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TRABAJO
No. 25, junio / julio de 1998


Jugar limpio y ganar

La Constitución de la OIT establece que la protección de los niños es uno de los elementos esenciales de la búsqueda de la justicia social y de la paz universal. El Programa Internacional de la OIT para la Erradicación del Trabajo Infantil es el mayor programa mundial de cooperación técnica en materia de trabajo infantil. Más de cincuenta países de cuatro continentes participan actualmente. El programa aporta inspiración, directrices y apoyo a las iniciativas nacionales en áreas fundamentales de la formulación de políticas y la acción directa. En junio de 1994, el Gobierno de Pakistán firmó con la OIT un Convenio relativo a un programa nacional para la eliminación gradual del trabajo infantil en el marco del Programa Internacional. El objetivo consiste en fomentar unas condiciones que permitan al Gobierno prohibir, limitar y regular gradualmente el trabajo infantil, con vistas a su erradicación definitiva.

Pocas semanas antes de que, el 10 de junio, empezara a rodar el balón en el Campeonato Mundial de Fútbol de Francia la OIT organizó el viaje a Sialkot, Pakistán, de un grupo de periodistas europeos.

Los balones de fútbol son uno de los artículos producidos por una industria de equipo deportivo de dimensión mundial. El setenta y cinco por ciento de los balones se cosen a mano en Sialkot con destino a un mercado de exportación que genera un volumen de negocio de mil millones de dólares de Estados Unidos en el comercio minorista. La OIT estima que entre 5.000 y 7.000 niños trabajan actualmente en esta actividad en el área de Sialkot. Nueve periodistas que han querido conocer esta realidad han acompañado a los funcionarios de la OIT en una gira de cinco días que los llevó a recorrer hogares, talleres de cosido de balones y centros de aprendizaje informal y de rehabilitación, la Cámara de Comercio e Industria y algunas modernas instalaciones industriales.

SIALKOT - Nos encontramos en el Centro Fazalpura Umang Talimi, situado en el distrito de Sambrial, en una reunión con Aamir, Ali Akbar y otros niños. Este es uno de los 90 centros rurales de educación informal gestionados por el Programa para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) de la OIT y por sus asociados (Véase el recuadro sobre Hechos). El centro es una construcción de ladrillo y adobe, equipado con unos pocos bancos de madera. Aamir, Ali Akbar, Ameena y Rubina son, como el resto de los chicos, trabajadores infantiles dedicados a coser balones de fútbol. Aamir, de diez años, observa atentamente antes de decidirse a hablar con nosotros. El pequeño asiste a esta escuela informal y trabaja en los balones de fútbol cuando vuelve a casa.

Ali Akbar, de 13 años, nunca ha dio a la escuela. Las cicatrices recientes que tiene en sus dedos testimonian que todavía se dedica a coser balones. Su amigo y tocayo asegura que Ali asistía a la escuela hace unos años, "pero tuve que dejarla por las presiones de mis padres, que querían que me dedicase a coser balones para aumentar los ingresos".

Al preguntarles si juegan al fútbol, Aamir y Ali Akbar contestan espontáneamente: "No". ¿Saben cómo se juega al fútbol o cuantos jugadores integran un equipo? Tampoco. En realidad, no conocen nigún juego.

Gracias al programa, muchos niños pueden salir de casa y olvidarse de los balones durante algunas horas, asistir a clases, aprender actividades recreativas y juegos y, al mismo tiempo, recibir asistencia sanitaria gratuita. Les preguntamos: ¿Qué es lo que más os gusta al venir a este lugar? Respuesta unánime e inmediata: "Estudiar". Son conscientes de la importancia del estudio en el logro de sus sueños de convertirse en profesores, pilotos, médicos o enfermeros. En total, hay actualmente más de 2.000 niños inscritos en estos centros de rehabilitación, además de los hermanos de aquéllos que "se añaden". Es algo nuevo y diferente que les permite adquirir unos conocimientos que les serán de utilidad cuando, en su día, se incorporen al sistema educativo formal.

