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LAS FORMAS MÁS INTOLERABLES DE TRABAJO INFANTIL EN EL PUNTO DE MIRA DE LA REUNIÓN DE CARTAGENA

Indice
Introducción
Situación, tendencias, características y condiciones en que se realiza el trabajo infantil en América Latina
I. ¿Qué entendemos por trabajo infantil?
Niñez y adolescencia
Trabajo infantil
Edades y colectivos
Obligatoriedad escolar
La OIT y el trabajo infantil
La OIT y el trabajo infantil(recuadro)
II. El trabajo infantil en la región
Dimensiones y tendencias
Estadísticas: una necesidad tangible (recuadro)
Al parecer, es creciente
Importancia en la PEA
Algunas características
Condición sociolaboral
Condiciones de trabajo
Causas
Escolaridad
Dos conclusiones se imponen
Niños versus adolescentes
Cuadros
Cuadro 1
Cuadro 2
Cuadro 3
Cuadro 4
Cuadro 5
Cuadro 6

Introducción
GINEBRA (Noticias de la OIT) - En un nuevo impulso de la ofensiva internacional contra las formas más intolerables del trabajo infantil, ministros y altos funcionarios gubernamentales de 20 países de América Latina se reunirán en Cartagena el 8 y 9 de mayo para reafirmar la voluntad política de la región de combatir y erradicar la explotación de millones de niños trabajadores.

Organizada por el gobierno de Colombia en estrecha colaboración con la Organización Internacional del Trabajo, la Primera Reunión Iberoamericana sobre el Trabajo Infantil congregará además a expertos internacionales así como a representantes sindicales y patronales en un esfuerzo por sensibilizar a la opinión pública sobre el drama de millones de niños latinoamericanos que - ya sea labrando de sol a sol, cociendo ladrillos en hornos ardientes, picando piedras en las canteras o empujados a la prostitución en las calles de las grandes ciudades - trabajan y viven en condiciones miserables.

La ceremonia oficial de apertura se celebrará en el Hotel Las Américas, el viernes 9 de mayo a las 9 a.m. en presencia del Presidente de Colombia Ernesto Samper Pizano y el Director General de la OIT, Michel Hansenne.

Un informe preparado por la OIT ( Endnote ) para la reunión de Cartagena estima en no menos de 15 millones el número de niños que trabajan en América Latina; aproximadamente la mitad de ellos pertenece al grupo de edad de 6 y 14 años. “En términos numéricos - señala Michel Hansenne - estas cifras podrían parecer relativamente modestas a la luz de los 250 millones de niños que según la OIT trabajan en el mundo. Sin embargo resultan alarmantes cuando nos damos cuenta que 1 de cada 5 niños latinoamericanos es un niño trabajador”.


De las estadísticas disponibles se desprende que entre 20 % y 25 % de los niños con 6 a 14 años de edad trabajan actualmente en América Latina, una fuerza de trabajo que representa en promedio algo menos del 5% de la población económicamente activa de la región. “Esta proporción - señala el informe de la OIT - es bastante cercana a la tasa de desempleo abierto, lo que sugiere la posibilidad de que el trabajo infantil esté jugando, en mayor o en menor medida, un papel como ejército industrial de reserva.”

Más allá de su número y proporción, la mayor parte de los niños que trabajan lo hacen en condiciones manifiestamente peligrosas para su seguridad, salud y estabilidad emocional, sometidos a vejaciones físicas y morales y a agotadoras jornadas de trabajo muy superiores a los límites establecidos por la legislación.

Endnote:
Primera Reunión Iberoamericana Tripartita de Nivel Ministerial. Cartagena de Indias, 8-9 de Mayo de 1997. Documento informativo No 1 – Situación del Trabajo Infantil en América Latina. Oficina Internacional del Trabajo, Lima, Mayo de 1997.

Situación, tendencias, características y condiciones en que se realiza el trabajo infantil en América Latina
Inquietante, para unos, simple manifestación de una práctica ancestral o lucha por la supervivencia, para otros, el trabajo infantil ha adquirido importancia en la región, en circunstancias que persiste o aumenta incluso la desocupación y la subocupación de los adultos. No es sino en los últimos años, sin embargo, que deviene tema de investigación y vector de políticas nacionales; y no siempre se tiene consciencia de sus implicaciones, a nuestro modo de ver muy negativas, para el niño que lo realiza, para sus familiares y para la sociedad en su conjunto.

En relación con la evolución del mercado laboral en la fase actual de desarrollo de las economías latinoamericanas, se ha señalado el peso creciente de las actividades informales, y la pérdida de importancia y una cierta desregulación de aquellas formales. Se subraya, asimismo, la escasa creación de empleo en el sector moderno de la economía, la disminución del papel del Estado como empleador, el estancamiento de los salarios reales y en general de los ingresos, y la persistencia de la pobreza en la mayor parte de los países de la región. Coincidentemente, se ha acentuado la precocidad y la prolongación del ciclo de vida laboral; cada vez es mayor el número y la proporción de niños y niñas que empiezan a trabajar desde temprana edad; así como de los trabajadores de edad de ambos sexos.

Nos ocuparemos en este texto de la primera de estas tendencias, que está muy relacionada tanto con la informalidad, que es en donde se desempeñan la mayor parte de los trabajadores prematuros urbanos; y que expresa por otro lado uno de los aspectos de la mencionada desregulación: la disminución, de hecho, de la edad mínima de admisión al empleo, tanto en las actividades formales como informales. En las áreas rurales, el trabajo infantil expresa, contradictoriamente, la persistencia de la economía campesina y una modernización segmentaria de muchas plantaciones, en particular de aquellas intensivas en mano de obra.

Este texto consta de tres partes además de esta introducción. En la primera parte abordamos aspectos conceptuales e introducimos en el tema. La segunda, trata de la extensión y la evolución reciente del trabajo infantil en la región, las características socio-económicas de los niños y niñas que lo realizan, así como sus condiciones y medio ambiente de trabajo y su acceso a la escuela. En la tercera, se esbozan algunas conclusiones y recomendaciones.

I. ¿Qué entendemos por trabajo infantil?
Niñez y adolescencia
La definición de ambos conceptos es particularmente importante, para precisar los términos del problema y las opciones existentes para su solución. Asimismo, las instituciones nacionales e internacionales, los investigadores, la opinión pública, los niños y adolescentes y sus familiares, no utilizan siempre las mismas definiciones. Para la OIT, las edades de los menores de edad son definidas por las disposiciones legales establecidas en relación con la edad mínima de admisión a un empleo; que varían según se trate de países desarrollados o en desarrollo. La OIT considera como niños y niñas, a los menores de 15 años de edad, que es el límite inferior establecido para la admisión a un empleo. Y considera como adolescentes, a los menores de ambos sexos que ya han cumplido 15 años pero son menores de 18 años de edad, que es el límite inferior establecido por esas disposiciones para el empleo sin restricciones determinadas por la edad del joven.

El Convenio núm. 138 de la OIT establece una excepción a la norma general de 15 años de edad mínima para la admisión al empleo o al trabajo por la que permite a los países con dificultades económicas que no disponen de servicios educativos suficientes rebajarla hasta los 14 años. La mayoría de países de América Latina que han ratificado dicho Convenio han establecido una edad mínima de 14 años.


