SAP 283/WP 142
Estudio monográfico sobre
la explotación minera pequeña
Ejemplo de San Simón (Bolivia)
Dado el carácter oficioso de las operaciones, resulta difícil precisar la producción de oro obtenido en San Simón, y peor aún pretender que se dispone de datos estadísticos, dada la peculiaridad de las relaciones de producción (unos son los propietarios de los socavones de donde se extrae el mineral, y otros los dueños de las procesadoras, y entre éstos las relaciones son ocasionales). Tampoco la comercialización que es totalmente libre e informal permite conseguir información sobre la producción. Sin embargo, es posible realizar una estimación bastante aproximada con base en la capacidad instalada de las plantas de procesamiento, asumiendo un tiempo efectivo de operación anual, una cifra media per cápita y una recuperación metalúrgica que MEDMIN pudo establecer con un trabajo de campo de cuantificación en algunas plantas procesadoras.
| Capacidad instalada | 30 tph (18 plantas con capacidades entre 1,5 a 6 tph) |
| Tiempo de operación anual | 1.280 h (8 h/día, 20 días/mes, 8 meses/año) |
| Promedio per cápita | 20 gpt |
| Recuperación metalúrgica | 50 por ciento |
| Producción anual de oro | 384 kg |
La erosión de los afloramientos de filones de cuarzo aurífero en la serranía de San Simón originaron también depósitos aluviales o secundarios. En un pasado reciente se explotaron algunos depósitos secundarios por el sistema hidráulico:
chorro de agua bajo presión para remover el material;
bomba de succión para conducir la pulpa aurífera al lavadero;
canaleta rústica para la recuperación de oro.
Actualmente son poco frecuentes las operaciones sobre acumulaciones aluviales.
Las operaciones de explotación actualmente se concretan en los filones superficiales de cuarzo de las mesetas de San Simón y Guarayos, enteramente a cargo de la Sociedad de Mineros San Simón de Mategúa (con sus secciones: Remanso con 150 socios, San Simón con 50 socios y Cafetal Iténez con 50 socios), basadas en un convenio suscrito con la empresa Excalibur, administrador de la mayoría de las concesiones de San Simón.
La explotación minera está organizada en unidades de producción denominadas «cuadrillas», cada una de las cuales es dueña de lo que produce. La operación es totalmente empírica, libre de todo criterio técnico, guiada sólo por el instinto y la escasa experiencia de los mineros. En virtud de una cláusula del convenio concluido con Excalibur, los mineros sólo pueden explotar hasta 30 m de profundidad vertical, medidos a partir de la superficie superior de la meseta. Este hecho constituye una limitación que impide preparar la mina adecuadamente y determina automáticamente el sistema de explotación que procede aplicar. En general, el sistema empleado es el subterráneo, por medio de rampas y galerías siguiendo los filones de cuarzo. Para el rajado de las vetas se recurre a la perforación neumática y el uso de explosivos. El mineral es transportado desde lo más alto de la explotación por galerías horizontales, utilizando carretillas hasta el pie de la rampa, donde es cargado luego en unos cajones deslizantes (tipo trineo) sobre rieles de madera instalados en la rampa, para su ulterior extracción por medio de un guinche. Los carros de madera descargan el mineral a un buzón de madera existente en la bocamina, de donde luego se cargan en camiones para su ulterior transporte a las plantas de procesamiento.
3.4.Procesamiento o beneficio del oro y sus efectos ambientales
El oro contenido en este yacimiento es de granulometría fina (menor a 0,5 mm); son pocas las partículas mayores de 0,5 mm.
Para procesar el material extraído se han abierto unas 18 plantas, cuya capacidad está comprendida entre 1,5 tonelada por hora (tph) y 6 tph. Son contadas las cuadrillas que posean planta propia; en general las plantas son propiedad de pequeños inversionistas, muchos de ellos brasileños (en mayoría ilegales), que cobran un porcentaje de la producción por el servicio de procesamiento prestado. La tecnología empleada es enteramente brasileña, razón por la cual los operadores son en un 90 por ciento también brasileños. Esta tecnología consiste en:
la trituración-molienda-amalgamación en molino de martillos;
la utilización de placas electroplateadas o centrífugas para la retención de la amalgama, y
la quema de amalgama al aire libre para la separación oro-mercurio.
En las fotografías 1 y 2 (en el anexo) se muestran una planta de tamaño mediano y otra de tamaño pequeño. En las fotografías 3 y 4 se muestran algunos aspectos de la manipulación del mercurio. Del mismo modo en los esquemas 1-a y 1-b del anexo se presentan flujogramas de las plantas empleadas en San Simón.
