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EL TRABAJO INFANTIL : QUE HACER? Documento sometido a discusión de la Reunión Tripartita Oficiosa de Nivel Ministerial Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra, 12 de junio de 1996
Observaciones finales ¿Qué conclusiones hay que extraer de las observaciones y propuestas que hemos formulado a lo largo de este informe? Primera conclusión: la OIT y sus Estados Miembros están haciendo frente, en el caso del trabajo infantil, a un problema realmente preocupante. No se trata simplemente de algunos miles de niños, sino de muchas decenas y centenas de miles, incluso millones. Por otra parte, tal como se practica con demasiada frecuencia, el trabajo prematuro exige demasiado a los niños, constituye una verdadera explotación, es un obstáculo a su educación y perjudica su salud, su seguridad o su moralidad. Este trabajo infantil tiene un costo muy elevado: en primer lugar para los propios niños, que alcanzan la edad adulta disminuidos física, intelectual o afectivamente; pero, en segundo lugar, también para la sociedad, que se ve privada de una parte de los recursos humanos calificados que necesita para su desarrollo. Segunda conclusión: si bien la pobreza constituye ciertamente la causa primera del trabajo infantil, no es la explicación única. En efecto ¿cómo es que ciertas familias muy pobres envían a sus hijos al trabajo, mientras que otras familias, tan pobres como ellas, los envían a la escuela? Las deficiencias cuantitativas y cualitativas de los sistemas educativos, que hacen que muchos niños se pongan a trabajar ¿son resultado del subdesarrollo y de la pobreza o más bien resultado de unas prioridades nacionales mal atribuidas? ¿Por qué no se invoca la pobreza y las restricciones presupuestarias en el caso de otros aspectos del gasto público, como los que se destinan a la compra de armas? En parte el trabajo infantil existe y se desarrolla sencillamente porque es ignorado o tolerado por la sociedad, a veces incluso en sus formas más abusivas, como si formase parte del orden natural de las cosas. Cambiar el estado de espíritu o las mentalidades en los diversos niveles de la sociedad o, dicho de otra manera, hacer que la indiferencia, la pasividad o la resignación actuales cedan el terreno a la comprensión, a la cólera y a la voluntad de acción es, pues, una premisa necesaria para conseguir un progreso duradero en la lucha contra esta plaga. Tercera conclusión: cualquiera que sea su situación a nivel económico, una sociedad tiene la obligación moral de hacer que su juventud pueda acceder a un completo desarrollo físico y mental(68) . La pobreza no puede en ningún caso ser una excusa para que los niños, porque tienen que trabajar, sean agredidos en su integridad física, retrasados en su desarrollo intelectual y ultrajados en su dignidad como personas. Es cierto que hacer desaparecer todo tipo de trabajo infantil a corto plazo está fuera del alcance de muchos países. Pero la experiencia muestra que se pueden alcanzar unos progresos significativos para su erradicación cuando existe, a nivel político y en la sociedad, la voluntad de combatirlo con determinación y cuando se asignan unas prioridades claras a la acción nacional. ¿Cuáles deben ser estas prioridades? Lo que hay que combatir, en primer lugar y sobre todo, son las formas más intolerables del trabajo infantil, es decir, las que constituyen una verdadera violación de los derechos humanos, como el trabajo forzoso, la servidumbre por deudas y la prostitución, así como las que suponen unos riesgos particularmente graves para la seguridad o la salud del niño o le impiden instruirse normalmente. La acción nacional tiene que tratar de alejar inmediatamente a los niños de las situaciones laborales de este tipo, impidiendo también que otros niños tengan que terminar trabajando en estas condiciones. Cuarta conclusión: ninguno de los actores de la lucha contra el trabajo infantil tiene por sí solo la solución. Este problema es tan amplio y sus causas son tan profundas y diversificadas que sólo se podrá avanzar hacia su solución por medio de la participación activa y concertada de todos los grupos que componen la sociedad, especialmente de los gobiernos centrales y locales y de las organizaciones de empleadores y de trabajadores. Quinta conclusión: ningún tipo de intervención es suficiente por sí mismo, y se impone combatir el trabajo infantil en diversos frentes. En primer lugar, hay que mejorar el conocimiento del problema para determinar el grado de urgencia o prioridad que tienen los distintos casos de trabajo infantil para la acción nacional. En segundo lugar, hay que informar al gran público, sensibilizarlo de la gravedad del problema y de la urgencia de trabajar por su solución, obtener que ejerza la presión necesaria sobre los poderes públicos y