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Noticias breves
Envejecer, empobrecerse
Un nuevo informe señala que la mayoría de los trabajadores del mundo no percibirán pensiones de jubilación
¿Están los trabajadores del mundo abocados a un viaje maldito en la vejez? Según indica la OIT en un nuevo estudio 1, alrededor del 90 por ciento de la población activa mundial no está cubierta por programas de pensiones que proporcionen ingresos suficientes de jubilación. La publicación, titulada "Pensiones de seguridad social: desarrollo y reforma", atribuye la causa a la mala administración de muchos de los programas, cuando los hay, que hace que una gran parte de la población mundial corra el riesgo de verse en la pobreza durante su vejez.
Incluso en los casos en que la cobertura es casi universal y los programas son bien administrados, como en los países industrializados avanzados de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) - principalmente América del Norte, Europa occidental, Japón y Australia - se plantearán importantes problemas para financiar las pensiones en los próximos años a medida que la población envejezca y que los países traten de diversificar el riesgo para los particulares, según se indica en la publicación.
«Los países de la OCDE ya gastan en promedio un 10% de su PIB en prestaciones de jubilación, que superan su gasto total en cuidados de salud», afirma Colin Gillion, Director del Departamento de Seguridad Social de la OIT y director de la publicación. Ese porcentaje está aumentando, y el Sr. Gillion dice que los planes de pensiones de la OCDE son «generalmente excelentes, pero caros. La mejor manera de abordar el problema del envejecimiento de la población es aumentando la edad real de jubilación y aumentando el número de mujeres en el empleo».
En el estudio de la OIT se concluye que el sistema de pensiones de los Estados Unidos - y en menor medida el sistema del Reino Unido - entraña más riesgos para sus miembros que los sistemas de los países de Europa occidental, debido a que los sistemas de estos dos países se basan en mayor medida en programas para sectores profesionales determinados y de financiación privada que en un sistema financiado por completo por el Gobierno.
El estudio de la OIT también demuestra cierta cautela ante una de las soluciones más preconizadas actualmente para ayudar a estos programas de pensiones a hacer frente a sus necesidades futuras, a saber, la inversión de sus fondos en mercados financieros. De acuerdo con Colin Gillion, «invertir en mercados financieros es un negocio incierto y volátil: con los planes de pensiones actuales, los ahorros acumulados de afiliados pueden alcanzar hasta un 30 por ciento más de lo que necesitan - lo cual les permitiría reducir sus gastos durante su vida laboral; pero este ahorro también puede ser demasiado justo - lo cual reduciría de manera importante sus gastos durante su jubilación. Ninguna de las dos posibilidades se puede apreciar por adelantado al iniciar la vida laboral.»
La OIT explica que una de las opciones que tienen los Estados Unidos podría consistir en un aumento de la contribución de los trabajadores y los empleadores a la seguridad social: «Un aumento de uno o dos puntos porcentuales de la tasa de contribución, o incluso más, planeando aumentos ulteriores de la edad real de jubilación, permitiría resolver la mayoría de los problemas de déficit hasta un futuro bastante lejano en los Estados Unidos», afirma el Sr. Gillion.
Legislar la jubilación: un asunto espinoso
Muchos países de la OCDE han promulgado una legislación que eleva la edad de la jubilación anticipada con el afán de incitar a los trabajadores a aplazar su jubilación. Varios países han reducido las prestaciones elevando el número de años que se utilizan para determinar el período medio de las ganancias, disminuyendo la cuantía de las subidas en función del costo de la vida para los jubilados o exigiendo más años de trabajo para poder tener derecho a ciertas prestaciones.
Sin embargo, esta selección de las condiciones y de la edad de jubilación es un lujo que la mayoría de los países no puede permitirse. Es un objetivo difícil de conseguir desde el punto de vista político, y que puede poner a prueba el consenso social básico en el que se asientan los programas de pensiones.
«La falta de una cobertura de pensión más completa en todo el mundo se convertirá en un problema cada vez mayor a medida que se alargan las esperanzas de vida y disminuye la importancia de las unidades familiares tradicionales en sentido amplio, que anteriormente proporcionaban protección en la vejez», según afirma el Sr. Gillion.
Entre las conclusiones del libro cabe citar las siguientes:
• Los programas de pensiones de los países de la ex Unión Soviética se han vuelto prácticamente inútiles con el colapso de las economías nacionales.
• En general, los programas de pensiones de África son muy débiles y están mal administrados.
• Los programas de pensiones de Asia se han visto debilitados por desarreglos financieros del continente ocurridos a finales de los años 90.
• Los programas de jubilación de los Estados Árabes y del Oriente Medio son relativamente recientes y tropiezan con grandes problemas para abordar el alto porcentaje de trabajadores extranjeros a los que no se permite afiliarse a los programas.
• Muchos programas de jubilación de América Latina y el Caribe están obteniendo resultados bajos, y por lo menos ocho países están transformando sus programas para adoptar sistemas diferentes.
El informe identifica cinco causas principales del fracaso de los programas de pensión en los países en desarrollo y en reforma para dar una amplia cobertura:
• En muchos países en desarrollo, la mayoría de la población trabaja en el sector informal o en regiones rurales que proporcionan pocas prestaciones o protección a los trabajadores, cuando las hay.
• Los asalariados de las pequeñas empresas de diez o menos asalariados con frecuencia se ven excluidos de la participación en los programas de pensiones de seguridad social.
• Muchos programas de pensiones actuales son mal administrados, lo cual tiene como consecuencia costos administrativos excesivamente altos que impiden obtener los beneficios que correspondería.
• Muchos programas no son capaces de cobrar las cotizaciones de todas las personas que deberían pagarles, lo cual da como resultado un déficit financiero.
• Muchos programas se basan en sistemas financieros débiles o no reglamentados y pueden prestarse a la corrupción.
La OIT está trabajando en países de medianos ingresos y en desarrollo para elaborar programas de pensiones o para reformar los existentes. Entre estos países cabe citar: Turquía, Ucrania, Tailandia, Vietnam, Filipinas, Indonesia, China, Madagascar, Túnez, Sudáfrica, Marruecos, varios países de Europa central, Panamá, Uruguay y varios países del Caribe.
En busca de un nuevo equilibrio
El estudio de la OIT hace recomendaciones específicas sobre la manera en que los países pueden incrementar el porcentaje de trabajadores protegidos y mejorar las prestaciones de toda la población.
