Por Mafalda Sibille Martina
En los planes nacionales se enuncian problemas del maestro de manera general, pero no hay planteamientos sobre mejoras generalizadas en cuanto al entrenamiento y el mejoramiento de la carrera docente. Se encontraron sólo dos proyectos: el de Guatemala, referido directamente al mejoramiento del currículum, y el de Nicaragua, que en su formulación se preocupa por las condiciones del docente y el mejoramiento de la calidad de la educación.
Aparentemente, el eje de preocupación de los planes nacionales está centrado en: la situación del personal docente como situación crítica asociada a la satisfacción de las necesidades de aprendizaje básico.
En los planes se dedican algunas líneas para mencionar el deterioro en las condiciones de trabajo de los educadores, factor clave en los procesos educativos, se pone de relieve que se enfrentan actualmente múltiples dificultades asociadas a su débil formación inicial, a las insuficientes acciones de actualización y perfeccionamiento permanente y a la falta de incentivos profesionales y sociales que contribuyan a elevar su autoestima y status profesional. Los problemas de los docentes se enuncian, pero no se profundiza en ellos ni en sus posibles soluciones.
En los planes nacionales se menciona que en las condiciones de trabajo de los educadores existe un panorama difícil debido a los siguientes factores:
- la falta de incentivos profesionales y sociales que contribuyan a elevar su autoestima y status profesional;
- sus ingresos no son apropiados a la importancia de sus responsabilidades en términos del progreso del país y el tamaño del problema educativo;
- por otro lado, la capacidad de los gobiernos y de las familias pobres es también crítica para mejorar estas condiciones.
- Los planes nacionales no presentan estrategias generalizadas para superar el problema de la mujer docente. No se hacen referencias directas a los problemas de la mujer docente y, de la discriminación que sufre, no existen datos segregados por sexo.
Estudiar la discriminación de las oportunidades por sexo en el empleo y en los salarios significa penetrar en el lado oculto de la división sexual de trabajo, de la distribución de los recursos y del poder. Interesa vislumbrar los procesos de segregación por sexo en el mercado de trabajo, en tanto generización que constituye un efecto de estructuras y fuerzas de mercado penetradas por valores y normas culturales con respecto al sexo. Los datos presentados visualizan una compleja situación que debería ser estudiada con mayor atención. El presente estudio apenas sugiere interrelaciones e hipótesis que por su importancia deberían ser estudiadas con mayor atención.
Este enfoque es importante, ya que se podrán impulsar leyes que otorguen igualdad de derechos y obligaciones en el campo laboral a hombres y mujeres, se podrán ratificar las convenciones y recomendaciones internacionales que conciernen a los derechos de la mujer para tener iguales condiciones de trabajo, pagos idénticos por trabajo idéntico, etc., pero si se desconocen los aspectos estructurales relativos a la posición ocupacional de las mujeres, será difícil que se puedan variar las condiciones de trabajo por sexo.
Los datos obtenidos demuestran que la articulación femenina al crecimiento económico continúa siendo desventajosa para las mujeres; por razones culturales y por una división sexual desigual del trabajo. Las mujeres acceden menos a los recursos productivos disponibles y tienen menor control de los beneficios que derivan del trabajo. Por otro lado, al revelar que ellas enfrentan mayores obstáculos para lograr combinaciones de roles que les permita acceder a un desarrollo integral armónico y participar en lo económico y político.
Sobre la participación femenina en el mercado laboral centroamericano en época de crisis, en todos los países de la región se aprecia:
- una incorporación acelerada de la mujer en la actividad económica cuando a la vez disminuían las oportunidades de encontrar un empleo, lo que ha conducido al problema de sobreoferta laboral de fuerza de trabajo femenino;
- existe una relación directa entre esa sobreoferta femenina de trabajo y el descenso de la relación salarial en el empleo de las mujeres;
- estos hechos se traducen en la caída general de los salarios de mercado, especialmente cuando se empeora la situación de los asalariados de la parte media y alta de la escala, principalmente en el sector público, sector donde se encuentran ubicados los docentes centroamericanos;
- el descenso en los empleos y en los asalariados femeninos en Centroamérica revelan la inestabilidad general de la asalariada centroamericana.