mantenerlo movilizado. En tercer lugar, hay que disponer de una legislación que se aplique a los tipos de empleo, de trabajo o de actividad en los que están ocupados la mayor parte de los niños expuestos a explotación económica o a unas condiciones de trabajo peligrosas. En cuarto lugar, hay que reforzar los medios y la eficacia de los servicios encargados de garantizar el respeto de la reglamentación nacional del trabajo infantil, inclusive asociando las colectividades locales al control de las condiciones en las que trabajan sus propios hijos. En quinto lugar, hay que poner en práctica proyectos piloto que se dirijan a alejar a los niños de situaciones de trabajo que les sean especialmente perjudiciales, ofreciéndoles, en una primer etapa, los servicios esenciales de que puedan tener necesidad (alojamiento, alimentación, atención sanitaria) y facilitándoles a continuación unas alternativas viables (como, por ejemplo, una educación complementaria que les permita reintegrarse a la escuela, servicios de aprendizaje o de formación preprofesional u otra actividad remunerada en un centro de producción protegido), evaluar los resultados de esos proyectos, adaptar su contenido y promover su aplicación a mayor escala. Finalmente, hay que impartir una formación apropiada a los diversos actores de la lucha contra el trabajo infantil, especialmente al personal de los ministerios y de los ayuntamientos, a los inspectores del trabajo, a los sindicalistas, a los representantes de las organizaciones de empleadores y al personal de las organizaciones no gubernamentales directamente implicadas. Sexta conclusión: además de las medidas inmediatas que se dirigen a poner fin a las formas más intolerables del trabajo infantil, la política nacional tiene que contar con un conjunto de acciones a largo plazo, dirigidas a actuar sobre las causas profundas de este trabajo, a disuadir la demanda y a limitar lo más posible la oferta. Esta vez se trata de acciones que se dirigen a promover el crecimiento económico y, más importante todavía, un tipo de crecimiento que se preocupa más de la suerte que corren las capas más desfavorecidas de la población, facilitando su acceso a empleos productivos y suficientemente remunerados, así como a un mínimo de protección social, contribuyendo así a reducir la necesidad económica del trabajo infantil. Se trata también de unas acciones dirigidas a los servicios de educación destinados a los niños. La educación es probablemente la mejor arma contra el trabajo infantil. No habrá ninguna solución satisfactoria a este problema sin un sistema educativo de base que haga que la escuela sea físicamente accesible a todos los niños en edad de acudir a ella, que esté financieramente al alcance de todas las familias, incluso las más pobres, y que sea suficientemente atractiva por las salidas que ofrece y por las promesas de futuro. El combate contra el trabajo infantil constituye un verdadero reto para muchos Estados Miembros de la OIT. Es un reto que vale la pena aceptar, porque lo que está en liza es el porvenir de la juventud y, por lo tanto, de la sociedad entera. Este combate constituye también un desafío para la OIT. Para nuestra Organización ha llegado el momento de interrogarse sobre su función y sus prioridades en este terreno y de preguntarse cómo hay que mejorar la pertinencia de su acción en el plano de las normas, de la investigación y de la cooperación técnica. La Oficina espera que la Reunión Tripartita Oficiosa de Nivel Ministerial que se va a celebrar el próximo 12 de junio aporte unas orientaciones útiles en este ámbito. NOTAS 1. Las cuantías disponibles en dólares estadounidenses por bienio se desglosan del modo siguiente: 1986-1987: 115.547; 1988-1989: 210.656; 1990-1991: 301.550; 1992-1993: 2.268.602; 1994-1995: 901.680; 1996-1997: 908.382. 2. Estos países han aportado o han confirmado que aportarán las sumas siguientes: Alemania: 50 millones de marcos para el período 1992-1996 y la misma suma para el período 1997-2001; Australia: 100.000 dólares de Estados Unidos; Bélgica: 3 millones de francos belgas; Canadá: 700.000 dólares canadienses; España: 12,5 millones de dólares de Estados Unidos; Estados Unidos: 2,1 millones de dólares; Francia: 1,3 millones de francos; Luxemburgo: 350.000 francos luxemburgueses, y Noruega: 300.000 dólares de Estados Unidos. 3. Documento GB.264/ESP/1, 264.a reunión, noviembre de 1995. 4. La expresión «actividad económica» designa la producción de bienes y servicios, según se define en el sistema de contabilidad nacional de las Naciones Unidas. De acuerdo con ese sistema, la producción de bienes y servicios incluye toda la producción y transformación de los productos primarios (independientemente de que se destinen al mercado, al trueque o al autoconsumo), la producción de todos los otros artículos y servicios para el mercado y, en el caso de los hogares que producen artículos y servicios para el mercado, la parte de esta producción destinada a su propio consumo. (Véase Recomendaciones internacionales de actualidad en estadísticas del trabajo, OIT, 1988, pág. 55.) 