GINEBRA (Noticias de la OIT) - «Es un regalo que hacemos a nuestros hijos y que es digno del nuevo milenio», dijo el Presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, refiriéndose al nuevo Convenio internacional del trabajo que trata de la eliminación de las peores formas de trabajo infantil y que ha de adoptar la 87.ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo.
En una alocución histórica que ha tenido lugar hoy, el Presidente Clinton se ha convertido en el primer presidente de los Estados Unidos que se dirige a la Conferencia que celebra la OIT anualmente y que constituye una gran asamblea de delegados internacionales que representan a los gobiernos, a los trabajadores y a los empleadores de los 174 Estados Miembros de la OIT.
«Nuestro regalo a los niños del siglo XXI, que se lo merecen, será dar vida a las normas fundamentales del trabajo, actuar con eficacia para aligerar la carga de la deuda, dar un rostro más humano al sistema comercial global y a la economía mundial y poner fin a las peores formas de trabajo infantil», dijo el Presidente Clinton.
Dirigiéndose a los delegados que están dando los últimos retoques al mencionado Convenio que tratará de eliminar abusos tales como el trabajo de los niños en fábricas y minas peligrosas, al tráfico ilegal de drogas, a la pornografía, la prostitución y el servicio militar forzoso, el Presidente de los Estados Unidos declaró que «estaba muy orgulloso de lo que se está haciendo aquí hoy», y anunció que «Estados Unidos darán su apoyo a este Convenio. Cuando vuelva a mi país lo enviaré al Senado para que lo ratifique, y pido a los demás países que lo ratifiquen también».
En unas observaciones de bienvenida al Presidente Clinton, el Director General Sr. Juan Somavia dijo que «en un mundo que no tiene causas por las que luchar, pocos ideales son capaces de galvanizar al mundo entero, ¿por qué no hacer de la erradicación a corto plazo de las peores formas de trabajo infantil una causa que nos agrupe a todos? Ningún padre, en todo el mundo, desea ver a sus hijos atrapados en la prostitución, la pornografía, la adicción a las drogas u otras situaciones lamentables».
El Sr. Somavia elogió el compromiso activo de la Administración Clinton con la OIT, así como el compromiso personal del Presidente con la determinación de la OIT de que el respeto por los derechos de los trabajadores y un trabajo decente deben constituir los fundamentos de la economía mundial.
El Presidente Clinton dijo a los delegados y dignatarios reunidos en Ginebra, entre los cuales se contaban la Primera Dama de los Estados Unidos Hillary Rodham Clinton, su hija Chelsea, la Secretaria de Estado Madeleine Albright y el Secretario de Trabajo Alexis Herman, que «la mundialización no es una propuesta ni una opción política, sino un hecho. Pero toda la diferencia está en cómo reaccionemos ante él».
Dijo también que «hemos de encontrar una nueva vía, un camino nuevo y democrático para aprovechar al máximo las posibilidades del mercado y de la justicia social, de la competitividad y de la comunidad. Hemos de dar un rostro humano a la economía mundial, dando a los trabajadores de todo el mundo una participación en su éxito, equipándolos para que puedan cosechar sus frutos y brindando a sus familias las condiciones básicas de una sociedad justa. Todas las naciones han de adoptar esta perspectiva, y todas las grandes instituciones económicas del mundo han de dedicar su creatividad y su energía a este fin».
«La OIT dio un paso muy importante hacia la elevación del nivel de vida del pueblo trabajador, cuando adoptó el año pasado la Declaración relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo», dijo el Presidente. Describió este documento como «un proyecto de economía mundial que honra nuestros valores y la dignidad del trabajo, pone fin a la discriminación y al trabajo forzoso y fomenta la libertad de asociación, el derecho del pueblo a sindicarse y a negociar de manera cívica y pacífica. Estos no son sólo derechos del trabajo, sino derechos humanos».
El Presidente Clinton reiteró su llamamiento a la Organización Mundial del Comercio, en el sentido de que «al mismo tiempo que luchamos por abrir los mercados, hemos de abrir sus puertas a las preocupaciones del pueblo trabajador y del medio ambiente».
Las organizaciones internacionales «deben construir una nueva arquitectura financiera tan moderna como los mercados de hoy en día, para tratar de domeñar los ciclos de alza y de depresión en la economía mundial, como se hace actualmente en las economías nacionales; para garantizar la integridad de las transacciones financieras internacionales, y para ampliar las redes de seguridad social, extendiéndolas a los más vulnerables».
El Presidente Clinton hizo un llamamiento en favor de un aumento de la cooperación entre la OIT y otras instituciones multilaterales: «El FMI, el Banco Mundial y la OMC deberían trabajar en más íntima colaboración con la OIT, y esta organización debería estar dispuesta a asumir más responsabilidades». La OIT, siguió diciendo, «debería prepararse para el siglo XXI».
