Trabajo decente para el desarrollo de África: signos de esperanza

La mitad de la población africana, más de 300 millones de personas, vive en condiciones de extrema pobreza con el equivalente a 1 dólar de Estados Unidos al día o menos, lo que representa el mayor nivel de pobreza interregional y la más amplia brecha entre ricos y pobres en el mundo. Las estrategias para atenuar ese grado de pobreza y cerrar tal brecha mediante una agenda de desarrollo centrado en el fomento del empleo constituyen el objeto principal de debate en la 10ª Reunión Regional Africana, que se celebrará del 2 al 5 de diciembre en Addis Abeba. ¿Cuáles son los principales problemas que encara actualmente África y qué puede hacerse al respecto?


La mitad de la población africana, más de 300 millones de personas, vive en condiciones de extrema pobreza con el equivalente a 1 dólar de Estados Unidos al día o menos, lo que representa el mayor nivel de pobreza interregional y la más amplia brecha entre ricos y pobres en el mundo. Las estrategias para atenuar ese grado de pobreza y cerrar tal brecha mediante una agenda de desarrollo centrado en el fomento del empleo constituyen el objeto principal de debate en la 10ª Reunión Regional Africana, que se celebrará del 2 al 5 de diciembre en Addis Abeba. ¿Cuáles son los principales problemas que encara actualmente África y qué puede hacerse al respecto?

A pesar de todo, se aprecian signos de esperanza. Las naciones africanas comienzan a forjar un nuevo y dinámico proceso de desarrollo basado en sus propios esfuerzos colectivos. Los proyectos de ámbito local permiten avanzar en la mejora de destrezas, la proliferación de pequeñas empresas, la extensión de los regímenes de microseguro y microfinanciación, la erradicación del trabajo infantil y la eliminación de las desigualdades de género y otras formas de discriminación. La cifra de ratificaciones de los ocho Convenios fundamentales de la OIT es notablemente elevada. En lo que se refiere a la manufacturación, por ejemplo, se progresa en la lucha contra la discriminación que excluye a las mujeres de los lugares de trabajo.

“Los mandantes tripartitos de la OIT en África se reúnen en un momento en el que las naciones del continente crean instituciones que auguran la puesta en marcha de un proceso dinámico de desarrollo basado en su propio esfuerzo colectivo”, señala Juan Somavia, Director General de la OIT, en su informe “Trabajo Decente para el desarrollo de África” (Nota 1), elaborado para la reunión de Addis Abeba. “Debemos asegurarnos de dar pasos decisivos en la lucha de África por controlar su propio destino, por aprovechar el potencial de su gente y sus recursos naturales, y por salir de la trampa de una pobreza generalizada que la debilita”.

La puesta en marcha de la Unión Africana (UA) en 2002 y de la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (NEPAD) en 2001 son dos de las nuevas iniciativas dinámicas emprendidas. El informe de la OIT señala que la decisión que adoptaron los Jefes de Estado y de Gobierno de la UA en Maputo en julio, relativa a la convocatoria de una Cumbre Extraordinaria sobre Empleo y Alivio de la Pobreza en África para su celebración en Burkina Faso en 2004, se atiene a la promesa de vincular las nuevas iniciativas regionales a la experiencia diaria de las familias trabajadoras de África.

Los empleadores, sindicatos y ministros de trabajo y empleo africanos que se darán cita en Addis Abeba con ocasión de la 10ª Reunión Regional Africana de la OIT conocen mejor que nadie las dificultades que plantea la creación de oportunidades para que hombres y mujeres trabajen de manera productiva y se ganen dignamente la vida. ¿Cuál es la situación que encaran en la actualidad?

Informe del Director General Superar la pobreza mediante el trabajo como fundamento para la acción

El Informe del Director General “Superar la pobreza mediante el trabajo” se basa en tres pilares fundamentales:

• en primer lugar, los pobres no causan la pobreza. Ésta es resultado de deficiencias estructurales e ineficiencias de los sistemas económicos y sociales. Es el producto de respuestas políticas inadecuadas, la quiebra de la imaginación en la formulación de políticas y un apoyo internacional insuficiente;

• en segundo lugar, la pobreza resulta cara. Dificulta el crecimiento, alimenta la inestabilidad e impide a los países pobres avanzar por el camino hacia el desarrollo sostenible;

• en tercer lugar, existe otra cara de la pobreza. Los pobres que viven en condiciones de privación material se sirven de enormes reservas de valor, ingenio, perseverancia y apoyo mutuo para mantenerse en el camino de la supervivencia. Los pobres, sólo con enfrentarse a la pobreza, demuestran la resistencia y la creatividad del espíritu humano. En muchos sentidos, los pobres que trabajan son los mayores emprendedores.

