Directivos de actualidad

Las directrices actualmente aplicadas en materia de integración del género fueron adoptadas por la decimoséptima Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo, en diciembre de 2003. En la Lista de referencia de buenas prácticas para la incorporación de las cuestiones de género en las estadísticas del trabajo establecida en esa ocasión se insiste en la necesidad de apoyar en todos los niveles a las agencias responsables, con el fin de asegurar que se lleve a cabo la medición de los temas pertinentes, incluidos el empleo en la economía informal y el empleo no remunerado (no comprendidos en los sistemas de cuentas nacionales - SCN), que en las mediciones se abarque a todos los trabajadores y que en las estadísticas publicadas se reflejen las circunstancias particulares de los trabajadores, como su contexto familiar. Se ha previsto prestar a la OIT un apoyo importante a fin de potenciar su capacidad para proporcionar asesoramiento técnico, y dar a los países el respaldo que necesitan para mejorar la recopilación de estadísticas del trabajo a nivel nacional.

Según lo planteado en la Lista de referencia, la integración sistemática de las cuestiones de género en la producción de estadísticas del trabajo debería incidir en cada una de las etapas del proceso de recopilación y producción de datos. Esto significa que cuando se establecen definiciones, se diseñan metodologías de medición y se eligen los procedimientos de difusión, hay que tener en cuenta y reflejar las diferencias entre los hombres y las mujeres a nivel del mercado laboral. Estas diferencias se refieren al tipo de contribución respectiva de las mujeres y los hombres, a sus posibilidades de acceso a los recursos y prestaciones – y de control sobre estos mismos –, y a sus necesidades, dificultades y oportunidades.

Por regla general, las estadísticas sobre temas laborales convencionales, como el empleo, el desempleo, las huelgas y los accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, desglosadas por sexo, siempre serán útiles para describir las cuestiones de género. Ahora bien, incorporar una perspectiva de género a las estadísticas del trabajo implica mucho más que desglosar los datos por sexo. En efecto, las estadísticas con perspectiva de género tienen que cumplir al menos cuatro características:

  • En primer lugar, deberían referirse a temas o ámbitos que revistan interés para mejorar la comprensión de la situación respectiva de los hombres y las mujeres, y su interrelación en el mercado laboral. Hacen falta estadísticas sobre aspectos en los que se observan desigualdades considerables entre las mujeres y los hombres: las posibilidades de unas y otros para equilibrar la vida laboral con otras obligaciones, como la vida familiar; el alcance real de la participación de los hombres y las mujeres en actividades productivas, incluidas su participación en el mercado laboral remunerado y en la producción no remunerada de bienes y servicios para el consumo del propio hogar; las contribuciones diversas de los hombres y las mujeres al mercado laboral y la forma en que estas contribuciones se traducen a su vez en diferencias a nivel de las tareas y funciones (ocupaciones), la ordenación del tiempo de trabajo, la situación en el empleo, los accidentes y enfermedades profesionales, y las desigualdades de ingreso.
  • En segundo lugar, las estadísticas del trabajo deberían abarcar y describir adecuadamente a todos los trabajadores y todas las situaciones laborales. La correcta identificación y descripción de las situaciones laborales “atípicas” (es decir, aquéllas que no corresponden a lo que se considera comúnmente como “estar con trabajo” y “estar desempleado”) es la dificultad más importante para la recopilación de estadísticas del trabajo convencionales. En efecto, detectar y describir las situaciones laborales de carácter informal, irregulares, de corta duración y no remuneradas resulta más difícil que hacer lo mismo con las situaciones de trabajo remunerado, a tiempo completo y regular, propias de los establecimientos de la economía formal. Las definiciones en materia de medición tienen que basarse en criterios que no excluyan a determinados grupos de trabajadores o de situaciones laborales; además, las metodologías de medición tienen que aplicar procedimientos especiales cada vez que exista el riesgo de pasar por alto a ciertos grupos de trabajadores o situaciones laborales.
  • En tercer lugar, las estadísticas del trabajo deberían desglosarse en un grado que permita poner en evidencia las diferencias sustantivas entre la situación de los hombres y de las mujeres. Los grupos de población de definición amplia pueden ser muy heterogéneos y presentar situaciones de empleo muy disímiles, en las que los hombres y las mujeres participan en grados diversos. Por ejemplo, el análisis del grupo de los directores de empresa considerado en su conjunto no pondrá de manifiesto el hecho de que, con toda probabilidad, las mujeres figuran sobre todo entre los directores de pequeñas empresas, mientras que los hombres ocupan la mayoría de los puestos directivos de las empresas de mayor magnitud. Del mismo modo, si se analizan los ingresos de manera global, tal vez no se llegue a mostrar que suelen ser más bien los hombres quienes perciben las asignaciones familiares y otras prestaciones.
  • Por último, las modalidades de presentación y difusión de las estadísticas del trabajo deberían servir para las grandes diferencias, pero también las grandes semejanzas de la situación respectiva de los hombres y las mujeres, y los factores que tal vez las determinen. Esto supone que se hagan las clasificaciones cruzadas pertinentes de las estadísticas del trabajo, utilizando variables que representen el contexto demográfico, económico, social y familiar de los trabajadores, entre las que al menos figuren, además del sexo de las personas, su nivel de estudios, situación matrimonial y, sobre todo, la presencia en el hogar de niños de corta edad y otras personas que requieren de cuidados.