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Gif Entrevista con el Sr. Marc Blondel
Miembro adjunto del Consejo de Administración de la Oficina Internacional del Trabajo y portavoz del Grupo de los Trabajadores ante la Comisión del Programa, Presupuesto y Administración.
El Sr. Blondel es Secretario General de la Confédération générale du travail - Force ouvrière (CGT-FO, Francia).

La OIT a veces parece estar muy lejos de los trabajadores en el terreno ¿Se benefician realmente los mismos con sus actividades?

Sí, indiscutiblemente. Son inclusive los primeros que se benefician al disponer de una organización fundada para combatir la explotación y promover la justicia social. Por supuesto, la OIT no puede subvenir a las necesidades financieras de los sindicatos pero una de sus metas es que el tripartismo vigente en Ginebra exista en cada uno de los países, que se respeten los derechos de todos los sindicatos a ser reconocidos y negociados. Es fundamental que los trabajadores puedan formar sindicatos libres encargados de defender sus intereses. La Oficina de Actividades para los Trabajadores (ACTRAV) tiene programas destinados a facilitar esos procesos y, en lo relativo a las finanzas de la Organización, velamos para que cuando haya un excedente presupuestario se destine una parte a reforzar sindicatos nacionales.

El día que los asalariados de una localidad hagan manifestaciones reclamando la aplicación de las normas de la OIT... y los patrones reclamando lo contrario, ¡habremos ganado! Todavía no hemos llegado a eso. Hay que reconocer que ciertos representantes de los trabajadores y de la patronal que vienen a Ginebra se consideran la ejecutiva mundial del trabajo, lo que es una quimera peligrosa dado que la situación de los trabajadores en el terreno no se deriva de lo que sucede en la OIT. Nos dirigimos menos a los empleadores que a los gobiernos, a los cuales les reclamamos desempeñar el papel de guardianes de las normas. ¿Se sienten las multinacionales representadas por la Organización Internacional de Empleadores? Plantear el interrogante equivale a dar la respuesta.

Los sindicatos tienen cada vez más dificultades para mantener su nivel de membresía. ¿No representa eso un riesgo a largo plazo para el tripartismo en el seno de la OIT y, en consecuencia, para la razón de existir de la Organización?

Mantener la condición jurídica de la OIT no plantea problemas. Mantener su influencia es otra cosa. Los sindicatos se enfrentan actualmente a una fuerte competencia. Hay quienes consideran a los sindicatos organizaciones arcaicas y revolucionarias; piensan que las personalidades externas a los sindicatos son más importantes que los sindicalistas. Inclusive en el seno de la OIT se puede ver que se presta más atención a las acciones desarrolladas por grupos contrarios a la mundialización, por los participantes del Foro de Porto Alegre, de las manifestaciones de Génova, etc. Esos grupos aspiran a hacerse reconocer como interlocutores y utilizan muy bien los medios modernos de comunicación, cosa que los sindicatos quizás no hagan en una medida suficiente. En mi país, Francia, una ley permite que tres personas creen una asociación, condición que a algunos les resulta suficiente para expresarse como si fueran un sindicato. Terminan por encontrarse con gente que se precipita hacia ellos diciéndose "ésta es la reacción del mañana". Pienso que en última instancia, las asociaciones que tienen éxito se convierten en sindicatos. Se volverá siempre al movimiento sindical o a algo que lo sustituirá, pero seguirá tratándose entonces de una agrupación de trabajadores, que espero sea de carácter voluntario. Dentro de ese marco, el papel de la OIT sigue incólume y es inclusive más importante ya que la mundialización pone en tela de juicio muchas situaciones y no solamente en los países en desarrollo.

¿Cuáles?

¿Qué es la mundialización? Es la hegemonía del sistema capitalista. Ese sistema se desarrolla poniendo en tela de juicio las conquistas sociales. Las empresas se instalan en países donde no hay derechos sociales y el corolario es que donde existen esos derechos, se los cuestiona para poder retener a esas empresas. A partir de ese momento, inclusive los países industrializados, que se creían muy por encima de las normas internacionales del trabajo, las perciben como una garantía mínima. En el peor de los casos, puede pensarse que si el capitalismo se mundializa cada vez más, puede llegar a combatirse más las medidas sindicales que se toman en los países industrializados e inclusive se puede temer por la libertad sindical. Veo que en mi país se está comenzando a hablar de servicio mínimo...

Recordemos que el capitalismo es un sistema donde los inversores pueden ganar dinero. Tal meta no fue nunca de interés general, lo que está lejos de sus preocupaciones. Todo eso justifica la existencia de la OIT. A ella le corresponde hacer frente al problema. Tal era la disposición del Director General cuando creó la Comisión sobre la Dimensión Social de la Globalización. No lo ha hecho porque sea anticapitalista sino porque desea que las riquezas producidas se distribuyan entre quienes las producen.