La erradicación de la pobreza constituye el mayor reto social que afrontamos actualmente, pero también la mayor oportunidad económica. Empleadores, trabajadores, ministros de trabajo y líderes de la comunidad conocen mejor que nadie las dificultades que plantea la creación de oportunidades para que hombres y mujeres trabajen de manera productiva y se ganen la vida dignamente.

Extraído de Superar la pobreza mediante el trabajo , Informe del Director General, Conferencia Internacional del Trabajo, 91ª Sesión, 2003, Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra, ISBN 92-2-112870-9.

El rostro actual de la pobreza en África

Al contrario que en otras regiones del mundo, el nivel de pobreza en África es elevado y sigue aumentando. En todo momento, cerca de la mitad de la población de la región, unos 300 millones de personas, vive en condiciones de extrema pobreza, con 1 dólar o menos al día. El porcentaje de pobres en el África subsahariana casi duplica la media mundial del 24%. (En el norte de África, un 2,8% de la población, en torno a seis millones de personas, vive por debajo del umbral de pobreza de 1 dólar al día o menos.)

El desempleo en el sector estructurado aumenta: pasó del 13,7% en 2000, al 14,4% en 2002. Durante un prolongado período, dicho sector ha sido incapaz de crear empleo duradero y sostenible, y esta dificultad se agravará enormemente, ya que, de acuerdo con las previsiones existentes, la población activa regional, que actualmente representa un 34% de la población total, se duplicará en un lapso de 25 años. Por si fuera poco, el África subsahariana es la segunda región del mundo en cuanto al ritmo de crecimiento de la población activa (2,6% medio anual). Estos factores llevan a plantearse cuestiones relativas a la seguridad en los empleos de baja remuneración, las condiciones de trabajo deficientes y otros motivos de inquietud afines.

El informe subraya que “el desempleo es un problema grave en la mayoría de los países africanos. No obstante, la elevada incidencia del subempleo, caracterizado por una baja productividad y unos ingresos inadecuados, resulta tanto o más preocupante. La pobreza en la mayoría de las comunidades africanas es menos el resultado del desempleo que de la incapacidad de trabajar para obtener un salario decente. Así ocurre especialmente en el caso de la economía no estructurada, el sector agrario y las economías rurales”.

En el informe se advierte asimismo de que no debe pasarse por alto la concentración de actividad productiva en las áreas rurales, y de que las iniciativas relativas al empleo y el mercado de trabajo de base rural pueden quedar olvidadas en la urgencia por concentrarse únicamente en las actividades desarrolladas en ciudades.

La pobreza rural es especialmente aguda entre las mujeres y las niñas, muchas de las cuales trabajan en el sector agrario. A pesar de los datos que indican que el porcentaje de mujeres en la población activa del África subsahariana es notable (en realidad, superior a la media internacional), aquéllas suelen verse atrapadas en las ocupaciones de menor retribución, menos cualificación y condiciones más precarias. Además, pese a los incrementos en el porcentaje de empleo asalariado de la mujer en el sector no agrario en el África subsahariana, que pasó del 18,9% en 1990, al 28,6% en 2001 (las tasas son inferiores en el norte de África), la discriminación de genero, profundamente arraigada en la región, sigue constituyendo un notable obstáculo al crecimiento y el desarrollo. Hasta fecha reciente, las tasas de participación de los hombres en el conjunto de la región superaban el 80%.

El desempleo juvenil constituye otra importante fuente de preocupación. Su nivel es muy elevado, y representa casi el 80% del desempleo total en algunos países, mientras que el porcentaje de mujeres entre los jóvenes desempleados es superior en la totalidad de los casos. En aquellos países donde se dispone de datos, se estima que sólo del 5 al 10% de los recién incorporados al mercado de trabajo pueden ser integrados por la economía estructurada, y que la mayor parte de los nuevos puestos de trabajo será generada por el sector no estructurado. En total, en torno al 55% de la población africana tiene menos de 18 años de edad.

