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"Sabían que prefería morir antes que abandonar la lucha"
Entrevista con Taye Woldesmiate (Etiopía)
El hombre que recorre en este momento los pasillos de la Oficina Internacional del Trabajo, en Ginebra, lo hace sonriendo. Es la segunda vez que está en la sede de este organismo de las Naciones Unidas. La primera fue exactamente en mayo de 1996. Entre ambas visitas, Taye Woldesmiate, presidente de la asociación de docentes etíopes, que había ido a denunciar la actitud represiva del gobierno de Addis Abeba, pasó seis años en la cárcel. Tuvo el triste privilegio de ser el primer preso político etíope que adoptó Amnistía Internacional. Liberado en 2002 gracias a una campaña sindical a la que la OIT estuvo estrechamente asociada, mantiene inmutable su compromiso. Retrato.
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El hombre que recorre en este momento los pasillos de la Oficina Internacional del Trabajo, en Ginebra, lo hace sonriendo. Es la segunda vez que está en la sede de este organismo de las Naciones Unidas. La primera fue exactamente en mayo de 1996. Entre ambas visitas, Taye Woldesmiate, presidente de la asociación de docentes etíopes, que había ido a denunciar la actitud represiva del gobierno de Addis Abeba, pasó seis años en la cárcel. Tuvo el triste privilegio de ser el primer preso político etíope que adoptó Amnistía Internacional. Liberado en 2002 gracias a una campaña sindical a la que la OIT estuvo estrechamente asociada, mantiene inmutable su compromiso. Retrato.
Cuando se habla con él de las condiciones en que estuvo detenido, sus primeras palabras se refieren a quienes perdió allí. A Kebede Desta, presidente de la asociación de docentes jubilados, quien se negó a testimoniar en su contra y murió como consecuencia de los malos tratos. "Era un hombre fuerte. Militó incesantemente por los derechos sindicales", señala Taye Woldesmiate, visiblemente conmovido. Habla también de Shimalis Zewdie, quien durante cierto tiempo se hizo cargo de las riendas de la asociación de docentes etíopes (ETA) y que, al igual que Taye Woldesmiate, su presidente, terminó tras las rejas. Enfermo de tuberculosis y privado de atención médica, cuando salió de la cárcel estaba en condiciones desesperadas. Falleció poco después. Durante el fatídico mes de abril de 1999, la ETA perdió así en dos semanas a dos de sus dirigentes. Taye Woldesmiate perdió a dos amigos. Habían jurado luchar juntos por una enseñanza de calidad, democrática y accesible en Etiopía.
"Como docentes, consideramos que todos los niños tienen derecho a una educación de calidad", reafirma hoy. Eso es lo que se proponía conseguir cuando en 1989 volvió a su país, cargado de diplomas de las más prestigiosas universidades estadounidenses, y aceptó un cargo de asistente en la Universidad de Addis Abeba. "Por una ínfima parte del salario que tenía como profesor de la universidad del estado de Michigan", señalan sus amigos de Estados Unidos. No cabe duda de que tratándose de una persona diplomada en ciencias políticas en la Universidad de Illinois y doctorada en la Universidad de Missouri-Colombia, uno podría imaginarse que la vida de Taye Woldesmiate será cómoda y, por cierto, mucho más tranquila. Pero eso implicaría no conocerlo en absoluto. Su compromiso con su país y con la docencia haría que las cosas fueran muy distintas. También tuvieron mucho que ver en ello los eventos políticos.
En 1991, el régimen de Mengistu Hailé Mariam tiene que dejar el poder en manos de Meles Zenawi, líder del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo de Etiopía. La política de educación cambia: "Anteriormente, los proveedores internacionales de fondos ejercían presión sobre Etiopía para que el país modificara su programa de educación. Sin embargo, los docentes se oponían y el gobierno de entonces inteligentemente postergaba esa decisión", cuenta Taye Woldesmiate. "Sin embargo, el nuevo equipo decidió destruir ese programa para instaurar el propio, de común acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial." Como resultado, el sistema educativo etíope fue "desmantelado" y "completamente privatizado", explica Taye Woldesmiate. "Al punto que muchos etíopes ya no tienen los medios necesarios para enviar a sus hijos a la escuela". "El problema actual radica en que la educación que se imparte en las escuelas es mediocre debido a las múltiples reformas que impuso el gobierno. Numerosos padres que desean enviar a sus chicos a clase, a pesar del sacrificio económico que eso implica, se sienten desalentados por la ineptitud del sistema escolar", agrega el sindicalista.
La Internacional de la Educación, a la que está afiliada la asociación de docentes etíopes, comparte esa opinión. "Desde 1993 escribe la IE- el sistema educativo etíope es objeto de una marcadísima descentralización y pasa a estar bajo la responsabilidad de las autoridades provinciales. Se implanta la enseñanza en lengua materna para 14 de los 80 idiomas locales. La falta de textos, de material educativo y de docentes formados que sepan hablar los idiomas locales de manera fluida fueron algunos de los obstáculos para que esta medida se pudiera aplicar de manera eficaz." En realidad, aclara Taye Woldesmiate, el gobierno "había decidido utilizar el sistema educativo para promover su política de recorte étnico del país".
