Por Mafalda Sibille Martina
Como se vio anteriormente, la participación femenina en los puestos directivos en general es muy limitada.
Según el estudio de Dierckxsens, en Costa Rica la participación en la actividad económica según el sexo y la ocupación por sector: privado y público en 1987 puede ser explicada de la manera siguiente: ¿Se puede observar que en la empresa privada existen menos de 9 mujeres directivas por cada 100 varones, mientras que en el sector público esta cifra asciende a más de 33. La pregunta es evidente: ¿Por qué en la empresa privada prefieren, en forma casi exclusiva, a los hombres en puestos directivos y de poder, y por qué esta tendencia es menos acentuada a nivel de gobierno? Encontremos la respuesta en un estudio de la OIT, realizado por Richard Anker y Catherine Hein que resumen la situación: empresarios del tercer mundo suelen preferir el empleo de varones, y en los cuadernos de ciencias sociales FLACSO núm. 28, 1990, la siguiente afirmación nos pareció conveniente para el tema:
«Existe una fuerte creencia que las mujeres carecen de aptitudes para dirigir o supervisar a trabajadores, lo que limita considerablemente sus oportunidades de hacer carrera.»
Esta creencia, explicaría las limitadas posibilidades de la mujer de ascender a puestos directivos en general, o sea tanto en la empresa privada como en el gobierno. Según Dierckxsens, en este análisis se debe de tener en cuenta el criterio de selección. Veamos:
En la empresa privada los directivos y gerentes son contratados para que la empresa trabaje a ganancia. Es decir, que el criterio de contratación de los directivos de la empresa privada es sobre todo económico. En tanto que los directivos de gobierno son seleccionados, primero que nada, por el grado de identificación con un determinado partido político y/o con el régimen político en general, lo que merma la selección por la capacidad de trabajo.
Ahora bien, la identificación con un régimen de gobierno no tiene sexo, por lo que las mujeres parecen tener mayores posibilidades de acceso al mando político que a la gerencia empresarial.
El profesor Rojas, secretario general de APSE, observa que existen algunas diferencias de reacciones sicológicas entre el profesor-hombre y la mujer. A juicio del secretario general de APSE, en tanto la maestra-mujer atiende las responsabilidades familiares y las responsabilidades del magisterio, ella a la vez recibe más presión que el hombre docente. El profesor Rojas percibe que las mujeres docentes emocionalmente se agotan con mayor facilidad.
Consecuentemente, la carrera profesional de la maestra enfrenta barreras culturales al subsistir los prejuicios sociales de que «la carga» de la responsabilidad familiar sigue recayendo particularmente en las mujeres. A esa situación, debe sumarse la falta de servicios de apoyo como guarderías, jardines de infancia, etc.
Para entender cómo la docente trabaja a presión, recuérdense los datos presentados cuando se analizó «condiciones de trabajo» de la docente en Costa Rica:
- encontramos un significativo aumento en la demanda de educación, ya que se encontró una población escolar en ascenso, entre 1980 y 1990. La población infantil de 6 a 15 años de edad creció en un 25 por ciento, con un deterioro progresivo de las instalaciones (no hablamos de los efectos de los sismos). Se introdujo cada vez más el sistema de los turnos con un cuerpo docente desmotivado por los bajos salarios, con horarios irregulares y con dificultades crecientes para dedicarse;
- la docente costarricense no tiene capacidad adquisitiva para contratar mano de obra que le permita redistribuir el trabajo doméstico;
- los centros de educación y nutrición y los centros infantiles de atención integral (CEN-CINAI) que reciben niños de 2 a 6 años de edad, de las 6 de la mañana hasta las 6 de la noche, es un recurso que funciona con una sobrepoblación palpable. Estos centros, que son a menudo la opción única para muchas madres trabajadoras, no están en capacidad de atender la demanda creciente, sino más a menudo obligan a la mujer a buscar otras opciones de cuidado a sus menores, delegando a otro costo social el ámbito familiar;
- en cuanto al aumento de las mujeres jefes de hogar, parece que conforme se acentúa la inestabilidad económica y social, las probabilidades que el hombre no sea el principal sostén de la familia va en aumento, y si en tal contexto la división del trabajo doméstico no se desarrolla se producen directamente los conflictos y los divorcios. El número de divorcios anuales por 1.000 mujeres casadas se ha quintuplicado entre 1973 a 1984. Además, se observa que la tasa es cuatro veces más elevada en la ciudad que en el campo y cinco veces más alta entre las mujeres de 40 a 49 años, residentes urbanas que sus iguales en el campo. Lo anterior refleja una creciente inestabilidad familiar que es enfrentada por la mujer como jefe de familia.
