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Respuestas del sindicalismo ante la mundialización: El caso de Chile Programa Trabajo y Sociedad
DP/113/2000
ISBN 92-9014-621-4
Primera edición 2000

Respuestas del sindicalismo ante la mundialización: El caso de Chile

por
Guillermo Campero

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Respuestas del sindicalismo ante la mundialización: El caso de Chile
Indice

*Síntesis
*Glosario de términos
*Introducción

*CAPÍTULO I. Las transformaciones estructurales de los setenta y los ochenta
*1. La fase de reestructuración inicial (1973-1981)
*1.1 El impacto sobre la base social del sindicalismo
*1.2 Il impacto sobre los constituyentes del sindicalismo: la afiliación y organización sindical en el período 1973-81
*1.3 Síntesis de los procesos del período 1973-1981
*2. La crisis económica de inicios de los ochenta, el proceso de recuperación y la consolidación del modelo económico de desarrollo vigente
*2.1 La crisis
*2.2 La recuperación del modelo económico
*2.3 La base social del sindicalismo en los noventa: estructura y Características más relevantes de la fuerza de trabajo y el empleo
*2.4 Síntesis de los antecedentes relativos a la base social del sindicalismo en los noventa
*2.5 El sindicalismo en los noventa y sus constituyentes: organización y afiliación

*CAPÍTULO II. Respuestas sindicales a la mundialización en Chile en los noventa: La cuestión de la democracia y el desarrollo
*1. Las políticas y estrategias orientadas a problemas globales
*1.1 Concertación social
*1.2 Políticas orientadas hacia la institucionalidad laboral y la seguridad social
*1.3 Políticas orientadas hacia la participación y la promoción de los Derechos sociales en el desarrollo económico social
*1.4 Balance de las políticas globales
*2. Políticas orientadas al nivel de sindicatos de empresa
*2.1. Políticas de acuerdos estratégicos a nivel de empresas en sectores claves
*2.2. Política de acuerdos en materia de productividad a nivel de las empresas
*2.3. Política de acuerdos en materia de capacitación y formación profesional
*2.4 Síntesis acerca de las políticas a nivel de empresa
*3. Un cuadro general de las relaciones laborales

*CAPÍTULO III. Conclusiones
*1. Las nuevas orientaciones del desarrollo económico social: impactos sobre el modelo histórico de acción sindical
*2. Las tensiones de transformación del modelo histórico de acción sindical
*3. Perspectivas y desafíos para la construcción de un nuevo modelo de acción

*Bibliografía

*Lista de los cuadros
* Ocupación media y valor agregado en ramas industriales
* Total socios, según años escogidos
* Sindicatos y socios dependientes
* Indice de sindicatos y socios 1970-1977
* Distribución de sindicatos, en por ciento, según tamaño, por ramas y años escogidos
* Ocupados a nivel nacional por ramas de actividad total país
* Ocupados por rama de actividad económica
* Total de sindicatos y población afiliada a nivel nacional
* Sindicalizados sobre fuerza de trabajo sectorial

SÍNTESIS

A diferencia de otros países latinoamericanos en los que el movimiento sindical ha enfrentado los desafíos de la mundialización como ajustes progresivos derivados de estrategias de modernización económica y política en un marco de democracia, en Chile este proceso de fuertes transformaciones fue consecuencia de un ajuste violento, drástico y masivo conducido por un gobierno autoritario, sin libertades políticas ni sociales y declaradamente anti-sindical. Así, para los sindicalistas chilenos, los procesos ligados a la mundialización y sus efectos estructurales fueron experimentados de manera simultánea con los efectos políticos y sociales generados por el gobierno militar. Por ello, las luchas por recuperar la democracia política en Chile, de las cuales los sindicalistas fueron actores principales, estuvieron a menudo relacionadas también con críticas hacia el nuevo modelo económico, pues se consideraba que el régimen autoritario militar y el mencionado modelo eran dos caras de una misma moneda.

En una primera etapa durante los años 70, los cambios derivados de la aplicación de un nuevo modelo económico por parte del régimen militar generaron altos costos sociales, entre ellos caída de los salarios y desempleo y se tradujeron, en el plano más general, en un debilitamiento global de las condiciones estructurales de existencia y acción del sindicalismo. No solamente disminuyó el número absoluto de afiliados, como consecuencia del fuerte desempleo, sino que también se atomizó la organización sindical al disminuir el tamaño de los sindicatos. En definitiva, tanto los impactos estructurales derivados de las consecuencias del esquema económico aplicado, como las limitaciones políticas que entorpecieron el desarrollo sindical, produjeron una regresión en la actividad sindical y un cambio drástico en la composición de su base social. Esta situación puede considerarse crítica pues el proceso de debilitamiento fue global y no surgieron nuevos sectores cuyo fortalecimiento pudiese contrapesar el deterioro de los núcleos históricamente más estratégicos. De crucial importancia fue también la aplicación de una legislación laboral altamente flexible y desreguladora, que impuso importantes limitaciones a la acción sindical. Con todo, ello no implicó un proceso de desaparición de la organización de los trabajadores.

La situación comienza a cambiar en la década de los 80, cuando los sindicatos encabezaron un vasto movimiento social de protesta contra el régimen militar y sus políticas, liderando una base social más amplia que la organizada en sindicatos. Sin embargo, tal liderazgo sindical fue superado por la dirigencia de partidos y el nuevo perfil que estaba adquiriendo como aglutinante de un amplio espectro social perdió fuerza hasta desaparecer.

Los analistas coinciden en que a partir de 1985 se establecieron las bases del actual proceso económico chileno, registrándose desde esa fecha una década de crecimiento económico y creación permanente de empleos. Un factor esencial, como es la estabilidad política, comienza a generarse con el término del gobierno autoritario militar en 1990, lo que se traducirá en la apertura de espacios relevantes para la acción social. En el caso del sindicalismo, uno de los efectos significativos se manifestó en el rápido crecimiento de la afiliación durante los tres primeros años del gobierno democrático, aunque prosiguió la tendencia a disminuir el tamaño promedio de los sindicatos.

En esta etapa, tres líneas de acción caracterizan la estrategia del sindicalismo en Chile: concertación social, reformas legales y participación en las decisiones nacionales. Respecto del primer factor, se debe señalar que las políticas destinadas al fortalecimiento de alianzas sociales tuvieron como propósito establecer el marco general para abordar el tema laboral al iniciarse el primer gobierno democrático después de 17 años. La suscripción de un «Acuerdo Marco Nacional Tripartito» ,firmado en mayo de 1990, fue el primer resultado de esta vía, transformándose en un hecho inédito en la experiencia chilena. Su principal valor fue el de constituir una señal de disposición de las organizaciones sindicales, de empleadores y el Gobierno para concordar las grandes líneas del desarrollo económico social, además de la voluntad de las partes de considerarlas un marco en el cual estaban dispuestos a jugar. Esta señal, que contribuyó a fortalecer la estabilidad del proceso de transición hacia la democracia, fue el resultado de un proceso de mutuas concesiones entre las partes, por lo que su contenido puede ser entendido como una suerte de «pacto de entendimiento» más que como una convergencia total. Los tres Acuerdos siguientes al primero fueron más restringidos, pero mantuvieron vigente la idea de la concertación social como un método de alto valor político y social. Pero, a partir de 1994, la política de acuerdos nacionales va a terminar debido a que las partes estimaron que ésta no les rindió los beneficios esperados. Esta política fue sustituida en cierta medida por la creación del Foro de Desarrollo Productivo, organismo no resolutivo de composición tripartita, que desarrolló un importante programa de trabajo sobre diversos temas vinculados a la agenda pública y privada en materia de acciones de desarrollo económico y social. El Foro logró dar lugar a debates nacionales altamente representativos; sin embargo hacia 1998 declinó su importancia por causas semejantes a las que habían terminado con los acuerdos nacionales.

En segundo término, las organizaciones sindicales se concentraron en la elaboración de propuestas destinadas a reformar la legislación laboral vigente, sobretodo para abrir mayores posibilidades al sindicalismo y la negociación colectiva. A pesar de que se introdujeron reformas importantes a partir de 1990, aún subsisten diversas materias que continúan limitando el accionar de los sindicatos y en general la acción colectiva de los trabajadores.

En tercer lugar, los sindicalistas se orientaron negociar acuerdos estratégicos de largo plazo en empresas de alto valor estratégico económico y social, con el objetivo de establecer una suerte de compromiso entre la dirección de la empresa y la organización de los trabajadores para asegurar simultáneamente los resultados económicos de las compañías y un adecuado nivel de relaciones laborales. Los sindicatos trataban así de demostrar que en una economía globalizada sólo podía competirse con éxito si las empresas como un todo enfrentaban esa competencia y si los trabajadores sentían que estaban siendo adecuadamente compensados. Esta estrategia tuvo sus demostraciones más relevantes en dos importantes empresas públicas y en dos del sector privado. En un ámbito más limitado que el de estas alianzas, los sindicatos de empresa han desarrollado también un importante esfuerzo destinado a que la administración de las compañías negocie con los sindicatos sus políticas de aumento de productividad y considere beneficios para los trabajadores cuando se obtienen resultados positivos.

