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La explotación sexual de los niños
De las calles al ciberespacio, la situación empeora
La explotación sexual comercial de la infancia ha dejado de ser un tema tabú y ya se debate abiertamente en cada vez más países. En cualquier caso, sigue constituyendo un problema de alcance mundial y su propagación aumenta con la utilización de Internet. Una lucha eficaz contra esta forma de abuso exige que se aborden sus causas fundamentales. En el presente informe se examinan posibles medidas.
YOKOHAMA, Japan - Cuando el Congreso Mundial contra la Explotación Sexual Comercial de los Niños, celebrado en esta ciudad japonesa en diciembre, dio por concluidas sus sesiones, la mera comprobación del número de asistentes a las reuniones permitía deducir la magnitud del problema tratado.
Además de constatar que el abuso sexual de los niños con fines de lucro es un problema de los países pobres, los 3.000 delegados asistentes, representantes de más de 130 países y cientos de ONG, organizaciones intergubernamentales y el sector privado, tuvieron la oportunidad de conocer terribles historias en las que se relataban las desventuras de menores albaneses víctimas del tráfico de personas con destino a Europa occidental, adolescentes japoneses que ofrecen sexo a cambio de dinero para sus gastos personales, niños rusos de la calle obligados a prostituirse y niñas vietnamitas y nepalíes de corta edad enviadas a burdeles situados en Camboya y la India.
Casi ningún país puede atreverse a proclamar que se encuentra totalmente al margen del problema, ni se encuentra en condiciones de facilitar datos precisos respecto al número de niños víctimas de la explotación sexual comercial. Estas actividades son mayoritariamente clandestinas, y aún no se ha desarrollado una metodología que permita determinar su grado de propagación.
DE LA TIERRA AL CIBERESPACIO
En cualquier caso, aún cuando no se conoce el número exacto de niños que son víctimas de esta forma de abuso (algunos estiman que la cifra oscila entre dos o tres millones), la mayoría de los participantes en el Congreso de Yokohama se mostraron convencidos de que la tendencia es al alza, especialmente en el caso de la pornografía infantil. Tampoco albergaban ninguna duda respecto al hecho de que la explotación sexual de los niños se ha extendido de las calles de las ciudades a las autopistas de la información.
La pornografía infantil, previamente constreñida a las redes de distribución de libros y vídeos y a las sucias calles de guetos empobrecidos, ha encontrado en Internet una notable vía de lanzamiento para su propagación en el ciberespacio, dada su facilidad de distribución y su alcance mundial. Los delegados denunciaron que los sitios web en los que se cobran tarifas de acceso y se ofrecen fotografías y vídeos de niños sometidos a abusos sexuales sitúan su sede de operación en países donde la legislación contra la pornografía infantil no existe o las instituciones encargadas de velar por el cumplimiento de la ley carecen de capacidad o de disposición para atacar estas prácticas con eficacia.
Uno de los problemas con que se enfrentan los sitios pornográficos en la Red consiste en que el pago mediante tarjeta de crédito puede permitir a las autoridades determinar la identidad de los internautas que visitan estas páginas. Sin embargo, este obstáculo puede evitarse en parte mediante una nueva opción desarrollada para Internet denominada "grupos de intercambio", en los que participa un número limitado de pedófilos que, a través de un sitio creado por los propios implicados, o del correo electrónico, intercambian fotos y vídeos de menores víctimas de abusos, así como contraseñas pirateadas que les permiten acceder a sitios de pago dedicados a la pornografía infantil. Generalmente, como condición previa para la incorporación a dichos grupos, los nuevos candidatos deben ampliar la red creada mediante la inserción de fotografías con escenas de pedofilia tomadas por ellos mismos, con lo que generan nuevas víctimas.
SE NECESITA LA COOPERACIÓN DE LOS
PROVEEDORES DE SERVICIOS DE INTERNET
El número de internautas interesados en este tipo de material es enorme.
"Durante una operación especial efectuada recientemente, llevamos a cabo el seguimiento de 30 grupos de noticias de Internet", relata Sharon Girling del British National Crime Squad (Grupo especial de lucha contra el crimen del Reino Unido). "Esta operación nos permitió concentrar nuestra actividad en 9.800 personas en el Gran Bretaña y otros países que habían distribuido o descargado fotografías en las que se mostraban abusos contra niños."
