El Director General de la OIT pideuna «solidaridad renovada»
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El Director General de la OIT pideuna «solidaridad renovada»

GINEBRA (Noticias de la OIT) - En un discurso pronunciado en la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas celebrada hoy en Ginebra, Juan Somavia, Director General de la OIT, ha dicho a los delegados que «los beneficios de la economía mundializada no han llegado aún a una parte suficiente de la población».

Comunicado de prensa | 26 de junio de 2000

GINEBRA (Noticias de la OIT) - En un discurso pronunciado en la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas celebrada hoy en Ginebra, Juan Somavia, Director General de la OIT, ha dicho a los delegados que «los beneficios de la economía mundializada no han llegado aún a una parte suficiente de la población».

Alertó sobre una «creciente brecha entre las palabras y los hechos, porque quienes tienen el poder de cambiar las políticas no han actuado así» en los cinco años transcurridos desde que se celebró en Copenhague, en 1995, la primera Cumbre Mundial de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Social.

A propósito de los resultados obtenidos desde Copenhague, Somavia opinó que «básicamente, las ideas de la Cumbre Social han impregnado las conversaciones sobre políticas, han tenido alguna influencia a la hora de elaborar esas políticas y escasísimo efecto en su puesta en práctica».

Dijo también que, a partir de la Cumbre de Copenhague, «se reconoce hoy ampliamente que la economía mundializada debe tener un pilar social, y que la erradicación de la pobreza se ha convertido en un legítimo objetivo político». Añadió que «en los debates de política internacional y nacional incluidos en las instituciones de Bretton Woods, se acepta hoy generalmente el papel crítico de la política social, y las cuestiones de género están adquiriendo mayor relieve».

Pero este consenso aún tiene que traducirse en acciones concretas: «La pobreza», siguió diciendo Somavia, «ha aumentado en cifras absolutas. Europa Central y Oriental continúan sufriendo; el desempleo en América Latina ha alcanzado cotas históricas; Asia Oriental ha sufrido un gran trauma social; y África sigue estando excluida en gran parte de los beneficios de la mundialización.» Para muchos pueblos repartidos por todo el mundo, «son hoy mayores la desigualdad y la inseguridad», afirmó, reconociendo empero que «el sentido de responsabilidad personal, la mentalidad emprendedora y las adecuadas medidas tomadas por algunos gobiernos han dado como fruto algunos éxitos anecdóticos».

Para contrarrestar las tendencias negativas, Somavia insistió en que «necesitamos reafirmar la solidaridad; necesitamos restablecer el sentimiento básico de un propósito común y una seguridad para todos: individuos, familias, comunidades y países». Y afirmó que «el factor determinante a la hora de elaborar políticas económicas debe ser el de su impacto real sobre las personas».

Instando al sector privado a asumir progresivamente sus responsabilidades sociales, Somavia señaló que «en último término, la empresa debe ser responsable ante quienes han invertido en ella y ante la comunidad». Y aunque los gobiernos tienen hoy a menudo menores recursos y son menos partidarios de intervenir en las decisiones económicas, Somavia insistió en que «el Estado debe cumplir su función de garantizar un equilibrio entre la fuerza del mercado y las necesidades de la sociedad. Sí a una economía de mercado; no a una sociedad de mercado.» Añadió que «hemos de mundializar el progreso social».

Afirmó asimismo que «las políticas económicas neoliberales que subyacen en la actual economía globalizada han fracasado en procurar lo que la gente necesita: un sentimiento básico de seguridad».

La actual Sesión de la Asamblea General trabaja con el objetivo de adelantar la agenda del desarrollo social mundial que se fijó en la Cumbre de Copenhague, de la que Juan Somavia fue Secretario General. Aquella reunión, observó Somavia, «concluyó que el empleo es el medio para vencer la pobreza y la exclusión», y elogió a los delegados participantes en la conferencia de seguimiento por haber alcanzado el acuerdo de exigir «una estrategia internacional sobre el empleo coherente y coordinada».

Señaló que la OIT había expresado este mismo objetivo en los términos de un « trabajo decente». «Un trabajo decente es aquel al que aspiran los individuos. No es una camisa de fuerza ni una única solución válida para todo», matizó Somavia. Es, por encima de cualquier otra cosa, «Un trabajo que responde a las razonables y diversas metas de los individuos, las culturas y las sociedades en distintas realidades de desarrollo.»

«Necesitamos un trabajo decente para todos los trabajadores, mujeres y hombres, en el sector estructurado y en el no estructurado, asalariados y trabajadores por cuenta propia. Todos ellos necesitan un trabajo en el que se respeten los derechos fundamentales, las personas se encuentren protegidas y representadas, y en el que colaboren estrechamente todos para conseguir la eficiencia económica y social», explicó el Director General de la OIT.

«Para conseguir el trabajo decente», siguió diciendo, «deben cambiar las políticas que hoy guían y configuran la economía mundializada». Las nuevas políticas «deben generar empleo productivo y mayores oportunidades personales, ya que en esto se encuentra la clave para reducir la pobreza y para la inclusión social de los millones de personas a las que la mundialización ha excluido o afectado negativamente».

Afirmó que, para ser eficaces, las nuevas políticas deben «apoyar la iniciativa y a la empresa, a la gran empresa y especialmente a la pequeña empresa, puesto que éstas serán el principal motor del crecimiento del empleo».

«Deben promover una mayor seguridad socioeconómica y una legislación laboral mejorada, puesto que esto es lo que más les importa a las personas: quieren dignidad en sus vidas.»

Somavia resaltó asimismo la necesidad de «un enfoque integrado y coherente de las políticas económicas, sociales y medioambientales», añadiendo que «debemos reforzar los marcos reguladores en el nivel mundial, para moderar los excesos del mercado, proteger los derechos fundamentales de las personas y hacer realidad el derecho al desarrollo».

A este propósito se refirió a la adopción de la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo en 1998 como «un paso adelante significativo a partir de la Cumbre Social», que, si se realiza con éxito, «proporcionará el fundamento social que la economía mundializada necesita tan apremiantemente».

«Debemos respetar también la capacidad de autopotenciación de aquellos a los que hoy llamamos los sin voz y los vulnerables, y apoyarlos en sus esfuerzos por alcanzar la justicia social.»

Reconociendo que ninguna organización puede albergar la esperanza de conseguir esas metas por si sola, el Director General de la OIT insta a «una nueva coalición que congregue a los principales actores del nuevo marco mundial en torno a valores y objetivos comunes».

Semejante coalición debería incluir a los «gobiernos, empresas, representantes de los trabajadores, parlamentarios, autoridades locales, voces representativas de la sociedad civil y el sistema internacional. Juntos tienen el poder de cambiar las políticas. Si todos colaboran, los objetivos de la Cumbre Social pueden alcanzarse.»

Unidad responsable: Comunicación e Información al Público

Referencia: OIT/00/31

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