Prefacio
En la mayoría de los países en desarrollo, el sector informal (no estructurado) es muy amplio y heterogéneo desde el punto de vista de las actividades y ocupaciones y se está extendiendo rápidamente. En ocasiones, este sector se califica de innovador y dinámico y se considera una fuente de oportunidades para quienes tienen espíritu empresarial. Ahora bien, las condiciones de trabajo en este sector son normalmente opresivas y con frecuencia poco seguras; los ingresos de los asalariados no reglamentados y de los trabajadores por cuenta propia se sitúan por lo general en el mínimo vital o por debajo de éste; el acceso a la protección social, la formación y los servicios sociales proporcionados por el Estado está muy limitado; la explotación y la violación de los derechos de los trabajadores son prácticas habituales. Para la amplia mayoría de trabajadores asalariados y por cuenta propia, el sector informal no constituye un trampolín para el progreso, sino una estrategia de supervivencia.
La OIT ha estado investigando y proponiendo políticas sobre el sector informal durante casi 30 años. El enfoque de la política general propugnado tradicionalmente por la OIT ha consistido en una solución intermedia que trata de conservar la capacidad del sector de generar ingresos, al mismo tiempo que se suprime la explotación y se aumentan progresivamente los niveles de empleo. A lo largo de los años, el movimiento sindical internacional se ha mantenido al corriente de esta investigación y ha participado activamente en discusiones tripartitas con respecto a este sector. La búsqueda de un consenso en cuanto a los intereses de los empleadores, los sindicatos y los gobiernos en los debates sobre el sector ha tenido como resultado el respaldo de la solución intermedia mencionada más arriba, que tiene como fin la integración progresiva del sector informal en la economía moderna.
En el último decenio, las tendencias en cuanto a la magnitud y la índole de las actividades del sector informal han divergido considerablemente entre las diferentes regiones. Ahora bien, el camino hacia la integración en el sector moderno no es en ninguna parte adecuado, y en la amplia mayoría de países en desarrollo el sector informal sigue multiplicándose y actuando como un imán que arrastra los ingresos y las condiciones laborales de los trabajadores de la economía moderna hacia su nivel más bajo. Frente a estas tendencias, los sindicatos se dan cuenta cada vez más de que es el momento de volver a examinar y de ampliar las políticas que deberían aplicarse por el Estado si se quiere hacer realidad el discurso sobre la integración progresiva del sector informal.
La OIT también parece dispuesta a volver a examinar y evaluar las propuestas normativas sobre el sector informal. En su Memoria, titulada Trabajo Decente, presentada a la reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo celebrada en 1999, el Director General afirmó lo siguiente:
«La OIT se interesa por todos los trabajadores. Debido a sus orígenes, la OIT ha centrado esencialmente su atención en las necesidades de los trabajadores asalariados -- la mayoría de ellos de sexo masculino -- en empresas del sector estructurado, pero no se agota con ello su mandato, ni tampoco el mundo del trabajo... La OIT debe interesarse por quienes trabajan al margen del mercado de trabajo estructurado: asalariados no reglamentados, trabajadores por cuenta propia, trabajadores a domicilio... Todos los que trabajan tienen derechos en el trabajo. La Constitución de la OIT aboga por el mejoramiento de las «condiciones de trabajo», organizadas o no y se trabaje donde se trabaje, ya sea en la economía estructurada o bien en la no estructurada, en casa o en asociaciones locales o de carácter voluntario».
La declaración del Director General es una invitación para que el movimiento sindical se desarrolle y conciba políticas más detalladas para el sector informal dentro del marco de la OIT. Ahora bien, para participar con éxito en el debate acerca de la reorientación de las actividades anunciadas por el Director General, el movimiento sindical necesitará un conjunto coherente y global de propuestas normativas que abarquen toda la gama de esferas técnicas de la OIT. En particular, los sindicatos tienen que estar dispuestos a formular propuestas sobre la manera en que las actividades y la política de la OIT en las siguientes esferas deberían evolucionar con el fin de reflejar de manera adecuada las necesidades de los trabajadores del sector informal: normas y legislación del trabajo; política macroeconómica y de empleo; formación y aprovechamiento del capital humano; protección social, y desarrollo de pequeñas empresas. Este Coloquio brinda la oportunidad de empezar a prepararse para este desafío.
Ahora bien, independientemente de la evolución dentro de la OIT de los debates sobre el sector informal y de la respuesta de los gobiernos a las propuestas normativas de los sindicatos, sería poco realista suponer que este sector se integrará rápidamente en la economía moderna. Lamentablemente, los sindicatos deben dar por sentado que este sector constituirá una característica prominente de la mayoría de los países en desarrollo y de muchos países industrializados en el futuro inmediato. Con estas perspectivas, y habida cuenta de los retos que se plantean a la fuerza sindical como consecuencia del crecimiento del sector de los servicios y de las formas de trabajo atípicas en la economía moderna, la mayoría de los sindicatos se dan cuenta de que deben modificar sus prioridades internas, examinar su asignación de recursos y elaborar nuevas estrategias con miras a la sindicación de los trabajadores; representar los intereses de todos los trabajadores, y establecer coaliciones con grupos que compartan intereses sociales comunes. De hecho, muchos sindicatos ya están experimentando nuevas estrategias en estas esferas.
Este Coloquio, que se celebrará en Ginebra del 18 al 22 de octubre de 1999, congregará a representantes sindicales de los países industrializados y en desarrollo. Ofrecerá a los participantes la oportunidad de discutir los problemas a que deben hacer frente los sindicatos del sector informal y de comenzar a elaborar una estrategia global a modo de respuesta: una estrategia que esté dirigida hacia el Estado y las organizaciones internacionales pertinentes, en particular la OIT, y que abarque las cuestiones sindicales internas mencionadas más arriba. Este documento de información básica comienza examinando y tratando de hacer accesibles las cuestiones conceptuales y de definición que con frecuencia contribuyen a la complejidad de las discusiones sobre el sector informal. En el capítulo 2 se trata del papel del Estado en el sector informal y en el capítulo 3 se analizan los acontecimientos recientes en cuanto a la política de los sindicatos sobre el sector informal. El capítulo 4 debería constituir el centro de atención y de debates en la reunión. Su objetivo es formular ideas y propuestas para una estrategia sindical global sobre el sector informal que los participantes tal vez deseen discutir, modificar y explicar en mayor detalle a la luz de su experiencia sindical y de los conocimientos específicos por países.
Este documento de información básica ha sido preparado por la Oficina de Actividades para los Trabajadores. Está inspirado en la documentación elaborada por una amplia serie de colegas de la OIT y en discusiones celebradas con esos colegas, tanto en el pasado como en el presente que han aportado una gran contribución. Muchos miembros del movimiento sindical respondieron también rápidamente a las solicitudes de información y de ejemplos de innovaciones fructuosas. Ahora bien, dada la amplitud de la cuestión que se está examinando, este informe no es exhaustivo ni concluyente y debería considerarse como un trabajo en curso que se perfeccionará y desarrollará a la luz de las discusiones que se celebren en la reunión.
Indice
Prefacio iii
1. Características del sector informal 1
1.1. Definición del sector informal 1
1.2. Magnitud y tendencias 2
1.3. Actividades y ocupaciones en el sector informal 6
1.3.1.Características comunes 6
1.3.2.Movilidad de la fuerza de trabajo y complementariedad de los sectores 8
1.3.3.Polarización socioeconómica entre los sexos en el sector informal 9
2. La función del Estado en el sector informal 10
2.1. Las repercusiones de la desreglamentación y de las políticas de ajuste estructural sobre el sector informal en los decenios de 1980 y 1990 10
2.2. La función de las normas del trabajo y de la legislación laboral en el sector informal 14
2.2.1. Las repercusiones de las normas del trabajo en la productividad 14
2.2.2. Las normas internacionales del trabajo y el sector informal 16
2.2.3. La legislación laboral y el sector informal 18
3. La respuesta de los sindicatos al reto del sector informal 21
3.1. Cambio de actitudes y de políticas en los ámbitos nacional y local 21
3.2. Políticas y estrategias adoptadas por organizaciones sindicales internacionales y Secretariados Profesionales Internacionales 22
3.2.1. Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres 22
3.2.2. Confederación Mundial del Trabajo 25
3.2.3. Federación Internacional de Sindicatos de Trabajadores de la Química, Energía, Minas e Industrias Diversas 26
3.2.4. Federación Internacional de Trabajadores de la Construcción y la Madera 28
3.2.5. Federación Internacional de Trabajadores del Textil, Vestuario y Cuero 29
3.2.6. Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agrícolas, Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines 31
4. Estrategias sindicales futuras con relación al sector informal 33
4.1. Políticas externas 34
4.1.1. Normas laborales y legislación del trabajo 34
4.1.2. Fomento de una buena gestión pública y de una administración del trabajo idónea 36
4.1.3. Política tributaria y normativa de las administraciones locales 38
4.1.4. Protección social 39
4.1.5. La política macroeconómica y las políticas de ajuste estructural 42
4.1.6. Proyectos de infraestructura con un alto coeficiente de empleo 43
4.1.7. La promoción de las pequeñas y medianas empresas 45
4.1.8. Desarrollo del capital humano 47
4.1.9. Acceso al crédito 49
4.2. Políticas sindicales internas 50
4.2.1. El establecimiento de prioridades y de estrategias de organización 50
4.2.2. Formalización del acceso y la afiliación 54
4.2.3. Establecimiento de alianzas y sindicalismo comunitario 55
4.2.4. Diferencias entre sexos 59
4.2.5. Movilización de la juventud 61
4.2.6. Concienciación y medios de comunicación 63
4.2.7. Apoyo al desarrollo de servicios especiales 65
4.2.8. Redes internacionales de cooperación sindical, códigos de conducta y acuerdos marco 68
Bibliografía 70
1. Características del sector informal
1.1.Definición del sector informal
La expresión «sector informal» (también llamado «sector no estructurado») se acuñó en la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) y se utilizó por primera vez en los informes sobre Ghana y Kenya elaborados en el marco del Programa Mundial del Empleo a principios del decenio de 1970. Una de las conclusiones principales a que se llegó en estos informes fue que el problema social más importante en países tales como Ghana y Kenya no era el desempleo, sino la existencia de un gran número de «trabajadores pobres», que se afanan por producir bienes y servicios sin que sus actividades estén reconocidas, registradas o protegidas por las autoridades públicas.
En los textos de la OIT, para designar al sector informal se ha solido utilizar sobre todo la expresión «sector no estructurado», pero ambos conceptos hacen referencia a una multitud de características que son específicas del «sector urbano no moderno» de las economías en desarrollo. En la Memoria del Director General presentada ante la reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo celebrada en 1991 (titulada El dilema del sector no estructurado, OIT, 1991), la expresión hacía referencia a:
«... las muy pequeñas unidades de producción y distribución de bienes y servicios, situadas en las zonas urbanas de los países en desarrollo; dichas unidades pertenecen casi siempre a productores independientes y trabajadores por cuenta propia que a veces emplean a miembros de la familia o a algunos asalariados o aprendices. Esas unidades disponen de muy poco o de ningún capital; utilizan técnicas rudimentarias y mano de obra escasamente calificada, por lo que su productividad es reducida; quienes trabajan en ellas suelen obtener ingresos muy bajos e irregulares, y su empleo es sumamente inestable. Las unidades antedichas forman un sector no estructurado porque casi nunca están declaradas ni figuran en las estadísticas oficiales; suelen tener poco o ningún acceso a los mercados organizados, a las instituciones de crédito, a los centros de enseñanza y de formación profesional, y a muchos servicios e instalaciones públicos; no están reconocidas, ni apoyadas, ni reglamentadas por el estado y, a menudo, las circunstancias las obligan a funcionar al margen de la ley, e incluso cuando están registradas y observan ciertas disposiciones jurídicas, quedan casi siempre excluidas de la protección social, de la legislación laboral y de otras medidas de protección de los trabajadores.»
Así definido, el concepto de «sector no estructurado» o «sector informal» se aplica a aquellas pequeñas actividades generadoras de ingresos que se desarrollan fuera del marco normativo oficial y utilizan normalmente poco capital, técnicas rudimentarias y mano de obra escasamente calificada, y proporcionan bajos ingresos y un empleo inestable.
El concepto que posteriormente proporcionó la OIT con fines estadísticos se refiere al sector informal en los siguientes términos:
«... un conjunto de unidades dedicadas a la producción de bienes o la prestación de servicios con la finalidad primordial de crear empleos y generar ingresos para las personas que participan en esta actividad. Estas unidades funcionan típicamente en pequeña escala, con una organización rudimentaria, en la que hay muy poca o ninguna distinción entre el trabajo y el capital como factores de producción. Las relaciones de empleo -- en los casos en que exista -- se basan más bien en el empleo ocasional, el parentesco o las relaciones personales y sociales, y no en acuerdos contractuales que supongan garantías formales.
Las unidades de producción del sector informal presentan los rasgos característicos de las empresas de hogares. El activo fijo y otros valores no pertenecen a la empresa en sí, sino a sus propietarios ... En muchos casos, es imposible distinguir claramente entre la parte de los gastos asignable a las actividades de producción de la empresa y la que corresponde simplemente a los gastos normales del hogar...
Las actividades realizadas por las unidades de producción del sector informal no se realizan con la intención deliberada de eludir el pago de impuestos o de contribuciones a la seguridad social, o de infringir la legislación laboral y otras disposiciones legales o ciertas normas y procedimientos administrativos. Por ende, el concepto de actividades del sector informal debería diferenciarse del de actividades ocultas o del de economía subterránea.» (OIT, 1993).
Esta definición del sector informal abarca cuestiones que fueron tratadas por primera vez en la ya citada Memoria del Director General de la OIT (1991), especialmente por lo que se refiere a que la expresión «sector no estructurado» o «sector informal» no se aplica a la economía «oculta» o «subterránea». Ha de establecerse una distinción entre aquellas actividades que, por los bajos ingresos que generan, no pueden permitirse los gastos que entraña la legalidad y aquellas que, pese a ser rentables, no aplican deliberadamente la reglamentación, por razones de evasión fiscal o para eludir la legislación nacional. Para la OIT, estas últimas actividades no están abarcadas por el sector informal, en la medida en que no se asocian generalmente a estrategias de supervivencia de los pobres. Por la misma razón, el término «sector informal» no ha de utilizarse para hacer referencia a las actividades delictivas y socialmente indeseables tales como el tráfico de estupefacientes o la prostitución.
Pese a la enorme cantidad de estudios sobre la cuestión, la expresión «sector informal» todavía se presta a diferentes interpretaciones. Por ejemplo, fuera de la OIT se utiliza cada vez más para describir un proceso de informalización general de la economía moderna que está teniendo lugar tanto en los países en desarrollo como en los países industrializados, y que entraña el aumento del trabajo ocasional, a tiempo parcial y en régimen de subcontratación y otras formas de trabajo precario que desempeñan los trabajadores para empresas que operan en el sector formal de la economía.
Sin embargo, a efectos del presente documento, el término «sector informal» se refiere al fenómeno tal como lo define la OIT en la citada Memoria del Director General, de 1991. Por consiguiente, el presente documento se centra esencialmente en los países en desarrollo, pero ha de admitirse desde el principio que la expansión del sector informal de la economía y la «informalización» del trabajo en los países industriales son acontecimientos conexos. Las actividades del sector informal están adquiriendo importancia en muchos países industrializados, y aparecen «zonas grises» propias del sector informal en medio del sector formal de la economía.
1.2.Magnitud y tendencias
Los sindicatos que desean formular políticas y estrategias globales en relación con el sector informal necesitan previamente conocer en cierta medida el tamaño y alcance de dicho sector. La heterogeneidad de las actividades del sector informal, la movilidad de la fuerza de trabajo, los cambios estacionales y las deficiencias de muchos sistemas de reunión de datos en muchos países son algunos de los factores que explican la «invisibilidad» del sector informal en las estadísticas oficiales. Además, las diferentes definiciones del sector informal y las distintas metodologías de medición dificultan las comparaciones entre países.
Desde 1993, la OIT ha elaborado una serie de normas para medir el empleo en el sector informal. Las estimaciones del empleo en el sector informal en las zonas urbanas de algunos países de Africa, Asia y América Latina indican que el empleo en este sector constituía una gran parte del empleo urbano en el decenio de 1990 (véase cuadro 1). En la mayor parte de los países, excepto en América Latina, la proporción de mujeres que trabajan en el sector informal es superior a la proporción de hombres. En Africa, más de un tercio de las mujeres ocupadas en actividades no agrícolas trabajan en dicho sector (Lim, 1996). Debido a la discriminación en el empleo en el sector formal, las mujeres se han visto más afectadas que los hombres por las reducciones de personal resultantes de los programas de ajuste estructural. Para muchas de estas mujeres la solución ha sido buscar empleo en el sector informal, en donde normalmente encuentran un empleo precario y mal remunerado.
Cuadro 1. Fuerza de trabajo en el sector informal en zonas urbanas
(en una selección de países) País (año)
Porcentaje del empleo total
Total
Hombres
Mujeres
Bolivia (1996)
57
53
62
Chile (1997)
30
32
27
Colombia (1996)
53
54
53
Côte d'Ivoire (1996)
53
37
73
Ecuador (1997)
40
39
42
Etiopía (1996)
33
19
53
Filipinas (1995)
17
16
19
Gambia (1993)
72
66
83
Madagascar (1994)
43
43
43
México (1996)
35
36
34
Perú (1996)
51
50
52
Sudáfrica (1995)
17
11
26
Tanzanía, República Unida de (1995)
67
60
85
Uganda (1993)
84
68
81
Fuente: Datos extraídos de la publicación titulada «ILO contribution to the 1999 World Survey on the Role of Women in Development» (de próxima aparición).
Asimismo, los niños participan en gran medida en las actividades del sector informal. Aunque no se dispone de datos precisos sobre el trabajo infantil, la OIT ha estimado que, sólo en los países en desarrollo, por lo menos 120 millones de niños de edades comprendidas entre los cinco y los 14 años trabajan a jornada completa. Esta cifra asciende a unos 250 millones si se cuenta a los niños para quienes el trabajo es una actividad secundaria (en los casos en que el trabajo se define como una actividad secundaria para los niños, los sindicatos han comprobado, de hecho, que el trabajo puede seguir siendo la actividad principal pero que los niños reciben, por lo menos, algún tipo de educación, aunque a menudo abandonan el sistema escolar cuando aumentan las presiones económicas de la unidad familiar). De estos niños, el 61 por ciento se encuentran en Asia, el 32 por ciento en Africa y el 7 por ciento en América Latina. Si bien en Asia se registra el número más elevado de niños trabajadores en términos absolutos, a Africa le corresponde la proporción más alta (alrededor del 40 por ciento de los niños de cinco a 14 años de edad) (OIT, 1996a). La realidad es que la inmensa mayoría de estos niños se encuentran fuera del sector formal y las tasas de participación de los niños en las actividades económicas son más elevadas en las zonas rurales que en los centros urbanos. Una encuesta reciente llevada a cabo por la OIT en 26 países reveló que el 70 por ciento de los niños encuestados realizaban trabajos agrícolas, y la proporción de niñas era mayor que la de niños. En América Latina y el Caribe, de los 15 millones de niños que participan en el mercado de trabajo, el 56 por ciento trabaja en el sector agrícola a partir de edades que varían entre los 5 y 7 años (OIT, 1999a).
Los gráficos 1 y 2 muestran la contribución del sector informal al empleo y al producto interno bruto (PIB) en el sector no agrícola de la economía y en toda la economía para un grupo seleccionado de países en desarrollo (los datos correspondientes figuran en el cuadro 2). De los gráficos y el cuadro se desprende claramente que el sector informal de la economía aporta una importante contribución a la producción y a las oportunidades de empleo. Por consiguiente, la eliminación del sector informal sin un aumento notable del tamaño del sector formal de la economía agravaría enormemente los problemas de desempleo y pobreza en esos países.
Además, la importancia económica del sector informal parece estar aumentando en la mayor parte de los países en desarrollo. Por ejemplo, según las estimaciones de la OIT, en América Latina más del 80 por ciento de los nuevos empleos creados entre 1990 y 1994 correspondieron al sector informal. En esa región, el empleo del sector informal creció a un ritmo anual de aproximadamente un 4,7 por ciento, en comparación con un 1,1 por ciento en el sector formal. En Africa, el empleo en el sector informal urbano absorbe el 61 por ciento de la fuerza de trabajo urbana, y se estimó que en el decenio de 1990 este sector generaría más del 93 por ciento de los puestos de trabajo adicionales en la región. En Asia, antes de que comenzara la crisis financiera de 1997, se estimó que el sector informal absorbía de un 40 a un 50 por ciento de la población activa urbana, con diferencias entre los países en reciente proceso de industrialización (menos de un 10 por ciento) y países como Bangladesh, donde la proporción del empleo correspondiente al sector informal se estimó en un 65 por ciento (OIT, 1997a).
Cuadro 2. Contribución del sector informal en lo que respecta al empleo
y al producto interno bruto (sector no agrícola y total)
(%)
(%)
(%)
País (año)
No agrícola
Total
Sector informal como porcentaje del empleo no agrícola
Sector informal como porcentaje del producto interno bruto no agrícola
Sector informal como porcentaje del empleo total (%)
Sector informal como porcentaje del producto interno bruto total
Benin (1993)
93
57
41
37
Burkina Faso (1992)
77
40
9
25
Chad (1993)
74
45
12
31
Colombia (1992) (10 zonas metropolitanas)
55
18
Fiji (1990)
43
2
Filipinas (1988)
26
12
India (1993-1994)
47
63
Madagascar (1995) (Antananarivo)
26
17
Malí (1989)
79
42
13
23
Mauritania (1989)
75
14
10
Mauricio (1992)
24
19
Níger (1987)
30
Senegal (1991)
76
41
Tailandia (1995)
6
1
Tanzanía, República Unida de (1991)
22
32
Tanzanía, República Unida de (1995) (Dar es-Salam)
30
65
Túnez (1995)
49
23
38
20
Fuente: Du Jeu (1998).
1.3.1.Características comunes
El sector informal es heterogéneo en lo que se refiere a actividades y a actores. Entre los sectores de la economía en los que participan empresarios del sector informal figura el comercio, la agricultura, la construcción, la industria manufacturera, el transporte y los servicios, es decir, prácticamente todos los sectores. El sector financiero informal, en particular los prestamistas y cambistas, desempeñan una importante función en muchos países. En el sector informal se pueden encontrar casi todos los oficios y demás ocupaciones: peluqueros, esteticistas, cambistas, trabajadores que confeccionan los bidis (cigarrillos), caleseros, fontaneros y mecánicos, transportadores de cargas sobre la cabeza, basureros, vendedores de legumbres, kiosqueros, vendedores de ropa de segunda mano, sastres, trabajadores de la industria textil, talladores de madera, relojeros, ebanistas, comerciantes del carbón y trabajadores del servicio doméstico.
Por motivos analíticos relacionados con este documento, la fuerza de trabajo del sector informal estará agrupada en tres segmentos principales: propietarios o empleadores de microempresas, trabajadores por cuenta propia y trabajadores dependientes. El primer segmento corresponde a los propietarios o empleadores de microempresas que emplean a un número reducido de trabajadores y/o aprendices. Normalmente no constituyen un grupo destinatario de las políticas de organización sindical, pero pueden ser un posible interlocutor en las negociaciones ya que participan directa o indirectamente en una relación de empleo con muchos de los trabajadores del sector informal a los que pudieran tratar de representar los sindicatos.
El segundo segmento está integrado por los trabajadores por cuenta propia, que trabajan solos o con empleados no remunerados. Abarca principalmente a los trabajadores independientes y es el mayor segmento del sector informal.
El tercer segmento comprende a los trabajadores dependientes, ocupados en un empleo a jornada completa o en un empleo ocasional. Abarca a los asalariados ocupados en microempresas, generalmente sin un contrato formal y que trabajan de forma regular u ocasional, a los trabajadores no remunerados, incluidos los miembros de la familia y los aprendices, a los trabajadores a domicilio y a los trabajadores domésticos remunerados.
En muchos aspectos, los problemas de los trabajadores del sector informal están estrechamente relacionados con su situación en el empleo. Por ejemplo, los problemas a los que se enfrentan los vendedores ambulantes difieren considerablemente de los que afectan a los trabajadores a domicilio. Dentro del mismo grupo de trabajadores, la situación de los hombres difiere de la de las mujeres. Pese a estas diferencias, la precariedad y vulnerabilidad se aplican tanto a los trabajadores independientes como a los trabajadores dependientes en el sector informal en la medida en que trabajan fuera del ámbito de la protección jurídica y social.
a) Trabajadores por cuenta propia
Los trabajadores independientes crean su propio negocio unipersonal. Trabajan solos o con trabajadores no remunerados, generalmente miembros de la familia y aprendices. La eficacia de sus actividades se ve a menudo dificultada por una falta de crédito para realizar pequeñas inversiones; de competencias técnicas para llevar a cabo sus actividades, y de materias primas y de acceso al abastecimiento de agua y al suministro de electricidad. Pese a su condición de trabajadores independientes, pueden depender de otras personas en lo que respecta a los locales y créditos. Generalmente, no tiene acceso a los préstamos que otorgan las instituciones crediticias porque no ofrecen las suficientes garantías económicas y, a menudo, tienen que pedir prestado sumas que son insuficientes en comparación con los costos administrativos de los préstamos. Como resultado, están expuestos a la explotación de los prestamistas. Por lo general, no pueden permitirse pagar las tasas de las instituciones de formación oficiales y los cursos que estas últimas proponen no siempre se adaptan a sus necesidades básicas. Sus lugares de trabajo son a menudo insalubres y peligrosos y, a veces, están situados en zonas poco atractivas para los posibles compradores.
La situación de los trabajadores independientes en las zonas rurales merece especial atención, debido al enorme porcentaje que representa la fuerza de trabajo agrícola en el total de la población económicamente activa en los países en desarrollo (59 por ciento) (OIT, 1999a). La reducción de los obstáculos comerciales y otras reformas vinculadas a la reestructuración de la economía mundial durante los dos últimos decenios ha dado lugar a una reducción del empleo asalariado en el sector agrícola en muchos países en desarrollo. Como resultado, la distinción entre trabajadores rurales asalariados y el resto de la población activa resulta menos clara, y todos los que trabajan en el sector agrícola se enfrentan a dificultades similares. Los datos de que se dispone indican que el empleo independiente y la precarización de la mano de obra rural están aumentando en muchos países en desarrollo. Entre las categorías de trabajadores rurales no asalariados o «autónomos», tal como se definen en el Convenio sobre las organizaciones de trabajadores rurales, 1975 (núm. 141), se encuentran los pequeños propietarios, aparceros y arrendatarios; asimismo, quedan abarcadas otras personas sin tierras que viven en zonas rurales y que, a menudo, gozan de poca o ninguna seguridad en lo atinente a la tenencia de la tierra que cultivan (OIT, 1990). Estas categorías de trabajadores representan la mayor parte del sector informal rural. Este sector constituye la mayor categoría en la estructura rural de clases en los países en desarrollo y actualmente está aumentando a un ritmo constante. Un estudio llevado a cabo por la UITA revela que en los países en los que se dispone de datos para 1988, el sector de pequeños productores representa el 52 por ciento de la población rural y el sector «sin tierra» el 24 por ciento. América Latina presenta las estadísticas más preocupantes sobre la polarización socioeconómica. Se estima que ahora en esta región, la tenencia de tierras en el 71 por ciento de los hogares agrícolas es muy escasa o nula (en comparación con el 69 por ciento en 1988), mientras que en el Brasil, por ejemplo, el 1 por ciento de los terratenientes controla el 44 por ciento de la tierra productiva (UITA, 1997).
Los vendedores ambulantes, en su mayoría mujeres, representan un importante porcentaje de la fuerza de trabajo en el sector informal. Estos vendedores son sin lugar a dudas el componente más «visible» del sector informal y desempeñan una importante función como proveedores de una amplia gama de productos a familias de ingresos medianos o bajos. Sin embargo, a menudo la policía y las autoridades municipales les consideran una molestia y, a veces, incluso una amenaza para la seguridad. Los comerciantes los consideran competidores desleales. Por consiguiente, suelen ser objeto de acoso y se les desaloja periódicamente de las zonas públicas. Como operan en lugares públicos, sus mercancías pueden ser fácilmente destruidas por desastres naturales (por ejemplo, el fuego o el agua) y pueden ser robadas o confiscadas. Sus principales preocupaciones son el acceso al espacio y a los servicios básicos, tales como el agua y la electricidad.
b) Trabajadores dependientes
Los trabajadores remunerados en las microempresas a menudo tienen que afrontar condiciones de trabajo duras e inseguras y generalmente no se benefician de muchas de las prestaciones que perciben los trabajadores en el sector formal, tales como las pensiones de vejez, el seguro de enfermedad e invalidez, los límites en la jornada normal de trabajo y el pago de horas extraordinarias, las vacaciones remuneradas y la protección de la maternidad. Su influencia en las relaciones laborales es limitada o nula, normalmente no están sindicados y sus salarios y condiciones de empleo las determina unilateralmente el propietario de la microempresa. Pueden estar contratados de forma permanente u ocasional. En este último caso, su seguridad de empleo es limitada.
Los trabajadores no remunerados son principalmente miembros de la familia y aprendices. Las mujeres y los niños representan un importante porcentaje de estos trabajadores. Este tipo de empleo no siempre se tiene en cuenta en las estadísticas y a menudo no es remunerado debido a las tradiciones culturales. El trabajo no remunerado está muy extendido en las zonas rurales.
Los trabajadores empleados como mano de obra subcontratada en el sector informal están a menudo al final de una cadena invisible de subcontratistas. Además de los problemas a los que tienen que hacer frente los trabajadores remunerados, estas personas trabajan en circunstancias que permiten al empleador evitar la responsabilidad jurídica de controlar las condiciones de trabajo. Esto tiene una incidencia directa en sus condiciones de salud y seguridad en el trabajo, incluidos los peligros que resultan de la exposición a productos químicos o de pesos o tecnología inadecuados.
Los trabajadores a domicilio constituyen uno de los grupos más «invisibles» del sector informal. Sin duda alguna, se subestima el número total de trabajadores dentro de este grupo. Sin embargo, los casos de los que se tiene conocimiento parecen indicar que está aumentando el número de trabajadores a domicilio en todo el mundo. En los países en desarrollo, las mujeres representan la mayoría de estos trabajadores. En muchas sociedades, por razones culturales y religiosas, el trabajo a domicilio es la única forma que tienen las mujeres de conciliar las responsabilidades familiares con la necesidad de percibir ingresos. El trabajo a domicilio, tal como lo define el Convenio sobre el trabajo a domicilio, 1996 (núm. 177), se refiere al trabajo que una persona realiza, a cambio de una remuneración, en su domicilio o en otros locales que escoja, distintos de los locales de trabajo del empleador, con el fin de elaborar un producto o prestar un servicio conforme a las especificaciones del empleador, independientemente de quién proporcione el equipo, los materiales u otros elementos utilizados para ello. En general, los trabajadores a domicilio no están amparados por la legislación nacional del trabajo. La mayor parte de los trabajadores a domicilio trabajan en virtud de acuerdos verbales y, por consiguiente, su situación de empleo dependiente no está registrada y su empleador se oculta tras varios niveles de subcontratistas. Esto impide que puedan acceder a la seguridad social. Sus condiciones de trabajo son normalmente insalubres y, a menudo, sufren de agotamiento por exceso de trabajo y de estrés. Generalmente, los trabajadores a domicilio están mal remunerados y, debido a la competencia, tienen que soportar largas jornadas de trabajo (1) <> . Para conseguir trabajo, dependen totalmente de un «intermediario».
Los trabajadores domésticos remunerados son en su mayoría mujeres. Como los trabajadores a domicilio, pasan desapercibidos y su número se subestima porque las estadísticas nacionales raramente los tienen en cuenta. Sin embargo, los datos de que disponemos indican que estos trabajadores constituyen una gran parte de la fuerza de trabajo femenina en el sector informal en los países en desarrollo. Sus principales problemas son las largas jornadas laborales, los bajos salarios y la amenaza diaria de despido. Están expuestos a la explotación y al acoso sexual.
1.3.2.Movilidad de la fuerza de trabajo
y complementariedad de los sectores
La clasificación que figura más arriba de los trabajadores del sector informal no refleja adecuadamente la complejidad del sector. En el mundo real, no existen límites claramente definidos entre los segmentos mencionados y hay una movilidad constante de trabajadores entre las diferentes categorías de empleo e incluso entre las ocupaciones, dependiendo de la época del año, de la situación económica y de las exigencias de sus estrategias de supervivencia. Puede ocurrir que una trabajadora asalariada abandone la microempresa que la emplea para establecer un negocio, convirtiéndose así en una trabajadora independiente o incluso en una microempresaria. Otra posibilidad es que la trabajadora ocupe dos o más puestos de trabajo al mismo tiempo. Los trabajadores a domicilio pueden estar ocupados en un trabajo remunerado durante algunos períodos y vender directamente los mismos productos y servicios durante el resto del año. En las zonas rurales, muchos pequeños agricultores complementan la agricultura de subsistencia con el trabajo ocasional en grandes explotaciones agrícolas comerciales durante los períodos de cosecha o con actividades no agrícolas en determinadas épocas del año. Los trabajadores empleados en explotaciones comerciales cultivan pequeñas parcelas de legumbres, y se dedican a la producción de artículos artesanales o a otras actividades para complementar sus exiguos salarios.
