Por Alain Brihaye
A continuación se intentará centrar la atención en las diferencias de remuneración del personal de enfermería respecto de otras profesiones y ocupaciones. En efecto, el valor absoluto de la remuneración no permitiría situar el problema en términos de la clasificación socioprofesional. Por otra parte, comparar la remuneración en el sector público con la que rige en el sector privado permite hacer comprobaciones interesantes acerca de las dificultades experimentadas en un sector y comprender mejor las reivindicaciones del personal. Por último, el examen de la igualdad de remuneración entre hombres y mujeres es de considerable importancia en vista de la composición y las características de la profesión.
Para proceder a una comparación prolija de las remuneraciones vigentes en distintas profesiones y ocupaciones sería preciso tomar como punto de partida distintos tramos para tomar en cuenta las posibilidades de progresión horizontal sin cambio de grado a raíz de un ascenso logrado con motivo de modificaciones del nivel de calificaciones o de responsabilidades. Desgraciadamente, no se dispuso de suficiente información al respecto.
No obstante, el ejemplo que se reseña a continuación ilustra claramente los numerosos aspectos de la cuestión con base en informaciones proporcionadas por la Organización de Trabajadores Municipales, la Asociación de Concejos de Condado, y la Organización del Personal de Enfermería, de Dinamarca, relativas al mes de abril de 1991. Al compararse la evolución salarial en diversas profesiones y ocupaciones se percibe que la progresión dentro de la escala de remuneración es mucho más lenta para el personal de enfermería que para los fisioterapeutas y ergoterapeutas: el personal en estudio tarda 16 años en promedio en alcanzar una remuneración neta anual de 190.000 coronas danesas, mientras que los ergoterapeutas recorren todas las etapas hasta ese tope en 8 años solamente. Por otra parte, el personal docente con un nivel educativo similar al del personal de enfermería cobra salarios iniciales superiores y en 16 años alcanza el tope de casi 225.000 coronas danesas, es decir 35.000 coronas más que los enfermeros y enfermeras que han completado el mismo período de servicios: puede comprenderse que esa diferencia sea percibida como una desvalorización de la profesión de enfermería y una injusticia. Además, la diferencia sobre un período determinado 16 años entre la remuneración del personal docente y la del personal de enfermería, es claramente desproporcionada cuando se compara el caso de enfermeros y enfermeras con el de los médicos: éstos ganan desde el comienzo de su carrera más que el sueldo de fin de carrera de los enfermeros y al cabo de 15 años pueden percibir 350.000 coronas danesas netas por año, es decir mucho más que una enfermera en jefe o un director de servicios de enfermería. Nuevamente, pueden comprenderse la frustración y las tensiones que causan diferencias tan grandes entre distintas profesiones del sector de salud. La desigualdad de trato explica muchas dificultades relativas a la contratación y a la rotación de personal de enfermería.
En lo que atañe a las diferencias de remuneración con los médicos y con profesiones ajenas al sector de salud, los resultados de la encuesta de octubre 1989 y 1990, publicados por la OIT en su Boletín de Estadísticas del Trabajo en 1991, así como algunas informaciones comunicadas por ciertos países, muestran contrastes significativos de un país a otro y dentro de un mismo país.
Comparando el sueldo medio de la enfermera diplomada y del médico en medicina general los índices revelan diferencias muy amplias entre Argentina y Venezuela, por un lado, y Benin y Suecia, por otro; además, es sabido que las distancias varían según la etapa a que se ha llegado en la progresión profesional. Al tope de su carrera en Italia, el sueldo de un enfermero equivale al 26 por ciento de un médico de categoría superior. En los Estados Unidos, como en Francia, el sueldo básico de un médico al principio de su carrera es un 33 por ciento más elevado que el de una enfermera; en el segundo país la diferencia se acentuará hasta ser del 50 por ciento. Entre el principio y el final de su carrera en esa categoría, una enfermera jefe gana en Sri Lanka respectivamente el 13 y el 45 por ciento menos que un médico. En Australia, un interno gana dos veces más y un médico jefe de hospital tres veces más que un enfermero que ha llegado al grado máximo de su profesión.