Uno de los retos más graves con que se enfrentan actualmente los responsables de la formulación de políticas en África es la epidemia del VIH/SIDA. En algunos países, la participación global en la fuerza de trabajo muestra drásticos descensos. En Sudáfrica, la tasa de participación masculina en la fuerza de trabajo pasó del 79,1% en 1995, al 57,7% en 1999, mientras que en Lesotho, disminuyó del 85,2% en 1995, al 69,2% en 1997; y en Botswana, del 83,5% en 1995, al 60,1% en 1999.

En busca de soluciones

A fin de reducir a la mitad el nivel de pobreza hacia 2015, conforme se expone en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de las Naciones Unidas, las economías africanas deberán crecer al 7% anual, casi el doble de la tasa actual. De acuerdo con la Comisión Económica para África (CEPA) de las Naciones Unidas, los niveles de crecimiento se recuperaron del pasado ejercicio a éste, pasando de un 3,2% en 2002, a un 4,2% en 2003. No obstante, excepto en un puñado de países, resultará muy difícil reducir el desempleo declarado, el subempleo y la pobreza si las perspectivas de crecimiento no mejoran enormemente.

“Aunque la pobreza ofrece numerosas facetas, la falta de acceso a una fuente de ingresos es uno de los principales determinantes de su presencia en los hogares y de la desigualdad”, afirma el informe de la OIT, en el que se añade que millones de africanos se ven atrapados en una “trampa de la pobreza doméstica” que les obliga a dedicar hasta el 70% de sus rentas a la “seguridad en la consecución de medios de vida”, es decir, a la obtención de alimento.

En respuesta a esta situación, recientes acciones políticas, como la creación de la UA y la NEPAD, junto con otras iniciativas globales, han allanado el camino para una reorientación de las estrategias de desarrollo, en las que se otorga prioridad al empleo productivo y el trabajo decente.

El informe de la OIT señala que “debemos continuar juntos recabando apoyos a nuestra premisa básica de que el trabajo decente constituye la vía principal de salida de la pobreza”. “En el transcurso del próximo año, la OIT y sus mandantes tripartitos tienen la oportunidad de contribuir a configurar la Cumbre Extraordinaria de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Africana sobre empleo y atenuación de la pobreza en África.

El informe de la OIT para la reunión que “los interlocutores sociales y los gobiernos africanos deben hacer del empleo una prioridad en la agenda del desarrollo”. “En la lucha contra la pobreza, han de asumir un compromiso a largo plazo con la adopción de iniciativas comunes a todos los niveles, con vistas a un continuo incremento de la productividad. Deben sentarse los fundamentos de un planteamiento basado en el trabajo decente respecto a las estrategias de atenuación de la pobreza, y esta tarea es urgente. Entre las prioridades figuran la empleabilidad, el espíritu empresarial, la igualdad de oportunidades y la generación de empleo, y la mejor forma de materializar éstas es la consulta participativa sobre formulación de políticas de desarrollo de ámbito nacional.”

El informe de la OIT afirma que el avance en de cuatro objetivos esenciales brindará una vía de escape del ciclo de la pobreza al:

•  Acabar con la discriminación y la exclusión social que margina a millones de familias africanas y paraliza el desarrollo económico.

•  Elevar la productividad y la capacidad de generación de ingresos del trabajo en las explotaciones agrarias y las pequeñas empresas, que constituye el núcleo del sistema de producción en África.

•  Aunar esfuerzos a fin de obtener un mejor trato para el continente en el ámbito del comercio mundial y el sistema financiero.

•  Reforzar los mecanismos del diálogo social, la representación y la asunción de responsabilidad en el lugar de trabajo, a escala nacional y en las nuevas estructuras emergentes de cooperación para el desarrollo regional.

"El empleo ocupa un lugar esencial en el mandato de la OIT”, señala el Sr. Somavia. “En todas las economías, el mercado de trabajo sigue siendo la vía de acceso esencial para acumular ingresos. El empleo basado en la consecución de más y mejores puestos de trabajo, es decir, trabajo decente, debe constituir una parte integral de toda estrategia de desarrollo concebida para África."

Diálogo social en el desarrollo africano

Reforzar el diálogo social es un objetivo estratégico de la OIT y contribuye a la formulación, ejecución, seguimiento y ajuste de políticas relacionadas con el mundo del trabajo, incluidas las que atañen al empleo para el desarrollo. El diálogo social potencia la capacidad de los países para elegir su propio camino de acceso al crecimiento y el desarrollo. Varios gobiernos han determinado que el diálogo social con las organizaciones de empleadores y los sindicatos puede facilitar la consecución de una convergencia de expectativas respecto a la evolución económica. A continuación se refieren dos ejemplos de programas de diálogo social en África.