5. De esta definición no cabe deducir que todo trabajo de los niños menores de 15 años esté prohibido a la luz de los instrumentos internacionales. Esto no sería posible, y ni siquiera deseable. A este respecto, se recordará que el Convenio sobre la edad mínima, 1973 (núm. 138) de la OIT, autoriza en ciertas condiciones el empleo de niños para trabajos ligeros y permite excluir temporalmente de su campo de aplicación ciertas ramas de actividad y ciertos tipos de empresas. 6. Child labour surveys: Results of methodological experiments in four countries, 1992-1993 (OIT, Ginebra, 1996). 7. UNESCO: Education pour tous: situation et tendances (París, 1993). 8. La intensificación de la participación de los niños en la actividad económica queda ilustrada por el ejemplo de Ecuador, donde los censos de población de 1982 y de 1990 indican que el número de niños trabajadores de 12 y 13 años de edad se ha incrementado en un 55 por ciento entre estas dos fechas, mientras que la proporción de los niños de este grupo de edad que trabajaban pasaba de un 13,5 a un 15,7 por ciento. En las zonas urbanas de este mismo país, los índices de participación de los niños en la actividad económica se habrían multiplicado por tres entre 1990 y 1993 (Mauricio García Moreno: Bases para la formulación de una política nacional en materia de trabajo infantil en Ecuador, documento de trabajo para el Seminario nacional sobre el trabajo infantil, organizado conjuntamente por la OIT y el UNICEF en mayo de 1994). 9. Por ejemplo, en Zimbabwe, el índice de participación de los niños de 10 a 14 años en la actividad económica se cifró en un 40 por ciento en 1990. (Central Statistics Office (Oficina Central de Estadísticas): Income, Consumption and Expenditure Survey Report 1990-1991, 1994.) 10. En Turquía, el único país industrializado que ha llevado a cabo una encuesta reciente sobre el trabajo infantil a escala nacional (con asistencia técnica de la OIT), más de un millón de niños (1.008.019) con edades comprendidas entre 6 y 14 años, lo que equivale a un 8,4 por ciento de ellos, eran económicamente activos en 1994. (Tuncer Bulutay: Child Labour in Turkey, State Institute of Statistics and International Labour Office, septiembre de 1995.) 11. Esta encuesta se ha llevado a cabo por parte de investigadores en la Universidad de Paisley entre un número reducido de escuelas primarias y secundarias del Sur de Escocia y del Norte de Inglaterra. Aunque sus resultados no puedan considerarse como representativos a escala nacional, no por ello dejan de ser muy interesantes. Así, siete estudiantes de cada diez reconocieron haber ejercido, antes de la encuesta, por lo menos una vez un trabajo remunerado y tres o cuatro estudiantes sobre diez (según la escuela) lo estaban haciendo en el momento de la encuesta. 12. En un artículo de reciente publicación en los Estados Unidos, puede leerse lo siguiente: «Determinados especialistas en la protección de la infancia estiman en 5,5 millones el número de jóvenes que trabajan dentro del grupo de edad de los 12 a los 17 años, lo que equivale a un 27 por ciento. Esta cifra no comprende los niños menores de 12 años ilegalmente empleados en los talleres de confección urbanos, en la venta clandestina o en el trabajo estacional migrante en las explotaciones agrícolas del país, por ejemplo». (Golodner, L.F.: «Child labor in 1994: An old problem that hasn't gone away», en Child labor in the 90's: How far have we come?, colección de artículos de varios especialistas en la materia, reunidos por el National Child Labor Committee, 1994.) 13. Las encuestas estadísticas experimentales antes mencionadas, que se han llevado a cabo en Ghana, India, Indonesia y Senegal, ponen de manifiesto que la propensión de los niños a ejercer una actividad económica es por término medio dos veces más elevada en las zonas rurales que en las zonas urbanas. Las cifras disponibles para otros países confirman esta mayor intensidad del trabajo infantil en medio rural. En Egipto, por ejemplo, los índices de participación en la actividad económica del grupo de edad que comprende de 6 a 14 años era en 1993 de un 16,5 por ciento en la zonas urbanas y de un 40,4 por ciento en las zonas rurales (National Population Council: Survey of Demography and Health, 1993). En Ecuador, un 38,3 por ciento de los niños de 10 y 11 años y un 61,2 por ciento de los niños entre 12 y 14 años eran económicamente activos en las zonas rurales en 1994, mientras que los índices de participación en la actividad económica de esos mismos grupos de edad era de un 12,7 y de un 23 por ciento respectivamente en las zonas urbanas (Servicio Ecuatoriano de Capacitación Profesional, Ministerio de Trabajo, Encuesta de Condiciones de Vida, 1994). 