Hay también estrechos vínculos entre los sectores formal e informal. Un elevado porcentaje de trabajadores pertenecen al mismo tiempo al sector formal y al informal. Además, los hogares a menudo forman parte de ambos sectores, ya que alguno de sus miembros, normalmente del sexo masculino, suele trabajar en el sector formal, y otro miembro, generalmente del sexo femenino, en el sector informal o dirigiendo un negocio del sector informal (Venkata Ratnam, 1999). Las empresas del sector formal dependen en buena medida de los trabajadores del sector informal para la prestación de servicios, y los grupos de ingresos bajos y medianos del sector formal compran bienes y servicios en el sector informal. Los productores y comerciantes del sector informal tienen que comprar la mayor parte de sus materiales y mercancías en el sector formal; a menudo trabajan como proveedores o subcontratistas para las empresas del sector formal. Esto crea una dependencia mutua, aunque asimétrica, ya que el trabajo del sector informal se puede reemplazar fácilmente.
1.3.3.Polarización socioeconómica entre los sexos
en el sector informal
Si bien es cierto que tanto hombres como mujeres trabajan en el sector informal, su situación difiere en muchos aspectos, por ejemplo en cuanto a horas y tipos de trabajo y también en cuanto a la remuneración. La fuerza de trabajo femenina se concentra en el pequeño comercio y servicios, en donde se necesita sólo un pequeño capital y bajos niveles de capacitación profesional para iniciar una actividad. En el sector del comercio las mujeres se dedican principalmente a pequeñas actividades por cuenta propia, tales como la venta de alimentos, mientras que los comerciantes del sexo masculino tienden a dedicarse a actividades en mayor escala y que no tienen que ver con la alimentación. En el sector manufacturero, las mujeres trabajan principalmente en régimen de subcontratación o desempeñan un trabajo no remunerado en el ámbito familiar. En el trabajo industrial a domicilio, los hombres normalmente desempeñan la función de subcontratistas o se dedican a actividades tales como la recolección de materias primas y la entrega de productos finales. Raras veces trabajan ellos mismos en casa. En los sectores de la construcción, el transporte y los servicios, las mujeres están principalmente contratadas como trabajadores ocasionales.
En cuanto a las facilidades de crédito, las mujeres a menudo tienen que afrontar problemas adicionales debido a factores culturales y religiosos que les impiden el acceso a la propiedad privada y a los préstamos sin autorización de sus maridos. La ignorancia, los altos niveles de analfabetismo y los tabúes culturales son otros tantos factores que empujan a las mujeres hacia las formas de empleo más precarias y peor remuneradas en el sector informal.
2. La función del Estado en el sector
informal
La actitud y política estatales en relación con el sector informal afectarán de manera significativa el volumen y calidad del empleo en ese sector, así como la influencia que ejercen los trabajadores por cuenta propia, los trabajadores asalariados y las microempresas del sector informal en otros componentes de la economía. La política del Estado con respecto al sector informal varía de un país a otro, y ha ido evolucionando a lo largo del tiempo de acuerdo con la evolución de las ideologías políticas y de los planteamientos teóricos de desarrollo económico. Esta política estatal no actúa de forma aislada ni deja de tener relación con el pensamiento político y económico de ámbito más amplio en las instancias decisorias estatales.
Por lo tanto, la función del Estado es de una importancia fundamental para cualquier discusión normativa de los sindicatos sobre el sector informal. Es esencial que los sindicatos elaboren y promuevan una visión coherente respecto a qué políticas económicas, jurídicas y administrativas han de adoptar los gobiernos en relación con el sector informal.
2.1. Las repercusiones de la desreglamentación
y de las políticas de ajuste estructural
sobre el sector informal en los decenios
de 1980 y 1990
A finales del decenio de 1970 y durante el de 1980, en la mayoría de los países en desarrollo y en muchos países industrializados, el crecimiento económico -- si existía -- no era suficiente para absorber el crecimiento demográfico, y la creación de empleos tenía un ritmo demasiado lento para evitar la explosión del desempleo o del subempleo. Aun para los que tenían la suerte de haber encontrado un empleo fijo, los ingresos reales disminuían, las condiciones de trabajo se deterioraban y la seguridad en el empleo se desvanecía. Para todos los demás, la única opción posible era tratar de buscarse el sustento en el sector informal. Es innegable la importante contribución que este sector ha aportado a la supervivencia económica de miles de millones de trabajadores, y hay que reconocer que algunos elementos del sector informal tienen a menudo un espíritu empresarial muy vivo y un gran potencial creativo. Con mucha frecuencia, en el sector informal aparecen sistemas de apoyo mutuo que permiten a los trabajadores resolver los problemas y aprovechar las oportunidades nuevas, como las redes de autoayuda y de autofinanciación, basadas en familiares o amigos. En resumidas cuentas, los trabajadores del sector informal suelen ser innovadores, dinámicos y flexibles, pero pobres.
También se suele reconocer que la calidad del trabajo, el nivel de vida y el grado de explotación de los trabajadores del sector informal resultan inaceptables. Por consiguiente, el trabajo en el sector informal equivale a poco más que a una estrategia de supervivencia o a una solución de recambio para la gran mayoría de la población, que no tiene más remedio que trabajar en ese sector. Ello no obstante, mucha gente aducirá que es preferible unos ingresos bajos que la falta total de ingresos, y que cualquier tipo de trabajo es mejor que la falta de trabajo. A pesar de su gran preocupación por el bienestar de los trabajadores en el sector informal, los sindicatos suelen estar de acuerdo con esos sentimientos, a condición de que la política estatal se dirija a tratar de mejorar la situación de los trabajadores en ese sector, y los vaya integrando en el sector formal.
Se han llevado a cabo diversos esfuerzos para dar con el justo medio, con el fin de reducir la explotación de los trabajadores, pero reconociendo que el sector informal puede suponer una aportación valiosa como estrategia de supervivencia para los que están fuera del sector formal. Por ejemplo, la Recomendación sobre la política del empleo (disposiciones complementarias), 1984 (núm. 169), de la OIT, hace un llamamiento a los Estados Miembros para que reconozcan la importancia de las fuentes de empleo ofrecidas por el sector informal (no estructurado), pero declara que «deberían tratar de extender progresivamente medidas de reglamentación al sector no estructurado» aun cuando se reconozca que deberían tener también en cuenta la posibilidad de que la formalización del sector informal reduzca su capacidad de absorber mano de obra y generar ingresos, por lo menos a corto plazo. La parte V de la Recomendación está dedicada al sector no estructurado, y recomienda que los Estados Miembros deberían: i) elaborar y llevar a la práctica programas de promoción del empleo para fomentar el trabajo familiar y el trabajo independiente en talleres individuales; ii) fomentar relaciones de complementariedad entre el sector estructurado y el sector no estructurado; iii) ampliar las posibilidades de acceso de las empresas del sector informal a los recursos, mercados, crédito, infraestructura, medios de formación, conocimientos técnicos y tecnologías más perfeccionadas, y iv) tratar de facilitar al mismo tiempo la integración progresiva de dicho sector en la economía nacional, mientras adoptan medidas para aumentar las oportunidades de empleo y mejorar las condiciones de trabajo en el sector no estructurado.
En relación con las pequeñas empresas, el mencionado instrumento de la OIT recomienda que se deberían adoptar las medidas necesarias para no sólo ampliar sus posibilidades de acceso a los mercados, créditos, conocimientos técnicos y tecnologías avanzadas, sino también mejorar las condiciones de trabajo en dichas empresas.
Sin embargo, de los datos que se han presentado en el capítulo anterior en relación con el crecimiento del sector informal se deduce claramente que esta estrategia de formalización gradual no está dando los resultados que se esperaban. Mientras las políticas y programas que se elaboran para prestar asistencia a las pequeñas empresas suelen estar encaminadas a la solución de los problemas de acceso que tienen los empresarios a los mercados de productos, créditos, conocimientos técnicos, tecnologías avanzadas y capacidades directivas, la mejora de las condiciones de trabajo en las empresas no suele contemplarse como un fin en sí mismo. La razón de ello estriba en la hipótesis (generalmente no declarada) de que cuando estas empresas despeguen, las disposiciones y condiciones de empleo de los trabajadores mejorarán automáticamente. Esta hipótesis se basa en la teoría «de la filtración» del desarrollo económico y social, que ha demostrado ser poco realista.
La espectacular expansión del sector informal y el relativo «éxito» que al parecer ha conseguido, si se le compara con las oportunidades de empleo cada vez menores de la economía formal, han propiciado en algunos círculos una idea romántica del sector informal. Durante el decenio de 1980 y la mayor parte del decenio de 1990, se popularizó -- entre los defensores de la teoría económica neoclásica -- una perspectiva demasiado optimista del sector informal. A consecuencia de ello, el desarrollo de la política estatal sobre el sector informal en las últimas décadas ha de verse en el contexto de la omnipresente influencia que las políticas estándar de ajuste estructural (impuestas por las instituciones financieras internacionales) han ejercido sobre el desarrollo económico.
Como parte del modelo neoclásico, apareció una idea nueva y controvertida sobre el sector informal. Según esta corriente de pensamiento, en vez de tratar de restringir o regular el sector informal, los gobiernos debían concentrarse en crear y potenciar un entorno favorable a ello. Se argumentaba que los elevados costos y el tiempo que se gastaba en registrar una empresa, la complejidad de los procedimientos administrativos y lo inadecuado de las disposiciones reglamentarias para responder a las necesidades del sector informal actuaban como factores desalentadores que disuadían a los empresarios de legalizar sus actividades. En el centro de estas críticas estaba la afirmación de que los costos que suponía cumplir con la legislación laboral eran realmente excesivos, y de que ello tenía como resultado que las empresas permaneciesen en el sector informal. Además, se argumentaba que los elevados costos laborales de las empresas del sector formal incitarían a los empresarios a reducir su fuerza de trabajo y a sustituir la mano de obra por bienes de equipo. En cualquier caso, los economistas neoclásicos pretendían que los resultados eran económicamente ineficaces y que toda la sociedad saldría perjudicada.
La respuesta de los economistas neoliberales (y a veces también de las instituciones financieras internacionales) consistía en eliminar las barreras entre los sectores formal e informal, suprimiendo o reformando toda una serie de reglamentaciones en ámbitos como la legislación laboral, los salarios mínimos, la seguridad social, la salud y seguridad en el puesto de trabajo y los impuestos, así como en el ámbito de las disposiciones reglamentarias relativas al registro y administración de una empresa. Los defensores de estas reformas argüían que así se liberaría la iniciativa privada y el potencial económico de los empleados por cuenta propia y de las microempresas que operaban en el sector informal (de Soto, 1989). Toda la insistencia se dirigía a la desreglamentación y a la retirada del gobierno para garantizar que el sector privado no fuese «desplazado» por las inversiones públicas o sobrecargado por el papeleo oficial. Esas políticas se llevaron a cabo por primera vez, y con gran vigor, en algunos países de América Latina, pero pronto se extendieron a otras regiones y alcanzaron un ámbito mundial.
Esta política respecto al sector informal formaba parte de un enfoque más amplio de liberalismo en política económica y de predominio del egoísmo absoluto, propios del decenio de 1980 y de la mayor parte del decenio de 1990. En este período, el centro de atención de la política económica se redujo, pasando de la prosecución de un desarrollo de amplia base, pleno empleo y elevados niveles de ingresos para todos hasta la concentración en la lucha contra la inflación, el fomento de la inversión privada y la promoción de las fuerzas del mercado a toda costa. El conjunto de políticas que propugnaban los economistas neoclásicos para los países en desarrollo incluía además la devaluación de la moneda, la eliminación de los subsidios a los productos básicos, la reducción del gasto público en educación, salud y protección social, la reducción del empleo en el sector público, las reformas en el mercado de trabajo para aumentar la flexibilidad y la movilidad en el sector formal y la reducción de la protección al comercio.
La justificación de este conjunto de políticas radicaba en la creencia de que toda intervención estatal era perjudicial: el Estado no podía hacer una contribución positiva a la generación de empleos y al crecimiento, y la economía debía dejarse enteramente a las fuerzas del mercado. En los países en desarrollo se decía que la intervención estatal había distorsionado o suprimido los incentivos a las industrias de exportación, especialmente las industrias del sector primario, en las que se creía que los países en desarrollo tenían ventaja comparativa. Las medidas normativas antes mencionadas estaban pensadas para hacer desaparecer o invertir esta situación, creando así incentivos para incrementar la producción de bienes de exportación, especialmente en el sector agrícola y en las industrias extractivas. Las políticas de estabilización estaban también concebidas para reducir los ingresos disponibles de los asalariados urbanos y su gasto en consumo, reduciendo así la demanda de importaciones. Se esperaba que las políticas de estabilización y ajuste estructural eliminasen la inflación, corrigiesen los problemas de balanza de pagos y fomentasen el aflujo de capitales privados. En cuanto al conjunto de políticas del decenio de 1980, los economistas neoclásicos y los representantes del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial solían hablar de «encontrar el precio adecuado», refiriéndose a la creación de incentivos con destino a los empresarios de los países en desarrollo para que produjesen unos productos básicos más fácilmente exportables.
El resultado de estas políticas fue negativo en la mayor parte de los países en que se aplicaron. La prometida recuperación económica por medio de un crecimiento orientado a la exportación no se materializó, y el desempleo y el subempleo aumentaron, al tiempo que el acceso a la salud, la educación y otros servicios sociales disminuían. Junto con todo ello, reaparecían grandes desigualdades en los ingresos, el acceso al trabajo y la calidad de los empleos, tanto dentro de los países como entre ellos. En parte, estas desigualdades provenían de la promoción de la mundialización económica y de las grandes empresas multinacionales, al mismo tiempo que se yugulaba la protección social a nivel nacional, se socavaba la solidaridad entre los trabajadores y se reemplazaba la responsabilidad colectiva por unas relaciones de trabajo individualizadas.
En la mayor parte de los países, las centrales sindicales nacionales se opusieron básicamente a esta política, por sus graves repercusiones sociales y por su incapacidad para producir los beneficios prometidos en términos de crecimiento económico y de empleo. Con plena coherencia, el movimiento sindical internacional señaló a la atención varios problemas fundamentales en relación con la planificación temporal, la ordenación y la agrupación de las políticas de estabilización y de ajuste estructural. Los sindicatos argumentaban que esas políticas habían de ser más específicas para cada país concreto, que el componente de estabilización era demasiado estricto y que convenía que los cambios estructurales se distribuyesen en un período de tiempo más largo y fuesen objeto de diálogo tripartito.
Los sindicatos argumentaban además que la promoción del sector exportador por medio de la devaluación de la moneda y de la alteración de los incentivos de precios no respondía con suficiente eficacia a los problemas económicos que tienen planteados casi todos los países en desarrollo. En las economías poco desarrolladas, que se caracterizan por la ausencia de infraestructuras básicas, por unos mercados poco desarrollados y unos empresarios de escasa envergadura, y donde los productores tienen un conocimiento bastante limitado de las tecnologías de producción y de las posibilidades del mercado, no es realista esperar una respuesta automática de la oferta a los ajustes de precio que se derivan de la devaluación. En muchos países en desarrollo, la dependencia de un conjunto limitado de productos primarios con destino a la exportación ha constituido una fuente importante de vulnerabilidad ante las fluctuaciones de los términos de intercambio. Por lo tanto, los sindicatos han argumentado sistemáticamente que era importante conseguir una mejora de la balanza comercial diversificando la estructura de las exportaciones, más bien que simplemente vendiendo más productos primarios. Han aducido también que la producción de gran valor y las exportaciones no tradicionales requerían una reorientación -- más bien que una reducción -- de las inversiones públicas en infraestructura productiva y desarrollo del capital humano. Abogaban también por el desarrollo de los mercados de capitales y por unos planes de crédito nuevos e innovadores, dirigidos a los pequeños productores.
Es evidente que la respuesta que propugnan los sindicatos ante los programas de ajuste estructural y los problemas económicos de los países en desarrollo era, y sigue siendo, totalmente incompatible con el concepto simplista de que el crecimiento y la prosperidad económicos pueden ser rápidamente generados suprimiendo los controles legislativos, fiscales y administrativos de la industria y del sector informal. El punto de vista sindical reconocía que las fuerzas libres del mercado no son la panacea universal para todo tipo de problemas económicos, y que el Estado tiene una función fundamental que desempeñar para corregir las deficiencias del mercado y patrocinar el desarrollo económico por medio de inversiones en infraestructura, desarrollo de capital humano y acceso al crédito.
Esta perspectiva sindical se apoya en datos empíricos procedentes de las investigaciones de la OIT, que durante los dos últimos decenios ha tratado de examinar las razones reales del crecimiento del sector informal, en vez de basar las prescripciones en materia de políticas en preferencias ideológicas preconcebidas (Tokman, 1992; Maldonado, 1995; Lagos, 1995). Por ejemplo, Maldonado llega a la conclusión de que la existencia del sector informal proviene de «la interacción de diversos factores económicos, político-institucionales y sociológicos. Con esta conclusión se impugna el análisis monocausal de la economía informal (preeminencia del derecho) y queda invalidada la tesis neoliberal, la cual tiene una base empírica muy frágil».
En el capítulo 4 se examinarán algunas posibilidades de que disponen los sindicatos para explicar con más detalles los argumentos antes descritos y, sobre todo, cómo pueden hacer que estas propuestas normativas se dirijan más específicamente al sector informal.
2.2. La función de las normas del trabajo
y de la legislación laboral en el sector
informal
La importancia de las normas del trabajo y de la legislación laboral para el sector informal puede examinarse desde una perspectiva económica y desde el ángulo de los derechos sociales y humanos. Este último tiene una importancia fundamental, pero empezaremos por el examen del primero, puesto que está íntimamente relacionado con la discusión que acabamos de mencionar.
2.2.1. Las repercusiones de las normas del trabajo
en la productividad
Como se ha dicho antes, el modelo neoclásico de desarrollo económico puede cuestionarse desde diversos frentes. Por ejemplo, otros modelos de desarrollo económico que reconocen las ineficiencias del mercado y que aprecian también las ventajas económicas a largo plazo que se derivan de mantener y fomentar el entramado social de la sociedad, han conducido a unas conclusiones muy distintas sobre la importancia de las normas del trabajo y de las instituciones del mercado de trabajo, como los sindicatos. Según el modelo institucional o estructuralista de desarrollo económico, deberíamos preocuparnos de las repercusiones que la competencia desleal del mercado de trabajo informal puede tener en la productividad de ese sector, y también de cómo podría afectar la viabilidad económica a largo plazo de la economía del sector formal (Sengenberger, 1994; Lee, 1997, 1998 y 1999). Tradicionalmente, los sindicatos han estado preocupados por el hecho de que si no hay unas normas del trabajo mínimas se produciría una «carrera hacia atrás» de las condiciones de trabajo, lo cual tendría consecuencias económicas y sociales negativas. Sobre todo en los países que tienen mucho excedente de mano de obra, el incumplimiento de normas del trabajo tales como la libertad sindical, los salarios mínimos, el número máximo de horas de trabajo y las disposiciones reglamentarias sobre salud y seguridad en el trabajo, incitarán a los empresarios a competir entre sí a través de una reducción de los costos laborales. Ello reduciría o eliminaría igualmente los incentivos que hubiesen tenido de otro modo para competir por medio de productos de mejor calidad, tecnología y estrategias comerciales. El resultado final es una mayor competencia en el mercado de trabajo, más explotación de los trabajadores, menos productividad, una asignación poco eficaz de los escasos recursos disponibles, un crecimiento económico más lento y menos prosperidad para todos. Por consiguiente, serían erróneos los argumentos que esgrimen los economistas neoclásicos en el sentido de que la desreglamentación liberaría el potencial creativo del sector informal y favorecería la innovación, una mayor competencia en los mercados de productos y la producción de bienes de mayor valor.
Para responder a las cuestiones antes mencionadas, un economista de corte neoclásico tal vez argumentase que si tuviera interés económico para los empresarios poner en práctica las normas del trabajo, ya lo harían por sí mismos, sin necesidad de apremio por parte del Estado. Además, los economistas de este tipo señalarían probablemente las encuestas de los operadores del sector informal, que muestran que muchos empresarios piensan que las repercusiones financieras de tener que cumplir la legislación laboral los pondría fuera de combate, y ésta es precisamente la razón por la cual escogen actuar fuera del sector formal. Pero el hecho de que los microempresarios puedan desear minimizar los costos laborales a corto plazo, a pesar de las repercusiones negativas que ello tiene en la productividad, no significa necesariamente que éste sea un planteamiento económicamente racional: no hace más que reflejar el hecho de que la mayor parte de los operadores del sector informal se ven forzados, por las circunstancias económicas, a adoptar una perspectiva a muy corto plazo. Para ellos, las prioridades son la supervivencia de cada día y los problemas inmediatos de activo líquido, puesto que el acceso al crédito les está muy limitado: en su mundo no existe una perspectiva «a largo plazo» y por lo tanto no pueden permitirse el lujo de pensar que el cumplimiento de las normas del trabajo, como las condiciones de salud y seguridad, tendrá como resultado menos accidentes profesionales, que se traducirán en un aumento de la producción, menos costos laborales por unidad y beneficios más elevados.
Existe también el problema de los «aprovechados»: los empresarios del sector informal se mostrarán reticentes a emprender una estrategia que pudiera suponer unos costos laborales algo más elevados a corto plazo (con vistas a obtener una mayor productividad y unos menores costos unitarios a largo plazo) porque temen que otros empresarios no quieran seguir la misma estrategia. El empresario que no cumple las normas del trabajo puede permitirse precios más bajos que los que las cumplen, y los pone fuera de combate antes de que tengan la oportunidad de conseguir los beneficios de productividad que se derivan de cumplir las normas del trabajo. Este es otro ejemplo de ineficiencia del mercado y una justificación económica para la intervención estatal en forma de legislación laboral, inspección del trabajo y aplicación de las normas laborales mínimas en toda la economía.
En los últimos años, la OIT ha emprendido una considerable labor analítica, y varios países han llevado a cabo estudios para examinar el «costo de la legalidad» para el sector informal, en un intento de evaluar las tesis contradictorias de los modelos neoclásico y estructuralista de la teoría económica. Por ejemplo, Vargha (1992) ofrece un interesante resumen de las condiciones de trabajo que las microempresas respetuosas de la ley de la República Unida de Tanzanía tendrían que aplicar a sus empleados (sin contar a los trabajadores ocasionales): no deberían tener menos de 15 años de edad, ni trabajar más de nueve horas al día ni de 45 horas por semana; no deberían percibir una retribución inferior al salario mínimo y deberían cobrar regularmente su paga, en dinero circulante; deberían tener libre un día de cada siete y 28 días de vacaciones pagadas al año; deberían recibir ropas protectoras adecuadas y estar en un medio ambiente de trabajo seguro; el empleador y el empleado tendrían que contribuir al fondo nacional de pensiones (NPF) por un monto equivalente al 10 por ciento de los salarios, y los empleados tendrían que tener un seguro de accidentes, ayuda médica y enfermedades profesionales.
Los costos de todos los requisitos legales antes mencionados fueron evaluados de manera aproximada y se llegó a la conclusión de que la principal razón por la cual los empresarios no respetaban los requisitos legales giraba en torno de los costos elevados, las vacaciones anuales pagadas, el seguro de indemnización de los trabajadores y las contribuciones al NPF.
La autora concluía que la empresa no podría seguir siendo viable si tuviera que absorber todos estos costos, pero señalaba que ciertos costos podrían absorberse simplemente con una mejor organización del trabajo y del proceso de producción. Por ejemplo, si la organización de la producción se reajustase, probablemente podrían reducirse las horas de trabajo y respetarse el descanso semanal sin incurrir en gastos adicionales. Esto mejoraría también la eficacia de los trabajadores. Además, según la autora, era evidente que los trabajadores estarían mejor protegidos contra accidentes y enfermedades si se les suministrasen ropas adecuadas de protección. Ello tendría una doble ventaja para los empresarios. En primer lugar, disminuiría el monto de los gastos médicos y el número de días de trabajo perdidos y, en segundo lugar, se produciría una mejora en la productividad de los trabajadores.
Para ilustrar esto, Vargha presenta el ejemplo de los trabajadores de una pequeña empresa de la República Unida de Tanzanía que producía aceite de cocina. Las semillas de las que se extraía este aceite producían mucho polvo y en los locales no había ventilación adecuada. Los trabajadores inhalaban el polvo, puesto que no se les suministraban máscaras protectoras, y ello perjudicaba sus pulmones y los hacía propensos a enfermedades. El propietario de la empresa era consciente de que tenía un entorno de trabajo muy deficiente, pero no estaba preparado para adoptar ninguna acción correctora. Pero, como la autora señala, si el propietario hubiese tenido acceso al crédito y hubiese podido ofrecer un entorno laboral más saludable, los beneficios que se hubiesen podido obtener por medio de esta inversión hubiesen sido superiores a los costos de los gastos médicos a que hubo que someter a los trabajadores, y la productividad laboral hubiese aumentado. No obstante, aun en un ejemplo como este, considerando la precariedad financiera de las pequeñas empresas, podría examinarse el modo de disminuir los costos de ciertos requisitos de seguridad y salud. Se podría exigir a los pequeños empresarios que adoptaran equipos más baratos y/o el costo de tales equipos podría considerarse como un costo de inversión que desgravase los impuestos.
2.2.2. Las normas internacionales del trabajo
y el sector informal
Aunque en este ámbito se pueden aducir argumentos económicos muy sólidos, los argumentos sociales son aún más contundentes. El objetivo primario de la OIT es la justicia social, tal como figura en el Preámbulo de la Constitución, que considera que existen «condiciones de trabajo que entrañan... injusticia, miseria y privaciones para gran número de seres humanos», y ha sido explicado con más detalles en la Declaración de Filadelfia, que declara que «todos los seres humanos, sin distinción de raza, credo o sexo, tienen derecho a perseguir su bienestar material y su desarrollo espiritual en condiciones de libertad y dignidad, de seguridad económica y en igualdad de oportunidades». La Declaración insiste también en la importancia de adoptar medidas «destinadas a garantizar a todos una justa distribución de los frutos del progreso y un salario mínimo vital para todos los que tengan empleo y necesiten esta clase de protección».
En el centro mismo de este objetivo se sitúa un sólido consenso que se deriva de la Constitución, en la que todos los Estados Miembros de la OIT son parte; esto fue confirmado -- tras la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social -- en la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo y su seguimiento, adoptada en 1998. Estos principios y derechos se definen en los convenios fundamentales de la OIT sobre: i) la libertad sindical y el derecho de sindicación y de negociación colectiva (2) ; ii) la abolición del trabajo forzoso (3) ; iii) la eliminación del trabajo infantil (4) , y iv) la supresión de la discriminación (5) .
El respeto de esos principios y derechos fundamentales constituye a la vez un objetivo en sí mismo y un medio básico para conseguir los demás objetivos de la política social. Estos derechos constituyen un objetivo porque forman parte importante de los derechos humanos fundamentales y universalmente reconocidos, por lo que el respeto de los mismos se convierte en un imperativo moral. Constituyen un medio porque «la libertad de expresión y de asociación es esencial para el progreso constante» (Declaración de Filadelfia) y lo mismo se puede decir de la eliminación del trabajo forzoso, el trabajo infantil y la discriminación. Esto se deriva de que éstas son las condiciones sin las cuales los trabajadores no pueden ejercer su poder de compensación para obtener mejoras en las condiciones de trabajo. Además, como pilar fundamental de la democracia política, la libertad de expresión y de asociación son también esenciales para garantizar que las políticas económicas y sociales hagan avanzar la justicia social.
Además de estas normas internacionales del trabajo fundamentales, existe un amplio código de instrumentos de la OIT, que tratan de suministrar orientaciones prácticas a los Estados Miembros en la prosecución de los objetivos siguientes:
i) garantizar unas condiciones de trabajo decentes y seguras;
ii) eliminar la pobreza y la inseguridad de los ingresos, y
iii) garantizar el pleno empleo y elevar el nivel de vida.
Una crítica bastante corriente sobre el enfoque por la OIT de las normas internacionales del trabajo es que se centran en los trabajadores que actúan en los sectores organizados de la economía. Para responder a esta crítica, se pueden puntualizar varias cuestiones. En primer lugar, no es verdad que las normas de la OIT se hayan establecido sólo para los trabajadores del sector organizado. Los problemas de cobertura se plantean casi exclusivamente a nivel nacional, cuando los gobiernos aún no han sido capaces de ampliar la protección efectiva que aporta por medio de la legislación nacional a todos los trabajadores. La mayor parte de las normas de la OIT se refieren a los «trabajadores» más bien que a la categoría legal -- más estrecha -- de los «empleados». Un ejemplo de la extensión de esta cobertura puede encontrarse en el artículo 2 del Convenio sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación, 1948 (núm. 87), que se aplica a los «trabajadores ... sin ninguna distinción». Los demás derechos fundamentales también se dirigen a todos los trabajadores, y lo mismo cabe decir de las normas sobre, por ejemplo, los servicios de empleo público y la política de empleo. Al mismo tiempo, hay normas específicamente dirigidas a proteger a los trabajadores fuera del sector organizado, como las que se dirigen a los trabajadores rurales y los trabajadores a domicilio. Por ejemplo, el Convenio sobre política social (normas y objetivos básicos), 1962 (núm. 117), propugna diversas medidas para mejorar el nivel de vida de los productores agrícolas, entre ellas la eliminación más amplia posible de las causas de adeudo permanente y, el control de la enajenación de tierras cultivables y de la propiedad y del uso de la tierra y de otros recursos naturales. Además, aun cuando estas normas se apliquen inicialmente sólo a los trabajadores del sector organizado, a veces hay una disposición explícita para que se extiendan progresivamente a otras categorías de trabajadores. Por ejemplo, como se ha advertido antes en la sección 2.1, la Recomendación sobre la política del empleo (disposiciones complementarias), 1984 (núm. 169), incluye entre sus principios generales la declaración de que «los Miembros deberían adoptar medidas para permitir el traslado progresivo de los trabajadores del sector no estructurado, donde exista, al sector estructurado». Del mismo modo, los principios directivos que se establecen en la Recomendación sobre la seguridad de los medios de vida, 1944 (núm. 67), tras hacer un llamamiento en favor de la introducción del seguro social obligatorio, declaran que «debería proporcionarse asistencia, de acuerdo con las exigencias de cada caso, a otras personas que se encuentren en estado de necesidad».
En segundo lugar, conviene advertir que las normas internacionales del trabajo tienen explícitamente en cuenta la desigualdad entre los sectores formal e informal, y contienen disposiciones para reducir al mínimo el alcance de este problema. Una característica básica de los convenios de la OIT es que estipulan normas mínimas a las que hay que llegar por medio de la negociación tripartita y del consenso, y se abstienen de prescribir disposiciones cuyo nivel económico no sea realista. En los convenios suele haber una disposición en el sentido de que las normas se apliquen de manera adecuada a las circunstancias nacionales. Además, ciertos convenios prescriben explícitamente que se preste atención al problema de la desigualdad entre el sector formal y el sector informal. Por ejemplo, el Convenio sobre la fijación de salarios mínimos, 1970 (núm. 131), establece que entre los elementos que deben tenerse en cuenta para determinar el nivel de los salarios mínimos deberían incluirse, en la medida en que sea posible y apropiado, los «factores económicos, incluidos los requerimientos del desarrollo económico, los niveles de productividad y la conveniencia de alcanzar y mantener un alto nivel de empleo».
En tercer lugar, se han llevado a cabo diversos intentos de establecer unas normas internacionales del trabajo que se centren en varias categorías de trabajadores atípicos que suelen actuar en el sector informal. Por ejemplo, en 1996 la OIT adoptó el Convenio (núm. 177) y la Recomendación (núm. 184) sobre el trabajo a domicilio, que son especialmente importantes para este tema. En 1997, adoptó el Convenio (núm. 181) y la Recomendación (núm. 188) sobre las agencias de empleo privadas. Estos últimos instrumentos hacen un llamamiento a los Estados Miembros con el fin de que adopten medidas para asegurar que los trabajadores contratados por las agencias de empleo privadas se beneficien de las formas básicas de protección, como el derecho a la libertad sindical, el derecho a la negociación colectiva y a la igualdad de oportunidades y de trato, sin discriminación alguna por razones de raza, color, sexo, religión, opinión política, ascendencia nacional, origen social o cualquier otra forma de discriminación que se contemple en la legislación y la práctica nacionales, tales como la edad o la discapacidad. En 1997 y 1998, la OIT discutió la adopción de nuevas formas para proteger a los trabajadores subcontratados. Desgraciadamente, debido a la resistencia de los delegados empleadores y de algunos gobiernos, no llegaron a adoptarse normas sobre esta importante cuestión, pero la Conferencia Internacional del Trabajo adoptó una resolución por la que se invitaba a la Oficina a emprender nuevas investigaciones con vistas a reexaminar la posible adopción, en un futuro próximo, de normas sobre los trabajadores subcontratados.
Finalmente, existe la salvaguardia de la consulta y colaboración tripartitas a las que se invita -- explícita o implícitamente -- en todos los convenios. Esta consulta y colaboración (especialmente a nivel de ramo industrial o a nivel nacional) constituye un medio práctico de asegurar que unos intereses más estrechos, como los de los trabajadores organizados del sector moderno, no prevalezcan sobre los intereses, económicos y sociales generales. Así, la Recomendación sobre la consulta (ramas de actividad económica y ámbito nacional), 1960 (núm. 113), estipula que tal consulta debería llevarse a cabo «a fin de desarrollar la economía en su conjunto».