Estas tres líneas de acción que caracterizan la estrategia del sindicalismo en Chile en materia de cuestiones de orden global han permitido que éste sea percibido por la opinión pública como un actor provisto de posiciones claras respecto de materias que son de interés nacional, logrando superar la condición de debilidad que le impuso el gobierno militar. Sin embargo, el protagonismo alcanzado no parece haberle permitido fortalecer su capacidad de acción a nivel de su base social constituyente.

En efecto, las evidencias muestran que existe una tendencia a la disminución de la afiliación y de la negociación colectiva, que hay dificultades para representar las nuevas categorías de trabajadores -- surgidas de las transformaciones de la estructura económica y de la composición del empleo, así como de los cambios tecnológicos -- y que el peso del movimiento sindical parece ser aparentemente menos decisivo en la formación de las grandes decisiones sociopolíticas y económicas. Esto ocurre porque su modelo de acción histórico se encuentra en revisión y el sindicalismo experimenta un complejo proceso de búsqueda de innovación en sus concepciones y estrategias, lo que naturalmente genera tensiones e incertidumbres.

Nuestra hipótesis es que estamos en presencia de un proceso de reemplazo progresivo de un tipo de acción colectiva sindical de los trabajadores por otro tipo de acción y representación sindical que busca insertarse en las nuevas condiciones sociales, económicas, tecnológicas e institucionales. Este

cambio es un proceso complejo, que implica reestructuraciones culturales fuertes, pero no hay evidencia que la acción sindical haya sido sustituida por la acción individual o que estén surgiendo otras formas de representación distintas del sindicato en el ámbito laboral. O sea, el sindicalismo es un actor no prescindible en la generación de un nuevo consenso en el mundo del trabajo.

Un nuevo modelo de acción sindical

Sintéticamente, queremos citar cinco líneas de acción emergentes que nos parece que influirán en la elaboración estratégica y político-social del sindicalismo chileno en el futuro.

1. Se está iniciando un proceso de reflexión que busca identificar un nuevo proyecto de acción sindical que asuma los cambios, pero sin abandonar su identidad de movimiento que representa a una categoría social: los trabajadores. Ello permitiría preservar la dimensión contestataria del sindicalismo que la sociedad requiere como contrapeso del poder económico y del poder estatal

2. Se está desarrollando una visión más ajustada de las relaciones entre economía y resultados sociales. En esta nueva concepción, impulsada mayormente por la dirigencia más joven, el sindicalismo intenta integrar política económica y política laboral, buscando que ambas promuevan un crecimiento sostenido y una más adecuada distribución de los resultados, pero asumiendo como comunes las restricciones y las posibilidades.

3. Se comienza a asumir que la voluntad política debe pasar por el ejercicio de la negociación a fin de lograr convicciones estables sobre las decisiones económicas. La idea que alcanzar mayores cuotas de poder y participación sindical es por sí sola suficiente para sustentar decisiones adecuadas para los intereses laborales se encuentra en revisión.

4. Está surgiendo una nueva cultura de las relaciones laborales, revalorizándose la acción en la empresa como un espacio de gran importancia para tratar temas que interesan tanto a trabajadores como a empleadores. Aún en un marco de conflictos de intereses, hay un campo de acción para la colaboración donde los actores pueden ponerse de acuerdo y establecer un marco de interlocución.

5. Existe una especial preocupación por desarrollar modalidades de representación que respondan a las nuevas condiciones económicas, técnicas y sociales. Se hace patente la necesidad de avanzar en la democratización de los mecanismos de selección de las dirigencias, prestando una atención creciente a los liderazgos generados desde las empresas, fortaleciendo la carrera sindical desde la base hacia arriba y generando una mayor descentralización para que el nivel comunal y regional de las ramas federativas adquiera una mayor capacidad de interlocución local.

En general, descentralizar y diversificar la estructura sindical, manteniendo su naturaleza articulada entre los tres niveles históricos (base, rama y nacional) parece ser un criterio relevante que está surgiendo en los nuevos debates. El desafío más importante es consolidar una institucionalidad estable que combine la adecuación a las nuevas formas de representación con una creciente capacidad técnica, capaz de respaldar la acción federativa y de base, especialmente en la negociación colectiva, y también capaz de elaborar propuestas frente a los grandes temas nacionales.

GLOSARIO DE TÉRMINOS

ANEF : Agrupación Nacional de Empleados Fiscales

CEPCH : Confederación de Empleados Particulares de Chile

CNS : Coordinadora Nacional Sindical

CNT : Comando Nacional de Trabajadores

CODELCO : Corporación Nacional del Cobre

CPC : Confederación de la Producción y del Comercio

CUT : Hasta 1973 Central Unica de Trabajadores

Refundada en los años 80 como Central Unitaria de Trabajadores

ENAMI : Empresa Nacional de Minería

FUT : Frente Unitario de Trabajadores

INE : Instituto Nacional de Estadísticas

OIT : Organización Internacional del Trabajo

PEA : Población Económicamente Activa

PEM : Programa de Empleo Mínimo

PGB : Producto Geográfico Bruto

POJH : Programa de Ocupación para Jefes de Hogar

UDT : Unión Democrática de Trabajadores

UNTRACH : Unión de Trabajadores de Chile

Introducción

Este trabajo tiene por objetivo presentar las políticas y estrategias seguidas por el sindicalismo en Chile en la década de los noventa, frente a los desafíos que derivan de las profundas transformaciones estructurales tanto económicas como políticas resultantes de la inserción del país en una economía mundializada y en un sistema político también globalizado.

Para estudiar el caso de Chile es imprescindible considerar que en este país el proceso de inserción en el marco de la mundialización económica y política se produjo tempranamente, a inicios de los años setenta, bajo la conducción de un gobierno militar, que había derrocado por la vía de un golpe de estado a un régimen democrático. El nuevo gobierno -- que duró 17 años -- implantó por medios autoritarios un modelo económico inspirado en las concepciones denominadas neo liberales, introduciendo un sistema basado esencialmente en la regulación de mercado, limitando fuertemente el rol del Estado en la economía, estableciendo la privatización de parte importante del sistema de salud y de seguridad social, derogando el antiguo Código del Trabajo, que fue reemplazado por una nueva legislación orientada por principios de mayor flexibilidad y menor protección laboral; estableciendo una drástica apertura comercial y financiera a la economía internacional y concentrando las políticas de desarrollo principalmente en la exportación de bienes primarios. Políticamente, el gobierno militar clausuró el Parlamento, suspendió los partidos políticos y restringió duramente la actividad de las organizaciones sociales, particularmente a los sindicatos. De modo entonces, que para los sindicalistas en Chile, los procesos ligados a la mundialización y sus efectos estructurales fueron experimentados de manera simultánea con los efectos políticos y sociales generados por el gobierno militar. A diferencia de otros países de la región en los que el movimiento sindical ha enfrentado los nuevos desafíos de la mundialización en un marco de democracia política, en Chile estos desafíos por mucho tiempo fueron vistos por los sindicalistas como procesos vinculados a la acción de un régimen no democrático. Por ello, las luchas por recuperar la democracia política en Chile, de las cuales los sindicalistas fueron actores principales, estuvieron a menudo relacionadas también con luchas contra el nuevo modelo económico, debido a que se consideraba que el régimen autoritario militar y el mencionado modelo eran dos caras de una misma moneda.

Este antecedente debe ser considerado con la mayor atención pues constituye parte importante de los elementos a tener en cuenta para comprender cabalmente el sentido de las políticas y estrategias del sindicalismo frente a los procesos resultantes de la mundialización económica y política en el período posterior a 1990, cuando se logra recuperar la democracia política en el país.

Por otra parte, los efectos de las transformaciones económicas, políticas e institucionales derivadas de las experiencias vividas por el país desde 1973 en adelante ya se habían consolidado para 1990, por lo que el marco estructural en que se desenvuelve el sindicalismo al inicio de la década ya estaba configurado desde varios años antes.

En particular las condiciones económicas y sociales sobre las cuales actuaba el sindicalismo en los noventa habían sido construidas en las dos décadas anteriores. En efecto, el sindicalismo de los noventa y su entorno social y material ya no eran los de inicios de los setenta, aunque parte de su dirigencia nacional fuera la misma de entonces y aún cuando parte de sus estructuras organizativas históricas siguieran existiendo.

Este proceso de fuertes transformaciones marcó de manera muy decisiva al sindicalismo en Chile porque los cambios que le afectaron no fueron el resultado, como en otros países, de ajustes progresivos derivados de estrategias de modernización económica y política en un marco de democracia, sino que fueron consecuencia de un ajuste violento, drástico y masivo conducido por un gobierno autoritario, sin libertades políticas y sociales y declaradamente anti-sindical.

Por las razones anteriormente expuestas, este trabajo ha sido organizado en tres grandes capítulos.

El primero está destinado a mostrar el proceso de cambios económicos, institucionales y políticos ocurridos desde 1973 en adelante y sus efectos sobre el sindicalismo. Su objetivo es comprender la envergadura de las transformaciones que le afectaron y que explican las características que lo definen hacia los noventa.