La OIT afirma que todos los países deberían adoptar el objetivo de ampliar la cobertura a todos los miembros de la población. Otros objetivos que convendría incluir son la creación de programas que protejan no sólo contra la pobreza en la vejez, sino también contra la incapacidad y den prestaciones a la familia en caso de muerte del asalariado; el ajuste del ingreso de jubilación para tener en cuenta la inflación y la subida general del nivel de vida; la elaboración de disposiciones voluntarias adicionales en cuanto a los ingresos de jubilación.
El problema más importante es hacer extensivas las prestaciones de jubilación por vejez a los cientos de millones de trabajadores del sector informal. En África, más del 90% de la población activa se dedica a actividades informales en pequeña escala y a menudo de subsistencia con poca o ninguna protección social. En América Latina, el sector informal es la única parte del mercado laboral que está creciendo, y concentra el 80% de todos los nuevos empleos.
Entre las recomendaciones de la OIT para ampliar la cobertura a este vasto y creciente sector figuran la modificación de los programas existentes para que abarquen a los grupos excluidos; la formulación de programas especiales para grupos excluidos; la introducción de programas basados en la recaudación de impuestos, universales o dirigidos contra la pobreza; el fomento de la formulación de programas especiales basados en la ayuda entre las personas que viven del sector informal.
La OIT también recalca la necesidad de mejorar la administración y la gestión de las cajas de pensiones existentes dando participación a los trabajadores y empleadores en este proceso. La OIT también afirma que es necesario mejorar el cumplimiento en casi todos los programas. Los gobiernos tienen la responsabilidad de asegurarse de ello.
La OIT declara asimismo que los países deberían tener en cuenta muchas ideas antes de elevar la edad de jubilación. La OIT advierte que al aumentar la edad de la jubilación, los trabajadores mayores necesitarán mejores prestaciones de incapacidad y desempleo.
La OIT también recomienda que los países eviten elaborar un sistema único de jubilación perfecta. «Es necesario que todos los países desarrollen diseños plurales y estructuras flexibles para sus programas de seguridad social», según se indica en la publicación.
Aumento de los programas de pensiones
Al comienzo del siglo XX, pocos trabajadores tenían la seguridad de una pensión de vejez. En los países desarrollados, la mayoría de esos trabajadores fallecían pronto o trabajaban hasta bien avanzada la década de los 60 años de edad, pasaban su breve período de jubilación con sus hijos y fallecían al llegar a los 70 años de edad. Ser anciano significaba, en general, ser pobre. Estar discapacitado significaba que la pobreza comenzaba pronto.
Para los países en desarrollo y los países de ingresos medios y para las personas mayores la situación era mucho peor. Los ingresos estaban muy cerca del nivel de subsistencia y la capacidad de los hijos para ayudar a los padres era menor. Los fallecimientos se producían antes y la vida era desagradable, violenta y corta.
Hacia comienzos del siglo XXI, la situación se ha modificado radicalmente. En los países desarrollados, la incidencia de la pobreza en la edad avanzada se encuentra en la actualidad en niveles comparables a los del resto de la población. La esperanza de vida es más larga y la mayoría de los trabajadores tienen la expectativa de poder contar con un período largo de jubilación y con un ingreso razonable.
Las pensiones de invalidez y la posibilidad de la jubilación anticipada han reducido los riesgos financieros de la incapacidad para el trabajo. Casi todas las mujeres tienen derecho a la pensión de sobrevivientes y una creciente mayoría de ellas cumple las condiciones para la percepción de pensiones derivadas de su propio trabajo.
Junto con estos cambios, un número cada vez mayor de países en desarrollo comienza a emular la experiencia de los países desarrollados, en términos de la extensión de la cobertura y de la mejora de las prestaciones.
Una gran parte de estas mejoras sustanciales en las condiciones sociales pueden atribuirse a la creación de las pensiones de la seguridad social, que pueden considerarse como uno de los logros sociales más significativos de los últimos 100 años. Las pensiones evolucionaron con celeridad en la segunda parte del siglo, tras un crecimiento vacilante en la primera mitad del siglo XX. Los gastos en pensiones de los países desarrollados aumentaron el doble de la tasa del PIB: fueron cada vez más los países en desarrollo y de ingresos medios que se unieron a los países que propendían a otorgar pensiones a sus jubilados.
La tarea sólo ha sido completada a medias, como lo pone de manifiesto el libro. Los regímenes de pensiones en todo el mundo se encuentran en un estado de convulsión. Por un lado, los países desarrollados contemplan nuevas estructuras para la financiación de las pensiones, lo que requerirá una meticulosa consideración y el desarrollo de un nuevo consenso, y por otro lado, la abrumadora mayoría de la población mundial aún carece de alguna forma de seguridad de sus ingresos en la vejez o en la invalidez.
La extensión de la seguridad disponible a los trabajadores de los países desarrollados y de todos los demás países, sigue siendo una tarea de grandes proporciones durante los primeros años de este siglo.
«Habrán de realizarse grandes esfuerzos, habrá de ponerse mucha imaginación y habrán de propiciarse, con sensatez, las adaptaciones que corresponden a las diferentes circunstancias de los países en desarrollo», según se indica en el libro. «Significará todo ello la extensión de la cobertura de los regímenes de pensiones (y de todas las demás formas de seguridad social), la mejora de su gestión y la garantía de que la concepción de los regímenes es suficiente en términos económicos y compatible con los valores humanos y sociales aceptados a escala internacional.»
1 Social Security Pensions: Development and reform (sólo en inglés), editado por Colin Gillion, John Turner, Clive Bailey y Denis Latulippe. Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra, 2000, ISBN 92-2-110859-7. Precio: 120 francos suizos. Véase también el comunicado de prensa OIT/00/14.
Programas de pensiones por regiones
Países de la OCDE - Los países de la OCDE se valen sobre todo de sistemas de prestaciones definidas basadas en el reparto para proporcionar las pensiones de la seguridad social. Estos sistemas de reparto quedan a menudo complementados con unos regímenes de capitalización voluntarios, a cargo fundamentalmente del sector privado. «Esto significa que todos los programas necesitarán más ingresos de algún tipo - ya sea impuestos más altos o un mayor índice de participación o una participación mayor de la generación activa», según indica el Sr. Gillion. «La OIT estima que la generación activa puede aumentar su participación aumentando la edad real de jubilación o aumentando el índice de participación de la mujer. Esto es válido tanto en los planes públicos como privados, o financiados de manera parcial o completa".