2.2.3. La legislación laboral y el sector informal
La legislación laboral constituye un medio fundamental para ofrecer a los trabajadores los derechos y la protección que necesitan, así como unas condiciones socialmente aceptables de empleo, y se puede dividir en dos componentes. En primer lugar, están los derechos humanos fundamentales como la libertad sindical y la igualdad. En segundo lugar, suelen existir unas normas básicas de trato justo en materias como la seguridad en el empleo, las normas de procedimiento respecto a la relaciones colectivas entre los sindicatos y los empleadores, así como unas normas mínimas básicas sobre materias importantes, como las condiciones de trabajo, la seguridad y salud, los grupos vulnerables y la seguridad de los ingresos. La OIT y la gran mayoría de los países consideran que una sociedad bien gobernada necesita un código sustancial y bien pensado de legislación laboral sobre estos temas, del mismo modo que requiere la existencia de sistemas de normas jurídicas en el ámbito comercial y penal. Tales normas son indispensables para suministrar un marco de estabilidad, orden, previsibilidad y trato justo y equitativo, que son elementos esenciales para unas relaciones productivas entre empleadores y trabajadores (Yemin, 1995).
Para la mayor parte de la población, seguramente parecerá equitativo y lógico que los derechos y protecciones que se brindan a través de la legislación laboral se apliquen a todos los trabajadores sin tener en cuenta si se sitúan en el sector formal o en el sector informal. Esta conclusión queda reforzada si consideramos los criterios que están detrás de la legislación laboral. Por ejemplo, el criterio básico para la legislación sobre los derechos sindicales colectivos es el reconocimiento de que existe una relación de poder desigual entre un trabajador individual y su empleador. Esta falta de equilibrio deja mucho margen a la explotación del trabajador, y esto es universalmente considerado como socialmente inaceptable. Por lo tanto, uno de los aspectos de la legislación laboral está explícitamente pensado para fomentar la representación colectiva de los trabajadores, con miras a equilibrar la balanza. Dado que los trabajadores del sector informal suelen ser los más débiles, en términos de fuerza laboral y política, sería perfectamente lógico que fuesen también los principales beneficiarios de la legislación laboral.
Desgraciadamente, la realidad es muy distinta, y los gobiernos muestran a veces cierta reticencia incluso cuando se trata de establecer un terreno de juego equitativo entre el «patrón» y el «trabajador» del sector informal. Hay varios factores que explican esta situación. En primer lugar, algunos observadores atribuyen la falta de intervención del Estado a la naturaleza paternalista de las relaciones de trabajo en este sector. Como se ha advertido en el capítulo 1, los trabajadores asalariados del sector informal suelen tener lazos familiares, étnicos o geográficos con el propietario de la empresa, lo cual en teoría podría reducir la probabilidad de explotación del trabajador. Sin embargo, no conviene exagerar la extensión (o la imagen positiva) de las relaciones paternalistas que puedan darse en el sector informal. Por ejemplo, si se dan lazos de familia, con frecuencia se refieren a parientes lejanos más bien que a la familia inmediata, de modo que la explotación del trabajador no se evita automáticamente. Además, la existencia de lazos familiares en el trabajo no exime al gobierno de su responsabilidad básica de protección de los débiles contra los fuertes en el lugar de trabajo.
Otra explicación, más formal y legalista, de por qué a los trabajadores del sector informal se les suelen negar los derechos y la protección que establece la legislación laboral debe buscarse en la naturaleza de las relaciones de empleo que existen en el sector informal. Como ya se ha dicho en el capítulo 1, una gran proporción de los trabajadores del sector informal son trabajadores por cuenta propia o lo que algunos observadores podrían llamar trabajadores subcontratados. A diferencia de la mayoría de las normas internacionales del trabajo, que se dirigen a proteger a todos los «trabajadores», la legislación laboral de casi todos los países está pensada para proteger a los «empleados». La definición jurídica de «empleado» es una cuestión bastante compleja, pero en muchos países los trabajadores por cuenta propia o los trabajadores subcontratados no tienen acceso a los derechos y a la protección que son propias del estatuto de los trabajadores, aun cuando estén en una situación de subordinación o de control por una tercera parte (el empleador). En otros países, los trabajadores por cuenta propia pueden disfrutar de algunos de los beneficios del estatuto del trabajador, aunque con ciertas limitaciones. Por ejemplo, pueden quedar excluidos de ciertos derechos que contempla la legislación laboral, como la protección contra el despido, el subsidio de enfermedad o el permiso de maternidad.
Para ilustrar todos esos puntos, los expertos de la OIT han puesto de relieve que la legislación laboral tradicional se basa en la existencia de una relación de empleo, que se concreta en un contrato de trabajo por el cual el empleado ofrece su trabajo al empleador a cambio de una remuneración. Normalmente, el empleador ejerce control sobre la manera en que se llevan a cabo las diversas funciones, sobre la ubicación del trabajo, sobre los días y horas de trabajo, etc. Como ya se ha indicado en el capítulo 1, muchas de estas características están ausentes de las relaciones de trabajo del sector informal. Tomemos el siguiente ejemplo, citado por Tajgman (1996): una trabajadora del sector informal es retribuida en función del número de zapatos que repare al día, pero se le dice (por parte de la persona de quien depende claramente y de quien recibe los zapatos gastados, los materiales de costura y el propio lugar de trabajo) que no tiene que acudir a ese lugar de trabajo cada día, ni trabajar un número fijo de horas. En un caso como ese, muchos observadores pueden argumentar que, a pesar de la evidente dependencia del «trabajador» de su «empleador», no se ha llegado al umbral necesario de control del empleador y que, por lo tanto, no existe un verdadero contrato de trabajo. La mayor parte de los sindicatos discutirían probablemente estas conclusiones y argumentarían que como el trabajador depende del empleador para los insumos, el equipo, la ubicación del trabajo y la venta de los productos acabados, debería ser considerado como «empleado» y ser por lo tanto acreedor a los derechos y la protección que se contemplan en la legislación laboral. En este ejemplo no está nada claro que un tribunal apoyase necesariamente una posible denuncia sindical. Es una cuestión de líneas divisorias, que en la mayoría de los países se delimitan caso por caso por en los tribunales correspondientes.
A quienes no son abogados laboralistas (como los propios autores de este documento de información general), les podría parecer que el debate ha de centrarse en si el empleador puede realmente ser considerado como el «patrón» del trabajador. Habida cuenta del gran número de trabajadores por cuenta propia que hay en el sector informal, esto seguirá siendo un tema crítico y controvertido. Para los sindicatos, una estrategia posible sería la de ejercer presión sobre los gobiernos para garantizar que los criterios de «dependencia» antes mencionados se reflejen adecuadamente en la legislación, y que cuando los tribunales correspondientes estén haciendo averiguaciones sobre la existencia de una relación «empleado-empleador» sean incitados a considerar plenamente si es factible para el trabajador llevar a cabo sus funciones independientemente del empleador. Esta cuestión está estrechamente relacionada con el debate sobre el trabajo en régimen de subcontratación. Como ya se ha dicho en la sección anterior, el intento de adoptar un nuevo convenio de la OIT sobre el trabajo en régimen de subcontratación en 1998 fue socavado por la resistencia de los empleadores y de algunos gobiernos. Sería de la mayor importancia para las actividades sindicales en el sector informal que se reactivase el debate internacional sobre este tema, y que se asegurase que finalmente se adoptarán normas internacionales.
Para las categorías de trabajadores distintas de los trabajadores por cuenta propia del sector informal, la aplicación de la legislación laboral sería menos controvertida. Por ejemplo, los asalariados de las microempresas del sector informal deberían estar inequívocamente dentro del ámbito de aplicación de la legislación laboral. Pero en la práctica, la mayor parte de los empleadores del sector informal no extienden todas las disposiciones legislativas laborales a sus empleados habituales. Los estudios de la OIT revelan que muchas veces no se perciben ciertas prestaciones, como las vacaciones pagadas, el permiso por enfermedad y la remuneración de las horas extraordinarias.
Aunque esta posición del empleador pueda ser previsible, es tal vez más sorprendente saber que los estudios de la OIT ponen de manifiesto que la mayor parte de los empleados del sector informal es muy poco probable que pongan en duda la decisión del empleador sobre la percepción de estas prestaciones. Las encuestas de la OIT muestran que muchos trabajadores del sector informal consideran que la legislación laboral no tiene nada que ver con su situación y que no tienen (y tal vez no deban tener) la protección y los beneficios que brinda la ley. Esta conclusión sugeriría que los gobiernos y los sindicatos deberían prestar más atención a la solución de los problemas que provienen de una falta de concienciación sobre los derechos que contempla la legislación laboral. Podrían también organizar unas campañas más sistemáticas para modificar la percepción negativa de la legislación laboral. Dado que esta legislación es frecuentemente considerada tan sólo como una carga por parte de los empleadores, convendría insistir en los beneficios que se obtienen de su aplicación, especialmente en relación con la eficacia de los trabajadores y la productividad de las empresas. Estas cuestiones se tratarán con más detalle en el capítulo 4.
3. La respuesta de los sindicatos
al reto del sector informal
3.1.Cambio de actitudes y de políticas
en los ámbitos nacional y local
En el transcurso del último decenio, muchas centrales sindicales nacionales han comenzado a reexaminar y modificar sus puntos de vista y sus políticas con respecto al sector informal. Varias centrales han reconocido abiertamente que en el pasado habían adoptado un enfoque excesivamente negativo acerca de este sector y reconocen ahora que se requiere un cambio considerable al respecto. Por ejemplo, el Congreso Panindio de Sindicatos (AITUC) declaró que la preocupación por los trabajadores que ya están organizados ha llevado a descuidar la tarea de organizar a los que todavía no lo están. En la reunión de Bangalore de la AITUC, celebrada en diciembre de 1983, se instó a considerar como tarea prioritaria la organización de los trabajadores que no estuvieran organizados. En diversos lugares se ha comenzado a prestar una cuidadosa atención a esta tarea y se han conseguido ya algunos logros, aunque en su conjunto tienen todavía un alcance muy reducido en comparación con la magnitud de la tarea (AITUC, 1997).
No obstante, esto no se ha llevado a cabo aún en todas las regiones, y las opiniones y políticas del movimiento sindical no parecen haberse modificado en algunos países. De acuerdo con un estudio de casos relativo a Kenya (Egulu y Chune, 1999), la Organización Central de Sindicatos (COTU) ha seguido dedicándose sobre todo a las tareas y objetivos tradicionales. Sus actividades sindicales se han centrado pues en negociar mejoras en materia de salarios, seguridad de los lugares de trabajo, prestaciones suplementarias y, en general, mejores condiciones de empleo para los trabajadores del sector formal que representa. Según los autores del estudio, el COTU no ha sido capaz de adaptarse para hacer frente a las necesidades de la nueva clase trabajadora, y menos aún a las tendencias en la evolución de los nuevos sistemas económicos que han dado lugar al surgimiento del sector informal en Kenya.
Hay varias razones por las cuales muchas organizaciones nacionales siguen siendo escépticas con respecto al sector informal. En primer lugar, se supone que este sector es un fenómeno transitorio que será absorbido en su momento por el sector formal sin necesidad de intervención alguna por parte de los sindicatos o del Estado. Esta suposición era, y sigue siendo, ampliamente aceptada. Lamentablemente, sin embargo, este punto de vista no parece ser realista. Como se indicó claramente en el capítulo 1, en lugar de reducirse, el sector informal está expandiéndose, mientras que el sector formal se está contrayendo debido a la externalización y la subcontratación de muchas de sus actividades. Se ha reconocido que el sector informal es un elemento persistente del mercado de trabajo que no va a reducirse ni tampoco será absorbido por el sector formal sin los esfuerzos concertados de los sindicatos y grandes cambios en las políticas gubernamentales. Además, aunque existiese la voluntad política por parte de los gobiernos de cumplir las promesas que se han hecho acerca de la integración, es obvio que no sería posible lograrlo rápidamente.
En segundo lugar, los sindicatos tropiezan con problemas sustanciales en sus esfuerzos por conservar y movilizar a sus afiliados en el sector formal de la economía y no consideran que estén en condiciones de utilizar los escasos recursos con que cuentan para destinarlos al sector informal. Muchos sindicatos opinan que ésta no sería una manera eficaz de utilizar los recursos humanos y financieros del movimiento sindical. Los estudios de casos preparados para este informe muestran que con frecuencia hay razones muy concretas para esto, incluida la índole heterogénea de las relaciones de empleo, las dificultades con que se tropieza para localizar y contactar a los trabajadores del sector informal y los obstáculos que pone el Estado a la organización en el sector informal. Asimismo, los trabajadores independientes han sido considerados como «empresarios» y, por consiguiente, no se los percibe como posibles afiliados a un sindicato ni tampoco como copartícipes apropiados para la cooperación. En vista de estas condiciones, muchos sindicatos de alcance nacional han decidido ignorar por completo al sector informal o bien cuando tratan de coordinar sus actividades con los trabajadores de ese sector o procuran organizarlos, su labor se limita a aspectos específicos y no la consideran prioritaria.
A pesar de esta perspectiva en general pesimista, aunque quizá pragmática, acerca de los resultados que los sindicatos nacionales esperan obtener con los esfuerzos que dedican al sector informal, hay otras organizaciones sindicales nacionales y de menor alcance que han optado por emprender esa tarea y están dedicando una cantidad importante de recursos y de tiempo para organizarlo o bien para tender un puente entre el movimiento sindical del sector formal y los trabajadores del sector informal.
Este enfoque implica también en muchos casos mejorar la situación de los trabajadores por cuenta propia y de los microempresarios e incrementar su acceso a determinados servicios, tales como el crédito, la formación en materia de técnicas de gestión, comercialización y nuevas tecnologías, la información y asesoramiento sobre la legislación vigente y la solución de conflictos y el apoyo educativo.
En el capítulo 4 se examinan algunas de las estrategias más prometedoras en ese campo y ejemplos prácticos de actividades sindicales en el sector informal. Como podrá verse, muchos sindicatos han desplegado una considerable creatividad para tratar de atraer y asistir a los trabajadores del sector informal. Sin embargo, es evidente también que hasta hace poco las actividades y políticas sindicales relativas a los trabajadores del sector informal tendían a ser fragmentarias y limitadas a determinadas situaciones. Aunque es obvio que las iniciativas sindicales relacionadas con el sector informal tienen que iniciarse en pequeña escala y sobre una base experimental, se corre el riesgo de que no vayan nunca más allá de esta primera etapa. En el pasado, se carecía de una estrategia de vinculación adecuada para aunar fuerzas en los ámbitos local, nacional e internacional.
Para plasmar las iniciativas nacionales y de menor alcance antes mencionadas en un amplio conjunto coherente de programas, se requiere apoyo y orientación. Afortunadamente, por lo tanto, el sector informal se ha convertido en los últimos años en una de las principales prioridades normativas del movimiento sindical internacional. Aun cuando las diversas organizaciones integrantes del movimiento sindical internacional puedan destacar diferentes componentes de la estrategia general relativa al sector informal, hay una inquietud común por las condiciones de trabajo y de vida intolerables de los trabajadores de este sector. La necesidad de que los sindicatos lleguen a estos trabajadores y puedan actuar en su nombre es un hecho aceptado por todo el movimiento sindical internacional. En consecuencia, se han promovido diferentes acciones con miras a alcanzar este objetivo, entre las que se incluyen proyectos en materia de investigación, educación y desarrollo.
Sin ser de modo alguno exhaustiva, la sección siguiente presenta los puntos de vista de diferentes organizaciones sindicales internacionales y Secretariados Profesionales Internacionales (SPI) que están trabajando con mira a concebir un modelo de desarrollo en el cual «todos los seres humanos, sin distinción de raza, credo o sexo,» tengan «derecho a perseguir su bienestar material y su desarrollo espiritual en condiciones de libertad y dignidad, de seguridad económica y en igualdad de oportunidades» (Declaración de Filadelfia, 1944).
3.2.Políticas y estrategias adoptadas
por organizaciones sindicales internacionales
y Secretariados Profesionales Internacionales
3.2.1. Confederación Internacional de Organizaciones
Sindicales Libres
La Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) considera que la creciente proporción de trabajo irregular o informal no se debe a que los trabajadores elijan dejar el empleo en el sector formal, sino más bien a que se ven forzados a hacerlo para asegurar su supervivencia o porque hay un número cada vez mayor de trabajadores que no tienen acceso al empleo en el sector formal. De acuerdo con la CIOSL, entre los factores más importantes que determinan esta tendencia se incluyen los siguientes: i) la «informalización» de lo que antes eran relaciones formales de empleo, a veces como consecuencia de la aplicación de una política deliberada del gobierno en ese sentido; ii) las repercusiones que tienen la crisis de la deuda, los programas de ajuste estructural y las privatizaciones en los niveles de empleo del sector formal, particularmente en el sector público; iii) la incapacidad o la falta de voluntad de los gobiernos y de la comunidad internacional para abordar el problema de la pobreza y asegurar un desarrollo sostenible y equitativo, a fin de encontrar soluciones adecuadas para quienes se ven atrapados en un ciclo de subsistencia o una actividad económica clandestina, en condiciones de explotación y a menudo ilícita; iv) la corrupción en el gobierno, las empresas e instituciones, lo cual refuerza con frecuencia las relaciones de explotación económica; v) las dificultades en el ámbito del desarrollo rural y agrícola, a lo cual se suma la incapacidad de los gobiernos para hacer frente a la afluencia masiva en las zonas urbanas de personas procedentes del campo; vi) los avances en la tecnología de la información y el transporte que permiten una gran dispersión de la producción, incluso a escala mundial, sin una reglamentación internacional que pueda garantizar la aplicación de prácticas empresariales responsables, y vii) la protección insuficiente en materia de seguridad social, la inadecuada planificación demográfica y el suministro inadecuado de servicios públicos en el ámbito de la educación y en otros ámbitos.
La combinación de esos factores ha dado lugar a un aumento de la marginación y la pobreza para un número creciente de trabajadores que realizan actividades fuera del sector formal. A medida que los gobiernos abandonan la reglamentación, y persisten los efectos de la mundialización sin que haya un marco internacional efectivo para reglamentar la actividad económica y promover el desarrollo sostenible y equitativo, los trabajadores de los países en desarrollo, en transición e industrializados van siendo empujados cada vez más fuera del marco de las relaciones formales de empleo. Esos trabajadores perciben escasos ingresos, se ven expuestos a determinados riesgos profesionales y tienen poco acceso (o ninguno) a servicios de atención de salud, comunitarios, educativos y de otra índole.
La CIOSL rechaza de manera contundente las críticas que se han dirigido a veces a los sindicatos con respecto a su «falta de interés» por el sector informal, puesto que de hecho se impide con frecuencia a esos trabajadores poder afiliarse a sindicatos y, por consiguiente, formalizar su relación de trabajo y entablar negociaciones colectivas.
La historia reciente muestra que lo que hoy se considera como el sector formal tiene esas características en gran parte como resultado de actividades sindicales realizadas en el pasado. La historia del movimiento sindical se ha centrado en gran medida en la lucha por formalizar las relaciones de trabajo y, mediante la organización, y la negociación y movilización colectivas, contrarrestar las desigualdades inherentes a la relación entre el empleador y el trabajador. Esto ha ido acompañado habitualmente por presiones ejercidas sobre los gobiernos para que apoyen el crecimiento del empleo en el sector formal mediante disposiciones de la legislación laboral y de otra índole, así como mediante la aplicación de estrategias de desarrollo industrial. Como contrapartida, los gobiernos perciben ingresos tributarios al aplicar impuestos sobre los beneficios de las empresas y la remuneración de los trabajadores, y la estimulación económica resultante del aumento del poder adquisitivo de la fuerza de trabajo.
En este contexto, la CIOSL considera que los gobiernos tienen la responsabilidad primordial de corregir la tendencia a la informalización del empleo, ya que este proceso aminora el desarrollo económico y social y priva a los trabajadores y a su familia de oportunidades de lograr un mejor nivel de vida. En opinión de la CIOSL, es esencial en ese sentido que los sindicatos sigan ejerciendo presión para garantizar al máximo la aplicación de las normas internacionales del trabajo e impulsar una acción gubernamental e intergubernamental con miras a formalizar la actividad económica y promover el desarrollo.
La importancia de la aplicación de las normas fundamentales del trabajo como base para el desarrollo económico fue reconocida por la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de las Naciones Unidas, celebrada en Copenhague en 1995. Con la adopción de los Diez Compromisos, la Cumbre proporcionó un enfoque de gran alcance, que incluye objetivos y responsabilidades específicos para los gobiernos nacionales y la comunidad internacional, con el fin de abordar el problema de la pobreza, la exclusión y las principales cuestiones económicas y sociales con que se enfrenta la sociedad. La CIOSL lamenta que la mayoría de los gobiernos que adoptaron los Diez Compromisos hayan hecho tan poco hasta ahora para cumplir las promesas que formularon en Copenhague.
Para la CIOSL, por lo tanto, una de las principales prioridades en los próximos años consistirá en ejercer presión sobre los gobiernos para que pongan en práctica los compromisos de Copenhague, en particular mediante el examen tras los cinco años transcurridos desde la Cumbre («Copenhague + 5») previsto para el año 2000. En el plano internacional, la CIOSL apoya los esfuerzos que está desplegando la OIT para promover la aplicación de las conclusiones de la Cumbre. La CIOSL seguirá centrándose de manera decidida en la promoción de la reforma de la estructura financiera internacional y la inclusión de las normas fundamentales del trabajo en las políticas y programas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y otras instituciones internacionales y regionales. La movilización sindical internacional para hacer frente a las violaciones de las normas fundamentales del trabajo en determinados sectores y países se refiere también directamente en muchos casos a formas de empleo que se consideran como pertenecientes al sector informal, pero que produce bienes y servicios para el comercio nacional e internacional. Garantizar el respecto de las normas fundamentales del trabajo constituye el primer paso con miras a conferir un carácter formal a esas diversas formas de empleo.
En el plano nacional, muchos sindicatos afiliados a la CIOSL están impulsando estrategias de organización que tienen en cuenta las diferentes formas de actividad económica que se encuentran en el «sector informal». Estas experiencias han resultado bastante prometedoras y se adaptarán y extenderán dentro esos mismos países y en diferentes países y sectores en los próximos años. La CIOSL considera que el movimiento sindical debería promover, y siempre que sea posible poner en práctica inmediatamente, las siguientes actividades: i) procurar extender el reconocimiento de la actividad sindical y las relaciones de negociación que se mantienen con las empresas del sector formal a los contratistas, subcontratistas, trabajadores a domicilio y otras entidades que producen insumos para las empresas de que se trate (o en algunos casos que utilizan productos de las mismas); ii) promover la organización basada en la comunidad en los casos en que se niegue el acceso a los lugares de trabajo, y llevar a cabo también actividades educativas y encuestas entre los trabajadores del «sector informal» para establecer contactos con ellos y ayudarles a elaborar estrategias de organización; iii) formular programas especiales de concienciación y organización para los trabajadores a domicilio; iv) planificar programas de organización para las trabajadoras; v) reconocer que en muchos países un trabajador del sector formal (por ejemplo, del sector público), que esté afiliado a un sindicato, puede proporcionar apoyo económico a un grupo familiar muy amplio, cuyos miembros trabajen en el sector informal, lo cual supone un vínculo potencial entre el sindicato y esos trabajadores; vi) mantener el contacto con los afiliados que han perdido su empleo en el sector formal y se han visto obligados a trabajar en el sector informal; vii) ayudar a los trabajadores del sector informal a organizarse en sindicatos o estructuras similares a un sindicato y prestarles asistencia para solicitar y obtener los permisos necesarios para funcionar como tales, y lograr acceder a los servicios públicos (por ejemplo, en materia de educación y formación, servicios de salud y servicios sociales), así como a la negociación para obtener mejores ingresos, y viii) apoyar el desarrollo de fondos mutuos y cooperativas.
En opinión de la CIOSL, sin embargo, el éxito de las actividades antes mencionadas dependerá en gran medida de la intervención del Estado para eliminar los obstáculos que coartan a menudo la libertad de acción de los sindicatos democráticos y representativos para organizarse y representar los intereses de todos los trabajadores.
3.2.2.Confederación Mundial del Trabajo
En su 24.º Congreso, celebrado en Bangkok (Tailandia) en diciembre de 1997, la Confederación Mundial del Trabajo (CMT) decidió considerar al sector informal como una de sus prioridades de acción durante el período comprendido entre 1998 y 2002. Con arreglo a la resolución de orientación adoptada por el Congreso, la CMT y sus organizaciones afiliadas: «emprenderán y/o reforzarán actividades para adaptar sus estructuras a las necesidades de los trabajadores y trabajadoras de la economía informal y organizarán un centro de discusión sobre sus derechos y sus necesidades, con objeto de: concienciarles y ayudarles a establecer estructuras sindicales; eventualmente, organizarse en cooperativas de producción y comercialización para consolidar su capacidad de trabajo y acceder al sector formal económico y social» (CMT, 1998). En virtud del programa de acción adoptado por el Congreso «la CMT y sus organizaciones afiliadas se comprometerán activamente a organizar a los trabajadores del llamado sector de la economía informal, teniendo en cuenta sus necesidades específicas, con objeto de defender colectivamente sus intereses y reivindicar una propia regulación».
La CMT considera que el sector informal representa a la vez una oportunidad, un riesgo y un desafío. Considera que este sector proporciona de hecho puestos de trabajo, ingresos y medios de vida sostenibles a las masas de trabajadores pobres que, de no ser así, no tendrían otra opción. En muchos países de Africa, el 60, el 70 o incluso el 80 por ciento de las familias dependen del sector informal para su supervivencia. A diferencia de otras organizaciones, la CMT no comparte la opinión negativa que tienen algunos del sector informal porque no se ajusta a las pautas tradicionales de la economía «formal». Valoran, en cambio, la función social de este sector y consideran, por esa razón, que merece respeto y que se procure mejorarlo.
La CMT no subestima los prejuicios ocasionados por la falta de aplicación de la legislación laboral y de las normas de protección social a la mayoría de los trabajadores de este sector. Esos trabajadores se ven obligados por las circunstancias a trabajar en condiciones de trabajo inadecuadas e inseguras, y con relaciones de empleo precarias. En el sector informal no se aplican por lo general ni las disposiciones de la legislación laboral nacional ni las normas internacionales del trabajo, aunque éstas hayan sido adoptadas y ratificadas. Para la CMT, el sector informal representa por lo tanto un riesgo porque expone a los trabajadores a la explotación. Por ello, la CMT propugna la aplicación de una reglamentación mínima al sector informal. Considera, además, que la aplicación de esa reglamentación debería ir acompañada de incentivos concretos para mejorar la viabilidad económica de las actividades del sector informal, por ejemplo mediante el acceso al crédito, la formación profesional y la capacitación en materia de gestión.
La CMT considera que la índole de las relaciones de empleo y la inestabilidad de las actividades son sólo algunos de los múltiples factores que dificultan el establecimiento de organizaciones de trabajadores en el sector informal. Este sector está compuesto en parte por microempresas en las cuales la relación de empleo está basada en una relación personal, lo que desalienta la sindicación. Otro de los componentes son los trabajadores independientes, que tienden a buscar soluciones individuales para sus problemas. El reto que se plantea a los sindicatos, por consiguiente, reside en organizar a estos trabajadores. La CMT se compromete a lograr este objetivo mediante enfoques diversificados que reflejen las características específicas de los trabajadores del sector informal. La CMT opina que esto puede lograrse únicamente tras un largo proceso de contactos, capacitación e intercambio de información con los trabajadores interesados. Esto implica además, para la CMT, que los trabajadores tienen que participar plenamente en la elaboración y aplicación de las estrategias de organización. Es necesario, asimismo, que la gran proporción de mujeres que hay en el sector informal quede reflejada de manera adecuada en esas estrategias.
Muchas de las organizaciones nacionales afiliadas a la CMT han participado activamente en la organización de los trabajadores del sector informal de acuerdo con los criterios antes mencionados. Se han señalado al respecto muchas experiencias fructíferas. En Côte d'Ivoire, en 1990, el Sindicato Nacional de Mujeres del Sector Informal (SYNAFSI), que está afiliado a la central sindical nacional DIGNITE (Confederación de Sindicatos Libres), fue creado a iniciativa del consejo ejecutivo de DIGNITE. El objetivo del SYNAFSI es agrupar a las mujeres del sector informal de acuerdo con el tipo de actividad que realizan (vendedoras de pescado, y vendedoras de verdura y de fruta, por ejemplo) y tratar de estructurar estos grupos de alguna manera. Como primer paso, el SYNAFSI ha tratado de que se agrupen e inscriban en los registros oficiales como cooperativas de compradoras y de vendedoras. Los miembros de la organización se benefician del suministro de máquinas para sus actividades económicas y de formación en materia de gestión empresarial y doméstica. En Bangladesh, varios grupos no tradicionales han emprendido actividades en las que participan mujeres del sector informal, en el marco de la organización nacional afiliada a la CMT, la Bangladesh Sanjukta Sramik Federation (BSSF). Las organizaciones de mujeres han constituido estructuras cooperativas para sus miembros y han tomado una serie de iniciativas, entre ellas iniciativas en las esferas de la educación para adultos, el cuidado maternoinfantil y la productividad del trabajo. En América Latina, en el marco de la Central Latinoamericana de Trabajadores (CLAT), la organización regional de la CMT para América Latina, la Federación Latinoamericana de Trabajadores del Comercio, Oficinas y Empresas Privadas de Servicios (FETRALCOS) ha prestado una atención creciente a la economía del sector informal desde 1989. La FETRALCOS promueve iniciativas para proporcionar a los trabajadores de este sector un mejor acceso al crédito y a las instituciones de crédito, así como a la capacitación. Esta organización apoya asimismo la creación de cooperativas para quienes realizan actividades en el sector informal.
3.2.3. Federación Internacional de Sindicatos
de Trabajadores de la Química, Energía,
Minas e Industrias Diversas
La intervención activa de la Federación Internacional de Sindicatos de Trabajadores de la Química, Energía, Minas e Industrias Diversas (ICEM) en el sector informal comenzó cuando se llevó a cabo la campaña internacional destinada a lograr la adopción de un instrumento de la OIT sobre el trabajo a domicilio. La ICEM fue en efecto una de las organizaciones que condujo el proceso que culminó con la adopción, en 1996, del Convenio núm. 177 y la Recomendación núm. 184 de la OIT. Desde entonces, la ICEM ha intensificado los esfuerzos por integrar las inquietudes del sector informal en sus políticas generales.
En los últimos decenios, los sectores de la química, la energía y las minas se han visto gravemente afectados por los cambios que han tenido lugar en la estructura y el funcionamiento de la economía mundial. La privatización masiva de empresas y servicios públicos que ha tenido lugar en estos sectores ha abierto los mercados nacionales al dominio de las empresas multinacionales. Incluso los sectores productivos que han logrado sobrevivir están con frecuencia vinculados a empresas multinacionales o dependen de ellas. Como resultado de esto, se han visto obligados a organizar su base tecnológica y estructural mediante la flexibilización del proceso de producción y de la mano de obra. El proceso de producción en estos sectores ha cambiado pues considerablemente; esto ha influido además en el empleo que es ahora más precario y más informal. En América Latina, por ejemplo, ya no suelen ser las empresas las que determinan el proceso de producción, puesto que éste ha sido reemplazado por cadenas de producción. Estas cadenas comienzan a menudo en modernas empresas transnacionales y terminan con empresas que se han quedado atrás desde el punto de vista tecnológico en las que es raro que los trabajadores tengan un contrato formal de trabajo o gocen de algún derecho social. Además, en la periferia de las grandes cadenas de producción se encuentra una gran proporción de trabajadores del sector informal.
En este contexto, la precariedad del empleo y las reducciones de personal se han convertido en una de las mayores amenazas para los trabajadores. Según indica un estudio, del total de trabajadores de la metalurgia que fueron despedidos en São Paulo (Brasil) entre 1990 y 1995, sólo el 21,6 por ciento encontraron otro empleo en el mismo sector, mientras que el 15,2 por ciento quedaron desempleados de manera permanente. El 40 por ciento del total de trabajadores que perdieron su puesto de trabajo por reducción de personal han quedado fuera del mercado de trabajo del sector formal (ICEM, 1999a).
Con ese telón de fondo, la ICEM y sus organizaciones afiliadas en distintas regiones han llegado a la conclusión de que es necesario consolidar sus esfuerzos en materia de organización y abarcar también el sector informal. La primera Conferencia Regional Africana de la ICEM, celebrada en diciembre de 1998, emitió un claro mensaje a ese respecto. La Conferencia Regional de la ICEM para América Latina y el Caribe, que tuvo lugar en abril de 1999, formuló también un mensaje similar. En un documento de política adoptado en esa ocasión (ICEM, 1999a) se señala como principal objetivo de la estrategia de la ICEM en la región lo siguiente: asegurarse de que todos los hombres y mujeres que trabajan tengan su convenio colectivo, su estabilidad laboral y su protección social garantizados. Esto requiere una nueva forma de organización y una profunda reorientación del contenido de la acción sindical. En el documento de política se exhorta, por lo tanto, a los trabajadores que ya están organizados a que: pongan la capacidad de acción de sus sindicatos al servicio de la tarea de organizar a todos los segmentos de la clase trabajadora, particularmente las mujeres, los negros, los indios, los trabajadores subcontratados y los del sector informal para crear nuevas formas de organización o transformar las organizaciones actuales para integrarlas. La finalidad última, tal como la definió la Conferencia, es llegar a constituir una organización única que represente a las diversas categorías de trabajadores de una cadena o una rama de producción, y que defienda sus diferentes intereses.
