Por Mafalda Sibille Martina
Gracias a los datos obtenidos en entrevista con la Directora de la Escuela Normal «Alesio Blandón Núñez», se pudo ahondar en esta situación y obtener datos muy reveladores:
1) En 1990, en los cursos de profesionalización en esa normal de un total de 846 alumnos matriculados, 737 (87 por ciento) eran estudiantes mujeres.
2) Sobre el nivel de escolaridad en las estudiantes mujeres: 294 (40 por ciento) tenían el nivel de 6.o grado aprobado; 244 (33,10 por ciento) aprobaron el ciclo básico; y 199 (27 por ciento) han obtenido el nivel de bachillerato.
En otro estudio realizado por la Escuela Normal en 1988, se encontró que de un total de alumnos de 321 (hombres y mujeres), las mujeres que ingresaron con sexto grado aprobado contaban con las siguientes edades:
88 tenían menos de 20 años (27,4 por ciento),
84 de 20 a 24 años (26 por ciento),
78 de 25 a 34 años (24,3 por ciento),
32 de 35 a 49 años (10 por ciento), y
2 que alcanzaban a 50 y más edad (1 por ciento).
De 250 alumnos hombres y mujeres, las mujeres que ingresaron con tercer grado aprobado contaban con las siguientes edades:
41 adolescentes mujeres de menos de 20 años (16,4 por ciento),
79 de 20 a 24 años (31,6 por ciento),
75 estudiantes de 25 a 34 años (30 por ciento), y
1 mujer de 35 a 49 años y ninguna de 50 y más edad.
Las mujeres (224 de un total de 256) que ingresaron a la escuela normal con bachillerato aprobado contaban con las siguientes edades:
las menores de 20 años representaban 9 (3,6 por ciento),
las estudiantes de 20 a 24 años 76 (29,7 por ciento),
las de 25 a 34 años 118 (46 por ciento),
las de 35 a 49 años 20 (7,8 por ciento), y
de 50 y más 1.
Los datos confirman que en el magisterio nicaragüense los profesores empíricos son mayoritariamente maestras mujeres de 20 a 34 años. La mujer tiene sus hijos justamente entre esas edades y ellos son menores de edad; quiere decir que esas mujeres estudiantes de los cursos de profesionalización están cumpliendo a la misma vez con su rol de estudiante y con sus roles productivos y reproductivos. En la práctica, ¿cómo combinan esos roles? Probablemente la exigencia de cumplir con tantos roles y por el recargo de múltiples funciones que esa experiencia implica, sería un límite en su preparación profesional.
El hecho de que mayoritariamente se incorpore a los cursos de profesionalización las mujeres de 20 a 34 años, nos revela también que la mujer mayor de 35 años casi no se capacita. ¿Será que salen del magisterio? ¿Qué la maestra a partir de los 35 años ya está agotada? ¿Qué no tiene mayores estímulos para seguir estudiando? Sería importante esclarecer y estudiar con mayor profundidad este abandono a la profesionalización a tan temprana edad productiva.
Otro dato que sería importante ahondar es el siguiente: la maestra que ha dejado la escuela en el tercer y sexto grado lo ha hecho todavía cuando niña, es decir, entre los 10 y 13 años, encontramos en los datos que ella se matricula en los cursos de profesionalización entre los 20 y 34 años, edad de gran exigencia en atención al cumplimiento con las funciones que exige su rol reproductivo; apréciese que han pasado casi 10 años entre que dejó de estudiar hasta cuando se matricula en los cursos de profesionalización, es decir, tuvo un largo período sin estudiar. ¿Por qué pasaron tantos años? Laboralmente, ¿qué hizo en ese lapso? ¿Qué pudo significar para ella volver a estudiar en esas condiciones? ¿Qué significan esos hechos para la calidad de la educación?
Los seminarios y cursos para los docentes en servicio que organiza la Dirección de Perfeccionamiento en Panamá buscan suplir lagunas y vacíos detectados por los supervisores. Son de carácter voluntario y, al aprobar el curso, el Ministerio otorga medio punto en el currículum del docente.
Durante 1991, sólo en la capital durante los mese de enero, febrero y marzo, participó en los cursos de perfeccionamiento y actualización el siguiente número de maestros: 363 docentes de preescolar, 1.274 maestros de primaria y 804 profesores del nivel medio.