Nos dirigimos después al Centro de Costura de Hajipura, situado igualmente en Sambrai. Nos encontramos en un recinto pequeño y mal iluminado, en el que apenas hay espacio para los hombres sentados en el suelo e inclinados sobre el molde de madera en el que van montando las complejas piezas del grueso material de múltiples capas con ayuda de una especie de aguja alargada e hilo encerado.

Los equipos de vigilancia de la OIT realizan regularmente visitas por sorpresa a los talleres de costura para comprobar si hay menores de 14 años trabajando. Al reemplazar el trabajo a domicilio por la producción en talleres especializados, los inspectores logran cerciorarse de que en la producción de esos centros no ha intervenido trabajo infantil. Si descubren la presencia de un menor, se imponen sanciones al responsable del centro y se recuerda a los padres que deben enviar al menor a uno de los centros de formación. No siempre resulta fácil persuadirles, ya que el tiempo que el niño emplea en aprender implica que se producirán menos balones.

Incluimos en el programa sendas visitas a dos modernas instalaciones fabriles. Los grandes fabricantes cuentan con sus propios centros de costura y algunos han procurado eliminar a los intermediarios. Esto les permite responsabilizarse de todo el proceso de producción de los balones y asegurarse de que en el mismo no interviene trabajo infantil. Estos son dos de los 34 fabricantes incorporados al programa de la OIT/IPEC de erradicación del trabajo infantil. Estas 34 fábricas, de las 70 existentes en la región, producen alrededor del 70 por ciento de los balones destinados a la exportación.

Otro día, otro poblado y, al cabo de una hora de viaje por polvorientas carreteras comarcales llenas de baches, llegamos a Mundeke Barian, en el distrito de Pasur. Cuando los notables del poblado nos invitan a adentrarnos en los estrechos callejones, procuramos entrar en las viviendas para ver si hay niños cosiendo balones. Con frecuencia, cuando penetramos en una casa, los niños que trabajan en ella desaparecen.

Heleema Bibi se sienta en el exterior de su pequeña vivienda de una sola habitación para coser balones de fútbol, ayudada por su hija Taheera, de 10 años. Taheera permanece en silencio y, excepto por una pequeña pausa para dedicarnos una mirada lastimosa, no deja de trabajar. A su tierna edad, la huerfanita pasa la mayor parte del día ayudando a su madre a ensamblar balones. La viuda suspira: "No puedo permitirme llevarla a la escuela. Somos el sostén de la familia y tengo otros cuatro hijos que alimentar." Confiada en que la escolarización les ayude a mejorar su suerte, la mujer envía a las dos hijas pequeñas a una escuela a tiempo parcial cuando las niñas no se dedican a pulir y ensamblar balones.

En nuestro deambular por el laberinto de callejuelas, nos encontramos con la pequeña Nadia, de diez años de edad. Su uniforme escolar indica que asiste a la escuela pública. Claro que, al finalizar las clases, se dedica normalmente a coser balones de fútbol. Dicho esto, la niña escapa de nuestra vista. Al cabo de varios esfuerzos infructuosos, un anciano nos conduce a su vivienda. La encontramos sentada en el suelo, afanada en coser balones en compañía de una hermana de 14 años, que no asiste a clases porque, al ser la mayor, ha tenido que sacrificarse para que las otras puedan estudiar. Otra hermana, de 12 años, está a punto de regresar de la escuela para acompañar a sus hermanas en el trabajo. La familia parece ser relativamente acomodada, ya que el padre trabaja en el montaje de instrumentos quirúrgicos y la madre dedica algunas horas cada noche haciendo cubrecamas de punto.

Los niños de Sialkot pasan muchas horas cosiendo balones de fútbol, trabajo complejo y particularmente agresivo para sus pequeños dedos.