Trabajo infantil
Trabajo infantil será, en consecuencia, aquel trabajo o actividad económica que es realizado por niños o por niñas, es decir, por menores de 15 años de edad, cualquiera que sea su condición laboral (trabajador asalariado, trabajador independiente, trabajador familiar no remunerado, etc.). Otra definición aún más clara establece como trabajo infantil toda aquella actividad realizada por un niño que no sea ni educativa-formativa, ni lúdica. En consecuencia, en este texto las expresiones “trabajo” y “actividad económica” son sinónimas. Se entenderá por “trabajo”, a toda actividad destinada a la producción de mercancías, utilícese o no una fuerza de trabajo asalariada; así como toda actividad destinada a la reproducción de la fuerza de trabajo, que es realizada por asalariados, es decir, por fuerza de trabajo convertida en mercancía, caso del servicio doméstico. A su vez, la expresión “actividad económica” significa la producción de bienes y servicios, según se definen en el sistema de cuentas nacionales de las Naciones Unidas. De acuerdo con este sistema, la producción de bienes y servicios incluye “toda la producción de mercado y algunos tipos de producción no de mercado, incluyendo la producción y elaboración de productos primarios para autoconsumo, la construcción por cuenta propia y otras producciones de activos fijos para uso propio. Excluye las actividades no remuneradas, como son las tareas domésticas no retribuidas y los servicios voluntarios a la comunidad” (Hussmanns et al. 1993: 43).

La primera de las exclusiones señaladas en el párrafo precedente comprende una actividad muy importante para el análisis del trabajo infantil: las tareas domésticos realizadas por una persona de menos de 15 años de edad en el domicilio de sus padres o familiares. La expresión “trabajo infantil” no incluye esos trabajos; salvo, por extensión, en los casos en que esas tareas puedan considerarse equivalentes a una actividad económica, o entorpezcan un adecuado seguimiento de la escolaridad.

Estas tareas ayudan a configurar una segunda definición de trabajo infantil, que denominaremos ampliada, para diferenciarla de la primera, que llamaremos restringida, a la cual completa.

Para ilustrar la definición ampliada, recurriremos a dos ejemplos. Primero, cuando un niño debe dedicar todo su tiempo a esas tareas, a fin de que sus padres o familiares puedan desempeñar un empleo fuera del hogar, y, por consiguiente, y se ve privado de la posibilidad de ir a la escuela, está llevando a cabo tareas domésticas excluyentes, que consideramos equivalentes a una actividad económica. Segundo, cuando las tareas productivas familiares no pueden ser distinguidas de aquellas relativas a la reproducción familiar, porque el lugar en que se realizan aquellas y el lugar de habitación coinciden, o porque los ámbitos de la producción y la reproducción social familiar están íntimamente involucrados, conforme sucede con frecuencia en la economía campesina --el cuidado de la huerta o el corral familiar con fines de autoconsumo, y en menor medida el acarrear agua o leña, son buenos ejemplos de esa mezcla-- así como en el trabajo a domicilio o la producción en talleres instalados en el domicilio familiar, es muy probable que los niños y las niñas trabajen sin que su actividad laboral sea visible. Uno y otro caso se agregan a la definición restringida, ampliándola.

El trabajo infantil, tanto en una como en otra acepción, no comprende el trabajo realizado con fines educativos, sea en instituciones educativas, sea en empresas, como parte de un programa de formación. La OIT condiciona que la formación en empresas se lleve a cabo a partir de los 14 años de edad.

Edades y colectivos
Consideramos necesario distinguir a los niños y niñas, de los adolescentes de ambos sexos, pues se encuentran en diferentes etapas de desarrollo fisiológico, psicológico y educativo . No distinguir, por ejemplo, a los menores de 10 años de edad, de aquellos con 10 a 14 años, y sobre todo de quienes tienen 15 a 17 años, suscita problemas de interpretación. La legislación laboral contempla esas diferencias; en particular, establece un tratamiento diferenciado según se haya cumplido, o no, la edad mínima de admisión al empleo, manteniendo sin embargo el principio de la protección especial al menor de 18 años de edad que trabaja.

Conforme se ha señalado, la OIT define la infancia en función de la edad mínima de admisión al empleo en general. En América Latina interesa conocer, por ello, la población económicamente activa menor de 14, o excepcionalmente, en algunos países, de 15 años de edad; que es, por otro lado, el límite inferior considerado por las estadísticas laborales. Lamentablemente, en la mayor parte de los países sólo existe información sobre los grupos con 10 a 14 años de edad, incluso en algunos sólo se dispone de información sobre los grupos con 12 a 14 años, y prácticamente no existe, salvo excepción, información sobre los trabajadores particularmente prematuros, que aún no han cumplido 10 años.

A esa edad mínima general, se agregan otras dos. Por un lado, aquella que, por vía de excepción, permite eventualmente la realización de trabajos ligeros, que se establece habitualmente, cuando es el caso, a partir de doce años de edad, a condición de que ese empleo se ejerza en condiciones apropiadas y no impida completar la escolaridad a quienes aún no han terminado los estudios obligatorios. Y, por otro lado, la prohibición para realizar trabajos pesados, penosos o peligrosos, inclusive trabajos subterráneos, trabajo nocturno, o por turnos, u horas extras, que con frecuencia sólo pueden ser realizados a partir de los 18 años, aunque en algunos países pueden serlo a los 16. El Cuadro No1 incluye información sobre el particular. Asimismo, la legislación laboral con frecuencia limita, entre los 14 y los 18 años de edad, la jornada del menor trabajador, estableciendo para estos grupos jornadas máximas cuya duración es inferior a la jornada normal del adulto.

Obligatoriedad escolar
Todos los países de la región han establecido la obligatoriedad de la llamada educación básica, que generalmente comprende la educación primaria, y en algunos países incluye asimismo al primer ciclo de la educación secundaria. La columna 5 del Cuadro No 1, indica el número de años de estudios obligatorios y la 4, los rangos de edades en las que se supone se cumple esa obligación.

En la mayor parte de los países la edad mínima de admisión legal al empleo, no coincide con la edad en que finaliza, en teoría, la obligatoriedad escolar. Las excepciones son Bolivia, Honduras y Paraguay. Aunque en el cuadro figure la misma edad, debe tenerse en cuenta que la edad mínima de admisión al empleo se alcanza al cumplirse la edad indicada, mientras que la obligatoriedad escolar termina cuando se deja de tener la edad señalada. En Brasil, por ejemplo, la edad mínima se alcanza al cumplirse los 14 años de edad; pero la obligatoriedad escolar subsiste hasta que se completen 8 años de estudios; en la ocurrencia -- si se iniciaron los estudios primarios a los 7 años de edad, y se cumple años alrededor del momento en que termina el curso escolar-- el último día con 14 años de edad. En la mayor parte de los países sucede igual; en otros, la amplitud de la diferencia puede ser mayor.

En los países en donde la obligatoriedad escolar comprende seis años de estudios primarios solamente, la edad mínima de admisión legal al empleo puede coincidir, en la práctica, sin embargo, con la terminación de los mencionados estudios, si el niño tiene un año de retraso en sus estudios --por inscripción tardía, repetición u otra causa-- de cumplir años alrededor del momento en que termina el curso. Probablemente es un caso bastante generalizado. No obstante, las situaciones pueden ser muy diversas.