Cuadro 12. Diferencias de remuneración respecto del personal de enfermería (indice: personal de enfermería = 100)
| Países | Médicos | Controladores aéreos | Telefonistas | Cajeros bancarios | Taquimecanógrafos | Profesores secundarios |
| Australia | 142 * | 136 | 80 | 97 | 115 | |
| Argentina | 116 | 151 | 71 | |||
| Bangladesh | 135 | 101 | 62 | 62 | 68 | 100 |
| Benin | 241 | 51 | 120 | 54 | 179 | |
| Finlandia | 200 | 173 | 61 | 83 | 132 | |
| Italia | 211 | 107 | 129 | 95 | 118 | |
| Mauricio** | 204 | 141 | 64 | 132 | 68 | 159 |
| Nueva Zelandia | 141 | 67 | 78 | 87 | 131 | |
| Suecia | 243 | 217 | 89 | 106 | 139 | |
| Venezuela | 117 | 97 | 76 | 101 | 132 | |
| Zambia | 165 | 92 | 82 | 73 | 106 | 97 |
| * Sueldo de un dentista.
** Remuneraciones máximas. Los datos sobre Argentina, Finlandia y Suecia son de 1989. | ||||||
El cuadro 12 muestra también algunas anomalías interesantes respecto de profesiones y ocupaciones ajenas al sector de salud; por ejemplo, en comparación con la remuneración de un profesor de enseñanza secundaria en Benin y en Zambia, el enfermero del primer país gana 45 por ciento menos que el del segundo. Hay que tener en cuenta, por supuesto, que algunos países optan por remunerar ciertas profesiones a un nivel relativamente elevado: en Venezuela y en Zambia, las taquimecanógrafas de la administración pública ganan más que una enfermera diplomada, y algo similar ocurre en la Argentina e Italia respecto de las telefonistas encargadas de una unidad central. Pero es evidente que si se compara el grupo de cajeros de banco o el de controladores aéreos con el de las enfermeras se pueden observar diferencias tan apreciables que es difícil no pensar en una subvalorización del personal de enfermería y dejar de atribuir a ésta cierto grado de responsabilidad por el descontento, el malestar y la desafección que se manifiestan dentro de esa profesión.
Todo esto sugiere la conveniencia de reexaminar periódicamente y, en caso necesario, reformar la escala general de remuneración y la clasificación de los empleos en distintas categorías para tener en cuenta la evolución de cada grupo ocupacional. Al procederse a tal revista en el plano nacional, es posible que se logre una revalorización equitativa de la profesión de enfermería, aunque sólo sea para que en el mercado de trabajo se puedan conciliar mejor la oferta y la demanda de empleo. Es evidente que esto no impediría que subsistan diferencias entre el sector público y el privado, dado que éstas se deben, por lo menos en parte, a que en ellos operan sistemas de fijación y revisión de salarios totalmente distintos e independientes.
Una comparación cabal y precisa de las remuneraciones en el sector público y en el privado exigiría que sólo se tomasen en cuenta los asalariados con características idénticas en cuanto concierne a títulos y diplomas, experiencia, funciones y antigüedad, y que se dispusiera de datos acerca de distintos momentos de su progresión horizontal y vertical para poder observar los efectos de las prácticas de promoción y ascenso en cada sector. Además, sería preciso tomar muy en cuenta la diversidad de situaciones que pueden presentarse en el sector privado a causa del ámbito en que se negocian y del alcance que tienen los contratos y acuerdos colectivos (nacional, regional, local, por establecimiento o empresa). Desgraciadamente, la información que pudo reunirse no basta para llevar a cabo un cometido tan completo, y tendremos que limitarnos a formular algunas observaciones.