14. Este era, por ejemplo, el caso de más de un 90 por ciento de la mano de obra infantil del grupo con edades comprendidas entre los 6 y los 14 años registrada en 1992 en Colombia (Departamento Administrativo Nacional de Estadística: Encuesta Nacional de Hogares, 1992). En Ecuador, un 65 por ciento de las personas económicamente activas registradas en 1994 en el grupo de edad comprendido entre 10 y 17 años eran empleadas por establecimientos que tenían un personal de menos de cinco personas y sólo un 4 por ciento de ellas trabajaban en establecimientos que daban ocupación a más de 30 operarios (Encuesta de Condiciones de Vida, 1994, op. cit.). 15. Las encuestas estadísticas experimentales antes mencionadas sobre Ghana, India, Indonesia y Senegal indican que la actividad económica de más de las tres cuartas partes de los niños con edades comprendidas entre los 5 y los 14 años se ejercía en el marco de una empresa de tipo familiar. 16. A título de ejemplo, en Ecuador la encuesta de 1994 sobre las condiciones de vida señala que en el grupo de edades comprendidas entre los 12 y los 14 años, el trabajo familiar no remunerado era practicado por un 77 por ciento de los niños trabajadores de las zonas rurales y por un 49,4 por ciento de los de las zonas urbanas. 17. A título de ilustración, los que trabajan por cuenta propia representan, como porcentaje de los efectivos totales de niños trabajadores, un 5 por ciento en Senegal, un 8 por ciento en Ghana y un 10 por ciento en Colombia. 18. Una encuesta que se ha llevado a cabo en Brasil en el grupo de niños trabajadores con edades comprendidas entre 10 y 14 años establece el porcentaje en un 47,4 por ciento (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística: Criança - Indicadores Sociais, 1992). 19. Esta evolución es muy clara en Colombia, por ejemplo, donde los niños con edades comprendidas entre 12 y 14 años que trabajan fuera del cuadro familiar -- como asalariados, trabajadores domésticos o trabajadores independientes -- representaban en 1992 cerca de un 60 por ciento del total de niños trabajadores pertenecientes a este grupo de edad (Encuesta Nacional de Hogares, 76/1992, op. cit.). 20. En Ecuador, por ejemplo, en el grupo de edad comprendido entre 12 y 14 años, un 45,5 por ciento de los chicos y un 26,6 por ciento de las chicas ejercían una actividad económica en 1994 (Encuesta de Condiciones de Vida, op. cit.). 21. En Bangladesh, por ejemplo, a finales de 1992 el sector de la confección empleaba a 75.000 niños menores de 14 años, en su gran mayoría chicas, en unos 1.500 establecimientos fabriles. 22. Según las encuestas estadísticas experimentales antes mencionadas, un 14 por ciento de los niños trabajadores en Turquía y un 20 por ciento en Ghana y Senegal tenían menos de diez años. En Brasil, la encuesta dirigida en 1988 por el Instituto de Geografía y Estadística sobre una muestra representativa de la población adulta, reveló que un 66 por ciento de las personas interrogadas habían ejercido una actividad económica antes de los 14 años y un 20 por ciento antes de los diez años. En Marruecos, una encuesta recientemente dirigida por la Ligue marocaine pour la protection de l'enfance con la colaboración del Ministerio de Salud Pública, partiendo de una muestra de 450 niños que trabajan en el servicio doméstico en las principales ciudades del país, indicó que un 27 por ciento de esos niños tenían menos de diez años, y que un 73 por ciento de ellos eran menores de 12 años. 23. En las zonas urbanas del Ecuador, por ejemplo, el trabajo constituye una actividad permanente para cerca de un 60 por ciento de los niños que ejercen una actividad económica (Encuesta de Condiciones de Vida, 1994, op. cit.). 24. En Brasil, una encuesta llevada a cabo en 1993 con la asistencia técnica del IPEC sobre las condiciones de trabajo de los niños menores de 14 años ocupados en la industria del calzado de la ciudad de Franca, en el estado de São Paulo, reveló que una tercera parte de estos niños trabajaban más de seis horas diarias durante seis días por semana. En Colombia, un 75 por ciento de los niños trabajadores de 12 y 13 años llevaban a cabo, en 1992, más de 24 horas de trabajo por semana, es decir, más del máximo permitido por la ley en los casos en que no prohíbe el trabajo de los niños (Encuesta Nacional de Hogares, 1992, op. cit.). En Ecuador, más de un 30 por ciento de los niños trabajadores de 10 y 11 años, y más de un 60 por ciento de los de 12 y 13 años habían llevado a cabo más de 20 horas de trabajo por semana en 1994; la duración semanal media del trabajo había sido de 18,1 horas para los primeros y de 29,2 horas para los segundos (Encuesta de Condiciones de Vida, 1994, op. cit.). 