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A medida que más y más países de destino optan por la inmigración temporal frente a la permanente, millones de trabajadores migrantes de todo el mundo sufren un riesgo constante de explotación, según el nuevo informe de la OIT. La búsqueda de soluciones a este problema universal ocupó a unos 60 representantes de 31 países en la reunión tripartita celebrada en la OIT los días 21-25 de abril. Este es un informe sobre dicha reunión.
Son muchos y trabajan por todo el mundo: se calcula que hay 42 millones de trabajadores migrantes que aportan mano de obra barata, no cualificada o semicualificada en muchos países. Con la esperanza de encontrar un buen trabajo, se ven a menudo obligados a sacrificar temporalmente prácticamente todo. Pueden cambiar la familia y el hogar por una vida peligrosa en la que están presentes el fraude, los bajos salarios, las malas condiciones laborales y una seguridad social inadecuada.
Son migrantes de la actual economía mundial, tal vez la categoría de trabajadores más vulnerable y desprotegida del mundo. Y a medida que más y más países de inmigración optan por la migración temporal frente a la permanente como mecanismo para hacer frente a los retos de una economía que se mundializa rápidamente, los problemas de los migrantes crecen correspondientemente.
" Aunque la mayoría de estos trabajadores cruza las fronteras confiando en mejorar su situación, la explotación es un riesgo permanente para los migrantes," señala Roger Böhning, directivo de la OIT y uno de los autores del informe: "Las injusticias son especialmente probables cuando se admite a los no nacionales de forma temporal para empleos de plazo fijo."
Además, según el informe*, a medida que aumenta rápidamente el poder de las agencias privadas de empleo, muchos trabajadores migrantes (especialmente los de trabajos no técnicos o sin cualificación) sufren gran cantidad de engaños, tales como fraudes sistemáticos, tarifas desorbitadas, puestos inexistentes y, con frecuencia, condiciones de trabajo malas o incluso peligrosas.
Los migrantes no suelen recibir el mismo trato que los nacionales, ni se les aplican adecuadamente las normas laborales internacionales vigentes elaboradas por la OIT durante los últimos 75 años.
Además de las condiciones de trabajo inferiores a las normas mínimas, los migrantes pueden verse sometidos a alojamientos insuficientes a precios desorbitados y a merced de los empleadores sin escrúpulos a quienes se ven atados por el plazo de duración de su permiso. También pueden verse obligados a pagar la contribución a la seguridad social sin llegar a recibir nada a cambio. Las actividades y derechos de estos trabajadores son por lo general restringidos, al menos inicialmente. A pesar de los bajos niveles de protección social, los trabajadores de temporada suelen ser abandonados a su suerte una vez terminado el trabajo e incluso se les impide pasar a un empleo que no sea de temporada. Se les separa de sus esposas e hijos y en ocasiones también de la sociedad, ubicándolos en zonas de alojamiento restringido.
La tendencia hacia el empleo temporal se impone con independencia de la zona geográfica o el nivel de desarrollo económico de los países receptores. Por ejemplo, en Canadá, un país tradicional de inmigración, el número de visados para trabajadores temporales emitidos cuadruplica el de la pasada década. La entrada media de trabajadores temporales fue dos veces y media más alta que el número de migrantes permanentes, con 234.000 trabajadores temporales frente a 114.000 trabajadores inmigrantes.
En los Estados Unidos, otro gran país de inmigración, el número de visados para trabajadores no inmigrantes ha aumentado un 4 % anual, desde los 340.000 en 1990 hasta los 413.000 en 1995. Si se incluyeran en las cifras de migración los trabajadores de empresa que prestan servicios temporales para su país o empresa, el número de llegadas de trabajo no inmigrante aumentaría de 3 a 3,6 millones.
Una pauta similar se observa en Australia, otro país tradicional de inmigración. Francia tiene unos 100.000 inmigrantes permanentes, de los cuales 80.000 proceden de fuera de la UE: entre los trabajadores temporales se encuentran unos 11.000 de temporada procedentes de Marruecos y Polonia. Alemania tiene en torno a 150.000 trabajadores de temporada y otros 100.000 trabajadores invitados y a contrata. Un país de renta media como México recibe cada año más de 70.000 trabajadores procedentes de Centroamérica para el trabajo de temporada en la agricultura.
A lo largo de la costa del Pacífico, que es un destino relativamente nuevo para los migrantes, apenas hay programas de migración laboral permanente.
A principios de la década de 1990, Japón estableció un elaborado sistema de apertura más temporal para extranjeros altamente cualificados y personas de ascendencia japonesa, junto con programas de formación en el empleo para personas procedentes de países menos desarrollados de la región.
El número de trabajadores migrantes en la República de Corea, que puso en práctica programas similares de formación en el empleo para el sector de la pequeña y mediana empresa del país, casi se ha triplicado en los últimos años, pasando de en torno a 44.000 en 1992 a 136.000 en 1996.
Los países ex-soviéticos participan también de esta tendencia. En la República Checa había 14.500 titulares de permisos de trabajo extranjeros a mediados de 1992, casi 32.900 en 1994 y 67.300 en 1996, además de 67.000 eslovacos en este mismo año. En la Federación Rusa, anteriormente aislada de las redes internacionales de migración, la reciente abolición del monopolio del Estado sobre la contratación aumentará probablemente los flujos de migración (aunque las agencias privadas de contratación ya han colocado a cientos de rusos en el extranjero, muchos de ellos en puestos bien pagados).
Simultáneamente, las agencias privadas de colocación que cobran por sus servicios están pasando rápidamente a dominar la organización de la migración temporal y tienen en sus manos, por ejemplo, hasta el 80 % de todos los movimientos de mano de obra desde países asiáticos hacia países árabes (uno de los principales flujos de migración). En Indonesia, las Filipinas y Tailandia, las agencias privadas dominan la organización de la migración en busca de empleo en el extranjero, "representando entre un 60 y un 80 % de todos los trabajadores migrantes contratados."
El informe cita la indudable eficiencia y agilidad del sector privado a la hora de asignar los trabajadores a los puestos, pero recalca varias consecuencias indeseables, entre ellas el fraude, las tarifas desorbitadas y las condiciones inaceptables de trabajo para los trabajadores migrantes. El informe cita el efecto de las agencias privadas como "especialmente duro para los trabajadores no cualificados ni técnicos."
Aunque se dispone de pocas estadísticas sobre fraude, entre las prácticas ilegales en los países de salida se encuentran:
*pedir solicitudes y cobrar tarifas para puestos inexistentes;
*ocultar información o proporcionar información falsa sobre la clase de trabajo y las condiciones de empleo;
*cobrar tarifas muy superiores al máximo permitido por las reglamentaciones o a los costes reales de contratación;
*seleccionar a los solicitantes no en función de sus cualificaciones laborales, sino de la cantidad que están dispuestos a pagar por conseguir el empleo.
El objetivo de la reunión de expertos es elaborar directrices sobre el modo en que los gobiernos pueden mejorar la protección de los trabajadores migrantes en empleos temporales y los contratados por agencias privadas. Se espera que la reunión enuncie los principios del trato a los migrantes temporales, quienes no están suficientemente protegidos por los Convenios OIT en vigor.
* Protecting the most vulnerable of today’s workers - Reunión tripartita de expertos sobre las actividades futuras de la OIT en el campo de las migraciones. OIT, Ginebra, 1997. ISBN 92-2-110465-6