La OIT y el trabajo infantil
El interés de la OIT en el trabajo infantil ha sido permanente, desde su fundación, en 1919. Sus preocupaciones en este ámbito se acentúan en la actualidad, por la persistencia de formas ancestrales y la aparición de nuevas formas de explotación económica de la niñez. Asimismo, inquietan sus repercusiones en la salud laboral del futuro adulto, al igual que las perspectivas de quienes, por trabajar prematuramente, no han podido formarse debidamente, o lo han hecho de manera muy escasa, en circunstancias que el mercado laboral restringe significativa y crecientemente el empleo y la protección social a quienes no están calificados profesionalmente.

La OIT y el trabajo infantil
La OIT considera que los niños y adolescentes no deben trabajar para subsistir; asimismo, es contraria a que ese trabajo sirva a la acumulación de capital. Se ha preocupado, en consecuencia, desde su fundación, en establecer una normativa internacional y en promover unas políticas nacionales con tales propósitos. En su primera conferencia internacional, en 1919, adoptó el primero de los once convenios internacionales sobre la edad mínima de admisión al empleo que ha promulgado hasta el momento.

En 1973 adoptó el instrumento más amplio en la materia, el Convenio sobre la edad mínima de admisión al empleo (Núm. 138), que revisa los anteriores convenios; así como la Recomendación (Núm. 146), que lo complementa. Es un convenio flexible, que tiene en cuenta las particularidades de los países en desarrollo. Ha inspirado el artículo 32 de la Convención sobre los Derechos del Niño, relativo a la protección de los menores de 18 años de edad, contra la explotación económica.

Los países que lo ratifican se comprometen, en primer lugar, a seguir una política nacional dirigida a asegurar, en los plazos que se requieran, la abolición del trabajo infantil que se realiza con fines de subsistencia y de acumulación; y, en segundo lugar, a establecer y a respetar una edad mínima de admisión al empleo o al trabajo, y a elevarla progresivamente a un nivel compatible con el pleno desarrollo físico y mental del futuro adulto. En los países en desarrollo esa edad es de 14 años, pudiendo permitirse, excepcionalmente y previa autorización, la realización de trabajos ligeros a los 12 años de edad.

Esa política puede variar de un país a otro, pero usualmente debe incluir medidas destinadas a desarrollar, en general, condiciones socio-económicas y valores culturales que desalienten la oferta y la demanda de la fuerza de trabajo con edades inferiores a la edad mínima mencionada; así como medidas dirigidas específicamente sea a prevenir o erradicar el trabajo infantil, sea a proteger a los niños y adolescentes no comprendidos en los alcances del convenio, y a los adolescentes a los que se permita trabajar, a manera de excepción. La Recomendación No 146 propone la adopción de medidas en favor del pleno empleo y una política social avanzada.

Entre esas medidas, cabe señalar el desarrollo y la extensión progresiva de medios adecuados de enseñanza y de orientación y de formación profesional, adaptadas por su forma y contenido a las necesidades de los niños y adolescentes. Asimismo, subraya la necesidad de asegurar la universalización de la enseñanza primaria o básica, mediante el cumplimiento estricto de las disposiciones que establecen su gratuidad y su obligatoriedad, y la elevación substancial de su calidad. Y que la educación debe adaptarse a los requerimientos del mercado de trabajo, y prever las transformaciones a mediano y largo plazo de éste.

La OIT no es contraria al trabajo infantil que se realiza con fines de capacitación o formación en el medio escolar. Asimismo, respeta las costumbres y las instituciones de las poblaciones indígenas y tribales en la materia, cuando el trabajo del niño o adolescente tiene lugar en la economía natural y se hace en un marco de respeto de los derechos humanos.

Consciente de la extensión considerable del trabajo infantil, y de sus tendencias, la OIT pone especial empeño en la promoción del Convenio No 138, con miras a incrementar el número de ratificaciones y de mejorar su aplicación; ha creado el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, que canaliza su asistencia técnica en la materia; y ha iniciado la preparación de un convenio internacional específico a trabajo infantil, centrado en el combate de sus formas más penosas, peligrosas y perniciosas.

II. El trabajo infantil en la región
Dimensiones y tendencias
El trabajo infantil es relativamente importante en la región, desde un punto de vista cuantitativo, y probablemente lo es más, aún, en una perspectiva cualitativa. Sin embargo, la estimación del número y las características económicas, sociales y culturales de los niños trabajadores, es difícil, en el estado actual de las estadísticas relativas a la infancia trabajadora, conforme se señala en el recuadro adjunto.

Una primera aproximación puede ser establecida a partir del grupo de edades 10 a 14 años. Se puede estimar en cuando menos 7'613,198, el número de niños con 10 a 14 años de edad que trabajaban en América Latina hacia 1995, según la definición restringida de trabajo infantil, conforme se puede apreciar en el Cuadro No2. En promedio, casi 15% de los niños y niñas con tales edades trabajan. Es una proporción bastante elevada.

Si se tiene en cuenta la definición ampliada de trabajo infantil --es decir, si se incluye en la estimación a los niños y niñas que realizan tareas domésticas excluyentes -- esa cifra aumentaría y esa proporción aumentarían en magnitudes que sólo es posible precisar en algunos pocos países. En Brasil, lo haría, 29.1%; en Colombia, 28.5%; en Costa Rica, 55%, y en Panamá, 44.4%. Se conoce poco esa magnitud en la mayor parte de los países, pero se supone que es relativamente importante en todo país en donde la participación de la mujer en el mercado de trabajo es significativa y no existen suficientes servicios sociales, en particular para el cuidado de niños y niñas de corta edad, educación pre-escolar o cuidado de ancianos. Es probable que sea menos importante en otros países. De cualquier manera, las cifras señaladas podrían indicar que la definición ampliada de trabajo infantil incrementa cuando menos en 20% a 25% la estimación basada en la definición restringida. Es posible que su importancia disminuya con el desarrollo de servicios sociales destinados a apoyar a los trabajadores con responsabilidades familiares, y con la expansión del sistema educativo, así como por la tendencia a una mayor retención de niñas y adolescentes de sexo femenino por ese sistema.

Por otro lado, muchos niños empiezan a trabajar antes de los 10 años de edad. Aunque no se dispone de información al respecto sobre la mayor parte de los países, aquella disponible muestra que los trabajadores particularmente prematuros son muy numerosos. En Brasil, por ejemplo, el Instituto Brasileiro de Geografía y Estadísticas ha señalado que trabajan 522,188 menores con edades entre 5 y 9 años de edad; esta cifra representa 12% del total de los niños con 5 a 14 años de edad que trabajaban en 1993; y 13.6% de aquellos con 10 a 14 años. En otros países la proporción puede ser mayor. Según cifras censales, los menores con 7 a 9 años de edad representaban 21% de la fuerza de trabajo infantil en Guatemala en 1994. El niño empieza a trabajar a muy temprana edad en las áreas rurales. En Colombia, los niños con 6 a 9 años de edad, representaban 34.5% de la población económicamente activa rural menor de 14 años en 1991. Sin embargo, muchas veces también lo hace en las áreas urbanas. Las estadísticas tienen dificultades especiales para captar sus actividades, en especial cuando se realizan en el hogar, y en general acompañando a sus padres o familiares de mayor edad.