Asia y el Pacífico - Las turbulencias financieras han afectado duramente a los regímenes de capitalización de la región, debido en parte a la excesiva reglamentación estatal de los sistemas financieros nacionales de la región.
«Singapur y Corea probablemente cuentan con los programas de pensiones más saludables y más amplios de Asia», según indica el Sr. Gillion.
Una característica muy notable de esta región es el gran número de países en los que no existe un sistema de pensiones obligatorio, lo cual es un legado de la época en la que la mayoría de esos países eran colonias británicas, y en los que existían fondos de previsión. Los fondos de previsión -que normalmente pagan una suma global en el momento de la jubilación en lugar de un pago mensual fijo durante toda la vida- no desempeñan la misma función que un sistema de pensiones, al no ofrecer ingresos de sustitución durante todo el período de la jubilación. Indonesia, Malasia y Singapur proporcionan prestaciones mediante fondos de previsión.
Los países de la región menos expuestos a la influencia británica en su mayoría han creado regímenes de pensiones de seguro social para amparar a los asalariados y en algunos casos también a los trabajadores por cuenta propia. Es el caso de países tan diversos como la República de Corea, Filipinas y Vietnam. Unos pocos países, tales como Tailandia hasta 1998, no proporcionaban ningún tipo de prestaciones de jubilación obligatoria.
Pakistán, a pesar de sus conexiones británicas, optó por un régimen de pensiones del seguro social en el decenio de 1970. La India estableció recientemente un régimen de pensiones del seguro social, si bien no lo hizo hasta medio siglo después de terminar la dominación británica.
África - En general, y con ciertas excepciones, no son muy grandes en África el alcance y la eficacia de los regímenes de protección social existentes, relacionados con la jubilación, la invalidez y la muerte. Cabe achacar esto a diferentes factores, algunos de ellos políticos y económicos y otros provocados por fallos de gestión en todos los niveles, desde la concepción de los regímenes hasta su funcionamiento.
Con frecuencia, en los regímenes implantados por los países coloniales no se tuvo suficientemente en cuenta el contexto sociocultural, por lo que resultaron ser limitados e inadecuados en su cobertura. Desde la independencia, se ha exacerbado la situación a causa de circunstancias políticas y económicas adversas y de deficiencias de gestión. Son muchos los regímenes de pensiones africanos que no han sabido facilitar una protección social adecuada, ni siquiera a la pequeña minoría de la población a la que amparan.
En algunos países africanos existen fondos de previsión que proporcionan prestaciones, pero se tiende a eliminarlos y a convertirlos en regímenes de prestaciones definidas basadas en el reparto, como se ha hecho hace poco en la República Unida de Tanzania.
América Latina y el Caribe - La mayoría de los países de esta región proporcionan prestaciones por conducto de regímenes de prestaciones definidas financiadas sobre la base del reparto. Sin embargo, debido al mal funcionamiento de sus regímenes de prestaciones definidas de la seguridad social, un número creciente de países - que eran ocho en 1998 - han pasado, al menos parcialmente, a un régimen de cotizaciones por capitalización. Estos regímenes consisten en cuentas personales de capitalización total, administradas por gestores de fondos de pensiones del sector privado, a veces con una compañía de gestión de fondos de pensiones a cargo del Estado, que compite con las compañías privadas para atraer como clientes a los trabajadores.
Aunque se pensaba que el paso a un régimen de cotizaciones definidas reduciría el impago de las mismas (por estar más directamente ligadas las prestaciones a las cotizaciones) sigue habiendo un problema de evasión en muchos países latinoamericanos y del Caribe. Algunos países del Caribe han empezado a convertir sus cajas de previsión en regímenes de prestaciones de reparto.
Estados Árabes y Oriente Medio - En gran parte de esta región, hay países que figuran entre los más ricos y los más pobres del mundo, la mayoría de los regímenes son relativamente recientes y todos ellos son posteriores a 1950. En todos los casos se trata de programas tradicionales de prestaciones definidas del seguro social, en la mayoría de ellos se financian los regímenes con cotizaciones de los empleadores y de los trabajadores, y el Estado enjuga todo déficit eventual.
En esta región las tasas de natalidad suelen ser muy altas y no se considera que el envejecimiento de la población constituya un problema. En la población activa de algunos países de la región hay un fuerte porcentaje de trabajadores extranjeros, lo cual plantea un problema de seguridad social en la región, porque ciertos países los excluyen de la protección que depara el programa de prestaciones de jubilación de la seguridad social.
Europa central y oriental y Asia central - Los países de esta región aún están transformando su economía planificada en otra de mercado o haciendo frente a los costos de la transición. En la mayoría de ellos los sistemas de protección social revisten características heredadas de la economía centralizada anterior que tenía una vertiente visible (explícita) y otra invisible (implícita). La vertiente visible de la seguridad social proporcionaba pensiones, prestaciones en efectivo de corta duración y asistencia médica. El componente implícito acrecentaba la seguridad social mediante dispositivos socialistas específicos de redistribución de los ingresos, entrega de viviendas baratas y de bienes y servicios básicos fuertemente subvencionados, suministros escolares, libros y bienes y servicios culturales.
Muchos de esos países se están replanteando su sistema de seguridad social y algunos de ellos han adoptado sistemas de cotizaciones definidas, por lo que es todavía demasiado pronto para evaluar sus logros, pero los regímenes de países tales como Polonia, la República Checa, Hungría y Eslovaquia mantienen una situación aceptable. Los países que surgieron de la Unión Soviética, de la propia Rusia y de las naciones del Asia central están en un estado mucho peor, debido a la debilidad de sus economías.
Una historia de "penuria y retroceso"
Después de la caída: En Ucrania, la mayoría de los trabajadores están desempleados, en situación de baja o no perciben ingresos
GINEBRA - Un nuevo estudio 2 de las empresas industriales de Ucrania revela una situación de penuria y retroceso a lo largo de toda primera década de existencia del país tras el desmembramiento de la Unión Soviética. Algunos trabajadores trabajan en puestos ficticios, otros están de baja sin cobrar. Y otros no cobran absolutamente nada.
