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TRABAJO
Núm. 38, enero / febrero de 2001


Cual Ave Fénix...

De la investigación, nace una asociación:
ayudar a los niños de la calle de la India

En una población como la de la India, compuesta por mil millones de personas, son también millones los niños pobres que deben trabajar en plantaciones, ladrillares, fábricas o talleres de confección de alfombras, o como empleados domésticos, para ayudar a sus familias a sobrevivir. Los responsables de la administración estiman que el número de trabajadores infantiles asciende a unos 20 millones, pero, para la mayoría de las ONG, esa cifra se acerca a los 60 millones. Bénédicte Manier, periodista y experta en trabajo infantil, relata el modo en que la Asociación Prayas ha acudido en auxilio de los trabajadores infantiles de Nueva Delhi, renaciendo como el proverbial Ave Fénix de las cenizas de una barriada de la ciudad.

NUEVA DELHI - Narez tiene 13 años. Nació en la parte india del Punjab, abandonó su hogar a causa de las palizas que recibía de sus padres y acabó en una estación de autobuses de Delhi, donde se ganó la vida a duras penas durante varios meses como mendigo.

Rajib, de 16 años, sobrevivía en un andén de ferrocarril, sacándose unas pocas rupias como trapero y escarbando entre los restos de comida de los trenes.

Son dos ejemplos de los centenares de miles de niños, en ocasiones de muy corta edad (de 6 a 8 años), que trabajan en el sector no estructurado. Sobreviven en las calles de las grandes ciudades como mendigos o empleados domésticos eventuales, o ejerciendo oficios de escasa cualificación como la limpieza de calzado, la venta de té, la recogida de basuras o el embalaje de productos.

Aparte de lo obvio, lo que Narez y Rajib tienen en común es que ambos han sido acogidos por un centro de recepción gestionado por una asociación denominada Prayas, que significa "esfuerzo" en hindi. La organización fue constituida en 1988 por el comisario de policía Amod Khanth. Esta es la historia del nacimiento de Prayas.


De la investigación a la asociación

Amod Khanth investigaba un incendio que había asolado un suburbio de Delhi. Al caminar por sus calles, delimitadas por sencillas construcciones de planchas de metal o ramas caídas erigidas sobre aceras, en torno a una zanja o junto a un bloque de apartamentos (como muchos otros suburbios de Delhi, en los que se concentran cinco millones de personas), el comisario quedó conmovido al observar el gran número de niños que se pasaban todo el día trabajando en la calle para contribuir con unas cuantas rupias al sustento de su familia.

En total, más de 500.000 niños trabajan en las calles de la capital. En ocasiones, la policía les detiene por molestar a los transeúntes o como sospechosos de la comisión de hurtos, pero no sabe qué hacer con ellos. Son miles los que viven aún en peores condiciones de indigencia, se encuentran solos, privados totalmente de hogar, abandonados, perdidos o huérfanos y trabajan y viven en la calle.

Con el fin de estudiar el fenómeno, y en un intento de encontrar una solución, Amod Khanth decidió constituir un pequeño grupo compuesto por trabajadores sociales y policías. La actividad de este colectivo pronto se transformó en un proyecto social encaminado a procurar la acogida de estos niños, así como su educación.

De este modo nació la asociación Prayas ("esfuerzo" en hindi).

Su misión es ofrecer a los niños de la calle un hogar, alimentos, asistencia y ropa; en definitiva, devolverles su dignidad.

La asociación comenzó inaugurando un centro de acogida para los niños sin familia en Jahangirpuri, al norte de Delhi.

"Empezamos con 25 niños", explica Amod Khanth. "Una vez iniciado el proyecto, la necesidad seguía ahí. Proseguimos con nuestro esfuerzo".


Tres centros

Actualmente, Prayas gestiona tres centros en la capital que acogen a unas mil niñas y niños de 6 a 16 años, tutelados por profesores, formadores, asistentes sociales y psicólogos.

Después de pasar varios meses viviendo en las calles, los niños llegan en mal estado de salud: anémicos, con lesiones mal curadas, polio o tuberculosis, desnutridos y, como subraya uno de los profesores, muy debilitados emocionalmente.

Tal es el caso del pequeño Mahesh, de 11 años, rescatado cuatro días antes de una estación de tren en la que se encontraba cubierto de llagas infectadas. Hoy viste una impecable camisa azul proporcionada por el centro, pero en su rostro se refleja la tensión; nos mira, pero no pronuncia palabra. Al igual que él, muchos niños se muestran desconcertados por la tranquilidad de la vida en los centros, puesto que han padecido la violencia ejercida por padres o patrones, o han conocido la ley de la selva que rige la vida en las calles. "Han sido objeto de malos tratos en numerosas ocasiones. Algunos han sufrido abusos sexuales. No pueden fiarse de cualquiera. No nos creen: sólo observan. Son desconfiados y dan un nombre falso. Sin embargo, con el tiempo, se abren a los demás", explica uno de los profesores. En estos centros, los niños aprenden a leer y escribir, y a vivir en sociedad. "Tenemos que enseñarles todo, incluso a lavarse. Algunos no se habían lavado los pies en cinco años", añade.

Prayas les ofrece asimismo formación profesional, además de actividades recreativas como teatro, escultura y pintura. Al concluir su estancia, que puede durar varios años, los niños pueden continuar con sus estudios o incluso, en el caso de los adolescentes de mayor edad, abrir un taller en el que ponen en práctica la formación profesional recibida. Se dedican a tareas de reparación, ejercen como electricistas, elaboran ropa, etc., mientras que otros ocupan un puesto de trabajo en una empresa seleccionada por la asociación.


Instalaciones y servicios de Prayas

Prayas gestiona actualmente 35 centros de educación no estructurada en Delhi, que ofrecen varios cursos con horarios muy flexibles a los niños de la calle y a los que proceden de barrios desfavorecidos. Los centros ofrecen asimismo una comida a mediodía. En 1998-1999, 2.500 niños se beneficiaron de este régimen de escolarización no estructurado, que actúa con frecuencia como introducción a la enseñanza convencional reglada.

La asociación ha abierto además un centro médico y dispone de dos clínicas ambulatorias que recorren la capital para dispensar asistencia sanitaria a los niños de la calle y a las familias de los suburbios. En 1998-1999, treinta mil personas recibieron tratamiento en estas clínicas.

Prayas gestiona asimismo una línea de asistencia pública y gratuita ("ChildLine") dirigida a la infancia. Cualquier niño que lo necesite puede llamar y recibir ayuda, alojamiento y asistencia. Parte del equipo de ChildLine visita periódicamente diversos suburbios para encontrarse directamente con los niños.

En 12 años, Prayas (sitio en Internet: www.prayasjac.org) ha adquirido la experiencia suficiente para ganarse el reconocimiento generalizado. Recibe ayuda financiera de bancos y grandes empresas de la India, así como de los gobiernos de este país y de Canadá, Noruega e Irlanda y de la oficina de zona de la Organización Internacional del Trabajo en Delhi. Colabora con organizaciones dedicadas a la investigación en el campo de las ciencias sociales, organizaciones no gubernamentales como la Rajiv Gandhi Foundation y Terre des Hommes, diversos hospitales y la policía de Delhi. Se propone procurar la sensibilización de estos profesionales y, de este modo, reforzar la acción social a favor de los niños de la calle.

-Bénédicte Manier

Bénédicte Manier es una periodista residente en París especializada en derechos sociales. Es autora de "Child Labour around the World", La Découverte, 1999.

Creada por RP. Aprobada por KMK. Última actualización: 18 de junio de 2001.