel en la formación, lo que podía ser muy útil en los medios de comunicación y del espectáculo. Un tema clave era cómo ponerse al corriente de las necesidades de formación al progresar la tecnología tan rápidamente. La tecnología actual se estaba introduciendo generalmente antes de terminar la formación, lo que suponía un problema no sólo para la industria sino también para los trabajadores.
El Sr. Vargas, miembro trabajador de Chile, declaró que en Chile, y probablemente en otros países de América Latina, los empleadores de la industria de multimedia no se habían interesado mucho en formar a sus trabajadores, lo que había supuesto la pérdida del empleo para muchos de ellos. Si bien durante años se había experimentado un considerable crecimiento de sus negocios, también disminuyeron los beneficios sociales y se deterioraron las condiciones de trabajo. Los trabajadores no podían aceptar que las nuevas tecnologías perjudicaran dichas condiciones, citando ejemplos de las nefastas consecuencias de la desaparición de las compañías de periódicos. A los sindicatos se les planteaba asimismo el problema de las mujeres y los jóvenes trabajadores, con frecuencia discriminados. En Chile apenas se convocaban huelgas, ya que la ley permitía a los empleadores contratar otros trabajadores para reemplazar a los huelguistas, por los que éstos aceptaban las condiciones que se les imponían. Si bien muchos de los trabajadores jóvenes estaban dispuestos a aceptar tales trabajos, eran frecuentes los casos de rápido descontento.
La Sra. Alméras, miembro trabajador de Francia, intervino en nombre de los actores, bailarines y otros artistas afectados por las nuevas prácticas de su profesión, como por ejemplo la 3D imaging, en la que se pedía a los actores que crearan movimientos para futuras imágenes de dibujos animados. Existían asimismo nuevas formas de trabajo para la grabación de voz posteriormente mezclada, por lo que algunas veces era difícil reconocer al artista o intérprete de una canción o un dibujo animado. Los artistas intérpretes contaban con el derecho de propiedad intelectual, el derecho de autor y percibían además otros derechos subsidiarios. En Francia, al fracasar los sindicatos en las negociaciones colectivas, iniciaron pleitos para lograr el adecuado reconocimiento de los artistas intérpretes. En Estados Unidos y el Reino Unido, la negociación colectiva en este aspecto estaba teniendo también dificultades. En Francia, dijo la oradora, existían programas de formación para esos nuevos tipos de interpretaciones y artes teatrales, las cuales eran remuneradas y realizadas por los empleadores y los trabajadores, respectivamente. La OIT debía fomentar el establecimiento de tales estructuras de formación en otros países.
El Sr. van Weldam aceptó que los suministradores de equipo jugaban un papel muy importante en la determinación de las estructuras de cualificación o de las capacidades, así como en términos de inversiones. Prestaban frecuentemente sus establecimientos y nueva maquinaria para la formación de los trabajadores, ya que para cualquier organización encargada de la formación resultaba muy difícil invertir constantemente en nuevas máquinas. Mostró su acuerdo, asimismo, sobre la controversia existente respecto a los nombres exactos de las nuevas formas de trabajo. La Red Europea de la Industria de las Artes Gráficas emprendió un proyecto de desarrollo de un léxico para multimedia con términos de las artes gráficas y de los medios de comunicación. Por último, señaló que la principal preocupación de las organizaciones encargadas de la formación y, en particular, en los países en desarrollo, era la diferenciación y separación entre los trabajadores más jóvenes que habían crecido con los ordenadores y los trabajadores de más edad que carecían de experiencia en el tema, lo cual podía afectar a las operaciones de las empresas.
El Presidente concluyó afirmando que la formación era un tema que interesaba a los tres grupos y que la necesidad de recibir formación estaba cambiando de forma rápida e inesperada por la transformación que las nuevas tecnologías provocaban en las ocupaciones. El problema de la educación básica se estaba agravando. Por otra parte, en los países en los que tradicionalmente no se tenían necesidades de formación de alto nivel, ahora se exigía el mismo nivel de formación que en Europa o América del Norte. Por ello, terminó diciendo que las conclusiones del Coloquio debían hacer una referencia detallada de la formación.