"Las estadísticas tradicionales de empleo y desempleo deforman la realidad y son engañosas", dice el Director del Programa InFocus sobre seguridad social y económica en el siglo XXI de la OIT, Guy Standing, que diseñó el estudio. "La mayoría de las personas nominalmente empleadas carecen en realidad de empleo, y muchos de los que tienen trabajo no reciben remuneración".
El estudio se hizo sobre una muestra representativa a escala nacional de 690 empresas que empleaban a 583 679 trabajadores. Se llevó a cabo en 1999, y ahora hay en curso otro estudio análogo. Entre los principales resultados figuran los siguientes:
• Las empresas industriales ucranianas operan a menos del 44% de su capacidad, frente al 66% en 1995, un descenso sin precedentes a un nivel mucho más bajo que el de cualquier economía industrializada;
• Más del 38% de las empresas señaló que podían alcanzar el mismo nivel de producción con menos trabajadores, aun cuando habían reducido considerablemente la plantilla a lo largo de la década anterior;
• En promedio, las empresas que declaraban que podían reducir el empleo sin diminuir la producción, estimaban que podían suprimir un puesto de trabajo de cada cuatro;
• Más del 18% de todos los trabajadores estaban en "baja administrativa" no remunerada, es decir, en situación de despido temporal; contaban como empleados pero en realidad eran desempleados. Un gran porcentaje había estado de baja no retribuida durante tres meses por lo menos;
• Más del 20% de los trabajadores se encontraba en régimen de trabajo a tiempo parcial, y la mayoría no percibía ingreso alguno; incluso los no clasificados en ese régimen cumplían semanas de trabajo cortas (32 horas en promedio, frente a una semana estándar nacional de 40 horas);
• Alrededor del 12% de todas las mujeres nominalmente empleadas en las fábricas del país estaba con "licencia por maternidad" prolongada, aun cuando la tasa de fecundidad es extremadamente baja; en consonancia con la opinión de que ese tipo de licencia era una forma de despedir temporalmente a las trabajadoras, la duración de la licencia era mayor en las empresas que tenían mayores dificultades económicas y en las que el empleo había mermado más;
• Teniendo en cuenta todas las formas de exceso de mano de obra visible, alrededor de una tercera parte de la fuerza de trabajo está temporalmente suspendida en algún momento; quienes se hallan en esta situación se cuentan como empleados, pero ponen en ridículo la tasa oficial de desempleo registrado, que se ha mantenido por debajo del 5%;
• En 1999, más del 80% de las empresas manifestó tener grandes dificultades para pagar los salarios;
• Cuatro de cada cinco empresas no han abonado los salarios contractuales a sus trabajadores y, como media, los atrasos salariales en esas empresas duraron más de 20 semanas;
• La desigualdad salarial ha crecido desde comienzos de la década de 1990, dentro de las empresas, entre empresas del mismo sector y entre sectores; además, pese a una erosión generalizada de las prestaciones abonadas por las empresas a sus trabajadores, se ha registrado una fuerte tendencia de las empresas que pagan salarios relativamente altos a otorgar a los trabajadores más prestaciones que las empresas que pagan poco, lo que acentúa las desigualdades; en efecto, el recorte de las prestaciones se ha concentrado en las empresas que ofrecen bajos salarios;
• En la mayor parte de las fábricas, una reducida minoría de trabajadores recibía salarios bastante inferiores la media, y muy por debajo de lo necesario para sobrevivir; esta categoría se ha originado en parte a raíz de la política de ingresos basada en la fiscalidad que las instituciones financieras internacionales alentaron al país a adoptar a comienzos del decenio;
• Ha habido una erosión constante de los subsidios otorgados por las empresas y de los servicios sociales; esos subsidios eran desde hace mucho uno de los puntales de la protección social y contribuían a aumentar los bajos salarios en metálico, por lo que su pérdida constituye un grave revés;
• Aunque las mujeres han conservado casi el 50% del empleo industrial, son ahora más que a mediados del decenio de 1990 los empresarios que admiten que discriminan a las mujeres a la hora de contratar personal y de darle formación; sin embargo, contrariamente a lo que por lo común se afirma acerca de las repercusiones de la "transición" en Europa oriental, no hay indicios de que se margine a las mujeres, excepto por lo que respecta al número singularmente elevado de "licencias por maternidad".
"Los resultados del estudio deben considerarse en relación con el descalabro económico y social del país. Durante más de una década, la economía se ha contraído y los niveles de vida han caído vertiginosamente", dice Guy Standing.
En la actualidad, el ingreso medio per cápita es de unos 25 dólares mensuales. Ucrania, que pasó a ser un país independiente en 1991, tenía a comienzos de los años noventa una población cercana a los 52 millones de habitantes. La población ha descendido a menos de 50 millones, en gran medida a causa del aumento de la tasa de mortalidad. La esperanza de vida media al nacer para los varones se ha reducido en unos tres años, situándose en 62 años, mientras que para las mujeres es de 73 años, lo que representa una disminución mucho menor.
Según Standing, "la alta tasa de mortalidad de adultos es el dato estadístico más revelador de la profundidad del descenso del nivel de vida y prueba contundente de que este país grande y estratégicamente situado está atravesando una crisis social, económica, política y demográfica que exige mucho mayor atención de la que se le ha prestado".
2 Fuente del informe completo: véase G. Standing y L. Zsoldos, Inseguridad de los trabajadores en la industria ucraniana: informe de la UFLS de 1999 (Ginebra, OIT, Informe sobre seguridad socioeconómica, abril de 2000). La encuesta es la sexta ronda de la Encuesta de Flexibilidad Laboral Ucraniana, elaborada por la OIT y realizada por la Comisión Estadística del Estado Ucraniano. Véase también el Comunicado de prensa OIT/00/13.
Coalición global por el trabajo decente
El Director General de la OIT se dirige a los trabajadores en el 1 de mayo en presencia del Papa Juan Pablo II
ROMA - Hablando en presencia del Papa Juan Pablo II, Juan Somavia, Director General de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT), exhortó hoy a representantes de los trabajadores y los empleadores que asistían en Roma al «Jubileo de los Trabajadores» a unirse en busca de una «coalición global por el trabajo decente».
Dirigiéndose a unos 200.000 participantes, con ocasión del 1 de mayo, el Sr. Somavia hizo un llamamiento a reexaminar las «normas y políticas que rigen nuestra economía mundial» a fin de darle «el sustento ético que carece» y para asegurarnos que «sus ventajas beneficien a muchos y no sólo a unos pocos».