La relativa invisibilidad del trabajo infantil ha llevado a desarrollar técnicas alternativas de medición, caso de la introducción, en las encuestas de hogares, de módulos destinados específicamente a captarlo, mediante la inclusión de preguntas sobre sus actividades --para evitar la incomprensión del concepto “trabajo” -- en un período de referencia bastante mayor a la semana anterior a la encuesta, habitual en las encuestas de empleo, que no tiene en cuenta la estacionalidad o discontinuidad del trabajo infantil. En Costa Rica, el módulo aplicado en 1994 permitió apreciar una sub-estimación de 69% del número de niños con 12 a 14 años de edad que trabajan. La sub-estimación debe ser subrayada, pues esas edades son “menos invisibles” que las inferiores. Por otro lado, el módulo no pudo aplicarse, por razones institucionales, a los niños y las niñas; fue aplicado, como es normal en estas encuestas, a los mayores de 14 años de edad que se encontraban en el hogar. Es probable que de haberse preguntado a aquellos las actividades que realizan, la sub-estimación hubiera sido mayor.

De considerarse la definición ampliada de trabajo infantil, y de tenerse en cuenta a los niños que empiezan a trabajar antes de los 10 años, así como las sub-estimaciones del trabajo infantil por las estadísticas generales, el número de niños que trabajan es bastante superior al anteriormente señalado; cuando menos el doble. No es aventurado afirmar que en América Latina trabajan no menos de 15 millones de niños y niñas que aún no han cumplido 15 años de edad.

Estadísticas: una necesidad tangible
Una información estadística precisa, detallada y oportuna es necesaria para el conocimiento del trabajo infantil, sus causas e implicaciones; así como para el diseño, la ejecución y la evaluación de políticas y programas. Es igualmente importante para la sensibilización de la opinión pública, los niños y las niñas, y sus familiares.

La información relativa a menores de 12 años de edad es prácticamente inexistente, y aquella sobre los menores de 15 años de edad, es cuantitativa y cualitativamente bastante insuficiente en la mayoría de los países. El conocimiento socio-laboral de la infancia plantea problemas metodológicos específicos, que por lo general no han sido contemplados por las estadísticas sobre el trabajo infantil, que la mayoría las veces han sido elaboradas a partir de censos o encuestas preparadas con otros fines,

Entre los problemas a superar, cabe señalar la invisibilidad del trabajo infantil para el encuestador y su entrevistado -generalmente el jefe de hogar, que por otro lado puede tener razones para negar la actividad laboral del niño o la niña-- y la difícil interiorización, por éste u ésta, cuando son entrevistados, del concepto de trabajo, que puede ser concebido como una obligación familiar, como una actividad que le es difícil catalogar, o incluso como un juego. Asimismo, es necesario tener en cuenta la discontinuidad o estacionalidad del trabajo infantil. Muchas veces los censos o encuestas tienen lugar en momentos distintos al de mayor actividad infantil y no tratan de captarlos.

Varios países han hecho esfuerzos para mejorar las estadísticas relativas a trabajo infantil, incluidas las condiciones y el medio ambiente en qué tiene lugar, sus relaciones con la escolaridad y las condiciones de vida del niño y la niña. Mediante una mejor tabulación de las estadísticas existentes; una mejor utilización de los instrumentos utilizados para captar el empleo y las condiciones de vida, incluyendo en ellos módulos destinados a captar el trabajo infantil; y la realización de encuestas específicas, cuando la política, el programa o el proyecto de actividad lo requiere.

Al parecer, es creciente
El número y la proporción de niños y niñas que trabajan aumentaron durante los años 80 y probablemente han continuado aumentando en la primera mitad de esta década. Durante los años 70 el trabajo infantil disminuyó, bajo la influencia de la expansión del sistema educativo, del empleo y de los ingresos de los adultos y, en general, de la economía. La información sobre la primera mitad de esta década es incompleta, pero aquella disponible sobre Brasil, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, México y Perú, muestran una tendencia al alza, que en algunos de los mencionados países puede ser importante. En otros países, así como en muchas regiones, o ciudades, sin embargo, es posible que el crecimiento del trabajo infantil se haya saturado, debido a la desocupación sub-ocupación masiva de adultos, que pueden llegar a competir con niños y niñas en un mercado de trabajo cada vez más restringido. Información sobre la tendencia señalada es proporcionada por el Cuadro No6.

Importancia en la PEA
La fuerza de trabajo con 10 a 14 años de edad representa en promedio algo menos de 4% de la población económicamente activa de la región, si se utiliza la definición restringida de trabajo infantil, conforme se puede apreciar en los Cuadros 2 y 3. No es una proporción elevada, pero representa las dos terceras partes de la tasa de desempleo abierto; generalmente se sitúa entre la mitad y las tres cuartas partes de esta tasa. La proporción que ha alcanzado y la inter-sustitución que existe entre adultos y niños y adolescentes en algunas tareas relativamente difundidas, sugieren la posibilidad de que el trabajo infantil esté jugando, en menor o mayor medida, un papel como ejército industrial de reserva en actividades poco calificadas, en particular en ámbitos locales. Por otro lado, la proporción relativamente elevada de niños y sobre todo de niñas que realizan oficios domésticos excluyentes --en substitución de sus familiares adultos, para que éstos puedan trabajar-muestra que su participación indirecta en el mercado de trabajo es muy importante. El mejoramiento de las estadísticas relativas a trabajo infantil permitirá apreciar con mayor precisión la importancia de los niños y las niñas que trabajan en ambas funciones.

Algunas características
a) Distribución por sexo
La proporción de niños y adolescentes trabajadores, es bastante mayor que la de niñas y adolescentes de sexo femenino trabajadoras, si se emplea la definición restrictiva de trabajo infantil; los rangos varían generalmente entre 60% y 80% para los varones y 20% a 40% para las mujeres. Las diferencias se reducen significativamente, sin embargo, de emplearse la definición ampliada, pues la mayor parte (88% en Brasil; 91.2% en Colombia; 86.5% en Costa Rica), e incluso la totalidad (como sucede en Panamá, lo que podría estar mostrando prejuicios en los criterios de codificación de la encuesta), de quienes realizan tareas domésticas excluyentes, son mujeres. La división social del trabajo entre los sexos se muestra en América Latina desde temprana edad.

b) Urbanos y rurales
La mayor parte de los niños y niñas, y de los adolescentes y las adolescentes que trabajan, se encuentra en las zonas rurales; en promedio, alrededor de 70% de aquellos dedicados explícitamente a actividades económicas. En esas zonas, la tasa de actividad puede ser dos e incluso tres veces aquella de las zonas urbanas, conforme se señala en el Cuadro No3. En las zonas urbanas es menor, debido a una expansión bastante mayor del sistema educativo y la relativa importancia de las actividades formales, que poco utilizan mano de obra infantil. Sin embargo, debido al intenso proceso de urbanización, así como al crecimiento de las actividades informales urbanas, que suelen utilizar trabajo infantil en menor o mayor medida, en las últimas décadas ha crecido muy significativamente la proporción de niños trabajadores de ambos sexos que residen en las urbes. En las ciudades, las principales actividades infantiles son el trabajo en micro-empresas y talleres informales, tiendas familiares y a domicilio, así como el trabajo callejero y el servicio doméstico, que es la principal ocupación urbana de aquellos de sexo femenino. En el campo, el principal sector de actividad es la agricultura.

c) La calle
Particularmente visibles en las ciudades latinoamericanas, las dos categorías de niños y niñas que trabajan en las calles --identificados, según los casos, sea como niños en la calle, cuando continúan viviendo con sus familias, sea como niños de la calle, cuando viven en ésta la totalidad o la mayor parte del tiempo-- representan entre 5% y 20% de los niños y adolescentes que trabajan en las ciudades. La mayor parte pertenecen a la segunda de las categorías mencionadas; los niños de la calle constituyen generalmente una pequeña proporción.

d) Etnicidad
La actividad laboral de los niños y adolescentes es más elevada en la población indígena. Puede ser 2 o 3 veces aquella del conjunto de la población. En Ecuador, por ejemplo, en 1994 la tasa de actividad era 34.6% en los grupos de edades con 10 a 17 años que hablan español, y 89.7% entre los que hablan un idioma nativo o son bilingües. En Panamá, los ocupados representaban 3.7% del conjunto de la población con 10 a 14 años de edad y 9.7% entre los niños y adolescentes indígenas en 1990. La mayor intensidad laboral obedece a razones culturales de índole étnica configuradas o reforzadas por la ruralidad, en que viven mayoritariamente las etnias y las naciones étnicas americanas; y en general a sus precarias condiciones de vida. En América Latina, ser indígena generalmente significa ser pobre.