El Segundo capítulo se concentra en las respuestas sindicales frente a los cambios derivados de la mundialización, concentrándose en la década de los noventa, pero teniendo en cuenta los antecedentes de lo ocurrido desde inicio de los setenta por las razones ya expuestas.

El Tercer capítulo corresponde a la Conclusiones del estudio, en el que se resume lo principal de los capítulos anteriores, pero sobretodo se intenta un análisis conceptual de las estrategias sindicales frente a los cambios y se plantean algunas hipótesis sobre los desafíos del futuro.

CAPÍTULO I

LAS TRANSFORMACIONES ESTRUCTURALES DE LOS SETENTA y LOS OCHENTA:

Chile se inserta en el proceso de mundialización en un contexto político autoritario

1. La fase de reestructuración inicial (1973-1981)

1.1. El impacto sobre la base social del sindicalismo

Los cambios producidos en la estructura económica, ocupacional y salarial en el período 1973-1981, como consecuencia de la aplicación de un modelo económico de fuerte inserción internacional y orientado por una lógica de mercado, generaron transformaciones importantes en las condiciones estructurales en que se desenvolvía el sindicalismo.

Consagraremos a esta parte un análisis si bien resumido, lo suficientemente detallado como para que sea posible comprender la magnitud de las transformaciones producidas, pues ellas están en el origen de la actual realidad del sindicalismo chileno.

En efecto, en primer lugar, se produjo un cambio de la base social sobre la cual se habían constituido las fuerzas fundamentales del movimiento sindical en las décadas pasadas. Ello se expresó en la disminución de la ocupación en los sectores productores de bienes (agricultura, minería, industria y construcción) y en el crecimiento ocupacional de los sectores productores de servicios (comercio, servicios, transporte y comunicaciones). Mientras los primeros pasaron del 49,9 por ciento en la distribución sectorial de la ocupación al 39,2 por ciento entre 1972 y 1980, los otros aumentaron del 50,1 por ciento al 60,8 por ciento en las mismas fechas. Al interior de estos últimos fue el sector comercio el que presentó el mayor crecimiento real; el transporte permaneció constante y la administración pública cayó fuertemente. Si bien tanto unos como otros sectores presentaban un importante grado de sindicalización formal, eran los sindicatos ubicados en las áreas productivas de bienes los que constituían, en general, la base más organizada y movilizada del sindicalismo pre 1973.

En consecuencia, se produjo un decrecimiento del espacio potencial de desarrollo del movimiento sindical que había sido política y socialmente más dinámico.

En segundo lugar, desde el punto de vista de su posición relativa en la matriz económica, los sectores productores de bienes crecieron en el PGB, entre 1974 y 1980, a una tasa de 1,6 por ciento en tanto que en el período 1960-70 lo hicieron a una tasa de 4,9 por ciento. A su vez los sectores productores de servicios pasan del 4,4 por ciento al 4,9 por ciento como ritmo de crecimiento en los mismos períodos mencionados. Lo anterior implica que la participación porcentual en el PGB de los primeros descienda desde un 49,8 por ciento en 1974 a un 44,8 en 1980, en tanto que los últimos se elevan desde el 50,16 por ciento al 55,8 por ciento en los mismos años.

Consiguientemente, el sindicalismo situado en las áreas productivas disminuyó también en sus potencialidades de presión económica, por cuanto se vio reducida la significación de aquéllos en el conjunto de la economía.

Al interior de estos dos procesos, la industria y la construcción, a su vez los dos sectores más importantes desde el punto de vista de su tradicional capacidad de movilización sindical en el ámbito urbano, fueron los más perjudicados, por lo que el impacto de los cambios ocurridos golpeó en el corazón de la actividad sindical histórica. En particular, fueron afectados los obreros, puesto que ellos representaban en 1970 el 63,4 por ciento de la PEA del sector productivo no agrícola, cayendo a un 53,0 por ciento en 1979. Los empleados, en cambio, se mantuvieron cercanos al 18 por ciento en esos años.

Finalmente, en términos de remuneraciones, tanto los sectores productivos de bienes como los servicios cayeron globalmente en sus posiciones respecto de 1972 -- con distinta intensidad en la caída y posterior recuperación -- por lo que la base social del sindicalismo, en general, se empobreció. Así, el índice general de sueldos y salarios era en 1980 de 89,9 por ciento con respecto a 1970 y de poco menos de un 70 por ciento con respecto a 1972.

En consecuencia, en el marco general de un empobrecimiento económico de los trabajadores, los sectores sindicales con mayor tradición de lucha se vieron globalmente disminuidos en su base social de reclutamiento y desmejorados en su posición estratégica en la economía. Por otra parte, los sectores productores de servicios, que ganaron en ocupación y en ubicación al interior de la estructura económica, si se considera que este dinamismo está centrado básicamente en el comercio y en la actividad financiera -- ambos conglomerados muy dispersos -- y que la administración pública --el núcleo sindicalmente más organizado en el sector servicios -- fue drásticamente reducida, no tenían condiciones efectivas para poner en juego, en plazos cercanos, esos factores estructurales de potencial poder sindical.

Por tanto, los cambios derivados de la aplicación del modelo económico, se tradujeron, en el plano más general, en un debilitamiento global de las condiciones estructurales de existencia y acción del sindicalismo, sin que cambiaran las condiciones para que los sectores que «progresaron» pudiesen movilizar sus eventuales potencialidades.

Sin embargo, esta situación general requiere ser examinada de manera más desagregada en el sector productivo, el núcleo más importante del sindicalismo histórico, puesto que al interior de este sector los impactos de las transformaciones no fueron homogéneos.

En efecto, si bien este sector se veía globalmente afectado por el nuevo modelo económico, no todas las actividades sufrieron el mismo impacto. Así, la política de apertura al comercio internacional y de inserción en una economía globalizada provocó resultados diferentes según la capacidad relativa de las diversas ramas productivas para incorporarse a las dinámicas que generó la aplicación de tal modelo.

Aquellos rubros con ventajas comparativas para la exportación se vieron menos afectados por la política económica seguida. La minería metálica, la madera, el papel y la celulosa, la fruticultura de exportación y los productos pesqueros pudieron rápidamente transferir al mercado externo los excedentes no comercializados por las restricciones a la demanda interna. Estas actividades, vinculadas a la explotación de recursos naturales y con escasos niveles de procesamiento industrial, fueron también favorecidas por una política de fomento a las exportaciones que les otorgó facilidades crediticias y exenciones impositivas. Estas ramas, de escasa significación en la estructura ocupacional, tuvieron un comportamiento dinámico durante el período y constituyeron la base fundamental de la estrategia de crecimiento del nuevo modelo.

En segundo lugar, hubo un importante conjunto de actividades cuyas producciones no eran transferibles en el mercado internacional o que presentaban limitaciones para ser importadas o exportadas. Es el caso de parte de las producciones de alimentos (hortalizas, carne, etc.); la industria procesadora de alimentos básicos, las bebidas y el tabaco, las imprentas, algunas industrias químicas, el cuero y calzado y el plástico; la extracción de minerales para la construcción; algunos rubros metálicos básicos e insumos industriales para la construcción entre los más importantes. Estas actividades dependían para su dinamismo de las fluctuaciones en la estructura y volumen de la demanda interna; es así como fueron fuertemente afectadas por la política anti-inflacionaria seguida y sus consecuencias recesivas durante gran parte del período estudiado. Sin embargo, en la medida en que mejoraba el nivel de actividad, algunas recuperaron parcialmente su dinamismo anterior, de acuerdo a los cambios experimentados por la estructura de la demanda interna.

Varias de estas actividades tuvieron alta incidencia en la ocupación; no obstante, la recuperación experimentada por las mismas no permitió absorber la desocupación generada en otros sectores.

Por último, un importante conjunto de actividades productivas que no disponía de ventajas comparativas, las que corresponden a bienes importables, fueron fuertemente reducidas por la competencia de productos importados. Entre estas actividades destacó gran parte de los bienes de consumo de carácter no alimenticio, tales como textiles, metal mecánicos y electrónicos, la mayor parte de los bienes de capital y un importante volumen de productos alimenticios básicos, como cereales y azúcar. En estos rubros el nivel de actividad se redujo drásticamente, quebraron muchas empresas, otras reorientaron sus producciones al armado de bienes importados o hacia segmentos específicos del mercado. También se originaron reorientaciones de empresas ubicadas en estas actividades hacia el comercio importador, eliminando gran parte de las actividades productivas que antes realizaban.

Sin duda, el más grave impacto de la reducción de estas actividades fue la desocupación en el empleo industrial y agrícola. Su decrecimiento no impidió, pese a todo, que siguieran manteniendo una posición importante en la estructura ocupacional. Sin embargo, la eliminación de los aranceles y el continuo deterioro de la competitividad de estas producciones, resultante de la mantención de un tipo de cambio fijo con inflación interna muy superior a la internacional, redundó en un permanente deterioro de las empresas que permanecieron produciendo en estos rubros, potenciando el proceso de desempleo en ellos.