Desde 1995, la OIT colabora con sus mandantes de Sudáfrica para facilitar el acceso a la justicia de cientos de miles de trabajadores ordinarios, históricamente privados de medios de reparación eficaces y equitativos respecto a las injusticias sufridas en el lugar de trabajo. En el período inmediatamente posterior al final del apartheid, esta colaboración contribuyó a garantizar que las ventajas de la democracia se tradujeran en la disposición de lugares de trabajo más justos y en la creación de un entorno estable para el desarrollo de las relaciones laborales.

La OIT ayudó a la constitución de la Comisión de Conciliación, Mediación y Arbitraje (CCMA) de Sudáfrica como institución independiente dedicada a la resolución de conflictos. Aparte de la repercusión en las vidas de las personas que se beneficiaron directamente de estos servicios (especialmente, trabajadores del servicio doméstico, explotaciones agrarias y otros empleados en puestos eventuales), el establecimiento de un sistema de resolución de conflictos, que contó con la confianza tanto del ámbito empresarial, como de los medios sindicales, contribuyó al arraigo de la gobernanza democrática y a la promoción de la estabilidad social, económica y política en la nueva Sudáfrica.

La OIT, en colaboración con los representantes del gobierno, de los empresarios y de los trabajadores en Sudáfrica, estableció las estructuras institucionales (Sede Principal en Johannesburgo y oficinas en cada una de las nueve provincias del país), formó a más de 100 conciliadores y árbitros a tiempo completo, y a otros 300 a tiempo parcial, desarrolló un sistema electrónico de gestión de casos y se ocupa de más de 120.000 de ellos al año. Por ejemplo, la incidencia de las huelgas en los salarios se redujo en más de un 60% en su primer año de funcionamiento.

La CCMA de Sudáfrica constituye actualmente un modelo para la creación de instituciones similares dedicadas a la resolución de conflictos en otros siete países de la región (Namibia, Botswana, Swazilandia, Lesotho, Mozambique, Angola y Zimbabwe). Asimismo, la OIT se sirve de su experiencia en Sudáfrica para colaborar con los interlocutores sociales de estos países en el desarrollo de las capacidades, los conocimientos prácticos y teóricos especializados y las destrezas requeridos para gestionar conflictos relativos al mercado de trabajo y potenciar las perspectivas de paz y estabilidad.

El Programa regional de promoción del diálogo social en países africanos de habla francesa (PRODIAF) se puso en marcha en 1998, y es financiado por los Gobiernos de Bélgica y Francia. Ayuda a un nutrido grupo de países francófonos a reforzar sus estructuras de cooperación tripartita en los ámbitos nacional y subregional, lo que hace posible que el gobierno y sus interlocutores sociales evalúen los sistemas de diálogo social y cooperación tripartita, y propicia la ejecución de mejoras, cambios y ajustes cuando éstos se consideran necesarios.

PRODIAF se ocupa asimismo de los aspectos institucionales y organizativos de los mecanismos de consulta y negociación tripartita, reforzando las actividades de investigación y creando una red de profesionales y expertos africanos especializados en diálogo social.

Entre 1998 y 2003, PRODIAF colaboró con 22 países africanos en la realización de más de 80 misiones exploratorias, estudios nacionales sobre diálogo social y cooperación tripartita, y talleres de sensibilización y fortalecimiento de capacidades. El interés manifestado por importantes donantes, como la Unión Europea en el contexto de los Acuerdos de Cotonou entre los países ACP y la UE, constituye un buen augurio para el programa.

Género y pobreza: encontrar una salida

Hoy en día, la pobreza sigue siendo especialmente acusada para las mujeres y las niñas africanas, muchas de las cuáles trabajan en la agricultura o las áreas rurales. A pesar de que el porcentaje de mujeres en la población activa del África subsahariana es notable (en realidad, superior a la media internacional), aquéllas suelen verse atrapadas en las ocupaciones de menor retribución, menos cualificación y condiciones más precarias. Además, la discriminación por razones de género continúa representando un impedimento profundamente arraigado para el crecimiento y el desarrollo. Aunque el porcentaje de empleo asalariado de las mujeres en el sector no agrario en el África subsahariana pasó del 18,9% en 1990, al 28,6% en 2001, las tasas de participación masculina en el conjunto de la región superaban hasta fecha reciente el 80%.