Para distinguir la participación de docentes diferenciándolos por sexo, se tomó una muestra de algunos cursos y seminarios de perfeccionamiento. Se obtuvieron los siguientes datos:
- en el Seminario «Organización y Administración», participaron 70 docentes varones (35,2 por ciento), 129 mujeres docentes (64,8 por ciento) con un total de 199;
- en el Seminario «Supervisión y Dirección Escolar» (17 al 12 de febrero de 1992) participaron 78 hombres (42,3 por ciento) y 105 mujeres (57,7 por ciento) con un total de 183;
- en el Seminario «Legislación Escolar» (24 al 28 de febrero 1992), de un total de 210 participantes, 128 eran docentes mujeres (60,1 por ciento);
- en el Seminario «Protección Civil» (24 al 28 de febrero de 1992), 14 docentes varones y 41 docentes mujeres (74,5 por ciento) han asistido;
- en lo que se refiere a las edades de los participantes, entre los varones se encontró 4 docentes mayores de 42 años, el resto fluctúan entre 26 y 38 años. La edad promedio de las mujeres comprendió entre los 22 y 40 años, y
- sobre los horarios se han realizado en tres turnos, de 7 horas a 12 horas; de 13 horas a 18 horas; de 16 horas a 20 horas.
Con estos datos se comprueban tendencias similares a las detectadas en Nicaragua: los estudiantes regulares de las escuelas normales son básicamente mujeres que ingresan al magisterio siendo aún niñas; por lo tanto no tienen mayores posibilidades de romper con los estereotipos patriarcales.
Por otro lado, se encuentra que, las mujeres docentes que siguen los cursos y seminarios de perfeccionamiento tienen de 22 a 40 años; de este dato se puede inducir que estas docentes tienen hijos pequeños y que están cumpliendo a la misma vez con su rol de estudiante y con sus roles productivos y reproductivos. Surge una importante pregunta: ¿A qué costo logra la docente cumplir con la realización del conjunto de las responsabilidades comprendidas en el ejercicio de sus roles?
Existen enormes vacíos, en el conocimiento de los problemas que en general enfrentan las mujeres en la sociedad, es un tema que ha sido invisibilizado a los largo de la historia.
La profesión de educación es concebida como extensión de los roles femeninos. El perfil ideal responde a rasgos femeninos, en donde el o la profesional se espera tenga vocación para trabajar con otros, particularmente con los más débiles, que sea capaz de identificarse con el dolor ajeno. Podemos destacar que la socialización condiciona el ingreso de los alumnos y el desarrollo de carrera de los docentes.
En consecuencia, la formación profesional de los educadores tendría que actuar para prevenir y eliminar cualquier discriminación contra las personas o grupos en razón de su raza, etnia, condición social, sexo, edad, religión, nacionalidad, discapacidad física, etc, etc.
No se tienen datos directos, pero se observa que la formación profesional del educador no prepara para un ejercicio profesional no discriminatorio. No se prepara para el ejercicio profesional no sexista, ni para enfrentar la discriminación de género de que es objeto el mismo gremio.
Considerando el género, como construcción social de lo que cada sociedad define como femenino y masculino, ya que condiciona fuertemente el perfil profesional y el status gremial, ya que la mayoría de las profesionales son mujeres. Sería importante estudiar la asociación de esta realidad con el bajo prestigio profesional que viene acompañando al segmento ocupacional de la docencia en comparación a otros segmentos ocupacionales.
Sería muy importante conocer y estudiar con mayor profundidad, si se capacita al estudiante en la autodeterminación, el respeto a las diferencias, la diversidad, el pluralismo, la libertad, la democracia participativa y si los procedimientos metodológicos garantizan un ambiente de estudio y trabajo seguro y respetuoso, ya que la experiencia demuestra que, los estudiantes en educación tienen no sólo que aprender a vivir en democracia sino que deben modificar concepciones y experiencias que superen la práctica autoritaria y discriminatoria, que impiden la formación integral del recurso humano.
En la formación del docente no se puede entregar al estudiante solamente los instrumentos para hacer más eficaz la transmisión de conocimientos y la evaluación instrumental. Se deben identificar, analizar y resolver problemas vinculados a los prejuicios, el estereotipo, el sexismo, el racismo y las discriminaciones.