Y esta activación de la oferta femenina de trabajo se explica y se incrementa a raíz de la crisis que afecta a la subregión.
La consecuencia de esa sobreoferta femenina de trabajo en el mercado laboral (según Dierckxsens, 1992), genera una alza en la capacidad sustitutiva de la fuerza de trabajo, lo que permite reducir los costos directos e indirectos de la mano de obra. Sintetiza el autor: durante la crisis, el mercado de trabajo opera más con mecanismos de reemplazo que menos con la reproducción y conservación de la fuerza de trabajo.
En cuanto a la preparación de la educadora, se analiza en primer lugar que la docencia está integrada mayoritariamente por mujeres, y socialmente se la valora como una profesión femenina en tanto se visualiza la tarea docente como la continuidad del rol de madre.
Según los datos obtenidos en Nicaragua y Panamá, la mujer que ingresa al sistema educativo está condicionada socialmente, ya que considera que en su rol profesional encontrará continuidad a su rol social (de madre) que la sociedad espera de ella. «La mujer no ingresa al magisterio en busca de una profesión, sino de una ayuda.» Pesa el adagio popular: «Si va a ser madre, que sea educadora». «Su trabajo es compatible con su rol de madre.» Nos encontramos así con la primera discriminación: el condicionamiento social.
El análisis de la selección de cursos que hacen los hombres y mujeres docentes en Costa Rica, permite vislumbrar las siguientes situaciones:
- los hombres docentes se inscriben mayoritariamente en cursos que les permitirán aspirar a cargos de jefatura;
- se ratifican otros estereotipos: el hombre docente «se inclina» por actividades industriales;
- las mujeres docentes seleccionan cursos vinculados a los roles de cuidado especializado por los educandos y de orientación. De esta manera, las mujeres docentes están limitadas a adquirir la experiencia indispensable para aspirar a cargos de mayor responsabilidad administrativa que son mejor remunerados.
Sin embargo, también se da la situación de una significativa participación de mujeres docentes en la licenciatura con énfasis en Administración Educativa. Esta situación, podría ser un indicador que se va rompiendo con el estereotipo vigente, o podría significar que se considere que la promoción sólo es posible abandonando la enseñanza propiamente dicha y pasando a desempeñar puestos que implican responsabilidades administrativas, como parece suceder en Costa Rica.
Las docentes en servicio, que siguen los cursos de perfeccionamiento tienen edades entre 24 a 34 años, en las cuales todavía se tienen los hijos pequeños; parece ser que estas docentes cumplen con su papel de estudiantes, además de cumplir con sus roles productivos y reproductivos. ¿A qué costo logra la docente cumplir con la realización del conjunto de las responsabilidades comprendidas en estos roles?
En la formación del docente se deben identificar, analizar y resolver problemas vinculados a los prejuicios, el estereotipo, el sexismo, el racismo y las discriminaciones al interior del mismo gremio.
Hemos insistido sobre algunas observaciones obtenidas en Costa Rica, Nicaragua y Panamá que señalan que el hombre docente abandona más fácilmente la profesión. En general, se aprecia como tendencia que los hombres docentes prefieren desempeñar otras ocupaciones mejor pagadas, dejando los puestos de enseñanza peor remunerados a las mujeres, las que aparentemente en forma progresiva pasan a ser la fuerza de trabajo sustitutiva.
Sería necesario profundizar más sobre las características de este proceso:
- la docencia tiende a convertirse en una profesión femenina cada vez más, menos calificada en términos profesionales (ya que es alto el grado de empirismo) y, menos valorizada, social y económicamente;
- además, ya que las mujeres docentes están poco representadas en los puestos de responsabilidad les desfavorece en forma directa en su carrera profesional;
- la fuerte presencia de maestros empíricos acusa el incremento de mano de obra no calificada en el magisterio centroamericano, lo que aumenta la brecha salarial entre los sexos. Particularmente, llama la atención el caso de Nicaragua donde se alcanza un 80 por ciento de maestros empíricos.