Para obtener una visión objetiva de la versión de todas las partes implicadas, a continuación incluimos algunos extractos de artículos publicados en la prensa con posterioridad a nuestra visita.

Kiran Mehra-Kerpelman


Extracto de un artículo aparecido en el periódico belga Le Soir el 25 de mayo de 1998
(Original en francés)

...El pánico del boicoteo

Apilados y a punto de caer de los camiones, amontonados en carretas tiradas por bueyes y peligrosamente cargados en las motocicletas. En Sialkot hay balones de fútbol por doquier.

Siete de cada diez balones de fútbol empleados en las competiciones de todo el mundo se producen en la provincia de Sialkot. Todos los años se exportan unos 40 millones de balones cosidos a mano de acuerdo con las normas de la FIFA. Se trata de una antigua tradición que data de los tiempos del Imperio Británico. En nuestros días, Sialkot vive de dos industrias: los artículos de deporte y...el instrumental quirúrgico.

Unas 70 industrias locales, cuyas ostentosas instalaciones se alzan en este entorno miserable, producen balones para las multinacionales fabricantes de equipos de portivos, como Reebok, Nike, Adidas, etc. En las fabricas se prepara y se recorta el cuero sintético. Las piezas hexagonales se decoran por el sistema de estarcido y se verifica la calidad de los balones, que se preparan para su expedición. Son muchas labores manuales y, sin embargo, ¡la mano de obra es barata!

Están también las "manitas" que cosen las piezas de cuero, aunque casi nunca lo hacen en las fábricas. Suelen trabajar en las casas de los villorrios del entorno, o en grupos que aprovechan cualquier espacio que encuentren. Aslam Dat, Presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Salkot asegura: De las setenta mil personas dedicadas a coser balones, entre 7.000 y 10.000 son niños menores de 14 años. No todos trabajan a jornada completa.

El sector convino erradicar el trabajo de los menores de 14 años en un plazo de dos años, que se cumple a fines de 1998. La conmoción y movilización producidas en la opinión pública de Occidente ha suscitado el pánico de un boicoteo... "Los balones de la vergüenza" ya había movilizado a la opinión pública durante la Eurocopa celebrada en Inglaterra en 1996.

A principios de 1997 se firmó un convenio en la ciudad norteamericana de Atlanta entre la Cámara de Comercio e Industria, la Organización Internacional del Trabajo (agencia de las Naciones Unidas especializada en los derechos laborales), la UNICEF, la ONG británica Save the Children y dos asociaciones locales. La mitad de los fabricantes locales (que generan el 70 por ciento de la producción) se han incorporado al proyecto. Estas firmas se han comprometido a no emplear mano de obra infantil y han concentrado las operaciones de costura en diversos centros monitorizados por el "escuadrón volante" de inspectores de la OIT. Los jóvenes trabajadores reciben una educación informal.

Hemos visitado estos centros, invitados por la OIT, en compañía de un fotógrafo y de otros ocho periodistas procedentes de países europeos clasificados para el Campeonato Mundial. Ha sido una brutal experiencia directa - y múltiple - con una realidad compleja. Según datos de la OIT, 3,3 millones de niños trabajan en Pakistán: trabajadores forzados a extinguir sus deudas con el trabajo, sirvientes, tejedores de alfombras y obreros de los hornos de cochura de cerámica... actividades que permanecen en la penumbra de los chorros de luz proyectados sobre el campeonato de fútbol.