A continuación figura el texto completo de la alocución: «Trabajo para todos: un camino de Solidaridad y Justicia», pronunciado por el Sr. Somavia con ocasión del «Jubileo de los Trabajadores - 1 de mayo de 2000».
«Santísimo Padre:
Gracias por convocar esta reunión,
Gracias por estar con nosotros,
Gracias por invitarme a pronunciar este discurso,
En este 1 de mayo, permítanme honrar las luchas laborales del pasado y homenajear a quienes han puesto en peligro su vida para enfrentarse a fuerzas poderosas que no quieren escuchar la voz organizada de los trabajadores.
Estoy pensando en Lech Walesa, de Polonia, en Manuel Bustos, de Chile, en Steve Biko y en la totalidad del movimiento sindical de Sudáfrica. En nuestros días, pienso en Muchtar Pakpahan, de Indonesia, hoy afortunadamente en libertad, y en muchos otras mujeres y hombres y de coraje.
Santísimo Padre,
Quienes estamos reunidos hoy aquí representamos diversas dimensiones del mundo del trabajo. Pero más allá, de nuestras variadas perspectivas, compartimos la responsabilidad común de ampliar el ámbito de un trabajo decente para todos en la actual - e inquietante - economía globalizada. Tenemos que aliviar el enorme sentimiento de inseguridad que invade los hogares de tantas familias en todo el mundo. Se trata de una lucha global por la dignidad humana.
Vengo hacia ustedes, de la Organización Internacional del Trabajo, con un llamamiento laico a todas las personas de fe: necesitamos actuar ya, ahora mismo, con urgencia. Para comenzar, que cada uno de nosotros viva sus valores e incorpore los principios de justicia, lealtad, igualdad y compasión en su vida diaria, desde la intimidad de nuestros hogares hasta nuestra interacción con el mundo que nos rodea. Que utilicemos, con plena conciencia, nuestro sentido moral para adoptar decisiones e influir en las que se adopten. Para que nuestras voces se escuchen. Para promover una solidaridad sin fronteras.
Demasiadas personas, mujeres y hombres, están excluidas del empleo, de la propiedad, de toda representación y de la defensa eficaz de sus derechos.
Unos sistemas financieros globalizados generan crisis, con costos sociales enormes; los empleos son ahora más precarios, en las fábricas, las oficinas y el campo.
Los sentimientos de incertidumbre están creciendo, no sólo entre los pobres y los desposeídos, sino también entre las clases medias; trabajar duramente ya no garantiza una vida libre de pobreza.
El mundo está lleno de pobres con empleo - sobre todo en el Sur, pero también en el Norte.
¿Qué debería hacerse?
Santísimo Padre: lo habéis dicho muy claramente: «Tal vez haya llegado el momento de reflexionar de modo novedoso y más profundo sobre la naturaleza y los objetivos de la economía.»
Siguiendo vuestra sabia orientación, creo que deberíamos reexaminar las normas y políticas que rigen nuestra economía mundial.
Debemos desarrollar la voluntad política de revisar esas normas, para que la globalización beneficie a la mayoría, no sólo a unos pocos; para que podamos expandir hacia un mayor número de personas las ventajas de sociedades abiertas y mercados abiertos; para que la promesa de la sociedad de la información se extienda a los excluidos y no derive en nuevas desigualdades; y para que la globalización adquiera la legitimidad social generalizada de la que hoy carece.
Por todo ello, hago un llamado a que ejercitemos nuestra responsabilidad personal y colectiva a fin de lograr que los mercados funcionen en provecho de todos. Hacer del trabajo decente una vía para salir de la pobreza que afiance la dignidad personal hacia un gozo pleno de la riqueza de la vida.
Hago un llamado a que todos nosotros liberemos la potencialidad creativa del espíritu empresarial. A inventar nuevas empresas que respondan a necesidades humanas aún no satisfechas. A maximizar no sólo el justo beneficio sino también su impacto social. A medir los réditos de la inversión más allá del balance final. De preocuparnos de las personas y de la naturaleza al mismo tiempo.
Hago un llamado a una coalición global por el trabajo decente.
Como ha puesto de manifiesto el Jubileo 2000, podemos promover eficazmente la eliminación de la deuda de los países pobres.
Con el mismo compromiso, podemos promover también las normas fundamentales del trabajo como un «piso» social de la economía mundial. Promover el derecho de todos los trabajadores a organizarse y a negociar. Conseguir que se haga realidad la igualdad entre hombres y mujeres. Con la ayuda de ustedes para ratificar y aplicar el nuevo Convenio de la OIT, podemos poner fin a las peores formas de trabajo infantil. Todos juntos, tenemos que acabar con el trabajo forzoso.
Con vuestro apoyo al microcrédito, a las pequeñas empresas y a políticas macroeconómicas orientadas hacia el pleno empleo, podemos dar a todas las personas más oportunidades de trabajo. Podemos promover tanto la libertad de empresa como la libertad sindical en provecho de todos.
Con vuestro amor, esperanza y ayuda, podemos crear sociedades centradas en la inclusión. Una comunidad mundial en la que cada individuo pueda participar en el banquete de la vida.
¿Acaso son estos sueños o podemos trabajar todos juntos para alcanzar estos fines? Yo creo que sí. Por más grandes que puedan parecernos las diferencias que nos separan, nunca debemos perder la esperanza de compartir esperanzas comunes. El ideal de un trabajo decente para todas nuestras familias y para las familias de nuestros descendientes, puede llegar a ser una realidad. Tenemos a nuestra disposición conocimientos y recursos, pero nos faltan voluntades y políticas. La doctrina social de la Iglesia ha ayudado a muchos a encontrar los senderos apropiados.
Sabemos muy bien que una y otra vez la fuerza del espíritu humano ha demostrado que era posible cambiar situaciones que parecían inamovibles. Se ha superado la esclavitud, el colonialismo, el muro de Berlín, el apartheid y muchas dictaduras recalcitrantes; se han creado los sindicatos, se ha conseguido el voto para la mujer, junto a muchos otros progresos civilizadores: todo ello fue posible por la fuerza irresistible de gente común y corriente trabajando hombro con hombro.
Podemos repetir esos éxitos si fortalecemos la convicción moral necesaria para sustentar nuestro compromiso de acción en la práctica. Hoy en día, ello significa dar a la economía global un fundamento ético del que hoy carece.
