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Servicio de Empleados y Trabajadores Intelectuales por la Remuneración Equitativa del Personal de Enfermería

Por Alain Brihaye

Parte 6

1.2.6. Insuficiencia de los efectivos totales

Las características señaladas en los apartados que preceden no definen tan bien la situación del personal de enfermería como el hecho de que se manifiesten sea una patente penuria de personal o una notoria insuficiencia de los efectivos, atribuible a una combinación de factores que contribuyen al desarrollo de la demanda de servicios de salud: el crecimiento de la población (sobre todo en los países en desarrollo), el envejecimiento de la población y una esperanza de vida más prolongada (sobre todo en los países industrializados), la modificación de las condiciones y del estilo de vida a raíz de la urbanización, la industrialización, la modernización, la automatización y otras causas, y la emergencia o mayor frecuencia de ciertas causas de morbilidad (afecciones nerviosas, cardíacas, respiratorias y enfermedades infecciosas). Uno de los motivos de la insuficiencia de los efectivos puede atribuirse también a la inadecuación entre la oferta y la demanda de empleo. En muchos países, la profesión de enfermero ya no es tan atractiva como pudo serlo antes: esto se traduce en el abandono prematuro de esa actividad y en la presencia de un número insuficiente de nuevos candidatos al empleo en esa profesión. Es indudable que el nivel de remuneración y las condiciones de trabajo del personal de enfermería son las causas principales del desistimiento. También contribuye la limitación de nuevas contrataciones por motivos de orden financiero ligados a las dificultades económicas que atraviesan diversos estados. Sea como fuere, no parece que se estén proporcionando servicios en toda la medida que justificarían las crecientes necesidades de la población.

Los datos comunicados por los países y las organizaciones representativas del personal de enfermería revelan que la insuficiencia de los efectivos se hace sentir de diversas maneras; puede ser general, lo que es el caso más frecuente, o limitarse a determinadas zonas geográficas o a determinados servicios y especialidades. En todos los países la escasez se manifiesta en cualquiera de estos aspectos o en varios a la vez. Los países más desfavorecidos se enfrentan a una escasez general de personal. En Bangladesh se necesitarían 15.000 personas para atender las necesidades, pero el mercado de trabajo no proporciona sino 500 a 600 enfermeras por año; de todos modos, el presupuesto no permite crear más puestos de trabajo y una de las consecuencias es el éxodo de unas 2.000 enfermeras que trabajan en el extranjero. En Costa Rica se señala que las dificultades de orden financiero impiden contratar el personal necesario y que es patente el desempleo entre el personal de enfermería. El caso de Malasia se asemeja al de Bangladesh: se necesitarían 2.500 enfermeras y muchas de ellas se ausentan del país para trabajar en naciones del Oriente Medio donde pueden contar con mejores condiciones de trabajo. Entre los países industrializados, Italia evaluaba el déficit de personal de enfermería a finales de 1988 en 60.000 personas, señalando que la escasez era particularmente marcada en la región septentrional. El profesor Yukiyasu Nishioka, de la Univesidad de Shanshu, ha calculado que, habida cuenta de la creciente demanda de servicios y de la renuencia que manifiestan los trabajadores a ingresar en la profesión, pronto habrá que duplicar el número de enfermeros y enfermeras disponible en el Japón (802.000 en 1989) si se quiere proporcionar cuidados del nivel que corresponde.

Entre los demás países que han señalado la escasez de personal de enfermería cabe mencionar la Argentina, Australia (sobre todo en Nueva Gales del Sur y Victoria), Egipto y Finlandia (que a finales de 1989 cifraba en 10,25 por ciento la proporción de puestos de trabajo adicionales necesarios en general, pero en 17,45 y 5,5 por ciento, respectivamente, el número que se precisa en las provincias de Uusimaa y Oulu). El déficit puede ser más localizado todavía, sobre todo en grandes concentraciones urbanas; en septiembre de 1991, en la región de París y suburbios se estimaba en el equivalente del 8,6 por ciento de la partida presupuestaria para el personal de enfermería, o sea el 6,9 por ciento de los puestos de enfermera diplomada y el 53,8 por ciento de las enfermeras especializadas en servicios de cirugía. La penuria es mucho más marcada en Budapest que en el resto de Hungría. También puede ocurrir que las regiones en que más faltan enfermeros y enfermeras sean las zonas rurales; eso sucede en la India, Malawi, Sri Lanka y Zambia. En Sri Lanka el déficit se estima en 5.000 personas para el sector público exclusivamente. Suele atribuirse esa situación a las difíciles condiciones de vida en las ciudades o en el campo.