En 1996, la policía de Manchester confiscó únicamente 12 fotografías y vídeos de pornografía infantil, frente a los 41.000 que descubrió en 1999, en casi todos los casos en Internet.
La cooperación internacional entre departamentos de policía permite entrar en contacto con los proveedores de servicios de Internet utilizados por los infractores, pero es necesario que éstos mantengan registros de todas las conexiones establecidas por sus suscriptores en el pasado. Varios países han promulgado leyes que les imponen esta obligación.*
Muchos gobiernos y ONG han creado líneas de atención telefónica directa dirigidas a los internautas, en las que éstos pueden denunciar las direcciones de sitios pedófilos los que hayan encontrado en la red.
PLANES DE ACCIÓN CONCRETOS,
DESESTIMACIÓN DE MEDIDAS ALEATORIAS
Los estudios llevados a cabo durante los últimos años sobre la explotación sexual comercial de los niños han puesto de relieve que se trata de un fenómeno complejo que las medidas esporádicas no pueden resolver. Por esta razón, los delegados presentes en Yokohama hicieron hincapié en la necesidad de luchar contra la totalidad de las causas subyacentes a la explotación: pobreza, desmoronamiento de familias, conflictos armados, drogas e incremento de la demanda por parte de las personas que cometen los abusos.
El SIDA es otra de las razones que explican por qué un mayor número de niños, cada vez de más corta edad, caen víctimas de la prostitución infantil. Los pedófilos creen que, cuanto menor sea el niño, menor será el riesgo de infectarse con el VIH, en lo que constituye una percepción errónea que las organizaciones internacionales han tratado de rebatir.
En respuesta a esta situación, los asistentes a la reunión de Yokohama adoptaron un "compromiso de ámbito mundial" que reafirma y amplía las promesas efectuadas en el primer Congreso, celebrado en Estocolmo en 1996. En concreto, insta a la ratificación urgente de los instrumentos internacionales relativos a la explotación sexual de los niños, como el Convenio de la OIT sobre las peores formas del trabajo infantil, 1999 (núm. 182).
"Desde el Congreso de Estocolmo, el compromiso de la OIT se ha intensificado de manera significativa con la adopción unánime en junio de 1999 del Convenio (núm. 182)", afirmó Kari Tapiola, Director Ejecutivo de la OIT, en una alocución pronunciada en Yokohama. "Este Convenio constituye un instrumento de suma importancia contra el trabajo infantil como forma de explotación, incluida la prostitución de la infancia, la pornografía infantil y el abuso de niños relacionado con el tráfico de éstos."
Desde su adopción, el Convenio (núm. 182) ha sido ratificado por más de 110 de los 175 Estados miembros de la OIT, lo que representa el ritmo más rápido de ratificación de un instrumento de esta índole registrado en los 83 años de historia de la Organización. En dicho Convenio se exige:
Éstas y otras formas de abordar el problema se debatieron en una sesión organizada por el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) en el Congreso. En el seminario del IPEC se esbozaron asimismo medidas "con plazo fijo" destinadas a combatir el tráfico de niños y la prostitución infantil.
Con todo, queda por delante la tarea más difícil: convencer a los gobiernos de que deben respetar las promesas asumidas en Yokohama. Se trata de un gran reto, puesto que sólo unos 50 países adoptaron un plan de acción contra la explotación sexual comercial de los niños, cuando todos los países participantes se habían comprometido a emprender tal medida en el Congreso de Estocolmo. El próximo período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la infancia, previsto para mayo, puede constituir el foro adecuado para llevar a cabo una primera evaluación sobre el estado de esta cuestión.
- Samuel Grumiau
* Desde noviembre de 2001, el Consejo de Europa ha invitado a sus 43 Estados miembros, además de a Estados Unidos, Canadá, Japón y Sudáfrica, a suscribir el primer convenio internacional sobre la comisión de delitos en el ciberespacio. Cuando entre en vigor, tras su ratificación por cinco países, de los cuales tres deberán ser miembros del Consejo de Europa, la "ciberpolicía" tendrá derecho a efectuar búsquedas remotas, interceptar comunicaciones, desbaratar programas informáticos y retener datos de conexiones.