Philippe Regnier


Extracto de un artículo aparecido en tres partes, los días 14, 15 y 16 de mayo de 1998 en La Gazzetta dello Sport (Italia)
(Original en italiano)

...Cuando se visita un taller de cosido de balones, se comprende rápidamente por qué la producción se concentra en Pakistán y no en Estados Unidos ni en Europa. El trabajo es desagradable y ningún trabajador occidental estaría dispuesto a utilizar la aguja y el hilo durante más de dos horas par ganar un dólar. Para Faiz Shah, "esa es otra cosa"; y tiene razón, porque el poder adquisitivo de los pakistaníes y, en general, de los pueblos más pobres de Asia, es una cosa muy distinta en comparación con el mundo desarrollado. Nacido en Sialkot y graduado de la Universidad de Kentucky, Shah regresó a su país para ocupar un cargo de director. Amable y, sin duda, inteligente, comete el error de describir su empresa (Saga City) como una Disneylandia en miniatura y, cuando asegura que no está en contra de la implantación de los sindicatos ("por el contrario...") su afabilidad no suena demasiado sincera. Sin embargo, quizás se trate de mi impresión personal, pues las inspecciones de su fábrica, en la que se producen balones y guantes de portero, indica que el entorno es saludable. Por ejemplo, el recinto en que los materiales se tratan con amoníaco se encuentra bien ventilado y, lo que es más importante, no se ven niños por ningún lado.

Saga City y otras 33 empresas locales se incorporaron sin vacilar al programa de la Organización del Trabajo de la ONU. Las empresas que empleaban menores de edad empezaron por informar de los mismos y, a continuación, los inscribieron en el nuevo programa de escolarización. El subsidio de la OIT (que era inicialmente de 500.000 dólares y pasó luego a ser de 753.000 dólares), unido a la contribución de la UNICEF (200.000 dólares) y a la aportación de la Cámara de Comercio de Sialkot (200.000 dólares), hacen posible que los niños "censados" puedan estudiar sin menoscabo económico para sus familias. Las 34 fábricas asociadas al programa de la ONU son casi exactamente la mitad del número de fábricas (70) y producen en conjunto el 70 por ciento de los balones de fútbol facturados en Pakistán. Entre ellas figura la totalidad de los concesionarios exclusivos de los gigantes de la industria deportiva. En el poblado de Bhagwaland sólo vimos un niño (Asaf, de 8 años) cosiendo etiquetas de una marca de artículos de fútbol. Sin embargo, toda interpretación optimista de la tendencia general queda en entredicho ante la reacción de un fabricante de la Cámara de Comercio e Industria a mis preguntas: ¿Me pregunto por qué no hacen esas mismas preguntas a las empresas chinas. Siempre en Pakistán y sólo en Pakistán. Por causa de la campaña de prensa lanzada contra nosotros, China ya se ha apoderado del 15 por ciento de nuestra cuota de producción". La experiencia demuestra que, cuando alguien cree que los medios de comunicación se ensañan con él, es porque tiene algo que ocultar...

Paolo Condò


Extracto de un artículo aparecido en Jyllands-Posten (Dinamarca) el 22 de mayo de 1998
(Original en danés)

Sialkot

"Muéstrame tus manos: si la piel de tus dedos tiene callos producidos por las puntadas, se debe a que llevas años cosiendo balones de fútbol."

Eso es, precisamente, lo que ha estado haciendo el pequeño (13 años) Ali Akbar, que no sabe leer ni escribir y que tampoco sabe cómo se juega al fútbol, porque, desde los siete años de edad, ha estado tan ocupado en coser balones de fútbol todos los días de su vida que no le ha quedado tiempo para el juego ni para asistir a la escuela.

Está harto de coser balones. Sin embargo, todavía realiza este trabajo cuando vuelve de la escuela, porque su madre dice que si los demás niños de la familia pueden hacerlo, él también puede y así contribuye a incrementar el ingreso familiar. Es difícil resistirse a este tipo de presiones. Al pequeño Ali no le hace ilusión pasarse el resto de su vida cosiendo balones de fútbol y le gustaría ser molinero, como su padre; sin embargo, como la mayoría de los niños pakistaníes, Ali ha nacido en el seno de una familia numerosa que no gana lo suficiente para subsistir.

