Por Mafalda Sibille Martina
En Nicaragua algunos de los pocos datos segregados por sexo que se obtuvieron se refieren al total de matriculados en las 11 escuelas normales; en 1988 se alcanzó la suma de 10.566 alumnos, de ellos son mujeres:
En El Salvador, conforme a datos del Informe del Ministro de Educación Pública para la Segunda Reunión Paritaria sobre condiciones de trabajo del personal docente, en la enseñanza primaria en 1982 el 74,49 por ciento son hombres y el 25,51 por ciento son mujeres. En 1988, se mantienen las proporciones: 74,46 por ciento y 25,56 para los hombres). En el nivel medio en 1982, 2.533 (48,83 por ciento son mujeres y 2.654 (51,17 son hombres). En 1990 las mujeres representan 3.953 (48,8 por ciento) y los hombres 4.144 (51,2 por ciento).
En Panamá, para 1990, el total de los maestros de primaria oficial alcanza la cifra de 12.476, de ellos un poco más del 60 por ciento son docentes mujeres. La mayor concentración de maestras mujeres está a nivel de la enseñanza primaria y preescolar, y el mayor número de profesores hombres está a nivel de la enseñanza secundaria.
Los datos demuestran lo siguiente:
- En el nivel preescolar las mujeres ocupan más puestos y, en la enseñanza primaria y secundaria, el número relativo de mujeres desciende por lo general a medida que asciende el nivel de enseñanza. Es decir, los puestos que desempeñan no parecen estar distribuidos equitativamente en la amplia gama de niveles de enseñanza. Esto es importante porque si bien en todos los países indican que su legislación no establece de modo explícito diferencias entre el personal docente de uno u otro sexo, en la práctica se observa que los niveles mejor remunerados son ocupados por varones. Si los hombres ocupan los puestos mejor pagados, dejan los puestos de enseñanza peor remunerados a las mujeres y ellas pasan a ser la fuerza de trabajo sustitutiva.
- Por lo tanto, las mujeres docentes se encuentran concentradas en los niveles inferiores de la escala salarial, lo que indica que los salarios les serán desventajosos.
No se logró obtener información que posibilite relacionar salarios, nivel de enseñanza y nivel de calificación por sexo.
Otros estudios sobre empleo femenino, crisis y economía han detectado que el nivel de educación promedio de las mujeres en la fuerza de trabajo costarricense es más alto que el hombre. Por analogía, si se diese esa misma situación en el magisterio costarricense, estaríamos ante otro desequilibrio (ya encontrado en otras investigaciones propiciadas por OIT/UNESCO): «las mujeres que enseñan al mismo nivel que los hombres suelen tener por lo menos el mismo nivel de calificación que éstos y con frecuencia uno más alto». Empleo femenino, crisis y economía. UCR, Instituto de Investigaciones Económicas 1990.
Si las mujeres docentes representan más del 80 por ciento del total ocupacional, podríamos decir que estamos ante un segmento ocupacional predominantemente femenino. Los desequilibrios son evidentes, por un lado, las mujeres docentes se encuentran mejor representadas que los hombres, no obstante, los puestos que desempeñan no parecen estar distribuidos equitativamente, ni dentro de la amplia gama de niveles de enseñanza ni dentro de los diferentes niveles de responsabilidad, como se verá a continuación.
Estos hechos son importantes porque constituyen un serio obstáculo en la participación de la escala salarial y, por otro lado, no acumulan la experiencia requerida para lograr ascensos en la carrera profesional, ya que los cargos de mayor responsabilidad son mejor remunerados y en los que se adquiere la experiencia indispensable para aspirar a otros mejores cargos, de esta manera las mujeres docentes están limitadas en adquirir la experiencia indispensable para aspirar a cargos de mayor responsabilidad y mayor remuneración.
Las ocupaciones no tienen sexo de antemano, pero diversos datos evidencian la existencia de un proceso de segmentación, con un predominio de mujeres en la docencia. Es difícil realizar un análisis de mayor profundidad debido a la inexistencia de registros de salarios por ocupación y sexo. Pero se señala esta tendencia con el fin de sugerir un campo de investigación necesario ya que, como se dijo anteriormente, si se propicia el interés de que la división del trabajo sea más igualitaria, sería importante descubrir perspectivas para que la segmentación del mercado disminuya.
Veamos a continuación qué sucede en la distribución por sexo de los puestos de responsabilidad, porque como se planteó al inicio de nuestro estudio, a las mujeres les corresponde los trabajos de servicio y sobre todo los puestos subordinados.
