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Alocución de apertura del Sr. Juan Somavia,
Director General, Organización Internacional del Trabajo

Coloquio sobre el trabajo y la salud mental

Día Mundial de la Salud Mental

(Ginebra, 10 de octubre de 2000)

Me complace mucho que este Coloquio tenga lugar aquí, en la OIT. Ya hay ecos sumamente positivos de la labor que han realizado ustedes durante el último par de días. Es muy importante que podamos reunirnos para poner en común nuestros diferentes conocimientos y nuestra experiencia y examinar cómo podemos actuar de manera realmente eficaz. Tenemos que hacerlo porque el trabajo y la salud mental tienen una importancia capital en el mundo de hoy; no se trata por cierto de un tema «más» entre otros. Tengo pues sumo agrado en darles la bienvenida a esta conmemoración del Día Mundial de la Salud Mental y quiero agradecer a la Federación Mundial de Salud Mental, a la OMS y a los colegas de la OIT por haber organizado este Coloquio.

El trabajo es vital para las mujeres y los hombres en todas las partes del mundo. El trabajo concierne a todos los seres humanos, ya sea que estén desempleados, subempleados o sobrecargados de trabajo; también les afecta el entorno social y físico del trabajo, la pérdida del mismo, y el nivel de seguridad con el que han de poder contar cuando no puedan trabajar. Ahora bien, el trabajo cobra otra dimensión cuando se trata de cuestiones relacionadas con la salud mental. La gente con problemas puede tener que dejar de trabajar o, como ustedes bien saben, puede seguir trabajando sin ser capaz de reconocer la situación. Los prejuicios pueden impedirle seguir trabajando o bien las condiciones de trabajo pueden ser parte del problema.

Estoy firmemente convencido de que el resultado final de la actividad económica consiste en la forma en que ésta se traduce en la calidad de vida de la gente. El trabajo concierne a la gente y depende de ella, de modo que la salud mental y los trastornos de la misma son cuestiones que están relacionadas con el lugar de trabajo.

Y para la OIT se trata, más específicamente, de cuestiones relacionadas con el trabajo decente. A nuestro juicio, hay un déficit evidente de trabajo decente en la economía mundial actual. ¿Qué significa esto? En primer lugar, que necesitamos más trabajo mediante el cual la gente pueda obtener ingresos decorosos. Tiene que ser además un trabajo que respete la dignidad humana al respetar los derechos básicos de los trabajadores, esto es, la libertad sindical y la negociación colectiva, la libertad para rechazar el trabajo forzoso y el trabajo infantil y, por último, pero no menos importante, la libertad con respecto a la discriminación, lo cual es muy pertinente en relación con este debate. El trabajo decente implica también otorgar a la gente protección contra los imprevistos y la vulnerabilidad cuando no puede trabajar, así como protección en el trabajo. Y por último, tiene que poder entablar un diálogo acerca de las cuestiones que afectan su vida laboral. El trabajo decente refleja las aspiraciones de la gente; para quienes tienen problemas de salud mental, así como para los demás, el trabajo decente es una cuestión fundamental.

Los individuos con dificultades de salud mental pueden también tener que sobrellevar una carga social. Ustedes conocen esto también mejor que nadie. La enfermedad mental conlleva a veces un estigma social que tiene repercusiones en el lugar de trabajo. Quienes tienen dificultades en ese sentido se enfrentan con más problemas para conseguir y conservar un empleo que las personas que padecen otros tipos de incapacidad. Pueden verse excluidos del mercado de trabajo debido a los prejuicios con respecto a su capacidad para trabajar aun cuando se han recuperado o su discapacidad está perfectamente bajo control. En términos reales, es decir, la forma en que esto se traduce en la vida de la gente, significa con frecuencia que esas personas terminan aisladas y empobrecidas, con problemas de desánimo, ansiedad persistente y estrés.

Pero todos sabemos que los efectos de este problema trascienden la esfera individual y familiar. Los empleadores se ven afectados también por los costos en términos de baja productividad, absentismo, altas tasas de rotación del personal, aumento de los costos de contratación y de formación y, por último, la reducción de los beneficios. Cuando la persona en dificultades es el propietario de una empresa, especialmente de una pequeña empresa, la consecuencia última puede ser el derrumbe de la misma. Los gobiernos se ven afectados a su vez por los costos de la atención de salud y los pagos de los seguros, así como por la pérdida de ingresos a nivel nacional.

