Cuidados de larga duración

Los cuidados de larga duración hacen referencia al apoyo que necesitan las personas de edad con una capacidad limitada para cuidarse de sí mismos debido a afecciones físicas o mentales, incluidas enfermedades crónicas y problemas de salud múltiples. El apoyo necesario, dependiendo del grado de limitación, puede proporcionarse en el hogar, en la comunidad o en instituciones, e incluye, por ejemplo, la asistencia para realizar actividades de la vida diaria como vestirse y gestionar los medicamentos, pero también servicios básicos de atención de salud. Dichos servicios suelen ser prestados por trabajadores formales o informales, remunerados o no remunerados. Los trabajadores formales pueden ser trabajadores sociales o de la salud calificados que están empleados, por ejemplo, en residencias de ancianos. Los proveedores de cuidados informales son los trabajadores familiares no remunerados y los cuidadores remunerados a los que no se declara a las autoridades de la seguridad social y que trabajan al margen de las normas del empleo formal.

Debido al envejecimiento demográfico de la población mundial, se prevé que el número de personas de edad que necesitan cuidados de larga duración aumentará considerablemente en todos los países. Sin embargo, la mayoría de los países no proporcionan ninguna protección de los cuidados de larga duración. Más del 48 por ciento de la población mundial no está cubierta por ninguna legislación nacional. Otro 46,3 por ciento de la población mundial está considerablemente excluida de la cobertura debido a unas normas estrictas basadas en una evaluación de los recursos que dan lugar a que las personas de más de 65 años que necesitan cuidados de larga duración caigan en la pobreza antes de poder optar a dichos servicios. Sólo el 6,5 por ciento de la población mundial vive en países que proporcionan cobertura de los cuidados de larga duración, basada en la legislación nacional, a toda la población. Las mujeres son las más afectadas por la indiferencia pública hacia las necesidades en materia de cuidados de larga duración de las personas de edad.

El número de trabajadores informales que prestan cuidados de larga duración – a menudo mujeres de la familia no remuneradas – supera con creces el de los trabajadores formales del sector. La indiferencia hacia las necesidades en materia de cuidados de larga duración apunta a la discriminación por motivo de edad y género.

La preocupante escasez de proveedores de cuidados de larga duración da lugar a la inexistencia de servicios de calidad para una gran parte de la población mundial de 65 años de edad o más: en 2015, hubo un déficit mundial de 13,6 millones de proveedores de cuidados de larga duración empleados formalmente. Cerrar estas brechas permitiría crear empleo, en particular para las mujeres y en las zonas rurales en las que las brechas son mayores – y proporcionar acceso a los servicios que se necesitan con carácter de urgencia.