Presidente: |
Jean-Pierre Lehr (Vicepresidente empleador) |
Participantes: |
Ritta Ærø Hansen (Union Officer, HK/Unión de la Industria de las Artes Gráficas de Dinamarca) |
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Maurice Wicky (Secretario General, Asociación Suiza de las Artes Gráficas, Suiza) |
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Ellen Rosskam (Especialista de Seguridad y Salud en el Trabajo – InFocus SafeWork Programme, OIT, Ginebra) |
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Ashok Venugopal (Presidente, Karnataka Film Workers’, Artists’ and Technicians’ Federation, India) |
La Sra. Hansen señaló que además de los tradicionales y conocidos riesgos del trabajo en las industrias gráficas y de la imprenta, como el ruido, las sustancias tóxicas, el mantenimiento inadecuado de las máquinas, el trabajo duro y a altas temperaturas, donde se había progresado mucho en algunos países, estaban surgiendo otros riesgos para la seguridad y salud por trabajar con las PVD. Entre ellos destacaban la mala calidad del aire en interior, los problemas psicosociales, los musculoesqueléticos, los de estómago y los digestivos, los dolores de cabeza relacionados con el estrés, la vista cansada, las alergias al polvo, la tensión muscular, las venas varicosas, así como las enfermedades circulatorias y las lesiones por esfuerzos repetitivos. Los problemas de seguridad y salud no se limitaban a los trabajadores de más edad sino que afectaba también a todos aquellos que utilizaban la PVD y el ratón durante más de cuatro horas al día. Por ello, se requería una mejor organización del trabajo, la reducción de las horas de trabajo con ordenadores, cambios de actividad y pausas frecuentes. Los riesgos para la salud podían prevenirse, pero para ello se requería un diálogo, la implicación de los trabajadores en el diseño de la terminal de trabajo y el control de los lugares de trabajo, así como una mejor información y formación. La utilización de las PVD estaba regulada por la Unión Europea mediante la Directiva 92/720 del Consejo de Europa que obligaba a los empleadores a planificar el trabajo para garantizar pausas o cambios de actividad y analizar las condiciones de trabajo en los terminales de trabajo para valorar los riesgos para la visión, los problemas físicos y el estrés mental. Dicha Directiva disponía que todos los empleados recibieran una formación y siguieran un examen de la vista antes de empezar a trabajar con las PVD, y de forma regular posteriormente. Sin embargo, existían problemas por el relativo amplio margen de interpretación de la Directiva, la falta de una puesta en práctica adecuada, y la no incorporación de las disposiciones en el plazo previsto por parte de algunos países.
El Sr.Wicky informó a la reunión que los accidentes en la industria de las artes gráficas suizas eran cada vez menores. Sin embargo, el objetivo debía ser conseguir el riesgo cero ya que existían medios para solucionar la mayoría de los problemas. En las distintas ocupaciones de imprenta se destacan varios niveles de riesgo, como por ejemplo, el riesgo cero en el trabajo previo a la prensa y el escaso riesgo de la encuadernación. En Suiza, el índice de accidentes laborales había disminuido del 53 al 46 por ciento en la pasada década y continuaría disminuyendo. Sin embargo, había habido un accidente laboral mortal y 17 heridos, más 35 casos de enfermedad, lo que aumentó los costos por accidente. Los accidentes no estaban principalmente asociados a las actividades de imprenta, sino con los resbalones, la heridas provocadas por la utilización de las máquinas, o durante la carga y descarga manual o mecánica. Sólo el 27 por ciento de los accidentes y los costes estaban relacionados con la maquinaria de producción o el trabajo con pantallas. En ciertos ámbitos, las nuevas tecnologías, como la digitalización de la información, condujeron a la reducción de riesgos, en este caso debido a la disminución del uso de sustancias tóxicas. Los diseñadores del equipo eran cada vez más conscientes de su responsabilidad en el desarrollo de productos seguros. Factores como el ruido, el calor y la luz estaban mejor controlados, aunque lamentablemente algunas personas se arriesgaban inútilmente al no utilizar el equipo de protección. El trabajo excesivo con las pantallas había creado nuevos problemas de salud, aunque no tan perjudiciales como la antigua tecnología utilizada. En el sector se realizaban asimismo actividades sometidas a plazos más cortos y a ciertas presiones causantes de estrés, creando un entorno al que los trabajadores mayores tenían dificultad para adaptarse. En el presente, la adaptación de las propias capacidades y la formación eran necesidades constantes.