Al tiempo que declaraba su firme convicción de que «el comercio abierto no es contrario a los intereses del pueblo trabajador» y de que necesitamos más comercio, y no menos, el Presidente de los Estados Unidos dijo también que «desgraciadamente, el pueblo trabajador de todo el mundo no lo ve así. Incluso en los Estados Unidos, que tienen en este momento la tasa de desempleo más baja desde hace una generación, donde las exportaciones equivalían a un 30 por ciento de nuestro crecimiento hasta que la crisis financiera estalló en Asia, el pueblo trabajador se resiste firmemente a las nuevas medidas de apertura de los mercados».
Siguió diciendo que «a medida que hacemos presión por un mercado más abierto, tenemos también que hacer más por garantizar que nuestro pueblo mejora sus condiciones por medio de la economía mundial. Al tiempo que nos preparamos para poner en marcha una nueva ronda mundial de conversaciones comerciales en Seattle el próximo mes de noviembre, resulta fundamental que la OMC y la OIT colaboren para hacer progresar este objetivo común».
Declaró que en la próxima Cumbre del G8, en Colonia (Alemania), los Estados Unidos «insistirían en mejorar la cooperación entre la OIT y las instituciones financieras internacionales para promover la protección social y las normas fundamentales del trabajo. Y deberíamos hacer presión para aliviar la carga de la deuda que está ahogando a muchas de las naciones más pobres».
El Presidente Clinton indicó que en sus propuestas más recientes para el presupuesto había pedido «25 millones de dólares para ayudar a crear un nuevo órgano de la OIT que trabaje con los países en desarrollo para establecer normas fundamentales del trabajo, es decir, medidas de protección, puestos de trabajo seguro, el derecho de organizarse» y pidió «que otros gobiernos se sumen a este objetivo». Destacó una serie de iniciativas, bilaterales y multilaterales, para eliminar las fábricas que recurren a la explotación y «conseguir que los consumidores sean más conscientes de las condiciones en las que se fabrican la ropa que llevan y los juguetes que compran para sus niños».
En relación con el tema del trabajo infantil, dijo que «no hemos de tolerar que se utilicen niños en la pornografía y la prostitución. No hemos de tolerar que los niños se conviertan en esclavos y que sean víctimas de la servidumbre por deudas. No hemos de tolerar que los niños sean obligados a participar en conflictos armados. No hemos de tolerar que niños pequeños pongan en peligro su salud y arruinen su integridad física trabajando en condiciones peligrosas durante horas interminables».
Elogió el Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC), que ofrece asesoramiento y apoyo en más de 60 países y busca reducir el trabajo infantil, impartir educación y aplicar otras medidas para ayudar a los niños trabajadores.
Los 174 Estados Miembros de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) van a dar término a la reunión anual de la Conferencia Internacional del Trabajo el próximo jueves con la adopción del Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil, 1999. El nuevo Convenio se aplica a todas las personas menores de 18 años y prevé que los gobiernos deberán trabajar de consuno y con urgencia para adoptar «medidas inmediatas y eficaces para garantizar la prohibición y la erradicación de las peores formas de trabajo infantil».
En la recomendación correspondiente se insta a los Estados ratificantes para que tipifiquen como delitos penales las peores formas de trabajo infantil y prevean las sanciones correspondientes para los que cometan esos delitos.
En el nuevo Convenio se define por primera vez cuáles son las «peores formas de trabajo infantil», con inclusión del reclutamiento forzoso u obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos armados. También se hace un llamamiento para establecer una cooperación internacional en materia de desarrollo social y económico, de erradicación de la pobreza y de educación para que se cumplan sus disposiciones, y se prevé la celebración de amplias consultas entre los gobiernos, los trabajadores y los empleadores, es decir, los «interlocutores sociales» de la estructura tripartita de la OIT.
Según estimaciones de la OIT, hay alrededor de 250 millones de niños que trabajan, y que tienen entre 5 y 14 años de edad. Cerca de la mitad de ellos, es decir, unos 120 millones de niños, trabajan a tiempo completo, mientras que el resto trabaja y va a la escuela. En algunos casos, hasta el 70 por ciento de estos niños se dedica a trabajos peligrosos.
El Convenio define las peores formas de trabajo infantil de la manera siguiente: «Todas las formas de esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, como la venta y el tráfico de niños, la servidumbre por deudas y la condición de siervo, y el trabajo forzoso u obligatorio, incluido el reclutamiento forzoso u obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos armados; la utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la prostitución, la producción de pornografía o actuaciones pornográficas; la utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la realización de actividades ilícitas, en particular la producción y el tráfico de estupefacientes, tal como se definen en los tratados internacionales pertinentes, y el trabajo que, por su naturaleza o por las condiciones en que se lleva a cabo, pueda suponer una amenaza a la salud, la seguridad o la moralidad de los niños».


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