Al analizar las estrategias para organizar a los trabajadores del sector informal, la ICEM está prestando particular atención a las cuestiones relacionadas con la igualdad de género. En una declaración de política preparada por el Grupo de las Mujeres de la ICEM, que ha de presentarse al próximo Congreso Mundial de la ICEM a finales de 1999, se reconoce la abrumadora proporción de mujeres en el empleo correspondiente al sector informal y las zonas francas industriales. Se recomienda, por lo tanto, que la ICEM ponga en práctica un programa destinado a organizar a las mujeres en estos ámbitos de actividad. Se recomienda asimismo que la ICEM y sus organizaciones afiliadas hagan todo lo posible por fomentar la protección de los trabajadores a domicilio, la mayoría de los cuales son también mujeres.
Muchas organizaciones afiliadas a la ICEM se están esforzando por abarcar al sector informal. En la India, la Federación Nacional de Trabajadores del Cemento está organizando pequeños grupos y proporcionándoles formación sobre el ahorro en instituciones bancarias y prácticas de carácter general en materia de salud. En Africa, algunos sindicatos de las industrias que abarca la ICEM están considerando la posibilidad de modificar sus reglamentos para poder organizar a los trabajadores del sector informal. La organización sudafricana afiliada a la ICEM, la Unión Nacional de Mineros (NUM), está sindicando a los trabajadores de pequeñas explotaciones mineras a escala familiar entre los cuales hay muchas mujeres. La NUM patrocina también una agencia para asistir a los mineros despedidos. El Sindicato de Trabajadoras Independientes de Sudáfrica (SEWU) lleva a cabo una amplia gama de actividades educativas relacionadas con temas entre los que se incluyen la violencia, el abuso infantil y la violencia doméstica, así como la capacitación y formación de las mujeres en ocupaciones típicamente masculinas (ICEM, 1999b).
En Benin, el Sindicato de Trabajadores del Cemento (SYNTRAUCIB), afiliado a nivel nacional a la Confederación Nacional de Sindicatos de Trabajadores de Benin (UNSTB), trabaja en estrecho contacto con las mujeres del sector informal en las zonas rurales. Por intermedio de una asociación de mujeres (GBENONKPO), el citado sindicato ha organizado en cooperativas a mujeres de 33 aldeas. Además, ayuda a realizar seminarios de formación para las mujeres de las zonas rurales, a fin de que puedan adquirir los conocimientos necesarios para generar ingresos con actividades tales como la conservación de alimentos, la fabricación de jabón y la apicultura. Este sindicato mantuvo además discusiones con las autoridades locales con objeto de organizar un mercado cada cinco días a fin de que las mujeres tengan un punto de venta para sus productos y artesanías. Esto ha proporcionado una fuente adicional de ingresos para las mujeres.
Algunos proyectos que se llevan a cabo bajo los auspicios de la ICEM constituyen el punto de partida para reproducir esas experiencias en otros países. Tal es el caso, por ejemplo, de un proyecto emprendido en Zimbabwe en 1995. Este proyecto comenzó con una encuesta para determinar las necesidades de las mujeres en el lugar de trabajo en la minería, las industrias químicas y la producción de energía eléctrica. Estas inquietudes se convirtieron luego en reclamaciones colectivas planteadas en el marco de negociaciones con los empleadores. Se brindó formación a las mujeres para que pudieran llevar a cabo las encuestas, formular preguntas y recoger las respuestas. Las mujeres aprendieron también cómo dirigir reuniones de masa, y otras cuestiones y técnicas relativas a la negociación colectiva. Uno de los logros del proyecto consistió en unir a las mujeres de Zimbabwe, las que trabajan y las que permanecen en sus complejos habitacionales, las que tienen un empleo en el sector formal y las que trabajan en el sector informal y, al hacerlo, se ha coadyuvado también al proceso de sindicación.
3.2.4. Federación Internacional de Trabajadores
de la Construcción y la Madera
En el vigésimo Congreso Mundial de la Federación Internacional de Trabajadores de la Construcción y la Madera (FITCM), que tuvo lugar en Harare en septiembre de 1997, se planteó la cuestión de la organización de los trabajadores del sector informal y la del trabajo en régimen de subcontratación; ambas cuestiones se examinaron en profundidad al abordarse el tema del proceso de modernización de los sindicatos. Esto se justificó por el hecho de reconocer que los cambios que se están produciendo en la economía mundial y la estructura del empleo estaban debilitando la capacidad de los sindicatos para proteger a sus afiliados en las industrias de la construcción y de la madera, al mismo tiempo que contribuían a la disminución del porcentaje de trabajadores organizados.
El número de trabajadores que tienen un empleo temporal, flexible y de carácter informal en estos sectores está en aumento, al igual que los niveles de migración de la mano de obra. Al mismo tiempo, las modalidades habituales de migración rural en el ámbito nacional se han extendido al ámbito internacional en la medida en que las empresas buscan fuentes de mano de obra más barata.
La industria de la construcción se ha basado históricamente en el trabajo orientado en función de proyectos en sitio de trabajo diferentes, y parte de su fuerza de trabajo se ha compuesto siempre de trabajadores temporeros con contrato de duración determinada. En los últimos años, sin embargo, la proporción de trabajadores no permanentes en las industrias de la construcción y la madera ha aumentado drásticamente. En Asia, por ejemplo, alrededor del 95 por ciento de los trabajadores de la construcción y del 76 por ciento de los trabajadores de la industria de la madera no tienen un empleo permanente. Pueden encontrarse cifras similares en todas las demás regiones.
Estos trabajadores que no son permanentes pueden tener un contrato temporal, de corta duración o estacional, o bien pueden ser trabajadores independientes o haber sido contratados por un empleador o agente para trabajar para otro. Este aumento de la proporción de trabajadores no permanentes y de trabajadores en régimen de subcontratación se está produciendo a expensas de los trabajadores empleados directamente con carácter permanente. Esos trabajadores se designan en conjunto como trabajadores subcontratados porque no están comprendidos en ninguna de las definiciones previamente establecidas de la relación de empleo. Con arreglo a las definiciones aceptadas, lo que caracteriza a estos trabajadores es el hecho de no ser empleados de la persona o la empresa para la cual trabajan o a la que prestan servicios; pueden ser trabajadores independientes o haber sido contratados por su empleador para trabajar para otro. Muchos trabajadores del sector de la construcción y de la industria de la madera están comprendidos en esta categoría.
Basándose en esos datos, en un documento sometido a discusión en el Congreso de la FITCM se destacó la importancia de incluir a estos trabajadores en la protección que otorgan las normas internacionales del trabajo existentes y se aprobaron los esfuerzos que la OIT estaba desplegando en ese momento con miras al establecimiento de una norma relativa al trabajo en régimen de subcontratación.
En opinión de la FITCM, el reconocimiento de los derechos fundamentales de los trabajadores subcontratados en relación con el empleo tendría consecuencias positivas para el movimiento sindical. Los sindicatos podrían así organizarse en torno a cuestiones relativas a los derechos de los trabajadores, y las ventajas que suponen los convenios colectivos tendrían interés para un número mayor de trabajadores. Además, los empleadores se verían forzados a reconocer el papel de los sindicatos al agotarse las fuentes de trabajadores desorganizados y sin protección.
En el documento presentado al Congreso, se indicaron las diez principales medidas que los sindicatos debían tomar en relación con el sector informal y el trabajo en régimen de subcontratación como sigue:
i) evaluar la actual organización sindical en el sector informal;
ii) formular métodos para atraer miembros que se encuentran actualmente en una posición débil, por ejemplo porque no cuentan con convenios colectivos;
iii) identificar grupos específicos para campañas de afiliación;
iv) examinar estrategias para iniciativas futuras;
v) determinar los ámbitos en que se utiliza el trabajo en régimen de subcontratación;
vi) determinar la forma de supervisar e intercambiar informaciones con respecto al trabajo en régimen de subcontratación;
vii) destacar la necesidad de contar con normas internacionales del trabajo eficaces;
viii) examinar normas laborales apropiadas y decidir de qué manera han de promoverse y aplicarse;
ix) destacar la necesidad de contar con marcos jurídicos nacionales;
x) examinar el papel que desempeñan los organismos y los bancos internacionales de desarrollo, tales como el Banco Mundial.
Una de las tareas más importante de la FITCM consiste en ampliar la base de sus miembros en los sindicatos afiliados. De acuerdo con la propuesta de la FITCM, la primera medida que deben tomar los sindicatos con miras a alcanzar este objetivo consiste en dar cabida a nuevos miembros potenciales como, por ejemplo, los empleados de oficina, las mujeres, los jóvenes, los trabajadores a tiempo parcial, los que tienen una modalidad de trabajo flexible e incluso los trabajadores independientes. El hecho de impulsar campañas en torno a cuestiones tales como la igualdad de derechos y la formación profesional se considera como un medio para atraer nuevos miembros.
3.2.5. Federación Internacional de Trabajadores
del Textil, Vestuario y Cuero
Los trabajadores ocupados en las industrias textil, del vestuario y del cuero han estado siempre expuestos a ciertas formas de explotación que se han caracterizado por: salarios bajos, horarios de trabajo prolongados, trabajo infantil, prácticas de trabajo insalubres e inseguras y otros tipos de abuso en relación con los derechos de los trabajadores. Los problemas con que se enfrentan los trabajadores a domicilio se plantearon y examinaron por primera vez en 1894, en el primer Congreso de la Federación Internacional de Asociaciones de Trabajadores Textiles.
Actualmente, la Federación Internacional de Trabajadores del Textil, Vestuario y Cuero (FITTVC) es la organización sindical internacional que, con 207 afiliados en 96 países, representa a los trabajadores ocupados en los sectores textil, del vestuario y del cuero en todo el mundo. Los trabajadores ocupados en esos ámbitos de actividad en el sector informal son principalmente trabajadores a domicilio o trabajadores independientes, así como trabajadores empleados en pequeñas empresas familiares o pequeños talleres.
Las prioridades de la FITTVC con respecto al sector informal se han centrado hasta ahora principalmente en el trabajo a domicilio. En virtud de varias resoluciones adoptadas por sus congresos mundiales durante los últimos decenios, la FITTVC se ha comprometido a garantizar que se aplique a los trabajadores a domicilio las mismas normas laborales y se les otorgue la misma protección social que a los que trabajan en fábricas; esto incluye los salarios, las prestaciones sociales, la protección del empleo y el derecho de sindicación y de negociación colectiva. En el Programa de Acción adoptado en el séptimo Congreso Mundial celebrado en 1996 se indica que la FITTVC seguirá alentando a sus afiliados para que realicen campañas con el fin de organizar a los trabajadores a domicilio, hacer que sean visibles, darles a conocer sus derechos e incluirlos en la esfera de la negociación colectiva (FITTVC, 1996).
No es sorprendente, por lo tanto, que la FITTVC haya desempeñado un papel activo en el proceso que condujo a la adopción del Convenio núm. 177 y la Recomendación núm. 184 de la OIT sobre el trabajo a domicilio. En los próximos años, una de las prioridades de la FITTVC será prestar asistencia a sus afiliados para llevar a cabo campañas con miras a la ratificación y aplicación de este Convenio. También desplegará esfuerzos especiales para asistir a sus afiliados en la realización de campañas con miras a organizar a los trabajadores a domicilio y apoyar sus derechos.
Sin embargo, en un mundo caracterizado por la intensa y creciente competencia económica, la FITTVC considera que la clave para aliviar los problemas que afectan a los trabajadores de los sectores textil, del vestuario y del cuero tiene que buscarse en el plano internacional y no en el ámbito nacional o local. En los últimos 30 años, la FITTVC ha estado propugnando la adopción de nuevos mecanismos para hacer cumplir los derechos laborales, por ejemplo supeditando la participación de los países en el comercio mundial a la condición de que respeten las normas internacionales del trabajo mínimas.
Los sectores textil, del vestuario y del cuero se han visto particularmente afectados por la erosión de las normas laborales como consecuencia de la búsqueda por los empleadores de las fuentes de producción más baratas en una economía mundializada. En esos sectores se ha recurrido de manera creciente a la subcontratación como medio para reducir aún más los costos de la mano de obra; esta práctica se ha extendido en todo el mundo, particularmente en los países en desarrollo. En opinión de la FITTVC, las peores formas de abuso en relación con los derechos de los trabajadores se registran en ese ámbito.
En vista de esas circunstancias, la FITTVC ha intensificado su acción con respecto a los códigos de conducta de las empresas en los últimos años. La mayor parte de las actividades relacionadas con los códigos de conducta se han centrado hasta ahora en las industrias textil, del vestido y del calzado. No ha habido una acción adecuada de seguimiento por parte de la mayoría de las empresas para aplicar o supervisar la aplicación de los cientos de códigos adoptados hasta la fecha. Muchos de los esfuerzos de la FITTVC están encauzándose ahora hacia el establecimiento de un marco internacional que permita garantizar que el contenido de los códigos sea adecuado para proteger a los trabajadores y que se creen sistemas para el seguimiento y la verificación independientes del cumplimiento de dichos códigos.
A este respecto, se han tomado una serie de iniciativas. De todas ellas, la que está teniendo mayor repercusión, en opinión de la FITTVC, es la que se conoce como SA8000. Se trata de un sistema global de normas para que las empresas puedan supervisar el cumplimiento de las disposiciones sociales que ya ha sido adoptado por cierto número de importantes comerciantes minoristas o distribuidores. Este sistema se aplica en los Estados Unidos mediante un organismo independiente de acreditación (el Organismo de Acreditación del Consejo de Prioridades Económicas), asistido por una Junta Asesora de ámbito internacional, en la que participan representantes de empresas destacadas, organizaciones de derechos humanos, profesionales encargados de la certificación, especialistas y sindicatos. El secretario general de la FITTVC es miembro de la Junta Asesora. SA8000 certifica que las empresas participantes cumplen, en todas las etapas de la cadena de producción, con cierto número de normas laborales, entre las que se incluyen el derecho de sindicación y de negociación colectiva, la prohibición del trabajo infantil y del trabajo forzoso, así como otros derechos humanos.
Para la FITTVC, los códigos de conducta no son una solución permanente para poner fin a la explotación de los trabajadores, y su proliferación refleja en gran parte el fracaso de los gobiernos por lo que atañe a proteger a los trabajadores mediante una legislación apropiada, dejando a su vez en manos de las empresas la adopción voluntaria de compromisos acerca de la responsabilidad que les incumbe respecto de sus propias normas laborales y las de sus proveedores y asociados comerciales. No obstante, la FITTVC considera que, si se utilizan de manera apropiada, los códigos de conducta pueden constituir un catalizador para obligar a los gobiernos a examinar nuevos mecanismos con miras a hacer cumplir los derechos de los trabajadores, independientemente de la localización del empleo. Por esta razón, en los próximos años la FITTVC seguirá trabajando en estrecha colaboración con sus afiliados para que incluyan en sus códigos de conducta con los principales comerciantes minoristas disposiciones que aseguren mejores condiciones para los trabajadores a domicilio.
3.2.6. Unión Internacional de Trabajadores
de la Alimentación, Agrícolas, Hoteles,
Restaurantes, Tabaco y Afines
En el 20.º Congreso de la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación, Agrícolas, Hoteles, Restaurantes, Tabaco y Afines (UITA), que tuvo lugar en Ginebra en 1985, se examinaron por primera vez los problemas con que se enfrentan los trabajadores a domicilio, a raíz de un planteo de la Asociación de Mujeres Trabajadoras por Cuenta Propia (SEWA), organización india afiliada a la UITA. Desde entonces, la UITA ha apoyado incesantemente la lucha de la SEWA y de otras organizaciones afiliadas cuyos miembros trabajan en el sector informal en Asia, Africa y América Latina para obtener una protección adecuada en términos de remuneración mínima, normas de seguridad y salud, prestaciones en caso de enfermedad y pensiones de vejez.
Junto con la SEWA, otros SPI como la FITTVC y la ICEM, el Departamento de Igualdad de la CIOSL, la Confederación Sindical de los Países Bajos (FNV) y la Asociación HomeNet, la UITA formó parte del núcleo de organizaciones que propugnaron la adopción del Convenio núm. 177 y la Recomendación núm. 184 de la OIT.
Tras la fusión de la UITA con la Federación Internacional de los Trabajadores de las Plantaciones, Agrícolas y Similares (FITPAS), en 1994, el número de miembros potenciales de la UITA en el sector informal aumentó de manera sustancial. Actualmente, la gran masa de trabajadores agrícolas afiliados a la UITA está constituida por asalariados que trabajan en explotaciones agrícolas o plantaciones, pero hay también cierto número de pequeños agricultores, campesinos y organizaciones de trabajadores rurales no asalariados que se han afiliado a la UITA.
La situación de los trabajadores del sector agrícola ha sido siempre difícil, dado que en muchos países los derechos en materia de libertad sindical son sumamente restringidos o incluso inexistentes en ese sector, como consecuencia de la excesiva influencia política de las élites de terratenientes. A esto se agrega la reestructuración económica y los programas de ajuste estructural que se han llevado a cabo en los últimos decenios lo cual ha empeorado aún más la situación económica y social de los pobres de las zonas rurales al haber transformado el sistema de producción con la introducción de cambios en el mercado de trabajo. En las zonas rurales son frecuentes las modalidades de subcontratación fuera del sector formal y la desreglamentación de los salarios y las condiciones laborales. En la agricultura, la privatización ha causado pérdidas de puestos de trabajo en las plantaciones, un aumento de la proporción de trabajadores ocasionales en el conjunto de la fuerza de trabajo rural y la marginación de los trabajadores más desprotegidos, sobre todo los asalariados rurales y los pequeños agricultores que practican la agricultura familiar de subsistencia. El empleo asalariado rural está en disminución y, como resultado de los diferentes sistemas de trabajo que se utilizan para evitar el reconocimiento de las normas del trabajo básicas, los sindicatos que representan a los asalariados tropiezan también con nuevas dificultades.
En vista de la complejidad del sector y de los considerables recursos que se necesitan para organizar y prestar servicios a esta creciente fuerza de trabajo, la UITA sigue actuando al respecto en estrecha colaboración con otros SPI, organizaciones basadas en la comunidad, HomeNet y otras organizaciones no gubernamentales. Se han establecido vínculos con organizaciones campesinas tales como el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra en el Brasil (MST) y el Movimiento Zapatista en México. Esta última organización constituyó en 1993 una red y un órgano coordinador de organizaciones de pequeños y medianos productores, trabajadores agrícolas y comunidades indígenas, conocidos con el nombre de Vía Campesina.
Asimismo, se han establecido varios códigos de conducta sobre la base del acuerdo celebrado por la UITA con ciertas empresas del sector agrícola a fin de garantizar el goce de los derechos fundamentales para los trabajadores de las industrias comprendidas en la cadena alimentaria, desde la producción hasta la elaboración de alimentos.
Mediante proyectos de desarrollo sindical de la UITA, ha sido posible comenzar a abordar algunos aspectos del proceso de informalización del empleo en las zonas rurales. Para muchos afiliados de la UITA, las experiencias de la SEWA han sido una fuente de inspiración en diferentes niveles de organización y negociación tripartita. Un nuevo afiliado de la UITA, el Sindicato de Trabajadoras Independientes de Sudáfrica (SEWU), utilizó a SEWA como modelo para su constitución. En América Latina, la Federación Nacional de Trabajadores de las Industrias del Turismo-Hotelero, de la Alimentación, las Bebidas y Similares de Colombia (FENALTHYS), afiliada a la UITA, ha desplegado actividades para organizar a los trabajadores del sector informal y promover medidas jurídicas apropiadas. Más recientemente (a finales de 1998), otra organización colombiana afiliada, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Agropecuaria (SINTRAINAGRO), ha ayudado a los pequeños productores de bananas a crear su propia organización. En el Paraguay, la Federación de Trabajadores de la Alimentación y Agrícolas, afiliada a la UITA, abarca también a trabajadores del sector informal.
Hoy en día, las organizaciones afiliadas a la UITA en todas las partes del mundo, incluido el Occidente, reconocen la urgente necesidad de proteger los derechos laborales y sociales de los trabajadores ocupados en el sector informal. La necesidad de reconstituir la fuerza organizativa del movimiento sindical en el ámbito nacional mediante estrategias y campañas de afiliación lo más amplias posible (por ejemplo, dirigiéndose al sector informal, a los trabajadores ocasionales y temporeros, y a las mujeres) se reiteró en varias resoluciones adoptadas en los congresos de la UITA celebrados durante el decenio de 1990. Uno de los principales problemas es, sin embargo, la falta de una visión general y de datos fiables sobre la situación del empleo en el sector informal por lo que respecta a las ramas de actividad que abarca la UITA y, por consiguiente, las posibilidades limitadas que se tienen para elaborar estrategias sindicales pertinentes.
En los próximos años, se prestará particular atención al establecimiento y fomento de alianzas estratégicas a fin de que la población de las zonas rurales pueda hacer oír su voz e influir en las políticas nacionales e internacionales. Algunos de los aspectos que requieren atención son los siguientes: i) garantizar el respeto de los derechos fundamentales de los trabajadores rurales (promover la adopción de los convenios fundamentales de la OIT, y su aplicación, en el campo de los derechos humanos, la igualdad, etc., así como del Convenio sobre las organizaciones de trabajadores rurales, 1975 (núm. 141) y del Convenio sobre pueblos indígenas y tribales, 1989 (núm. 169)); ii) potenciar la capacidad de las trabajadoras; iii) fomentar la solidaridad internacional, y iv) tratar de influir en las instituciones intergubernamentales. Se prestará especial atención a las actividades destinadas a promover la ratificación y aplicación del Convenio núm. 177 de la OIT.
4. Estrategias sindicales futuras
con relación al sector informal
En el presente capítulo se pasa revista a diversas cuestiones que los sindicatos tendrán que abordar en los niveles internacional, nacional e inferiores a la hora de formular una estrategia global y coherente para el sector informal. Idealmente, tal estrategia debería abarcar todos los aspectos relativos a las relaciones económicas, sociales y laborales que tienen una incidencia en el sector, y también un examen global de las prioridades y objetivos a largo plazo de los sindicatos en el plano interno. Desgraciadamente, dada la magnitud y la diversidad de los temas que revisten interés para el sector informal, el análisis propuesto en este capítulo dista mucho de ser exhaustivo. Por consiguiente, los participantes en la reunión querrán seguramente debatir sobre otras cuestiones cuyo alcance rebasa el ámbito de los temas que se examinan a continuación.
Como se ha señalado ya en el capítulo 1, el sector informal se caracteriza por la extremada heterogeneidad y diversidad de las formas que ha adoptado en las distintas regiones del mundo. Por ende, sería inadecuado y contraproducente tratar de formular una estrategia sindical única y de aplicación universal. En consecuencia, este capítulo se limita a señalar las cuestiones de mayor interés y, cada vez que ello resulta posible, a formular algunas propuestas normativas que sirvan de punto de partida para el debate. Los participantes desearán sin duda desarrollar y modificar estas ideas a la luz de su propia experiencia práctica y de su conocimiento de las realidades culturales y políticas de los respectivos países. Debería considerarse que esta reunión es para los sindicatos el primer paso por un proceso de diálogo sindical y de elaboración de políticas para el sector informal.
El capítulo se divide en dos secciones. La sección 4.1 trata de las políticas cuya promoción los sindicatos tal vez consideren oportuna con miras a su adopción por los gobiernos, las instituciones financieras internacionales, la OIT y otras organizaciones ajenas al movimiento sindical. En la sección 4.2 se examinan algunos temas y estrategias generales que el movimiento sindical debería examinar y tal vez hacer suyos en la perspectiva de facilitar la organización de los trabajadores en el sector informal y/o de desarrollar mejores relaciones de cooperación con los trabajadores de dicho sector. En ambas secciones se ha hecho hincapié fundamentalmente en aspectos que tienen un interés primordial para los trabajadores asalariados y los trabajadores por cuenta propia del segmento no reglamentado del mercado laboral; con todo, por lo menos algunas de las cuestiones normativas que se analizan en la sección 4.1 revisten también interés para los microempresarios del sector.
Antes de abordar el análisis propiamente dicho de las políticas externas, los participantes tal vez estimen conveniente considerar la premisa básica sobre la que debería reposar la política sindical para el sector informal. Como se ha indicado en el capítulo 2, el enfoque tradicional de la OIT al respecto ha sido la búsqueda de soluciones intermedias que reconozcan la contribución económica y social de este sector a la supervivencia de millones de personas que, por razones independientes a su voluntad, no han tenido la posibilidad de trabajar y asegurar su subsistencia en el sector formal. Al mismo tiempo, la OIT se ha esforzado por conseguir que los Estados tomen diversas medidas para desmantelar progresivamente el sector informal, integrando sus actividades y ocupaciones en el marco general de la economía moderna.
Ahora bien, sin perjuicio de que los esfuerzos encaminados a integrar progresivamente el sector informal en el marco económico reglamentado es al parecer una solución razonable y tal vez la única recomendación en materia de políticas aceptable para las autoridades de los países en desarrollo y sus asesores normativos en las instituciones financieras internacionales, los hechos demuestran hoy que este método no está dando buenos resultados prácticos.
Una cuestión importante que ha de discutirse en este coloquio es la de si los sindicatos deberían aceptar la perspectiva que se acaba de describir como la única viable y políticamente aceptable. La opinión que se plantea es la de si los sindicatos no deberían acaso adoptar una postura más enérgica y exigir que el Estado tome medidas de carácter más inmediato para eliminar el sector informal. Aun cuando es poco probable que la adopción de una línea normativa tan radical por los sindicatos logre un consenso inmediato y pueda ponerse en práctica a corto plazo, ésta podría en cambio servir para obligar a los gobiernos a confrontar el problema de la explotación y el sufrimiento de los trabajadores en el sector no estructurado y llevarlos a tomar medidas más enérgicas o por lo menos a acelerar la integración de este sector en la economía formal.
Sin embargo, es importante que los sindicatos fundamenten sus estrategias en una perspectiva realista de las tendencias económicas y sociales futuras. Independientemente de las políticas que los sindicatos adopten con respecto a la intervención estatal en el sector informal, es muy poco probable que las tendencias que se han manifestado durante los últimos dos decenios se modifiquen sustancialmente en los próximos años. Por consiguiente, el sector informal de la mayoría de los países en desarrollo no se reducirá y tal vez siga su proceso de expansión. Conocidas estas expectativas, cobra interés la necesidad de examinar detenidamente los argumentos de quienes preconizan acelerar la participación sindical en el sector mediante actividades de organización e intensificar la cooperación con el mismo. Pensamos que los participantes no tendrán inconveniente en examinar el pro y el contra de este enfoque.
4.1.Políticas externas
4.1.1.Normas laborales y legislación del trabajo
Existen pruebas que demuestran de manera concluyente que muchos derechos básicos contenidos en las normas internacionales del trabajo fundamentales relativas a la libertad sindical, la negociación colectiva, la no discriminación, y la lucha contra el trabajo forzoso y el trabajo infantil suelen ser objeto de infracciones notorias en el sector informal.
Como se ha indicado en el capítulo 2, los convenios y recomendaciones más importantes de la OIT se han adoptado en el entendimiento de que serán aplicables a todos los «trabajadores», independientemente del sector en que presten servicios o de la ocupación y el tipo de trabajo que desempeñen. Un ejemplo ilustrativo a este respecto es el Convenio sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación, 1948 (núm. 87), cuyo artículo 2 dispone que «los trabajadores [...] sin ninguna distinción [...] tienen el derecho de constituir las organizaciones que estimen convenientes».
Como también se indicó en el capítulo 2, la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo y su seguimiento postula que todos los gobiernos tienen el compromiso de respetar, promover y hacer realidad los principios definidos en las normas internacionales del trabajo fundamentales a que se ha hecho mención más arriba. Es importante señalar en el contexto del presente debate que la Declaración no establece distinción alguna entre los sectores formal e informal de la economía. Por el contrario, prevé que la garantía de estos principios y derechos fundamentales ha de permitir que todas las personas reivindiquen una participación justa en las riquezas a cuya creación han contribuido y desarrollen plenamente su potencial humano.
Concretamente, la puesta en práctica de la Declaración debería traducirse en la reforma tanto de la legislación como de la práctica en materia laboral, con el fin de garantizar los siguientes principios:
1. Todos los trabajadores, inclusive los del sector agrícola, los no remunerados, los ocasionales, los independientes y todas las demás categorías que constituyen la fuerza de trabajo del sector informal, tienen los mismos derechos de sindicación que normalmente ejercen los trabajadores de los distintos sectores de la economía formal.
2. Se ha de dar una protección adecuada a todos los trabajadores, inclusive a los que desempeñan labores a domicilio y a todos los demás grupos ocupados en el sector informal, contra cualesquiera actos de discriminación antisindical en relación con su empleo.
3. Nadie ha de ser obligado, bajo amenaza de sanciones, a realizar un trabajo para el que no se haya ofrecido voluntariamente.
4. Las personas menores de 15 años no deben trabajar (6) . En el contexto de la Declaración, esto implica que los empresarios del sector informal deberían respaldar los esfuerzos que se desplieguen para retirar a los niños del mundo del trabajo e incorporarlos a la enseñanza básica.
5. Deben aplicarse las disposiciones del Convenio sobre la discriminación (empleo y ocupación), 1958 (núm. 111). En la práctica, esto significa que la formación profesional impartida en el marco de la asistencia que se presta al sector informal debería estar abierta a todas las personas, sin distinción de raza, color, sexo, religión, opinión política, ascendencia nacional u origen social.
6. También ha de aplicarse en el sector informal el principio de la igualdad de remuneración por un trabajo de igual valor, de conformidad con el Convenio sobre igualdad de remuneración, 1951 (núm. 100); ello supone que el Estado tome medidas para promover el cumplimiento de este Convenio. Cabe señalar que, dada la gran proporción de mujeres en la fuerza de trabajo del sector informal, el Convenio núm. 100 reviste una importancia particular.
Una prioridad fundamental para la OIT y el movimiento sindical internacional en los años venideros será la promoción y puesta en práctica de esta nueva Declaración. Los participantes en la presente reunión tal vez deseen debatir sobre la forma de señalar a la atención de los trabajadores del sector informal el contenido de la Declaración y sus repercusiones potenciales. Los participantes deberían tener en cuenta también que la OIT ha adoptado un mecanismo de seguimiento que permitirá evaluar en qué medida se esté dando cumplimiento a los postulados de la Declaración. Para asegurar el desarrollo eficaz de este proceso, es imperativo que las centrales sindicales de cada país informen sistemáticamente a las organizaciones sindicales internacionales a que están afiliadas sobre toda infracción a las normas fundamentales del trabajo.
En el capítulo 2 se señaló que la OIT ha adoptado algunos convenios y recomendaciones que se refieren en forma específica a los trabajadores del sector informal. Un ejemplo importante de tales instrumentos es el Convenio sobre el trabajo a domicilio, 1996 (núm. 177). Desgraciadamente, hasta la fecha han ratificado este Convenio sólo un número sumamente reducido de países. Por consiguiente, los participantes tal vez estimen conveniente abordar el estudio de medios para alentar a los gobiernos a ratificar estos convenios, así como de mecanismos que la OIT podría utilizar para promoverlos en forma efectiva a nivel nacional.
El establecimiento de lazos de cooperación estrechos entre los sindicatos en el ámbito internacional fue un factor importante que permitió la adopción del Convenio núm. 177, en 1996. A los participantes tal vez les interese analizar la cuestión de si la falta de un grado de coordinación y cooperación análogo influyó en el intento fallido por adoptar un instrumento de la OIT sobre el trabajo en régimen de subcontratación, en 1998. En la actualidad, las opiniones de los mandantes de la OIT sobre esta compleja cuestión siguen siendo considerablemente divergentes. Convendría examinar la experiencia adquirida en relación al Convenio núm. 177, y aprovecharla para suscitar el necesario respaldo internacional que permita inscribir rápidamente en el orden del día de la reunión de la Conferencia de la OIT la cuestión del trabajo en régimen de subcontratación y tomar medidas encaminadas a lograr que se adopte un convenio sustantivo sobre la materia.
Según se indicó en el capítulo 2, las medidas de protección previstas por la legislación laboral de algunos países no comprenden en su ámbito de aplicación a los trabajadores del sector informal que no perciben un salario sino una remuneración en especies. Además, algunas legislaciones laborales establecen una distinción entre «empleados» y «trabajadores», al reconocer ciertos derechos fundamentales a todas las personas, pero restringiendo algunas prestaciones únicamente a los «empleados». En los países que practican tales distinciones podría ser apropiado revisar la legislación laboral a fin de ofrecer una protección más específica para todos los trabajadores y, como mínimo, velar por que la legislación sobre cuestiones como los derechos fundamentales y la salud y la seguridad rija para todos los trabajadores. También habría que lograr que todos los trabajadores queden amparados por las prestaciones y las medidas de protección pertinentes en materia de tiempo de trabajo, vacaciones, etc.