La Sra. Rosskam hizo notar que el principal riesgo para la seguridad y salud de los músicos y periodistas eran las lesiones por esfuerzos repetitivos causados por posturas inadecuadas y excesivamente repetitivas. En el ámbito de la música se trató de buscar un nuevo diseño para los instrumentos o de adaptarlos a las posturas de los músicos, pero la mayoría de las veces fue sin éxito. Los músicos tenían que disponer de un equipo ergonómico adecuado, como sillas con apoyo para la columna vertebral y limitadores acústicos. Hasta el presente, un equipo de tales características sólo se obtenía si constaba expresamente en el contrato, aunque debía ser accesible a todos. Respecto a los riesgos para la seguridad y salud de los periodistas, indicó que más de 500 trabajadores habían fallecido durante los últimos años como consecuencia de riesgos para la seguridad física, sin mencionar las muertes relacionadas con la utilización de equipo pesado. La Federación Internacional de Periodistas había adoptado un código de práctica sobre la protección que abarcaba los primeros auxilios, la conciencia de riesgo y las normas mínimas para un seguro y una asistencia médica, que serviría como modelo práctico a todas las artes creativas. En el periodismo el estrés es elevado, con las correspondientes repercusiones negativas para la vida diaria y familiar. Además, como consecuencia del desarrollo del correo electrónico, de Internet, del teléfono móvil y de la necesidad de contar con información constante en los sitios de Internet (y a menudo estar al día de los progresos realizados en otros países, donde los horarios son distintos, durante los períodos de descanso o sueño), se enfrentan con más frecuencia a largas horas de trabajo o de disponibilidad «según aviso».
La Sra. Rosskam sugirió dos medidas para mejorar la situación: el establecimiento de una jornada máxima de ocho horas de trabajo con un ordenador y la desconexión del los teléfonos móviles tras períodos de tiempo establecidos. La utilización de los ordenadores era la causa principal de los problemas de salud en el trabajo de los periodistas, por lo que había que asegurar un diseño ergonómico de la terminal de trabajo y las pausas frecuentes. Se recomendó la creación de un programa de acción para prevenir las lesiones por esfuerzos repetitivos y otros riesgos, lo que exigía el apoyo de la dirección. Los empleadores debían ofrecer información y formación, y siempre que fuera posible, adquirir mobiliario y accesorios ergonómicos, como mesas completamente ajustables, sillas, soportes para las muñecas, apoyos para los pies, pantallas antirreflectantes, atriles, lámparas y limpiadores de pantallas. Era importante asegurarse de que las pausas para el descanso eran frecuentes. Los terminales de trabajo centrados en el trabajador resultaban esenciales. Si se cumplía lo anteriormente mencionado se conseguiría mejorar la salud, el bienestar y la productividad, así como la disminución de las enfermedades y el absentismo. Se debía prestar atención asimismo a los empleados en el teletrabajo, los cuales se enfrentaban a riesgos similares para la seguridad.
La seguridad y salud en el trabajo no era una cuestión de costes añadidos, sino de valor añadido, de aumento de la productividad y de disminución de los costes, La OIT había propuesto muchas soluciones simples, innovadoras y de bajo coste para mejorar la seguridad, la salud y las condiciones de trabajo. La Sra. Rosskam había dirigido y evaluado un programa de formación durante cinco años en siete países, ejecutado con el apoyo y la participación de los empleadores y los trabajadores, y que hizo que un considerable número de participantes realizaran cambios en sus terminales de trabajo y mejorasen su nivel personal de bienestar. El efecto multiplicador de la formación había sido impresionante, ya que aquellos que habían sido formados transmitían sus conocimientos a sus colegas, abarcando a un 84,5 por ciento de la mano de obra. Los resultados obtenidos llevaron a la conclusión de que la formación eficaz del 50 por ciento de los trabajadores a través de dicho programa podía llevar a una cobertura prácticamente completa, por lo que sería altamente rentable.
