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Discurso del Director General ante el 54.º período de sesiones
de la Asamblea General de las Naciones Unidas

Tercera Comisión

(Nueva York, 27 de octubre de 1999)

Tema 112 del programa: Promoción y protección de los derechos del niño

Señor Presidente:

Para mí siempre ha sido un motivo de placer dirigirme a la Tercera Comisión, y no me privaba de decirlo, ya que a mi juicio es una Comisión con personalidad, sentimientos y alma. Me complace aún más estar con ustedes el día de hoy, porque el tema asignado a esta sesión, a saber, la «Promoción y protección de los derechos del niño», ocupa un lugar muy destacado en la labor de la Organización Internacional del Trabajo.

Esta es mi primera visita a Nueva York desde que me marché en el mes de marzo para asumir mi nuevo cargo en Ginebra. Me complace mucho que mi primera actividad en este viaje de vuelta, ahora que ocupo el cargo de Director General de la OIT, sea reunirme con la Tercera Comisión bajo su presidencia y estando Kate Newell como Secretaria de la misma. Ella me prestó una gran ayuda en muchas de las conferencias globales y durante mi mandato como presidente de la Comisión hace diez años. Esta Comisión tiene agallas y ha conseguido que las cosas cambien. Aunque los delegados se van renovando, el alma de esta Comisión sigue siendo la misma y sigue creciendo. Quisiera darles las gracias a todos ustedes por la contribución que han hecho a la labor de las Naciones Unidas y por su voluntad constante de tratar de alcanzar un consenso en torno a las cuestiones sociales de nuestra época.

También me siento muy honrado por estar con ustedes el día de hoy, en que han venido a dirigirse ante la Comisión, ustedes que tanto han hecho a favor de los derechos del niño. He trabajado en estrecha colaboración con la Alta Comisionada para los Derechos Humanos en Ginebra, Mary Robinson, y he podido apreciar de manera directa su compromiso con las cuestiones que examinamos hoy. En el informe de Ofelia Calcetos-Santos y en su intervención que acabamos de escuchar se muestra por qué la voluntad personal de expresarse de manera libre y clara en una atmósfera de independencia y autonomía es tan importante en las Naciones Unidas.

Acojo con agrado el llamamiento para que nos concentremos en «enfoques eficaces», y las perspectivas descritas por Olara Otunnu, según las cuales hemos llegado a la etapa de aplicación de las normas, después de la etapa en la que las Naciones Unidas hicieron una labor tan ingente para formular esas normas. Ha llegado el momento de actuar, y de actuar de manera acertada.

Hemos superado la idea tan común en el sistema multilateral y en las instituciones de Bretton Woods de encontrar soluciones uniformes para todo tipo de situaciones. Es importante darle un rostro humano a la globalización. Después de todo, UNICEF fue la primera organización que habló de un ajuste estructural con rostro humano.

En estos últimos años, la petición para que se adopten medidas rápidas contra las peores formas de trabajo infantil se ha convertido en un clamor que ya no podemos ignorar más. ¿Cómo ignorar que, a principios del siglo XXI, aproximadamente 250 millones de niños menores de 14 años forman parte de la población activa, y que 60 millones de ellos se dedican a formas de trabajo abominables? En los últimos años, los gobiernos, las organizaciones de empleadores y de trabajadores, las ONG y la sociedad civil en general, incluidas las organizaciones para la infancia, han adoptado medidas para formular y adoptar un nuevo instrumento internacional sobre las peores formas de trabajo infantil.

Este instrumento es el Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil, 1999 (núm. 182). Se trata de una modesta contribución para celebrar el décimo aniversario de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño.

La Conferencia Internacional del Trabajo lo adoptó por unanimidad el 17 de junio de 1999 en Ginebra, como culminación de un proceso de amplias consultas y discusiones que duró cuatro años. Simultáneamente, observamos una mayor toma de conciencia y varias manifestaciones de movilización mundial que no se pueden comparar con ninguna de las actividades recientes realizadas en relación con este tema tan importante. Una de ellas ha dejado un recuerdo muy vivo en nosotros, es la Marcha Global contra el Trabajo Infantil, que fue una cruzada mundial en la que participaron 100 países y que terminó en Ginebra al iniciarse la reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo.

La adopción por unanimidad del Convenio núm. 182 y de la Recomendación correspondiente demuestra que se ha alcanzado un consenso global acerca de la necesidad de acabar con ciertas formas de trabajo infantil, independientemente del nivel de pobreza de los países en donde existen. Este hecho indica que la 87.ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo fue la cuna de una nueva causa global.