Lo preocupante y que afecta directamente a la preservación del medio ambiente es el uso irresponsable e indiscriminado del mercurio para recuperar el oro. En este yacimiento la granulometría fina del preciado metal ha inducido a considerar sin razón que el único modo de recuperarlo es amalgamarlo en la etapa de molienda, por ello, todos en general aplican el mercurio directamente en la alimentación de los molinos de martillos (y al girar éstos a razón de 1.500 revoluciones por minuto y más, atomizan el mercurio) y el llamado «fervedor» (receptáculo agitado con chisguete o manguera de agua bajo presión) colocado en la descarga del molino. El uso de mercurio asciende a un promedio de 400 a 500 g por tonelada de material en el molino; de éste tan sólo se retiene entre el 6 a 8 por ciento en las placas o las centrífugas, en forma de amalgama; la mayor parte se pierde en las colas como «harina de mercurio» (mercurio atomizado) y como flóculos de amalgama; estos últimos por tener un peso específico aparente bajo. Por lo demás, cabe decir que en la harina y los flóculos se pierde una cantidad considerable de oro muy fino, lo cual MEDMIN evidenció y mostró objetivamente a los mineros.
Considerando que la capacidad instalada de las plantas en San Simón suma en total 30 tph, 8 horas al día, 20 días al mes, 8 meses al año, utilizando un promedio de 400 g de mercurio por tonelada de mineral tratado, y que se recupera el 10 por ciento del mercurio utilizado, la contaminación del ambiente con mercurio alcanza cifras alarmantes: 1.920 kg/mes y 15.360 kg/año (8 meses).
Tomando en cuenta estas cifras (uso de mercurio: 15.360 kg/año, recuperación de mercurio: solamente 10 por ciento) y comparándolas con las estimaciones de la producción anual de oro (384 kg), obtenemos un factor aproximado de emisión de mercurio de 36: es decir que para producir 1 kg de oro es preciso liberar en el medio ambiente un promedio de 36 kg de mercurio. Esta cifra es a buen seguro una de las más altas registradas a nivel mundial.
Una sola planta, la más grande de San Simón, utiliza retorta para separar el oro del mercurio de la amalgama, las demás queman su amalgama al aire libre, exponiendo directamente al encargado de la quema a las emanaciones de gases nocivos de mercurio, e indirectamente a los moradores del área circundante donde se efectúa la quema.
La mayoría de las plantas son pequeñas y por el sistema de molienda que emplean (pequeños molinos a martillos) se convierten prácticamente en plantas móviles, de modo que son fácilmente trasladables a los lugares donde se puede disponer de agua (está por demás decir que la escasez de agua en la época de estiaje es crítica). Por ello, las plantas están ubicadas cerca de pozas o arroyos para surtirse de agua para el procesamiento.
Todas las plantas vierten sus colas en los lechos de los riachuelos o arroyos que al final, por algún camino, desembocan en el Iténez. El pescado es un componente principal de la dieta de los lugareños y de los propios mineros, y abunda en el río Iténez; ésta es una razón más que induce a suponer que el uso irresponsable del mercurio en San Simón puede tener efectos desastrosos.
La problemática ambiental de San Simón, debida principalmente a la actividad minera en expansión, es bastante alarmante, sobre todo por su cercanía de tres áreas protegidas como son: el Bosque Permanente de Producción de Bajo Paragúa y la Reserva Nacional y el Parque Nacional Noel Kempff Mercado. Por otro lado, su cercanía del río Iténez o Guaporé, ubicado en la frontera con el Brasil, y de una extensión considerable de su red de drenaje, que forma parte de la cuenca del Amazonas.
Todavía no se ha estudiado con suficiente detenimiento la biodiversidad de toda la zona, incluidas las áreas protegidas existentes, principalmente, a causa del difícil acceso a la zona y, por otro lado, de los riesgos derivados de las actividades de narcotráfico.
Las características de la actividad minera tienen varios efectos directos e indirectos en el medio ambiente. Entre ellos cabe citar, parte de la contaminación por el uso del mercurio, la destrucción del paisaje, la turbiedad de las aguas, la contaminación por el vertido de aceites en el suelo, la generación de desechos sólidos, tanto por la minería misma como por las poblaciones de sus campamentos, la tala de bosques, la caza de fauna silvestre, etc.
3.5.Aspectos de seguridad y salud
Como en casi todas las operaciones de la pequeña minería apenas si se adoptan medidas de prevención de accidentes o de seguridad industrial, los mineros trabajan a menudo sin los accesorios de protección mínimos, como cascos, botas y guantes de seguridad. En las minas no existe ventilación artificial y los mineros para alumbrarse en sus socavones utilizan linternas de pilas.
En las minas se suelen producir accidentes con fracturas, especialmente de brazos y piernas provocados por derrumbes, pero no existen estadísticas al respecto. Desde 1993 se han registrado tres accidentes mortales, todos causados por derrumbes dentro de la mina. La enfermedad principal en la región es la malaria. Los programas bolivianos de prevención de la malaria nunca han alcanzado la región de San Simón. El único puesto sanitario atendido por una enfermera fue instalado por la empresa Excalibur, y a él tienen acceso los pequeños mineros.