Es interesante señalar que las encuestas efectuadas por la OIT han mostrado que el cumplimiento de algunos aspectos de la legislación laboral, como las disposiciones sobre salud y seguridad, salarios mínimos y tiempo de trabajo, tiende a mejorar conforme mayor sea el tamaño de las empresas y mayor su tiempo de existencia. Además, las prestaciones como los subsidios de enfermedad, las indemnizaciones por accidente o fallecimiento, las vacaciones anuales y los permisos de maternidad son prácticamente inexistentes en el sector informal, independientemente del tamaño o la antigüedad de la empresa.
Estas consideraciones han llevado a muchos observadores a sugerir que se amplíe el campo de aplicación de las normas laborales y de la legislación del trabajo, a fin de abarcar al sector informal según una metodología gradual y selectiva. Esto podría implicar que, en un comienzo, se preste una atención prioritaria a las normas fundamentales del trabajo para, partiendo de esta base, esforzarse luego por obtener el cumplimiento de la legislación sobre salarios mínimos, las normas sobre salud y seguridad, y otros temas. Este enfoque es, por cierto, coherente con el consenso internacional que se ha forjado en los últimos años en torno a las normas laborales.
4.1.2. Fomento de una buena gestión pública
y de una administración del trabajo idónea
En las secciones anteriores de este documento se ha hecho hincapié en la importancia que reviste, tanto desde el punto de vista económico como social, la existencia de un cuerpo legislativo laboral adecuado. Con todo, ello no significa que la legislación sea siempre perfecta o que la aplicación de las normativas no adolezca de deficiencias. De hecho, un motivo frecuentemente citado por los actores del sector informal para justificar el incumplimiento de las normas y reglamentos es su convicción de que estos requerimientos conllevan costos de los que no pueden sacar beneficio alguno. Por lo tanto, los sindicatos podrían interesarse en ejercer presión sobre las autoridades para que racionalicen la aplicación de normativas costosas y conciban medios más baratos para realizar los objetivos sociales propuestos. Por ejemplo, en lo que atañe a las exigencias sobre seguridad y salud, se podría proponer que las pequeñas empresas se doten de otros equipos más baratos, opción que debería figurar en la legislación (véase más abajo una explicación más detallada). Otro problema significativo es la ambigüedad en la aplicación de las normativas y la corrupción que suele ir asociada con la recaudación de impuestos y la aplicación de normas. Naturalmente, esto refuerza la imagen que se tiene del gobierno como de un parásito que se alimenta del sector privado, y la idea de que toda forma de reglamentación es una carga injustificada para las empresas. En tales circunstancias, a mucha gente le parece moralmente legítimo y en general aceptable sustraerse al pago de los impuestos y al cumplimiento de la legislación laboral o de otras reglamentaciones.
Se podría concluir, pues, que en vez de restringir el papel que el Estado desempeña en la economía, los encargados de la elaboración de políticas deberían concentrarse en mejorar la eficacia de las intervenciones del Estado. Durante el último decenio, mucho se ha escrito y dicho acerca del «buen gobierno». La mayoría de la gente asocia este concepto con políticas de gran resonancia, como la promoción de la democracia, el imperio de la ley y la búsqueda de una mayor apertura en las relaciones entre el gobierno, el sector bancario y la industria. En realidad, la necesidad de un buen gobierno es también pertinente por lo que se refiere al sector informal. Los estudios que la OIT ha llevado a cabo en este sector indican claramente que toda medida encaminada a hacer más transparente y sistemática la aplicación de las normas y reglamentos sobre permisos de construcción, disposiciones sanitarias, licencias de explotación y registro ante las autoridades tributarias locales y nacionales, así como ante las instituciones competentes en materia de contratos de trabajo y asuntos de seguridad social, contribuye a mejorar la imagen de los organismos estatales responsables de tales funciones, lo que a su vez puede estimular el cumplimiento de este tipo de reglamentaciones.
Los trabajadores del sector informal se ven confrontados también a los problemas derivados de la existencia de estructuras de poder y de organizaciones de tipo mafioso que controlan el acceso a los mercados. Estas suelen funcionar como agrupaciones criminales, ante las cuales los trabajadores del sector informal se encuentran desprotegidos dado que su condición jurídica marginal les impide recurrir a la policía o a otras autoridades públicas. La intervención de las autoridades y la aplicación de medidas para erradicar la criminalidad del sector, o por lo menos para reducir al mínimo las prácticas de corrupción menores y los sobornos, contribuirían de manera significativa a aliviar la situación de la mayoría de las personas que trabajan en el sector informal. Ahora bien, si las autoridades pretenden encontrar soluciones de fondo al problema, deben estar dispuestas a retribuir adecuadamente a los funcionarios encargados de aplicar las normas pertinentes, asegurándoles sueldos y salarios justos que les permitan mantener un nivel de vida decoroso, eliminando así un factor que lleva a los trabajadores del sector público a corromperse para asegurar la subsistencia de sus familias. Esas medidas deben combinarse con actividades de perfeccionamiento profesional de los funcionarios públicos, a fin de mejorar su eficiencia y de poner fin a las prácticas de acoso y corrupción. Al mismo tiempo, el Estado tiene que asumir nuevas responsabilidades con respecto a la protección de los derechos de propiedad y a las transacciones contractuales.
En el pasado, el movimiento sindical internacional ha dado su pleno respaldo a las campañas encaminadas a mejorar la gestión de los asuntos públicos y a eliminar la corrupción en los niveles más elevados del aparato de Gobierno. Los participantes en esta reunión tal vez estimen conveniente analizar la manera de promover estos mismos principios, aplicándolos en los niveles inferiores del Estado. Así, el movimiento sindical estará demostrando un mayor interés por los problemas que se plantean cotidianamente a los trabajadores del sector informal.
En muchos países en desarrollo, los servicios de administración del trabajo están insuficientemente dotados en personal y equipo. El aumento de los recursos y el personal capacitado que se requieren para estas funciones es una hipótesis evidente en materia de políticas que los gobiernos deberían poner en práctica si pretenden verdaderamente tratar de integrar al sector informal en el marco de la economía formal. Sin embargo, limitarse a tal medida sería una solución excesivamente simplista para los complejos problemas que deben resolver los inspectores del trabajo cuando tratan de conseguir que las microempresas respeten la legislación. Estos funcionarios suelen conocer la precariedad de las condiciones en que funcionan estas pequeñas unidades y ser conscientes de que las microempresas carecen de los medios necesarios para sufragar todos los costos que supone la aplicación de las medidas previstas por la legislación. Es lógico, pues, que en algunos países los servicios de inspección del trabajo actúen con flexibilidad al aplicar la ley, decidiendo, caso por caso, cuál será el nivel de cumplimiento que exigirán a cada empresario. Cuando consideren que el empresario dispone de medios financieros para dotar a su personal con todo el equipo de seguridad necesario o para mejorar las condiciones de trabajo, aplicarán plenamente la legislación en la empresa de que se trate. Cuando no sea así, pedirán al empresario que haga algunas mejoras progresivas.
Algunos inspectores del trabajo dan también asesoramiento sobre soluciones técnicas más baratas, como, por ejemplo, utilizar arena en lugar de extinguidores de incendio. Se podría prestar una mayor atención al examen de este tipo de soluciones. Los sindicatos tal vez deseen examinar la posibilidad de fomentar la idea de que los inspectores del trabajo establezcan una lista de otros materiales de seguridad más baratos que podrían utilizar las microempresas en espera de que éstas alcancen un nivel suficiente de viabilidad económica. Sin embargo, no hay cabida para la flexibilidad en lo que atañe a cuestiones como la libertad sindical, la discriminación y la explotación de los trabajadores, y los sindicatos deberían instar encarecidamente a los gobiernos a velar por que los inspectores del trabajo reciban una formación adecuada y actúen con rigor profesional al aplicar estos componentes esenciales de la legislación del trabajo.
4.1.3.Política tributaria y normativa
de las administraciones locales
Al estudiar el modo en que los sindicatos podrían tratar de influir en la evolución de las políticas públicas para el sector informal, es importante también recordar la extrema heterogeneidad del mismo, no sólo en cuanto a las funciones que cumple sino también al grado efectivo de su «informalidad». Los estudios realizados por la OIT han mostrado que el sector informal no es ni enteramente legal ni enteramente ilegal. Muchas empresas cumplen con algunas normas básicas a nivel local y obtienen licencias que constituyen una plataforma normativa mínima para su funcionamiento. De esta manera, los empresarios del sector informal minimizan los riesgos que implicaría el funcionar en una situación de total ilegalidad, que pondría en peligro la continuidad de la empresa. Además, estas mismas empresas no acatan las normas que consideran excesivamente gravosas y cuya aplicación suele ser de la competencia de los órganos centrales del Estado, como, por ejemplo, las disposiciones en materia tributaria y de legislación laboral.
Los estudios de la OIT confirman asimismo que, como cabía prever, el grado de cumplimiento de la legislación dependela ubicación geográfica de las empresas, del tamaño de cada unidad y de su antigüedad (Maldonado, 1995). Por ejemplo, son mayores las probabilidades de que las empresas ubicadas en centros urbanos acaten la legislación y las reglamentaciones; en cambio, las empresas ubicadas en zonas rurales, menos visibles y más distantes de los mecanismos de inspección, tienden a ser más reacias al cumplimiento de las normativas. Análogamente, cuanto mayor sea la plantilla de las empresas, mayores son las probabilidades de que se respete la legislación; por el contrario, las microempresas unipersonales o de gestión familiar tenderán a cumplir menos sus obligaciones legales.
Este tipo de datos concretos ha reforzado la opinión de muchos economistas que comparten los valores sociales y las preocupaciones básicas del mundo sindical con respecto a la pobreza, en el sentido de que deberíamos darnos por objetivo la reglamentación progresiva del sector informal y, en tal perspectiva, aplicar una metodología gradual de integración de este sector en el marco de la economía regular. De hecho, como se ha señalado al comienzo de este capítulo, tal ha sido la filosofía básica de la OIT durante los últimos dos decenios, la cual se ha traducido en particular en recomendaciones para emprender reformas en el nivel municipal, en el que muchas microempresas están aceptando y aplicando ya algunas normas y reglamentos. En cuanto a los impuestos y a otras normativas que se establecen a nivel regional y del gobierno central, su acatamiento debería extenderse también al sector informal en un proceso gradual y recurrente. Por ejemplo, algunos economistas de la OIT han propuesto moderar el régimen tributario que se aplica a las utilidades o al rendimiento de las microempresas o de los trabajadores independientes, o en su defecto aplicar otras formas de desgravación fiscal que tomen en consideración la solvencia de los actores económicos del sector informal. También se ha propuesto que los gobiernos estudien la posibilidad de transformar la naturaleza de los impuestos que normalmente deberían gravar los ingresos o las utilidades, convirtiéndolos en pago por los servicios que presta el Estado y que utilizan las unidades del sector informal.
También se han propuesto mecanismos para recortar los costos laborales no salariales mediante la reducción o la eliminación de los impuestos sobre las remuneraciones pagadas, los cuales, en el sector formal de la economía, corren normalmente a cargo de las empresas. La idea de reducir la «cuña tributaria» (que, en lo esencial, consiste en la diferencia entre la masa salarial y los costos laborales totales) como mecanismo para promover el empleo es una propuesta normativa que merece un examen detenido. Por lo menos teóricamente, sería posible introducir o aumentar gravámenes como los impuestos al valor añadido, a las utilidades del capital y a los ingresos u otros impuestos con el fin de compensar la pérdida de recursos que para el Estado significaría la eliminación de los impuestos sobre nóminas.
Los participantes tal vez deseen examinar con detenimiento las opciones en materia de políticas que se han señalado más arriba. El respaldo de las reformas de esta índole podría contribuir a demostrar que los sindicatos conocen bien los problemas que afrontan los trabajadores por cuenta propia y los microempresarios del sector informal y están preocupados por los mismos. Además, es posible que los sindicatos acepten y apoyen este tipo de reformas, pero exigiendo que al mismo tiempo el Estado intervenga en forma más sistemática en el mercado de trabajo y tome medidas con respecto a los objetivos viables mencionados más arriba.
4.1.4. Protección social
En diversos estudios se ha indicado que los microempresarios del sector informal consideran que el costo de la contribución de los empleadores a los regímenes nacionales de protección social es excesivo, y de hecho lo citan como una de las causas importantes que les han llevado a operar al margen del sector formal de la economía. En la actualidad, más del 80 por ciento de la población de Africa está excluida de los sistemas nacionales de protección social, situación en la que también se encuentra la mayoría de la población de todos los países en desarrollo. Además, las organizaciones financieras internacionales y muchos gobiernos están preocupados por las consecuencias presupuestarias que tiene la intervención del Estado en este campo, y por ende experimentan nuevas reformas de los regímenes de seguridad social que comprenden la privatización de por lo menos algunos de sus componentes. Con justa razón, el movimiento sindical se ha opuesto a las propuestas más radicales de reforma que se han hecho en este campo. No obstante, los sindicatos también están preocupados por el fenómeno de exclusión social y por el hecho de que segmentos importantes de la fuerza de trabajo de los países en desarrollo no tienen acceso a forma alguna de protección social. Por consiguiente, los sindicatos tienen sólidas motivaciones para estar ya interviniendo en el debate sobre el futuro de la protección social, y sería conveniente abordar el estudio de medios que permitan intensificar la influencia de los sindicatos en el rumbo que tomarán las políticas estatales en esta esfera.
El tema central del debate sobre la seguridad social debería ser la búsqueda de mecanismos para dar protección a quienes más la necesitan, lo que por cierto incluye a los trabajadores del sector informal, con costos que puedan ser asumidos por los propios trabajadores, sus empleadores (de haberlos) y el Estado. En la opinión de muchos observadores, y en particular del propio movimiento sindical, los intentos encaminados a garantizar una protección social equitativa y universal son un factor fundamental para la disminución de las desigualdades de ingresos en la sociedad.
Aunque los empleadores y los economistas neoliberales sostienen que se debería reducir el papel que el Estado cumple en materia de protección social, nosotros observamos que en todas las sociedades se necesita alguna forma de intervención de los poderes públicos. Ante todo, incumbe a los gobiernos una función decisiva en cuanto a la redistribución del ingreso como medio para mitigar la pobreza. En segundo lugar, por lo general se acepta que a los gobiernos corresponde por lo menos desplegar algunos esfuerzos para ofrecer a todos los ciudadanos una protección financiera adecuada en caso de enfermedad, discapacidad, fallecimiento o jubilación. Uno de los argumentos más simples que justifican esta forma de intervención estatal es la imprevisión de muchos trabajadores que, si estuvieran convenientemente orientados, podrían asumir sus propias necesidades en materia de seguros. Al no existir un sistema obligatorio, les faltaría la necesaria prudencia o disciplina para efectuar sus contribuciones a un plan de seguro que cubra la enfermedad, la discapacidad, el fallecimiento o la jubilación. Al llegar a comprender su error, les resultaría muy difícil volver atrás. Ahora bien, los sindicatos tienen conciencia de que si bien la intervención de los poderes públicos en la promoción de la protección social puede mejorar los resultados de este mercado de servicios, también puede empeorarlos. Por consiguiente, es imprescindible estudiar cuidadosamente cuáles han de ser la estructura y el alcance de la intervención estatal.
A la luz de estas consideraciones muy generales, los participantes en esta reunión tal vez deseen considerar si es conveniente y políticamente factible que los sindicatos promuevan a nivel nacional debates sobre el futuro de la seguridad social, en los que por lo menos deberían participar representantes del Estado, de los empleadores y de los trabajadores. Entre los temas sugeridos para dichos debates figuran los siguientes:
a) las formas y el nivel de protección básica que habría que garantizar a todas las personas, inclusive los trabajadores del sector informal;
b) las fuentes de financiación de la protección social y una evaluación de la cuantía de los recursos que la sociedad en su conjunto puede dedicar a la protección social, y
c) los mecanismos para administrar los regímenes de protección social en forma equitativa.
Cualquiera que sea la forma que adopte el debate, hay algunos puntos generales que los sindicatos tal vez querrán recalcar. En primer lugar, por lo que se refiere a la definición del concepto de «protección básica», muchos estudios de casos han mostrado que las necesidades prioritarias de los trabajadores del sector informal se refieren a la obtención de prestaciones en caso de discapacidad o de fallecimiento del principal sostén económico de la unidad familiar (prestaciones de sobreviviente para sus familiares). Además, los trabajadores del sector formal de la economía, que tienen ingresos estables y de mayor cuantía, atribuyen una importancia igual o incluso mayor a los ingresos para la jubilación. En casi todos los países, los seguros de discapacidad y de vida son relativamente baratos, y su financiación suele corresponder a no más del 3 a 4 por ciento de los ingresos asegurados. La postura de los sindicatos al respecto podría ser que todos los países deberían dotarse de los medios necesarios para sufragar la cobertura universal de por lo menos estas clases de seguro.
En segundo lugar, en el marco del debate sobre la financiación de la protección social, se suelen oponer a los sindicatos argumentos tales como «el país x está gastando un y por ciento de su PIB en protección social, lo que es insostenible». En realidad, lo que es impracticable y contraproducente es optar por la solución simplista de fijar límites máximos al gasto en protección social. En la práctica, es evidente que el monto de los recursos que la gente está dispuesta a destinar a la seguridad social -- y, por consiguiente, el volumen de gasto que la sociedad en su conjunto puede asumir -- está estrechamente relacionado con el tipo de sistema de seguridad social que se haya establecido. Por regla general, los interesados, y por lo tanto los gobiernos, no están dispuestos a pagar sumas elevadas por sistemas de seguridad que ofrecen prestaciones uniformes (es decir, prestaciones de una misma cuantía, independientemente del nivel de ingresos de los beneficiarios), sobre todo cuando el pago de las prestaciones queda supeditado a un tope en los ingresos. Además, los sistemas universales basados en el seguro social, en que las contribuciones y las prestaciones se determinan en función de los ingresos de cada persona, suelen ser aceptados por la población, que los considera convenientes y al alcance de sus recursos financieros, pese al hecho de que por regla general representan para ellos un gasto dos a tres veces superior al que implican los sistemas uniformes.
En tercer lugar, en lo relativo a los mecanismos de administración de los regímenes de protección social, el movimiento sindical pudiera considerar que la intervención estatal y las medidas de transferencia de ingresos son necesarias para garantizar la protección de los trabajadores del sector informal, dado que los ingresos netos practicados en este sector suelen situarse por debajo del umbral de la pobreza. Desde un punto de vista administrativo, es probable que las instituciones de seguridad social que existen en la mayoría de los países no tengan la capacidad de garantizar una cobertura de seguros adecuada para el sector informal, a menos que antes se proceda a una modificación radical de su estructura tradicional, concebida para prestar servicios a los trabajadores del sector formal de la economía. Por consiguiente, los participantes en la reunión tal vez deseen analizar la cuestión de si otras organizaciones e instituciones podrían desempeñar un papel útil en la administración de regímenes que se ocupen del sector informal. Por ejemplo, los sindicatos podrían intervenir en la administración de regímenes para este sector. En todo caso, los sindicatos deberían participar en la supervisión de las políticas nacionales de seguridad social.
Hay otro aspecto importante del debate sobre la protección social en el sector informal que los participantes deberían considerar. Confrontados a la inexistencia de regímenes universales de protección social, y habida cuenta de la propagación del fenómeno de exclusión social que se observa en la mayoría de los países en desarrollo, muchos gobiernos, instituciones financieras internacionales y ONG han estado realizando algunas experiencias piloto de seguros mutualistas a nivel local. La OIT también ha participado en estas experiencias. El programa global STEP (Estrategias y Técnicas contra la Exclusión Social y la Pobreza), iniciado por la OIT en 1998, constituye el instrumento operativo que el Departamento de Seguridad Social está utilizando para luchar contra la exclusión social y para extender la protección social al sector informal. La creación y el desarrollo de este programa se basan en el supuesto de que la ampliación de la protección social en el sector informal no es factible en el marco de los sistemas nacionales de seguridad social, lo que pudiera considerarse contradictorio con los argumentos que se han expuesto más arriba. Los encargados del programa STEP consideran que existe una necesidad urgente de innovar, experimentar e introducir reformas en las políticas y estrategias sobre protección social, por lo que están esforzándose por encontrar soluciones a esta problemática. En el recuadro 1 se facilitan más detalles sobre este programa.
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| STEP tiene por objeto promover y difundir métodos innovadores que concilien la justicia social con la eficiencia en la gestión y las realidades del mundo económico. El programa defiende los principios de la justicia y la cohesión social, promoviendo una metodología de tipo solidario que se funda en la participación activa de los trabajadores excluidos en la definición y puesta en práctica de formas de protección social más apropiadas.
La estrategia de STEP se centra en tres temas principales: -- Desarrollo del conocimiento: identificación y análisis de las experiencias más significativas que se hayan registrado en el mundo; sistematización de las lecciones aprendidas y de los conocimientos técnicos acumulados; conceptualización de las actividades de investigación aplicada, y producción de instrumentos metodológicos y didácticos. -- Desarrollo de los servicios: se trata en particular de servicios consultivos para mandantes en relación con las estrategias y las políticas para la ampliación de la protección social; de la formulación, la ejecución y la evaluación de proyectos y programas; de la difusión de los instrumentos concebidos; de la formación en este campo, y de la animación de redes de diálogo e intercambio. -- La promoción activa: ello supone fortalecer la capacidad de la OIT para intervenir en forma decisiva en el debate internacional sobre el futuro y la ampliación de los sistemas de protección social, en el marco de la mundialización; la organización de foros internacionales y la participación en los mismos; la publicación de material de alto nivel; el establecimiento de alianzas estratégicas con las principales organizaciones internacionales interesadas, y la movilización de recursos. |
Los motivos que sustentan la política de STEP y sus métodos innovadores en materia de protección social son bien fundados y, en principio, coherentes con los objetivos de los sindicatos en la perspectiva de mejorar la situación de las capas pobres y socialmente excluidas de la población. Sin embargo, los sistemas de base comunitaria y carácter voluntario con que ha estado trabajando este programa no ofrecen la misma amplitud para un enfoque solidario como el que suponen los regímenes nacionales y obligatorios en los que participan sin distinción los trabajadores con bajos y altos ingresos. Por ende, los sistemas propugnados por STEP pudieran considerarse como etapas intermedias en el camino hacia la protección social obligatoria. Evidentemente, es vital obtener que los empleadores del sector formal de la economía no se sirvan de estos sistemas como de sustitutos baratos de la seguridad social propiamente dicha y se sientan alentados a informalizar aún más sus actividades.
Por estos motivos, la evolución de los sistemas de protección social debería ser el eje de todo el debate sobre el sector informal. Los resultados a que lleguen las deliberaciones en materia de protección social podrían ser un factor decisivo de la integración definitiva del sector informal en el marco general de la economía moderna, pues de lo contrario se dejarán las puertas abiertas para que sigan deteriorándose las condiciones laborales y sociales de la economía formal.
4.1.5. La política macroeconómica y las políticas
de ajuste estructural
Como se señala en el capítulo 2, las críticas formuladas por los sindicatos contra las políticas económicas neoclásicas y los programas de ajuste estructural se han granjeado un amplio respaldo y están empezando a tener profundos efectos sobre las instituciones financieras internacionales. Ahora los sindicatos tienen que desarrollar estas propuestas de política económica y explicar por qué sus recomendaciones en materia de políticas tienen una relación directa con los trabajadores del sector informal.
Estos trabajadores tienen problemas que les son propios; por ejemplo, les resulta muy difícil o costoso el acceso a la propiedad. Por esta razón, con frecuencia ocupan ilegalmente propiedades públicas y privadas o simplemente se instalan en las aceras o en las esquinas. Esto significa que no tienen un acceso normal a servicios básicos de agua y luz y que el hecho de no contar con una infraestructura suficiente (por ejemplo, carreteras, alcantarillados y acceso a servicios de comunicación) reduce su productividad y su capacidad para desarrollar su negocio y prosperar. Estas son algunas de las cuestiones que los sindicatos destacaron al criticar los programas de ajuste estructural normalizados y al formular propuestas sobre la manera en que las instituciones financieras internacionales deberían modificar sus políticas.
Sin embargo, a pesar de todo, en las instituciones financieras internacionales y entre muchos economistas de círculos académicos aún se tiende a tergiversar las políticas propuestas por los sindicatos aduciendo que sólo representan las reivindicaciones de un grupo privilegiado de trabajadores del sector formal. Se acusa con frecuencia a los sindicatos de contribuir a lo que los economistas llaman una división entre los trabajadores «instalados» y los «relegados» de los sectores formal e informal.
En los últimos años, el movimiento sindical internacional ha dedicado tiempo y recursos considerables al diálogo y al debate con funcionarios del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. En esos encuentros, ha sido consciente de las críticas que se formulan contra los sindicatos, a saber, que representan únicamente los intereses personales de los trabajadores del sector formal, y ha propuesto políticas equilibradas y diseñadas para promover un crecimiento más rápido de la economía y una mayor igualdad de los salarios para todos los trabajadores.
Tal vez en el futuro los sindicatos puedan explicar mejor de qué manera el sector informal saldrá beneficiado por las políticas destinadas a mitigar los efectos adversos de los programas de ajuste, por el estímulo de la demanda global, el alivio de la deuda internacional y las demás políticas expuestas en el capítulo 2. En este contexto, cabe señalar que los trabajadores del sector informal, al describir los problemas a que se enfrentan, con frecuencia citan el excedente de mano de obra y la consiguiente reducción de los ingresos, así como la demanda inestable o insuficiente de sus productos (más que la legislación laboral vigente y las normas gubernamentales) para explicar por qué se ven obligados a trabajar fuera del sector formal. Estas conclusiones coinciden con los argumentos que presentaron los sindicatos en relación con la política macroeconómica y el ajuste estructural en el mundo en desarrollo. Como se señala en el capítulo 2, los sindicatos han estado siempre al frente de la lucha contra las medidas draconianas de estabilización que han reducido los ingresos, el consumo y el gasto público, lo cual a su vez ha reducido aún más la demanda y aumentado la incertidumbre que pesa sobre las microempresas y los particulares del sector informal.
Además, estos resultados indican que la política neoliberal de desreglamentación total es contraproducente si lo que se busca es aumentar los ingresos, los beneficios y la productividad del sector informal. Es probable que la desreglamentación de la legislación laboral dé como resultado una reducción de los salarios y de los ingresos reales disponibles, lo cual exacerbará los problemas de demanda citados por los agentes del sector informal. Si no se establece un nivel mínimo para la estructura de los salarios, se creará un círculo vicioso, es decir, la reducción de los ingresos provocará una reducción de la demanda y esto a su vez provocará una reducción adicional de los salarios. Así, las conclusiones empíricas acerca de los factores que alientan a los agentes a iniciar actividades en el sector informal tienden a confirmar la importancia de las normas e instituciones laborales tales como los sindicatos, que actúan como «barreras» para impedir que se desencadenen esos círculos viciosos y ayudan a crear un círculo virtuoso que aumente los ingresos, la productividad y la prosperidad.
4.1.6. Proyectos de infraestructura con un alto
coeficiente de empleo
Como se indica más arriba, el movimiento sindical internacional ha recalcado mucho la necesidad de mejorar las infraestructuras en los países en desarrollo y ha instado a las instituciones financieras internacionales para que aumenten el apoyo financiero que ofrecen en sus programas de ajuste estructural a fin de alcanzar este objetivo. Ello tendrá efectos positivos evidentes para los empresarios y los trabajadores del sector informal.
La OIT también tiene una importante función que desempeñar en este campo y tiene en su haber una impresionante experiencia en la promoción de tecnologías que requieren mucha mano de obra (en vez de utilizar equipo y tecnología onerosos) para la construcción de redes de carreteras rurales, sistemas básicos de irrigación y otras formas de infraestructura.
En las discusiones sobre las prioridades de las actividades de la OIT y sobre la asignación de los recursos, el Grupo de los Trabajadores del Consejo de Administración de la OIT ha dado mucho apoyo a los programas que promueven métodos con un alto coeficiente de empleos para la construcción de infraestructuras. La OIT se ha ocupado tanto de i) convencer a los gobiernos y a las instituciones financieras internacionales de los beneficios de este enfoque como de ii) diseñar y ayudar a aplicar proyectos de infraestructura que requieren mucha mano de obra. En el recuadro 2 se pasa revista a los logros de este programa de actividades y se dan algunos ejemplos en los que participó el movimiento sindical nacional.
Desde el punto de vista de los sindicatos, uno de los aspectos más importantes de este programa es que demuestra que la OIT puede combinar el apoyo al establecimiento de empresas pequeñas y medianas (PYME) en el sector privado con la aplicación de las normas del trabajo. Este programa de la OIT ha contribuido a reformar el sistema por el cual las PYME participan en licitaciones de obras públicas, para garantizar que se favorezca a las empresas que utilizan técnicas que requieren mucha mano de obra. Al mismo tiempo, la OIT ha logrado convencer a los gobiernos de que ajusten las especificaciones de los contratos para garantizar que se introduzcan importantes normas del trabajo, incluidas las relativas a los salarios mínimos, a la no discriminación, a la eliminación del trabajo forzoso, a la libertad sindical y las normas de salud y seguridad. La inclusión de especificaciones en los contratos destinadas a promover las normas de la OIT en las PYME constituye un adelanto importante y es una política que debería adoptarse en otras actividades de la OIT relacionadas con las PYME.
A los efectos del presente examen, también cabe señalar que los proyectos de la OIT para realizar obras de infraestructura con un alto coeficiente de trabajadores han contribuido a establecer organizaciones representativas de los sectores informal y rural, que anteriormente no tenían medios para hacerse representar. Sería muy útil que estas actividades aumenten las oportunidades de empleo de la mujer y promuevan la igualdad de género al recalcar la importancia de la igualdad de la remuneración por un trabajo de igual valor y la formación de la mujer para ocupar cargos técnicos y otros cargos de responsabilidad. Estos proyectos también han desempeñado un papel constructivo en la lucha contra el trabajo forzoso.
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| Desde el principio, el éxito de los programas intensivos en empleos de la OIT ha brindado a los mandantes una buena oportunidad de diálogo con los ministerios de economía y las instituciones financieras internacionales. A medida que se iban institucionalizando los enfoques basados en la mano de obra, la Oficina ha procurado aumentar la participación de sus mandantes. Un componente integrante del asesoramiento en política prestado a los países que adoptan estos enfoques es la creación, en los ministerios responsables de las decisiones sobre inversión, de unidades de fomento de las políticas basadas en la mano de obra en cuyos comités rectores participan representantes de los trabajadores y los empleadores. En 1997 se creó en Uganda una unidad de este tipo, a saber, el Comité de Fomento de las Políticas basadas en la Mano de Obra (LAPPCOM). En el comité rector se hallan representados el Ministerio de Trabajo y los interlocutores sociales. Se ha previsto la creación de unidades semejantes en Guinea, Madagascar, Senegal y Togo.
Gracias a estas unidades, los ministerios de trabajo, en colaboración con las organizaciones de empleadores y de trabajadores, pueden lograr resultados concretos respecto a la política laboral y de empleo; evaluar las posibilidades de aplicar las normas y reglamentos laborales, proteger el derecho de sindicación; prestar su ayuda en la elaboración de documentación contractual, e impartir formación a los subcontratistas y trabajadores en temas relativos a la legislación laboral y las condiciones de trabajo. Por ejemplo, en Namibia, la participación del Ministerio de Trabajo desde que se pusieron en marcha los primeros programas piloto ha permitido a los inspectores del trabajo participar directamente en los programas de formación in situ destinados a los pequeños subcontratistas. Otro ejemplo es Sierra Leona, donde los representantes del Ministerio de Trabajo, la Federación de Empleadores y el Congreso de Trabajo de Sierra Leona han participado en cursos de formación de subcontratistas para explicar las normas del trabajo pertinentes. Esto ha permitido, en gran medida, crear un práctico código de conducta sobre cuestiones relativas al trabajo al alcance de todos los organismos y personas interesados que trabajen en este ámbito. Para las organizaciones de empleadores y de trabajadores, además de la participación en el diálogo político nacional, el enfoque intensivo en empleos de la OIT ofrece otras oportunidades, entre las que cabe destacar la posibilidad de ampliar el ámbito de acción de las organizaciones representativas a los sectores no organizados. Esta oportunidad queda reforzada por la inclusión de cláusulas que reconocen el derecho de organización en las disposiciones contractuales. Los empleadores han aprovechado esta oportunidad y han creado en varios países asociaciones de representantes de los pequeños subcontratistas. Gracias a estas asociaciones, los pequeños subcontratistas se dan más a conocer y aumentan su poder de negociación con el gobierno. Las organizaciones de trabajadores están manifestando también un gran interés en colaborar con los programas de infraestructura intensivos en empleo como método para llegar a los trabajadores del sector informal y promover la creación de empleo y los derechos de los trabajadores de manera integrada. La colaboración con organizaciones de empleadores y de trabajadores en relación con los programas y proyectos intensivos en empleo ha abarcado diversas cuestiones de política. La Confederación de Sindicatos de Sudáfrica (COSATU) pidió la ayuda de la OIT en relación con la política de retribución de los trabajadores del sector informal contratados en el marco del programa nacional de obras públicas del país. La colaboración con la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) y con la Federación Internacional de Trabajadores de la Construcción y de la Madera (FITCM) fructificó en una relación de asociación para la elaboración y difusión de las mencionadas directrices sobre políticas y prácticas de empleo y la introducción de cláusulas laborales en los contratos públicos conformes al Convenio sobre las cláusulas de trabajo (contratos celebrados por las autoridades públicas), 1949 (núm. 94). Asimismo, la FITCM solicitó datos técnicos a la OIT en este ámbito para una serie de reuniones que había organizado sobre el sector informal, como el Seminario panafricano sobre el sector no estructurado (informal), que se celebró en Harare en agosto de 1997 y la reunión del Comité de Construcción de la FITCM, que tuvo lugar en el mes de mayo de 1998 en la Oficina. |
| Fuente: OIT (1998a). |
Desafortunadamente, los recursos que la OIT asigna a la labor que se realiza en este ámbito han disminuido de manera notable en el último decenio. Por ejemplo, en 1990, la plantilla de la OIT que trabajaba en la promoción de los proyectos de infraestructura con un alto coeficiente de empleo era de 20 personas, mientras que en la actualidad el número de personas de la OIT que trabaja en estos proyectos en todo el mundo es inferior a diez. Ello ha reducido de manera significativa el número de proyectos que pueden aplicarse y el monto de los recursos externos que pueden recabarse. De resultas de ello, el número de países en los que la OIT está promoviendo activamente el desarrollo de la infraestructura con métodos intensivos en empleo se ha reducido de 40 a alrededor de 20 en la actualidad. Por esta razón, el Grupo de los Trabajadores pidió recientemente al Director General que incrementara la base de recursos asignados a este programa hasta un nivel razonable; los sindicatos que participan en la presente reunión tal vez estimen oportuno examinar los vínculos que existen entre, por un lado, los programas de infraestructura con un alto coeficiente de mano de obra y, por otro lado, los intentos para mejorar las facilidades de que disponen los agentes del sector informal y la integración de este sector en la economía moderna. Habida cuenta de los grandes logros obtenidos con los programas de infraestructura con un alto coeficiente de trabajo, los participantes tal vez estimen oportuno reiterar la petición que hizo recientemente el Grupo de los Trabajadores para que se incrementen los recursos del presupuesto ordinario asignados a estas actividades.