El Convenio núm. 182 se aplica a todas las personas menores de 18 años. En él se dispone que todos los gobiernos y las sociedades deben adoptar medidas inmediatas para prohibir prácticas tales como la esclavitud y el trabajo en servidumbre de los niños, la explotación de éstos para fines de prostitución y pornografía, su participación en conflictos armados, y en la producción y el tráfico de estupefacientes y en todas las formas de trabajo peligroso. Ese llamamiento implica la adopción de leyes para esos fines, la aplicación y supervisión de esas leyes y la presentación de informes sobre los progresos alcanzados, implica también que las naciones deben asumir las responsabilidades derivadas de los compromisos que han contraído libremente. El Convenio núm. 182, además de concentrar las peores formas de trabajo infantil en un instrumento, proporciona un marco de acción mundial y hace un llamamiento a favor de una cooperación y una asistencia internacionales.

El mensaje que se propone transmitir es muy fuerte y simple, a saber, que en todo el mundo hay unanimidad en torno al principio de que existen situaciones moralmente abominables en las que ninguna familia querría ver a sus niños.

Para transformar este consenso global en una acción mundial basada en la solidaridad, la OIT ha lanzado una campaña de ratificación mundial del nuevo Convenio para que éste sea ratificado en todo el mundo en el plazo más breve posible. A pesar de que, normalmente, en todos los países la ratificación de los tratados constituye un proceso largo, y entre estos tratados se incluyen las normas internacionales del trabajo, me complace informar a esta Comisión que un país, a saber, Seychelles, ya ratificó este instrumento y varios países lo han transmitido a su órgano legislativo. Los Jefes de Estado de la OUA y los Ministros de Trabajo de América Latina también se han comprometido a promover su ratificación en un plazo determinado.

Me gustaría pedir a todos los miembros de la Comisión que por favor contribuyan a que la ratificación de este Convenio figure entre los objetivos prioritarios de sus respectivos gobiernos. Si se demuestra la voluntad política necesaria, este objetivo se podrá alcanzar para la próxima reunión de junio de 2000 de la Conferencia Internacional del Trabajo.

Una parte fundamental de la campaña de ratificación mundial es el apoyo que se puede dar a las campañas nacionales de ratificación favoreciendo el establecimiento de alianzas sociales de base amplia en las que participen los gobiernos, y las organizaciones de empleadores y de trabajadores, las ONG y las organizaciones para la infancia. Además, la estrategia de la campaña va más allá de la simple ratificación, y aborda las cuestiones de la aplicación real.

En vista de que la cuestión del trabajo infantil está intrínsecamente relacionada con la del desarrollo, la OIT hace hincapié en la complejidad de las situaciones de los niños trabajadores, que es necesario manejar con sensibilidad, particularmente en un contexto de extrema pobreza y de desempleo de los padres. Ahora lo que hace falta es empezar a actuar.

En vista de que ésta es la primera vez que me dirijo a esta Comisión desde que se adoptó el Convenio núm. 182, me gustaría pedirles a todos ustedes que unan sus fuerzas para acelerar la ratificación universal de este instrumento, pues ello constituye un paso indispensable para empezar a aplicar los compromisos que contiene. Juntos podemos afirmar nuestra adhesión a esta causa mundial y colmar la brecha que existe entre la firmeza de nuestras preocupaciones y el ritmo en el que se concretan nuestras propuestas. Invito a todos los miembros de la Comisión a que asuman como un compromiso personal su función de vínculo permanente en la cadena multidimensional de actores dedicados a la erradicación de las peores formas de trabajo infantil.

La eliminación de las peores formas de trabajo infantil no es un sueño imposible. El Programa para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) que la OIT inició en 1992 y que abarcaba a 60 países de todas las regiones, está demostrándonos cada vez más que tenemos la capacidad de acabar con las peores formas de trabajo infantil. Además del ejemplo tan conocido por todos del éxito obtenido en la industria de la fabricación de balones de fútbol en el Pakistán, el Programa ha obtenido en menos de diez años resultados muy alentadores en otras partes del mundo, y que me gustaría mencionar a continuación. El trabajo infantil no se erradica mediante proyectos, pero éstos proporcionan modelos y muestras de lo que se puede hacer.