Santísimo Padre,
Los que aquí nos hemos reunido hoy somos una verdadera muestra de la «familia mundial», como llamasteis a toda la humanidad en vuestro último mensaje para la celebración del Día Mundial de la Paz. Y aquí estamos, para recibir vuestra guía, vuestra inspiración y vuestra energía infatigable.»
Fuente: OIT/00/15.
"Presentamos todas las nuevas
'Standortsicherungsvereinbarungen'..."
De la producción en línea a la cadena de montaje: la globalización y el comercio electrónico están cambiando el modo de fabricar, comprar y desguazar otros equipos de transporte
La globalización está revolucionando el sector de la fabricación de material de transporte, un sector cuyo peso económico asciende a 1,7 billones de dólares, lo que tiene consecuencias para millones de trabajadores. En un nuevo informe 3 de la Oficina Internacional del Trabajo se señala que los fabricantes de automóviles es posible que pronto se conviertan en fabricantes de componentes, a la vez que muchas empresas automovilísticas puede que abran salones de exposición en el ciberespacio. Mientras tanto, los sindicatos luchan por mantenerse a flote.
Este informe de 200 páginas, elaborado para un seminario denominado "El impacto social y laboral de la globalización en el sector de la fabricación de material de transporte", pone de manifiesto que la globalización está transformando de forma radical las formas en que más de siete millones de trabajadores de todo el mundo construyen, venden y desguazan automóviles, camiones, aviones, trenes y otro material utilizados para trasladar a las personas en sus desplazamientos.
"Aun cuando el Estado nación sigue siendo el principal punto de referencia de las sociedades, este concepto es cada vez menos pertinente en el ámbito económico", afirma Paul Bailey, representante del Programa de Actividades Sectoriales de la OIT y principal autor del informe. "Con unas posibilidades de transporte más rápido, un comercio más libre, menores aranceles y nuevas estructuras de precios, la globalización constituye el fenómeno más trascendente en la historia de la fabricación en este sector desde que Henry Ford creara las cadenas de montaje."
Según este documento, las empresas de automoción podrían terminar siéndolo de comercialización, agrupando los sistemas de transporte en torno a una marca bien conocida y ofreciendo a los consumidores acceso a crédito, seguros y financiación. Así, un automóvil "Fabricado en los Estados Unidos" podría ser el resultado de un diseño alemán, unas piezas fabricadas en Singapur, unos sistemas electrónicos japoneses, unas actividades de premontaje en la República de Corea, unas actividades de comercialización británicas y un procesamiento de datos en Irlanda.
Estas transformaciones son de gran alcance para los Gobiernos, trabajadores y empleadores, dada la importancia del sector FMT, especialmente la automoción, que "reviste tanta importancia en muchos países que los gobiernos lo suelen considerar el barómetro de sus economías". En este nuevo paradigma de la fabricación automovilística, el empleo a pie de fábrica está siendo superado por la externalización, la comercialización, la tecnología de la información y el "leasing", así como el diseño, la comercialización, la publicidad y las ventas.
Uno de los hallazgos importantes del informe es el relativo al aumento del empleo en el sector de piezas (componentes). Todos los grandes incrementos del empleo en el sector provienen de estos proveedores, señalándose que los trabajadores de la industria de piezas en el Canadá y Estados Unidos superan en una proporción de 2:1 a los de las cadenas de montaje final.
Esta evolución del empleo suscita inquietud entre los sindicatos del sector FMT, tradicionalmente el baluarte de la mano de obra sindicalizada en muchos países. El informe señala que los proveedores contratan cada vez menos trabajadores afiliados a sindicatos, lo que provoca que los salarios suelan ser inferiores a los de las fábricas en las que se efectúa el montaje final.
Montaje y suministro
El sector del automóvil es el segmento más importante dentro del sector FMT. Dos tercios de la producción automovilística mundial se concentran tan sólo en seis países: Japón (20%), Estados Unidos (14%), Alemania (13%), Francia (6,6%), España (5,4%) y la República de Corea (5%). Otros cinco países - el Reino Unido (4,5%), Canadá (3,8%), Italia (3,3%), Bélgica (2,6%) y Brasil (2,8%) - representan más del 20%. Entre los países en desarrollo, sólo la República de Corea y el Brasil se cuentan entre los principales fabricantes. México cuenta con potencial en este campo, y algunos países asiáticos, como Tailandia, Malaisia, Filipinas e Indonesia, centran sus esperanzas en proyectos futuros. (Según algunas proyecciones, el número de automóviles en el mundo aumentará en más del doble durante los próximos quince años, si bien la mayor parte de este aumento será producido y vendido en Asia. Ello traería unas oportunidades de empleo enormes, pero podría suponer también graves problemas de infraestructura y de contaminación medioambiental.)
A excepción de Sudáfrica, muy pocos países africanos tienen en marcha actividades de montaje o fabricación a gran escala, aunque muchos lo están intentando, como Botswana, que pone sus esperanzas exportadoras en la supresión de barreras aduaneras.
El crecimiento del sector de las piezas (componentes) y el hecho de que, en algunos países, los trabajadores del mismo ya superen en número a los dedicados al montaje final de los automóviles se debe en buena medida a la subcontratación de trabajos antes realizados en las fábricas.
El informe subraya el caso de México, donde la industria "maquiladora" (industria bajo control aduanero) ha experimentado un incremento del empleo de un 31,4%, ocupando a 200.000 trabajadores en la fabricación de piezas de automóviles desde el inicio de la década. En Estados Unidos, las cadenas de montaje eliminaron unos 50.000 empleos entre 1987 y 1998, al tiempo que los proveedores de piezas creaban casi 150.000, todo ello según la Oficina federal estadounidense de Estadísticas Laborales. Aunque las cadenas de montaje del Canadá llegaron a generar unos 3.000 puestos nuevos entre 1991 y 1996, los fabricantes independientes de piezas crearon aproximadamente 30.000, según el sindicato canadiense de trabajadores de la automoción (CAW), con lo que ahora ocupan a casi el doble de trabajadores que los propios fabricantes de automóviles.
"Como es lógico, los sindicatos están preocupados por el hecho de que el recurso cada vez más frecuente a los proveedores tenga como resultado la externalización, con salarios más bajos, de trabajos que antes se inscribían en un marco sindical", señala el informe, añadiendo que "además, temen que estas empresas (ya sean recientes o antiguas) no se sindiquen o que pongan dificultades a la hora de organizar un sindicato. Basta con una simple ojeada a los datos disponibles para confirmar estos argumentos".