4.1.7. La promoción de las pequeñas y medianas empresas
La OIT también tiene un importante programa de actividades para promover el establecimiento de PYME. Este programa podría utilizarse para mejorar las condiciones de trabajo y la aplicación de las normas del trabajo en el sector informal. Las actividades de la OIT en este campo se han ampliado de manera constante en los últimos años e incluyen en la actualidad un programa relativamente reciente llamado Programa internacional para la pequeña empresa (ISEP) (véase el recuadro 3 si desean consultar más detalles).
En el resumen del recuadro 3 se indica que los programas de la OIT sobre las PYME no se limitan a promover la iniciativa empresarial, sino que también buscan mejorar las condiciones de trabajo y otros valores de la OIT. Se trata de un componente importante de estas actividades debido a que las investigaciones publicadas por funcionarios de la OIT han suscitado preocupación sobre de si en los proyectos de la Oficina se hace suficiente hincapié en mejorar la calidad de los empleos. Por ejemplo, en el documento de Vargha (1992), mencionado en el capítulo 2, se describe un proyecto de la OIT destinado a crear varias pequeñas empresas productoras de sal en el municipio de Tanga en la República Unida de Tanzanía a principios de los años noventa. Vargha indica que, pese al éxito considerable obtenido en el establecimiento de empresas viables y en la creación de empleos, en este proyecto de la OIT se prestó poca atención a las cuestiones de salud y seguridad. De hecho, de acuerdo con Vargha, «en estas salinas, las condiciones de trabajo son muy deficientes. Hasta hace muy poco tiempo, ninguno de los trabajadores llevaba botas ni guantes para protegerse los pies y las manos de la sal. Ninguno de los trabajadores lleva sombrero ni gafas para protegerse del sol. Si la 'mejora de las condiciones de trabajo' fuera un criterio de evaluación del proyecto de producción de sal, éste dejaría de considerarse tan exitoso como si se toman en cuenta únicamente la mejora del proceso de producción y los aspectos administrativos».
Por supuesto, el proyecto antes mencionado se aplicó hace varios años y pudiera no ser más que un ejemplo aislado. Se espera que los otros proyectos de la OIT presten más atención a la mejora de las condiciones de trabajo y garanticen que en la aplicación del proyecto se respeten plenamente las normas internacionales del trabajo y los valores de la OIT.
Para garantizar que los proyectos de la OIT destinados a las microempresas o a las empresas pequeñas promuevan las normas internacionales del trabajo, sus actividades deben tender sistemáticamente a mejorar las condiciones de trabajo. En muchos casos, al parecer se pueden obtener mejoras simplemente aplicando la legislación laboral vigente. Por esta razón, en todos los cursos y actividades relacionados con la promoción de las PYME debería incluirse automáticamente una formación sobre la legislación laboral local.
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| Nivel de intervención Principales tipos de intervención para apoyar la creación de empleos por empresas
Entorno comercial -- Promoción de una política y de un entorno reglamentario (macro) favorables para las pequeñas y medianas empresas -- Fomento de una cultura empresarial -- Promoción de marcos tripartitos nacionales para mejorar la productividad y la competitividad -- Diseño de estrategias nacionales para el desarrollo de la pequeña empresa -- Reforma de la política y la legislación en materia de cooperativas (a través del programa COOPREFORM) -- Asesoramiento a los bancos centrales para mejorar el marco reglamentario y mejorar el acceso a los créditos y la financiación Capacidad de prestación -- Establecimiento de intermediarios para la prestación de servicios de los servicios de apoyo eficaces, con inclusión de centros de productividad (nivel intermedio) tripartitos -- Refuerzo de la capacidad de las organizaciones de empleadores, de trabajadores y similares -- Promoción de los vínculos entre las empresas -- Desarrollo de los recursos humanos y de la promoción de la eficiencia de las cooperativas (por medio del programa COOPNET) -- Creación de organismos competentes de créditos para particulares -- Desarrollo de servicios especiales para la prestación de créditos a las PYME en los bancos comerciales -- Apoyo a las asociaciones de ahorros y a las cooperativas de crédito Servicios de desarrollo -- Formación para la apertura y la expansión de una empresa comercial (micro) -- Desarrollo de la iniciativa empresarial, de la productividad y de la gestión -- Búsqueda de oportunidades comerciales -- Mejora del acceso de las cooperativas a los mercados y las oportunidades de exportación (a través del programa INTERCOOP) Otros -- Creación de sistemas de garantía de crédito -- Formulación de programas de microfinanciación para el empleo independiente -- Mejora del acceso a la protección y a los servicios sociales de los trabajadores independientes y las pequeñas empresas -- Mejora de las condiciones de trabajo en las pequeñas empresas -- Creación de cooperativas para pueblos indígenas (por medio del programa INDISCO) |
| Fuente: OIT (1998b). |
La ejecución de un número cada vez mayor de proyectos de la OIT está a cargo de personal nacional que no recibe sesiones informativas de ningún tipo sobre las normas internacionales del trabajo, ni sobre las disposiciones de su legislación laboral local. Por esta razón, el personal de la OIT que apoya estos proyectos debe asegurarse de que el personal nacional recibe información sobre la legislación laboral del país y sobre las normas internacionales del trabajo, así como acerca de la política de la OIT para promover las normas internacionales del trabajo a través de las actividades de cooperación técnica.
Por lo que se refiere a la cooperación técnica en general y a las posibles actividades en el ámbito de la seguridad y la salud, podría proponerse que los proyectos de asistencia a las microempresas proporcionen ciertos tipos de incentivos para estimular a los microempresarios a mejorar las condiciones de trabajo en sus empresas. Para ello es necesario que al definir y elaborar los proyectos se preste la debida atención a las condiciones de empleo. El componente de formación de estos proyectos debería incluir una sesión sobre disposiciones en materia de seguridad que puedan elaborarse con la colaboración del Servicio de Seguridad y Salud en el Trabajo. También debería examinarse la posibilidad de que en estos proyectos se proporcione equipos de seguridad.
En los últimos años, el Grupo de los Trabajadores del Consejo de Administración ha hecho muchas otras propuestas sobre la manera en que podría modificarse el enfoque de los programas de la OIT sobre la promoción de las PYME. Por ejemplo, ha propuesto que se destinen más recursos para mejorar las relaciones laborales en las PYME, debido a que las malas relaciones laborales constituyen una causa importante de bancarrota entre las empresas pequeñas. En particular, ha propuesto que se haga hincapié en mejorar la calidad de la negociación colectiva en las microempresas, ya que en muchos países los responsables de las políticas han decidido descentralizar los procesos de negociación, pero con frecuencia, tanto la administración como los sindicatos, carecen de la experiencia y las calificaciones necesarias para llevar a cabo una negociación colectiva constructiva a este nivel.
La adopción de la Recomendación sobre la creación de empleos en las pequeñas y medianas empresas, 1998 (núm. 189), en la reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo celebrada el año pasado, debería ser un factor importante para influir en el desarrollo futuro de las actividades de la OIT relacionadas con las PYME. Esta nueva Recomendación incluye referencias importantes a las cuestiones siguientes: la protección y la promoción de los derechos de los trabajadores; la celebración de consultas con las organizaciones de empleadores y de trabajadores; la igualdad de género y las medidas antidiscriminatorias, y la protección social; medidas y mecanismos de aplicación para salvaguardar los intereses de los trabajadores en las PYME, y la necesidad de promover el respeto de los convenios de la OIT relacionados con la libertad sindical, la discriminación y el trabajo infantil.
Desde el punto de vista de los sindicatos, el principio más importante contenido en la Recomendación es la necesidad de una igualdad de trato total para los trabajadores de las pequeñas y de las grandes empresas. En el párrafo 6, 1, b) se pide a los Estados Miembros que «garanticen la aplicación no discriminatoria de la legislación del trabajo con el fin de elevar la calidad del empleo en las pequeñas y medianas empresas». Durante los debates sobre la Recomendación celebrados en junio de 1998, el Grupo de los Trabajadores dejó claro ante la reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo que el campo de actividades más importante era garantizar la plena libertad sindical de los trabajadores de las pequeñas empresas. También son importantes las secciones de la Recomendación en las que se piden medidas para eliminar la discriminación contra la mujer en las PYME y actividades específicas para erradicar el trabajo infantil en las PYME.
En el contexto del presente examen del sector informal, los participantes tal vez deseen discutir sobre cuáles deberían ser, a su juicio, las prioridades de la OIT para promover y apoyar a las PYME. Tal vez también estimen necesario examinar si la OIT ha encontrado un equilibrio apropiado en la promoción de las PYME y los proyectos de infraestructura con un alto coeficiente de mano de obra antes mencionados. Por último, los participantes tal vez deseen reflexionar sobre las maneras de promover la aplicación de la Recomendación núm. 189 de la OIT y en particular los aspectos de la Recomendación subrayados más arriba.
4.1.8. Desarrollo del capital humano
Las políticas para promover el desarrollo del capital humano por medio de una educación y una formación de mejor calidad son de vital importancia para los trabajadores del sector informal. Por consiguiente, las campañas de los sindicatos para promover el acceso universal a la educación primaria gratuita y el acceso a niveles más altos de educación y de formación tienen un interés particular para los trabajadores del sector informal. Sin embargo, tal vez sea necesario reflexionar más sobre las políticas sindicales en este ámbito para ajustarlas mejor a las necesidades específicas de los trabajadores del sector informal. Las personas que integran este sector con frecuencia han seguido una corta escolaridad y su capacidad para aumentar su producción y mejorar los procesos de comercialización se ve obstaculizada por su falta de acceso a la formación. Las instituciones de formación formal suelen ser costosas y sus cursos no están diseñados para personas analfabetas y semianalfabetas, lo cual significa que las personas del sector informal dependen casi exclusivamente de los programas de aprendizaje informal para adquirir nuevas calificaciones. Sería sumamente conveniente modificar los programas de formación profesional y de aprendizaje para adaptarlos mejor a las necesidades de los trabajadores del sector informal.
El recuadro 4 contiene una amplia gama de propuestas de política en materia de formación. Los participantes tal vez estimen oportuno examinar si los sindicatos pueden promoverlas en el plano nacional, y cómo pueden promoverlas.
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| Las siguientes prácticas propuestas provienen de países en los que se han aplicado reformas pertinentes y pueden ser útiles para reorientar los sistemas de formación hacia la mejora de las condiciones en las empresas del sector informal:
i) la formación para el empleo debería ser más vasta, es decir, debería abarcar mucho más que los programas de dos o tres años que suelen patrocinar los gobiernos para preparar a los estudiantes que abandonan la escuela para sus primeros empleos en el sector formal; sobre esta base habría que definir los conceptos conexos, en especial el de aprendiz y el de personal de capacitación; ii) es importante que antes de desarrollar una estrategia de formación para las empresas del sector informal (o cualquiera que sea la terminología que prefiera utilizarse), se obtenga un consenso acerca de los beneficios que implica mejorar las condiciones de un gran número de personas que trabajan con niveles muy bajos de productividad y de ingresos, posiblemente a expensas de alguna otra causa valiosa; iii) por razones de viabilidad, y de equidad, las medidas de formación para mejorar, poco a poco, las condiciones de un gran número de trabajadores de empresas del sector informal podrían favorecerse más que las medidas destinadas a «seleccionar a unos cuantos ganadores»; en lugar de ofrecer cursos de formación vastos y completos, podría pensarse en impartir cursos con una formación muy delimitada destinada a subsanar los puntos débiles más obvios en la explotación de la empresa; deberían explorarse maneras de alentar las fuentes privadas de formación, con inclusión de los microempresarios que puedan calificarse como expertos artesanos, para que participen en la aplicación de una formación de tipo modular; iv) es lógico que en condiciones de incertidumbre (por ejemplo, en el caso de las exigencias futuras en materias de calificaciones) se hagan intentos para conseguir que los sistemas de formación y sus productos sean más flexibles de lo habitual; debería reconocerse, sin embargo, que esa flexibilidad se ve comprometida con facilidad por la tendencia desmedida, tan común entre los burócratas, hacia la reglamentación, por ejemplo respecto de las calificaciones mínimas de entrada, o de las normas de formación, de las pruebas y certificaciones, o de las condiciones que ha de reunir el personal de formación del sector privado; v) a pesar de que se buscan resultados rápidos, el enfoque básico de la reforma sistémica debería consistir en tratar de obtener cambios graduales en las estructuras y procedimientos existentes; los responsables de las políticas, después de todo, pueden cometer errores, o quedar a la zaga de los nuevos acontecimientos o subestimar la resistencia hacia los enfoques que no han sido elaborados por la base; debería haber muchas oportunidades de evaluación y de hacer los ajustes necesarios; vi) es esencial convencer a los directores de formación, al personal de formación y a las demás personas interesadas de la necesidad de introducir cambios, para que participen en la formulación de otras políticas, y también es menester proporcionarles la formación y los incentivos que haga falta para garantizar la aplicación de las políticas; vii) la eficacia de la formación es directamente proporcional al grado de participación que tienen los clientes en la toma de decisiones que los afectan; por esta razón, deberían explorarse las ventajas de descentralizar la formación pública, lo cual incluye la devolución del control de los presupuestos a los directores de formación; en todo caso, las personas encargadas de aplicar los programas deberían tener un margen de maniobra y debería permitírseles, dentro de ciertos límites, que hagan experimentos, por ejemplo con el contenido y la metodología; viii) la introducción de cambios importantes, aun cuando se apliquen gradualmente, exige probablemente recursos sustanciales; en lugar de reclamar fondos gubernamentales adicionales, habría que redistribuir de otra manera los fondos existentes para aprovecharlos mejor, mientras se exploran otros medios, con inclusión de recursos externos; del mismo modo, se recomienda recurrir en lo posible a las instituciones existentes, tanto públicas como privadas, adaptadas o reagrupadas según sea necesario para alcanzar los nuevos objetivos; ix) la formación para trabajar en microempresas debería complementarse, cuando sea necesario, con servicios previos y posteriores a la formación, por ejemplo cursos de orientación profesional y sesiones de información y de preguntas para abordar problemas relacionados con los créditos, los mercados o el acceso a la tecnología; x) no debe pensarse que los programas de formación destinados a aprendices de grupos designados como desfavorecidos van a acabar con las causas originales de su situación. |
| Fuente: Fluitman (1997). |
4.1.9. Acceso al crédito
Una de las indicaciones fundamentales que se desprenden de varias encuestas de la OIT sobre el sector informal es que uno de los más importantes obstáculos con que tropiezan los microempresarios y los trabajadores por cuenta propia es la falta de financiación, exacerbada por las dificultades que les impiden el acceso al crédito institucional. Muchas instituciones internacionales y ONG han establecido programas para ampliar los préstamos pequeños a las personas de este sector. El movimiento sindical internacional ha apoyado plenamente estas iniciativas. La OIT también tiene una activa participación en este campo; en los recuadros 5 y 6 se describen proyectos de la OIT destinados a promover el acceso al crédito para las PYME y los trabajadores independientes. En el contexto de esta discusión, los participantes tal vez estimen oportuno examinar si los programas de microcrédito de la OIT pueden ajustarse, y cómo pueden hacerlo, para incorporar plena y sistemáticamente la promoción de los convenios fundamentales de la OIT, sin dejar de perseguir el objetivo primordial de contribuir a establecer PYME. Habida cuenta de que las actividades de los programas de infraestructura con alto coeficiente de mano de obra han logrado promover una amplia gama de objetivos sociales y económicos, tal vez sería conveniente que otras actividades de cooperación técnica de la OIT sigan una evolución similar. Asimismo, los participantes tal vez estimen oportuno examinar de qué manera puede integrarse mejor a los sindicatos en la gestión nacional y la supervisión internacional de estos proyectos.
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| En asociación con el Banco Central de los Estados de Africa occidental, con sede en Dakar, la OIT ha elaborado un programa global para apoyar las instituciones de microfinanciación. Los cerca de 2.500 bancos comunitarios y cooperativas de ahorro de la subregión, con más de 715.000 miembros y clientes, han recaudado 5 millones de dólares en depósitos efectuados por algunos de los miembros más pobres de la sociedad. Estos bancos comunitarios son la única fuente de servicios financieros para la mayoría de los hogares y las empresas. Aunque la magnitud del crédito es aún reducida en comparación con los préstamos bancarios, el mero volumen de las transacciones muestra que estos bancos responden a una auténtica necesidad y que merecen el apoyo de las autoridades públicas.
Uno de los puntos débiles más importantes de las instituciones de microfinanciación es su fragmentación y su dependencia de los donantes. Para hacerle frente, el programa conjunto ha contribuido a crear un banco de datos sobre microfinanciación en cada uno de los siete países miembros de la unión monetaria. Ello ha permitido a los gobiernos y a los donantes elaborar programas de formación del personal adecuados y, en particular, establecer un marco reglamentario incentivador. Además, se ha prestado asistencia a estas instituciones para, por ejemplo, establecer un sistema de auditoría interna. Estas medidas se están aplicando en otros países africanos, mostrando que en ocasiones alianzas poco corrientes, en este caso entre la OIT y un banco central, pueden revelar maneras interesantísimas de abordar cuestiones de interés clave para la OIT. |
| Fuente: OIT (1998b). |
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| En 1998 se inició un programa de acción para examinar la eficacia y la rentabilidad de los planes de microfinanciación de los programas de empleo independiente de los países industrializados. Los programas de empleo independiente son una solución intermedia entre los instrumentos del mercado laboral activo y las medidas de fomento del sector privado. El número de beneficiarios de los programas varía entre 30.000 (Irlanda) y 120.000 (Alemania) personas.
La falta de capital es un importante obstáculo para cualquiera que desee poner en marcha un negocio y en particular para los desempleados. Se estima que las necesidades medias de capital para establecerse como independiente se sitúan entre 15.000 DM (8.940 dólares de los Estados Unidos) y 20.000 (11.920 dólares de los Estados Unidos) en Alemania, 6.500 libras irlandesas (9.690 dólares de los Estados Unidos) en Irlanda, 50.000 francos franceses (8.888 dólares de los Estados Unidos) en Francia y 24.000 florines (12.690 dólares de los Estados Unidos) en los Países Bajos (tipos cambiarios correspondientes a 30 de septiembre de 1998). Estas sumas son inferiores a las que la mayoría de los grupos bancarios fijan para la autorización de créditos con fines comerciales. Los programas de empleo independiente brindan una solución a este problema, ofreciendo servicios de microfinanciación, directamente o a través de intermediarios tales como bancos y ONG financieras. Los niveles de financiación son importantes: el programa de subsidios de apoyo, en Alemania costó, sólo en 1997, 944 millones de marcos alemanes (563 millones de dólares de los Estados Unidos) y el programa ACCRE de Francia supuso en 1996 un desembolso de 1.200 millones de francos franceses (213 millones de dólares de los Estados Unidos). Siete países participan en la iniciativa (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Irlanda, Países Bajos y Reino Unido). Se han establecido grupos rectores a nivel nacional en los que participan los gobiernos, bancos, interlocutores sociales, instituciones de microfinanciación e investigadores. El programa de acción, financiado conjuntamente por varios países y fundaciones privadas, tiene por objeto informar a los responsables políticos de las ventajas e inconvenientes de diferentes programas de empleo independiente que integran componentes de microfinanciación. En 1999 se celebrará una conferencia técnica internacional de alto nivel para examinar los resultados y sentar las bases de futuros intercambios de las mejores prácticas. |
| Fuente: OIT (1998b). |
4.2.Políticas sindicales internas
4.2.1. El establecimiento de prioridades y de estrategias
de organización
La reestructuración económica de los últimos decenios ha alterado de manera notable el modo en que se organiza el trabajo, con lo cual las estrategias tradicionales de organización de los trabajadores han perdido su eficacia. Otros factores también han contribuido a la disminución constante de la proporción de trabajadores sindicados en la mayoría de los países (OIT, 1997; Olney, 1996). Lo que es evidente es que la población activa se ha diversificado más y que en este contexto es necesario reexaminar las prioridades sindicales «tradicionales» y las técnicas de organización de los trabajadores. De hecho, muchos sindicatos están tratando actualmente de ampliar la composición de sus miembros y el mandato de sus organizaciones. En este contexto, la organización de los trabajadores «atípicos» del sector formal, así como de los trabajadores asalariados y por cuenta propia del sector informal, se ha ido convirtiendo en una cuestión de política para el movimiento sindical.
Hoy en día, la realidad de una economía reestructurada y fragmentada y la individualización de las relaciones de trabajo dificultan más la tarea de obtener nuevos miembros para los sindicatos. La organización de los trabajadores no significa simplemente afiliar nuevos miembros en el lugar de trabajo y prestarles servicios. También consiste en establecer vínculos con los afiliados, con los miembros potenciales y con otros grupos de la sociedad que cada vez comparten menos un grupo de intereses comunes a fin de construir un movimiento social sólido. La organización de los trabajadores implica, pues, que los sindicatos deben concentrarse nuevamente en los trabajadores, sin tener en cuenta su situación en el empleo o su vinculación con un puesto de trabajo particular.
La organización de los trabajadores no sindicados puede constituir una decisión arriesgada porque, como se señala en el capítulo 3, requiere inversiones humanas y financieras de beneficios inciertos. Además, exige un compromiso a largo plazo y puede implicar una reevaluación de la percepción que tienen los sindicatos de su «base», así como de la manera en que operan. El movimiento sindical se enfrenta a la necesidad de llegar hasta nuevas agrupaciones sin que ello afecte su base de apoyo tradicional. Sin embargo, las limitadas experiencias examinadas en el proceso de compilar el presente documento parecen indicar que en los casos en los que los sindicatos han dado prioridad a la organización de los trabajadores atípicos y del sector informal, generalmente han obtenido resultados alentadores. Al examinar si deben destinarse más tiempo y recursos a la organización de los trabajadores del sector informal, es necesario tener en cuenta varios elementos.
En primer lugar, por ser organizaciones voluntarias y democráticas, para poder modificar su política los sindicatos deben contar con el apoyo de sus miembros, de sus dirigentes y de su personal. Los miembros deben sentir que pertenecen a la organización y que participan en el proceso de toma de decisiones. El personal debe estar motivado para aceptar los cambios. La experiencia demuestra que algunos intentos de la dirección de los sindicatos para organizar a los trabajadores no tradicionales han fracasado debido a que los miembros no tuvieron una participación suficiente en las decisiones pertinentes y, por lo tanto, no se sentían comprometidos con la modificación en la asignación de recursos que entrañaban estas decisiones. Por esta razón, es indispensable contar con el apoyo interno para desarrollar y aplicar estrategias viables destinadas a organizar a los trabajadores del sector informal.
Una manera de desarrollar el apoyo interno es aumentar la concienciación y convencer a los miembros de que el hecho de organizarse los beneficiará tanto a ellos mismos como a los demás. El compromiso de aumentar los recursos -- tanto financieros como humanos -- para organizarse sólo puede contraerse cuando se reconoce que una creciente densidad sindical mejora la posición de negociación colectiva de todos los trabajadores y fortalece la posición de los sindicatos en los ámbitos político y social. Los congresos y las convenciones sindicales suelen ser los foros apropiados para examinar la participación sindical en la organización de los trabajadores del sector informal y las decisiones adoptadas a este nivel constituyen normalmente una condición previa para las acciones ulteriores y la reorientación de los programas dentro de la estructura sindical.
Una reciente encuesta de la OIT-CIOSL reveló que en la actualidad aproximadamente una quinta parte de los sindicatos consultados y una cuarta parte de los centros nacionales no centran sus esfuerzos de movilización en ningún tipo de trabajadores atípicos o del sector informal. Sin embargo, otros sindicatos señalan que tienen planes para hacerlo, pues reconocen que esos trabajadores son demasiado numerosos para no ocuparse de ellos (OIT, 1999b). Los sindicatos que llevan a cabo en la actualidad campañas de organización las realizan principalmente entre los siguientes grupos de trabajadores atípicos (clasificados por orden decreciente según el número total de sindicatos y de centros nacionales que indicaron que despliegan actividades de organización): los trabajadores temporales, los aprendices y pasantes, los trabajadores en régimen de tiempo parcial, los trabajadores en régimen de subcontratación, los trabajadores ocasionales, los trabajadores independientes, los trabajadores a domicilio, los teletrabajadores y los trabajadores del sector informal. En la misma encuesta se indicó que las estrategias de organización destinadas a los trabajadores atípicos todavía no constituyen una alta prioridad. Los sindicatos parecen estimar que, en lugar de organizar a tales trabajadores, deberían proporcionarles orientación, formación y otros apoyos para aumentar la capacidad de los trabajadores para organizarse por sí mismos, y que una vez que se alcance este objetivo deberían establecer alianzas con ellos.
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| El sector informal ha sido reconocido de manera concreta por la Unión Democrática de Trabajadores del Senegal (UDTS). Desde 1998, este sector ha estado representado en el centro nacional por una federación autónoma, la Federación de Trabajadores Informales y Rurales (FETRI). La creación de la FETRI constituye la conclusión de un largo proceso en la evolución del sector informal en la UDTS, que se inició en 1994. Hoy en día, la FETRI cuenta con 3.500 miembros y simpatizantes, principalmente mujeres.
La FETRI lleva a cabo varias actividades, tales como la venta de pescado y legumbres en los mercados, comercio minorista, servicios de lavandería, transformación de productos, horticultura, cría de ganado y prestación de servicios domésticos y de educación básica a sus miembros. El apoyo sindical al sector informal se basa en la prestación de servicios en los siguientes ámbitos: información, educación y sensibilización sobre planificación familiar y cuestiones sindicales; formación (alfabetización, gestión económica, aprendizaje de un oficio); la promoción socioeconómica (acceso a créditos y a la prioridad, facilidades de producción y facilidades para la conservación y el transporte de sus productos), y la defensa de los intereses materiales y morales de sus miembros. Durante la tarea de organización de las trabajadoras del sector informal la UDTS ha llevado a cabo un interesante experimento con un grupo de mujeres en Mbour (a unos 100 kilómetros de Dakar). Con ayuda de la UDTS, se organizaron ellas mismas en grupos de 30 a 40 mujeres y pusieron en un fondo común los pocos ahorros de que disponían a fin de comprar materia prima en cantidades más grandes. También han conseguido que las autoridades de la aldea les ceda un terreno en el que puedan construir un pequeño taller para fabricar manufacturas y vender sus productos. |
| Fuente: WCL (1998b, c y d). |
La organización de los trabajadores puede suponer cambios en la manera en que funcionan los sindicatos. Algunos sindicatos han creado estructuras especiales con responsabilidad para movilizar y organizar a los trabajadores atípicos. Los sindicatos de Benin han establecido secretarías para el sector informal. En Colombia, la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) ha creado una secretaría para los trabajadores independientes. En Ghana, la Asociación Nacional de Aserradores, que fue organizada por el Sindicato de trabajadores de industrias de la madera y de carpinteros, emplea a tiempo completo a un funcionario responsable del sector informal.
Una cuestión muy relacionada con este tema es qué modelo de sindicalismo, si lo hay, se ajusta mejor a la organización del sector informal. El «modelo de servicios» del sindicalismo se basa en una relación «transaccional» entre la burocracia sindical y sus miembros. Estos pagan cotizaciones al sindicato a cambio de la prestación de servicios. La pertenencia y la lealtad continuas dependen de la prestación de servicios satisfactorios. En los países más desarrollados, los sindicatos generalmente tienden a recalcar la necesidad de prestar servicios especiales a los trabajadores del sector informal, sobre todo a las trabajadoras, como una estrategia de afiliación. Uno de los problemas de este modelo, sobre todo cuando se utiliza para afiliar distintos tipos de mano de obra del sector informal, es que los sindicatos pueden no contar nunca con suficiente personal para atender a las necesidades y las demandas de todos los miembros.
El otro modelo es el «basado en la organización». Este modelo parte de la premisa de que la potenciación de los trabajadores les permitirá encontrar soluciones a sus problemas. En este modelo, pues, se hace hincapié en la acción colectiva. La afiliación de nuevos miembros normalmente se lleva a cabo mediante el establecimiento de contactos entre los miembros y sus compañeros de trabajo, más que a través de enlaces sindicales. Esto no significa que los sindicatos dejen de prestar servicios. Por el contrario, siguen garantizando los servicios esenciales, tales como asesoramiento en materia de indemnización, suministro de mejores prestaciones y defensa de nuevas prestaciones sociales, incluso mediante la realización de investigaciones y de negociaciones. Sin embargo, este modelo dedica una atención particular a la movilización de todos los activistas para que se hagan cargo de organizar a sus colegas y hace hincapié en una metodología distinta para alcanzar los objetivos sindicales. Esto implica el fomento de una participación activa de los miembros en las campañas y otras formas de acción sindical. Este enfoque implica que el sindicato debe preguntar a todos los miembros cómo pueden alcanzar por sí solos estos objetivos, en vez de permanecer pasivos y dejar todas las actividades en manos de los dirigentes sindicales. En el recuadro 8 se resumen algunas de las características principales de los dos modelos. Algunos sindicatos de los Estados Unidos, Australia y Nueva Zelandia han recurrido más al modelo basado en la organización que al modelo de prestación de servicios para llegar hasta los trabajadores no organizados. Otros sindicatos pueden utilizar este concepto para actividades específicas o para sectores particulares de la economía. Por ejemplo, los afiliados de la CIOSL-APRO de Bangladesh han establecido una campaña de «trabajador a trabajador» para reclutar a las trabajadoras, que ha tenido éxito debido a que cada miembro del sindicato se responsabiliza de reclutar a un nuevo miembro.
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| Se considera al sindicato como una entidad externa, como la tercera parte en una relación | La campaña para sindicar a los trabajadores en el lugar de trabajo está a cargo de los miembros |
| Los dirigentes sindicales explican a los miembros de qué manera el «sindicato» resolverá sus problemas | Los propios miembros determinan sus problemas y se organizan para resolverlos juntos |
| Depende del empleador para proporcionar listas con los nombres de los trabajadores a los dirigentes sindicales | El lugar de trabajo y las actitudes del personal son fundamentales -- los trabajadores proporcionan los nombres y la información |
| Depende por completo de los empleadores para acceder al lugar de trabajo | La organización inicial puede hacerse fuera del trabajo, en los hogares de los trabajadores, etc. |
| Los organizadores promueven insistentemente la afiliación al margen de todo objetivo inmediato | Los primeros pasos en la afiliación sirven para establecer contactos, buscar a las personas con dotes de dirigentes y detectar los problemas |
| El sindicato basa su promoción en los servicios que presta y en la protección del seguro | Se potencia a los trabajadores para que encuentren sus propias soluciones proporcionando educación y apoyo |
| Se cuenta con sindicalistas que se dedican a tiempo completo a las tareas de afiliación y a la solución de problemas | Se forma un comité de organización en el lugar de trabajo; se alienta a los trabajadores para que creen un sindicato mediante el establecimiento de contactos entre los propios trabajadores |
| El objetivo principal es obtener nuevos miembros -- «sin mayor compromiso» -- y no hacer una labor de organización | La afiliación y la organización están integradas |
| Se obtienen resultados, pero probablemente de corta duración | Los resultados se obtienen a través de esfuerzos sostenidos por lo que es más probable que sean permanentes |
| Los trabajadores culpan «al sindicato» cuando no pueden obtener resultados | Los miembros comparten la toma de decisiones y resuelven los problemas junto con los dirigentes sindicales |
| A los afiliadores no les agrada que los miembros no asistan a las reuniones o que no participen en ellas. Los miembros se quejan de que pagan su cotización sindical y el sindicato no hace nada | Los miembros se identifican con el sindicato y contribuyen a sus actividades. Todo ataque contra el sindicato se considera un ataque contra sus personas |
| La dirección actúa -- el sindicato reacciona, siempre a la defensiva | El sindicato tiene sus propios objetivos, los miembros participan, la dirección permanece al margen, su imagen es positiva, es voluntarista |
| Fuente: TUTA (1996, pág. 9). | |
No existe una fórmula única o simple de éxito y, de hecho, en el mundo real no hay dos modelos distintos de sindicalismo. Más bien hay toda una gama de enfoques, y en los dos extremos se hallan el modelo de prestación de servicios y el modelo basado en la labor de organización. Ninguno de los elementos del modelo basado en la organización es nuevo para los sindicatos. Sin embargo, todos estos elementos juntos permiten trabajar para obtener un enfoque sistemático en la organización de una fuerza de trabajo variada y dispersa mediante un proceso a partir de la base.
