Por Alain Brihaye
Ya tuvimos la oportunidad de señalar hasta qué punto influían en el nivel de remuneraciones y en su evolución la marcada feminización de las profesiones de enfermería y la predominancia del sector público. En efecto, tal como lo señalara en 1986 la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones, de la OIT, en su estudio general sobre la igualdad de remuneración, los empleos asignados mayoritariamente a mujeres tienden a remunerarse peor que los que ocupan los trabajadores del otro sexo; incluso tratándose del ejercicio de profesiones equivalentes o similares, la mujer suele percibir un sueldo o salario inferior al del hombre.
Dicho esto, las reglas especificas aplicables al sector público y, en particular, el hecho de que la clasificación y las escalas de remuneración se apliquen indistintamente a hombres y mujeres, garantizan la aplicación del principio de igualdad de remuneración. Muchas informaciones nacionales indican que el sector privado se conforma a las mismas reglas, de modo que puede decirse que toda vez que se practican criterios uniformes desaparece o se va eliminando progresivamente la segregación profesional fundada en motivos de sexo, por lo menos en lo que atañe al personal de enfermería, y por consiguiente se atenúa notablemente la discriminación directa en materia de remuneración.
Sin embargo, hay formas de discriminación menos tangibles. Una de ellas es la importancia dada a la antigüedad entre los antecedentes considerados con fines de promoción o ascenso: es indudable que esto favorece a quienes no hayan tenido que interrumpir su prestación de servicios y, por ende, puede perjudicar a las mujeres obligadas a abandonar provisionalmente sus empleos o a reducir su tiempo de trabajo debido a sus obligaciones familiares y a la necesidad de cuidar a sus hijos.
Las interrupciones de la carrera profesional también son perjudiciales cuando impiden que los interesados adquieran y retengan conocimientos profesionales y estén en condiciones de aprender y aplicar nuevas técnicas y métodos. Es innegable que si se deprecia el valor atribuido a la competencia profesional de cada cual, esto repercutirá en la remuneración y, sobre todo, en las perspectivas de ascenso cuando los criterios de selección privilegian el mérito y los antecedentes profesionales. Esto explica la desproporción de la representación del personal femenino y masculino según que se trate de las categorías inferiores o superiores; las mujeres predominan en las primeras y están en clara minoría en las segundas.
La situación real del personal de enfermería varía bastante. En Suecia, el personal masculino percibe apenas un 1,6 por ciento más que el femenino, aunque en los concejos de condado las enfermeras adjuntas y las auxiliares ganan algo más que los hombres: un 0,5 por ciento más en el caso de las primeras y el 4 por ciento en el caso de las segundas (en 1989). En cambio, el personal de enfermería masculino gana en promedio un 21 por ciento más que las mujeres; las diferencias de remuneración son particularmente notables en el caso del personal auxiliar, pues las mujeres sólo perciben el 55 por ciento del salario de sus homólogos masculinos. Pese al excepcional grado de feminización de la profesión alcanzado en los Estados Unidos, los enfermeros diplomados reciben una remuneración superior a la de las enfermeras de la misma categoría. La situación se invierte en Australia, pues en 1986 la diferencia de remuneración entre las dos categorías de enfermeros diplomados y habilitados era de 528,30 y 440,80 dólares australianos, tratándose de mujeres, y de 522,80 y 377,30 dólares, respectivamente, en el caso del personal masculino.
En casi todos los países se han ido eliminando muchas desigualdades con efectos directos en la remuneración del personal de enfermería, pero sería deseable que mejoren las condiciones dictadas para evitar discriminaciones en lo que atañe a la progresión profesional de ese personal. También sería aconsejable desarrollar las posibilidades de formación y de readiestramiento o reciclaje del personal femenino, sin obstruir su vida familiar. Con ese objetivo, convendría que las interrupciones o la reducción del tiempo de trabajo provocadas por necesidades o exigencias de orden familiar no se tomen en consideración cuando se exija el cumplimiento de condiciones de antigüedad para acceder a puestos o niveles superiores; por motivos análogos, sería deseable prever licencias remuneradas con fines de formación, el pago de asignaciones por concepto de capacitación, horarios diferenciados con objeto de que las mujeres puedan conciliar sus obligaciones familiares con el tiempo que reclama la prosecución de una formación complementaria, la inclusión de parte o todo el horario de formación en el tiempo de trabajo, etc.
En un plano más general, cabe hacer notar que los múltiples elementos que componen la remuneración global deforman la apreciación del componente básico, o sea el sueldo o salario. Ya formulamos a modo de comentario la sugerencia de que las tasas por horas extraordinarias, horario nocturno y trabajo en días domingos o feriados deberían entrar en toda comparación con otras profesiones menos sujetas a esas exigencias, porque se trata de requisitos ineludibles, característicos del ejercicio de las profesiones de enfermería. El salario básico, por su parte, es demasiado bajo en relación con otras ocupaciones comparables; no se ha atribuido suficiente valor a la responsabilidad encomendada al personal de enfermería, sus funciones específicas y las condiciones difíciles en que trabaja. Las perspectivas de carrera tampoco son promisorias y todo contribuye a que el personal pierda interés en lo que hace a medida que corren los años y a que decida interrumpir prematuramente su labor. En 1986, la duración media real de la vida profesional del personal de enfermería de Francia era de 9,9 años apenas.