Para atenuar los efectos de la escasez de personal se recurre a diversas medidas. En las clínicas privadas españolas y en Finlandia fue necesario asignar a servicios que exigen una calificación elevada enfermeras con menor grado de competencia profesional. En Jordania ya había 500 enfermeras extranjeras en 1983; la asociación de hospitales suizos VESKA ha informado que el 28,2 por ciento del personal de enfermería es extranjero. Malasia recurre a enfermeras procedentes de Filipinas y Myanmar. En muchos casos, se está haciendo un gran esfuerzo para promover más posibilidades de formación (creación de nuevas escuelas de enfermería o ampliación de la capacidad de las existentes; recurso a escuelas privadas). No se ha observado, sin embargo, ningún caso en que se aluda expresamente a la reforma de las condiciones de trabajo y la revisión de las escalas de salarios como medios para atraer y retener personal de enfermería, pese a que parece evidente la influencia de tales factores en los niveles reales de empleo. Nuevamente es preciso recordar que el mejoramiento de las condiciones de remuneración y de trabajo entraña consecuencias financieras no desdeñables, a las que se agregan efectos en cadena cuando hay que satisfacer las reivindicaciones de otros profesionales de la salud o ajustar las remuneraciones de otras ocupaciones a las que prevalezcan para el personal de enfermería. Esto nos lleva a analizar diversos aspectos financieros de la remuneración de enfermeros y enfermeras, en la perspectiva de la estabilización o de la reducción de los gastos en salud, para ver cúal puede ser el rumbo de la evolución futura.

1.3. Aspectos económicos y financieros del empleo del personal de enfermería

Para apreciar el peso económico de la remuneración del personal de enfermería, conviene comparar la carga resultante con otros datos macroeconómicos:

- el producto nacional bruto (PNB) y, cuando sea necesario, el producto interno bruto (PIB);

- el PNB por habitante;

- los gastos en salud en proporción del PNB o del PIB;

- la proporción que representan en el presupuesto público los gastos en salud;

- la proporción del gasto por concepto de remuneraciones del personal de enfermería en el total de la masa salarial asignada a los gastos en personal de salud.

- La mayoría de los datos relativos a estas cuestiones se presentan en el cuadro 3. Como en los casos precedentes, ha sido difícil proceder a un análisis completo y satisfactorio debido a la insuficiencia de las informaciones disponibles, pero pueden discernirse ciertas tendencias a pesar de que las cifras presentadas no permiten hacer comparaciones suficientemente útiles de los aspectos financieros del empleo de personal de enfermería.

1.3.1. El peso de los gastos en salud (cuadros 3 y 8)

Dado que el sector público suele ser el principal empleador, comenzaremos por evaluar la importancia de los gastos de los sistemas de salud públicos y analizaremos sus variaciones con objeto de determinar el marco en que se sitúan las remuneraciones del personal de enfermería.

Entre 1960 y 1986, los porcentajes de los gastos en salud respecto del PNB decrecieron en cinco de los veintiún países enumerados en el cuadro 8, o sea México, Pakistán, Sri Lanka,Turquía y Venezuela; no cambiaron en Ghana, Guinea y Uruguay, pero variaron apreciablemente en Brasil, Costa Rica, Jordania y Panamá.

Sin embargo, cabe señalar que la proporción excede del 2 por ciento sólo en seis países (los cuatro que se acaban de enumerar, Uruguay y Venezuela); incluso si se ponderan los datos en función de los efectivos totales, es evidente que no ha habido suficiente margen para que la situación evolúe, tanto más cuanto que todos los países tienden a contener el gasto público a raíz de una coyuntura económica desfavorable. Así puede observarse que los presupuestos nacionales están comprimiendo los recursos asignados al sector de salud: en la Argentina decayó del 5,5 al 1,8 por ciento entre 1978 y 1986; Malawi sólo asignó el 1 por ciento durante todo el decenio de 1970. Cuando ocurre lo contrario, como en el caso de Egipto, que duplicó la asignación presupuestaria entre 1980 y 1985, puede percibirse que el atraso acumulado frustra la consecución de una meta más ambiciosa, que en ese país no excedió el 2,5 por ciento del gasto público.

Cuadro 8. Gastos públicos en materia de salud en porcentajes del producto nacional bruto y comparación del PNB por habitante con el costo de los servicios públicos de salud por habitante

Países Porcentajes del PNB

PNB por habitante en dólares EE.UU.

Costo por habitante en dólares EE.UU.

