Una apuesta personal Por qué las empresas propiedad de trabajadores dan más que un beneficio

Las empresas propiedad de trabajadores siguen constituyendo una opción, a menudo pasada por alto, a disposición de las compañías como medio para aumentar la productividad, los beneficios y la moral de los empleados. Sin embargo, un nuevo estudio pone de relieve que el éxito abrumador de empresas como John Lewis, ubicada en el Reino Unido, se debe a mecanismos innovadores concebidos para fomentar la participación de los empleados y crear una "cultura de la propiedad". Andrew Bibby examina el modo en que este modelo de empresa, total o mayoritariamente, en manos de trabajadores no sólo puede sostenerse por sí mismo y tener éxito, sino que resulta, de hecho, ampliamente aplicable.


LONDRES - En Oxford Street se encuentra la principal zona de compras de Londres, un imán tanto para nativos como para turistas, donde minoristas británicos e internacionales ubican sus famosas tiendas. Uno de estos negocios se distingue del resto por un rasgo sorprendente: es propiedad de 63.000 personas.

John Lewis, cuya actividad comercial en el Reino Unido se inició hace casi 150 años, es la mayor empresa propiedad de trabajadores del Reino Unido, con 27 grandes almacenes y cerca de 170 supermercados. Los 63.000 trabajadores que componen la plantilla permanente reciben la denominación de "socios" y, conjuntamente, controlan en última instancia la actividad de la empresa. No hay accionistas externos; en realidad, todas las acciones de la compañía forman parte de un fideicomiso a beneficio de los empleados y creado especialmente al efecto.

John Lewis lleva operando como empresa en total copropiedad de los trabajadores desde 1950, cuando el hijo del fundador transfirió la propiedad de la sociedad al fideicomiso de empleados por un valor muy inferior al de mercado. Actualmente, en los estatutos de John Lewis se señala que el objeto último de la sociedad es "la felicidad de todos sus miembros, mediante la dotación de un empleo digno y satisfactorio en el desarrollo de una actividad empresarial de éxito". Los socios "comparten las responsabilidades de la propiedad, así como sus recompensas en forma de beneficios, conocimiento y poder".

The John Lewis Partnership, denominación oficial de la empresa, cuenta asimismo con mecanismos innovadores encaminados a fomentar la participación de los empleados en la actividad de la compañía. Paralelamente a las estructuras normales de gerencia existe un sistema separado de "órganos democráticos de partenariado"; concretamente uno por cada unidad operativa principal. El Consejo de Asociación del grupo representa a todos los socios, se encarga de designar a cinco trabajadores no ejecutivos como miembros del principal consejo de administración y tiene poder para destituir al presidente. En cuanto al funcionamiento diario de la empresa, el personal puede exigir de la dirección que dé respuestas a las críticas y comentarios anónimos que se formulan a través de la revista interna de la compañía.

Dar a los empleados un trozo del pastel

Aunque John Lewis Partnership es bien conocida en el Reino Unido por su estructura innovadora, ha sido contemplada con indiferencia como modelo relevante para otras actividades empresariales ya que fue creada originalmente por su antiguo propietario como iniciativa filantrópica. Sin embargo, un nuevo informe titulado Shared Company (Empresa Compartida), publicado por Job Ownership Ltd (JOL), asociación de empresas propiedad de empleados del Reino Unido, señala que esta forma de estructura de negocio resulta eficaz en términos empresariales, y su aplicabilidad general es superior a la que la mayoría sospecha. El informe cita estudios académicos del Reino Unido, Estados Unidos y Japón que, según afirma, demuestran que la propiedad y la participación de los empleados mejora la productividad y el rendimiento de la empresa. Para lograrlo lo que es necesario, según se señala en el informe, es una "cultura de la propiedad".

JOL se muestra especialmente interesada en promover la idea de que los empleados adquieran pequeñas empresas de propiedad privada cuyos dueños han considerado la opción de retirarse de la actividad, normalmente cuando llega el momento de su jubilación. Según subraya JOL, no se trata necesariamente de actos de filantropía. De hecho, vender una empresa a sus gestores y a su plantilla puede constituir la forma más ventajosa de enajenar capital garantizando simultáneamente su capacidad para seguir operando. Patrick Burns, director ejecutivo de JOL, señala que un elevado número de empresas fracasa por deficiencias en la sucesión cuando se jubila el anterior propietario. Critica a los asesores empresariales y a los contables por que no siempre comprenden que las adquisiciones por los empleados constituyen una posible alternativa a la compra por parte de los directivos o a su venta en el mercado libre.

Con todo, para que los supuestos beneficios de la propiedad por los empleados se materialicen, la empresa debe encontrarse realmente en manos de la plantilla. JOL deja claro que no se refiere a la práctica internacional habitual de recompensar al personal, y en especial a los altos directivos, con acciones de la compañía como incentivo dirigido a la dirección o a RRHH. Por el contrario, su interés se centra en las empresas propiedad de los empleados; en otras palabras, en compañías que se encuentran, total o mayoritariamente, en manos de su plantilla. La propiedad se concretará en tenencias de acciones individuales, colectivas (como en el caso de John Lewis), o en una combinación de ambas.