Esta concentración ocupacional de mujeres en la docencia, no es producto de situaciones puntuales o de coyuntura en el mercado de trabajo, sino que constituyen una nítida proyección de rasgos estructurales (resultado de las relaciones de género y de las desigualdades que existen en la sociedad del mercado laboral que se expresan en la forma de un proceso de segregación ocupacional construido y desconstruido en estrecha relación con el desarrollo económico.
En el estudio se han comparado los salarios que perciben los maestros y el costo de la canasta básica familiar de alimentos, con condiciones de vida (vivienda, horas de trabajo, otros salarios al interior del hogar, etc.); como marco de referencia teórico se utilizan los conceptos y definiciones de la CEPAL. Esa comparación ha permitido apreciar que:
- una fuerte mayoría de los maestros de Panamá tienen salarios que bordean la pobreza;
- en el caso de Nicaragua se puede hablar, inclusive, de pobreza extrema entre varias maestras entrevistadas;
- en el caso de Costa Rica el salario nominal promedio es equivalente a 429 dólares; en ese país se dio una recuperación del salario, pero debido a las políticas de liberación de precios y la inflación, el salario real decreció y el maestro actualmente tiene acceso a una canasta básica de 159 productos, pero no tiene capacidad de ahorro.
En los testimonios presentados se puede apreciar que la calidad de vida de la docente centroamericana está siendo fuertemente golpeada por la situación de crisis económica; por lo tanto, sus condiciones de trabajo en la docencia están directamente vinculadas a su calidad de vida familiar.
Además, las historias de vida y los testimonios reflejan que el ciclo de trabajo de la mujer docente es diferente al del hombre docente, en la medida en que «culturalmente» ella tiene como principal responsabilidad el mantenimiento cotidiano de su familia.
La contracción del gasto de educación la pagan en primer lugar las educadoras como un cuerpo docente mayoritario, desmotivado por los bajos salarios, por las condiciones de trabajo muy difíciles, por los recortes de presupuesto y con dificultades crecientes para dedicarse a la enseñanza. Puntualicemos algunas características:
- aparentemente, son principalmente las mujeres las que trabajan a tiempo parcial. Los contratos de larga duración o los que confieren la condición de funcionario público se atribuyen sobre todo al personal docente que trabaja a tiempo completo, a causa principalmente de que la legislación excluye a menudo la posibilidad de que se concedan tales contratos o se confiera tal condición a las personas que trabajan a tiempo parcial. Como son más las mujeres que trabajan a tiempo parcial que los hombres es inevitable, a menos que se modifique la legislación en vigor, que haya menos mujeres que hombres que disfruten de un contrato permanente o de la condición de funcionario público. No se cuentan con datos directos sobre el aumento de maestras al empleo docente, pero si se aprecia en los contratos de docentes en la subregión, que ha habido un aumento de empleos inestable. Esos empleos se manifiestan a través de la ausencia de contratos formales y de marcos legales, el pago de salarios por debajo del mínimo legal, la inexistencia de prestaciones o servicios de seguridad social, así como de los derechos de antigüedad o de derechos sindicales. Por las razones anteriormente expuestas, y a partir de los datos indirectos obtenidos se puede deducir que es muy probable que los nuevos contratos sean cubiertos mayoritariamente por mujeres docentes;
- algunos datos sobre reducción de salarios de docentes demuestran que, en Costa Rica, los salarios de los docentes a nivel de primaria (en su gran mayoría mujeres) se reducen en 1988 al 70 por ciento del salario de 1980. Y a nivel de secundaria (en su mayoría mujeres) al 66 por ciento de ese salario. En otras palabras, la contracción del gasto de educación la pagan en primer lugar las educadoras. Los gastos en salarios comienzan a representar más de un 95 por ciento de todo el gasto en educación, reduciendo los gastos de inversión a mínimos simbólicos;
- los problemas de reducción de presupuesto obligan a introducir cada vez más el sistema de los turnos con un cuerpo docente desmotivado por los bajos salarios, con horarios irregulares y con dificultades crecientes para dedicarse. La calidad de la enseñanza peligra debido a la falta de dedicación objetiva y/o desmotivación. Para compensar, al menos en parte, la falta de dedicación a los alumnos en horas aula, parece haber una mayor tendencia de delegar tareas a casa, devolviendo el costo social a las familias y, particularmente a las madres de los escolares.
