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Gif Entrevista con el Sr. Ebrahim Patel
Miembro adjunto del Consejo de Administración de la Oficina Internacional del Trabajo y portavoz del Grupo de los Trabajadores ante la Comisión de Empleo y Política Social de Consejo de Administración de la OIT.
El Sr. Patel es el Secretario General del sindicato sudafricano de trabajadores del textil y de la confección (SACTWU), organización afiliada a la central nacional COSATU.

¿En que situación está la agenda mundial por el empleo de la OIT?

En primer lugar, es necesario recordar el contexto en el que se concibió la agenda global por el empleo. Tras la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Social de 1995, en la 24ª. sesión extraordinaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas -que tuvo lugar en junio de 2000- se pidió a la OIT que definiera una estrategia internacional coherente y coordinada en pro de un empleo productivo libremente elegido. Era algo natural. El compromiso de la OIT con el pleno empleo se basa en el Convenio (núm. 122) sobre la política del empleo adoptada en 1964. No obstante, cuando la OIT recibió ese pedido de las Naciones Unidas era evidente que la economía mundial disminuía su ritmo, que el mundo estaba al borde de la recesión. Todos reconocían también la dimensión del problema de desempleo y subempleo. En noviembre de 2001, la OIT reunió entonces un "Foro Mundial por el Empleo". Sus conclusiones desembocaron en la agenda global por el empleo, cuyos elementos constituyen un marco detallado en favor del empleo. Durante la sesión del Consejo de Administración de la OIT de noviembre de 2002, se presentó un documento ante la Comisión de Empleo y Política Social pero el Grupo de los Trabajadores consideró que ese documento no era una respuesta apropiada ni a la dimensión del problema del desempleo ni a las conclusiones del Foro Mundial por el Empleo, que había planteado ciertos problemas observados en los países en desarrollo y había concebido elementos para responder a ellos.

Afortunadamente, este enfoque pudo corregirse algo durante la sesión del Consejo de Administración de 2003. Desde entonces disponemos de un documento que constituye un compromiso razonable y que aprovecha los debates que tuvieron lugar en el Foro del Empleo, aun cuando todavía faltan o están incompletas ciertas cuestiones.

En efecto, la Comisión de Empleo y Política Social desea que se desarrollen elementos que creen una verdadera agenda global por el empleo. El Grupo de los Trabajadores considera que eso comprende principalmente un conjunto de estímulos para que la creación de empleo ocupe el centro de toda política económica y social, tanto a escala mundial como nacional. También exigimos que el trabajo decente sea el punto de partida de la agenda global y no una mera consecuencia o un efecto secundario de un aumento de la productividad o del crecimiento. Todos los puntos de la agenda deben inspirarse en ese objetivo de empleo decente. El Grupo de los Trabajadores desea además que los países en desarrollo sean los que obtengan los mayores beneficios de la agenda. Una de las ideas innovadoras al respecto, surgidas del Foro, apuntaba a evitar una brecha digital, una diferencia demasiado grande entre Norte y Sur en el ámbito de la tecnología de la información. No se conseguirá esta meta adoptando resoluciones sino que se necesitará una especie de Plan Marshall a fin de que los países del Sur reciban toda la ayuda necesaria para que no tengan que pasar por todas las etapas del desarrollo. Eso implica una inversión masiva en el desarrollo de recursos humanos y en la enseñanza. Otra medida con potencial para ejercer un efecto directo sobre el empleo: la supresión de la deuda de los países del tercer mundo.

¿Están de acuerdo los representantes de los empleadores en el seno de esta Comisión de Empleo y Política Social en colocar el trabajo decente como punto de partida?

Desde que se lanzaron los debates del Comité, en noviembre de 2001, quedó claro que los puntos de vista de los participantes pueden ser muy diferentes. Nuestra tarea consiste en demostrar que los empleadores y los gobiernos también son beneficiarios potenciales de una economía mundial que funcionaría de otra manera. Muchos empleadores con buenas prácticas de empleo son sacados de los mercados por competidores sin escrúpulos que no toman en cuenta las normas del trabajo, que imponen condiciones peligrosas, impiden la labor de los sindicatos, etc. No todo el mundo está todavía de acuerdo con respecto a esto pero hacemos todo lo que está a nuestro alcance para convencer a los reticentes.

¿Se trata de una oposición entre dos filosofías, la de los empleadores que desean un mercado libre y la de los trabajadores que preconizan una intervención estatal en la economía y un alto a las privatizaciones?

