Agricultura; plantaciones, otros sectores rurales

Con una mano de obra de más de mil millones de personas, la agricultura es el segundo sector que proporciona más empleo después del sector servicios. También es el sector en que más mujeres trabajan en muchos países, fundamentalmente en África y Asia.

En 2009, representaba el 35 por ciento del total de empleos a nivel mundial. Entre 1999 y 2008, este porcentaje mantuvo su tendencia a la baja. Siguió siendo elevado en el África Subsahariana, donde pasó tan sólo del 62,4 por ciento al 59 por ciento, y en el Asia Sudoriental y en el Pacífico, donde se redujo del 49,3 por ciento al 44,3 por ciento, mientras que en América Latina pasó del 21,5 al 16,3, y alcanzó niveles mínimos en las economías desarrolladas, donde cayó del 5,6 al 3,7 por ciento.

La agricultura es uno de los tres sectores más peligrosos en el mundo (los otros dos son la minería y la construcción). En varios países, la tasa de accidentes mortales en la agricultura duplica el promedio de todos los demás sectores. De los aproximadamente 335.000 accidentes mortales que se producen en el lugar de trabajo en todo el mundo, unos 170.000 los sufren los trabajadores agrícolas. Además, el trabajo peligroso es una de las peores formas de trabajo infantil que afecta de manera importante a más de la mitad (el 53 por ciento) de los 215 millones de niños que se ven obligados a trabajar en todo el mundo.

El sector agrícola es el pilar de muchas economías ya que garantiza la seguridad alimentaria, los ingresos de exportación y el desarrollo rural. Sin embargo, la combinación de varios factores está provocando una ralentización en la producción agrícola. Sobre todo en los países en desarrollo existen grandes obstáculos que requieren una atención urgente, como la amplia falta de reconocimiento de la importancia de la mujer en la agricultura, la escasez de aptitudes, la insuficiencia de las normas del trabajo, los salarios bajos, las condiciones de trabajo peligrosas, la incapacidad para gestionar el riesgo y superar las crisis de ingresos y las subidas de precios, el carácter no remunerado del trabajo familiar, el trabajo infantil y la falta de representatividad y diálogo social.