Huelga decir que los objetivos, los destinatarios y la estrategia de las campañas de organización sólo pueden definirse en un contexto nacional o local, pues los dirigentes sindicales correspondientes tienen la información y la experiencia específicas necesarias en ese contexto para elegir las opciones adecuadas. Los participantes de la reunión tal vez deseen compartir con los demás sus experiencias y opiniones acerca de las estrategias generales antes mencionadas.
4.2.2.Formalización del acceso y la afiliación
En muchos países todavía hay barreras jurídicas que impiden que los trabajadores atípicos se afilien a los sindicatos. La encuesta de la OIT-CIOSL demuestra que en los últimos años unos 25 sindicatos y 21 centros nacionales cambiaron sus estatutos o estructuras internas para dar cabida a los trabajadores atípicos; estas nuevas iniciativas deberían considerarse como medios para lograr que los trabajadores rurales y los trabajadores del sector informal entren a formar parte del ámbito de las organizaciones sindicales (OIT, 1999b). Las enmiendas constitucionales abarcan no sólo el derecho de afiliación, de participación en equipos de negociación y de cobertura de los acuerdos colectivos, sino también en muchos casos la prestación de servicios especiales para tales trabajadores, lo cual incluye la prestación de ayuda para que regularicen su condición en el empleo. Los sindicatos también ofrecen servicios sociales, tales como seguro médico, cajas de seguro de salud, prestaciones de desempleo, cooperativas y asistencia para hacer trámites con las autoridades gubernamentales, tales como la obtención de licencias, subvenciones y puestos en el mercado (en el caso de los trabajadores del sector informal). Sin embargo, como se señala en el capítulo 2, aun cuando un sindicato modifica sus estatutos para dar cabida a los trabajadores atípicos, puede ocurrir que en el código de trabajo no se les reconozcan facultades para quedar cubiertos por convenios colectivos. Por esta razón, toda posible decisión de introducir cambios en las estructuras internas del sindicato y en la asignación de recursos debe coordinarse con campañas sindicales dirigidas a obtener una reforma gubernamental de la legislación laboral o, al menos, a ampliar el ámbito de cobertura.
Si los sindicatos deciden enmendar sus constituciones o estatutos, a fin de incluir entre sus miembros a los trabajadores del sector informal, la interpretación del término «base sindical» debe ampliarse para incluir a una vasta gama de trabajadores, independientemente de su situación en el empleo. La ampliación de la base orgánica del sindicato mediante una diversificación de sus miembros puede considerarse ciertamente como un objetivo a mediano plazo. Sin embargo, a corto plazo, los sindicatos tal vez deseen ayudar a los trabajadores del sector informal a crear sus propias asociaciones de tipo sindical y establecer relaciones más estrechas con estas asociaciones. Este tipo de iniciativa puede ser útil para desarrollar la confianza mutua y reducir, así, la renuencia de estos trabajadores a afiliarse a los sindicatos existentes.
Esto nos lleva a dos importantes consideraciones. En primer lugar, los sindicatos tienen que examinar sobre qué base tratarán de integrar a los trabajadores del sector informal en las estructuras sindicales existentes. Si estos trabajadores se afilian a los sindicatos existentes o si establecen nuevos sindicatos que están formalmente afiliados a la estructura sindical nacional existente, deberían estar en capacidad de desempeñar un papel en la estructura administrativa de los sindicatos en pie de igualdad con los demás miembros. Además, si establecen organizaciones nuevas que no están formalmente afiliadas a los centros sindicales nacionales, los sindicatos existentes también podrían considerar la posibilidad de la participación de los dirigentes de los grupos informales en las discusiones acerca de las prioridades y estrategias, a fin de fortalecer los vínculos entre los sindicatos y las agrupaciones de los sectores informales.
En la actualidad hay cuatro asociaciones del sector informal afiliadas a este Sindicato. Se trata de:
1) la Asociación Nacional de Aserradores (NSA), que reúne a cortadores de madera con sierra eléctrica, leñadores y carboneros. Cuenta con 12.000 miembros repartidos en seis regiones, principalmente en el sur del país;
2) la Asociación de Carpinteros en Pequeña Escala, que desde 1993 ha organizado a 30.000 trabajadores y se encuentra implantada principalmente en Kumasi y Accra. La Asociación se compone de los distintos oficios de la carpintería y de la ebanistería;
3) la Asociación de Propietarios de Máquinas para Trabajar la Madera, que se afilió al TWU en 1993 y cuenta hoy en día con 3.000 trabajadores;
4) la Asociación de Trabajadores del Mimbre y el Roten que se compone de abastecedores y tejedores del sector. Las actividades de organización se iniciaron en 1996 y hasta el momento se han afiliado alrededor de 1.000 trabajadores.
Las asociaciones del sector informal están plenamente representadas en las estructuras del TWU y sus necesidades son atendidas por personal asalariado a tiempo completo reclutado entre los trabajadores del sector informal de la madera.
El TWU ha obtenido que se conceda a las asociaciones la calidad de instituciones, lo cual les permite recaudar un impuesto de sus miembros sobre una base mensual en virtud del Servicio Interno de Impuestos (IRS). El monto de los impuestos de los miembros lo negocia el TWU con las asambleas de distrito y con el IRS. Después de la sindicación de los trabajadores del sector informal, las instituciones nacionales que se ocupan de las cuestiones relativas a la industria de la madera han incluido a los sindicatos en las consultas sobre las cuestiones pertinentes. Este es el caso, por ejemplo, de la Junta de Desarrollo de las Exportaciones de Madera (TEDB) y del Ministerio de Tierras y Silvicultura.
El TWU interviene para dirimir los casos relativos a los miembros fuera de los tribunales. También ha estado impartiendo a sus miembros del sector informal actividades de educación y formación en materia de salud y seguridad, cultivo de árboles, tala, técnicas de cosecha y extracción, reglamentación en materia de silvicultura, comercialización y gestión de empresas. El Sindicato de trabajadores de industrias de la madera y de carpinteros de Ghana (TWU) empezó una labor de organización en el sector informal en 1988, tras la adopción de una resolución por su conferencia cuadrienal para organizar a los trabajadores independientes del sector de la madera. Se introdujeron los cambios necesarios en la constitución del TWU en 1991 durante el Congreso Nacional.
En segundo lugar, las cotizaciones que han de pagar los miembros pueden en algunos casos impedir que los trabajadores del sector informal se afilien a un sindicato. En este caso, también pueden encontrarse otras soluciones. Por ejemplo, algunos sindicatos han aceptado establecer una cotización más baja para los trabajadores del sector informal. Otros, por ejemplo en Filipinas, ofrecen períodos de «gracia» de hasta un año a fin de que las cotizaciones no hagan prohibitiva la afiliación de nuevos miembros. Está claro que en ambos casos es fundamental que los miembros existentes acepten estas decisiones.
4.2.3. Establecimiento de alianzas y sindicalismo comunitario
La naturaleza de la fuerza de trabajo del sector informal hace difícil la labor de los sindicatos. Aunque desde afuera el sector informal se considera «no organizado», tiene sus propias reglas, en las que los vínculos étnicos, familiares y de parentesco son más importantes que la solidaridad de la clase trabajadora. Los trabajadores del sector informal muy a menudo están preocupados por los problemas cotidianos y no están necesariamente interesados en unirse a protestas colectivas o participar en acciones sindicales porque no ven cómo dichas acciones o su afiliación a un sindicato pueden ayudarles a resolver los problemas prácticos y muy básicos a que se enfrentan. No obstante, estas barreras a veces pueden ser exageradas. Por ejemplo, en el pasado, los sindicatos a menudo daban por sentado que la incompatibilidad de las responsabilidades familiares y las barreras culturales o religiosas impedirían a las mujeres participar plenamente en actividades sindicales. Sin embargo, puestas a prueba estas ideas preconcebidas no siempre han resultado ser válidas. Otras barreras posibles han demostrado ser más rígidas. Por ejemplo, las asociaciones de trabajadores del sector informal, cuando existen, no desean necesariamente colaborar con los sindicatos tradicionales. Los esfuerzos por establecer una colaboración y participación más estrecha con los sindicatos resultan más difíciles por el hecho de que los métodos de organización tradicionales a nivel de taller son generalmente inapropiados para el sector informal, donde los trabajadores están dispersos y es difícil identificar a los empleadores.
En consecuencia, la primera medida y quizás la más difícil para los sindicatos es establecer contacto con los trabajadores del sector informal. En la práctica, ello significa ir a su encuentro, lo que no siempre es fácil. Una estrategia cada vez más importante que debería fomentarse es seguir el rastro de los afiliados, ya que es muy probable que en los mercados de trabajo de hoy en día cambien de tarea, empleo, situación o lugar de trabajo o estén desempleados varias veces durante su vida laboral. En muchos casos, los miembros de sindicatos que están empleados en el sector formal, pero tienen parientes en el sector informal, pueden servir de «puente» entre los sindicatos y los trabajadores de que se trate. A veces, los afiliados que se han visto obligados a dejar el sector formal para ocupar un empleo en el sector informal también pueden servir de enlace posible con los trabajadores de este último sector. Una estrategia que ha demostrado tener éxito a la hora de entrar en contacto con los trabajadores del sector informal consiste en establecer vínculos con asociaciones artesanales de este sector ya establecidas.
Cuando se impide el acceso al lugar de trabajo o éste no se conoce, como en el caso de los trabajadores a domicilio o los trabajadores domésticos, un enfoque «comunitario» puede ser la solución. Para ello, hay que trabajar intensamente en ciertas comunidades y, en particular, establecer vínculos con las organizaciones comunitarias y recurrir a trabajadores del sindicato que ya mantienen contactos estrechos con la comunidad (véase el recuadro 10 para más información sobre cómo se ha utilizado este enfoque en las zonas francas industriales).
Históricamente, el movimiento sindical siempre ha tratado de establecer alianzas para defender sus causas. El establecimiento de coaliciones con organizaciones y movimientos de ideas afines ha sido uno de los ejes centrales de la estrategia socioeconómica del movimiento sindical. A medida que los sindicatos se ocupan cada vez más de cuestiones sociales tales como la protección del medio ambiente, el racismo, la discriminación, el trabajo infantil, la esclavitud o la situación de los trabajadores migrantes, y a medida que aparecen más ONG, el establecimiento de alianzas adquiere una importancia incluso mayor.
Los criterios para establecer alianzas varían considerablemente de un lugar a otro. No obstante, cada vez resulta más obvio para muchos sindicatos que hay que estrechar los lazos entre el movimiento laboral y la comunidad en torno a campañas «para sindicar a quienes no están sindicados» por medio de movilizaciones sobre cuestiones sociales. Como cualquier otra actividad sindical, las alianzas deben basarse en objetivos claros y en una estrategia bien planificada. Todas las partes involucradas deben sentir que saldrán beneficiadas si participan y que sus intereses se tienen plenamente en cuenta. Las alianzas más comunes son aquellas basadas en cuestiones específicas. Los grupos de mujeres son a menudo muy activos en la lucha por los derechos humanos y no temen participar en manifestaciones u organizar huelgas, y, por lo tanto, son un aliado potencial importante para los sindicatos. Por ejemplo, el Sindicato de Trabajadores del Instituto Nacional de Electricidad (STINDE) de Guatemala trabajó con éxito con grupos de mujeres para presentar al Parlamento un proyecto de ley sobre acoso sexual. En Ghana, se ha llevado a cabo una iniciativa conjunta entre sindicatos y ONG sobre la ley de sucesión intestada, destinada a proteger los derechos de las mujeres y garantizarles una parte de la herencia de sus maridos. En Benin, los sindicatos presentaron sus apreciaciones sobre el proyecto de ley de la familia y el código de las personas, y organizaron un seminario y sesiones informativas para hacer ver al público la importancia de la cuestión. En la Argentina, la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) ha estado colaborando con universidades, otros sindicatos, partidos políticos, ONG y el poder legislativo para formar a mujeres en la carrera política. En Burkina Faso, los sindicatos se han unido con ONG y grupos comunitarios locales para luchar contra los delitos impunes, tras los asesinatos de un periodista y un empleado próximos al Gobierno. Las alianzas basadas en acontecimientos también son comunes, por ejemplo las del 1.º de mayo.
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| Hay más de 2.000 zonas francas industriales (ZFI) que emplean actualmente a unos 27 millones de personas en todo el mundo. Entre el 60 y el 90 por ciento de estos trabajadores son mujeres, a menudo jóvenes que trabajan por primera vez. Aunque hay muy pocos países que restringen oficialmente la actividad sindical en las ZFI, la realidad es que la mayoría de las ZFI no cuentan con presencia sindical. Dichas zonas a menudo tienen un sistema de relaciones laborales no estructurado. Esto significa que la mayoría de las empresas de las zonas no cuentan con procedimientos de consulta, negociación o solución de conflictos. Al mismo tiempo, las empresas en estas zonas se ven obligadas a trabajar de forma más intensa y durante más tiempo para hacer frente a una competencia internacional cada vez más fuerte. La intensidad de la producción, la duración de los equipos y las modalidades y condiciones de trabajo son a menudo fuente de desacuerdo entre la mano de obra y la dirección, y debido a la ausencia de organizaciones de trabajadores y vías de negociación, dichos desacuerdos a menudo dan lugar a conflictos y confrontaciones abiertas. Un número cada vez mayor de empresas y autoridades de estas zonas se están dando cuenta de la importancia de disponer relaciones laborales estables y están tratando de establecer sistemas de consulta, negociación y solución de conflictos. No obstante, uno de los requisitos previos para poder establecer dichos sistemas es la presencia de sindicatos bien organizados.
Los sindicatos se enfrentan a dos tipos de problemas a la hora de organizar a los trabajadores de las zonas. El primero de ellos tiene que ver con la falta de acceso a las ZFI. Las zonas son territorios aduaneros especiales y por esa razón a menudo están vallados y vigilados. Ello hace que sea incluso más difícil para los afiliadores acceder a los trabajadores en sus puestos de trabajo. El segundo tipo de problema tiene que ver con la respuesta de los propios trabajadores a las propuestas de los afiliadores. A fin de resolver el problema del acceso, los sindicatos han adoptado un enfoque sindical basado en la comunidad. Los trabajadores de las ZFI generalmente se concentran en áreas de gran densidad, de manera que los sindicatos, junto con las ONG y los grupos religiosos, han establecido centros que proporcionan asesoría, orientación y servicios de formación a los trabajadores. Las actividades varían desde los consejos sobre los derechos de los trabajadores en materia de legislación laboral hasta el asesoramiento sobre acoso sexual o violencia en el trabajo o el desarrollo de conocimientos prácticos. En la República Dominicana, el sindicato de la zona denominado Fenatrazona estableció comités femeninos barriales de zonas francas. Estos comités de distrito para mujeres engloban a mujeres sindicadas y no sindicadas con objeto de poner de relieve la importancia de las condiciones de trabajo. Para 1997, funcionaban cuatro comités. Estos comités podrían servir de plataformas para futuras organizaciones sindicales. En agosto de 1996, en la República Dominicana, la Cipaf y la oficina regional de Oxfam (RU) iniciaron una campaña titulada «Trabajo sí pero con dignidad», destinada a despertar la toma de conciencia sobre las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores en las ZFI. Su objetivo consistía también en sensibilizar al público y a los empleadores sobre la necesidad de establecer códigos de conducta sobre relaciones laborales. El Congreso de Sindicatos de Filipinas (TUCP) inició una campaña para organizar a los trabajadores de las ZFI en 1997. Los afiliadores van de puerta en puerta en la comunidad y también proporcionan información sobre los derechos de los trabajadores, la seguridad y salud y las cuestiones relacionadas con las diferencias de sexo. El segundo problema tiene que ver con la actitud o la toma de conciencia. Los sindicatos han descubierto a veces que los trabajadores de las zonas son renuentes incluso a asistir a una reunión sindical y aún más a afiliarse. La razón puede deberse al miedo a ser tratados injustamente por el empleador o las autoridades, a la falta de confianza y seguridad en sí mismos, o a la doble tarea que muchas trabajadoras tienen que realizar todos los días, una en el trabajo y la otra en casa. A las trabajadoras a menudo les resulta difícil encontrar tiempo para asistir a reuniones sindicales, especialmente si se celebran por la noche o durante los fines de semana, ya que entonces tienen que atender sus responsabilidades domésticas. Para tratar de subsanar estas dificultades, algunos sindicatos han establecido secciones especiales femeninas para organizar a las trabajadoras. Estos sindicatos utilizan a afiliadoras para organizar a las mujeres y celebran reuniones en el momento y lugar más convenientes. Un enfoque acertado adoptado en Filipinas ha sido ayudar a las trabajadoras en sus tareas domésticas a fin de liberarlas para que puedan participar en otras actividades, como el trabajo sindical. Entre tales iniciativas cabe destacar el establecimiento de cooperativas para proporcionar vivienda, transporte, abastecimiento al por mayor de productos esenciales y asistencia infantil. Asimismo, los sindicatos han comprobado que las trabajadoras (las cuales pueden enfrentarse a una discriminación importante en el acceso a la educación y la formación) valoran de manera muy positiva las actividades educativas y de formación. Estas actividades aumentan su confianza y las oportunidades de empleo y mejoran su capacidad para organizarse. |
| Fuente: van Heerden (OIT, de próxima aparición). |
Aunque las alianzas entre los sindicatos y los grupos comunitarios se establecen por lo general en torno a cuestiones específicas, también pueden dar como resultado relaciones más continuadas cuando se superponen diversos objetivos o intereses. En los Estados Unidos y el Canadá, este tipo de alianzas ha dado lugar a una nueva forma de sindicalismo llamado «sindicalismo comunitario», al que se hace referencia anteriormente en este capítulo. La razón de ser del «sindicalismo comunitario» parte de la base de que se reconoce que los sindicatos no pueden funcionar de manera aislada, sino que deben incluir a las organizaciones comunitarias en sus luchas. Las organizaciones comunitarias involucradas se componen de grupos de asesoramiento, como grupos de derechos civiles o de derechos de minorías, organizaciones religiosas, grupos medioambientales y organizaciones de derechos de mujeres y de personas de edad avanzada. Una de las ventajas del sindicalismo comunitario es que crea un sentimiento de solidaridad entre trabajadores sindicados y no sindicados en lo que respecta a objetivos comunitarios. En ese sentido, los trabajadores no sindicados pueden aumentar su confianza en los esfuerzos organizadores de los sindicatos.
Cuando se establecen alianzas, debería prestarse atención especial a movilizar a otros sindicatos en torno a causas de interés común. En muchos países en desarrollo, la existencia de un gran número de sindicatos es a menudo un verdadero obstáculo para el progreso de las causas sindicales. No obstante, se ha comprobado que la cooperación y coordinación entre sindicatos diferentes, en especial en lo que respecta a causas de justicia y dignidad de los trabajadores, pueden movilizar más recursos (humanos y financieros) y evitar una duplicación innecesaria de esfuerzos. Tal colaboración contribuye asimismo a construir una mayor solidaridad entre los trabajadores en la sociedad.
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| Desde la primavera de 1941 ningún sindicato en los Estados Unidos ha sido capaz de sindicar a tal cantidad de trabajadores como lo hizo el Sindicato Internacional de los Empleados de Servicios (SEIU) con los trabajadores de atención domiciliaria del condado de Los Angeles. Estos trabajadores prestan atención a personas de edad avanzada y discapacitadas del condado, son contratados individualmente por el cliente y perciben del condado el salario mínimo. Esto significa que los trabajadores normalmente no se conocen entre ellos y tienen pocas oportunidades o ninguna de organizarse con objeto de defender sus derechos. Ha sido un reto importante para el SEIU planificar la sindicación de 75.000 trabajadores, distribuidos en 75.000 lugares de trabajo y empleados por casi 75.000 empleadores.
Durante los últimos 12 años, el SEIU logró entrar en contacto con esos trabajadores haciendo causa común con sus clientes. Cuando se inició la campaña de sindicación, el SEIU obtuvo el apoyo del movimiento de discapacitados y ambos alcanzaron acuerdos en materia de medidas de salvaguardia de los derechos de los clientes (contratación y despedido), aceptación de una cláusula de no declaración de huelgas y búsqueda conjunta de mejores programas de formación para los trabajadores. Todas estas medidas beneficiaron en última instancia tanto a los clientes como a los trabajadores. En virtud de esta alianza y a través de medidas de asesoramiento político, el SEIU obtuvo del Estado el permiso para que los condados estableciesen agencias que, actuando como empleadores, pudieran supervisar la formación, mantener registros y negociar colectivamente con los trabajadores. Para alcanzar este resultado, y ante la falta tanto de un registro central como de un lugar de trabajo común, el SEIU debía ponerse en contacto de manera individual con los trabajadores de atención domiciliaria; para ello, contrató a 22 trabajadores de su personal a tiempo completo y a otros 75 miembros procedentes de secciones vecinas o de otros sindicatos. Su tarea consistía en ponerse en contacto con los trabajadores mediante una campaña realizada de puerta a puerta. Entre marzo y noviembre de 1998 se contactó a más de 3.000 trabajadores de atención domiciliaria, un tercio de los cuales se afilió al sindicato. En la actualidad, el objetivo del SEIU es obtener un acuerdo con las autoridades estatales sobre el establecimiento de un registro, la organización de un programa de formación para los trabajadores y el aumento de la escala de remuneración por encima del salario mínimo, tarifa utilizada en la actualidad. De los 475.000 trabajadores que se afiliaron a los sindicatos de los Estados Unidos en 1998, el 13,5 por ciento se afilió al SEIU, sindicato que espera recibir 150.000 nuevas afiliaciones en 1999. |
| Fuente: LA Weekly: «Powerlines», 26 de febrero - 4 de marzo de 1999. |
Los participantes quizás deseen debatir si el establecimiento de alianzas con ONG, grupos religiosos o de otra índole es un componente viable y eficaz de la campaña general para organizar y mejorar las condiciones de los trabajadores del sector informal. Cabe preguntarse también qué tipos de grupos y cuestiones ofrecen las mejores perspectivas para establecer alianzas.
4.2.4. Diferencias entre sexos
En las zonas más pobres del mundo, las mujeres no trabajan en lugares organizados, sino en emplazamientos y ocupaciones que están exentos u ocultos de las inspecciones de trabajo y la legislación laboral. Esto significa que debe tomarse conciencia de las diferencias de trato por razón de sexo cuando se desarrollen estrategias para mejorar las condiciones a las que se enfrentan los trabajadores del sector informal. Como se ha indicado en otros estudios: una lección importante a tener en cuenta cuando se trata de sindicar es que, de la misma manera que el trabajo de las mujeres en el sector informal y en empleos ocasionales en general difiere del trabajo del sector formal, su situación exige un tipo de sindicación más integral. Esas mujeres conciben sus vidas en sus hogares, en sus lugares de trabajo y en sus comunidades como un todo integral. A fin de que la sindicación tenga éxito y los sindicatos sean más pertinentes para las mujeres en general, debe tenerse en cuenta este requisito fundamental (Martens y Mitter, 1994).
Otra estrategia que ha demostrado su eficacia a la hora de movilizar a las mujeres pobres, en especial en las zonas rurales, es vincular las actividades económicas cooperativas con el sindicalismo. La gran ventaja de afiliarse a una organización cooperativa asociada a un sindicato es que la trabajadora ocasional comienza a percibirse a sí misma de forma gradual como una verdadera trabajadora con derechos similares a los que el Estado ofrece a los trabajadores del sector organizado (ibíd.). Además, las cooperativas por lo general persiguen al mismo tiempo objetivos económicos y sociales. La formación en cuestiones de salud, la planificación familiar, los servicios especiales para el cuidado de los niños y los cursos de alfabetización se organizan a menudo en torno a las cooperativas. Estas han demostrado ser eficaces para potenciar la autonomía de las mujeres y hacerles ver la importancia de los beneficios resultantes de la sindicación.
Lo que ha demostrado ser eficaz para acercarse a las mujeres es la celebración de acontecimientos periódicos, tales como reuniones de pequeños grupos de estudio, debates, seminarios y sesiones de formación, en horas y lugares convenientes para ellas, por ejemplo los domingos. Solicitar las opiniones de las mujeres y escuchar sus preocupaciones en foros donde pueden expresarse parece ser una estrategia más efectiva que simplemente informarlas de sus derechos.
Estos factores deberían influir en la elección de las técnicas de educación que se utilicen cuando se trate de los trabajadores del sector informal. Un método didáctico que ha demostrado tener éxito son los círculos de estudio. En Benin, el uso de este método en un proyecto en vigor en el que participan dos centros nacionales -- la Confederación de Sindicatos Autónomos (CSA) y la Confederación Nacional de Sindicatos de Trabajadores de Benin (UNSTB) -- ha permitido a los trabajadores del sector informal adquirir capacidades sobre la organización de sesiones y reuniones de formación. Este método ha contribuido a reforzar el respeto mutuo, el diálogo y la unidad entre los trabajadores.
En algunos casos, se han creado estructuras especiales encargadas de la formación y educación de los trabajadores del sector informal. En la India, la Asociación de Mujeres Trabajadoras por Cuenta Propia (SEWA) ha establecido una academia con este fin. La academia tiene por objeto fortalecer la capacidad de liderazgo y la autosuficiencia de las mujeres. Los programas abarcan actividades de adiestramiento sobre funciones directivas, la organización de grupos y el aumento de la capacidad de adopción de medidas normativas y de gestión de agrupaciones de productoras y cooperativas. Cerca de 600 mujeres reciben formación cada año. Los cursos de alfabetización y educación básica se organizan previa solicitud. Entre los métodos didácticos cabe destacar las ilustraciones, juegos, vídeos y demás herramientas de formación. En general, se ha comprobado que los métodos no tradicionales, tales como el teatro, las canciones y las danzas, son instrumentos de comunicación importantes de los programas educativos destinados a las mujeres (véase el recuadro 12 para obtener otros ejemplos de este enfoque).
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| Desde 1989 hasta 1997, la UITA organizó un proyecto de educación junto con la FITPAS y la OIT para aumentar la participación de las trabajadoras rurales en los sindicatos afiliados de cuatro países africanos (Ghana, Uganda, Zambia y Zimbabwe). El programa de educación se inició cuando la FITPAS prestó atención a la ausencia total de mujeres en puestos de dirección y a su baja participación en las actividades sindicales. Esta situación era un problema particularmente grave, ya que las mujeres representan el 80 por ciento aproximadamente de la fuerza laboral agrícola en Africa.
Un enfoque importante e innovador fue el uso de canciones, representaciones teatrales y juegos simbólicos para informar a los trabajadores rurales (hombres y mujeres) acerca de los sindicatos y las cuestiones relacionadas con los sexos. El trabajo en grupos en los seminarios incluía actuaciones sobre temas específicos, como las políticas de ajuste estructural. Las actuaciones se grababan en vídeo y se utilizaban como forma de autoanálisis y desarrollo. Los grupos teatrales se establecieron para permitir a los trabajadores explorar cuestiones tales como los derechos de las mujeres, las legislaciones laborales, la seguridad y la salud, y los peligros medioambientales. La evaluación del proyecto fue muy positiva en lo que respecta a las repercusiones de las representaciones teatrales, las canciones y los juegos simbólicos, que se consideró que habían aumentado la participación y la eficacia en relación con los costos del proyecto. Además, contribuyeron a que las mujeres participasen de manera más activa y abierta en las discusiones sobre asuntos sindicales internos, la tramitación de quejas y la contratación. Al final del proyecto, la afiliación femenina había aumentado en todos los sindicatos involucrados, al igual que el número de mujeres que ocupan cargos. Las cuestiones relativas a las mujeres también se habían incluido en los convenios colectivos, aunque en un grado modesto. |
| Fuente: OIT (1999b). |
En la encuesta realizada por la OIT-CIOSL se analizaron los niveles de afiliación sindical y se comprobó que las mujeres constituían la mayor parte de los nuevos afiliados (OIT, 1999b). Aunque las razones de este fenómeno varían desde las campañas de contratación específicas hasta la protección que las mujeres consideran necesaria, algunos sindicatos han sabido responder mejor a las preocupaciones y prioridades de las mujeres que otros. No obstante, las mujeres continúan estando subrepresentadas en la afiliación total de los sindicatos.
Entre las razones que impiden a las mujeres afiliarse a los sindicatos, en la encuesta mencionada anteriormente se subrayaron los siguientes factores (en orden de importancia decreciente): la falta de comprensión sobre la manera en que los sindicatos pueden ayudarlas; el temor a represalias por parte de los empleadores; la incompatibilidad con las responsabilidades familiares; la dominación masculina de la cultura/actividad sindical; la falta de confianza para afiliarse a los sindicatos; las normas y limitaciones religiosas y culturales; la falta de sensibilidad de los sindicatos hacia las necesidades especiales de las trabajadoras; el predominio de las mujeres en trabajos atípicos y, por lo tanto, la dificultad de llegar a ellas; las objeciones de sus maridos o familias; los problemas relacionados con las tasas de afiliación; la imagen negativa de los sindicatos reflejada por los medios de comunicación y los requisitos de las legislaciones.
A la luz de las limitaciones anteriores, es evidente que la concienciación es clave para sensibilizar a las mujeres sobre los beneficios de la sindicación. A fin de que los sindicatos resulten creíbles e interesantes para las mujeres que trabajan en el sector informal, deben desplegarse verdaderos esfuerzos para promover la igualdad en el lugar de trabajo y en las estructuras sindicales. Este punto se destacó en la 7.ª Conferencia Mundial de la Mujer organizada por la CIOSL en el Brasil en 1999. Dentro de las organizaciones sindicales internacionales y nacionales es evidente que las unidades especiales dedicadas a las cuestiones relativas a las desigualdades entre los sexos han desempeñado muy a menudo una función central en la mejora de la imagen de los sindicatos, en el desarrollo de nuevos servicios pertinentes para las mujeres afiliadas y en la aplicación de los esfuerzos de organización de los sindicatos que han resultado más eficaces. Asimismo, han contribuido a garantizar que las necesidades particulares de las mujeres se reflejen en las estrategias de negociación colectiva.
En las discusiones de esta reunión, los participantes quizás deseen examinar la forma en que las actividades desarrolladas por las unidades especiales dedicadas a las cuestiones relativas a las desigualdades entre los sexos pueden incorporarse en las actividades de los sindicatos y recibir más prioridad y mayores recursos en el futuro (véase el recuadro 13 donde se ilustra un ejemplo práctico). Asimismo, los participantes quizás deseen discutir sobre las funciones respectivas de los centros nacionales, el movimiento sindical internacional y el apoyo que se podría solicitar a la OIT para desarrollar nuevos servicios sindicales que sean pertinentes para los miembros femeninos de los sindicatos.
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| Tras los despidos masivos producidos a raíz del cierre de muchas instituciones estatales en Colombia a mediados del decenio de 1990, el Departamento de la Mujer de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) elaboró estrategias para readiestrar a mujeres en ocupaciones de gran demanda. Fue así como se creó en 1995 la Casa de la Mujer Trabajadora Jefa de Hogar. Esta Casa organiza programas que permiten a las mujeres desarrollar capacidades en actividades que tienen relación con la electricidad, la impresión y el trabajo en madera. En colaboración con la universidad local ha contribuido a que las mujeres terminen la educación secundaria y tengan acceso a programas nacionales de aprendizaje. Asimismo, se han llevado a cabo iniciativas a nivel municipal. Por ejemplo, se firmó un contrato con el Departamento de Bienestar Social del Distrito de la Capital, que ofrecía a las mujeres empleos para cuidar a personas ancianas. Estas prácticas estimularon una mayor discusión con las universidades y otras instituciones de formación, que dio lugar a que aumentasen sus programas con la Casa. |
4.2.5. Movilización de la juventud
La juventud del sector informal constituye un grupo destinatario importante, ya que representa la gran parte de los nuevos integrantes de la fuerza laboral. Las tasas de sindicación entre los trabajadores jóvenes son extremadamente bajas en la gran mayoría de los países. Recientemente, y con ánimo de hacer hincapié de nuevo en la sindicación de los sectores no organizados, muchos sindicatos en todo el mundo se han dedicado a prestar más atención a los trabajadores jóvenes. En vez de hablar «sobre» los jóvenes, han comenzado a hablar «con» ellos. No obstante, hablar con los jóvenes significa utilizar su lenguaje. Muchos sindicatos han establecido, por lo tanto, estructuras (departamentos, comités o equipos) para entablar un diálogo y promover programas destinados específicamente a los jóvenes. Algunos sindicatos ya están tratando de llegar a los jóvenes en las escuelas, utilizando éstas como aliados para promover los beneficios de la sindicación. En Australia, por ejemplo, los dirigentes del Consejo Australiano de Sindicatos (ACTU) visitan las escuelas para explicar la importancia de los sindicatos a los trabajadores jóvenes, y se ofrece una publicación anual a los estudiantes de los dos últimos años de enseñanza secundaria con la intención de sensibilizarlos acerca del mundo del trabajo y de la función de los sindicatos en el lugar de trabajo. El movimiento sindical noruego ha desarrollado un programa de verano más global en el que los sindicatos se ponen en contacto con los jóvenes que trabajan en empleos ocasionales durante las vacaciones de verano. Los representantes sindicales hablan con ellos en los lugares de trabajo y les proporcionan información sobre los derechos de los trabajadores y la función de los sindicatos.
