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[ Indice | PyP para 1998-99 ]

Prefacio

Desde principios del decenio de 1990 la OIT ha emprendido una serie de reformas, movida por un afán de pertinencia y eficacia. El afán de pertinencia se ha materializado principalmente en la puesta en práctica de una política de asociación que ha acercado la Organización a sus mandantes, y fomentado el diálogo y la cooperación con ellos. En los Estados Miembros, esta política ha llevado a un análisis conjunto de sus problemas y necesidades prioritarias, lo cual es un requisito previo e indispensable para la elaboración de políticas y programas de desarrollo económico y social. Esta reforma, ampliamente valorada, será objeto de un examen minucioso en 1997, y los resultados del mismo servirán para asegurar la aplicación de esta política en el bienio 1998-1999.

El fenómeno de la mundialización en sus diversas manifestaciones, ya sea el proceso de integración regional, el impulso que ha recibido la liberalización de los intercambios o bien el lugar que ocupan las cumbres mundiales y las grandes conferencias internacionales, ha obligado a la Organización a una reorientación de su estrategia y a su afirmación como interlocutor en el plano internacional para de esta forma poder subrayar la importancia que hay que conceder a las dimensiones sociales de estas cuestiones. No hay duda de que la Organización ha logrado que se oiga su voz, y por ello ha reforzado su pertinencia. Puede incluso felicitarse por haberse hecho escuchar en varias ocasiones, ya que se le han confiado nuevas responsabilidades, que confirman la actualidad de su mandato.

La eficacia, la obligación de obtener resultados, es una preocupación importante de este Programa y Presupuesto. Los programas se han creado de forma que identifiquen los problemas y las necesidades de los mandantes, precisen los objetivos que permitan resolverlos o cuando menos hacerles frente, e indiquen los recursos asignados por la Oficina para lograr sus objetivos. Es cierto que los éxitos en materia de justicia social no pueden medirse a corto plazo. Por consiguiente, el trabajo infantil no desaparecerá antes de que finalice el decenio de 1990. Sin embargo, ¿qué podemos esperar realmente como resultado, qué esperamos conseguir de aquí al final de este siglo? Aunque las respuestas a esta pregunta se encuentran en la presentación de los mismos programas, no está de más citar aquí algunas de ellas.

La acción normativa deberá traducirse, en particular, por una mejora significativa del respeto de los convenios internacionales del trabajo relativos a los derechos básicos de los trabajadores. Esta acción se medirá por el aumento del número de ratificaciones de estos instrumentos pero sobre todo por una mejora de la aplicación de sus disposiciones relativas a cuestiones tan importantes como la libertad sindical, el derecho a la negociación colectiva, la no discriminación o la abolición del trabajo forzoso. Las labores de la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones proporcionarán indicaciones objetivas sobre los resultados obtenidos.

Los progresos en materia de diálogo social y de relaciones laborales serán juzgados por las organizaciones profesionales, las cuales valorarán en qué medida el apoyo que presta la Oficina, en sus diversas formas, contribuye eficazmente a aumentar su capacidad de servir a sus Miembros y en qué medida se adoptan realmente disposiciones para favorecer su presencia en los debates de política económica y social.

Así ocurre con las acciones de seguimiento de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social que tendrán como consecuencia, quizá, la elaboración de políticas nacionales que den prioridad a la creación de empleo y a la lucha contra la pobreza, así como a su aplicación efectiva.

Los cambios que comienzan a producirse gracias a la aplicación del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil son hoy en día notables en el sentido de que un gran número de países víctimas de este azote se están organizando para combatirlo. Los progresos conseguidos deberán ser apreciables en 1999 sobre todo en lo que se refiere a la desaparición de las formas más peligrosas e intolerables del trabajo infantil.

La eficacia de la acción de la Oficina está condicionada en gran parte por las posibilidades que tienen los mandantes de la Organización de disponer no sólo de sus productos sino también del vasto capital de información y experiencias acumuladas al cabo de los años. El bienio 1998-1999 representará en este aspecto una verdadera revolución en el sentido de que se utilizarán los avances tecnológicos de forma que los mandantes de la Organización puedan sacar partido directo y de forma fácil desde sus propias estructuras en sus países, de esta riqueza de informaciones que no presenta ningún interés a menos que se tenga acceso y pueda utilizarse. Se espera que las consecuencias de esta revolución sean, en un primer momento, consolidar a la OIT como centro de excelencia y referencias en las esferas del empleo y el trabajo y más tarde mejorar su capacidad de prestar servicios a todos los mandantes en los Estados Miembros.

La totalidad de nuestros medios de acción y de nuestros programas se someterán a la misma voluntad de analizar sistemáticamente y de forma objetiva su influencia y repercusión para de esta forma darlos a conocer y compartir aún más los resultados. Se trata también de una reforma importante que deberá aportar más transparencia y una mayor credibilidad a la Organización.

Desde hace varios años, la Oficina ha reaccionado de manera positiva a los recortes presupuestarios con que tropieza la gran parte de sus Estados Miembros, imponiéndose una gestión financiera rigurosa, aplicando medidas de reestructuración y de reorganización que han generado un aumento de la productividad, y adoptando disposiciones que reduzcan los gastos de funcionamiento. Estas disposiciones se han traducido en un ahorro conseguido gracias a la racionalización del funcionamiento de las reuniones, a la también racionalización de las estructuras de la Oficina, y a la introducción de nuevas prácticas de gestión descentralizada. Esta política seguirá aplicándose con aún más rigor si cabe en 1998-1999 habida cuenta de que aunque el nivel de las propuestas de Programa y Presupuesto es sensiblemente inferior al nivel de crecimiento cero, el número de Estados Miembros de la Organización y de servicios que se le piden no cesa de aumentar.

Estoy seguro de que la Organización y sus mandantes, estarán en condiciones a finales de 1999 de poner en evidencia los progresos incuestionables que se han logrado en materia de justicia social.

15 de enero de 1997 Michel Hansenne

Puesto al día por BB. Aprobada por DS. Ultima actualización: 3 de noviembre de 1999.