25. En las zonas urbanas de Colombia, por ejemplo, la duración semanal media del trabajo de los niños de 12 y 13 años era, en 1992, de 41,3 horas para las chicas y de 29,6 horas para los chicos (Encuesta Nacional de Hogares, 1992, op. cit.). 26. Según encuestas recientes, la proporción de niños trabajadores de 12 y 13 años que siguen estudiando es de un 30 por ciento en Colombia y de un 40 por ciento en Ecuador. 27. En las zonas rurales de Colombia, una encuesta ha puesto de relieve que más de la mitad de los niños trabajadores de 10 y 11 años ya no acuden nunca a la escuela. 28. Steinberg, L. y Dornbush, S.M.: «Negative correlates of part-time employment during adolescence: Replication and evaluation», en Development Psychology, 1991, vol. 27, núm. 2, págs. 304-313. 29. En Perú, por ejemplo, la proporción de los niños con edades comprendidas entre los 6 y los 14 años que sufren de retraso escolar es de un 61 por ciento en los niños que trabajan y de un 38 por ciento en los niños que se dedican completamente a los estudios (Walter Alarcón Glasinovich: Trabajo y educación de niños y adolescentes en el Perú, 1995). En Colombia, el número medio de cursos escolares primarios superados con éxito por los niños entre 12 y 14 años no era más que de un 3,6 entre los que ejercían una actividad económica, mientras que los demás alcanzaban un promedio de 5 años (Encuesta Nacional de Hogares, 1992, op. cit.). En Ecuador, los niños trabajadores de 10 y 11 años no habían superado, por término medio, más que 3,8 años de escuela primaria; entre los que habían abandonado la escuela, la situación era todavía peor puesto que no habían superado más que un promedio de 2,3 años (Encuesta de Condiciones de Vida, 1994, op. cit.). 30. Susan E. Gunn y Zenaida Ostos: «Los niños basureros de Filipinas y los dilemas inherentes al trabajo infantil», en Revista Internacional del Trabajo, vol. 112, 1993, núm. 3, págs. 461-480. 31. Michel Bonnet: «El trabajo infantil en Africa», en Revista Internacional del Trabajo, vol. 112, 1993, núm. 4, pág. 617. 32. En Colombia, por ejemplo, una encuesta reciente ha puesto de manifiesto que los empleados de hogar de menos de 15 años trabajan como media 50 horas por semana, lo que está muy por encima de las demás categorías de niños trabajadores. Entre los niños que efectúan más de 60 horas por semana hay una gran mayoría de chicas empleadas en el servicio doméstico. [Knaul, F.M.: Young workers, street life and gender: The effect of education and work experience on earnings in Colombia, tesis de doctorado (Universidad de Harvard, Cambridge, Massachusetts, mayo de 1995).] 33. Organización Mundial de la Salud: El trabajo de los niños: riesgos especiales para la salud (Ginebra, 1987). 34. J. Boyden: The relationship between education and child work, Innocenti Occasional Papers, Child Rights Series, núm. 9, Centro Internacional del UNICEF para el Desarrollo del Niño, Florencia (Italia), septiembre de 1994. 35. UNICEF: The progress of nations, 1993. Estos porcentajes se calculan a partir de los datos de la UNESCO, la mayor parte de los cuales se refieren al período comprendido entre 1988 y 1990. 36. Banco Interamericano de Desarrollo: Mejoramiento de la calidad de educación primaria en América Latina y el Caribe: Hacia el siglo XXI, Informe núm. 28, Programa de estudios regionales, 1993. 37. Christiaan Grootaert y Ravi Kanbur: «Perspectiva económica del trabajo infantil» en Revista Internacional del Trabajo (Ginebra), vol. 114, 1995, núm. 2, págs. 211-229; y F. Siddiqi y H. Patrinos: Child labour: Causes and interventions, documento no publicado del Departamento de Educación y Política Social, Banco Mundial, Washington, DC, diciembre de 1994. 38. Esto se puso claramente de manifiesto en las encuestas estadísticas experimentales apoyadas por la OIT y llevadas a cabo en 1992-1993 en algunos países en desarrollo. Por ejemplo, en Ghana aunque el salario mínimo obligatorio para los adultos asciende a 12.000 cedis por mes, cerca de las tres cuartas partes de los niños que están trabajando a cambio de una retribución han sido pagados a menos de 2.000 cedis. La diferencia salarial entre adultos y niños era más o menos la misma en Senegal, mientras que en Indonesia los niños que trabajan en las empresas son retribuidos aproximadamente a tres cuartas partes del nivel que se paga a los adultos. El bajo nivel de los ingresos de los niños trabajadores es confirmado por las encuestas de hogares que se han llevado a cabo en Colombia y Ecuador. En Colombia, los ingresos mensuales de los niños de 12 y 13 años que trabajan ascendían en 1992 a menos de 15.000 pesos (menos de 20 dólares de Estados Unidos), mientras que el salario mínimo legal para los trabajadores no calificados adultos era por entonces de 65.000 (Encuesta Nacional de Hogares, 1992, op. cit.). En Ecuador, en el grupo de niños empleados como asalariados, dos tercios de los de 10 y 11 años y más de un cuarto de los de 12 y 13 años recibían una paga inferior al equivalente de 15 dólares de Estados Unidos al mes en 1994 (Encuesta de Condiciones de Vida, 1994, op. cit.). 