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Empleo
El sector del comercio (tanto al por menor como al por mayor) es una industria con un alto coeficiente de mano de obra y se encuentra entre los empleadores más importantes del mundo. Las empresas de la economía informal también son muy numerosas en el comercio minorista. En el sector de los servicios, el comercio al por menor suele ser el principal empleador en muchos países (con una cuota de aproximadamente el 20% del empleo total en numerosos lugares) y es especialmente vital a la hora de proporcionar puestos de trabajo para las mujeres y los jóvenes, incluidos los que acceden por primera vez al mercado de trabajo. Es el principal subsector, no sólo en términos de empleo sino también de valor añadido global. Las pequeñas empresas siguen dominando el empleo sectorial, si bien el proceso actual de concentración de capital conduce a una concentración del empleo en menos empresas en muchos países desarrollados y algunos países en desarrollo. Para los países industrializados, donde el consumo privado representa cerca de dos tercios de la producción económica nacional, la proporción del sector del comercio más moderno en relación con el empleo total se sitúa alrededor del 16%, dos tercios de los cuales corresponden al comercio minorista. En el empleo en el sector del comercio, los productos alimenticios oscilan en torno al 40%; las prendas de vestir representan el 20%; el mobiliario, el 13%, y los vehículos, el 10%. Existen grandes diferencias entre los países en las políticas y las prácticas de empleo, las condiciones de trabajo y las relaciones laborales, lo que refleja la heterogeneidad del sector.
El empleo y las condiciones de trabajo pueden ser sumamente precarios, debido sobre todo al predominio de pequeñas empresas y de estrategias empresariales de reducción de los costos y aumento de la flexibilidad. Aunque mantienen a un mínimo de empleados fijos y a tiempo completo, muchos minoristas utilizan mano de obra contingente para cubrir las necesidades puntuales o intermitentes o para ofrecer servicios concretos. El incremento de los precios y otros factores de competencia en muchos países ejercen una presión cada vez mayor en los márgenes de beneficios, ya que fomentan prácticas de gestión de los recursos humanos que favorecen el trabajo a tiempo parcial, la incertidumbre de los horarios de trabajo, una mala remuneración, un alto desgaste del personal y, por tanto, una escasa formación y readaptación profesional. En muchos países en desarrollo que tienen un sector del comercio menos moderno, también hay una elevada incidencia de trabajo no remunerado en las empresas familiares. Las mujeres se enfrentan a especiales desventajas; a menudo se concentran en la venta al por menor y muchas de ellas desempeñan trabajos ocasionales peor considerados y remunerados.
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