Nueve informadores de otros tantos países europeos se reunieron con Ali Akbar y más de un centenar de otros niños pertenecientes a familias dedicadas a coser balones, en la escuela de una pequeña aldea cercana a Munde ke Barian, cerca de Sialkot, donde la OIT, la UNICEF y la cámara de comercio local colaboran en la ejecución de un proyecto destinado a erradicar el trabajo infantil en la producción de artículos de fútbol.

Arrinconados

Ciertamente, la campaña contra el trabajo infantil ha puesto contra las cuerdas a los fabricantes de balones de fútbol, hasta el punto de que actualmente luchan por sobrevivir. Estas empresas se enfrentan ahora a una de las armas más eficaces de la modernidad: la amenaza del boicoteo de los consumidores y de la proposición de ley del senador norteamericano Harkin, por la que se prohibiría la importación en Estados Unidos de artículos producidos por menores. Un productor de equipo de fútbol de la fábrica Recto estima que, por causa de la campaña, los productores de Sialkot de las marcas menos conocidas han experimentado una reducción del 20 por ciento de los pedidos.

Por ironía del destino, muchos de los balones baratos que se han lanzado al mercado se producen en China, India y México, en unas condiciones que ya no se toleran en Pakistán. Las informaciones procedentes de Francia de que los 500 balones Adidas que se utilizarán en el próximo Campeonato Mundial han sido fabricados en Marruecos por familias pakistaníes - con el objeto de soslayar la polémica suscitada en torno al trabajo infantil en Pakistán - reflejan la gravedad de la situación.

Anne Mette Skipper


Extracto de un artículo aparecido en Trow (Países Bajos) el 16 de mayo de 1998
(Original en alemán)

Alrededor del 75 por ciento de los balones de fútbol producidos en Pakistán se fabrican en Sialkot. La producción de artículos de fútbol en esta ciudad representa el 40 por ciento de sus exportaciones totales. Para salvar la zozobrante industria del fútbol, la Cámara de Comercio local se comprometió a poner fin al uso de mano de obra infantil y, en 1997, convino en incorporarse a un programa copatrocinado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Unicef, la Federación Mundial de Industrias de Artículos Deportivos y la ONG inglesa Save the Children. Según estimaciones anteriores de esta última organización, de las 40.000 personas empleadas en la industria del fútbol en Sialkot, unos 7.000 eran niños.

Hasta 1997, los balones se cosían a domicilio. Como es tan difícil supervisar el uso de mano de obra infantil en la intimidad del hogar, los trabajadores han sido agrupados en talleres de cosido, lo que facilita los controles realizados por la OIT para verificar si hay menores de 14 años trabajando. Aproximadamente la mitad de los 73 fabricantes de balones afincados en Sialkot, que generan cerca del 70 por ciento de la producción total de balones en la región, se incorporaron voluntariamente al programa. Los fabricantes que no se han incorporado siguen dedicándose a producir balones "por regla general, más baratos y de inferior calidad", cosidos a domicilio con intervención de mano de obra infantil. Aunque se sigue permitiendo que los niños realicen trabajo asalariado, la legislación pakistaní prohibe el trabajo de los menores en jornadas completas.

Los fabricantes que se han incorporado al programa sólo producen actualmente una parte de sus balones en los talleres de cosido, sin intervención de mano de obra infantil. Sin embargo, se espera que, a mediados de 1999, la totalidad de sus balones se cosan en esos centros y sin intervención de trabajadores infantiles. Se espera que, en octubre próximo, no menos de la mitad de la producción se concentre en esos talleres. En mayo pasado, el 41 por ciento de los balones se producía por este sistema. Aparentemente, los productores están cumpliendo los plazos.

Desaparecidos

Sin embargo, para Rijk van Haarlem, inspector de trabajo neerlandés, que implantó el programa de monitorización de Sialkot, "la última etapa será la más dura. Hasta ahora, nuestros inspectores sólo han detectado 91 niños en los talleres; el resto eran adultos. Unos 2.000 se han incorporado al programa especial de rehabilitación. Esto significa que faltan aún 4.000 niños. Es evidente que siguen trabajando en casa y va a resultar difícil eliminar esta fuerza de trabajo de la cadena productiva."