- en las 17 direcciones regionales sólo hay 3 ó 4 directoras mujeres;
- en las escuelas y colegios las directoras andan muy por debajo del número de los directores; calcula que en el magisterio, el 10 por ciento de direcciones está a cargo de una mujer docente;
- en los puestos de supervisión y de asesores, calcula que podría haber una participación de 15 por ciento de mujeres;
- en el Sindicato de Trabajadores Costarricenses, de 21 directivos, cinco son dirigentes mujeres y, esta participación es producto de mucho trabajo ideológico realizado al interior del movimiento.
Sin embargo en Panamá las docentes mujeres ocupan importantes puestos de responsabilidad. Como se puede apreciar en el cuadro 10, anexo 1, correspondiente a Panamá, en los puestos de responsabilidad las docentes mujeres están mejor representadas. En el total de 453 escuelas con cargos directivos se encuentran 285 directoras mujeres (62,9 por ciento) y 168 directores hombres (37,1 por ciento) y 237 escuelas sin cargo directivo.
Esto se explica, primero, porque las mujeres docentes son mayoría abrumadora en el magisterio panameño y, segundo, porque según anotaciones de autoridades entrevistadas las mujeres hacen carrera al interior del magisterio, es decir, aparentemente el magisterio panameño está más profesionalizado y que, mientras los hombres docentes están abandonando el magisterio, las mujeres docentes se someten a los reglamentos internos y acumulan puntajes por méritos.
El caso más grave lo presenta Nicaragua, donde el 87 por ciento de todos los docentes (de enseñanza básica y media) del país eran empíricos en 1989; a ello se suma el empirismo que prevalece en los docentes y formadores de las doce escuelas normales del país (66 por ciento). Apréciese además, que en la composición total del magisterio, Nicaragua tiene el porcentaje más alto de mujeres docentes (entre el 83 y el 85 por ciento).
Costa Rica también presenta un número considerable de maestros no titulados (aspirantes) que trata de subsanar mediante convenios con las universidades. En Honduras, Guatemala y El Salvador, el número de plazas para docentes es inferior a la oferta de personal formado y parece no corresponderse con las necesidades educativas de la población. Panamá presenta un bajo desempeño del personal docente que es titulado prácticamente en su totalidad (99,7 por ciento).
En Nicaragua, el sector de educadores nicaragüenses en su mayoría está formado por campesinos, obreros, amas de casa e incluso jóvenes cuya primera y única experiencia con la educación deriva de la Cruzada de Alfabetización o simplemente de alguna relación escolar discontinuada. Otro dato, también para Nicaragua, que confirma la misma situación: los nuevos profesionales en materia educativa, en su mayoría no son formados por educadores profesionales sino por formadores empíricos:
« En 1989, de 341 docentes que se desempeñaron en la rama de formación docentes 266 (66 por ciento) eran de tipo empírico para el sector; 94 (28 por ciento) maestros graduados en educación superior y 21 (6 por ciento) docentes de educación media».
En Nicaragua, parece existir tanto una sobreoferta de maestros, como el abandono progresivo de los profesionales hombres.
La falta de antigüedad de los docentes en el magisterio es planteado como problema en el anteproyecto Profesionalización y Superación para 2.000 Docentes; asimismo en la entrevista con la autora de este trabajo, la Directora de Formación Docente del MED, la Lic. Aurelina Salazar, planteó ese problema de la siguiente manera:
«Los maestros, principalmente los hombres, están desertando del magisterio por razones económicas. La docencia es una profesión poco motivadora en términos económicos, ya no se encuentran maestros con muchos años de trabajo, actualmente no se encuentran maestros de antigüedad. El maestro que ingresa al sistema, si encuentra algo mejor se va; ingresan así, al magisterio, personas que no han encontrado mejores oportunidades.»
En Panamá algunas funcionarias del Ministerio han identificado con diferentes interpretaciones y matices ideológicos que en los últimos años existe un progresivo proceso de feminización de la profesión. Por ejemplo, la Directora Nacional de Educación Primaria, profesora Silvia Griffith, con casi 29 años de laborar en el magisterio, brinda su opinión sobre cambios observados entre los docentes hombres y mujeres en los últimos 20 años:
«... a partir de 1970, las mujeres entran en forma masiva al magisterio; ese ingreso se debe a que los salarios son muy bajos y los hombres salen del sistema en busca de mejores salarios; mientras que ellos progresivamente abandonan el magisterio, en ese mismo lapso (entre 1970 y 1980) la mujer docente estudia, se capacita. En 1979, después de una huelga de 62 días se da un significativo aumento salarial, lográndose los sobresueldos; los hombres que quedaron en cargos directivos se jubilan y los relevos masculinos no estaban debidamente formados. La mujer, que es más disciplinada para el estudio, acumula más créditos y cuando se presenta a los concursos ella gana los concursos y las nuevas plazas.» «... Debemos aumentar el liderazgo de los hombres dentro del magisterio; la mayoría de las direcciones de las escuelas está en manos de las mujeres. La ventaja de tener directores hombres es que ellos no se contentan con poco sueldo y dan la lucha por mejorar los salarios; cuando ellos abren camino, las mujeres seguimos... porque así debe ser... ellos abren camino y nosotras seguimos...»