En ese cuadro general -- y como se deduce de los antecedentes ya puestos -- el sindicalismo industrial es el que se vio, en general, más afectado en sus bases materiales y sociales de existencia. En efecto, la aplicación del modelo económico disminuyó notablemente la participación de la industria en el producto geográfico bruto y en la ocupación de la fuerza de trabajo. En el primer caso, se pasó de un 25,07 por ciento en 1974 a un 21,75 por ciento en 1980. En el segundo caso, desde un 19,8 por ciento de la ocupación sectorial en 1972 a un 16,1 por ciento en 1980.

Al interior de este proceso general de deterioro conviene distinguir tres situaciones por la importancia que ello tuvo sobre el sindicalismo.

En primer lugar, la caída de la ocupación afectó de manera diferente la base social de reclutamiento del sindicalismo en la pequeña industria en relación con la mediana y grande. En efecto, mientras en el conjunto de establecimientos de menos de 50 trabajadores disminuyó en un 38 por ciento la fuerza de trabajo ocupada en el período 1967-78, en aquellos de más de 50 trabajadores el empleo decreció en un 16 por ciento entre 1972 y 1979.

En consecuencia, considerando que la organización sindical de la pequeña industria era proporcionalmente reducida, dado que se requerían, hasta 1979, por lo menos 25 trabajadores para constituir una organización sindical y que, en ese estrato, los establecimientos de menos de 25 ocupados eran muchos, el impacto global de la desocupación industrial fue menor para el conjunto sindical más importante, que se ubicaba en los establecimientos de más de 50 trabajadores.

Por tanto, si bien la caída del empleo impactó seriamente la base de desarrollo del sindicalismo en la industria, este factor tuvo un efecto mucho más fuerte en la organización sindical de las pequeñas empresas que en las medianas y grandes.

En segundo lugar, al interior del estrato superior a cincuenta trabajadores, varias de aquellas actividades en que se desarrolló una acción sindical más activa y entre las cuales se encontraban muchas de las organizaciones con mayor vinculación a la Central Única de Trabajadores (CUT), fueron también las más golpeadas por los cambios ocupacionales y de la estructura económica. En efecto, si se consideran conjuntamente los rubros textil y vestuario, metalúrgico, electrometalúrgico, automotriz, cuero, calzado y gráfico, se concluye que estas ramas, que aportaban el contingente fundamental de la mayoría de las organizaciones sindicales de nivel federativo relevantes por su afiliación y desarrollo político, acumulan, por sí solas, prácticamente casi la totalidad de la reducción del empleo y de la caída del valor agregado en el rango de empresas de más de 50 trabajadores. (Ver cuadro a continuación).

Ocupación media y valor agregado en ramas industriales

(En los establecimientos de 50 trabajadores o más de ramas

estratégicas para el sindicalismo)
Federación

Ramas

Ocupación Media

Valor Agregado (1)

1970 1972 1979 1970 1972 1979
Textil y Vestuario 321

322

37.244

9.610

38.444

9.591

28.062

12.279

12.390

2.737

14.926

3.747

5.278,6

2.635,9

Metalúrgicos

381

382

18.133

12.789

15.362

14.610

14.404

7.382

6.330

4.275

6.512

4.853

4.588,6

2.512,9

Electrometal y

automotriz

383

384

9.305

20.266

11.085

20.266

6.584

8.015

5.874

8.688

7.006

8.917

2.540,2

3.898,0

Cuero y calzado

gráfico

323

324

342

2.758

9.100

7.736

2.659

8.936

8.212

1.831

6.299

7.993

1.106

3.478

3.768

1.858

4.424

5.231

663,6

2.005,0

4.917,2

Sub Total

Las demás

Ramas industriales

126.941

109.912

129.165

122.712

92.849

119.288

48.646

61.178

57.474

74.240

29.040,0

70.191,7

Fuente: Elaboración a base de la encuesta industrial del INE

(1) En millones de pesos de diciembre 1979.

Lo anterior no implica que no cayera la ocupación y el valor agregado en otras ramas distintas de las mencionadas. En las demás ramas, tomadas como conjunto, la caída de algunas en ambos indicadores se compensó con el crecimiento de otras.

En consecuencia, el sindicalismo industrial situado en la mediana y gran empresa (que, como se dijo, era proporcionalmente mayoritario), recibió el impacto de los cambios en la economía y el empleo de manera bastante localizada; precisamente en las áreas donde la organización federativa había alcanzado un mejor desarrollo relativo.

El deterioro de estas ramas no sólo se manifestó en la ocupación y el valor agregado, sino que también en la reducción del número de establecimientos con más de 1.000 trabajadores y en los niveles de salarios pagados a sus trabajadores. Es así como tenemos que en 1977 habían disminuido a nueve los establecimientos de mayor tamaño, los mismos que diez años antes eran diecisiete. A su vez, los salarios en 1979 equivalían sólo al 87 por ciento de los existentes en 1970, en tanto que en el resto de las ramas industriales dicha proporción alcanzaba al 96 por ciento.

En tercer lugar y como contraparte de la situación anterior, en las ramas en que el sindicalismo desarrolló más intensivamente una práctica a nivel de empresa que a nivel federativo (si bien allí existieron también organizaciones sectoriales) los impactos fueron menos profundos o incluso se dio la situación inversa de relativa expansión.

Ramas como la fabricación de aceites y grasas (3.115), la elaboración de pescados y mariscos (3.113) y en general la industria alimenticia (311) presentaban en 1979 niveles de ocupación significativamente superiores a 1972. Lo mismo sucedía con la industria de la madera (331) y la fabricación de papel de celulosa (341) en las que, además del incremento ocupacional, aumentaban de 1 a 5 las empresas de más de 1.000 trabajadores entre 1967 y 1977. Igual tendencia denotó la fabricación de sustancias químicas (351) y la fabricación de otros productos químicos (352), que en el mismo período incrementan de 1 a 3 el número de establecimientos de mayor tamaño. También se da el caso de otras ramas, como la fabricación de otros productos minerales no metálicos (369), que en 1978 mostraban tendencias al crecimiento en la ocupación a partir de niveles inferiores a los de 1972.

Varias de esas ramas aumentaron también la generación del valor agregado o se recuperaron más rápidamente que otras de la depresión de 1975.

Algunas de ellas tenían una fuerte importancia ocupacional relativa, como es el caso de los alimentos, los productos químicos y la madera. Las dos primeras, además representan proporciones importantes en el valor agregado, al igual que los aceites. Otras, en cambio, como el papel, la celulosa, y la elaboración de pescados y frutas tenían una importancia ocupacional menor.

Estas condiciones estructurales en general favorables en estas ramas, no coexistían, sin embargo, con una organización sindical muy desarrollada, sobre todo en sectores como el maderero, parte importante del alimentario y del químico y en algunos otros rubros antes mencionados. Ello, en razón de su menor experiencia federativa -- como ya se señaló -- y del predominio, por tanto, de un sindicalismo básicamente de empresa y, en muchas ocasiones, disperso geográficamente.

En consecuencia, su posición estructural más expectante no se expresaba en condiciones de movilización superior a las que existían en sectores más afectados. Estos últimos -- que pese a todo conservaban un lugar importante en la ocupación y relativo en la producción -- continuaron siendo los más activos e incluso lograron hacer subsistir a sus federaciones.

Lo anterior muestra que las condiciones estructurales, si bien constituían un poder eventual o potencial, por sí solas no garantizaban capacidad de movilización. Esta última estaba ligada a factores políticos e históricos que eran los que hacían posible haber alcanzado tal capacidad.

Por último, hay que señalar que en las tres situaciones examinadas, los obreros vieron disminuida su posición relativa en la ocupación, por lo que el sindicalismo de este estrato, en el marco de los procesos generales analizados, resultó más afectado.

En conclusión, al interior del sector industrial, la organización sindical más golpeada por los cambios estructurales fue la de la pequeña industria y en las categorías de mediana y grande, particularmente la que reunía mayor experiencia organizacional y política. En todas ellas, las condiciones de los obreros fueron más afectadas más que las de los empleados. Por otra parte, las actividades donde se desarrolló un sindicalismo de empresa más que sectorial, en general, tuvieron mejores condiciones ocupacionales y económicas. En todos los procesos influyó decisivamente la posición ocupada por las distintas actividades en el reordenamiento económico estructural generado por la apertura comercial que caracterizó al modelo económico implantado.

En el sector minero, el importante sindicalismo ubicado en la gran minería del cobre, a diferencia de la mayoría de la industria, vio mejoradas algunas de sus bases estructurales de influencia, en términos tanto del incremento de su ya estratégica posición en la economía como del crecimiento de la ocupación.

Tanto productiva como ocupacionalmente la Gran Minería del Cobre ha crecido en importancia durante los años analizados. La producción aumentó de 540 mil a más de 900 mil toneladas, mejorando su participación en el total de la producción nacional de un 75 a un 85 por ciento.

También la ocupación creció en más de 5.000 trabajadores, que representan alrededor de un 20 por ciento más que aquellos incorporados en 1972, aumentando la productividad por hombre ocupado en un 40 por ciento.

Sin embargo, el nivel de las remuneraciones en 1979 era sólo equivalente a un 56 por ciento del prevaleciente en 1972. Como consecuencia de ello, se ha producido una disminución del diferencial de remuneraciones con la mediana y pequeña minería, las que se deterioraron en menor medida.