 

1960

1986

   
Argentina

1,3

1,6

2.370

40

Brasil

0,6

2,4

2.680

64

Costa Rica

3,0

5,4

1.900

103

Egipto

0,6

1,1

600

6-7

Ghana

1,1

1,2

390

4-5

Guinea

1,0

1,0

440

4

India

0,5

0,9

350

3

Indonesia

0,3

0,7

570

4

Jordania

0,6

2,7

1.240

33

Madagascar

1,4

1,8

230

4

Malasia

1,1

1,8

2.320

41

Malawi

0,2

1,9

200

4

Mauricio

1,5

1,9

2.250

43

México

1,9

1,7

2.490

42

Pakistán

0,3

0,2

380

1

Panamá

3,0

5,7

1.830

104

Sri Lanka

2,0

1,7

470

8

Turquía

0,8

0,5

1.630

8

Uruguay

2,6

2,7

2.560

69

Venezuela

2,6

2,2

2.560

56

Zambia

1,0

1,2

420

5

Como era de esperar, la situación de los países industrializados es más favorable, puesto que pueden destinar entre el 7 y el 11 por ciento del PIB al sector de salud, de modo que resalta la brecha creciente entre esos países y los países en desarrollo. Para apreciar la situación del personal de enfermería es preciso medir la importancia relativa de la masa salarial en los gastos totales del sector de salud y separar de ella la parte correspondiente a las remuneraciones del personal de enfermería.

1.3.2. Los gastos en personal

La importancia de la masa salarial en los gastos del sector público por concepto de salud varía considerablemente de un país a otro; representa el 84 por ciento en Camerún y dos tercios del presupuesto del sector de salud en Egipto. El Canadá y el Reino Unido le asignan el 70 y el 75 por ciento, respectivamente. En Suiza representaba el 80 por ciento de los gastos netos de explotación en 1988. Obsérvese, además, que en Costa Rica era del 59 por ciento y en los Estados Unidos del 53 por ciento. Comparados con los de esos países, los gastos en personal de salud de los demás países descienden a tasas mucho menos positivas: 30,5 por ciento en Italia; 40 por ciento en Hungría, pese a una fuerte progresión de las cargas sociales, y 42 por ciento en Bangladesh (si se abarcan los salarios, asignaciones y primas). La comprobación más interesante a este respecto es que la política de contención de gastos probablemente afecte más al personal cuanto más elevada sea la proporción de los gastos resultantes del empleo en el gasto público total respecto de la salud.

1.3.3. Importancia relativa de la remuneración del personal de enfermería

Es evidente que hay una relación directa entre el número de agentes que abarca todo el personal de enfermería en el conjunto del personal del sector público de salud y el peso financiero que representa dentro del presupuesto. En efecto, la variable más significativa no es la remuneración sino la cantidad de personas a quienes se aplica como podrá deducirse del ejemplo siguiente: en Suiza, según las estadísticas publicadas en 1988 por la VESKA, el personal de enfermería representaba el 44,2 por ciento del efectivo total de los hospitales, pero sólo el 32,8 por ciento de los gastos en personal, mientras que los correspondientes porcentajes relativos al personal médico eran del 8,4 y del 16,8 por ciento, respectivamente. Las partidas del presupuesto hospitalario para la remuneración del personal paramédico representan el 30 por ciento del total en Francia; la proporción asignada al personal de enfermería es del 36 por ciento en los Estados Unidos, del 31 por ciento en el Camerún, del 39 por ciento en Malasia y del 37 por ciento en Inglaterra (cifra de 1989; en 1985 era del 33 por ciento).

Por regla general, corresponde al personal de enfermería una parte importante de los gastos relativos a la remuneración, pero la proporción se abulta más en función de la importancia numérica de los efectivos que en razón del nivel de los salarios. Bangladesh parece ser la excepción más notable, pues en ese país los gastos en salud aumentaron en un 310 por ciento y los efectivos en el 216 por ciento durante un período de diez años, pero la masa salarial destinada a la retribución del personal de enfermería no excedió el 3,4 por ciento del presupuesto del sector de salud. Si es cierto que cualquier aumento de salarios de ese personal da lugar a cifras de gastos mucho más elevadas que si el mismo incremento se concediera a otras categorías de personal, puede comprenderse que las reivindicaciones salariales de las enfermeras tropiecen con tanta oposición.

Las distintas características que acabamos de señalar revisten aspectos coyunturales innegables, pues pueden evolucionar considerablemente en función de las políticas de salud y de gestión de los recursos humanos, así como en razón de la situación económica. A ellas se añaden otros factores menos evolutivos, pero de importancia no desdeñable: las estructuras, órganos, mecanismos y procedimientos utilizados para fijar y revisar las escalas de remuneración.

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Puesto al día por BR. Aprobada por OdVR. Ultima actualización: 18 de octubre de 2000.