Las investigaciones que hemos efectuado en países como los Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Finlandia muestran que no se trata de un fenómeno marginal; por el contrario, es un problema importante y cada vez mayor que debe ser controlado. El costo humano es elevado en los países que he mencionado, pero imagínense cuál puede ser la situación donde no hay pensiones de incapacidad ni protección contra ese tipo de problemas ni sistemas de apoyo social. La mayoría de las personas en edad de trabajar no tienen acceso al tipo de asistencia y las instituciones que puede haber en el mundo desarrollado. Pienso que tenemos que considerar también la realidad de los países en desarrollo que se ven igualmente afectados por estos problemas.

Hoy en día, nos movemos en un entorno particularmente problemático para el trabajo y la salud mental. La economía mundializada ha desatado un malestar general. Hay un sentimiento generalizado de inseguridad e incertidumbre y ese sentimiento está relacionado a menudo con el trabajo. La gente tiene que hacer frente a cuestiones tales como la informalización del empleo, la pérdida de puestos de trabajo, la precariedad de los nuevos empleos o simplemente la ausencia de los mismos. Las oportunidades que plantean las nuevas tecnologías entrañan también nuevos factores de estrés. Al mismo tiempo, los viejos mecanismos de protección social se ven amenazados.

Nos encontramos en una situación en la cual los mercados abiertos y las sociedades abiertas, así como las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones están generando sin duda beneficios. Pero, al mismo tiempo, la inseguridad y la incertidumbre también están en aumento. La gente que goza de una buena posición económica no está al amparo de estos problemas. Creo que un aspecto esencial de lo que está ocurriendo reside en que las cuestiones relativas al crecimiento económico, incluso las relativas al empleo, se deslindan de otras inquietudes humanas como son la certidumbre y la seguridad con respecto al futuro. Esto tiene importantes repercusiones en el ámbito del hogar y la familia, así como en el lugar de trabajo, lo cual examinamos hoy. Gran parte de la violencia que percibimos - violencia doméstica, violencia contra los niños - está relacionada con problemas en el lugar de trabajo, ya sea en las zonas urbanas del Norte o en las poblaciones marginales del Sur. Pero para encontrar respuestas a estos problemas tenemos que ir más allá del lugar de trabajo y cuestionar la forma en que la economía mundial está funcionando hoy en día.

Consideramos que el trabajo decente para todos es un medio para lograr que la economía mundial funcione en beneficio de todos, y para hacer frente a la inseguridad y la incertidumbre.

Abordamos la salud mental desde diferentes perspectivas mediante el trabajo decente:

  • procuramos promover un lugar de trabajo saludable para todos los trabajadores;

  • sabemos que la productividad y el rendimiento están relacionados con el bienestar físico y mental, el cual contribuye además a reducir la presión sobre los sistemas de salud, bienestar y seguridad social;

  • consideramos también que impedir la discriminación contra quienes padecen dificultades de salud mental es una cuestión inherente a los derechos fundamentales en el trabajo;

  • queremos promover oportunidades de trabajo decente para todos;

  • y por último, la OIT se preocupa también por la protección que se proporciona a quienes no pueden trabajar.

Nos ocupamos de las cuestiones relativas al trabajo y la salud mental por medio de programas tales como nuestro programa InFocus de seguridad y salud en el trabajo y medio ambiente (SafeWork) y el programa sobre las condiciones de trabajo. El programa sobre discapacidad promueve el trabajo decente para la gente con discapacidades sobre la base de la igualdad de trato. Nuestro enfoque global se apoya en el pilar fundamental del diálogo social.

La preocupación por el trabajo y la salud mental forma parte del programa sobre el trabajo decente. Pero se trata también de la preocupación por una sociedad decente. El alcance y las consecuencias de los problemas de salud mental nos muestran también que, en interés de todos y de cada uno, hay que promover la salud mental en el trabajo y mediante el mismo, y prestar apoyo y no penalizar a quienes tienen problemas en este sentido. Se trata de un ámbito en el cual se pueden constituir asociaciones realmente productivas como lo han puesto de manifiesto los debates que ustedes han celebrado. La OIT, con su estructura tripartita, está dispuesta a tomar parte en tales iniciativas. Quiero darles las gracias por estar aquí y por contribuir a definir el camino que ha de seguirse. Para terminar, permítanme reiterarles que el fin último de nuestra acción debe ser el bienestar de la gente. Es indispensable contar con instituciones y políticas idóneas, pero éstas deben basarse en la comprensión de la dimensión humana de las cuestiones que estamos abordando. El contenido de las políticas debe guiarse por una visión solidaria.


Puesto al día por SMP. Aprobada por JM. Ultima actualización: 16 de marzo de 2000.