El uso de las nuevas tecnologías ha renovado el interés y ampliado las posibilidades de la educación a distancia. La formación profesional no está ajena a ello, pero todavía hay muchas dudas sobre cuáles son sus potencialidades y límites, qué oportunidades y riesgos plantea.
¿En qué casos sirve y en cuáles no? ¿A qué tipo de estudiantes y a qué tipo de necesidades educativas responde mejor?
¿Es una herramienta democratizadora o, por el contrario, la brecha digital deja a mucha gente afuera?
¿Todo tiene que ser a distancia o conviene combinar modalidades de trabajo?
¿Educación a distancia significa estudiantes solitarios frente a la pantalla o es posible trabajar en grupos?
¿El uso de ciertas tecnologías condiciona las opciones pedagógicas o es al revés?
¿Qué equipos humanos hay que conformar para elaborar los cursos?
¿Cómo es el proceso de desarrollo de un curso?
¿Cuánto tiempo lleva y cuánto cuesta?
¿Es conveniente tercerizar todas o algunas de las tareas?
¿Qué diferencia hay entre un docente y un tutor?
¿Un tutor puede ser también autor de los materiales?
¿Cómo no marearse en el laberinto de las tecnologías digitales, que se renuevan y multiplican continuamente?
¿Qué están haciendo algunas de las principales instituciones de formación profesional en este terreno?
Estas son algunas de las preguntas a las que este libro intenta responder. En muchos casos no hay respuestas únicas. Y en muchos otros se proponen nuevas preguntas que pueden ayudar a revisar y pensar con mayor claridad las prácticas educativas.


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