Las autoridades educativas consultadas a partir de su observación directa, manifiestan:
«la docente panameña para atender a sus hijos se retira del trabajo sólo el tiempo que la ley le ofrece como descanso reglamentario: dos meses y medio antes y, otro tanto después del parto».
«No es frecuente que ella se retire con licencia sin goce de salario para atender sus responsabilidades familiares, salvo en los casos en los que el marido de la maestra tenga una muy buena posición económica. La docente panameña atiende sus responsabilidades familiares y sus responsabilidades con el magisterio, ya que los horarios de trabajo en el magisterio <son horarios compatibles con la maternidad>.»
Esa opinión que es ratificada por la subdirectora de personal del Ministerio de Educación, licenciada Nidia de Irimia, quien manifestó que no es frecuente recibir solicitudes de licencias (sin goce de salario) para atender responsabilidades familiares, dio una cifra que permite visualizar la magnitud de las solicitudes: «de los 21.000 trabajadores en el magisterio, se otorga por año la solicitud de cinco o seis casos para atender las responsabilidades familiares».
Con el interés de obtener información directa sobre los criterios y procedimientos para la promoción de la docente, la investigadora tuvo una reunión con los siguientes supervisores nacionales de educación primaria: profesoras Eduvina Valencia, Hilda Macuñana, Minia de Jaén, y profesor Pedro Fernández. A continuación se presenta una reseña de los principales datos alcanzados en esta reunión:
- la maestra trabaja a presión;
- la docente tiene que darse abasto para atender su hogar y la escuela;
- el primero y segundo grado del nivel primario que son los que exigen mayor trabajo, generalmente los asumen las mujeres docentes. Casi no existen hombres docentes para estos grados;
- el alto desgaste físico, mental y emocional de la maestra. Tiene un desgaste muy fuerte por el ritmo de trabajo a que está sometida. Los supervisores entrevistados encuentran que existe mucha docente «loca»;
- sufre el acoso sexual instrumentado por sus superiores para otorgarle ascensos;
- por las exigencias de su trabajo, si ella no cumple a cabalidad con sus responsabilidades familiares, está sujeta al maltrato emocional, físico y psicológico por parte del marido o compañero;
- salarios muy insuficientes, en su mayoría afrontan las responsabilidades del hogar como madres solas. Las maestras de primaria ganan entre 337 y 345 balboas por mes, lo que consideran salarios muy bajos;
- los problemas de violencia social y sexual a que están expuestas las maestras de las zonas marginales, de alta delincuencia y las más retiradas del país, que socialmente las perciben como más vulnerables. También se exponen cuando siguen los cursos de perfeccionamiento y deben desplazarse en horas de la noche. No existen compensaciones significativas por áreas de alto riesgo;
- la maestra que tiene muchos hijos está desnutrida porque no alcanza para que ella coma;
- la maestra mujer no se aprecia, su autoestima es baja, se vuelve conformista ante los retos sociales;
- no tiene mayores estímulos para seguir adelante.
- la maestra debe llegar diariamente a la escuela con las cinco asignaturas debidamente preparadas. El director de su escuela revisa su trabajo a diario; por las pruebas, cuadernos de los alumnos y sondeos valora el trabajo que realiza la maestra. Además de las asignaturas, la maestra debe llevar al día sus notas y los reportes exigidos por el Ministerio;
- debe tener muy claro el concepto que va a emitir, así como sus objetivos y el avance de sus clases. Si no tiene preparada la clase, no logrará la atención de los alumnos, lo que fácilmente será detectado por el director;
- debe controlar la disciplina del aula, mantenerse en equilibrio sin alterarse; tiene que captar la atención del alumno y mantener ocupado al niño;
- la maestra trabaja sin material didáctico porque no hay presupuesto; muchas veces ella tiene que poner dinero de su bolsillo para lo elemental;
- la maestra es evaluada por el estado y el ornamento del aula en el que trabaja. Debe motivar a los alumnos y a los padres de éstos para mejorar el aula;
- debe preocuparse por los alumnos más desfavorecidos del aula, tales como los desnutridos y aquellos que tienen problemas emocionales.
Según los supervisores nacionales entrevistados, el alto desgaste físico, intelectual y emocional de la maestra debido al ritmo de trabajo profesional al que está sometida, a las exigencias para cumplir con sus responsabilidades familiares, además de los estímulos poco significativos que recibe, llevan a que sea muy frecuente encontrar maestras con serias dolencias sicológicas y emocionales. Desafortunadamente no se pudo localizar ningún estudio más documentado al respecto.