La discriminación se funda en estereotipos generados y reproducidos en contextos concretos. Modificar concepciones y prácticas no es una tarea sencilla; los hombres y mujeres han sido socializados para que asuman y acepten comportamientos que respondan al género de cada uno. Por ello, es importante conocer cómo operan las relaciones sociales entre los grupos, y entender cómo operan las relaciones de poder y autoridad que hacen funcional la discriminación.
En el desarrollo del trabajo se intentará vislumbrar la articulación estructural del patriarcado con la esfera del trabajo pagado, vinculando el tema al contexto de los programas de ajuste estructural que se aplica en la subregión, ya que diversos estudios plantean que ese proceso de reestructuración económica agudiza las discriminaciones por sexo en el empleo y en los salarios.
El análisis en su conjunto representa un fenómeno de extrema complejidad; porque nos referiremos a los procesos de segregación por sexo en el mercado de trabajo, generización que constituye un efecto de estructuras y fuerzas de mercado, penetradas por valores y normas culturales con respecto al sexo.
Tradicionalmente se afirma, que la actividad de la mujer se orienta sólo a lograr un ingreso complementario al ingreso del proveedor principal, el jefe de hogar; se supone que el hombre es responsable de mantener a la familia y que su ingreso permite su reproducción y la de su grupo familiar; dado que el salario de la mujer se considera socialmente como complemento del salario del marido, el salario promedio de la fuerza de trabajo femenina frecuentemente es más bajo que el de los hombres. El presente estudio contiene datos que cuestiona seriamente esta interpretación tradicional y estereotipada.
Como se dijo anteriormente no se encontraron suficientes datos segregados por sexo en las instancias oficiales consultadas, lo que limitó el desarrollo de la investigación a partir del temario sugerido por el Comité Mixto UNESCO-OIT. Para superar ese vacío, se procedió a realizar una reseña bibliográfica sobre investigaciones que reflexionan sobre la problemática y que guardan alguna relación a nuestro tema. Es debido a esa limitación y, es a partir de la información recolectada que se inicia este capítulo interrelacionando los temas empleo, salarios e ingresos.
También es importante señalar que los estudios sobre el empleo femenino en Centroamérica son todavía muy incipientes, por ello, se acudió a fuentes secundarias, indirectas y heterogéneas que de manera tangencial tratan el tema de la docencia. Los estudios más relevantes detectados son los realizados por la CEPAL, los datos sistematizados por la FLACSO y el IICA, otros diversos estudios sobre género de alcances nacionales y en particular se destacan los trabajos del economista y demógrafo Wim Dierckxsens, quien en sus trabajos «El impacto del ajuste estructural sobre la mujer trabajadora en Costa Rica» y «Mujer y fuerza de trabajo en Centroamérica» formula interesantes hipótesis e interpretaciones que han servido de base para realizar apreciaciones de interés persiguiendo el cumplimiento de los objetivos del presente estudio.
Entre las principales características de la fuerza de trabajo femenina en el mercado laboral centroamericano se destacan: una acelerada incorporación de la mujer en la actividad económica y su ubicación en el sector servicios, es decir, la mujer se incorpora al trabajo pagado como educadora, para estar al cuidado de los enfermos, como secretaria, en la confección de ropa y como empleada de salones de belleza; en un mercado laboral donde están disminuidas de oportunidades de encontrar un empleo; donde existe una sobre oferta femenina de trabajo; y, con un marcado descenso de la relación salarial en las mujeres, lo que demuestra la inestabilidad general de la asalariada; por otro lado se apreciará que en esta incorporación a la fuerza de trabajo, como una constante, ellas ocupan los puestos subordinados.
Es decir, en el mercado laboral centroamericano, a las mujeres les corresponde los trabajos de servicio que están vinculados a la antigua subordinación del trabajo doméstico, ya que las ocupaciones en las que se insertan las mujeres están asociadas con la antigua subordinación del trabajo doméstico, subordinación que además afecta a toda la economía. Es decir que la subordinación de la mujer en la economía va más allá de las relaciones formales de poder, ya que ella, en su trabajo productivo ocupa los puestos laborales vinculados a la antigua subordinación del trabajo doméstico.