39. Iniciada en 1992, esta investigación concluyó con un seminario en la India (26-28 de julio de 1995), con una importante publicación en preparación. R. Anker y S. Barge: Economics of child labour in hazardous industries in India, de próxima aparición. 40. D. Levison, R. Anker, S. Ashraf y S. Barge: Is child labour really necessary in India's carpet industry? Documento de trabajo núm. 6, Centre for Operations Research and Training (CORT), Baroda, India, julio de 1995. 41. D. Levison y varios, op. cit. 42. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL), ha llegado a la conclusión de que los niños y adolescentes con edades comprendidas entre los 13 y los 17 años que trabajan, alcanzan la edad de 18 años con un déficit educativo de más de dos años escolares comparados con los jóvenes que ingresan en el mercado de trabajo con edades comprendidas entre los 18 y los 24 años. Considera además que este déficit educativo conduce a una reducción de un 20 por ciento de sus ingresos mensuales en la vida activa que llevarán cuando sean adultos (CEPAL: Panorama social de América Latina, Edición 1995, Naciones Unidas, Santiago de Chile). 43. Para subsanar la falta de datos, la OIT ha elaborado dos instrumentos: una técnica de evaluación rápida, sometida a prueba en Bangladesh, y una metodología de encuesta estadística, sometida a prueba en Ghana, India, Indonesia y Senegal. Con la técnica de evaluación rápida se busca capacitar a las organizaciones para identificar aspectos cualitativos importantes de los problemas fundamentales en relación con el trabajo infantil y decidir qué recursos pueden ser movilizados para abordar esos problemas; se dispone actualmente de un manual de aplicación de esa técnica en forma de proyecto. La metodología de encuesta estadística puede aplicarse, según las necesidades, ya sea para obtener indicadores estadísticos sobre el trabajo infantil en general o para producir estadísticas sobre variables irreductibles específicas. Con el apoyo de IPEC, la Oficina de Estadística de la OIT está poniendo a punto un manual que ha de contener directrices técnicas de alcance general para ayudar a los distintos países a llevar a cabo encuestas apropiadas con el fin de cuantificar desde el punto de vista estadístico el trabajo infantil en todos sus aspectos. Este manual será publicado con el título de Encuestas sobre el trabajo infantil y las actividades de los niños: manual de la OIT sobre conceptos, métodos y procedimientos. Al mismo tiempo se está prestando ayuda financiera y técnica a las oficinas de estadísticas y los ministerios de trabajo de varios países que participan en el IPEC (Bangladesh, Nepal, Pakistán, Filipinas, Tailandia y Turquía) a fin de que puedan reunir datos pormenorizados y fiables sobre la situación relativa al trabajo infantil en sus respectivos territorios mediante encuestas estadísticas nacionales. 44. A. Bequele y W.E. Myers: First things first in child labour -- Eliminating work detrimental to children, una publicación conjunta de la OIT y el UNICEF, documentos de la OIT sobre el trabajo infantil, Organización Internacional del Trabajo, Ginebra, 1995, págs. 26 y 27. 45. Puede citarse como ejemplo ilustrativo una encuesta realizada hace poco en Brasil, cuyos datos muestran que hay una estrecha relación entre el nivel de educación de los padres y la participación de los niños en el mercado de trabajo: el 80 por ciento del total de los niños trabajadores encuestados pertenecían a familias en las que los padres habían completado menos de cuatro años de enseñanza primaria (citado en B. Rodrigues dos Santos, I. Pereira, J. Azevedo y M.J. Becker, Trabalho infantil no Brasil, Um estudo das estratégias e políticas para sua eliminação, documento preparado para el Grupo de Trabajo Internacional sobre el Trabajo Infantil, diciembre de 1995). 