En la República Unida de Tanzanía, una asociación de mujeres periodistas y abogadas que están a la vanguardia de la campaña de prevención para los trabajadores menores de 14 años, con el apoyo del IPEC, logró llegar hasta 4.500 niñas de seis centros urbanos. El Programa también está logrando sensibilizar más a los padres y las instituciones responsables del bienestar de los niños, los organismos religiosos y los grupos de mujeres.

En Nepal occidental, a través de la colaboración con UNICEF, el IPEC ha apoyado un programa de acción para reforzar la capacidad de las instituciones gubernamentales para luchar contra el tráfico de niños en los planos nacional y comunitario. Como resultado de ello, el trabajo infantil y el tráfico de niños se han convertido en temas prioritarios en el programa nacional del país para 1998-1999. El Programa también fue muy útil para rescatar a 4.199 niños del trabajo forzoso, y más de 3.700 niños trabajadores han recibido una educación no formal y 2.548 niños han recibido apoyo para recibir una educación escolar formal.

En las tierras occidentales de Guatemala, un programa de un año respaldado por el IPEC, que se inició en junio de 1998 para apartar a los niños que trabajaban en las canteras ha dado resultados muy buenos pues se ha impartido una educación no formal y capacitación a niños trabajadores, se han proporcionado otras alternativas a las familias, servicios médicos para los niños que han sido víctimas de accidentes del trabajo y se ha mejorado la capacidad de las 13 comunidades participantes. El programa, que fue aplicado por varias ONG locales, formó docentes para que trabajaran con los niños, estableció unidades móviles cerca de la canteras para acortar la distancia hasta la escuela e impartió formación a 100 familias en actividades sostenibles alternativas.

En San Petersburgo, Rusia, este año se inició un nuevo programa del IPEC basado en un programa anterior que tuvo éxito en Turquía, y que se destinó a proporcionar apoyo directo a los niños que trabajan en las calles y que según las estimaciones actuales forman una población de entre 20.000 y 30.000 niños. A través de la ayuda directa a las actividades de refuerzo de la capacidad de los niños y de las instituciones, se prevé que al concluir este proyecto de tres años, entre 4.000 y 5.000 niños serán apartados de las calles y contarán con alternativas a largo plazo. También se aplicará un componente de prevención a través de actividades para mejorar la sensibilización e impartir formación.

Para mejorar estos resultados alentadores y llegar eficazmente hasta todos los niños que trabajan, es necesario que la OIT haga frente a dos importantes retos que se refuerzan mutuamente:

a) ayudar a cada país a crear un compromiso verdadero y sostenible con el pleno respeto y la promoción de los derechos de los niños como parte integral de los derechos humanos;

b) llevar a cabo un análisis y acciones integradas en el marco del sistema multilateral para apoyar los esfuerzos de los países.

Ambos retos están relacionados con las tareas que corresponden a cada uno de los actores. La OIT está determinada a mejorar su colaboración con sus mandantes y a establecer una cooperación más estrecha, no sólo con las demás organizaciones de las Naciones Unidas tales como UNICEF y la Comisión de Derechos Humanos, sino también con las instituciones de Bretton Woods, en particular en el marco de los planes nacionales de alivio de la pobreza. Esta es la única manera de asegurarnos de la pertinencia de nuestra labor y de dotarnos de las herramientas apropiadas para hacer frente a nuestro compromiso común, a saber, garantizar un modo de vida decente a los 60 millones de niños y niñas que trabajan en condiciones que estropean sus cuerpos y sus mentes, que retrasan su crecimiento y acortan sus vidas.

No podemos separar este tema del tema de la economía globalizada. La globalización sigue sin beneficiar a un número suficiente de personas. No podemos resolver los problemas de los niños sólo con políticas para la infancia. Si los padres tienen empleo, los niños pueden ir a la escuela. Debemos asegurar un modo de vida sostenible para los padres, lo cual es la mejor garantía para proteger los intereses de los niños.

Se trata de una causa moral para todos nosotros. Este problema no se limita en modo alguno a los países en desarrollo, y tenemos una oportunidad mundial única para que la unanimidad que existe en el plano internacional en torno a los objetivos y compromisos contraídos y la determinación que hemos demostrado nos permitan cambiar la situación.

Notas

1. Desde entonces, al 31 de enero de 2000, se han recibido instrumentos de ratificación de Botswana, Eslovaquia, Estados Unidos, Finlandia, Irlanda y Malawi.


Puesto al día por SG. Aprobada por GBR. Ultima actualización: 26 mayo 2000.