Aunque los datos del Cuadro 5 en el anexo 1, «Número de mujeres asalariadas por cien varones, según ocupación: total, urbana y rural», pertenecen a Costa Rica; diversos signos acusan la posibilidad de extender esa situación a los otros países de Centroamérica. Como se puede apreciar en dicho cuadro, la mujer centroamericana se ha incorporado al trabajo productivo en el sector servicios, es decir, como educadora, para estar al cuidado de enfermos, como secretaria, en la confección de ropa y como empleada de salones de belleza; ya que es precisamente en estas ocupaciones que resulta significativamente alto el número de mujeres por cada 100 varones.
Sobre la participación de la mujer en los puestos subordinados se tratará en forma directa, al estudiar la estructura del empleo femenino en la docencia. El lector puede referirse a los cuadros 6, 7, 8 y 9 en el anexo 1 que tratan de: la Población femenina económicamente activa, del Desempleo abierto en Centroamérica, de las Tasas de desocupación por sexo y edad 1980-1990, en Costa Rica, y de la Población desocupada por tipo de desocupación según sexo y edad en 1989, en Honduras.
Lo interesante de esos cuadros es que acusan las siguientes características:
- En todos los países centroamericanos se aprecia una incorporación acelerada de la mujer en la actividad económica, cuando a la vez disminuyen las oportunidades de encontrar un empleo. Por ejemplo, en Costa Rica este aumento pasa del 24,4 por ciento en 1980 al 30,3 por ciento en 1990, lo que representa un incremento relativo de un 24,2 por ciento en una década. Y, a la vez, se aprecian altas tasas de desocupación femenina entre 1980-1982 subió de 5,9 por ciento a 9,4 por ciento siendo el grupo más afectado el de las mujeres en edad reproductiva y la población joven (Dierckxsens 1992). En Honduras entre las mujeres de 20-29 años, se da una tasa de desocupación del 51,4 por ciento. De éstas, 55 por ciento son cesantes y las que buscan trabajo por primera vez se concentran en los grupos de edades de 15-19 y 20-29 años. (Dierckxsens 1992).
- Existe una sobreoferta femenina de trabajo, tendencia que se acelera en época de crisis económica, como se apreciará en los puntos siguientes:
- Se aprecia también que existe una relación directa entre esa sobreoferta femenina de trabajo y el descenso de la relación salarial. Este hecho se traduce en la caída general de los salarios de mercado, cuando se empeora la situación de los asalariados de la parte media y alta de la escala, principalmente en el sector público, sector donde se encuentran ubicados los docentes centroamericanos.
En Honduras se observa lo siguiente:
En la evolución de la participación femenina para el período 1961-1985 se establece una tendencia de incremento continuo, ya que la mujer pasa del 12,9 por ciento en 1961 al 42,0 por ciento en 1985. Sin embargo, la mujer obtiene salarios que corresponden al 77,5 por ciento del pagado al trabajador varón. Para este país, sólo se encontraron datos relativos a la industria manufacturera.
Asimismo, se aprecia en ese país un descenso en la categoría de asalariadas femeninas, ya que la «categoría asalariada femenina pasó de 77,65 por ciento en 1974 a 65,99 en 1983». Según criterio de los planificadores sociales, ese descenso en la categoría de asalariados señala que los efectos de la recesión económica afecta en primer lugar a la mujer, pues ella es despedida en primera instancia, (página 56, Política nacional para la mujer).
- Los datos presentados sobre el descenso en los empleos y en las asalariadas femeninas en centroamérica señalan otro aspecto básico para nuestro estudio, como el de la inestabilidad general de la asalariada centroamericana.
Y, sugieren una interesante hipótesis (que en el futuro podría ser objeto de mayor estudio), que es importante enunciarla:
«la existencia de sobreoferta femenina de trabajo en el mercado de trabajo no sólo desplaza a las mujeres del mercado sino también en igual grado a los hombres, lo que ocasionaría una progresiva sustitución de la mano de obra masculina por la femenina» (Dierckxsens 1992).
Según el autor, este fuerte incremento de la mano de obra femenina, en combinación con el descenso de la relación salarial, tanto para hombres como para mujeres, son la muestra clara de la tendencia sobrepoblacional femenina en el mercado laboral.