A partir de los programas de ajuste, según Dierckxsens (1992):
«las mujeres son más sustituibles que los hombres, ellas tienden a tener una menor capacidad de negociación y aceptan más fácilmente realizar el mismo trabajo en un puesto de menor rango (como asistente en vez de jefe), bajo condiciones contractuales menos estables (en forma interina en vez de propiedad)»;
- podemos afirmar en el contexto de esta investigación que las mujeres tienen menos garantías y remuneraciones inferiores de las de los hombres;
- la disminución del gasto público recae, sobre todo, en las mujeres de edades reproductivas y en las mujeres jefes de hogar. Ya que en Costa Rica, cuando en 1973 un 19,6 por ciento de los jefes de hogar eran mujeres, en 1990 son 22,0 por ciento lo que constituye un aumento relativo del 12 por ciento. El 85 por ciento de todas las jefes de hogar no están emparejadas, o sea, asumen la responsabilidad del hogar por sí solas. Lo anterior significa una presión enorme para seguir trabajando, bajo cualquier circunstancia;
- al acortarse la vida media como asalariada de la docente, ella no tendrá pensión, no acumulará derechos adquiridos, no ocupará puestos de mando. Además, al aumentar el peso relativo de docentes no calificadas, aumenta el peso relativo de mujeres docentes con ingresos bajos y con ello se acentúa la brecha salarial entre hombres y mujeres.
En los perfiles de carrera nos parece importante anotar significativos niveles discriminatorios. Las mujeres representan una mayoría en la enseñanza preescolar y primaria, el número de las que ocupan puestos de responsabilidad en ambos niveles suele ser proporcionalmente muy reducido. En la investigación no se encontraron datos sobre la distribución según el sexo para tales puestos. Sin embargo en los datos generales obtenidos, se aprecia:
- un número proporcionalmente bajo de las mujeres en puestos de jefes de estudios o de dirección, en los que adquieren la experiencia indispensable para aspirar a cargos de mayor responsabilidad aún, lo que constituye un serio obstáculo para la carrera profesional de las mujeres;
- las mujeres no están representadas equitativamente en puestos de responsabilidad como el de director de establecimiento; esto es importante porque la promoción sólo es posible abandonando la enseñanza propiamente dicha y pasando a desempeñar puestos que implican responsabilidades administrativas, como parece suceder en Costa Rica;
- es más alta la proporción de mujeres en puestos de responsabilidad a nivel inferior;
- las razones de la escasa proporción de mujeres en los cargos de mayor responsabilidad no son difíciles de imaginar. El informe de la OIT sobre el personal docente en los países en desarrollo (OIT, 1990), indica que la preparación y la formación no son necesariamente factores que contribuyan a esta situación; la proporción de mujeres que se matriculan en cursos de formación para poder acceder a puestos de responsabilidad es muy alto. En los países donde las mujeres se matriculan cuatro veces más que los hombres en los cursos de formación, el número de hombres que acceden a puestos de responsabilidad en dichos países es muy superior al de las mujeres.
Por lo que se concluye afirmando que en la subregión se han detectado serias barreras administrativas, económicas, culturales y sociales que limitan la igualdad de oportunidades entre los hombres y mujeres docentes, ya que las mujeres que trabajan en la enseñanza no tienen las mismas posibilidades de promoción que los hombres. Por ejemplo, los principales factores que se toman en consideración con fines de promoción son la calificación y la experiencia profesional. En varios países existen disposiciones en virtud de las cuales las personas que trabajan a tiempo parcial no pueden ser objeto de promoción ni ocupar puestos de responsabilidad. Otro obstáculo que se opone a la promoción de las mujeres es el requisito de la «experiencia profesional», que con frecuencia es sinónimo de antigüedad.