Internet también está haciendo cambiar el modo en que las personas compran los coches, las empresas los venden, los proveedores de piezas coordinan sus actividades y se organiza la producción, y puede repercutir asimismo en la organización de los trabajadores, según se afirma en el informe. El sitio "Auto.com" se ha convertido en una realidad virtual en muchos países, y diversas empresas cuentan ya con páginas de acceso WYSIWYG ("compre lo que ve", acrónimo en inglés de "What You See is What You Get"), que permiten a los clientes configurar y encargar los autos a su gusto, lo que en principio podría eliminar los concesionarios, el personal de ventas y otros trabajadores, augura el informe.
Otros segmentos del sector FMT
La globalización también puede repercutir de forma significativa en otras industrias del transporte. Debido a la competencia mundial, la construcción naval ha sufrido un importante declive en Europa y Norteamérica en los últimos años. Tras la reunificación, Alemania sigue manteniendo una posición preeminente en Europa. Hay países con potencial, Polonia y Rumania, pero su sector es aún de reducidas dimensiones, en términos relativos, y podrían centrarse más bien en el suministro de piezas para el montaje de buques en otros astilleros. Los Estados asiáticos (Japón, República de Corea y China) son los que han salido más beneficiados, mientras que Vietnam y la India van aumentando sus capacidades.
El reverso de la construcción naval, el desguace, también se ve afectado por la globalización. Con la adopción de normas ambientales y sobre seguridad en China - en tiempos, la nación campeona en este sector - el desguace naval se está "degradando" en busca de países en los que no se apliquen las normas de salud y seguridad profesionales a este trabajo, sumamente peligroso, según el informe. Estas labores suelen realizarse en países asiáticos (India, Bangladesh) y se reservan a los trabajadores migrantes, carentes de convenios colectivos o formas de relación laboral.
Con sólo dos fabricantes de grandes aviones de pasajeros para el mercado civil, la competencia entre ellos se intensificará. Los fabricantes de aviones militares son también cada vez menos, pero siguen también la tendencia mundial de alianzas y fusiones estratégicas a gran escala y transfronterizas. Los dos grandes fabricantes de aviones civiles y los tres constructores de aeronaves de menos de 100 pasajeros nacieron de más de treinta empresas. Sólo quedan tres fabricantes de motores de aviación, que han perdido puestos de trabajo en los últimos años y que, en ningún caso, fabrican los componentes, que les son suministrados de empresas subcontratadas.
Las tensiones de la globalización y las fusiones se experimentan también entre los fabricantes de locomotoras, que hoy día son cuatro en todo el mundo. Uno de ellos, Adtranz, creada por la fusión de AEG-Daimler Benz y ABB Henschel, tiene su origen en 46 empresas procedentes de trece países diferentes, según expone el informe. Adtranz se ha reestructurado en los últimos dos años, eliminando 1.100 puestos de trabajo, y se propone eliminar otros 1.400 en Alemania en los próximos años, reduciendo así su fuerza de trabajo en este país a 6.000 personas.
Cuestiones sociales y laborales
Los trabajadores organizados y los empleadores han reaccionado de diversas formas a la globalización del sector FMT. El sector del automóvil ha sido pionero en la introducción de nuevas formas de organización del trabajo, como el trabajo en equipo, las condiciones flexibles del tiempo de trabajo, las cuentas de tiempo, la semana de cuatro días, etc., ejemplo que han seguido otros sectores. No obstante, muchos de estos mecanismos de flexibilidad laboral se introducen ante la amenaza de la competitividad mundial y el temor a la pérdida de puestos de trabajo, que absorberán otros países a menos que las pautas de trabajo establecidas pierdan rigidez.
Por ejemplo, las empresas japonesas o alemanas, con una gran tradición sindical en sus países de origen, emprenden a veces proyectos de "nueva creación", o inversiones en nuevas instalaciones, en entornos poco propicios a la sindicalización. Ejemplos de ello son el de Mercedes en Tuscaloosa (Alabama), BMW en Spartanburg (Carolina del Sur) y Smart en Alsacia.
"En virtud de estos nuevos sistemas de producción, el cometido tradicional de los sindicatos en el control de los empleos queda diluido hasta casi desaparecer", asegura el informe. "Sin embargo, un estudio de Mercedes y BMW en los Estados Unidos llegaba a la conclusión de que, a pesar de la ausencia de los sindicatos y de la escasa edad de la fuerza de trabajo y de su falta de experiencia... la dirección estaba siempre preocupada por el espectro del sindicato cuando trataba con los trabajadores a propósito de las condiciones de trabajo y de remuneración, Por ejemplo, parece que los bajos salarios iniciales se van acercando ahora a los que se pagan a los trabajadores de otras fábricas, acogidos a un convenio colectivo".
Para combatir esta evolución, los sindicatos recurren a tácticas diversas. Una de ellas es negociar "cartas" (o acuerdos) de "neutralidad", en las que los empleadores se comprometen a no obstaculizar las campañas de afiliación sindical. Otra es la negociación de "pactos de empleo", conocidos en Alemania como "Standortsicherungsvereinbarungen" (garantías de emplazamientos de producción) y convenios colectivos multianuales que ofrezcan garantías de empleo y mantenimiento de la producción en los emplazamientos locales durante un determinado período de tiempo.
¿Cómo será la fuerza de trabajo en el sector de la fabricación de material de transporte del siglo XXI? Según la información disponible, queda claramente de manifiesto que se reducirá cada vez más el número de trabajadores ocupados directamente en las operaciones de montaje. Ahora bien, a pesar de la automatización y la utilización cada vez mayor de robots, esto no significa que los vehículos se construirán sin intervención humana, lo que significaría la "desaparición de la fábrica tal como se conoce en nuestros días", afirma el informe.
El diseño de los vehículos cobrará una importancia creciente, lo que exigirá crear más puestos de trabajo en las esferas científica, de tecnologías de la información y de ingeniería. Es posible que el empleo siga estable en el sector en su conjunto, o incluso que experimente un aumento, pues algunas tareas que antes eran realizadas por el personal de plantilla serán transferidas a los proveedores, que incluso podrán montar ellos mismos los componentes que fabriquen.
Fuente: Comunicado de prensa OIT/00/16.