El aspecto crucial en opinión de David Erdal, director de Baxi Partnership, es un fondo de capitales para regímenes de copropiedad de los empleados. "El control es muy importante", asegura. "Si es inferior al 50%, entonces no es control." Añade que, en su opinión, las empresas, total o mayoritariamente, propiedad de empleados tienden a contar con una gobernanza corporativa más saludable. "En comparación con las sociedades propiedad de accionistas, en las que éstos suelen desconocer lo que sucede, los empleados conocen perfectamente quién actúa bien y quién no. Los consejeros han de jugar limpio", señala.

Las empresas propiedad de los empleados como John Lewis, en las que el capital social se mantiene en beneficio de la plantilla, no son equivalentes a las cooperativas de trabajadores, que suelen adoptar estructuras democráticas más rigurosas y se comprometen a atenerse a los siete principios establecidos en la Alianza Cooperativa Internacional. En cualquier caso, aún añadiendo las cooperativas, el número de empresas sujetas, en líneas generales, al control de los empleados sigue siendo relativamente limitado. Una dificultad radica en que estas empresas no siempre pueden acceder a toda la gama de capital en acciones que está a disposición de otras entidades y, por tanto, se ven obligadas a utilizar capital prestado o beneficios retenidos para financiar el crecimiento.

Todos para uno, y uno para todos

La cuestión de si debe animarse a los empleados a convertirse en copropietarios de su empresa y, en particular, si conviene alentarles a atender por sí mismos algunas de las necesidades de capital de una empresa, ha estado en la agenda de la UE, particularmente al abordar la estrategia de Lisboa sobre competitividad económica. Hace tres años, una comunicación de la Comisión Europea instaba a fomentar la participación financiera de los empleados en sus propias empresas como prioridad política dentro de los Estados miembros de la UE.

El llamamiento de la UE es de índole general y cubre multitud de situaciones, desde los mecanismos de copropiedad al estilo de JOL, a las corporaciones de carácter ordinario con regímenes de propiedad compartida. Quizá por esto, la cuestión de la participación financiera de los empleados puede ser controvertida. Algunos observadores señalan que puede resultar sumamente imprudente animar a los empleados a confiar en una sola empresa, no sólo en lo que respecta a su empleo y su pensión, sino también como lugar en el que invertir su dinero.

Como destaca el Dr. Antonio Fici de la Facultad de Derecho de la Universidad de Roma, los sindicatos también consideran normalmente con recelo los regímenes que animan a los trabajadores a invertir económicamente en sus empresas. "Temen que la participación directa de los empleados modificará el sistema de relaciones laborales, en términos de individualismo y de acciones de conflicto colectivo, lo que socavaría el papel protector que desempeñan estas organizaciones", señala. Sin embargo, el Dr. Fici, que ha estudiado la participación de los empleados, particularmente, en relación con las cooperativas y las empresas sociales, señala que es muy posible desarrollar formas de este tipo de participación que puedan ser admitidas por los interlocutores sociales. En su opinión, ayuda a apreciar la distinción el entre reparto de beneficios y las verdaderas formas de propiedad de los empleados. Ciertamente, JOL no percibe ninguna dificultad a este respecto. Como se señala en su informe Shared Company "no hay nada en la propiedad de los empleados que excluya una función sólida y positiva de los sindicatos".

Empresas propiedad de los trabajadores: hechos sucintos

Cómo crear una empresa:

  • Vendiendo acciones a los empleados.
  • Por medio de sistemas que permitan a los trabajadores adquirir o poseer acciones cuando se hayan alcanzado determinados objetivos o plazos marcados de antemano.
  • Mediante normas de gestión, como es el caso de las sociedades de responsabilidad limitada en las que todos los miembros cuentan con los mismos derechos de voto.

Posibles estructuras:

  • Sociedad de responsabilidad limitada
  • Sociedad industrial y de previsión* (IPS, en inglés)
  • Sociedad limitada (los socios sólo responden por la cantidad garantizada)
  • Partenariado
  • Cooperativa
  • Plan de transferencia de acciones a los trabajadores (ESOP, en inglés)

* N del T. Según la Iridis Enciclopedia, se entiende por "Industrial and provident society" (IPS), una forma de empresa que opera en el RU y que se utiliza para empresas sin capital en acciones como cooperativas, empresas sociales mutualidades, etc.

Principales ventajas:

  • Las nuevas empresas pueden obtener dinero en metálico vendiendo acciones a sus empleados.
  • La propiedad de los empleados ayuda a las empresas en crecimiento a contratar y retener a trabajadores clave.
  • Un aumento de la motivación de la plantilla propicia un mejor rendimiento.