El Sr. Venugopal insistió en que además de los artistas, los músicos y los trabajadores con aptitudes de la industria cinematográfica, otras muchas personas estaban involucradas: los asistentes de producción, chóferes, extras, carpinteros, pintores, maquilladores y costureros diseñadores de vestuario y maquilladores, asistentes en período de prácticas, bailarines, cocineros y empleados de la limpieza, cada uno con sus propias cuestiones de seguridad y salud. En la India se habían organizado en sindicatos y habían regulado sus horas de trabajo y condiciones mínimas. Sin embargo, la tendencia actual era la subcontratación. Además, los empleos de ciertos trabajos estaban desapareciendo a causa de los sintetizadores electrónicos y los ordenadores. Las horas de trabajo eran cada vez más largas e irregulares y los trabajadores temían plantear cuestiones por las posibles repercusiones negativas. Los acróbatas, por su parte, si bien tenían más dificultades respecto a la seguridad en el empleo, estaban quizás más preparados para arriesgar sus vidas. A este aspecto, se habían contabilizado varios incidentes recientes en la industria en la India que habían causado muertes y discapacidades, causados principalmente por el incumplimiento de las medidas de seguridad. El orador citó, a modo de ejemplo, que durante la producción de una serie de televisión, la utilización de petardos en el estudio provocó un incendio que causó 56 muertes. Las estrellas de cine fueron conducidas por avión a los hospitales de las grandes ciudades, mientras que algunos trabajadores murieron en los pasillos de los hospitales locales. Por ello, sería de gran utilidad que la OIT dirigiera un estudio sobre las condiciones de trabajo de los acróbatas. La tecnología de la información estaba causando paro, inseguridad en el trabajo e insalubridad, y además no podía ignorar a los trabajadores sin educación, sin movilidad geográfica o capacidad de adaptación.
La Sra. Rosenzwaig, observadora de la Unión Internacional en Red, destacó la constante evolución del sector gráfico, en el que los perfiles de los puestos habían cambiado por lo menos cinco veces durante la anterior década. La competencia y la productividad tenían que basarse en la formación y las adecuadas condiciones de trabajo, no en la explotación. La seguridad y salud en el trabajo eran una condición sine qua non para el desarrollo del sector, condiciones que variaban de un país a otro, puesto que en algunos de ellos las sustancias tóxicas estaban prohibidas mientras que otros países en desarrollo seguían usándolas. La UNI-Graphical había comenzado un programa mundial sobre seguridad. Se consiguió entablar cierto diálogo con los empleadores, que empezaban a reconocer la necesidad de profundos debates para solucionar los problemas de seguridad y salud. El desconocimiento de los cambios que se producirían en los perfiles de los puestos creaba un enorme estrés, ya que los trabajadores tenían que reciclarse con frecuencia y rápidamente en una industria en evolución constante. Aquellos que no se podían adaptar tenían que cambiar a trabajos peor remunerados. En los países de MERCOSUR, el diálogo social sobre seguridad y formación profesional era relativamente satisfactorio. Los accidentes no eran consecuencia de la falta de cuidado de los trabajadores sino de la ausencia de relación entre el empleador y el trabajador. Los trabajadores en general utilizaban equipo de protección, pero a veces estaban mal diseñados o eran incómodos. Era absolutamente necesario obtener más información sobre la seguridad y salud. La OIT por su parte podía prestar asistencia, por ejemplo, a través de una discusión tripartita sobre el sector de las artes gráficas. Se tenía que elaborar un inventario de los puestos y analizar los riesgos que conllevan.
El portavoz del Grupo de los Empleadores señaló que las empresas habían desarrollado y utilizado los recursos humanos, por lo que había que garantizar que el trabajo se desarrollaba en condiciones de seguridad y salud para los trabajadores, los cuales eran vitales para la supervivencia y competitividad de los negocios. Las medidas de salud y seguridad para garantizar unas óptimas condiciones de seguridad en el trabajo dependían de los recursos financieros disponibles y del acceso a los productos ergonómicos, los cuales prevendrían de los riesgos y lesiones, que en caso contrario requerirían una atención médica constante. La concienciación podía reducir los riesgos laborales, objetivo que habría que intentar conseguir. La OIT estaba logrando un considerable éxito en la producción y difusión de la información a los países desarrollados y a aquellos en desarrollo, información de la que debían disponer al máximo los sindicatos, gobiernos y organizaciones de empleadores. Si bien estos últimos centraban su preocupación en las condiciones laborales y los recursos humanos, sin embargo los recursos financieros no siempre permitían las mejores condiciones de seguridad y ergonomía.