46. El Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) ha llegado a la conclusión de que las campañas de concienciación bien planificadas que se llevan a cabo por conducto de los grandes medios de información constituyen elementos esenciales de todo plan nacional de acción contra el trabajo infantil. Los mensajes transmitidos por los medios de comunicación deben ser sencillos y claros, referirse a lugares de trabajo que se encuentren en el país donde hay niños empleados en condiciones abusivas, y estar adaptados a grupos específicos. Las organizaciones de profesionales de los medios de comunicación son los colaboradores más idóneos para la difusión de informaciones ante el público en general, por ejemplo, mediante las transmisiones radiofónicas en los dialectos locales, así como la televisión, las películas y los videocasetes. La amplia difusión de tiras cómicas y de libros de imágenes ha sido un medio eficaz para informar a los padres, a los niños que trabajan, y a los que pueden llegar a hacerlo, acerca de sus derechos y de los riesgos que entraña el trabajo a una edad prematura. En las zonas rurales, se ha observado que los maestros son agentes eficaces de divulgación de informaciones destinadas a los niños que pueden convertirse en trabajadores, a sus familias y a la comunidad en su conjunto. Por último, en los países en que es frecuente y se considera inevitable el trabajo infantil en los sectores muy pobres de la población, se observó que los argumentos económicos en favor de la eliminación del trabajo infantil eran más poderosos y convincentes que los argumentos conmovedores, morales o éticos. 47. Un elemento positivo es que en varios países en desarrollo los interlocutores sociales están asumiendo un papel más activo, a veces con la asistencia de la OIT. En Brasil, por ejemplo, el trabajo infantil es considerado como un problema importante por parte del Gobierno, el cual, con la asistencia del IPEC, está robusteciendo tanto su propia capacidad como la de aproximadamente 5.000 gobiernos municipales encargados de la supervisión directa de la protección de los niños. Hay ahora proyectos sindicales que se ocupan enérgicamente de una serie de problemas relativos al trabajo infantil: se ha hecho presión por que cese el trabajo infantil en la industria del calzado, de un gran centro manufacturero y se han enviado mensajes por vía radiofónica a zonas rurales remotas mediante una red de estaciones de radio con afiliación sindical. Una asociación nacional de fabricantes de juguetes ha organizado y difundido informaciones públicas acerca del problema del trabajo infantil. 48. Se brindará más información sobre el papel de los sindicatos en la lucha contra el trabajo infantil en un documento preparado por A. Fyfe y M. Jankanish, que se publicará próximamente con el título de Trade unions and child labour, a guide to action (Ginebra, OIT). 49. En ese sentido, el IPEC ha procurado servir de catalizador para alentar la reflexión de las autoridades públicas y de la sociedad en su conjunto acerca de los problemas específicos del trabajo infantil y de la manera de abordarlos. En el plano de las políticas, sus comités directivos nacionales, que suelen incluir a los interlocutores sociales tripartitos y a otras organizaciones interesadas en el problema, han sido eficaces para asociar a una amplia gama de colaboradores en la aplicación de estrategias coherentes contra el trabajo infantil. Estos comités han desplegado una actividad considerable motivando a todos los interesados, estableciendo vínculos entre ellos y facilitando la adopción de medidas concretas en aras de un mismo fin. La experiencia realizada por el IPEC muestra también que la colaboración es necesaria no sólo a nivel central sino también a nivel de base. La condición previa para poder emprender una acción en el plano de la comunidad que sea eficaz, sostenible y reproducible es la movilización y la labor conjunta de todos los actores pertinentes de esa comunidad, esto es: los niños y sus padres; los empleadores, los trabajadores y sus respectivas organizaciones, y las instituciones locales tanto oficiales como de otra índole que pueda haber. 50. Desde hace algunos años, la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones recuerda a los interlocutores sociales la importancia de la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, y propone medidas para resolver las dificultades de su aplicación, especialmente en relación con la explotación de los niños en el trabajo (CIT, 82.a reunión, Informe III (Parte 4A), párrafo 44; CIT, 83.a reunión, Informe III (Parte 4A), párrafo 37). 51. La creación de la capacidad institucional necesaria para ocuparse del problema del trabajo infantil es una de las prioridades del programa IPEC. Con tal finalidad, se ha prestado apoyo en una serie de países para establecer una unidad de coordinación en el ministerio encargado de las cuestiones laborales. Asimismo, se ha elaborado un módulo didáctico sobre la concepción, administración y evaluación de proyectos relativos al trabajo infantil. Todos los países beneficiarios del IPEC han adaptado ese material o lo han traducido a los idiomas locales, o ambas cosas, y han llevado a cabo actividades de formación para las organizaciones asociadas. Se reforzará esa formación a fin de facilitar la realización de programas de acción, debidamente administrados y evaluados, para luchar contra el trabajo infantil. 52. M. Weiner: The child and the State in India: Child labour and education policy in comparative perspective (Delhi, Oxford University Press, 1991). 