Según mi propia experiencia, en un debate filosófico nadie resulta ser nunca el ganador absoluto si uno de los dos conceptos debe desvanecerse ante el otro. Queremos más bien una serie de medidas que tomen en cuenta la vida cotidiana de los trabajadores. La experiencia demuestra que el enfoque según el cual el crecimiento económico dará frutos positivos de manera natural y automática para todos es incorrecto. Nuestro objetivo es demostrar que los movimientos de capital que se llevan a cabo desordenadamente desestabilizan las economías nacionales al punto que nadie se beneficia con ellos, ni las empresas, ni los gobiernos e inclusive menos los trabajadores. En la Comisión, el Grupo de los Trabajadores tomó el ejemplo de los considerables perjuicios que sufrieron las economías asiáticas y la inmensa miseria humana que éstos provocaron, debido a la gran cantidad de empresas que cerraron durante la crisis. Pedimos a los empleadores y a los gobiernos, sean cuales fueren sus propuestas, que eviten que esto vuelva a ocurrir. Tomamos asimismo el ejemplo de los Estados Unidos, donde la reglamentación demasiado laxista del sector financiero originó las consecuencias que ya se conocen (el caso de Enron, entre otros) y donde las autoridades finalmente se han decidido a intensificar su control. Puede discutirse todavía si las reglas que esas autoridades están instaurando son buenas pero, no obstante eso, la tendencia es reconocer que la falta de reglamentación lleva a ese tipo de quiebras espectaculares, con los enormes costos humanos y económicos que las mismas originan.

Continuamos nuestra conversación con los empleadores y los gobiernos con ese tipo de ejemplos prácticos, no con debates filosóficos, e inclusive lo hacemos cuando nuestra Comisión sufre la influencia de las grandes corrientes mundiales de pensamiento. Además, no es la primera vez en la historia que esa gente reclama la desregulación absoluta de los mercados. Eso ya ocurrió en el período inmediatamente anterior al crac financiero de 1929 y el mundo tuvo que soportar graves consecuencias, principalmente por la inestabilidad política y económica y una injusticia social que constituyeron las semillas de una guerra mundial. La historia no se repite nunca exactamente de la misma manera pero en este momento nos vemos confrontados al mismo tipo de dilema, con la necesidad de garantizar una reglamentación apropiada. No se debe eliminar el mercado pero tampoco hay que dejarle ocupar una posición de primacía con respecto a la experiencia humana.

Se critica a las instituciones de Bretton Woods, entre otras, por su manera de imponer políticas ultraliberales... Inclusive se ponen en tela de juicio a veces los Documentos de Estrategia de Lucha contra la Pobreza (DELP). ¿Qué papel desempeña la OIT con respecto al Banco Mundial y al FMI?

Se supone que los DELP son una mejora con respecto a los denominados programas de ajuste estructural. El Banco Mundial subraya que existen por lo menos dos diferencias fundamentales entre ambos enfoques: la primera de ellas es que los DELP colocan la lucha contra la pobreza como objetivo fundamental, cuando este lugar lo ocupaba anteriormente la estabilización económica. La otra diferencia es que el Banco Mundial ve en ellos un papel fundamental para los sindicatos y la sociedad civil en general al definir las políticas a instaurar en los países en cuestión. Sin embargo, la práctica de los DELP nos hace temer que cada vez sea más marcada la tendencia hacia las antiguas prácticas.

La OIT creó un programa en el cual se sextuplicó la asistencia técnica a los países que tratan con las instituciones de Bretton Woods y especialmente los que preparan DELP. Hay dos ángulos principales: una intervención de la OIT ante el Banco Mundial o el gobierno en cuestión para que integren la noción de "trabajo decente" en sus estrategias y un refuerzo del diálogo social entre sindicatos y empleadores, similar al que tiene lugar en la OIT, cuya credibilidad puede marcar una diferencia en este nivel.

La OIT seleccionó 5 países donde lleva a cabo esta asistencia de manera reforzada. Por ejemplo, en Nepal, la OIT sugirió importantes propuestas con respecto al DELP previsto inicialmente y lo hizo luego de un proceso de consulta donde estuvieron asociados el Ministerio de Trabajo, asociaciones de empleadores y sindicatos. No obstante, necesitamos contar con mayores recursos ya que en este momento hay unos 70 países potencialmente interesados en los DELP y solamente cubrimos 5. Es necesario saber también que ha disminuido la capacidad técnica de la OIT en lo concerniente a análisis de las políticas económicas. Ahora bien, si queremos marcar una diferencia significativa en nuestro compromiso ante las instituciones de Bretton Woods, debemos poder producir nuestros propios análisis de manera independiente. Eso exige contar con economistas y, curiosamente, la OIT disponía de mayor cantidad de recursos de ese tipo hace veinte años que en este momento, cuando hay mayores posibilidades de explotarlos. Quisiéramos asimismo disponer de mayores posibilidades humanas y financieras para ayudar a los sindicatos en esos complejos ámbitos, sobre todo en los países en desarrollo.

¿Cómo se explica que la OIT disponga de menos recursos en ese ámbito que hace veinte años?

Me parece que con el correr de los años, la OIT se concentró principalmente en el nivel microeconómico, como la ayuda al desarrollo de empresas. La idea no es mala pero no debe impedir tener asimismo una visión macroeconómica. El actual Director General, Sr. Juan Somavia, parece querer reforzar la capacidad de la OIT en ese ámbito. Está convencido de que la OIT puede aportar una contribución significativa a la evolución de la economía mundial. Eso no ocurrirá a menos que se asignen a la tarea recursos suficientes.





Entrevista realizada por Sr. Luc Demaret y Sr. Samuel Grumiau, noviembre 2002.



Creada por LO. Aprobada por MS. Ultima actualización: 19 de junio de 2003.