El capitalismo en su forma actual también pone en tela de juicio los sistemas públicos. Se quiere privatizar pretendiendo que una empresa privada es por definición más dinámica y, sobre todo, para atraer inversores al país. Pero los inversores no son tontos y se implantan principalmente donde hay poder adquisitivo. La mundialización es una usurpación: si lo que se buscara es crear actividad económica y comercio en todo el mundo yo estaría a favor de ella pero los lugares donde eso tiene lugar son escasos, son los que tienen poder adquisitivo.

Paralelamente a esa mundialización se observa también una proliferación de las cumbres mundiales sobre los temas más variados. La OIT está siempre presente. ¿No corre el riesgo de dispersarse?

La OIT quiere sobre todo mostrar que en lo concerniente al mundo del trabajo es la organización competente. A propósito, yo no creo en las cumbres mundiales: cuando se pone en un mismo plano a campesinos sin tierra, economistas, sindicalistas y defensores de las tortugas de las Galápagos, se obtiene un conjunto de personas descontentas más que una entidad que fije una línea de acción y sea susceptible de cambiar el mundo. El elemento que podría cambiar el mundo es una OIT dinámica.

Las cumbres de la Organización Mundial del Comercio no están muy abiertas a la OIT...

Nos hemos escaldado en la OMC, donde todo lo que pudimos conseguir fue una declaración confirmando que la OIT tiene competencia en el ámbito de los asuntos sociales, cuando lo que nos interesaba era que la OMC tuviera en cuenta la aplicación de las normas internacionales del trabajo.

¿Se debía aceptar a China? Sí, pero solamente con la condición de que ese país respete los derechos sindicales. Hubiera sido un progreso interesante pero ya que todo el mundo tiene en el punto de mira a China y su mercado, que representa más de1.300 millones de consumidores, nadie quiso tomar una posición demasiado rígida.

En la OIT no son los gobiernos los que deciden. Lo hacen, pero junto con los empleadores y los trabajadores. Ese carácter tripartito nos da una ventaja en el plano de la representatividad pero una desventaja en el plano de la diplomacia. Eso se debe a que no somos un grupo de diplomáticos que discuten entre sí, aquí las que ganan no son las relaciones diplomáticas ya que los sindicatos están presentes para intentar hacer tomar en cuenta los intereses de los trabajadores.

¿Se tomaron en cuenta las opiniones del Grupo de los Trabajadores en la gestión de las finanzas de la OIT?

Sí. No controlamos la gestión diaria de la casa pero sí sus orientaciones. Intentamos que el comportamiento financiero de la OIT refleje adecuadamente dichas orientaciones. Uno de los grandes problemas consiste en saber si la OIT debe vivir con su propio presupuesto, que es multilateral por definición y le da independencia, o si debe vivir con los complementos financieros que recibe de manera bilateral, en cuyo caso no puede garantizar ni la neutralidad ni la independencia. El papel consiste en garantizar que el presupuesto regular esté suficientemente alimentado para llevar a cabo nuestros programas. Con respecto a esto, considero que la OIT no recibe la contribución que merece en comparación con otros organismos especializados de las Naciones Unidas: no se consagra suficiente dinero al mundo del trabajo. Otra parte de mi tarea consiste en verificar que el Director General aplique bien las orientaciones presupuestarias que definimos por consulta. Si en uno u otro presupuesto no se hacen los esfuerzos que damos por descontados, lo señalamos al Director General, quien generalmente toma en cuenta nuestros comentarios.

Los Estados Unidos recientemente saldaron su deuda con la OIT. ¿Fue eso un alivio teniendo en cuenta la importancia de su aporte al presupuesto de la OIT?

Los Estados Unidos tienen la mala costumbre de pagar su contribución con atraso. Eso planteó un problema de gestión: cuando se ha adoptado un presupuesto y los programas relacionados con él pero no llega el dinero previsto, uno se ve obligado a "efectuar recortes" en los programas. El dinero llega después, al final del año, pero es demasiado tarde para llevar a cabo en un mes ¡lo que se había previsto hacer en doce! Cuando el dinero llega con atraso, el reglamento prevé que se lo redistribuya pero la última vez yo luché para que se redistribuyera únicamente el 10 por ciento y que el resto pase a un presupuesto complementario que permita hacer cosas que no se habían previsto en el presupuesto regular. Los gobiernos hubieran querido recuperar ese dinero pero no queremos acostumbrarlos a que les convenga pagar con retraso. Tampoco quiero que se destine ese dinero al año siguiente, de lo contrario ¡algunos se verán tentados de no pagar hasta ese momento!





Entrevista realizada por Sr. Luc Demaret y Sr. Samuel Grumiau, noviembre 2002.



Creada por LO. Aprobada por MS. Ultima actualización: 19 de junio de 2003.