Para que la política salarial sea más atractiva y los recursos humanos disponibles se ajusten a la magnitud de las necesidades que hay que atender, sería preciso que la situación económica de cada país no dé tanto realce a la voluntad política de contener los costos de la atención de la salud y, si es posible, reducirlos. A menos que se considere que el sector de salud es prioritario y que se le otorguen los medios necesarios para garantizar, entre otros mejoramientos, una remuneración más equitativa del personal y condiciones de trabajo más convenientes, es probable que la escasez de personal de enfermería se amplifique.
Los problemas que plantea la situación del personal de enfermería son variados y complejos y todos ellos merecen examen cuidadoso por cada una de las partes con miras a que las negociaciones entre ellas den resultados beneficiosos, tanto en provecho de los profesionales interesados como de los pacientes que deben atender. Por estas razones, incluiremos a continuación una reseña de las aspiraciones de los asalariados y de la posición de los interlocutores sociales.
Por otra parte, el personal de enfermería reclama que se tomen en consideración tanto el recargo de trabajo debido al aumento de la demanda, la diversificación y el tecnicismo de los actos a su cargo, como la ampliación de las responsabilidades que asume. Este aspecto, sobre todo en lo que concierne a cierta delegación de funciones ajenas al papel que le compete en primer lugar, aparece como uno de los principales motivos de insatisfacción y de deterioro de las relaciones con el personal médico y las administraciones de los hospitales. Dan lugar a algunas reivindicaciones particulares que se mencionan bajo otro acápite.
Por último, el personal de enfermería reivindica un estatuto profesional acorde con la formación que ha recibido. Así ocurre sobre todo en los países en que el ejercicio de la profesión está supeditado a tres o cuatro años de formación especializada después de terminado el ciclo de enseñanza secundaria; en muchos casos, la reivindicación a este respecto se traduce en una demanda de reclasificación profesional fundada en los estudios universitarios realizados en cumplimiento de los requisitos exigidos. El grado de responsabilidad profesional y de tecnicismo son otros argumentos adicionales presentados en favor de esa tesis, bastante frecuente tanto en los países industrializados como en desarrollo. No hay que olvidar que el personal de enfermería puede sacar partido de la comparación con otras profesiones y ocupaciones.
Según las informaciones de que se dispone, todas las organizaciones representativas del personal de enfermería coinciden unánimemente en que la remuneración deja mucho que desear, sobre todo cuando se tienen en cuenta las dificultades y servidumbres que impone la profesión y el hecho de que la escasez de personal agrava las condiciones en que debe prestar sus servicios.
La primera reivindicación en materia de remuneración concierne al salario básico y está ligada a la revalorización del estatuto socioprofesional, pues el personal de enfermería sostiene que su remuneración es notoriamente insuficiente cuando se la compara a la de otras profesiones y ocupaciones.
La segunda reivindicación se refiere al pago de primas y de tasas horarias especiales, sea por horas extraordinarias u horarios incómodos y penosos, o por trabajo por turnos. Algunas organizaciones los sindicatos italianos, por ejemplo afirman que no bastará con revalorizar tales primas e indemnizaciones, pues así no se compensarán los inconvenientes que soporta el personal, y que es preciso prever infraestructuras menos rígidas, como ser establecimientos de atención diurna, servicios de asistencia a domicilio, residencias protegidas y otras formas de opción que permitan evitar la hospitalización de los pacientes. Esas organizaciones deploran que el aumento de las primas e indemnizaciones se utilice como argumento para bloquear o congelar los salarios, aun en aquellos casos en que no se trata de pagos recurrentes. En algunos países, el personal de enfermería, sostenido por sus organizaciones, reclama también el mantenimiento del poder adquisitivo de la remuneración frente a los estragos causados por la inflación; como mínimo, se exige la indización rigurosa, pero a menudo también se reivindica la revalorización de los salarios reales de modo que se compensen las pérdidas registradas con anterioridad.
En muchos países, el personal y sus representantes ponen de relieve los problemas generados por disparidades de remuneración dentro de la profesión, que no sólo provocan descontento, sino que también contribuyen a que escasee el personal en los niveles peor remunerados. En opinión de los interesados, esas diferencias salariales existen incluso en caso de calificaciones profesionales y funciones de análogo nivel, son bastante corrientes en los servicios públicos y tendrían serias repercusiones si no fuera por la gran conciencia profesional que manifiestan los trabajadores. A veces, las diferencias de remuneración que pueden documentarse en distintas regiones y servicios, son capaces de provocar la renuencia de posibles postulantes y, por ende, la penuria de efectivos. No es infrecuente que el personal se refiera a diferencias de salarios a nivel internacional para explicar el éxodo de enfermeros y enfermeras. Por ejemplo, en Ghana se dice que sólo el 10 por ciento de los nacionales que se perfeccionan en el extranjero regresan al país, pues encuentran empleos mejor remunerados en los países vecinos. Con respecto a los estudiantes de enfermería que realizan prácticas en hospitales y clínicas, una queja precisa, proveniente de algunos países, se refiere a su ínfima retribución, a pesar de que suelen reemplazar personal de plantilla y administrar cuidados a los pacientes.