Saskia Enesens

* * * * *

En el próximo número se reproducirán extractos de otros periódicos y revistas.


HECHOS

Pakistán es un importante exportador de artículos deportivos, particularmente balones de fútbol. La industria, centrada en el entorno de Sialkot, es objeto de una considerable presión internacional debido a la participación de la mano de obra infantil en la producción de esos balones. Un acuerdo firmado en febrero de 1997 en la ciudad norteamericana de Atlanta entre la OIT, la UNICEF y la Cámara de Comercio e Industria de Sialkot ha servido de marco de un proyecto orientado a erradicar el trabajo infantil en la producción de balones de fútbol mediante la colaboración voluntaria de los fabricantes. Impulsan la ejecución del conjunto del proyecto la OIT, UNICEF, la Cámara de Comercio e Industria de Sialkot, el capitulo británico de la organización Save the Children, Pakistán Bait-ul-Mal y el Consejo Comunitario de Alfabetización de Bunyad. El proyecto consta de dos elementos centrales: prevención y monitorización, y protección social.

Prevención y monitorización: La OIT ha establecido un sistema externo de monitorización para detectar el uso de mano de obra infantil en la industria del fútbol en Sialkot y vigilar la progresiva erradicación de aquélla. Este equipo de monitorización colabora con los fabricantes integrados en el programa, que se responsabilizan de la monitorización interna.

Protección social: Se ha diseñado una extensa gama de actividades destinadas a aportar alternativas a los niños trabajadores y a sus familiares afectados por el Programa de Prevención y Monitorización. Para la OIT, estas actividades comprenden la creación de Centros Comunales de Educación y Actuación, destinados a prestar servicios de rehabilitación, entre los que se incluyen la educación informal, la formación profesional, las actividades destinadas a los miembros adultos de la familia, los sistemas de crédito, préstamo y ahorro y la concienciación.


¿QUIEN FINANCIA EL PROYECTO DE LOS BALONES DE FUTBOL?

El objetivo del proyecto es erradicar el trabajo infantil en la producción de balones de fútbol en el área de Sialkot en el curso de los dos próximos años. El proyecto se inició con una financiación inicial de alrededor de 1,5 millones de dólares de Estados Unidos, que en la actualidad se ha incrementado a más de 2 millones de dólares.

- Los fondos de la OIT/IPEC, por un montante de más de 755.700 dólares, han sido aportados por el Departamento de Trabajo de Estados Unidos.

- Pakistán Bait-ul-Mal ha comprometido una cantidad suplementaria de alrededor de 195.000 dólares al programa de Protección y Rehabilitación Social del proyecto.

- La contribución de la UNICEF asciende a 200.000 dólares.

- La Cámara de Comercio e Industria de Sialkot aportará 250.000 dólares al Programa de Prevención y Monitorización del Proyecto.

- La organización británica Save the Children ha comprometido una aportación de alrededor de 900.000 dólares procedentes de los fondos del programa bilateral del Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido.

- The Soccer Industries Council of America (SICA) y la FIFA han aportado al proyecto 100.000 dólares cada una.

- Como muestra del compromiso de los trabajadores pakistaníes con la causa de la erradicación del trabajo infantil en Pakistán, la central sindical All Pakistán Federation of Trade Unions (APFTU) ha contribuido con 1.000 dólares al proyecto Sialkot.

Se ha creado un Comité de Coordinación del Proyecto en el marco del proyecto global de Sialkot. Este Comité ha dado su apoyo a las actividades que se desarrollan en el Marco Operativo de los Asociados.

Creada por CL. Aprobada por KMK. Ultima actualización: 13 de octubre de 1998.