Erradicar Trabajo Infantil

Artículo publicado en la Revista Profesiones http://www.profesiones.org/

Artículo | 29 de julio de 2013
Acaba de celebrarse el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, que cada 12 de junio sirve a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para visibilizar ese problema y sensibilizar a la sociedad sobre la necesidad de erradicarlo. Y aunque ha habido importantes progresos, la realidad sigue siendo tozuda: todavía hay en el mundo 215 millones de niñas y niños que trabajan, de los cuales 115 millones lo hacen en trabajos peligrosos. Una cifra tanto más vergonzosa cuanto que prácticamente 'calca' la de los millones de personas en desempleo: en el mundo hay 200 millones de adultos desempleados y otros tantos niños y niñas trabajando.

Pese a ello, la OIT está convencida de que el trabajo infantil se puede y se debe erradicar. De hecho, en América Latina lo está siendo, y también globalmente se ha logrado reducirlo en menores de 15 años: un 10% en general y un 31% en el trabajo peligroso.
 

A medio camino 

Queda, en todo caso, mucho por hacer. Entre toda la población infantil de 5 a 17 años, la caída ha sido evidente en las niñas (15% menos en trabajo infantil y 24% menos en el peligroso), pero en los niños se ha registrado un inquietante repunte (7% más en general, y sin apenas cambios en el trabajo peligroso). El principal motivo de alarma es el significativo incremento (de 52 millones a 62 millones) del trabajo infantil en el grupo de menores entre 15 y 17 años, edad en la que se puede trabajar legalmente, pero no en cualquier trabajo.

El primer gran objetivo que se ha fijado la comunidad internacional es: eliminar las peores formas de trabajo infantil en 2016. Esta meta fue fijada inicialmente por el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) de la OIT en 2006, después de que el segundo Informe Mundial sobre Trabajo Infantil reflejara una disminución generalizada, con un 10% menos en el cuatrienio 2000-2004.

Pero apenas a medio camino, en 2010, el tercer Informe Mundial sobre Trabajo Infantil lanzaba la voz de alerta: el impulso inicial empezaba a flaquear (solo un 3% menos en el cuatrienio 2004-2008), y el progreso no era lo bastante rápido para alcanzar el objetivo marcado. De ahí, ese mismo año, la decisión de la Conferencia Mundial sobre Trabajo Infantil de La Haya de refrendar y reforzar esa meta de 2016 con una 'Hoja de ruta'.

Es, aquí y ahora, el gran reto del IPEC, que fue creado en 1992 por la OIT con el objetivo preciso de prevenir y erradicar el trabajo infantil, empezando por sus peores formas.
 

Peores formas de trabajo infantil 

Tras la voz de alerta de 2010, el Día Mundial contra el Trabajo Infantil 2011 volvía a poner el foco en las niñas y niños que realizan los trabajos de mayor riesgo. Y el informe de la OIT para la ocasión, "Niños en trabajos peligrosos: Lo que sabemos, lo que debemos hacer", subrayaba una doble preocupación: por una parte, que esos menores sean "la mayoría silenciosa dentro del trabajo infantil"; por otra, que al adoptar medidas queden "eclipsados" por formas más llamativas como los niños soldado o las víctimas de trata.

Con su experiencia acumulada de dos décadas, el IPEC enmarca el escenario de las peores formas de trabajo infantil en dos grandes perfiles. Uno, reducido en número (10%) pero muy llamativo, está relacionado con actividades delictivas como la trata de personas, la prostitución forzada, el tráfico de drogas o los niños soldado. El otro, que representa el 90% del total, está vinculado a trabajos peligrosos en sí mismos o que lo son para los menores porque son más vulnerables a sustancias tóxicas, temperaturas extremas, tareas repetitivas, aislamiento o maltrato. Este tipo de tareas les supone un mayor riesgo para su salud física y psíquica, para su seguridad y para su desarrollo psicológico y emocional; de hecho, la tasa de lesiones y muertes en el trabajo infantil es superior a la de los trabajadores adultos.

Para subrayar el camino a recorrer para hacer realidad la 'Hoja de ruta' hacia la eliminación de las peores formas de trabajo infantil en 2016, la OIT enmarcó el Día Mundial contra el Trabajo Infantil 2012 en el ámbito de los derechos. Todos los niños y niñas tienen derecho a ser protegidos del trabajo infantil y de cualquier otra violación de sus derechos humanos fundamentales. Su ingreso prematuro en el mercado laboral les priva de la educación y capacitación necesarias para que ellos mismos, sus familias y sus comunidades salgan del ciclo de la pobreza. Y cuando sufren las peores formas de trabajo infantil, corren grave riesgo de maltrato físico, psicológico o moral, que puede causarles daños para el resto de sus vidas.
 

Trabajo doméstico 

Con ese escenario general de derechos ya definido, el Día Mundial contra el Trabajo Infantil 2013 ha vuelto a poner el foco en los retos y tareas pendientes. Y en concreto en el ámbito del trabajo doméstico, que en los últimos años se ha convertido en una fuente importante de empleo (el número de trabajadoras y trabajadores domésticos creció de 33,2 millones a 52,6 millones entre 1995 y 2010), pero que también ha 'atrapado' a 15,5 millones de menores, el 72% niñas. De esa cifra total, 10,5 millones se encuentran en el trabajo infantil no permitido y realizan tareas en los hogares de otras personas en condiciones peligrosas y a veces de auténtica esclavitud, Los restantes 5 millones suelen ser adolescentes de 16-17 años cuyo trabajo doméstico está permitido pero que necesitan ser protegidos de abusos y que se les garanticen condiciones dignas de trabajo.

El trabajo infantil en el ámbito doméstico tiene mucho que ver con la meta de 2016, porque 8,1 millones de menores (el 52% del total) realizan trabajos peligrosos en hogares de terceras personas.

La actual crisis no resta fuerza al rotundo mensaje de la OIT de que "un mundo libre de trabajo infantil es posible", porque la comunidad internacional dispone de legislación e instrumentos para erradicarlo. Empezando por el Convenio Nº 138 (sobre la edad mínima de admisión al empleo), siguiendo por el Convenio Nº 182 (sobre las peores formas de trabajo infantil), y acabando por el reciente Convenio Nº 189 y su Recomendación Nº 201 sobre trabajo decente para trabajadoras y trabajadores domésticos.

La Oficina de la OIT para España no ha detectado aquí trabajo infantil doméstico. Sin embargo, también desde España se puede contribuir a erradicarlo y su contribución es importante. ¿Cómo? Primero, manteniendo la Cooperación española en la lucha que realiza la OIT contra el trabajo infantil, sobre todo con América Latina donde el esfuerzo hecho hasta ahora está dando resultados. Sabemos que esa cooperación significa un esfuerzo a los contribuyentes en una situación de crisis, pero merece la pena. Segundo, ratificando el Convenio nº 189 pues la ratificación española de este Convenio contribuirá a dignificar la situación laboral de las trabajadoras y trabajadores domésticos en España, extendiendo el trabajo decente en este colectivo en todo el mundo, en el que el trabajo infantil representa el 30 %, eliminando el trabajo de menores de 15 años y haciendo que en las situaciones de trabajo doméstico juvenil de 16 a 18 años, que sería legal, este trabajo se realice con las debidas garantías y derechos.

El esfuerzo conjunto de gobiernos e instituciones internacionales, organizaciones empresariales y sindicales, sociedad civil y organizaciones no gubernamentales está dando resultados pero son insuficientes, hay que seguir con la intensidad necesaria hasta erradicar el trabajo infantil de nuestra sociedad.