3 El impacto social y laboral de la mundialización en el sector de la fabricación de material de transporte. Informe para discusión en la Reunión tripartita sobre el impacto social y laboral de la mundialización en el sector de la fabricación de material de transporte, Ginebra, Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra, 2000. ISBN 92-2-112032-5. Precio: 27,50 francos suizos.
El papel de la microfinanciación
BONN, Alemania - Entre el 1 y el 4% de los desempleados oficiales en los países industrializados deciden acogerse al autoempleo, según un nuevo informe 4 de la OIT, que añade que hay un "sentido generalizado en todos los países de que hay que hacer algo a favor del autoempleo".
El informe se elaboró para una conferencia internacional 5 celebrada en Bonn para evaluar y comparar los resultados de la investigación sobre la creación de empleo por parte de los desempleados de siete países industrializados: Canadá, Francia, Alemania, Irlanda, Países Bajos, Reino Unido y Estados Unidos. Los resultados de los programas de autoempleo, los factores de supervivencia de las empresas, la calidad del trabajo en las microempresas y las asociaciones públicas/privadas se incluirán en el orden del día de la Conferencia.
Los desempleados que quieren montar una empresa se encuentran ante dificultades especiales para obtener financiación: menos garantías, ingresos reducidos y escasa confianza. Además, las cantidades requeridas para el capital inicial son demasiado modestas para interesar a los bancos: en Alemania, el 60% de todos los autoempleados comienzan con un capital por debajo de los 26.000 dólares, en Francia, con una media de menos de 22.000 dólares, mientras que las microempresas de Canadá comienzan con menos de 25.000 dólares canadienses. Los bancos estadounidenses alegan que no pueden financiar préstamos por debajo de los 25.000 dólares debido a los altos costes de transacción que ello entraña, a la falta de registros de seguimiento y a otros factores. Las empresas pequeñas, en particular las recientemente creadas en el Reino Unido, también se enfrentan a tipos de interés por lo general más elevados para los créditos que las grandes empresas.
En una encuesta de bancos alemanes, "sólo el 5% de las solicitudes de crédito de los desempleados fundadores de empresas encontró apoyo de los bancos". Entre las personas no empleadas el índice de aprobación fue hasta diez veces mayor. "Sólo las entidades de ahorro aceptan ocasionalmente financiar a los creadores de empresas que proceden del desempleo".
Los programas de autoempleo que se destinan a ayudar a los desempleados a crear sus propias empresas han formado parte de una política activa del mercado de trabajo desde finales de 1970. Los grandes programas financiados por el Gobierno se destinan a los desempleados, como Bridging Allowance en Alemania, SEA (Programa de Ayuda al Autoempleo) en Canadá, ACCRE (Ayuda a los desempleados que crean o retoman una empresa) en Francia, utilizan las ayudas a los ingresos, es decir, las subvenciones por valor equivalente a una serie de meses de prestaciones del seguro de desempleo.
Cada vez reciben más atención las iniciativas privadas para estimular el autoempleo como los servicios bancarios de desarrollo comunitario y otros conceptos similares. Por lo general, los gobiernos financian los programas, pero son gestionados por agentes particulares o mixtos. Los planes de ayuda a los ingresos llegan a miles de personas, mientras que muchos programas pequeños apenas llegan a 500 personas. Algunos programas de autoempleo se destinan exclusivamente a los desempleados, pero no a todos.
Calidad del trabajo y éxito de los negocios
El tamaño, la localización, la forma legal y la calidad de la gestión financiera son tan importantes para la supervivencia y el éxito de la empresa como las características personales. En Alemania, el 70,4% de los receptores de Bridging Allowance sigue en el negocio al cabo de tres años, en comparación con el 64% de los comienzos de empresa "normales". En el Reino Unido, la mitad de las empresas que empezaron dentro del Plan de créditos de empresas cerraron al cabo de tres años, lo que aún tiene una comparación favorable con una duración de supervivencia media de 32 meses para todos los individuos, empleados y desempleados, con asistencia o no, que entraron a formar parte del seguro de desempleo. En otras palabras, pese a sus desventajas, los autoempleados que proceden del desempleo tuvieron tanto éxito como otros autoempleados. Es más, una gran proporción (30 o 40%) de los que abandonan en el curso de los primeros tres años vuelven al empleo asalariado regular. La participación en un programa se asocia a un alto nivel de probabilidades de supervivencia.
Los autoempleados trabajan más horas que los empleados comparables en el empleo asalariado. En los Países Bajos, el 25 % trabaja más de 60 horas a la semana, en Irlanda el 50% trabaja más de 40 horas y en Alemania los autoempleados pasan una media de 54 horas semanales en su empresa.
4 Microfinanciación para el autoempleo: creación de empresas por los desempleados. Programa de acción de la OIT, Informe de síntesis, OIT, Sector de Empleo, Unidad de Finanzas Sociales, Ginebra 2000.
5 Creación de empresas por desempleados. El papel de la microfinanciación en los países industrializados. Bonn, Alemania, 24-26 de mayo de 2000.
La Copa del Mundo de los Trabajadores
Fomentar ideales de solidaridad entre los trabajadores
La Copa del Mundo de los Trabajadores, organizada para rendir homenaje a los trabajadores y al fútbol, es un nuevo acontecimiento en Brasil y América Latina.
De carácter puramente social, la Copa del Mundo de los Trabajadores fomenta los ideales de solidaridad entre los trabajadores en un mundo que aspira a la integración pero que sigue dividido por la riqueza y los desequilibrios en las condiciones de trabajo de diferentes países y regiones.
En cooperación con SESI, SENAI y otras instituciones patronales, la Organización Internacional del Trabajo apoya actos a través de la publicidad entre organizaciones de trabajadores y empleadores y los gobiernos además de proporcionar apoyo administrativo a los países participantes y los territorios cuando es necesario.
La Copa del Mundo de los trabajadores se celebra en Sertãozinho y es un homenaje especial a los trabajadores y empleadores de esta región, especialmente a sus sindicatos locales y nacionales que fomentan la organización de este acontecimiento.
La OIT expresa su agradecimiento al ayuntamiento de Sertãozinho, a la UNESCO, AMIL, Comité Olímpico Brasileiro, COB, Confederação Esportiva Internacional do Trabahlo - CSIT y especialmente al sistema Serviço Social da Industria - SESI, así como a todo el sistema de la CNI (Confederação Nacional da Indústria) por esta importante iniciativa.