La necesidad de la justicia social

La economía global ha crecido a una escala que carece de precedentes históricos. Con la ayuda de las nuevas tecnologías, las personas, los capitales y las mercancías se mueven entre los países con una facilidad y una rapidez tales que han creado una red económica global interdependiente que repercute prácticamente en todos los habitantes del planeta.

La globalización ha brindado oportunidades y beneficios a muchas personas, pero al mismo tiempo millones de trabajadores y de empleadores de todo el mundo han tenido que hacer frente a nuevos desafíos. La economía globalizada ha desplazado a trabajadores y empresas a nuevos destinos, ha traído consigo repentinas acumulaciones o transferencias de capitales, y ha ocasionado inestabilidad financiera en algunas regiones. A pesar del optimismo inicial, la globalización no ha marcado el comienzo de una nueva era de prosperidad para todos. En 2001, se estimaba que prácticamente la mitad de la población mundial sobrevivía con dos dólares estadounidenses o menos al día, mientras que cerca de 1.100 millones de personas, o sea, el 21 por ciento de la población mundial, vivían con un dólar estadounidense al día o menos. (Nota 1) Ninguna nación está a salvo de este fenómeno. Por ejemplo, a mediados del decenio de 1990, en 20 países industrializados, un promedio de más del 10 por ciento de la población vivía por debajo del umbral de la pobreza. (Nota 2)

En las últimas décadas, ha aumentado exponencialmente la desigualdad en muchos países, al igual que entre los países más ricos y los más pobres del mundo. En 1960, la diferencia de ingresos entre el quinto más rico y el quinto más pobre de la población mundial, era de 30 a 1, y en 1999, se había incrementado de 74 a 1. En 1995, el promedio del PIB per cápita en los 20 países más ricos era 37 veces el promedio de los 20 países más pobres. Esta disparidad se ha multiplicado por dos en los últimos 40 años. (Nota 3)

No es sostenible ni deseable que la economía global continúe desarrollándose en esta dirección. La desigualdad está en el origen de la pobreza, determina un descenso de la productividad, genera inestabilidad social e incluso conflictos. En vista de ello, la comunidad internacional ha reconocido la necesidad de crear reglas básicas de juego para garantizar que la globalización brinde oportunidades justas de prosperidad para todos.

La función de las normas internacionales del trabajo

En 1919, las naciones signatarias del Tratado de Versailles crearon la Organización Internacional del Trabajo (OIT), reconociendo el hecho de que "existen condiciones de trabajo que entrañan tal grado de injusticia, miseria y privaciones para gran número de seres humanos, que el descontento causado constituye una amenaza para la paz y armonía universales". Para hacer frente a este problema, la nueva Organización estableció un sistema de normas internacionales del trabajo - convenios y recomendaciones internacionales preparados por representantes de los gobiernos, de los empleadores y de los trabajadores de todo el mundo- que abarca todos los temas relacionados con el trabajo. Los fundadores de la OIT reconocieron en 1919 que la economía global necesitaba reglas claras para garantizar que el progreso económico estuviese en sintonía con la justicia social, la prosperidad y la paz para todos.

En la actualidad, la OIT ha desarrollado un amplio Programa de Trabajo Decente que asume muchos de los mismos desafíos a los que tuvo que hacer frente en sus inicios. El Programa del Trabajo Decente tiene como objetivo la consecución de un trabajo decente para todos, a través de la promoción del diálogo social, de la protección social y de la creación de empleo, así como del respeto de las normas internacionales del trabajo. Estas normas se han incrementado en su número hasta convertirse en un amplio sistema de instrumentos sobre el trabajo y la política social, apoyado por un sistema de control concebido para encarar todos los problemas que se presentan en su aplicación a escala nacional. Constituyen el componente jurídico de la estrategia de la OIT para orientar la globalización, promover el desarrollo sostenible, erradicar la pobreza y garantizar que las personas puedan trabajar en condiciones de dignidad y seguridad.

Los desafíos de la globalización han determinado que las normas internacionales del trabajo sean más relevantes que nunca. ¿Qué beneficios aportan actualmente estas normas?

Nota 1 - Banco Mundial: Global Poverty Monitoring website: (consultado en octubre de 2004).
Nota 2
- W. Sengenberger: Globalization and Social Progress: the role and impact of international labour standards (Bonn, Friedrich-Ebert-Stiftung, 2002), pág. 19.
Nota 3
- Ibid., pág. 20.