Es posible que el trabajo infantil también esté muy desarrollado en poblaciones de otros orígenes étnicos; por ejemplo, en la población de origen africano, igualmente agobiada por la pobreza.

Condición sociolaboral
a) Elevada proporción de asalariados
Las condiciones socio-laborales varían con la edad. En el grupo 10-14 años una elevada proporción de niños y adolescentes son asalariados (incluídos aquellos que prestan servicios domésticos); en casi todos los países sobre los que se dispone de información, son mayoritarios. Llegan a representar más de 60% e incluso 70% en las áreas urbanas de algunos países, y alrededor de 45%-50% por ciento del conjunto de los niños y adolescentes trabajadores. Parte --no conocida, pues no existen estadísticas sobre el particular--de estos asalariados precoces son aprendices; informales, evidentemente, pues las legislaciones latinoamericanas establecen que no pueden serlo antes de los 14 años de edad, (salvo en Brasil en donde pueden ser aprendices a los 12 años) y porque la formación que reciben no es reconocida oficialmente. Entre ellos son comunes, las remuneraciones particularmente bajas; la prolongación del aprendizaje por el maestro jefe o propietario del taller, con la finalidad de seguir pagando un salario reducido, a pesar de la calificación y la destreza media adquiridas; su utilización en otras tareas, incluso domésticas.

b) Importante proporción de trabajadores familiares no remunerados
Los más pequeños, generalmente son trabajadores familiares no remunerados. A partir de los 8 o 9 años, crece la proporción de asalariados e independientes. En el grupo 10 a 14 años de edad, la segunda categoría en importancia son los trabajadores familiares no remunerados, que representan alrededor de 40%-45% de los niños y adolescentes trabajadores, y tienen particular importancia en las áreas rurales. Salvo excepción, quienes trabajan por cuenta propia representan una proporción bastante minoritaria de la fuerza de trabajo infantil: entre 10% y 15%.

c) Pocos en el sector moderno
La mayoría de niños y niñas trabajan en la economía campesina, en la informalidad o en el servicio doméstico, que es una actividad distinta tanto de las actividades productivas modernas como de las tradicionales y las informales; conciernen la reproducción social. La información disponible sobre la distribución de la fuerza de trabajo infantil entre estos tres sectores es escasa. En el sector moderno, trabaja menos de 10%, entre 5% y 10% en el servicio doméstico y entre 80% y 85% en la economía campesina y las actividades informales. Estas cifras son corroboradas, en el grupo de edades 10 a 14 años de edad, en Brasil, por la escasa proporción (3.9%), de niños y adolescentes trabajadores que contribuían a la seguridad social; o que, entre aquellos asalariados, tenían carné de trabajo otorgado por sus empleadores (8.6%) en 1990. Sin embargo, la proporción de trabajadores precoces en el sector moderno puede ser mayor, si es ocultada por la subcontratación a microempresas informales, el trabajo a domicilio u otros mecanismos; en especial en las plantaciones de pequeña y mediana dimensión, en donde son numerosos, pero en las que su participación es sub-estimada por ser empleados muchas veces como ayudantes no remunerados de sus padres, o clandestinamente.

Condiciones de trabajo
a) Jornadas de trabajo prolongadas
Parte importante de los niños y los adolescentes trabajadores realizan jornadas prolongadas, en todo caso bastante superiores a los límites máximos establecidos por la legislación. En Brasil, por ejemplo, 46.4% de los menores trabajadores con 10 a 14 años de edad, que suman algo más de 1.3 millones, trabajaron 40 o más horas semanales en 1990; paradójicamente, más de 12.5 millones de trabajadores con 15 o más años de edad, trabajaron menos de 40 horas semanales ese año. En Colombia, Costa Rica y Ecuador, parte importante (75% en Colombia, 54.1% en Ecuador) de los trabajadores precoces sobre los que se dispone de información, realizan jornadas superiores a las duraciones máximas establecidas por la legislación.

b) Escasos ingresos
Los ingresos de los niños y adolescentes trabajadores en promedio son bastante bajos, aunque muchos pueden obtener ingresos mayores, incluso más elevados que ciertas categorías de trabajadores adultos. Un indicador parcial del nivel relativo de esos ingresos, es la proporción de niños y adolescentes trabajadores cuyos ingresos son iguales o menores que el salario mínimo legal. En Brasil, 96.3% de los menores trabajadores con 10 a 14 años de edad, tenían ingresos iguales o inferiores a un salario mínimo en 1990; muchos de ellos (71.1 por ciento del total de estas clases de edades) sólo percibían medio salario mínimo. A conclusiones comparables llegan estudios realizados en Colombia, Ecuador y América Central.

Los ingresos limitados que perciben en promedio los niños y adolescentes, se deben, en parte, a la elevada proporción de trabajadores familiares no remunerados. Sin embargo, aquellos asalariados pocas veces perciben el salario mínimo, incluso cuando realizan jornadas iguales o mayores que la jornada normal de los adultos. También influye la remuneración en especie --parcial, la mayor de las veces-- de muchos de ellos; en particular el empleado en el servicio doméstico. Y, en tercer lugar, la precariedad, poca calificación de sus empleos y escasa capacidad de negociación en tanto asalariados. En muchos casos influye asimismo el pago a prorrata del número de horas trabajadas, permitida por la legislación, sin tener en cuenta que ella misma establece que la duración normal de sus jornadas es inferior a la del adulto; así como el aprendizaje.

No debería inferirse, de lo señalado, que el trabajo infantil no es necesario para las familias. Menos aún, que éstas podrían resignarse fácilmente a su pérdida. La contribución de los niños y adolescentes a los ingresos familiares puede ser importante, en particular en los hogares que confrontan la pobreza extrema, en especial en aquellos hogares monoparentales liderados por mujeres. Por lo demás, muchas veces permite estudiar. Asimismo, muchas veces un trabajo infantil complementa el trabajo de un adulto, y al hacerlo, permite que éste exista.

c) Riesgos para la seguridad y la salud
Los niños y los adolescentes atraviesan fases delicadas de su desarrollo músculo-esquelético, al igual que neurológico, hepático, digestivo, respiratorio y cardiovascular. Es una de las razones del establecimiento de una edad mínima de admisión al empleo; así como de condiciones de trabajo especiales, para quienes, por vía de excepción, pueden ser autorizados a trabajar. Aquello que es apropiado y seguro para un adulto, no lo es necesariamente para el niño, por encontrarse éste en un período de crecimiento y desarrollo. Sus reacciones toxicológicas, sus capacidades laborales y sus reacciones psicológicas, no son proporcionales ni menos aún similares a las de los adultos. Es por esta razón que incluso actividades aparente inocuas, pueden ser riesgosas para la seguridad y la salud de los niños y adolescentes que las realizan.