A escala mundial, las mujeres han experimentado un enorme avance en el mercado de trabajo, y actualmente representan la mitad de la población activa en algunos países. Sin embargo, los mercados de trabajo siguen caracterizándose por una notable segregación, y un elevadísimo número de mujeres se ven constreñidas en puestos de trabajo que pocos hombres asumirían debido a su bajo rango y precariedad. Incluso en el caso de puestos similares, las mujeres suelen ganar del 20 al 30% menos que los hombres.

¿Existen soluciones? Se ha demostrado que la promoción de más y mejores puestos de trabajo para las mujeres resulta esencial en la lucha contra la pobreza. El informe “Trabajo decente para el desarrollo de África”, argumenta que la aparición y pujanza de pequeñas empresas genera cada vez más oportunidades de empleo significativas y sostenibles, en especial para las mujeres. La creación de instituciones de microfinanciación (IMF) propicia asimismo un acceso muy necesario al crédito y el ahorro al margen de los sistemas bancarios tradicionales.

Una de las iniciativas emprendidas en esta dirección es la constituida por el Programa de Asistencia a las Cooperativas y Sociedades de Crédito y Ahorro (PASMEC), llevado a cabo conjuntamente por la OIT y el Banco Central de los Estados de África Occidental (BCEAO), que comprende la ejecución de proyectos en el ámbito comunitario como la constitución de bancos locales y grupos de ahorro de mujeres. En la memoria de Juan Somavia, Director General de la OIT, titulada “Superar la pobreza mediante el trabajo”, se afirma que, actualmente, la microfinanciación constituye un “macronegocio” en Benin, Burkina Faso, Côte d’Ivoire, Malí, Níger, Senegal y Togo, con más de 300 IMF que prestan sus servicios a 4,2 millones de afiliados, lo que equivale a uno de cada cinco hogares en la región.

El Programa InFocus sobre Intensificación del Empleo mediante el Desarrollo de Pequeñas Empresas (IFP/SEED) de la OIT, y su equipo de colaboradores con el Desarrollo de la iniciativa empresarial de la mujer y las cuestiones de género en las empresas (WEDGE), trabajan además con diversas empresarias, contribuyendo a reforzar su confianza y a promover la igualdad de género en todos los ámbitos, desde las ciudades a las aldeas. En palabras de una mujer que produce y comercializa jabón, “mientras otras participantes en ferias comerciales optan por fotografiarse junto a hombres influyentes, yo vendo mis jabones y entrego las tarjetas de presentación de mi empresa a sus mujeres”.

YEN: una cuestión de juventud

En torno al 55% de la población africana es menor de 18 años de edad, y estos jóvenes sufren con especial dureza los efectos del desempleo y la pobreza. En África, un 60% de la cifra total de desempleados son jóvenes y, entre éstos, el porcentaje de mujeres sin trabajo es superior en la totalidad de los países. La OIT estima que sólo del 5 al 10% de los recién incorporados al mercado de trabajo puede ser integrado por la economía estructurada, y que la mayor parte de los nuevos puestos de trabajo será generada por el sector no estructurado. Como resultado de estas tendencias, la “fuga de cerebros” de jóvenes formados y altamente cualificados procedentes del África subsahariana y septentrional, agravada por la migración del sur al norte de mano de obra joven, privan a África de su capital humano y de una esperanza de futuro.

La energía, aspiraciones y capacidad de innovación de los jóvenes son activos cuyo despilfarro una sociedad no puede permitirse. Un desempleo juvenil continuo genera costes elevados para el desarrollo económico y social, perpetúa el ciclo intergeneracional de pobreza y se asocia a niveles elevados de delincuencia, violencia, crisis, abuso de sustancias y extensión del extremismo político.

La OIT, en el contexto de su desempeño en la Red de Empleo de los Jóvenes (YEN), junto con Naciones Unidas y el Banco Mundial, concibe el empleo juvenil como una ruta integral hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Teniendo en cuenta la abundancia de jóvenes en la población africana actual, la creación de puestos de trabajo para este colectivo resulta esencial para abordar una agenda de mayor alcance en materia de empleo y lucha contra la pobreza.