En aquel entonces, los docentes denunciarían lo que estaba sucediendo: "El régimen crea bantustanes como en Sudáfrica bajo el apartheid declaran-, cada ciudadano queda confinado en su kellils o región y no puede salir de la misma, ni para estudiar ni para trabajar en otro lugar". En todo caso, el fracaso del método pedagógico salta a la vista: solamente hay infraestructuras escolares para la tercera parte de los chicos en edad escolar. La IE confirma que en numerosos lugares "las escuelas funcionan con sistemas rotativos y con clases atiborradas de chicos (entre 80 y 100 alumnos); 14 millones de chicos no van a la escuela".
En el plano sindical, la situación no podría ser peor. "Desde que asumió el poder en 1991, tras la caída de la dictadura de Mengistu, el Primer Ministro etíope Meles Zenawi adoptó una posición de confrontación con la oposición y con los sindicatos democráticos. La central sindical nacional (la Confederation of Ethiopian Trade Unions CETU) fue declarada ilegal y desde entonces no puede trabajar", escribían la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) y la IE en un comunicado conjunto.
Está preparado entonces el triste escenario parar Taye Woldesmiate, quien comienza a militar en el seno de la ETA. En 1992 es electo presidente de la Asociación. Junto al nuevo secretario general de la organización, Gemoraw Kassa, y su secretario general adjunto, Assefa Maru, forman un sólido equipo al que el gobierno mira con muy malos ojos. En el mismo momento en que la antigua provincia del norte, Eritrea, se independiza en 1993, y sin que haya necesariamente una relación entre ambos sucesos, comienza la larga saga de la represión.
Desde marzo de 1993, Taye Woldesmiate y otros 41 profesores de la universidad de Addis Abeba son despedidos. Eran en su mayoría dirigentes de la ETA.
"Desde un comienzo estuvo claro que al gobierno no le gustaba para nada mi posición con respecto a su política de educación ni tampoco que yo no considere conveniente organizar a los trabajadores, docentes y sociedad en general partiendo de bases étnicas, ya que eso pone en peligro la capacidad de una sociedad de vivir en paz", dice retrospectivamente Taye Woldesmiate.
Ahora ya no queda ninguna duda de que hubo encarnizamiento. En tres oportunidades el régimen intenta invalidar ante los tribunales la elección de Taye Woldesmiate y de su equipo como dirigentes de la ETA. Llegaría inclusive a cambiar los jueces para alcanzar sus fines: colocar a sus propios hombres a la cabeza de la organización sindical de docentes. El subterfugio no engaña a nadie. La IE y la CIOSL denuncian la medida. Los sindicatos internacionales reconocen y respaldan la legítima directiva de la ETA. La organización continuará funcionando a pesar de los repetidos embargos, del congelamiento de sus cuentas bancarias y de los múltiples juicios que le entablan. Es más, la ETA se convierte inclusive en un símbolo de la naciente sociedad civil de Etiopía.
"En ese momento, la ETA ya era fuerte. Acababa de reorganizarse y de realizar elecciones. Tenía 120.000 miembros", recuerda Taye Woldesmiate. En efecto, la ETA está sólidamente implantada en el país y en sus más de cincuenta años de existencia ha pasado por muchas vicisitudes…
Sin embargo, esta vez cambia el estilo del acoso, cuando Taye Woldesmiate emprende en 1996 una gira por el extranjero que, entre otros lugares, lo llevará a Ginebra. Allí, en la sede de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT), denuncia la represión que se abate sobre el movimiento de docentes de Etiopía. Taye Woldesmiate regresa a Addis Abeba acompañado por André Dumont, del sindicato neerlandés de docentes y de otros compañeros de los sindicatos africano y alemán. "Según el gobierno, yo dirigía una organización ilegal que complotaba para derrocarlo", dice sonriendo Taye Woldesmiate. Otras acusaciones, unas más descabelladas que otras, se agregan a ésta, al punto de hacer reír a sus amigos. "Se lo acusaba de haber secuestrado a expertos italianos, de haber arrojado una granada contra el edificio de la Embajada de los Estados Unidos y de preparar el secuestro de cooperantes estadounidenses", señala uno de ellos. "Entonces nos dijimos que todo empezaba una vez más". Y es que esas misma acusaciones ya se habían hecho en esa época para detener a otros opositores. El 29 de mayo de 1997, en el momento de cruzar la aduana del aeropuerto internacional Bole de Addis Abeba, el grupo de sindicalistas es rodeado por policías de civil. Taye Woldesmiate es detenido.