Este preámbulo contribuye a explicar porqué parte importante de los trabajos que realizan los niños y adolescentes, son riesgosos para su salud y su seguridad. La agricultura, por ejemplo, en donde se concentra, desde un punto de vista sectorial, la mayor parte de la fuerza de trabajo infantil, puede ser particularmente peligrosa para ellos; y a menudo lo es. Los trabajos agrícolas implican labores a la intemperie, bajo altas temperaturas y, muchas veces, lluvia, mordeduras de animales y picaduras de insectos, y, con frecuencia, exposición o manipulación de productos químicos, muchas veces dañinos para la salud. Asimismo, generalmente exigen posturas laborales difíciles y cargar pesos excesivos para sus capacidades y desarrollo. Con frecuencia los productos químicos utilizados son tóxicos. Muchos de estos riesgos, en la agricultura y en otros sectores de actividad, han sido verificados por estudios clínicos.

d) Trabajo forzoso
Se entiende por trabajo forzoso u obligatorio todo trabajo o servicio exigido a un individuo bajo la amenaza de una pena y para el cual dicho individuo no se ofrece voluntariamente. La relación de trabajo debe ser libremente establecida. Sin embargo, en algunos países el trabajo forzoso subsiste, debido a la persistencia, o a la reaparición, de estructuras económicas y sociales e instituciones atrasadas (esclavitud, yugo laboral, servidumbre por deuda). En otros casos puede estar relacionada con el régimen político, en especial con el trato que se acuerde a la disidencia, o como se afronte la carencia de mano de obra. La existencia de estas modalidades de trabajo, testimonia la violación de derechos humanos fundamentales.

La OIT ha promulgado dos instrumentos destinados a combatir esta modalidad antisocial de trabajo: el Convenio (núm. 29) relativo al trabajo forzoso u obligatorio, 1930; y el Convenio (núm. 105) relativo a la abolición del trabajo forzoso.

El informe de la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones de la OIT, correspondiente a 1992, señala varios casos de trabajo forzoso en América Latina, algunos de los cuales comprenden la explotación de niños. Es así que la Comisión ha tomado nota de denuncias e informaciones de trabajo forzoso de menores de 14 o 15 años de edad en diferentes sectores de la economía rural y la minería en Brasil. En uno de los casos, al parecer verificado por un grupo de parlamentarios, niños de apenas 10 años trabajan 12 horas diarias en una relación de dependencia total del empleador. Estos menores trabajan sin salario, esperando poder incrementar la producción de sus padres y saldar la deuda que mantienen a sus familias ligados con el empleador.

El informe señala asimismo tres casos de trabajo forzoso en el Perú. El primero de estos casos (el trabajo sin remuneración de niños en empresas peladoras de castañas en Puerto Maldonado) señala explícitamente la explotación de menores. El segundo (trabajadores de las minas y lavaderos de oro de Madre de Dios) no se refiere explícitamente a la explotación de niños o adolescentes, la que sin embargo ha sido verificada por varios estudios (Castro de León, 1985; Guillén, 1990) y más recientemente ha dado lugar a un gran escándalo nacional (CODENI, 1991). El tercer caso (comunidades indígenas de Atalaya) comprende posiblemente el empleo forzoso de niños, ya que al parecer involucra la servidumbre de comunidades indígenas enteras, o de parte de ellas.

El informe hace referencia, igualmente, a la repatriación, de la República Dominicana a Haití, de menores de 16 años de edad de nacionalidad haitiana, que venían trabajando como braceros en el cultivo, corte y acarreo de caña, en muchos casos, en régimen forzoso. La situación de estos menores ha sido objeto de diversos comentarios en anteriores informes de la mencionada Comisión.

Poco se conoce acerca de esta modalidad de trabajo infantil antisocial en la región. Las informaciones disponibles la vinculan al adelanto de dinero en el "enganche" y la habilitación de trabajadores. En unos casos las deudas contraídas por los padres--la mayor de las veces estas deudas se originan en la manipulación, por los empleadores, de las habilitaciones o adelantos de dinero, que hacen a los trabajadores para pagar el transporte o para que adquieran alimentos o realicen otros gastos--obligan a los hijos. En otras, como los lavaderos de oro de Madre de Dios, las deudas por lo general han sido contraídas por los propios menores. Sin embargo, el trabajo infantil forzoso puede originarse asimismo en la ayuda que los niños están obligados a proporcionar a sus padres para que éstos puedan cumplir sus obligaciones. En el caso de las empresas peladoras de castaña antes señalado, por ejemplo, se contrata sobre todo a madres de familia, quienes recurren a la ayuda de sus hijos para poder llenar el número de barriles de castaña exigidos diariamente por el empleador.

Es posible que esta modalidad de trabajo esté bastante más extendida que lo usualmente admitido. Se tiene informaciones, aún no verificadas, de otros casos de trabajo forzoso; niños indígenas, pero también de otros orígenes, estarían siendo entregados a comerciantes informales y a redes organizadas de mendicidad. En ocasiones, el trabajo forzoso es camuflado por falsas relaciones de parentesco.

Causas
La principal causa del trabajo infantil es la pobreza. La mayor parte de los estudios realizados muestra que en su gran mayoría los niños y las niñas que trabajan pertenecen a familias pobres, muchas veces indigentes. Un reciente estudio de la CEPAL sobre los niños y niñas y los adolescentes de ambos sexos que trabajan en las áreas urbanas de la región, muestra, en la categoría 12-14 años, que, salvo en Bolivia, en todos los otros países, la mayor parte de los niños y niñas que trabajan pertenecen a los estratos pobres. Es probable incluso que muchos de los hogares no afectados por la pobreza, serían pobres de no contar con el concurso laboral de sus miembros infantiles. O que muchos calificados como pobres no indigentes, serían indigentes sin ese concurso.

En las zonas rurales, la pobreza está bastante más extendida que en las ciudades, y es una de las razones por las que la tasa de participación laboral entre los niños y niñas es más elevada que en las zonas urbanas. En la economía campesina, es frecuente que los niños participen desde temprana edad en las actividades productivas, sea por razones culturales, en particular la socialización mediante el trabajo en la parcela o la comunidad; sea por falta de brazos, que son necesarios en mayor medida por la escasa o inexistente mecanización, y por la incapacidad en que el campesino se encuentra de contratar mano de obra asalariada. La demanda de fuerza de trabajo infantil se incrementa con la migración de los miembros adultos de la familia.

Sin embargo, no todos los niños pobres trabajan; ni todos aquellos que trabajan son pobres. La relación que se establece entre trabajo infantil y pobreza es compleja, y de manera alguna líneas, y menos aún automática. Muchas familias pobre siguen apostando por la educación y consideran que el trabajo es un último recurso. Asimismo, influye la modalidad de trabajo de los padres y adultos -cuando la actividad laboral se realiza en el hogar, es más frecuente que participe el niño o la niña--; la proporción de adultos potencialmente activos; las posibilidades que ofrece el mercado de trabajo a niños y niñas; y la accesibilidad, o no, a servicios sociales, que permitan al adulto con responsabilidades familiares, trabajar sin recurrir al concurso de un miembro infantil del hogar.