La OIT y sus socios en la YEN, entre los que se encuentran interlocutores sociales y organizaciones de jóvenes, trabajan para brindar soluciones innovadoras respecto a la formulación de políticas que ayuden a los países a elaborar planes nacionales de acción en materia de empleo juvenil, como se solicita en la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la promoción del empleo juvenil.

Egipto, Namibia y Senegal han dado un paso adelante como “países líderes ( Nota 2)” de la YEN en África, y muchas otras naciones africanas han expresado su interés en la asistencia de la OIT en materia de empleo juvenil.

Senegal ha iniciado la puesta en práctica de la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre promoción del empleo juvenil, que fue adoptada por 106 copatrocinadores en diciembre de 2002. En Egipto, la OIT asiste al gobierno en el desarrollo de su Programa Nacional de Empleo Juvenil prestando apoyo y conocimientos técnicos especializados en materia de formulación de políticas de empleo juvenil. El gobierno de Kenya ha creado una mesa redonda sobre empleo juvenil en la que participan diversos interlocutores, como ministerios, representantes de los trabajadores y de los empleadores y colectivos de la sociedad civil, entre los que figuran organizaciones de jóvenes. La mesa redonda trabaja con el fin de armonizar las políticas nacionales de empleo juvenil mediante la revisión de los programas existentes y la movilización de recursos y apoyos para los programas de fomento del espíritu empresarial dirigidos a hombres y mujeres jóvenes.

La sesión plenaria sobre Trabajo Decente para la Juventud que se celebrará en la 10ª Reunión Regional Africana debatirá el papel que pueden desempeñar los interlocutores sociales de la OIT en la ampliación de las actividades de la YEN en el continente. El empleo juvenil se analizará en el marco general del Programa Global de Empleo de la OIT, brindando un foro para el reconocimiento al más alto nivel político de la importancia de abordar el empleo juvenil en África, antes de la Cumbre Extraordinaria de la Unión Africana sobre empleo y atenuación de la pobreza en África, que tendrá lugar en Ouagadougou en 2004.

Seguridad social: lanzamiento de una campaña en África

La Campaña Mundial en materia de Seguridad Social y Cobertura para Todos se presentará a los ministros y representantes de trabajadores y empleadores africanos en la 10ª Reunión Regional Africana, del 2 al 5 de diciembre de 2003, en Addis Abeba, Etiopía.

La extensión de la cobertura de la seguridad social en un continente en el que en torno al 90% de la población activa trabaja en el sector no estructurado representa un enorme desafío en el ámbito de la lucha contra la pobreza. En muchos países del África subsahariana, menos del 10% de los trabajadores cuenta con algún tipo de cobertura. Al mismo tiempo, el VIH/SIDA pone en peligro la viabilidad financiera de sistemas de seguridad social frágiles de antemano.

La experiencia acumulada sobre el terreno demuestra que la situación puede mejorarse. Túnez elevó la cobertura sanitaria y de pensiones, pasando del 60% en 1989 al 84% registrado diez años más tarde. El sistema estatal de pensiones de vejez de Sudáfrica, financiado mediante impuestos, cubre a 1,9 millones de beneficiarios, lo que representa en torno al 85% de la población con derecho a optar a estas prestaciones, y ha reducido así la brecha de la pobreza en el caso de los pensionistas en un 94%. En cuanto a África occidental, los regímenes de microseguro de enfermedad arraigados en movimientos de autoayuda o cooperativos permiten acceder a un número cada vez mayor de personas a una cobertura básica en materia de asistencia sanitaria.

Bajo los auspicios de la campaña, la OIT procurará colaborar con gobiernos e interlocutores sociales de la Organización, con el fin de definir planes de acción nacionales, sostener iniciativas locales de ampliación de cobertura, compartir buenas prácticas y elevar la prioridad otorgada a la extensión de la seguridad social en la agenda del desarrollo para África.


Nota 1: "Decent work for Africa's development", décima Reunión Regional Africana, Addis Abeba, diciembre de 2003; Informe del Director General, ISBN 92-2-114841-6. Para obtener una copia completa del informe, véase www.ilo.org, o póngase en contacto con el Departamento de Comunicación de la OIT.

Nota 2: Junto con Brasil, Sri Lanka, Indonesia, Hungría y Azerbaijan, estas naciones africanas lideran la preparación de Planes Nacionales de Acción sobre empleo juvenil.