En consecuencia, si bien el sindicalismo de los grandes centros mineros se ubica en una base económica y ocupacional más importante que ocho años antes, se encuentra también con una base social más empobrecida. Esto explicó en parte que su potencial poder estratégico de presión no pudo ser ejercido con suficiente éxito en la situación de autoritarismo que vivía el país en el período.

No ocurrió lo mismo con el sindicalismo de la minería del carbón y del salitre, otros dos centros sindicalmente importantes. En efecto, la posición de ambas actividades en la matriz económica disminuyó y cayó también en términos de ocupación. En cuanto a lo primero, el carbón muestra en 1979 un índice de producción casi 40 por ciento inferior al de 1970 y el salitre un 22 por ciento por debajo, en el mismo período. Respecto de la ocupación, el carbón disminuyó en un 25 por ciento y el salitre en un 30 por ciento.

Finalmente, para 1979 las remuneraciones cayeron en el carbón en un 55 por ciento con respecto a 1972 y las del salitre en un 57 por ciento entre los mismos años.

Por consiguiente, las condiciones materiales y sociales de los sindicatos mineros y salitreros se vieron drásticamente deterioradas, reduciendo su potencial de presión. Sin embargo, ambos lugares continuaron siendo centros de importante concentración de trabajadores (10.000 en el carbón y 6.500 en el salitre) y donde persistieron sus organizaciones sindicales, por lo que conservaron, pese a todo, una capacidad de movilización defensiva, que fue puesta en práctica en diversas ocasiones en este período, especialmente en el carbón.

En la construcción encontramos otro de los lugares sindicalmente relevantes que fueron drásticamente golpeados por las transformaciones económicas post-73.

En términos estructurales este sector tenía, en 1970, una alta significación ocupacional ya que duplicaba el empleo en la minería y equivalía a más de un tercio de la ocupación del conjunto de la industria manufacturera. En los años posteriores a 1973, esta actividad fue la más drásticamente afectada por la caída en la ocupación, la que alcanzó en 1976 niveles inferiores en un 50 por ciento a los de cuatro años antes. En 1978 comenzó a recuperarse lentamente y en 1980 alcanzó volúmenes de ocupación equivalentes al 81 por ciento de diez años antes. Sin embargo, la alta dependencia de esta actividad de las tasas de interés y las crisis recesiva de 1981, volvieron a deprimirla, impidiendo una recuperación estable del empleo.

Estas condiciones impactaron fuertemente a los sindicatos de la construcción que fueron antes de 1973 uno de los pilares de la CUT. En efecto, la alta movilidad ocupacional y la dispersión en empresas de escaso tamaño se suman a la caída del empleo para desarticular la capacidad de organización sindical. Adicionalmente, las modificaciones de carácter jurídico de 1979, que impiden negociar a los sindicalizados independientes (aquellos que no pertenecen a un establecimiento), situación muy extendida en esta actividad, redujeron aún más drásticamente las posibilidades de acción sindical en este sector.

Por consiguiente, el sindicalismo de la actividad de construcción parece haber sido el más duramente afectado por el modelo económico en aplicación y el que se debilitó más fuertemente en sus potencialidades estructurales.

Como conclusión de la situación examinada al interior del sector productivo, puede establecerse que de los tres conjuntos analizados (industria, minería y construcción), solamente en la gran minería del cobre se observa una condición estructural favorable que se liga a una organización sindical desarrollada. En la industria, los núcleos que lograron en la nueva situación alcanzar un dinamismo económico, en general no poseían un sindicalismo de trayectoria, y la construcción, en conjunto, ha sido la más desarticulada. Sin embargo, esta situación estructural desfavorable para los núcleos sindicales históricamente más movilizados, si bien los limitó duramente, no impidió que ellos, pese a todo, continuaran siendo los núcleos donde la acción sindical logró conservar alguna visibilidad en el período. Ello fue consecuencia de su tradición organizativa y política que les permitió al menos ofrecer resistencia a los procesos conjuntos y drásticos de reconversión del modelo económico y de autoritarismo político.

Finalmente, es necesario comentar que la situación favorable que el modelo económico ha provocado en el sector de servicios origina condiciones de mejor posición estructural, como base de una acción sindical, esencialmente en el comercio y el área bancaria. De ambas, es la segunda la que presentó condiciones más propicias para organizar una fuerza sindical, dado que el comercio, aún teniendo una base de afiliación no poco importante, siempre se caracterizó por una mayor dispersión. Sin embargo, el sindicalismo bancario, en general, fue normalmente un sector más bien corporativo-profesional, por lo que su vinculación con el movimiento sindical de otros sectores era débil.

En cuanto al sector público, que dispuso de un sindicalismo muy activo a través de la ANEF (Agrupación Nacional de Empleados Fiscales) y que formaba parte de la CUT, vio drásticamente afectada su base social y estructural. En efecto, la reducción del sector público, política que constituyó uno de los componentes fundamentales del modelo aplicado, significó reducir en más de 100.000 empleos la ocupación del sector. Paralelamente, la política de remuneraciones seguida se manifestó en fuertes reducciones en los salarios reales de los trabajadores no calificados, por lo que los empleados públicos llegaron a niveles de salarios muy inferiores a los existentes a principios de la década.

Sin embargo, la perseverancia de la ANEF para mantener una actividad asociativa, hizo que, pese a los obstáculos, este sector lograra conservar un rol de representación importante.

1.2. El impacto sobre los constituyentes del sindicalismo: la afiliación y organización sindical en el período 1973-81

Esta sección presenta los impactos de los procesos estructurales antes mencionados en la organización y afiliación sindical en Chile a partir del momento en que se instaura el régimen militar.

Para ubicar dicho período respecto de sus antecedentes históricos, aquellos rasgos son contrastados con las tendencias más destacadas que caracterizan los años previos a 1973.

Nuestra atención se centra principalmente en la organización sindical urbana y minera por cuanto ella constituyó la base del desarrollo sindical chileno. Por consiguiente, los sectores extractivos vinculados a la agricultura, la pesca, la caza, la silvicultura y la madera han sido incluidos solamente a nivel de informaciones globales.

La organización sindical y su dimensión

El advenimiento del régimen militar provoca un vuelco importante en la dinámica que venía desarrollando la organización sindical en los veinte años precedentes. En efecto, tanto la política de coerción aplicada por el régimen como los cambios estructurales en la esfera económica afectan notablemente el ritmo histórico del desarrollo sindical.

Empezando por aquellas transformaciones de carácter más global es preciso consignar, en primer término, que a partir de 1974 se produce una progresiva disminución del volumen de trabajadores afiliados a sindicatos. Los años precedentes, en cambio, muestran una tendencia de signo contrario.

En efecto, en el lapso comprendido entre 1962 y 1970 el contingente de afiliados creció en un 151 por ciento. Este nivel de desarrollo se gestó, sobre todo, a partir de 1965, con el gobierno de la democracia cristiana y representó la superación de la depresión que afectó a la organización sindical durante el gobierno conservador de Jorge Alessandri. (1958-1964).

Entre los años 1970 y 1973 esta dinámica adquiere aún más vigor, lo que hace que el número de afiliados en sólo tres años crezca en términos absolutos, en un volumen semejante al alcanzado en los 8 años anteriores. Posteriormente se iniciará una caída de la afiliación sindical.

Total socios, según años escogidos

(Incluyendo agricultura, caza, pesca, silvicultura y madera)
1956

1962

1966

1970

1973

1975

1977

328180

249860

361192

628396

939319

940810

916569

Fuente : Isla, Tarud, Jorquera. (DERTO) Universidad de Chile.1978.

Si bien las cifras muestran una caída leve entre 1973 y 1977, de hecho se había iniciado un proceso de descenso de la afiliación sindical tanto por razones de cambios estructurales como lo mencionados antes como por la acción anti-sindical del gobierno. La ausencia de cifras precisas entre 1977 y fines de los setenta dificulta disponer de evidencia estadística para ese lapso, pero a partir de 1980, cuando se dispone de datos confiables la afiliación había caído a 386 910 socios (fuente: Dirección del Trabajo).

En lo que concierne al número de organizaciones sindicales, aún cuando el año 1977 registra una cifra de sindicatos ligeramente mayor que la de 1973, la tendencia que surge es más bien al estancamiento.

Se advierte, entonces, una estabilización en la cantidad de sindicatos existentes frente a un volumen de afiliados que va en descenso. Dicho fenómeno produce una reducción en el tamaño promedio del sindicato.

Esta diversidad en las tasas de crecimiento de sindicatos y socios es el resurgimiento de una dinámica que adquirió fuerza importante entre los años 1956-1969: entre ambas fechas el número promedio de afiliados por sindicato pasa de 136,2 a 118,4. Esta tendencia, no obstante, había logrado ser revertida durante los años que abarca el gobierno de la Unidad Popular. Medido en porcentaje, el ritmo de crecimiento de los socios superó entonces al de los sindicatos.

Al observar la afiliación desde el punto de vista de las categorías de sindicatos que distinguía la ley, se descubre que son aquéllos de tipo industrial (obreros) los más afectados por la disminución de sus socios (13,7 por ciento menos en 1977 respecto de 1973), seguido de los sindicatos profesionales (4,6 por ciento menos). Estos últimos agrupaban a empleados, trabajadores independiente y algunos segmentos patronales.

