Decimocuarta Reunión Regional Asiática, Busan, República de Corea (29 de agosto - 1° de septiembre) Los trabajadores de Asia en movimiento
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Decimocuarta Reunión Regional Asiática, Busan, República de Corea (29 de agosto - 1° de septiembre) Los trabajadores de Asia en movimiento

En los últimos años, casi tres millones de trabajadores en Asia han dejado sus hogares cada año para trabajar en el extranjero, según un informe presentado recientemente en la Reunión Regional Asiática de la OIT. Aunque la creciente movilidad ha beneficiado tanto a los países de emigración e inmigración como a los propios trabajadores migrantes, la migración también plantea retos enormes a los Estados de la región, muchos de los cuales todavía deben elaborar políticas y programas que regulen los movimientos transfronterizos, protejan los derechos básicos de los migrantes, incluidos los que se encuentran en situación irregular, y se ajusten a los choques externos que la globalización de los mercados laborales a menudo trae consigo.

Artículo | 25 de agosto de 2006

BANGKOK (OIT en línea) - En Asia se está produciendo una de las mayores migraciones por trabajo de la historia.

Según un nuevo informe, aproximadamente tres millones de personas dejan sus hogares en la región cada año para buscar empleo. En los dos últimos decenios, la emigración laboral bruta aumentó en un por ciento anual en la región de Asia y el Pacífico.

Otra nueva tendencia es que la propia región esta absorbiendo una proporción creciente de esos trabajadores. Entre 1995 y 2000, se calcula que entre 2,6 y 2,9 millones de trabajadores migrantes asiáticos (tanto registrados como indocumentados) dejaron sus hogares para trabajar fuera, y que un 40 por ciento de ellos se desplazó a otros países de Asia y el Pacífico. En Singapur, los migrantes constituyen ahora el 28 por ciento de la fuerza laboral, mientras que en Malasia se estima que representan el 12 por ciento.

Ibrahim Awad, Director del Programa de Migraciones Internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), explica que se trata de un cambio importante en comparación con los decenios de 1970 y 1980, cuando más del 90 por ciento de los migrantes encontraba trabajo fuera de la región. En esos decenios, los estados del Golfo y Europa eran los destinos principales.

Las actuales políticas de admisión de trabajadores siguen brindando más oportunidades para aquellos que estén dispuestos a aceptar los empleos que los trabajadores del país dejan vacantes, ya sea en los hogares, las granjas o las fábricas. No obstante, en algunas de las economías más avanzadas de la región la necesidad de competir con una demanda mundial de trabajadores altamente calificados está derribando las barreras que hasta entonces habían restringido el acceso a los trabajadores extranjeros. En toda la región aumenta cada vez más la movilidad de los profesionales. El Japón se ha abierto un poco más a los ingenieros informáticos y las enfermeras de origen extranjero. Singapur está concediendo más permisos de residencia permanente a académicos, administradores y biotecnólogos. En el futuro, se espera que China también se convierta en uno de los principales competidores en la búsqueda de administradores y científicos extranjeros altamente capacitados.

La feminización de la migración laboral

La tendencia global hacia la feminización de la migración laboral se hace más evidente en Asia. Las trabajadoras migrantes de las Filipinas, Indonesia y Sri Lanka representan entre el 60 y el 80 por ciento de todos los migrantes. Las mujeres de Asia Meridional se están desplazando cada vez más para trabajar; aunque la mayoría sigue dirigiéndose al Oriente Medio, ahora empiezan a viajar también a Malasia, Hong Kong (China), Mauricio y las Maldivas.

Las trabajadoras migrantes siguen concentrándose en un número muy limitado de ocupaciones tradicionalmente asociadas con su género, a saber, el trabajo doméstico y la industria del "ocio", en las que predominan las mujeres. Aunque este trabajo no tiene por que realizarse en condiciones de explotación, las circunstancias de los propios empleos crean a menudo un alto grado de vulnerabilidad ante el abuso y la explotación.

Para poder cosechar todos los frutos de la migración laboral se necesita gestionar adecuadamente tres elementos de la migración - la contratación, las remesas y el retorno. A falta de una buena gestión de la contratación, la migración puede dar lugar a fraude, abusos por trata de personas y disparidad entre calificaciones y empleos. Las remesas han permitido a las familias de los trabajadores migrantes disfrutar de niveles de vida más altos, y de mejor educación y salud para los niños, pero los sistemas ineficaces de transferencia de sus ahorros perjudican en sumo grado a los trabajadores migrantes. El retorno de los migrantes a sus países de origen ofrece ventajas posibles en cuanto a la transferencia de tecnología, pero esas oportunidades pueden perderse si los migrantes que regresan no encuentran trabajo.

Las remesas de los trabajadores a los países de la región han sido superiores a la asistencia oficial para el desarrollo y ya representan una fuente estable de financiación del desarrollo. Se calcula que en 2003 los ingresos combinados en concepto de remesas enviadas por los migrantes asiáticos se elevaron a más de 40.000 millones de dólares de los Estados Unidos. En 2004, Filipinas recibió remesas del orden de los 8.000 millones de dólares, y en la India se registró un flujo masivo de remesas por valor de 23.000 millones de dólares. En el estado indio rural de Kerala, la repercusión que tienen tales remesas en la reducción de la pobreza ya es evidente; por ejemplo, donde hay perspectivas de inversión favorables, las remesas han estimulado un crecimiento económico más rápido y el desarrollo en general.

A pesar de estas ventajas económicas, existe la preocupación de que estas remesas puedan dar lugar al llamado "mal holandés", esto es, que provoquen una apreciación de la moneda nacional, con lo cual las exportaciones de materia prima del país resultarían menos competitivas, o bien que las reformas económicas más duras se aplacen ante las expectativas que pueden suponer las remesas como "balón de oxígeno para la economía".

El Sr. Awad explica que la protección de los derechos de los trabajadores migrantes y las garantías de unas condiciones de trabajo justas en los países receptores son preocupaciones importantes, y que el gran número de trabajadores migrantes en situación irregular muestra otro aspecto del inmenso reto que supone la regulación de la migración.

Otra preocupación es la llamada "fuga de cerebros". Entre 1990 y 1999, los doctores en ciencias e ingeniería extranjeros que prefirieron quedarse en los Estados Unidos una vez finalizados sus estudios procedían en un 87 por ciento de China, en un 82 por ciento de la India y en un 39 por ciento de la República de Corea.

No obstante, habida cuenta de que los mismos empleadores asiáticos invierten más en el extranjero y de que sus empresas son cada vez más multinacionales, esta "fuga de cerebros" ya no es una vía de sentido único. Los asiáticos están adquiriendo experiencia en el extranjero y luego regresan a la región con su bagaje de conocimientos, ya sea como resultado de "traslados internos" de multinacionales o para incorporarse a la cada vez mayor gama de empresas asiáticas que necesitan las calificaciones más innovadoras.

Todos los datos indican que la migración laboral en Asia no sólo continuará, sino que aumentará en los próximos años, provocada por una mezcla de tendencias demográficas y de pautas de desarrollo social y económico desiguales.

Para el Sr. Awad, todo esto plantea inmensos retos y excitantes oportunidades para todos los países en cuestión. Concluye que, dependiendo de lo bien que se gestione la migración, la creciente movilidad de los recursos humanos de la región, tanto calificados como no, puede convertirse en una fuente única de ventaja comparativa en el entorno global cada vez más competitivo en el que vivimos.


Nota 1 Labour and Social Trends in Asia and the Pacific: Progress towards Decent Work, Oficina internacional del Trabajo, Bangkok, 2006.

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