Influyen igualmente pautas culturales --tradicionales, como puede ser la transferencia de conocimientos artesanales de padres a hijos; o relacionados con la migración del campo a la ciudad, que conserva la propensión rural al trabajo infantil, y la refuerza con fines de sobrevivencia-- y el nivel de desarrollo del sistema educativo, o la valoración que se haga de éste.

Escolaridad
El Cuadro No4 incluye información acerca de la escolaridad media de los niños y niñas con 10 a 14 años de edad, así como de aquellos que no trabajan. Las diferencias pueden ser significativas. El trabajo dificulta la escolaridad --muchas veces, cuando las jornadas son prolongadas, seriamente-- y en muchos casos la impide. No es, sin embargo, un obstáculo absoluto. El mismo cuadro muestra, por una parte, que entre 35% y 72% de quienes trabajan, no estudian; y, por otra parte, que entre 28% y 65% de los niños y niñas que trabajan, estudian al mismo tiempo. El trabajo infantil ha dejado de ser sinónimo de deserción escolar; aunque la sigue determinando en buena medida. La información existente sobre Brasil muestra que la proporción de quienes trabajan y estudian al mismo tiempo es creciente; lo que es indicador de la creciente pérdida relativa de la capacidad de la escuela para disuadir el trabajo infantil. Por otro lado, muchos niños y niñas trabajan para sufragar sus gastos escolares: la escuela pública no es gratuita, ni mucho menos. Asimismo, ocupa poco tiempo --muchas veces, unos 120 días al año, unas cuatro horas al día, e incluso menos-- y su estado actual de exigencias puede ser compatible, dentro de ciertos límites, con la realización de actividades laborales. Los problemas se presentan por eso, no a temprana edad, sino entre los 12 y 14 años, cuando se acumulan déficit educativos y repeticiones de años escolares. En el otro extremo, no todos los niños y las niñas que no asisten a la escuela lo hacen por razones laborales; muchas veces se debe a las carencias de la oferta educativa. Siguen faltando escuelas, a pesar de los esfuerzos realizados; y la educación es generalmente de escasa o mediocre calidad. Es lógico, en estas circunstancias, que muchos padres de familia traten de compatibilizar ambas opciones, incluso que prefieran el trabajo a la escolaridad de sus hijos, por sus ventajas inmediatas, en materia de ingresos y de inserción en el mercado laboral. La reforma educativa es, por lo señalado, una tarea prioritaria.

Dos conclusiones se imponen
Es probable que entre 60% y 80% de los niños y adolescente trabajadores pertenecientes al grupo 10-14 años de edad, sea no van a la escuela, sea trabajan en mediocres o malas condiciones, o en ambientes hostiles, de trabajo, con grave riesgo para su seguridad y salud, así como de explotación económica. Aunque no se dispone de información detallada suficiente, sobre otros grupos de edad, el hecho mismo de trabajar muy precozmente, implica graves riesgos, que es confirmada por la información disponible.

Quienes, a pesar de trabajar, incluso en condiciones inapropiadas, van a la escuela, afrontan dificultades especiales en su escolaridad. Una alta intensidad del trabajo, o una jornada prolongada, favorecen la impuntualidad y la inasistencia; asimismo, causan fatiga, que dificulta el estudio. Este colectivo está particularmente expuesto al fracaso escolar.

Niños versus adolescentes
Por último, el Cuadro No5 permite apreciar algunos aspectos importantes de la inserción diferenciada de los niños y adolescentes de ambos sexos en la producción y el mercado de trabajo. Sus tasas de actividad económica son marcadamente diferentes; son relativamente limitadas en el caso de los grupos con 10 a 14 años de edad; bastante elevadas a los 15-17; o 15-19 años de edad, aunque varios puntos inferiores, aún, a las que se alcanzan a los 20-24 años de edad.

Sin embargo, las diferencias por sexo disminuyen en alguna medida con la edad solamente; no desaparecen, siguen siendo importantes. En Brasil, por ejemplo, la tasa de actividad masculina es 1.88 veces la femenina en el grupo 10 a 14 años de edad, 1.59 veces en el grupo 15-19 años. En México, la relación disminuye menos, de 2.3 a 2 veces. Que disminuyan ligeramente tan sólo, se explica en términos generales por las diferentes inserciones en el mercado laboral de cada género, pero también, a que las adolescentes prosiguen en mayor medida estudios secundarios que los adolescentes actualmente, postergando en consecuencia su inserción en el mercado laboral. Por otra parte, el cuadro ilustra la definición restringida de trabajo infantil. Muchas adolescentes realizan oficios domésticos sustitutorios, a diferencia de los adolescentes, que los ejercen bastante menos incluso que cuando niños; muchas otras los realizan ya no en substitución de un adulto, sino como consecuencia de una unión y una maternidad precoz.

Por otro lado, con la edad crece el peso del grupo en la PEA que se duplica e incluso triplica, salvo en Ecuador, en donde disminuye ligeramente.

Cuadro No 1 América Latina: edad mínima de admisión al empleo y educación obligatoria

País

Edad mínima de admisión



Educación Obligatoria


General

Ligeros

Peligrosos

Límites de edad en que se aplica

Nº de años


I

II

III

IV


Argentina

Bolivia

Brasil

Colombia

Costa Rica

Cuba

Chile

República Dominicana

Ecuador

El Salvador

Guatemala

Haití

Honduras

México

Nicaragua

Panamá

Paraguay

Perú

Uruguay

Venezuela

14 14

14

14

15

15-17

15

14

14

14

14

12 -15

14

14

14

14

15

12

14

15

14

(1)

(3)

(4)

12

12

--

--

--

-- --

--

--

--

--

--

12

12

--

12

--

18

18

18

18

18

17-18

18

18

18

18

16

18

18

16-18

18

18

18

18

18-21

18

6-15

6-13

7-14

6-14

6-15

6-15

6-13

7-14

6-14

7-15

7-14

6-12

7-13

6-14

7-12

6-15

7-13

6-12

6-14

5-14

9

8

8

9

9

6

8

8

6

9

6

6

6

6

6

6

6

6

6

10


Nota:
1. Sólo en empresas familiares
2. También es obligatorio 1 año de educación pre-escolar
3. Salvo en el aprendizaje, cuya edad mínima no es estipulada
4. Salvo en el aprendizaje, o apartir de los 12 años de edad
5 7 a 15 años de edad y 10 años de escolaridad según la Constitución de 1985
6. La Constitución de 1993 estableció la obligatoriedad de la educación pre-escolar, a partir de los cinco años de edad.