La falta de datos sistematizados segregados por sexo al interior de la docencia en los países de la subregión, han impedido demostrar un fenómeno que la observación empírica sugiere: la progresiva «feminización de la docencia», cuando la profesión pierde status social y económico, es decir, cuando se aprecia un fenómeno de «inferiorización de la profesión». Y esto es serio, si se considera que de esta manera la sociedad patriarcal traslada sus mecanismos de subordinación al segmento ocupacional de la docencia. Ya que al invisibilizar e inferiorizar el trabajo de las mujeres, expropia de la capacidad ser valoradas y de tener poder de empoderarse a partir de ser mujer. Se aprecia que:
- las mujeres en general constituyen el género que más trabajo social visible e invisible realiza. Sin embargo, no hay reconocimiento social de ese trabajo, no se valoriza el trabajo que hacen, ni existe la posibilidad de enriquecerse con él. Es decir, esta situación la aleja de los poderes existentes;
- la sociedad patriarcal, se resiste a reconocer y valorar su trabajo, a darle centralidad y el reconocimiento social a los diversos roles que ella cumple;
- la sociedad patriarcal califica como «naturales» esos roles y por lo tanto no son socialmente reconocidos. A partir del no reconocimiento en reproducción de espacios de la cultura, como el trabajo intelectual que realizan las mujeres en la conformación de sujetos de las nuevas generaciones hasta inferiorizar el «trabajo profesional»;
- por ello la sociedad patriarcal impide acceder a bienes materiales y simbólicos y a los poderes que los hombres monopolizan.
Y consecuentemente, desde esta «inferiorización social y económica», a las mujeres docentes les será muy difícil adquirir poderes sociales, económicos, jurídicos y políticos para eliminar su opresión de género.
Por lo que se refiere a las condiciones de trabajo de la docente en Centroamérica, ellas han sido agravadas por el deterioro de la infraestructura, las restricciones presupuestarias, la caída de la calidad y de la eficiencia en la prestación del servicio y la insuficiente oferta laboral.
En las condiciones de trabajo de los educadores existe un panorama difícil de partida, ya que es desproporcionado el tamaño del problema social y del educativo, en relación con el volumen de las responsabilidades que ellos deben asumir, ya que para mejorar esas condiciones cada vez más se ve reducida la capacidad de los gobiernos y de las familias. Por lo tanto, la duración normal del trabajo diario, la duración efectiva total del trabajo de la docente centroamericana, el volumen de trabajo, el rendimiento profesional y sus beneficios económicos y sociales, están directamente vinculados a las condiciones de trabajo y pobreza de los países.
Por lo general, no se aprecia a primera vista ninguna clase de discriminación legal o administrativa contra las mujeres docentes, sin embargo, con frecuencia éstas tienen que hacer frente a no pocos problemas para poder seguir la carrera profesional debido a sus responsabilidades familiares; porque esta carga sigue recayendo particularmente en las mujeres, y por la falta de servicios de apoyo como guarderías, jardines de infancia, etc. Las historias de vida y los testimonios obtenidos en Nicaragua reflejan que el ciclo de trabajo de la mujer docente es diferente al del hombre docente, en la medida en que «culturalmente» ella tiene como principal responsabilidad el mantenimiento cotidiano de su familia.
La mujer docente, asume tareas específicas y responsabilidades que no siempre son visibles ni reconocidas. Por ello es importante poner en evidencia la división sexual del trabajo, como requisito indispensable para lograr un reconocimiento pleno del status de la mujer, tanto como productora (en su trabajo profesional), como reproductora biológica y social de la fuerza de trabajo (ama de casa).
Cuando ambos trabajos se realizan simultáneamente, las condiciones de uno influye sobre el otro. Resulta particularmente cierto en el caso de las mujeres más pobres, como se puede deducir de los breves estudios de casos presentados, ya que dadas las condiciones que prevalecen en sus barrios y viviendas asumen mayores cargas de trabajo doméstico y, probablemente, cargas más intensas de trabajo remunerado. La articulación del patriarcado en la esfera del trabajo pagado con respecto al tipo de ocupaciones y las condiciones de trabajo asignados a las mujeres y hombres en el mercado laboral, representa un fenómeno de extrema complejidad, lo que ameritaría la realización de posteriores estudios más profundos y sistematizados.
Esta situación es contraria a los planteamientos de la Recomendación (núm. 123), 1965, y a los instrumentos internacionales del trabajo de la OIT sobre los trabajadores con responsabilidades familiares, adoptados en 1981, los que propugnan la adopción de medidas que permitan a tales trabajadores conciliar la actividad profesional y las obligaciones familiares y que promuevan a la vez la repartición de tales responsabilidades entre los hombres y las mujeres.