En primer lugar, el principio de igualdad de remuneración se aplica en muy pocos países (por ejemplo, en Australia y Sri Lanka). Por otra parte, no se conocen muchos casos en que la remuneración en el sector público sea superior a la que ofrece el sector privado. La UGT, en su informe sobre la situación de la enfermería en España, revela que las enfermeras del sector privado ganan la mitad de lo que perciben sus homólogas del servicio público. La Asociación del Personal de Enfermería de Rajasthán informó que la situación es semejante en la India. Sin embargo, a pesar de que rara vez se proporcionan datos acerca de las diferencias de remuneración o los motivos que las justificarían, para la mayoría de los países abarcados en este estudio se indica que el sector privado abona remuneraciones de mayor monto que las que rigen en el sector público. Indonesia aportó cifras aclaratorias respecto de la remuneración de un enfermero calificado: al comienzo de su carrera, recibiría 110.000 rupias en el sector público y 254.000 rupias en el sector privado, o sea 130 por ciento más; a los diez años de antigüedad, la misma persona ganaría 195.000 rupias en el servicio público, pero 330.000 en el empleo privado, o sea una diferencia del 69 por ciento. Para explicar las disparidades entre ambos sectores, algunos países se refieren a la estabilidad del empleo público comparada con su inestabilidad en el sector privado (Brasil), al hecho de que la edad de jubilación es más elevada en el sector privado (Finlandia) o a la mayor duración de la semana normal de trabajo en los establecimientos privados (Jordania: sueldos superiores en 30 por ciento a los del servicio público, pero 48 horas de trabajo por semana). A veces, las partes no llegan a ponerse de acuerdo acerca de cuál es el sector más aventajado: la Asociación de Empleadores de Bangladesh afirma que los sueldos del personal de enfermería son marcadamente más elevados en el sector privado, pero el Catholic Nurses Guild de ese país sostiene exactamente lo contrario. Por último, merece la pena señalar cómo pueden atenuarse las diferencias de remuneración con el correr del tiempo: en el caso de Francia, el sueldo inicial de una enfermera diplomada del Estado es más bajo en el servicio público que en virtud de distintos contratos colectivos (concluidos por la Federación de Hospitales de Asistencia Privada (FEHAP); Federación Intersindical de Hospitales y Clínicas Privados (FIEHP), y la Unión Hospitalaria Privada (UHP)), aplicables en el sector privado, pero al cabo de quince años puede ser superior a lo que prevén dos de tres convenios colectivos (véase el cuadro 13).
Cuadro 13. Remuneración de una enfermera diplomada del Estado (1989): comparación entre los sectores público y privado de Francia
| Conceptos | Diferencias entre el sector público y el sector privado | ||||||
|
Servicio público |
Sector privado | ||||||
|
FEHAP |
% |
FIEHP |
% |
UHP |
% | ||
| Sueldo inicial |
6.114 |
6.986 |
+14 |
8.952 |
+46,4 |
6.347 |
+3,8 |
| Decimoquinto año |
9.680 |
10.882 |
+12 |
9.443 |
-2,4 |
8.170 |
-15 |
| Los porcentajes indican las diferencias respecto de la remuneración en el servicio público. Los datos de la FIEHP se refieren al servicio de reeducación funcional. | |||||||
La insuficiencia de los salarios pagados al personal de enfermería del sector público no es comprensible: se trata del sector más nutrido, pero también del que más personal necesita todavía, y se aduce que tres de los motivos que justifican las diferencias de remuneración respecto del sector privado son la duración normal del trabajo, la edad de retiro y la estabilidad del empleo. Las dos primeras razones podrían justificar cierto grado de diferencia, pero la tercera no es pertinente en la medida en que el sector privado, aunque no ha sido afectado por la penuria de personal tanto como el público, sigue siendo deficitario en cuanto a sus efectivos. Pareciera razonable que se adoptasen medidas correctivas para mejorar la situación de algunas categorías claramente desventajadas de enfermeros, auxiliares y ayudantes de enfermería; una de ellas, podría consistir en la elevación del salario inicial eliminando los primeros escalones. Aumentarían así los coeficientes de principio de carrera y se reduciría la duración media de la carrera profesional.
No obstante, es innegable que muchos países, especialmente los del tercer mundo, tropiezan con grandes dificultades económicas, financieras y presupuestarias que impiden modificar positivamente las escalas de remuneración. En esas circunstancias, convendría adoptar medidas de otra índole para mejorar las condiciones de ejercicio de la profesión y hacerla más atractiva.