Siete días más tarde, la IE y la ETA presentan una queja oficial contra Etiopía ante el Comité de Libertad Sindical de la OIT. El movimiento sindical internacional se moviliza. La IE se hace cargo de coordinar las medidas. El régimen carcelario del centro penitenciario de Addis Abeba está lejos de ser una sinecura. "Desde entonces, leí mucho libros sobre las cárceles pero le puedo asegurar que nunca vi condiciones similares a las de los presos políticos en Etiopía", dice rápidamente Taye Woldesmiate. "Me tenían encadenado las 24 horas. Las manos, constantemente, y a veces los pies, cuando no querían que me moviera. Me pusieron en una celda oscura y luego en un calabozo". Pasa inmediatamente a contar la situación de otros presos: "Hay presos a los que nadie ve, ni siquiera la Cruz Roja, porque el gobierno no lo permite. Esas personas son las que están en peores condiciones. En Etiopía hay diez mil presos políticos. Son sindicalistas, docentes, trabajadores..." Taye Woldesmiate pasa tres años en la cárcel sin que se lo hubiera condenado.
En la cárcel se entera de la muerte, el 7 de mayo de 1997, del secretario general adjunto de la ETA, Assefa Maru, asesinado a sangre fría cuando iba a su oficina. A pesar de los reiterados reclamos de la OIT y de los organismos sindicales internacionales exigiendo que se investigara el asesinato, el gobierno parece tener prisa en cerrar el caso. Tiene sus buenos motivos: un integrante de los servicios especiales ha confesado su participación en el crimen. El clima no tiene nada de tranquilizador para los miembros de la ETA. Mientras el secretario general de la organización, Gemoraw Kassa está en misión en el extranjero, se le informa, sobre un atentado cometido contra miembros de la ETA cometido en Addis Abeba. Sus amigos le aconsejan no volver y organizar la campaña internacional desde el extranjero.
En julio de 1998, mientras el Congreso Mundial de la IE le otorga el Premio de los Derechos Humanos y Sindicales, que compartiría con su compañero Assefa Maru (de manera póstuma), Taye Woldesmiate comparece una vez más ante la justicia. El juez hace que el funcionario encargado de los derechos humanos de la embajada estadounidense que asiste al juicio abandone la sala y le entregue las notas que había tomado. Es evidente que la presencia de diplomáticos extranjeros en las audiencias no complace a las autoridades. El juicio se posterga una vez más.
En junio de 1999, finalmente se acusa a Taye Woldesmiate de conspiración y se lo condena a 15 años de reclusión. El Comité de Libertad Sindical continúa reclamando su liberación y hace referencia a irregularidades de procedimiento y a las torturas infligidas a los pretendidos testigos. Durante seis años en total, Taye Woldesmiate compartirá la triste suerte de los presos políticos etíopes: dos visitas por semana, con un total de 30 minutos de locutorio rodeado de guardias. Prohibido el acceso a la biblioteca. Tendría que esperar tres años para que le permitieran hacerse curar un diente. "Tuve suerte, imaginen los compañeros que tenían problemas graves de salud", agrega inmediatamente, como si no quisiera hacerles sombra.
Fuera de la cárcel, los allegados de Taye Woldesmiate tampoco lo pasan muy bien. Su hermana y su hermano son despedidos. La policía ejerce presión sobre ellos: "Díganle que pare, que se calle".
Pero Taye Woldesmiate no se calla. A la larga, sus carceleros se darán por vencidos. "Me negué desde el principio a entrar en su juego. Les dije claramente que prefería morir antes que abandonar mi lucha. Finalmente dejaron de interrogarme".
A Taye Woldesmiate no le cabe ninguna duda de que la presión internacional sirvió para que lo liberaran. "Es el resultado de la presión de todos esos grupos que defienden los derechos humanos. El régimen desea conseguir ayuda internacional y por lo tanto, finalmente cedió."
Taye Woldesmiate hace hincapié en que la presión debe continuar: "Sigue habiendo muchas personas en la cárcel. Nuestros locales siguen sellados, nuestras cuentas bancarias siguen congeladas. El gobierno tiene que respetar los convenios de la OIT que ha ratificado y aceptar las organizaciones sindicales como interlocutores de la mesa de negociaciones." Para resumirlo, queda mucho por hacer. No obstante, Woldesmiate ve el futuro con optimismo. "Hace dos meses, durante una reunión, los docentes anunciaron públicamente que lucharían por conseguir una sociedad democrática. Y la OIT estará con nosotros." En junio pasado, el portavoz del Grupo de los Trabajadores de la OIT, hablando ante una audiencia de 500 sindicalistas de todo el mundo, declaraba: "La liberación del sindicalista etíope Taye Woldesmiate muestra que la presión de la OIT surte efecto pero nos corresponde a nosotros conseguir que alcance su máximo de eficacia a través de campañas de acción y solidaridad". Taye Woldesmiate está seguro de algo: se abre un nuevo capítulo en su vida pero es otro capítulo de la misma lucha...
Luc Demaret
OIT/Oficina de Actividades para los Trabajadores (ACTRAV)
Creada por LO. Aprobada por MS. Ultima actualización: 29 de octubre de 2002
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