La calidad de la educación se ve afectada por las difíciles condiciones de trabajo del docente centroamericano. El docente, y particularmente, la mujer docente, están sobrecargados de trabajo y no cuentan con apoyos y estímulos significativos; las familias están empobrecidas, lo que significa niños desnutridos, y sin mayores estímulos económicos, afectivos y psicológicos; y los gobiernos reducen la inversión social. Esta situación realmente es alarmante si se considera el impacto que debe tener la educación en el desarrollo de la sociedad.
El combinar el trabajo en la docencia con las responsabilidades familiares, constituye un gran obstáculo para que se alcance la igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer. Significa también que si no todo, del trabajo que realiza es invisible y no reconocido como trabajo por los hombres de la comunidad ni por los planificadores que evalúan las diferentes necesidades dentro de las comunidades de bajos ingresos. En contraste con la mayor parte del trabajo de los hombres que es valorizado, ya sea directamente a través de una remuneración, o indirectamente mediante status y poder político. Aunque se tiende a considerar las necesidades de hombres y mujeres como similares, la realidad de sus vidas muestra una situación diferente.
Se conocen con poca profundidad los problemas de la mujer docente (diversas formas de violencia hacia ella, salud reproductiva, etc., etc.); es necesario que esos temas, además de ser identificados, conocidos, llegue al debate público puesto que son cuestiones que comprometen a todos y todas las docentes, y a la calidad de la educación de cada país.
Sobre la carrera docente, diversos datos indican que la diferencia más notable entre hombres y mujeres está constituida por la presión que vive cotidianamente la maestra, para atender en forma simultánea el trabajo pagado y sus responsabilidades familiares. Se percibe que en la carrera de la maestra centroamericana existe presión y desmotivación, situación que contradice el espíritu de la Recomendación de 1965. Ella está sometida a un alto desgaste físico, intelectual y emocional debido a las exigencias del trabajo profesional y a las exigencias para cumplir con sus responsabilidades familiares, a todo esto deben sumarse las condiciones de pobreza, las condiciones difíciles de trabajo, los pocos estímulos y los pocos apoyos que recibe.
La carrera de la docente centroamericana se ve afectada porque ella cumple simultáneamente varios roles como son sus obligaciones profesionales y sus responsabilidades familiares trabajando siempre a presión; además no cuenta con guarderías ni con significativas licencias familiares para atender a sus hijos durante la primera infancia. La atención de las responsabilidades familiares discrimina a la mujer en la medida en que empeoran sus condiciones de trabajo, situación que se hace más difícil cuanto más pobre es la maestra. Por ejemplo, a partir de los testimonios recibidos parece que no se puede hablar de una carrera dentro del magisterio nicaragüense, ya que pareciera que los cursos de perfeccionamiento, los sueldos y el status profesional no reflejan los años de servicios ni los títulos, además, de las desmotivaciones expresadas por los maestros.
Otros problemas propios a las docentes pueden ser notificados:
- el primero y segundo grado del nivel primario que son los que exigen mayor trabajo, generalmente los asumen las mujeres docentes. Casi no existen hombres docentes para estos grados;
- los supervisores panameños y dirigentes costarricenses encuentran que existe mucha docente «loca» debido al alto desgaste físico, mental y emocional de la maestra. Ella tiene un desgaste muy fuerte por el ritmo de trabajo a que está sometida;
- sufre el acoso sexual instrumentado por sus superiores para otorgarle ascensos;
- por las exigencias de su trabajo, si ella no cumple a cabalidad con sus responsabilidades familiares, está sujeta al maltrato emocional, físico y psicológico por parte del marido o compañero;
- los salarios son muy insuficientes y las docentes afrontan las responsabilidades del hogar como madres solas. Las maestras de primaria ganan salarios muy bajos;
- los problemas de violencia social y sexual a que están expuestas las maestras de las zonas marginales de alta delincuencia y las más retiradas del país, ya que socialmente las perciben como más vulnerables. También se exponen cuando siguen los cursos de perfeccionamiento y deben desplazarse por la noche. No existen compensaciones significativas por áreas de alto riesgo;
- la maestra que tiene muchos hijos está desnutrida porque no le alcanza para que ella coma;
- la maestra mujer no se aprecia, su autoestima es baja, se vuelve conformista ante los retos sociales;
- no tiene mayores estímulos para seguir adelante.