53. A. Bequele y W. Myers: First things first in child labour, op. cit., págs. 68-69, 106-107. 54. UNESCO: Education for all, Status and trends (París, 1993), pág. 34. 55. R. Anker y H. Melkas: Economic incentives for children and families intended to eliminate or reduce child labour (Ginebra, OIT), 1996. 56. El Convenio núm. 138 admite una edad mínima inferior (catorce años en general y doce años en trabajos ligeros) en el caso de países cuya economía y medios de educación estén insuficientemente desarrollados, mientras perdure esta situación. 57. Alemania, Antigua y Barbuda, Argelia, Azerbaiyán, Belarús, Bélgica, Bosnia y Herzegovina, Bulgaria, Costa Rica, Croacia, Cuba, Dominica, El Salvador, Eslovenia, España, Finlandia, Francia, Grecia, Guatemala, Guinea Ecuatorial, Honduras, Iraq, Irlanda, Israel, Italia, Kenya, Kirguistán, Jamahiriya Arabe Libia, Luxemburgo, Malta, Mauricio, Nicaragua, Níger, Noruega, Países Bajos, Polonia, Rumania, Federación de Rusia, Rwanda, San Marino, Suecia, Tayikistán, Togo, Túnez, Ucrania, Uruguay, Venezuela, Yugoslavia y Zambia. 58. Durante el período 1970-1974 se adoptaron o revisaron diez convenios. Con las 49 ratificaciones que se han registrado hasta el momento, el Convenio núm. 138 no es superado más que por el Convenio sobre los representantes de los trabajadores, 1971 (núm. 135), que ha obtenido 53 ratificaciones. Supera incluso en este plano a otros convenios importantes, como el Convenio sobre la fijación de salarios mínimos, 1970 (núm. 131), que ha obtenido 39 ratificaciones, el Convenio sobre las vacaciones pagadas (revisado), 1970 (núm. 132), que ha registrado 24 ratificaciones, el Convenio sobre el benceno, 1971 (núm. 136), con 34 ratificaciones, y el Convenio sobre el cáncer profesional, 1974 (núm. 139), con 30 ratificaciones. 59. Véanse los documentos GB.264/LILS/5 y GB.264/LILS/5(Add.), sometidos a la 264.a reunión del Consejo de Administración, en noviembre de 1995. 60. Argentina, Barbados, Benin, Burkina Faso, Burundi, República Centroafricana, Côte d'Ivoire, República Checa, Chipre, Dinamarca, Estonia, Guinea-Bissau, Hungría, Lituania, Mongolia, Portugal, Sierra Leona y Zaire. 61. Austria, Bangladesh, Brasil, Camboya, Chile, Egipto, Emiratos Arabes Unidos, Eslovaquia, Guyana, Islandia, Jordania, República Democrática Popular Lao, Suriname y Viet Nam. 62. El Convenio sobre la libertad sindical y la protección del derecho de sindicación, 1948 (núm. 87) y el Convenio sobre el derecho de sindicación y de negociación colectiva, 1949 (núm. 98) han obtenido 113 y 125 ratificaciones, respectivamente. Los Convenios núms. 29 y 105 sobre la abolición del trabajo forzoso, de 1930 y 1957, obtuvieron 136 y 115 ratificaciones, respectivamente. Las ratificaciones se cifran en 124 en el caso del Convenio sobre igualdad de remuneración, 1951 (núm. 100) y en 119 en el caso del Convenio sobre la discriminación (empleo y ocupación), 1958 (núm. 111). 63. Documento GB.265/2. 64. Para más información, véase el Implementation Report: Review of IPEC Experience 1992-95, Ginebra, OIT, octubre de 1995, y el IPEC Programme and Budget for 1996-97, Ginebra, OIT, octubre de 1995. 65. Esto culmina en un compromiso formal del gobierno para cooperar con el IPEC, formulado en un Memorándum de Entendimiento entre el gobierno y la OIT. 66. Habitualmente se establece un comité permanente nacional, en el que participan los ministerios interesados, las organizaciones de trabajadores y de empleadores y las organizaciones no gubernamentales, y que tiene como misión brindar asesoramiento sobre la aplicación de las políticas. 67. El IPEC es solamente un elemento que facilita los muchos cambios positivos que están teniendo lugar, y un creciente número de países están empezando a hacer frente a este problema con un ámbito de aplicación mucho más amplio de lo que puede ser apoyado por el Programa. Por ejemplo, en 1994 el Primer Ministro de la India manifestó el compromiso de su Gobierno por eliminar el trabajo infantil en las ocupaciones y procesos de producción peligrosos dentro de un plazo determinado. Se ha establecido una Autoridad Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, bajo la presidencia del Ministro de Trabajo de la Unión, con representación de otros departamentos ministeriales del Gobierno central, para poner en ejecución y coordinar un cierto número de planes amplios contra el trabajo infantil que tienen que aplicarse a través de una estrecha colaboración entre el sector público y distintos grupos de la sociedad civil. Se han habilitado a este efecto unos 300 millones de dólares de Estados Unidos. 68. Esta es también su obligación en virtud del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y de la Convención sobre los Derechos del Niño.
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