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La OIT en 1941: Preservar y extender las fronteras sociales de la democracia

Poco después de declararse la Segunda Guerra Mundial en 1939, Suiza estaba rodeada por Alemania y sus aliados. Resultaba evidente que el funcionamiento ordinario de la OIT, con sede en Ginebra, ya no era posible. La Oficina se trasladó a Montreal, Canadá, en mayo de 1940, y estableció su sede en la McGill University.

Qué: Artículo
Fecha de la publicación: 1 de agosto de 2011
Referencia: iloinhistory

Poco después de declararse la Segunda Guerra Mundial en 1939, Suiza estaba rodeada por Alemania y sus aliados. Resultaba evidente que el funcionamiento ordinario de la OIT, con sede en Ginebra, ya no era posible. La Oficina se trasladó a Montreal, Canadá, en mayo de 1940, y estableció su sede en la McGill University.

Fue un viaje a territorios inexplorados. John G. Winant, Director de la OIT, al abandonar la Organización en 1941, describió el reto que aguardaba a su sucesor, Edward Phelan. Es tarea de la OIT, escribió, “preservar y extender las fronteras sociales de la democracia”, porque el futuro de la humanidad depende "del tipo de civilización que surja tras esta guerra, del tipo de instituciones mundiales que se creen a su conclusión".

Los aliados estaban preocupados principalmente por una guerra que no estaban seguros de ganar. Eran muy conscientes, además, de que el resultado de la contienda exigía el apoyo activo de los trabajadores. Vincular la credibilidad de una institución como la OIT a preservar la democracia, el progreso social y la victoria en la guerra revestía, por tanto, una enorme importancia.

La OIT no sólo tenía que sobrevivir. Debía definir asimismo su papel en el contexto global del período posterior a la segunda guerra mundial. La relación entre desarrollo social y expansión económica se situaba en el centro de este debate sobre el alcance del mandato de la institución.

“La paz permanente sólo puede basarse en la justicia social”

Se consideraba que la mejor manera de demostrar la vitalidad de la Organización consistía en celebrar una Conferencia Internacional del Trabajo. En un estado de guerra, tal empeño no resultaba fácil pero, finalmente, en octubre de 1941, la Columbia University albergó una conferencia en Nueva York: una sesión “extraordinaria” en la que no se votó ningún Convenio ni Recomendación y en el que se respaldó claramente el esfuerzo bélico de los aliados.

La Conferencia concluyó el 6 de noviembre de 1941 en la Casa Blanca, con un discurso del Presidente Roosevelt, evento que recibió la atención de los medios de comunicación de todo el mundo. Durante la Conferencia se planteó el concepto de una nueva OIT, con una mayor atención a los asuntos económicos, pero la idea inicial, que consistía en transformar la Organización en una institución capaz de abarcar la totalidad de ámbitos sociales y económicos, se consideró inviable desde un primer momento. Conllevaba que la estructura tripartita se suprimiera, o se ampliara, pero una opción era impensable para los trabajadores, y la otra, para los gobiernos y los empleadores.

Tres años después, sólo unas pocas semanas antes del desembarco de los aliados en Normandía, la Conferencia Internacional del Trabajo volvió a reunirse, esta vez en Filadelfia, con el fin de definir un nuevo conjunto de objetivos y propósitos para la OIT. En la expresión de creencia contenida en la Constitución de la OIT de que "la paz permanente sólo puede basarse en la justicia social", los delegados tripartitos de 41 Estados miembros adoptaron una declaración visionaria que no sólo garantizaría la supervivencia de la OIT en el etapa de la posguerra, sino que también definiría los parámetros sociales de lo que denominamos actualmente globalización e interdependencia.

La Declaración de Filadelfia estableció que el trabajo no es una mercancía. Que la libertad sindical y de expresión es esencial para lograr un progreso sostenido. Que la pobreza en cualquier ámbito constituye un peligro para la prosperidad en todo el mundo. Y que "todos los seres humanos, sin distinción de raza, credo o sexo, tienen derecho a perseguir su bienestar material y su desarrollo espiritual en condiciones de libertad y dignidad, de seguridad económica y en igualdad de oportunidades".

Si la OIT sobrevivió y pronto se puso en marcha se debió en gran medida a la adopción de la Declaración de Filadelfia en 1944. Estos principios son tan relevantes hoy como lo fueron en 1944.

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