- Otras observaciones pueden ser también señaladas según los países:
- las maestras panameñas, según los supervisores, se mantienen en sus puestos porque «son humildes», «el puesto en la docencia significa para ellas una seguridad económica», «ganan poco pero el sueldo es seguro». Es importante reconocer que las condiciones de trabajo y la falta de incentivos profesionales y sociales no contribuyen a elevar su autoestima y status profesional;
- sin embargo, la mujer docente panameña es muy esforzada, muy cuidadosa de su carrera docente, ya que participa en cursos de perfeccionamiento, acumula puntos y gana los concursos. Pareciera que el hombre docente permanece en el magisterio en «forma transitoria» a la espera de una posibilidad mejor remunerada.
Como se viene sosteniendo, existe muy poca investigación sobre la penetrante división sexual en el mercado de trabajo, los ingresos relativos consistentemente más bajos de las mujeres, los sueldos extremadamente bajos en términos absolutos, las pobres condiciones de trabajo, la inseguridad en el empleo, y la participación de las mujeres docentes en los sindicatos.
Como conclusión final, pueden ser útiles algunas reflexiones al respecto sobre los roles del Estado, de los sindicatos y el de las organizaciones de mujeres docentes. A pesar de las complejidades expuestas, hay pocas dudas de que sí se ha de lograr alguna vez la igualdad entre hombres y mujeres en la sociedad; por ello, el Estado debe dentro de su proyecto político y social, asumir un compromiso expresado en ello, en tanto que la igualdad ante la ley es un prerrequisito esencial para la verdadera democracia. Debe considerarse también, que el Estado tiene recursos limitados.
En este sentido se formulan algunas preguntas:
¿Qué condiciones políticas podrían favorecer la capacidad de presión de las docentes mujeres para que el Estado asuma su causa?
¿Qué forma deberá tomar el apoyo del Estado para lograr la igualdad entre hombres y mujeres docentes?
Por lo que queda claro también, es la importancia de movilizar a las mujeres docentes, y la principal prioridad será identificar sus problemas, sus necesidades y discutir posibles soluciones. Tarea gigantesca, si se compara la incipiente identidad de género detectada.
Para abordar el tema de los derechos de la docente, cabe insistir que es relevante la invisibilidad de los problemas y derechos de la docente detectados a lo largo de todo el estudio. Y esto no es casual, responde a las características de la sociedad patriarcal. En el mundo patriarcal, los elementos comunes a la identidad de las mujeres son borrados al referirlos a lo «natural», es decir, los que corresponden al rol materno y a la desigualdad y discriminación, son considerados como naturales y por lo tanto no existen. Este borramiento alcanza también a muchas manifestaciones sociales y políticas de las mujeres, sobre todo en lo referente a la violencia contra ella.
Los procesos de desigualdad, discriminación y violencia son invisibles. Esto no significa que lo sean en rigor, sino que han pasado por un proceso de invisibilización, es decir, se han «naturalizado». Por ello, la invisibilidad es el elemento fundamental que se cuida para que se mantenga la sociedad patriarcal.
Otro concepto que debe quedar claro es el relacionado al poder. El poder es el proceso mediante el cual las personas o grupos mantienen su capacidad de imponer su influencia en otros, y el control de los recursos institucionales principalmente. Este tipo de relaciones asimétricas son la base de la discriminación y opresión que mantienen a unos grupos subordinados a otros.
Los sindicatos y las organizaciones de mujeres tendrán que aceptar el reto de asumir el rol decisivo al enfrentarse al poder institucionalizado, visibilizar sus problemas y formular sus estrategias de necesidades e intereses de género, y a partir de esa identidad, ser protagonistas políticas de igual importancia y dignidiad que los hombres. «Somos débiles», dice el dicho, «pero también somos muchas». Esta es la última ventaja que sólo puede plasmarse en lograr efectos positivos si se fomenta la unión en la búsqueda de las metas.