El representante gubernamental egipcio hizo notar que en su país la seguridad y salud significaban protección de los recursos humanos, protegiendo la producción, las industrias y el medio ambiente. Egipto había adoptado una legislación sobre el medio ambiente que exigía a todos los establecimientos, y en concreto a los que operaban en los medios de comunicación, la aplicación de todas las normas y criterios apropiadas al sector, siendo las autoridades las responsables de ejercer el control de las mismas. La existencia de más información y de una mayor concienciación sería útil para su mejor aplicación. Ya se estaban tomando iniciativas a través de los medios de comunicación, y se estaban convocando conferencias sobre la seguridad en la industria, y una en concreto sobre el efecto de la tecnología en el ámbito laboral y en los trabajadores.
La Sra. Rodríguez, miembro trabajador de España, subrayó que muchos de los problemas estaban en función del tiempo invertido con el ordenador. Un empleador que no ha realizado este tipo de trabajo carece de la experiencia suficiente y no puede entender los problemas de los trabajadores. Los empleadores deberían crear líneas específicas de presupuesto para la seguridad y salud y para la formación. En el sector de las artes gráficas predominan las lesiones por esfuerzos repetitivos, las tendinitis y los problemas lumbares cuyo origen son las actividades de carácter repetitivo. La proporción de mujeres afectadas en la industria era superior a la de los hombres, ya que obtenían los trabajos más repetitivos y peor remunerados. En lo que se refiere a las horas de trabajo, no se trataba sólo de una cuestión de pausas, sino también de trabajar demasiadas horas, algunas veces entre 14 y 16 horas al día, sin contar el tiempo necesario para llegar al trabajo y volver a su hogar. La formación resultaba esencial para superar dificultades.
El portavoz del Grupo de los Empleadores reiteró que los recursos financieros de las empresas no permitían conseguir unas condiciones óptimas ergonómicas y de seguridad. El Sr. Wicky señaló que los beneficios obtenidos por las prácticas adecuadas de seguridad y salud sólo eran considerados tan positivos por aquellos que las financiaban, sin percatarse de que algunas de ellas necesitaron tiempo para funcionar. Además, algunos accidentes eran el resultado de la utilización incorrecta de los productos y el equipo, siendo sencillamente evitables prestando más atención al usarlos.
El Sr. Gold, perteneciente al Programa InFocus SafeWork de la OIT, llamó la atención respecto a los convenios y recomendaciones de la OIT sobre seguridad y salud, y en concreto se refirió al Convenio sobre seguridad y salud de los trabajadores, 1981 (núm. 155), que establecía el diálogo tripartito a nivel nacional considerando las condiciones locales o nacionales. Recomendó que los participantes examinaran detalladamente el Convenio y las recomendaciones que lo acompañan. Además, el Sistema de Información Internacional sobre la Seguridad y la Salud en el Trabajo de la OIT, que contaba con centros de colaboración y nacionales en la mayoría de los países, proporcionaba una amplia información y soluciones a los problemas de seguridad y salud en el trabajo. El Programa InFocus SafeWork estaba creando hojas de datos sobre los riesgos de las ocupaciones específicas y estaba interesado en trabajar conjuntamente con varios sectores de la industria en la elaboración y difusión de las mismas, con el objetivo de prevenir los accidentes laborales y las enfermedades profesionales. Animó a los participantes a colaborar en el desarrollo de tales hojas de datos respecto a sus áreas específicas de trabajo. El tripartismo era la base del trabajo seguro.
El representante gubernamental chino subrayó que la seguridad y salud en el trabajo era un área clave que requería el apoyo de las empresas y los gobiernos. China había realizado un gran trabajo y había conseguido enormes progresos en este ámbito con la asistencia de la OIT, quien debía continuar dirigiendo más estudios y ofreciendo información a los Estados Miembros, y en especial a los países en desarrollo. La formación sobre la seguridad y salud en el trabajo tenía que considerar las nuevas tecnologías y las necesidades específicas de las industrias.
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