La profesora Astenia de Aparicio, Directora de Planificación del Ministerio de Educación, confirma que la mayor parte del personal que participa en los concursos son mujeres, porque están mejor formadas que los hombres. La población masculina graduada a nivel medio de diferentes bachilleratos busca ir a la universidad a hacer estudios en humanidades para ser profesores de enseñanza media.
Es importante tener en cuenta que esta concentración ocupacional no es producto de situaciones puntuales o de coyuntura en el mercado de trabajo, sino que constituyen una nítida proyección de rasgos estructurales (resultado de las relaciones de género y de las desigualdades que existen en la sociedad) del mercado laboral que se expresan en la forma de un proceso de segregación ocupacional construido y desconstruido en estrecha relación con el desarrollo económico, (Dierckxsens, 1992).
Es importante subrayar que si se quiere mejorar el estatus de la docencia, se debe tener en consideración que la subordinación de la mujer al varón se institucionaliza no sólo porque los varones suelen ser los jefes y las mujeres las subalternas, o que las mujeres ganen menos que los hombres sino, lo que hace la mujer es menospreciado, menos valorado, aunque requiera igual y hasta más calificación.
Tanto la CEPAL como los estudios de Dierckxsens, nos brindan datos sobre dos situaciones muy importantes a destacar: por un lado se observa un serio deterioro de los asalariados del sector público, y por otro lado se señala a los jóvenes y las mujeres que se incorporan a la fuerza de trabajo, como el sector poblacional más sensible a este deterioro.
La CEPAL (1991: 10) afirma que en el marco de programas de ajuste fiscal o de reestructuración acordados con organismos multilaterales, los gobiernos debieron congelar las contrataciones y reducir los salarios reales de los funcionarios, lo que produce numerosas manifestaciones en las características del empleo en la región, tales como:
afectó principalmente a los trabajadores del sector público: «la disminución de los ingresos del trabajo afectó principalmente a los trabajadores por cuenta propia no profesionales, a los trabajadores del sector público y a los asalariados de la industria manufacturera», (CEPAL 1991: 3)
los jóvenes y las mujeres como grupo poblacional más sensible: «... afectan a los jóvenes, que en porcentajes elevados ni estudian ni trabajan; a las mujeres que se han incorporado a la fuerza de trabajo en condiciones discriminatorias; a los jefes de familia que sufren elevados niveles de desempleo».
esta situación va pareja con el considerable aumento en la heterogeneidad de la pobreza urbana, fenómeno que está estrechamente asociado a procesos de movilidad descendente desencadenados por la crisis. Por lo tanto, progresivamente a partir de la crisis, se agregan cantidades importantes de «nuevos pobres» (pobres por insuficiencia de sus ingresos pero sin carencias críticas en sus necesidades básicas educacionales, sanitarias y de vivienda), al crecimiento tendencial de la «pobreza crónica» (pobres por insuficiencia de ingresos y con carencias críticas básicas).
La crisis afectó más en proporción a los hogares cuyos ingresos estaban cercanos al valor de la línea de la pobreza, y menos a aquellos que se encontraban en torno de la línea de indigencia (que equivale al valor de la canasta alimentaria solamente), (CEPAL 1991: 17). Por ello, posteriormente se compararán datos sobre salarios de los maestros con los índices de costos de la canasta alimentaria, como indicador del poder adquisitivo básico de los docentes (PNUD, 1991).
Los estudios de Dierckxsens confirman las apreciaciones de la CEPAL, veamos cómo se plasma en la política sobre salarios adoptada en Costa Rica, cuando él estudia la evolución de los salarios mínimos reales y salarios reales de mercado entre 1980-1988, el Sr. Dierckxsens encuentra:
- por un lado, que la política salarial protegió los salarios mínimos y el mayor libre juego del mercado ha devaluado los ingresos altos acercándolos, en términos relativos, a los mínimos, de lo que resulta el empeoramiento de los asalariados de la parte media y alta de la escala;
- y por otro lado, se interpreta que esta política llevó a desplazar los puestos más calificados por fuerza de trabajo menos calificada.