La activación de esa oferta femenina de trabajo se explica y se incrementa a raíz de la crisis que afecta a la subregión
Es decir, esa activación de la mano de obra femenina se explica, por la necesidad de nuevos ingresos que generó la crisis al interior de los hogares, ya que durante los años ochenta se observa que la incorporación de la mujer en la actividad económica (monetarizada) se acelera. Pero, simultáneamente, también se observa que se disminuían las oportunidades de encontrar empleo. ¿Cómo explicarse este fenómeno aparentemente contradictorio?
La explicación sobre estos hechos, que para Costa Rica da Dierckxsens, se encuentra interrelacionando las principales variables económicas sobre los procesos que vive la subregión. Dado que en la región centroamericana se aplica el mismo modelo económico, es muy probable que los otros países se vean afectados por situaciones similares.
- entre 1980-1982, se transfirió al exterior por concepto de pagos netos por el servicio de la deuda externa y por la variación de los términos de intercambio un equivalente al 14,8 por ciento del PIB, y por otro lado, se calcula en promedio otro 10 por ciento del PIB que se fijan por la sobrefacturación de las importaciones y subfacturación de las exportaciones;
- la forma bruta de capital disminuyó en un 46 por ciento tanto en el sector público como en el privado;
- la producción cayó en términos reales en más de un 9 por ciento, lo cual significó una caída de 16 por ciento en términos del producto percápita;
- el desempleo subió como consecuencia de lo anterior de 5,9 por ciento a 9,4 entre 1980-1982;
- la situación de desempleo resultó más desfavorable para la población femenina y para los menores de veinte años para quienes el desempleo alcanzó casi el 20 por ciento como pudo apreciarse en el cuadro sobre las tasas de desocupación por sexo y edad 1980-1990, presentadas al inicio del capítulo;
- a partir de 1980 el colón comenzó a devaluarse y estas devaluaciones fueron seguidas por fuertes tasas de inflación (37,1 por ciento en 1981 y 90,1 por ciento en 1982). La inflación no se vio acompañada por alzas proporcionales en los salarios lo que se tradujo en una baja fuerte en los salarios reales (un 35 por ciento entre julio de 1980 y julio de 1982). La reducción de los niveles salariales produjo un dramático aumento de la pobreza (el 40 por ciento en 1982);
- la deuda externa generó una deuda social esos años. Esta situación condujo no sólo al déficit fiscal sino también a una contracción en el gasto social;
- la transferencia de recursos hacia el exterior dificulta en otras palabras a la vez el mantenimiento del gasto social y la inversión pública y privada que a su vez limita la absorción de la fuerza de trabajo del mercado.
Según Dierckxsens, la consecuencia de esta sobreoferta femenina de trabajo en el mercado laboral genera una alza en la capacidad sustitutiva de la fuerza de trabajo, lo que permite reducir los costos directos e indirectos de la mano de obra. Lo que en otras palabras sintetiza el autor: durante la crisis, el mercado de trabajo opera más con mecanismos de reemplazo y menos con la reproducción y conservación de la fuerza de trabajo.
Esas consideraciones son importante tenerlas en cuenta ya que si se tiene interés de que la división del trabajo sea más igualitaria, como punto de partida, es importante reconocer la existencia del proceso de segregación por sexo en el mercado de trabajo, él que a su vez, es resultado de estructuras y fuerzas de mercado penetradas por valores y normas culturales con respecto al sexo.
Es importante este reconocimiento porque se podrán impulsar leyes que otorguen igualdad de derechos y obligaciones en el campo laboral a hombres y mujeres, se podrán ratificar las convenciones y recomendaciones internacionales que concierne a los derechos de la mujer para tener iguales condiciones de trabajo, pagos idénticos por trabajo idéntico, etc, etc., pero si se desconocen los aspectos estructurales relativos a la posición ocupacional de las mujeres será difícil que se puedan variar las condiciones de trabajo por sexo.
Para efectos del presente estudio quedan enunciados los problemas con el propósito de hacer evidente el proceso de segregación por sexo en el mercado de trabajo; situaciones que son importantes de abordar si se tiene interés en trabajar por una organización más igualitaria y satisfactoria para la sociedad.