Este deterioro afecta particularmente a aquellas organizaciones sindicales que agrupan a trabajadores dependientes de un empleador, esto es obreros y empleados, puesto que los socios de sindicatos de empleados, esto es profesionales «dependientes», caen en 1977 un 8 por ciento respecto de 1973, superando así el porcentaje de 4,6 por ciento del conjunto de su categoría.

En 1973, los afiliados dependientes configuraban el 88,7 por ciento del total. Cuatro años más tarde dicho nivel alcanza al 86 por ciento. Es precisamente este sindicalismo asalariado el que conformaba la base de la Central Única de Trabajadores.

Las grandes líneas que hemos presentado se complementan al efectuar el análisis desagregado por sector económico.

El lapso 1970-73 no registra sectores económicos cuyas organizaciones sindicales hayan visto mermar su significación cuantitativa. Muy por el contrario, sindicatos y socios experimentan un auge generalizado en todas las ramas.

Sindicatos y socios dependientes

Por distinción jurídica entre industriales y profesionales excluyendo a sindicatos

y socios agrícolas (70-77) índice 100 en 1973

INDUSTRIALES

PROFESIONALES

TOTALES

Años Sindic Indice Socios Indice Sindic Indice Socios índice Total

Sindic

Indice Total

socios

Indice
70

1.448

78

496.425

86

1.970

66

223.859

60

3.418

71

420.284

70

71

1.606

87

210.473

92

2.216

75

270.220

72

3.822

80

480.693

80

72

1.782

96

233.781

98

2.734

93

339.146

90

4.516

94

562.927

93

73

1.841

100

227.786

100

2.946

100

372.408

100

4.787

100

600.194

100

74

1.900

103

219.602

96

3.173

108

372.455

100

5.073

106

592.057

98

75

1.879

102

207.238

91

3.261

109

365.622

98

5.140

107

572.860

95

76

1.836

99

199.164

87

3.255

110

351.822

94

5.091

106

550.986

92

77

1.808

98

196.529

86

3.193

108

343.180

92

5.001

104

539.709

90

Fuente: A base de Isla, Jorquera, (DERTO), Universidad de Chile .1978.

Sindicatos y socios según ramas de producción

Distinta es la situación que se inicia a fines de 1973, momento en que se desencadena un proceso de disminución del número de afiliados a sindicatos. En este sentido, los sectores más afectados son la construcción y la industria. La primera pierde 18.639 afiliados entre 1973 y 1977 y la segunda 34.545 entre las mismas fechas.

Sin embargo, en proporción a sus volúmenes totales de afiliación, la caída más brusca se verifica en el ramo de la construcción. La cifra de afiliados para 1977 no representa sino el 66 por ciento de la de 1973. En contraposición, es justamente este sector el que había dado muestras de mayor dinamismo en los años precedentes. De 7.525 afiliados en 1956 se pasa a 17.317 en 1969; durante la etapa 1970-73 el número de socios crece en un 135 por ciento, llegando a totalizar 54.029.

En el caso de la industria, al interior de ella, las agrupaciones más afectadas fueron: textil, cuero y calzado, metalúrgicos y minerales no metálicos. En ambos casos (industria y construcción) a nivel agregado, el menor número de socios se organiza en una mayor cantidad de sindicatos.

En la industria el número de sindicatos pasa de 2.418 en 1973 a 2.528 en 1977; para la construcción las cifras son de 239 y 244, respectivamente. En ambos casos, este crecimiento de sindicatos corresponde sólo a la categoría «profesionales» (empleados). En los «industriales» (obreros) la caída de los sindicatos es de 1 por ciento para la industria y 6 por ciento para la construcción.

En consecuencia, los obreros disminuyen tanto en número de afiliados como en número de sindicatos.

Para 1977, la minería no ha variado prácticamente su magnitud de socios «profesionales» y aumentó su número de sindicatos en esa categoría (7 por ciento) en tanto que el volumen de socios y sindicatos «industriales» ha caído por debajo de los niveles de 1973 (10 por ciento). Este sector mantiene, a pesar de ello, su tradición de ser aquél que dispone de las más altas tasas de sindicalización.

Índice de sindicatos y socios 1970-1977

Base 100 1973, por rama de actividad

(Excluyendo agricultura, silvicultura, caza pesca y madera)

Minería

Industria

Electricidad

Gas, vapor, agua

Construcción

Comercio

Industr.

Profes.

Industria

Profes.

Industria

Profes.

Industria

Profes.

Industria

Profes.
Años SI SO SI SO SI SO SI SO SI SO SI SO SI SO SI SO SI SO SI SO
1970

81

89

73

70

81

88

66

57

103

98

78

92

55

49

58

42

63

75

66

64

1971

87

92

82

80

89

94

74

70

103

107

83

94

78

65

76

59

67

87

75

76

1972

96

94

94

91

97

100

92

87

100

106

97

98

96

75

97

100

92

99

94

92

1973

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

1974

100

99

110

106

103

96

107

99

97

92

104

101

106

84

112

94

109

103

106

102

1975

96

98

112

105

102

89

112

88

90

81

105

104

102

75

115

79

107

98

110

103

1976

94

94

109

101

100

86

113

93

81

52

104

103

100

71

109

70

103

96

113

105

1977

90

90

107

101

99

85

111

91

81

72

100

97

94

66

104

65

102

97

112

106

Transporte

Financ. y Seguro

Serv. Sociales

Act. No especificada

1970

76

78

69

61

75

66

64

53

65

76

70

62

100

100

1971

89

77

78

74

100

96

76

71

74

82

76

73

100

100

1972

97

87

93

89

100

101

96

89

93

91

92

89

s/d

s/d

1973

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

100

s/d

s/d

1974

97

89

110

105

100

101

103

98

104

96

108

104

100

33

1975

100

92

115

108

100

100

103

94

104

91

110

111

200

58

1976

97

90

117

109

88

83

102

100

96

93

114

107

200

64

1977

92

83

116

108

88

83

101

94

104

110

111

105

300

94

Fuente: Elaboración a base de Isla, Tarud, Jorquera. (DERTO), Universidad de Chile 1978

De las ramas restantes, transporte/comunicaciones, muestra aumentos moderados en el número de sindicatos y de socios pero sólo de la categoría «profesionales». El comercio, por su parte, aumenta el total de sindicatos, pero disminuye el volumen de asociados obreros, registrando un leve crecimiento de afiliados empleados. Los servicios de utilidad pública (gas electricidad, etc.) sufren caídas moderadas en sindicatos y socios. Lo mismo ocurre, con los afiliados, en el rubro finanzas y seguros.

Finalmente, los servicios sociales y comunales señalan crecimiento leve en sindicatos y socios.

Los cuadros que siguen presentan los antecedentes completos para la situación que acabamos de describir.

Tamaño de los Sindicatos

Para el análisis del tamaño de los sindicatos, medido según el número de socios inscritos, el estudio de Isla, Tarud y Jorquera utiliza una serie de seis categorías como lo muestra el cuadro siguiente:

Distribución de sindicatos, en por ciento, según tamaño, por ramas y años escogidos
INDUSTRIA

MINERIA

CONSTRUCCION

ELEC. GAS, VAPOR Y AGUA

TAMAÑO

70

73

75

77

70

73

75

77

70

73

75

77

70

73

75

77
Menos de 25 5,68 5,54 9,10 12,5 1,21

0,93

2,64

5,8

1,92

2,51

3,71

7,78

3,3

3,8

2,8

4,12

De 25 - 49 37,03 38,70 42,09 40,42 25,10

31,36

32,94

3,6

32,5

36,55

43,49

43,03

34,83

40,7

40,3

38,14

De 50 - 124 35,69 34,90 30,86 30,06 36,8

34.78

34,11

32,19

33,33

28,87

26,76

25,0

32,58

46,57

33,65

35,05

De 125 - 399 17,84 16,66 14,6 13,96 22,6

19,87

18,52

19,19

25,0

20,92

18,21

17,62

17,97

15,53

14,42

12,37

De 400 - 999 2,84 3,30 2,51 2,41 8,50

6,83

5,58

5,8

7,05

5,85

5,57

4,09

7,85

8,2

6,7

7,2

De más de 1000 0,89 0,86 0,73 0,63 5,66

6,21

6,17

6,19

0,64

5,43

2,23

2,45

3,33

2,91

1,9

3.09

Fuente: elaboración a base de: Isla, Tarud, Jorquera. (DERTO).

Para todas las esferas de la actividad económica, dos son los rangos que concentran la mayor parte del contingente de afiliados: entre 25 y 49 socios y entre 50 y 124. Para los sectores más «protagónicos» de la vida sindical, esto es, la industria, la minería y la construcción, dichas categorías agrupaban en 1997 entre el 63 y el 70 por ciento de sus afiliados.

Los tres sectores que acabamos de mencionar experimentan un crecimiento de los sindicatos que agrupan a menos de 25 trabajadores. Bajo este aspecto destaca la situación de la industria, en donde los sindicatos más pequeños pasan a reunir el 12,5 por ciento de los socios, aumentando en siete puntos respecto de 1973. En el caso de la minería y la construcción, los sindicatos de menor tamaño ganan cinco puntos en el porcentaje de sindicalizados que concentran.