Cuadro No 2: CIFRAS ESTIMATIVAS TRABAJO INFANTIL EN AMERICA LATINA DEFINICION RESTRINGIDA DE TRABAJO INFANTIL

País

Población Total 10 - 14 años

PEA Infantil 10 -14 años

Porcentaje sobre edades

Porcentaje sobre PEA Total

Fuentes

Argentina

3,197,582

214,238 6.70% 1.490 % Ministerio Trabajo (1990)
Bolivia 386,222 54,549 14.1 % 4.1% Encuesta de Hogares 1995
Brasil 17,588,115 3,599,747 20.5 % 4.8% Encuesta de Hogares 1995
Chile (*) 755,227 14,914 2.00% 0.002 % Encuestas Casen (1994)
Colombia (*) 2,327,823 367,796 15.8 % n.d. Encuesta de Hogares 1992
Costa Rica (*) 203,893 26,009 12.8 % 2.1% Encuesta de Hogares (1995)
Ecuador 1,391,433 420,663 30.2 % 7.8% Encuesta de Hogares 1994
El Salvador 661,176 85,516 12.9 % 4.0% Encuesta de Hogares 1994
Guatemala 1,325,725 316,061 23.8 % n.d. INE. CENSO (1994)
Haití 847,706 158,182 18.66% 5.210 % CELADE (1996)
Honduras 778,714 88,264 11.3 % 4.7% Encuesta de Hogares 1994
México 10,934,134 1,233,353 11.3 % 3.5% Encuesta de Hogares 1995
Nicaragua 575,137 42,310 7.35% 2.890 % CENSO (1995)
Panamá 278,631 12,603 4.5 % (1.380 %) Encuesta de Hogares 1994
Paraguay 602,417 49,097 8.15% 2.910 % CENSO (1992) - Encuesta Hogares (1994)
Perú (**) 4,928,899 801,033 16.2 % 8 % Encuestas ENNIV 1995
R. Dominicana 871,144 42,302 4.8 % 1.5% Encuesta Hogares 1994
Uruguay 253,846 5,780 2.08% 0.900 % OIT (1995)
Venezuela 3,205,592 80,781 2.52% 0.990 % Encuesta Hogares (1996)
TOTALES 51,113,416 7,613,198 14.9 % (3.380 %)

(*) Población Total y PEA Infantil calculada de 12 a 14 años.
(**) Población Total y PEA Infantil calculada de 6 a 14 años.

Cuadro No 3: PARTICIPACION Y DISTRIBUCION DE LA FUERZA DE TRABAJO INFANTIL DEFINICION RESTRINGIDA DE TRABAJO INFANTIL, 10 - 14 AÑOS ALREDEDOR DE 1995
País Tasa de participación Distribución porcentual % respecto PEA


Hombres Mujeres Urbano Rural
Argentina 6.7



1.5
Bolivia 14.1 54.5 45.4 45.6 54.4 4.1
Brasil 20.5 65.7 34.3

4.8
Chile (*) 2.0




Colombia (*) 15.8

26.1 73.9 n.d.
Costa Rica (*) 12.8 80.2 19.8 21.3 78.7 2.1
Ecuador 30.2

33.7 66.3 7.8
El Salvador 12.9 77.2 22.8

4.0
Guatemala 23.8 87.0 13.0

n.d.
Haití 18.7



5.2
Honduras 11.3 78.8 21.2

4.7
México 11.3 70.1 29.9

3.5
Nicaragua 7.4



2.9
Panamá 4.5 84.6 13.4 16.5 83.5 1.4
Paraguay 8.1



2.9
Perú (**) 16.2

21.3 78.7 8.0
R. Dominicana 4.8



1.5
Uruguay 2.1



0.9
Venezuela 2.5

60.0 40.0 1.0

Notas:
(*) 12 - 14 años.
(**) 6 - 14 años.
Fuente: Cuadro No1 y fuentes complementarias.

Cuadro No 4: Trabajo y escolaridad en América Latina

Tasa de actividad “pura” a)

Tasa de escolaridad Media Inactivos

% de niños o adolescentes trabajadores que estudian al mismo tiempo

Brasil (1990,EH)
10 - 14 años
Colombia(1992,EH)
12 - 14 años
Costa Rica (1994)
5 - 11 años(MTIEH)
12 - 14 años (EH)
Ecuador  (1994 EH)
12 - 14 años
Guatemala 1994,CN)
10 -14 años
Panamá (1994, EH)
10-14 años
Perú  (1993, CN)
6 - 14 años
Venezuela (EH, ES)
10 -14 años
  17.5
  15.0
  5.5b)
  12.8
  36.1
  23.8
   4.7
   4.1
  10.0 f)
     84.2     
     89.9
     79.4     
     88.4
82.1c)   82.0
83.2     
88.5
80.6     
89.6
76.9     
n.d.
92.6     
95.5
80.9d)   
85.0d)
92.8     
94.7
 57.1           
 
 28.0
 90.3
 43.1
 64.8
 n.d.
 31.4
 32.9e)
 
 40.3

EH Encuesta de Hogares
MTIEH Módulo sobre trabajo infantil de la EH
CN Censo Nacional
ES Encuesta Social

Notas

Sin tareas domésticas excluyentes.
Actividades generadoras de ingresos.
97.6% en el caso de los niños con 7 a 11 años.
6 - 17 años.
6 - 17 años. Sin embargo, 59% de los niños trabajadores con 6 -11 años de edad, estudian al mismo tiempo.
Según la Encuesta Social. Según la Encuesta de Hogares, la tasa de actividad sólo fue 3.5% en el segundo semestre de 1991.

Fuentes
Alarcón, 1994; García Moreno, 1994; Rodríguez, 1995; IBGE, 1993; DGEC, 1995; García y Cartaya, 1993; Flórez et al., 1994

Cuadro No 5: PARTICIPACION LABORAL DE LA NIÑEZ Y LA ADOLESCENCIA DEFINICION, RESTRINGIDA DE TRABAJO INFANTIL


TASA DE PARTICIPACION % PEA
TOTAL HOMBRES MUJERES TOTAL
BOLIVIA (1995) 10 - 14 14.1 15.4 12.8 4.1

15 - 19 33.3 36.2 30.7 9.4






BRASIL (1993) 10 - 14 21.6 28.1 14.9 5.3

15 - 19 59.0 72.2 45.4 12.5






COLOMBIA (1992) 12 - 14 15.0 28.1 14.9 5.3

15 - 17 30.3 72.2 45.4 12.5






COSTA RICA (1995) 12 - 14 12.8 19.6 5.3 2.1

15 - 19 41.5 57.2 25.9 10.8






CHILE 12 - 14 2.0



15 - 17 11.8








ECUADOR 10 - 14 30.3 38.6 21.5 7.8

15 - 17 49.8 68.1 35.1 7.2






EL SALVADOR 10 - 14 12.9 19.3 6.1 4.0

15 - 19 40.1 57.8 23.3 12.3






HONDURAS 10 - 14 11.3 17.8 4.8 4.7

15 - 19 44.5 67.0 22.4 15.2






MEXICO (1995) 10 - 14 11.3 15.7 6.8 3.5

15 - 19 45.0 60.4 29.6 12.4






PANAMA (1994) 10 - 14 4.5 7.4 1.4 1.4

15 - 17 23.5 33.0 13.3

Cuadro No 6: EVOLUCION DE LAS TASAS DE PARTICIPACION LABORAL DE LA POBLACION CON 10 A 14 AÑOS DE EDAD SEGUN ENCUESTAS DE HOGARES DEFINICION RESTRINGIDA DE TRABAJO INFANTIL

1990
1991
1992
1993
1994
1995
BRASIL 17.5


22.4
21.3


20.4












COLOMBIA (1)



15.8





COSTA RICA (1) 13.3






12.8
12.8
ECUADOR 12.9






30.3

GUATEMALA 18.0

(2)







23.8

(3)


MEXICO 4.4

(4)










PERU (5)

10.6




16.2

Notas:










(1) 12 - 14 años










(2) 1989










(3) Censo










(4) Censo










(5) 6 - 14 años










Para más información, sirvase poner en contacto con el Departamento de condiciones y medio ambiente de trabajo (TRAVAIL). Teléfono: +41.22.799.6198 ou Fax: +41.22.799.6349 ou E-MAIL: travail@ilo.org
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