El reajuste de las remuneraciones es la reivindicación más característica de todo el personal de enfermería y de sus organizaciones sindicales y difícilmente puede ser ignorada por los empleadores, sobre todo los del sector público.
Tanto el personal de enfermería como sus organizaciones representativas atribuyen gran importancia al reconocimiento de las difíciles condiciones en que ejerce su profesión. Su mejoramiento figura entre sus reivindicaciones principales y en la actualidad se está extendiendo a muchas naciones el reclamo presentado inicialmente en los países industrializados con objeto de que se reduzca la duración normal del trabajo. Según cuales sean los países de que se trate, se persigue la consecución de la semana de 32 a 35 horas.
Por lo común, la protesta se generaliza en torno a la degradación de las condiciones de trabajo a raíz de las reducciones de personal o la insuficiencia de los efectivos, de la precariedad de los medios materiales y de la escasez de equipo. Los asalariados se quejan del empeoramiento de las condiciones debido al recargo de trabajo debido, a su vez, a la falta de personal suficiente , pero también se alzan contra la incuria que revela el hecho de que no se reemplace al personal ausente por motivos de enfermedad, maternidad o vacaciones, pues en muchos casos los enfermeros deben hacer las veces de auxiliares, mientras que en otros es el personal auxiliar que se ve obligado a asumir funciones que no le corresponden y para las cuales no tiene las calificaciones necesarias. A veces, las enfermeras deben añadir a sus funciones tradicionales otros cometidos de naturaleza administrativa, por lo que tienden a delegar su función principal al personal auxiliar o ayudante, con el consiguiente riesgo de que desmejoren la calidad de los servicios brindados a los pacientes y la seguridad que los rodea; este comentario se ha hecho respecto de la situación en el Brasil, pero pudiera aplicarse a otros casos. La penuria de personal también impide que los interesados sigan cursos de formación complementaria, a veces indispensable.
De más está decir que el recargo de trabajo se refleja también en cierta falta de atención respecto del adiestramiento del personal practicante o a prueba, con lo que se traba el paso de la formación teórica a la formación práctica y se causa un perjuicio indudable al profesionalismo de que deben hacer gala las enfermeras.
Los asalariados y sus sindicatos deploran por otra parte la insuficiente atención prestada por los empleadores a las consecuencias de la feminización de la profesión: hace falta crear casas cuna, otorgar más protección a la mujer durante su embarazo, adaptar los horarios de trabajo a los imperativos de la vida familiar, desarrollar las posibilidades de empleo en régimen de dedicación parcial, etc. Los sindicatos insisten en la necesidad de normalizar las condiciones de empleo y de trabajo de modo que el personal de enfermería no tenga tanta propensión a alejarse de la profesión o a buscar empleo en sectores, servicios o establecimientos que les ofrezcan condiciones más favorables.
Las organizaciones profesionales del personal de enfermería se refieren principalmente a dos aspectos del problema de la enseñanza profesional.
En primer término, bregan a favor del desarrollo de la formación permanente y de la enseñanza especializada para ingresar en la profesión, pues es evidente que así lo exigen los progresos técnicos y científicos, la evolución de los métodos y técnicas y el propio desenvolvimiento de las funciones confiadas al personal de enfermería. Además, la formación es inseparable del estatuto socioprofesional al que aspiran los miembros de la profesión, de modo que desde ese punto de vista también hay que revalorizarla y evaluarla como corresponde, habida cuenta de la evolución observada en ese campo, tanto más cuanto que el personal de enfermería sabe hasta qué punto la formación es indispensable para perfeccionarse y proseguir una carrera profesional satisfactoria. Las reivindicaciones más precisas y frecuentes son las siguientes:
- reconocimiento del derecho a disfrutar de formación permanente;
institución de programas de formación suficientemente articulados y coherentes que permitan adecuar la enseñanza a las necesidades;
- reordenamiento de los horarios de trabajo y de formación en función de las necesidades de asistencia a los cursos y a los trabajos prácticos;
- provisión de medios de formación dentro del establecimiento en que se trabaja;
- desarrollo de métodos de formación y readiestramiento que contribuyan a facilitar cambios de orientación profesional y el aprendizaje de especializaciones.
- Conviene destacar una propuesta formulada por la Comisión sobre Problemas del Personal de Enfermería, de Bélgica, según la cual los tres o cuatro años de formación inicial se sumarían a la antigüedad de los interesados en los servicios donde trabajan, lo cual sería una novedad de gran interés para el personal del servicio público.