El crecimiento del número de sindicatos más pequeños se dio particularmente en la industria, a expensas de los sindicatos más grandes. En la industria y en la construcción es donde el tamaño de los sindicatos disminuye de manera más nítida respecto de 1973. En la industria, el tamaño promedio de los sindicatos pasó de 116 en 1973 a 97 en 1977. Al interior de ella, la rama textil, vestuario, cuero y calzado -- la más golpeada por el modelo económico -- muestra para los mismo años un promedio de 154 y 113 respectivamente.

La minería tenía, en 1973 un promedio de 253 socios por sindicato. En 1977 este promedio descendió a 240. La construcción pasó de 226 afiliados a 145 entre los mismos años.

Afiliación de federaciones a los grupos nacionales

Después de 1973, desaparecida legalmente la CUT, se formaron diferentes agrupaciones sindicales que intentaron constituirse como centrales nacionales. Este proceso se inicia a partir de 1974, pero es sólo a partir de 1976 que logran establecerse con mayor permanencia. Ninguna de estas centrales fue reconocida legalmente y, de hecho, no fueron contempladas las organizaciones de tercer grado en la legislación vigente a partir de 1979, que reglamentó la asociación sindical.

Estas centrales, más conocidas como «grupos nacionales», fueron básicamente la Coordinadora Nacional Sindical (CNS), la Unión Democrática de Trabajadores (UDT), el Frente Unitario de Trabajadores (FUT) y la Unión de Trabajadores de Chile (UNTRACH). Se puede agregar la Confederación de Empleados Particulares (CEPCH), ya que existía anteriormente y es la única que conservó reconocimiento jurídico.

Su capacidad de afiliación de sindicatos es difícil determinarla pues no existen datos claros al respecto. Sin embargo, un estudio de la Vicaría Pastoral Obrera de 1981 estimaba que las Federaciones asociadas de hecho a estas centrales se distribuían así: CNS: 10; UDT: 8; UNTRACH: 9; CEPCH: 3; FUT: 1. Además, 4 pertenecían al Comando Nacional de Trabajadores (CNT), creado por el gobierno militar. Otras 3 se repartieron entre los distintos grupos y 13 más no estaban afiliadas.

Si se tiene que eran 87 las principales Federaciones afiliadas activamente a la CUT, se puede observar que sólo 51 de ellas sobrevivieron en el período.

1.3. Síntesis de los procesos del período 1973-1981

Después de 1973 se produce un proceso de estancamiento de la dinámica de crecimiento sindical que había marcado la fase precedente No solamente disminuye el número absoluto de afiliados, como consecuencia del fuerte desempleo, sino también atomiza más la organización sindical al disminuir el tamaño de los sindicatos.

Cualitativamente, el impacto adquiere una dimensión importante al considerar que los sectores industriales y de la construcción, que fueron la base del sindicalismo histórico, aparecen particularmente afectados en su volumen global como en su tamaño promedio. La minería, particularmente la del carbón (otro sector clave sindicalmente), también evidencia deterioro.

En definitiva, tanto por los impactos estructurales, derivado de las consecuencias del esquema económico aplicado, como por las limitaciones políticas que obstaculizaron el desarrollo sindical, la organización de los trabajadores se vio disminuida y entrabada en su evolución. Esta situación fue particularmente notable para los obreros más que para los empleados. Ello muestra tanto el tipo de desocupación como los cambios en la composición de la fuerza de trabajo.

Esta situación puede considerarse crítica considerando que el proceso de debilitamiento fue global y que, además, no surgieron nuevos sectores cuyo fortalecimiento pudiese contrapesar el deterioro de los núcleos históricamente más estratégicos.

En consecuencia, el proceso tanto político como el de transformaciones estructurales resultantes del nuevo modelo económico implantado a partir de inicios de los setenta produjeron una regresión en la actividad sindical y un cambio drástico en la composición de la base social sobre la que el sindicalismo se constituye. Con todo, ello no implicó un proceso de desaparición de la organización sindical.

Durante todo ese período la acción de los sindicatos y de sus organizaciones federales y nacionales fue de lucha permanente para enfrentar el gobierno militar buscando recuperar el régimen político democrático y al mismo tiempo una lucha contra la política que implantaba el modelo económico neo liberal. Como se ha dicho, para el sindicalismo la lucha contra la dictadura y contra el modelo económico eran parte de un mismo proceso. Con motivo de estas acciones el sindicalismo en esta etapa convocó a organizarse bajo su conducción no sólo a los sindicatos, sino a todas las organizaciones sociales, cualquiera fuese su composición. Así, la dirigencia sindical agrupó también a las asociaciones urbanas de barrio, a muchos profesionales, a los desocupados e incluso a sectores de estudiantes y a grupos vinculados a organizaciones religiosas de base.

Sobre la base de esta experiencia surgió en esa etapa la idea que el sindicalismo, en las nuevas condiciones estructurales, institucionales y políticas, podía redefinir su base constituyente y pasar de la visión clásica de organización puramente laboral a otra de carácter social más amplio. Tal concepción tuvo un cierto desarrollo hasta 1985, pero posteriormente no logró afianzarse.

2. La crisis económica de inicios de los ochenta, el proceso de recuperación y la consolidación del modelo económico de desarrollo vigente (1981 y década de los noventa)

Esta sección tiene por objetivo mostrar los procesos económicos y sociales cuyo desarrollo definió las condiciones estructurales, institucionales y políticas definitivamente vigentes en la década de los noventa. Las respuestas sindicales en esta década ante el proceso de mundialización encuentran su origen en la experiencia vivida desde 1973 hacia delante, pero se consolidan en cuanto a estrategias y políticas en este período y en la post crisis.

2.1. La crisis

Para 1980 los cambios económicos estructurales e institucionales más sustanciales ya se habían hecho, la inserción de Chile en la economía mundial estaba en pleno desarrollo, la lógica de mercado se había impuesto, el país en general mostraba un perfil de plena incorporación a un mundo globalizado y el desempeño de las principales variables económicas se habían mostrado razonablemente positivas. Sin embargo, el modelo aplicado mostró su fragilidad, tanto interna como externa. En efecto, la economía se había orientado por una importante tendencia financiera más que productiva y ello la hacía vulnerable a la especulación y limitaba la inversión dura a favor de los llamados capitales «golondrinas». Por otra parte, su inserción económica internacional no estaba preparada para enfrentar crisis externas como la que se produjo a nivel internacional al inicio de la década de los ochenta. Consecuencia de estas situaciones y otras, la economía chilena cayó en una fuerte depresión que llevó a que el PGB descendiera a menos 14 por ciento y a que la desocupación abierta bordeara el 35 por ciento.

Esta situación desencadenó importantes decisiones de cambio en la conducción económica por parte del gobierno militar, si bien conservando el diseño fundamental del modelo económico adoptado desde 1975 en adelante. Se reformularon diversas políticas, especialmente dirigidas a fortalecer la capacidad productiva y a controlar el sistema financiero.

En el plano social, los sindicatos lograron liderar un vasto movimiento social de protesta contra el régimen militar y sus políticas. Ello, pese a que para 1981-82 la afiliación sindical había caído a un tercio de lo que era en 1977 (347 470 contra 916.569, comparativamente) Esto dio lugar a las llamadas «protestas nacionales» de 1983-84. Esta fue la ocasión en que el sindicalismo logró llevar adelante con más fuerza su posibilidad de liderar una base social más amplia que la organizada en sindicatos. De hecho, las protestas convocaron a conjuntos muy amplios de personas y organizaciones bajo la convocatoria de los sindicalistas. Estas movilizaciones fueron el inicio del fin de la dictadura, pues debido a ellas el gobierno militar tuvo que abrirse a negociar con la oposición política y concederle espacios para expresarse. Sin embargo, el liderazgo sindical fue superado en esta fase de negociación política por la dirigencia de partidos y el nuevo perfil que estaba adquiriendo como aglutinante de una base social muy amplia perdió fuerza hasta desaparecer.

2.2. La recuperación del modelo económico

Los analistas coinciden en que, pasada la crisis, es a partir de 1985 que se establecieron las bases del actual proceso económico chileno. Los diez años posteriores mostraron un alto ritmo de crecimiento económico; hubo creación permanente de empleos y se fue recuperando un clima de estabilidad política. Luego de la fuerte crisis de los años anteriores, el nivel de producción se logró recuperar, se aumentó el ahorro y la inversión; se controló la inflación, se consiguió un nivel moderado de desempleo y los salarios reales crecieron al ritmo de la productividad.

Durante los 10 años que siguieron a 1985 se logró un adecuado equilibrio macroeconómico; el producto nacional creció al 6,6 por ciento anual; la inflación fue descendiendo sistemáticamente; la productividad aumentó sostenidamente; las cuentas fiscales internas y externas mostraron solidez.

En materias sociales se lograron algunos resultados importantes: aumentó el alfabetismo, la escolaridad y la esperanza de vida al nacer. Las personas y familias situadas bajo la línea de indigencia y de pobreza disminuyeron significativamente.