Otros sindicatos dirigen centros juveniles o se acercan a los jóvenes durante sus actividades recreativas. Un sindicato en Suecia dispone de un grupo especial que discute cuestiones sindicales con los jóvenes en las estaciones de esquí. Estas experiencias quizás no puedan utilizarse de la misma forma en todos los países en desarrollo debido a las limitaciones de recursos, pero sirven para mostrar las medidas innovadoras que los sindicatos podrían examinar para acercar a los jóvenes del sector informal a los sindicatos.
En todas las regiones del mundo, la música y el deporte son canales eficaces para establecer contactos con los jóvenes. A nivel comunitario local, los sindicatos quizás podrían considerar la posibilidad de organizar actividades sociales en colaboración con los equipos juveniles de fútbol, softball y otros deportes en los que participan los jóvenes. Se podría patrocinar a equipos u organizar actividades que coincidan con acontecimientos deportivos que atraen a grandes audiencias. Cuando sea posible, los sindicatos podrían considerar la posibilidad de animar a los ídolos deportivos locales a que expliquen la necesidad de las acciones colectivas y el «espíritu de equipo» entre los trabajadores.
El mismo mensaje puede difundirse a través de la industria del espectáculo y probablemente llegaría a una audiencia incluso mayor que la de los círculos deportivos. Hace sólo un decenio, la idea de que los sindicatos pudieran organizar tales acontecimientos hubiera sido impensable. No obstante, hoy en día no ocurre lo mismo. En 1997, el mayor festival gratuito de música de verano de Gran Bretaña (Respect 97) fue organizado por el Congreso de Sindicatos Británicos (TUC) como parte de su campaña contra el racismo. La increíble organización por parte del TUC de un festival con un mensaje serio fue aclamada por políticos, artistas y celebridades y reunió a miles de personas, en especial jóvenes, en pro de la lucha contra el racismo. Estas estrategias también parecen ser aplicables a los países en desarrollo. En marzo de 1999, UNISON en el Reino Unido organizó otro gran concierto para atraer la atención hacia su campaña para promover el salario mínimo y proteger los salarios de los jóvenes. Los sindicatos podrían aprender de una importante campaña realizada por el Comité Internacional de la Cruz Roja en la que participaron los principales músicos de Africa quienes grabaron un CD de música popular con un mensaje importante sobre los horrores de la guerra y en aras de la paz. Asimismo, se puede llegar a los jóvenes a través de revistas dedicadas a la música moderna, la moda, el arte y la cultura. Los sindicatos en algunos países han experimentado con la publicación en tales revistas de anuncios sobre la función y utilidad de los sindicatos.
Cuando se examinan formas innovadoras de atraer a los jóvenes es importante que los sindicatos relacionen claramente la actividad o el medio utilizado con las cuestiones sindicales concretas y lo hagan dentro de un contexto sindical. Es importante que no se perciba a los sindicatos como otro grupo religioso u ONG que está promocionando las actividades de los jóvenes.
Ayudar a la gente a conseguir su primer puesto de trabajo es obviamente otra forma que tienen los sindicatos de demostrar su valor a los jóvenes. Ello puede requerir que los sindicatos proporcionen programas de formación sobre búsqueda de empleo y técnicas de entrevistas o sobre desarrollo de capacidades más elaboradas. Por ejemplo, en el Camerún, los sindicatos organizan programas de formación para jóvenes desempleadas. Un sindicato en Bulgaria ayuda a las jóvenes a buscar trabajo para así evitar que se dediquen a la prostitución.
Las estrategias destinadas a movilizar y hacer participar a los jóvenes son vitales ya que éstos no sólo representan el futuro de los sindicatos, sino que además son capaces de gran activismo. En abril de 1999, la CIOSL emprendió una nueva campaña internacional para proteger a los trabajadores jóvenes y animarles a afiliarse a los sindicatos. La campaña, que continuará hasta el 7 de diciembre de 1999, tiene por eslogan la frase siguiente «El futuro empieza ya: ¡afíliese a un sindicato!» y está destinada a luchar contra el desempleo juvenil. Los trabajadores jóvenes del sector informal son uno de los grupos destinatarios de la campaña.
A fin de integrar a los jóvenes no sólo como afiliados sino también como activistas verdaderos, diversos sindicatos están prestando atención especial a la formación. En los Estados Unidos, la Federación Estadounidense del Trabajo y Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO), a través de su Instituto de Sindicación, dirige diferentes programas destinados a atraer a los jóvenes al movimiento laboral en calidad de promotores sindicales. Como parte del «programa de verano del sindicato», jóvenes procedentes de sindicatos y de las universidades y organizaciones comunitarias reciben formación acerca de las capacidades de organización. En teoría, continúan activos después de los programas formando coaliciones de acción estudiantiles/laborales, enseñando a otros sobre los sindicatos y, en ocasiones, incluso convirtiéndose en promotores sindicales o contribuyendo de alguna forma al movimiento laboral. Los sindicatos de otros países están siguiendo este ejemplo y experimentando con planes similares. Por ejemplo, a través de un instituto de sindicación conocido como «labores de sindicación», el Consejo Australiano de Sindicatos (ACTU) recluta a unas 40 personas cada año, principalmente graduados universitarios, los forma en actividades de sindicación y les envía a organizaciones afiliadas para que completen sus labores de sindicación.
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| Recientemente, el Comité Juvenil del Congreso de Sindicatos de Filipinas (TUCP) organizó una campaña para enviar al FMI y al Banco Mundial cartas pidiendo que consignasen fondos específicos para la juventud, en particular para las jóvenes. Asimismo, ha solicitado al Gobierno que organice programas de creación de puestos de trabajo basándose en actividades de alto coeficiente de mano de obra para absorber a una parte de los jóvenes desempleados.
Las jóvenes (entre 18 y 25 años) representan el 90 por ciento de la fuerza laboral en las zonas francas industriales del país. El TUCP ha establecido un equipo, compuesto principalmente por mujeres jóvenes, especializado en actividades de sindicación en las zonas francas industriales. La estrategia seguida es bastante original ya que estas actividades no las realizan en el lugar de trabajo, sino que más bien se ponen en contacto con las jóvenes en sus domicilios. Después del trabajo, van de puerta en puerta. Aunque este enfoque exige mucho tiempo, ha demostrado ser útil. A pesar del enorme número de restricciones existentes en materia de organización de sindicatos en las zonas francas industriales de Filipinas, el TUCP ha logrado establecer en los dos últimos años un total de 27 nuevos sindicatos allí donde antes no había ninguno. |
4.2.6. Concienciación y medios de comunicación
Un requisito previo para convencer a los trabajadores de que colaboren con los sindicatos o se adhieran a los mismos es mostrarles sus derechos como trabajadores y las ventajas de la sindicación. En otras palabras, es importante hacerles comprender que la sindicación es una realidad actual y no una cuestión del pasado. Las estrategias innovadoras son necesarias ya que los trabajadores del sector informal por lo general son «invisibles», están dispersos y son difíciles de contactar. Es importante reforzar la confianza en sí mismos y la dignidad de estos trabajadores y lograr que no se sientan aislados.
Una forma de generar solidaridad entre los trabajadores es utilizar campañas de concienciación que se centren no sólo en sus derechos jurídicos sino también en los éxitos logrados por los sindicatos para mejorar su situación. El tema y la estrategia de dichas campañas deben ciertamente adaptarse al grupo destinatario. El TUC en el Reino Unido señaló que su campaña para llegar a los trabajadores atípicos ha dado muy buenos resultados con los trabajadores a tiempo parcial, pero no ha tenido ninguna repercusión en los trabajadores a domicilio.
La cobertura positiva de los medios de comunicación forma parte integrante de la concienciación y movilización en torno a las actividades sindicales. Los sindicatos deben ser visibles para sus afiliados actuales, los posibles miembros y la comunidad en general. En especial, cuando los sindicatos están mejorando sus servicios o adoptando políticas que beneficiarán a los trabajadores del sector informal, el mensaje debería difundirse no sólo con fines de sindicación sino también con objeto de obtener apoyo entre el público en general. Además, es más probable que los gobiernos y los empleadores escuchen a los sindicatos si son conscientes del efecto que una publicidad negativa puede tener en la imagen pública de sus empresas.
El recuadro 15 incluye información sobre una campaña organizada en los Estados Unidos por los Trabajadores Agrícolas Unidos (UFW) en defensa de los recolectores de fresas, en la que participaron políticos conocidos y estrellas de cine para centrar la atención en las malas condiciones de trabajo existentes en este sector. El sindicato también movilizó a un gran número de trabajadores de otros sectores para que se uniesen a las manifestaciones en apoyo de los recolectores de fresas y garantizó el apoyo de empresas importantes. Este enfoque demostró tener éxito en los Estados Unidos porque el sindicato fue capaz de captar la atención de una gran parte del público a través de la extensa red de medios de comunicación que existe en ese país. No obstante, hay que reconocer que en otros países el acceso a los medios de comunicación y la capacidad de los sindicatos de atraer a celebridades nacionales para que participen en campañas puede ser más difícil de lograr. No obstante, los participantes quizás deseen discutir la forma en que este tipo de campaña podría modificarse para que se aplique mejor a las situaciones existentes en los países en desarrollo.
Por ejemplo, la elección del medio de comunicación apropiado es un componente importante de toda estrategia efectiva destinada a concienciar al público. Los trabajadores del sector informal por lo general tienen un nivel de educación bajo. Las tasas de analfabetismo son altas, en especial en las zonas rurales. Por lo tanto, la prensa no es un medio útil para llegar a la mayoría de estos trabajadores. No obstante, en Africa y América Latina las estaciones de radio rurales han demostrado ser un medio eficaz de educación sobre cuestiones relacionadas con la salud. Por consiguiente, los participantes quizás deseen discutir cómo puede utilizarse la radio de forma más eficaz y amplia para transmitir información a los trabajadores del sector informal en los países en desarrollo. Los sindicatos tal vez podrían considerar la posibilidad de patrocinar mensajes publicitarios sencillos o anuncios sobre asesoramiento comunitario a través de la radio. Por ejemplo, un mensaje corto que incluya información sobre aumentos de salarios u otras ventajas que el sindicato haya obtenido recientemente para sus afiliados podría contribuir quizás a entablar discusiones en las comunidades locales o en acontecimientos sociales acerca de la sindicación y las ventajas que se derivan de las acciones colectivas. Podría considerarse acaso la posibilidad de organizar una campaña de radio con un mensaje que dijese por ejemplo «exprese su opinión: afíliese a un sindicato», seguido por el nombre del sindicato local y la información necesaria para ponerse en contacto con el mismo. Existen otras muchas posibilidades que pueden explorarse, incluido el recurso a programas radiofónicos en los que la audiencia participa a través del teléfono. Aunque muchos trabajadores del sector informal no tienen acceso al teléfono, los sindicatos nacionales y locales por lo general sí que disponen de dichos sistemas de comunicación, y los dirigentes sindicales pueden por lo tanto participar activamente en debates radiofónicos de gran audiencia.
Merece la pena reconocer que en la mayoría de los países los medios de comunicación hasta ahora han tenido una fuerte tendencia a ignorar a los sindicatos o a presentar una imagen negativa ante la opinión pública. Menos de una quinta parte de los sindicatos analizados en la encuesta de la OIT/CIOSL pensaba que los medios de comunicación les eran favorables. Por lo tanto, debería examinarse la posibilidad de establecer estrechas relaciones con los medios de comunicación como método estratégico para aumentar la toma de conciencia sobre el movimiento laboral y sus repercusiones en la comunidad. Algunos sindicatos en los países en desarrollo ya han dado el primer paso. Un sindicato en Ghana ha concebido un proyecto anual especial para otorgar un premio durante un encuentro de medios de comunicación a los periodistas que hayan presentado el movimiento sindical de forma positiva durante el año. Podrían otorgarse premios similares a películas relacionadas con experiencias sindicales en el sector informal, que se presentarán en el marco de festivales regionales o subregionales. Por ejemplo, desde 1997 el festival de cine y televisión panafricano de Ouagadougou (FESPACO) en Burkina Faso ha previsto un premio especial para el tema de la seguridad y la salud en el trabajo. La película que ganó este premio en el festival de 1997 fue seleccionada en la sección oficial del Festival de Cine de Cannes de 1997. Los sindicatos podrían considerar la posibilidad de patrocinar premios sindicales especiales en acontecimientos análogos.
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| La recogida de fresas es un trabajo difícil: la fragilidad del fruto exige un trabajo delicado y preciso, completamente manual. Los datos procedentes de los Estados Unidos demuestran que la jornada laboral dura hasta 11 y 12 horas. Debido a las duras condiciones, la gran mayoría de los trabajadores tiene menos de 30 años de edad y no permanece en el mismo trabajo durante más de cuatro años. A pesar de la habilidad y rapidez necesarias para llevar a cabo esa tarea, el salario medio de un recolector es inferior al de la mayoría de los trabajadores agrícolas no especializados. Las pautas de empleo del sector indican que existen importantes prejuicios sexistas: las trabajadoras son por lo general las últimas personas contratadas y nunca obtienen los puestos mejores pagados.
Desde principios del decenio de 1990, los Trabajadores Agrícolas Unidos (UFW) han desplegado esfuerzos importantes en los Estados Unidos por organizar a los recolectores de fresas y luchar por conseguir mejores condiciones de trabajo, incluidos sueldos más elevados, acceso a la asistencia médica, agua potable, instalaciones sanitarias higiénicas y el fin del acoso por los empleadores. En respuesta a esta campaña, la afiliación sindical aumentó de 21.000 a 26.000 entre 1993 y 1997. El sindicato optó por un enfoque pragmático consistente en reflejar al máximo la situación de esos trabajadores a través de una campaña de concienciación en la que participaron políticos conocidos y estrellas de cine, así como un gran número de asociaciones civiles. En abril de 1997, unos 30.000 trabajadores y activistas procedentes de 36 estados y tres países se unieron a los recolectores de fresas en la mayor manifestación de la historia de UFW, en lo que para muchos fue el inicio del mayor movimiento en pro del cambio social desde el decenio de 1960. Un elemento clave para la campaña fue incluir a las empresas en la lucha. El sindicato logró convencer a cientos de operadores de supermercados de los Estados Unidos de que apoyasen el concepto de «5 centavos para ser justos», a saber, un aumento de 5 centavos en el precio de las fresas para proporcionar a los trabajadores mejores condiciones de trabajo. En enero de 1998 por primera vez en 15 años el mayor empleador directo de los trabajadores de fresas en California aumentó el salario por hora de estos trabajadores en un 13 por ciento; otras empresas aplicaron planes en materia sanitaria. Para 1998, más de 6.000 supermercados se habían adherido a la campaña. Aunque se trata de un ejemplo eficaz de enfoque pragmático de la sindicación, los recolectores de los campos de fresas, en su mayoría inmigrantes, todavía viven muy por debajo del umbral de pobreza y la cuestión del aumento de su salario y de la mejora de sus condiciones de trabajo continúa siendo un tema central del programa del UFW. |
Conseguir buenas reseñas de los medios de comunicación es, no obstante, el resultado de una labor sistemática y, a menudo, del establecimiento de relaciones fluidas con los diferentes reporteros. En algunos países, los medios de comunicación pueden estar en manos de un grupo opuesto a los objetivos sociales y políticos de los sindicatos. Como es natural, esta situación no facilita la tarea de mejorar la imagen de los sindicatos. No obstante, ello no debería provocar desesperación o desilusión en cuanto a la imparcialidad de los medios de comunicación. Se puede buscar a periodistas y reporteros con fama de independencia y objetividad y animarles a escribir artículos en los que se presente a los sindicatos de manera más favorable.
La elección de la persona adecuada para actuar como portavoz del movimiento sindical ante los medios de comunicación es una cuestión clave; las capacidades de comunicación verbal son obviamente importantes, pero es igualmente importante que el portavoz transmita una imagen de organización moderna y dinámica comprometida con la mejora de la situación socioeconómica de un amplio espectro de la población, y no con la protección de una élite privilegiada. Los participantes quizás deseen debatir las características necesarias que debe reunir un portavoz eficaz ante los medios de comunicación, así como las posibilidades de establecer una unidad de relaciones con los medios de comunicación más profesional y experimentada en los centros sindicales nacionales.
4.2.7.Apoyo al desarrollo de servicios especiales
El valor añadido de los servicios especiales prestados por los sindicatos como medio para organizar a los trabajadores del sector informal ha sido destacado en este documento en todo momento. La pregunta legítima que puede plantearse es si corresponde o no a los sindicatos proporcionar servicios de salud, facilidades de crédito u otros servicios socioeconómicos. Esta pregunta lleva a otra pregunta clave, a saber, cuáles son los tipos de servicios sindicales, de existir, que serían pertinentes para los trabajadores del sector informal.
Hay quienes opinan que los sindicatos deberían seguir concentrándose en sus esferas de actividad tradicionales, por ejemplo, la representación de los intereses de los afiliados y el asesoramiento a los mismos, cuando tratan con los trabajadores del sector informal. Quienes adoptan este enfoque probablemente aducirán que los sindicatos deberían concentrarse en acciones colectivas ya que su principal objetivo es corregir los desequilibrios de la sociedad y fomentar una redistribución de los ingresos y una mayor igualdad. Eso significa que, por ejemplo, en vez de establecer planes de seguro médico para los trabajadores del sector informal, los sindicatos deberían tratar de influir en las autoridades nacionales para que extiendan de forma progresiva la cobertura de la seguridad social al sector informal. En la sección 4.1.4 figuran algunas propuestas sobre cómo podría alcanzarse este objetivo. Asimismo, en vez de prestar servicios, por ejemplo de formación profesional y técnica, los sindicatos deberían aprovechar la posición que ocupan en los consejos de administración de muchas instituciones de formación para alterar el campo de actividad y la cobertura de la formación proporcionada por el Estado a fin de facilitar el acceso de los trabajadores del sector informal a estos planes.
La promoción y propaganda de los intereses de los trabajadores del sector informal debería ser ciertamente el centro de las actividades sindicales destinadas a dichos trabajadores. Así, una de las prioridades principales de los sindicatos podría ser tratar de influir en los gobiernos para que adopten políticas nacionales de protección y fomento de los derechos de los vendedores ambulantes. No obstante, aunque las reformas jurídicas e instituciones pueden ser, y de hecho deberían ser, un objetivo viable a largo plazo para los sindicatos en lo que respecta al sector informal, es poco probable que se produzcan a corto o medio plazo.
Ello explica la causa de que hasta la fecha muchos sindicatos hayan desarrollado servicios «especiales» como instrumento para abordar las necesidades económicas y sociales (salud, educación, ahorro, préstamos, etc.) inmediatas de los trabajadores del sector informal. Estos servicios o actividades no deberían considerarse como un sustituto de la negociación colectiva ni como una forma de eximir a los gobiernos de sus responsabilidades. En vez de ello, deberían considerarse como una actividad sindical complementaria destinada a mejorar la función de liderazgo de los sindicatos en la sociedad en general y a contribuir a mejorar su perfil en la sociedad civil.
La razón de ser del desarrollo de servicios socioeconómicos por parte del movimiento laboral es tanto ideológica como práctica; procede del compromiso del movimiento de promover y proteger los intereses de sus afiliados y reforzar la función de los trabajadores y sus organizaciones en la sociedad. Ello no significa que los sindicatos deban ser activos en cualquier área. Otra solución podría consistir en organizar la asistencia a los trabajadores del sector informal ayudándoles a establecer y dirigir actividades socioeconómicas. El resultado natural de estas actividades es la formación de organizaciones de trabajadores del sector informal que estén vinculadas al movimiento sindical formal.
Las restricciones jurídicas y las políticas gubernamentales pueden a veces limitar las actividades de este tipo. Por ejemplo, en algunos países se limita la participación de los sindicatos en las cooperativas, la afiliación institucional de las cooperativas y el recurso a fondos pertenecientes a los sindicatos. Por lo tanto, resulta vital que los sindicatos ejerzan su presión representativa en las estructuras políticas y gubernamentales apropiadas a fin de promover los cambios necesarios.
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| El Hind Khet Mazdoor Panchayat (HKMP) es un sindicato rural al que está afiliada parte de la población más pobre de la India (con tasas de alfabetización por debajo del 10 por ciento) de ocho distritos del este de Bihar. En el momento en que se redactaba este documento, el HKMP no contaba con una afiliación a nivel nacional pero a nivel internacional está afiliado a la UITA y la FITCM. El sindicato se registró en 1988 y ha crecido rápidamente en los últimos años hasta alcanzar una cifra de 20.000 afiliados, 5.200 de los cuales son mujeres. Aproximadamente el 50 por ciento de los afiliados son trabajadores agrícolas, el 60 por ciento de los cuales no posee tierras. El 40 por ciento restante tiene pequeñas parcelas de tierra que labran en la estación pluvial. El resto de los afiliados del HKMP se compone de trabajadores forestales, artesanos rurales, trabajadores de la construcción y la madera, trabajadores de los hornos de ladrillos y trabajadores de plantaciones de té y bananos. El comité ejecutivo compuesto de 21 miembros refleja la diversidad de los grupos de trabajadores rurales que organiza. La unidad básica de organización es la unidad a nivel de aldea. Las cuotas de afiliación se elevan a 5 rupias por año.
El sindicato ha participado en actividades de generación de empleo desde hace algunos años y ha establecido la primera cooperativa lechera integrada por mujeres en Bihar. En la actualidad, cuenta con ocho cooperativas asociadas (siete cooperativas lecheras y una de procesamiento de alimentos). Asimismo, ha establecido más de 30 agrupaciones económicas de mujeres cuyo objetivo es obtener subvenciones gubernamentales para la creación de empleo, principalmente en el campo de la artesanía y los viveros. El trabajo infantil está muy difundido en esta zona. Gracias a las contribuciones de los afiliados se ha construido una escuela para niños que anteriormente trabajaban que ha resultado ser muy eficaz. Asimismo, el HKMP está construyendo un centro de capacitación y formación para sus afiliados. Las exigencias políticas del sindicato incluyen el derecho al trabajo, la igualdad de remuneración, el derecho a la plena participación en los programas de desarrollo rural y el derecho a administrar los recursos naturales locales. El HKMP también considera prioritaria la expansión de su labor en lo referente a la afiliación al sindicato de granjeros marginales, ya que no existen organizaciones de granjeros independientes activas en los distritos donde trabajan. |
| Fuente: UITA, 1997, págs. 39-40. |
Las limitaciones financieras siempre serán una cuestión clave en lo que respecta a estas actividades. Antes de llevar a cabo cualquier proyecto hay que disponer de recursos adecuados. Las limitaciones financieras pueden reducirse se a veces si se busca asistencia (a nivel nacional o internacional) fuera del movimiento. Dicha asistencia debería considerarse siempre como «capital inicial», ya que una dependencia permanente es contraproducente y generalmente imposible de lograr. Para tener éxito es necesario contar con una buena gestión financiera y administrativa, al igual que con una planificación inicial y una supervisión continua. Hay que obtener los conocimientos especiales, si es necesario contratando al personal adecuado y pagándole salarios apropiados. No obstante, deberían desplegarse todos los esfuerzos necesarios para formar a «expertos» procedentes de las bases del sindicato, cuando sea posible. En cualquier caso, debería establecerse una clara distinción entre la determinación de políticas por parte de los sindicatos y la ejecución de las mismas por parte de los expertos. En ese sentido, los sindicatos pueden proporcionar formación directa, por ejemplo, en teneduría de libros o contabilidad, o contribuir a encontrar y acceder a las organizaciones que proporcionan formación profesional y empresarial.
La educación es quizás el elemento más importante a la hora de determinar el éxito de las actividades económicas y de bienestar social. El programa educativo más importante es el que está dirigido a los afiliados al sindicato en general, sin cuyo entendimiento y apoyo ningún proyecto tendría éxito. La educación y formación continuas de los principales dirigentes sindicales reviste también gran importancia y no debería descuidarse. Estos dirigentes serán inevitablemente los iniciadores y directores dinámicos de cualquier programa. Por último, debería prestarse atención especial a la formación de expertos procedentes de las bases del sindicato, para así reducir la dependencia de recursos humanos externos.
4.2.8. Redes internacionales de cooperación sindical,
códigos de conducta y acuerdos marco
Como se ha mencionado anteriormente, la increíble expansión de las PYME y del trabajo ocasional ha hecho posible que las empresas multinacionales utilicen indirectamente el trabajo realizado por los trabajadores del sector informal a través de acuerdos de subcontratación. A menudo, al final de estas extensas cadenas de producción mundiales hay trabajadores a domicilio y niños. Los intentos por parte de los sindicatos de contrarrestar esta tendencia mediante una estrategia nacional independiente están resultando estériles. La experiencia del movimiento sindical en los últimos decenios confirma claramente que para resistir de manera efectiva a la explotación de los trabajadores y a los abusos contra los sindicatos es esencial que se lleve a cabo una colaboración a nivel internacional.
Un objetivo central desde hace mucho tiempo de las actividades internacionales de los sindicatos es la promoción de vínculos entre las normas laborales y las cuestiones comerciales. Este asunto está adquiriendo incluso mayor importancia en la actualidad si se considera que la tercera Conferencia ministerial de la Organización Mundial del Comercio se celebrará en los Estados Unidos unas semanas después de que finalice esta reunión sobre el sector informal.
Otro aspecto importante de la cooperación sindical internacional es la negociación y aplicación de códigos de conducta y acuerdos marco con empresas multinacionales. Desde el decenio de 1970, las empresas multinacionales han adoptado muchos códigos de conducta. Hasta hace muy poco, la mayoría eran elaborados y adoptados unilateralmente por la dirección y su principal objetivo consistía en mejorar la imagen pública de la empresa. La información disponible sugiere que la mayoría de estos códigos abordaban cuestiones de seguridad y salud, y sólo un porcentaje pequeño se refiere a la libertad sindical y a los derechos de negociación colectiva (OIT, 1998c). En los últimos tiempos, la tendencia general ha cambiado debido a la presión concertada que ha ejercido el movimiento sindical tanto en las empresas como en el público en general. Se ha hecho hincapié en negociar códigos que incluyan referencias a todas las normas fundamentales del trabajo que figuran en los convenios básicos de la OIT. De esta forma, los códigos negociados pueden jugar un papel decisivo en la promoción de los derechos de los trabajadores a sindicarse y negociar colectivamente, en especial en aquellos países donde los derechos sindicales no están reconocidos por la ley. Uno de los códigos más progresistas fue negociado por la Federación Internacional de Trabajadores del Textil, Vestuario y Cuero (FITTVC), la Federación Internacional de Empleados, Técnicos y Profesionales (FIET), la CIOSL y la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) en 1996 y ha servido desde entonces de modelo a las iniciativas adoptadas más recientemente en esta esfera.
La participación de los sindicatos en la negociación de los códigos es también la mejor forma de garantizar la adopción de mecanismos de aplicación y supervisión efectivos. La realidad es que la mayoría de los códigos adoptados hasta la fecha no incluyen disposiciones de observancia adecuadas. El procedimiento de verificación, de existir, se basa en la supervisión interna por el personal directivo de la empresa matriz. Ello explica por qué la confianza del público en la mayoría de los códigos sigue siendo problemática. La credibilidad en los códigos depende una serie de factores, incluidos la referencia explícita a todos los convenios básicos de la OIT; el conocimiento que los contratistas, subcontratistas y consumidores tienen del código y la valoración que hacen de su contenido, la capacidad de los trabajadores cubiertos por el código para ponerse en contacto con las personas que tienen el auténtico poder directivo en la empresa matriz y para presentar quejas sin miedo a represalias, y la realización de supervisiones externas e independientes periódicas.
Uno de los objetivos del movimiento sindical internacional en este campo es establecer un marco institucional que facilite la aplicación y verificación externa de los códigos de conducta. El movimiento sindical, a través del Grupo de los Trabajadores del Consejo de Administración de la Oficina Internacional del Trabajo, ha solicitado en repetidas ocasiones a la OIT que asuma un mayor liderazgo internacional en el desarrollo y aplicación de este marco. Las discusiones sobre esta cuestión están avanzando en la OIT y continuarán en un futuro próximo. No obstante, es evidente que los códigos no son la única solución a las repercusiones negativas de la mundialización; a largo plazo, los trabajadores a través de las organizaciones sindicales deben protegerse de la explotación. Es evidente, asimismo, que los códigos no deben ser un sustituto de la legislación laboral nacional o de la negociación colectiva. A corto o medio plazo, no obstante, los códigos de conducta, si se aplican correctamente, pueden contribuir en gran medida a reducir los abusos cometidos contra los derechos de los trabajadores.
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| La importancia práctica de los códigos de conducta quedó demostrada en una experiencia realizada recientemente en Filipinas, donde el TUCP utilizó con éxito un código de conducta adoptado por una empresa multinacional para organizar un sindicato entre 275 trabajadores (todas mujeres a excepción de 47 hombres) en la empresa Monasteria Knitting. Esta empresa trabaja en la zona franca industrial de Bataan y provee jerséis de punto a los Estados Unidos y Europa. Como había ocurrido en casos parecidos, la empresa se había resistido a los intentos de establecer un sindicato y, de hecho, el primer intento de organizar a los trabajadores en la empresa se remontaba a 1991 y había tenido como resultado el cierre de la misma durante un año. La dirección de la empresa había aducido sistemáticamente que los intentos por establecer un sindicato tendrían como resultado la cancelación de contratos por parte de los compradores de los Estados Unidos y de Europa. El sindicato, de hecho, utilizó este argumento en contra de la empresa. Los afiliadores, instruidos en códigos de conducta, convencieron a los trabajadores locales y a la administración de que si los compradores, entre los que figuraba la empresa GAP, descubrían que Monasteria Knitting estaba violando sus propios códigos de conducta cancelarían sus contratos con el proveedor local. Un programa de sindicación defensivo compuesto por tres o cuatro afiliadores, apoyados por grupos juveniles y grupos de las comunidades, hizo que todo cambiase. Los trabajadores, convencidos de los efectos de los códigos de conducta, permanecieron leales al sindicato durante la licencia forzosa de tres semanas, que comenzó un día después de que el sindicato fuera registrado el 8 de febrero. La empresa reaccionó de manera airada y transfirió o suprimió los puestos de 63 militantes sindicales. No obstante, tras una semana de protestas y una huelga de cinco días, Monasteria Knitting dio finalmente marcha atrás, reconoció al sindicato y readmitió a los militantes despedidos. |
Otra tendencia nueva, estrechamente relacionada con los códigos de conducta de las empresas, es la negociación de acuerdos marco entre centros sindicales internacionales y empresas multinacionales o grupos de empleadores que representan a determinadas ramas de actividad económica. Por ejemplo, recientemente se concertó un acuerdo entre la Federación Internacional de Trabajadores de la Construcción y de la Madera (FITCM) y la multinacional IKEA, una de las cadenas minoristas más grandes del mundo en lo que se refiere al sector del mobiliario. El acuerdo abarca cuestiones relacionadas con las condiciones de trabajo, el entorno natural y la seguridad y la salud de los trabajadores de las empresas que fabrican y suministran productos para IKEA en todo el mundo. De conformidad con el acuerdo, IKEA exigirá a sus proveedores que sus trabajadores disfruten de condiciones de trabajo que al menos sean conformes a la legislación nacional o a acuerdos nacionales. Además, los proveedores deben respetar cualquier convenio o recomendación de la OIT que sean pertinentes para sus operaciones. Esto significa, por ejemplo, que no se tolerará el trabajo infantil y que los trabajadores disfrutarán de libertad total para adherirse a sindicatos y negociar convenios colectivos. Estas normas ya se aplican actualmente en las empresas de manufactura pertenecientes a IKEA.
Los participantes tal vez deseen debatir los progresos logrados en la evolución de la cooperación internacional en lo que respecta a vincular el comercio con las normas del trabajo, los códigos de conducta y los convenios marco. Las discusiones sobre los códigos podrían centrarse en las medidas destinadas a mejorar el contenido de los mismos, el proceso de negociación y el proceso de aplicación y verificación.
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1. «ILO contribution to the 1999 World Survey on the Role of Women in Development» (de próxima aparición).
2. Convenio sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación, 1948 (núm. 87); Convenio sobre el derecho de sindicación y de negociación colectiva, 1949 (núm. 98).
3. Convenio sobre el trabajo forzoso, 1930 (núm. 29); Convenio sobre la abolición del trabajo forzoso, 1957 (núm. 105).
4. Convenio sobre la edad mínima, 1973 (núm. 138). La 87.ª reunión (junio de 1999) de la Conferencia Internacional del Trabajo aprobó un nuevo Convenio sobre la prohibición y la eliminación inmediata de las peores formas de trabajo infantil.
5. Convenio sobre igualdad de remuneración, 1951 (núm. 100); Convenio sobre la discriminación (empleo y ocupación), 1958 (núm. 111).
6. El Convenio sobre la edad mínima, 1973 (núm. 138), prevé que los países cuya economía esté insuficientemente desarrollada pueden aplicar temporalmente una edad mínima de 14 años, y de 12 a 13 años en el caso de trabajos ligeros.
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