Si bien estas fueron las características generales del proceso posterior a la crisis, conviene considerar la diferenciación en dos etapas que propone el estudio de la OIT «Evolución del Empleo en Chile 1986-1996» publicado por el Equipo Multidisciplinario de Santiago en 1998.

De acuerdo a este estudio, puede distinguirse una primera fase de 1986 a 1989; es decir, hasta el momento en que se termina el gobierno militar y asume el gobierno democrático.

Según el documento de la OIT, si bien es desde 1986 que se inicia el proceso de recuperación y de mejoramiento de índices económicos, el crecimiento económico en esta primera fase se caracterizó por aprovechar la capacidad ociosa y las elevadas tasas de desempleo dejadas por la profunda crisis anterior.

La superación de la crisis se hizo a través de un ajuste económico en 1985 con un elevado costo social. A fin de paliar algunos de sus efectos se aplicaron políticas tales como subsidios monetarios destinados a la población en extrema pobreza y la creación de programas de empleo de emergencia, denominados PEM y POJH, los que entre 1986 y 1989 incorporaron a casi el 10 por ciento de la fuerza de trabajo.

Aunque estos programas contribuyeron a bajar la desocupación abierta, ésta se situó sobre el 10 por ciento; para 1989. A pesar que el salario real había aumentado, todavía era inferior en un 5 por ciento al de 1981 y 1982; el ingreso mínimo legal representaba un 30 por ciento menos que el de esos mismos años. La organización sindical y el nivel de negociación colectiva de los trabajadores, si bien se recuperó entre 1986-89 respecto de los años anteriores lo hizo a un ritmo lento y no logró alcanzar el 10 por ciento de la fuerza de trabajo.

El segundo período, de acuerdo al estudio de la OIT, es el que va de 1990 a 1996, fase que culmina la consolidación de la recuperación y configura el cuadro económico y social vigente hoy en Chile, contexto en el que se desenvuelve la acción sindical frente a los procesos de mundialización.

Este período presenta un escenario de elevado crecimiento del producto nacional, de 6,8 al año en promedio; caída de la inflación desde 21 por ciento a 6,6 por ciento entre 1989 y 1996; cuentas fiscales fuertes y acumulación de reservas internacionales; crecimiento del nivel de ahorro, la inversión y la productividad; mayor creación de empleos y aumento de los salarios reales.

La disminución del desempleo en la primera fase, entre 1986 y 1989, como se dijo, según el estudio de la OIT, fue principalmente resultado de la puesta en marcha de recursos paralizados durante la crisis anterior. Sólo complementariamente se debió a la diversificación productiva de bienes primarios de exportación (madera, fruta, pesca) y de bienes de con algún grado de elaboración (vino, conservas). Esto permitió de todas formas alcanzar los niveles de empleo existentes antes de la crisis. Pero, a partir de 1989 el crecimiento fue el resultado de la expansión de la capacidad instalada, con una fuerte orientación hacia la exportación. El desempleo se estabilizó en un 6 por ciento a 7 por ciento en promedio.

2.3. La base social del sindicalismo en los noventa: estructura y

características más relevantes de la fuerza de trabajo y el empleo

Crece la participación de fuerza de trabajo femenina. Según el mismo estudio de la OIT ya citado, a partir de 1989 el crecimiento del empleo se debió principalmente al ingreso de un mayor número de personas a la fuerza laboral, especialmente mujeres. Entre 1986 y 1994 éstas aumentaron de un 29,3 por ciento a un 35,4 por ciento. La expansión del sector exportador frutícola, del comercio y de los servicios financieros, entre otras, son la causa de este proceso de crecimiento de la tasa de participación femenina. En el sector secundario los hombres siguieron predominando. Del total de ocupados en 1996, el 80 por ciento eran hombres.

Por tanto el empleo femenino se concentró en el sector terciario. Para 1996, esta actividad agrupaba al 80 por ciento de las mujeres que trabajaban. El comercio mostró la mayor participación femenina, de un 22 por ciento en 1986 a un 24 por ciento en 1996.

Disminuye la ocupación en la agricultura y la minería muestra un crecimiento limitado. En el sector primario, el empleo en la agricultura disminuyó desde un 20 por ciento en 1986 a un 15 por ciento en 1996. La minería mantuvo una baja oferta de nuevos puestos de trabajo.

La industria se recupera pero no vuelve a ocupar su posición histórica. Para 1996 el sector secundario elevó su participación desde un 21 por ciento en 1986 a un 27 por ciento. Pero aún así tal recuperación del empleo industrial no alcanzaba los niveles anteriores a la crisis y a partir de 1994 mostró un estancamiento.

El sector terciario mantuvo su alta participación en el empleo. Para 1996 este sector ocupaba alrededor del 58 por ciento del total de la fuerza laboral.

Cambios al interior de las distintas categorías ocupacionales. Los cambios más importantes del período se manifestaron en la disminución de la categoría de «agricultores, ganaderos, pescadores, cazadores y afines» del 21 por ciento al 16 por ciento y la de «obreros y jornaleros» del 11 por ciento al 6 por ciento. Los demás grupos aumentaron su participación y en especial los empleados de oficina, del 11 por ciento al 15 por ciento.

En consecuencia, el principal cambio en la composición del empleo entre mediados de los ochenta y los noventa fue la caída del porcentaje de «obreros» y el notable aumento de «empleados», estos últimos principalmente en el sector privado, ya que los del sector público disminuyeron en alrededor de 30 por ciento.

La mayor participación de mujeres se manifestó también en un importante crecimiento de los grupos «profesionales, técnicos y afines» y «gerentes, administrativos afines». Esto indicó que, al menos una proporción de ellas accedieron a empleos de cierta calidad, aún cuando ello no impidió que se produjeran discriminaciones salariales entre hombres y mujeres en esas categorías de empleo.

Cambios en el nivel educacional de los trabajadores. De acuerdo al estudio de la OIT, en todas las categorías se apreció un fuerte aumento de ocupados con educación superior, del 10 por ciento al 18 por ciento. Entre los «gerentes, administrativos y directivos», aumentó de un 39 por ciento a un 44 por ciento y el perfil de los trabajadores del grupo de «empleados de oficina y afines» también cambió radicalmente, de un 16 por ciento a un 39 por ciento con educación superior.

La escolaridad más baja se dio entre los «agricultores, ganaderos, pescadores y afines», donde un 80 por ciento de los ocupados no tenía ninguna escolaridad o había cursado sólo educación básica.

2.4. Síntesis de los antecedentes relativos a la base social

del sindicalismo en los noventa

A continuación se presentan dos cuadros que permiten apreciar, a modo de síntesis, la evolución del empleo por rama de actividad entre 1970 y 1996, de modo que se pueda apreciar los procesos de transformación ocurridos en cuanto a este indicador en los casi treinta años transcurridos desde que el país inicia su inserción en el marco de la mundialización económica.

Ocupados a nivel nacional por ramas de actividad total País

(Miles de personas y porcentajes)
Especificación 1970

Sept-Dic.

1972

Ene-Jun.

1975

Jul.-Dic.

1977

Oct.-Dic.

1979

Oct.-Dic.

1981

Oct.-Dic

1982

Oct.-Nov

Agricultura y Pesca 472,8

(16,0)

379.4

(12,7)

540.4

( 17,34 )

550.6

(17,2)

543.7

(15,6)

542.1

(14,6)

506.4

(14,4)

Minería 55.1

(2,0)

58.4

(2,00)

88.6

(2,8 )

82.2

(2,6)

83.4

(2,4 )

70.8

(1,9)

62.7

(1,8 )

Industria 709.8

(24,4 )

775.9

(26,4 )

529.0

(17,0)

522.8

(16,3)

566.9

(14,5)

585.1

(16,0)

483.6

(13,8)

Electricidad, Gas y Agua 18.3

(0,6)

21.0

(0,7)

25.4

(0,8)

34.2

(1,06)

28.3

(0,81)

29.9

(0,8)

29.2

(0,8)

Construcción 220.8

(7,6 )

249.7

(8,4)

169.5

(5,5)

135.4

(4,2)

177.3

(5,1)

228.6

(6,2)

160.9

(4,6)

Comercio (1) 420.6

(14,4)

406.2

(13,6)

437.4

(14,02 )

486.5

(16,0)

578.6

(16,6)

670.8

(18,0)

566.7

(16,2)

Transporte y Comunicación (2) 214.1

(7,3 )

269.9

(9,06)

200.2

(6,4)

189.7

(56,0)

223.6

(16,6)

238.6

(6,3)

211.0

(59,6)

Servicios Financieros (-) (-) 80.0

(2,6)

81.6

(2,6)

94.8

(2,7)

125.6

(3,4)

122.3

(3,5)

Servicios Comunales, Sociales y Personales 777.1

(26,7)

786.5

(26,4)

862.4

(28,0)

982.1

(31,0)

1.032.6

(29,7)

1.096.7

(29,8)

1.209.4

(34,5)

Actividades no Bien especificadas 1.7

(0,06 )

7.4

(0,25)

24.0

(0,7)

15.3

(0,5)

10.0

(0,28)

4.1

(0,1)

2.8

(0,08)

Buscan trabajo por primera vez 18.9

(0,65 )

2